jueves, 23 de febrero de 2012

UN POEMA (O CUATRO) DE CEES NOOTEBOOM: BASHÔ



1.
Anciano entre los juncos la desconfianza del poeta.
Parte hacia el Norte escribiendo un libro con los ojos.
Se escribe a sí mismo sobre el agua ha perdido a su maestro.
El amor tan sólo en cosas recortadas de las nubes y del viento.
De ahí esta vocación para visitar a sus amigos y luego partir.
Calaveras y labios se juntan bajo ladeantes cielos.
Siempre el beso del ojo traducido al empuje de las palabras.
Diecisiete es el número sagrado en el cual la aparición es un
                                                                                  designio.
Para digerir un pasado petrificado como una mariposa.
Lustrados fósiles en una oleada de mármol.
Por aquí pasó el poeta en su viaje hacia el Norte.
Por aquí pasó el poeta una vez y para siempre.

2.
Sabemos que la poesía poética los peligros comunes
de lo lunático y la serenata. Aire embalsamado, eso es todo,
a menos que lo transformes en guijarros que fulguran y hieren.
Tú, viejo maestro, lustrando los guijarros
que arrojas para derribar un zorzal.
Del mundo has tallado una imagen que sostiene tu nombre.
Diecisiete guijarros por flechas una escuela de mortíferos
                                                                                cantantes.
Mira cerca del agua el rastro del poeta
en su camino a las nieves altas. Mira cómo el agua lo borra
cómo el hombre del sombrero vuelve a inscribirlo
preserva el agua y la pisada, capturando el movimiento que
                                                                                ha pasado
de tal modo que lo que ha desaparecido está aún ahí como
                                                          algo que ha desaparecido.


3.
En ningún lugar de este universo he encontrado un hogar
escribió en su sombrero de ciprés.
La muerte le quitó el sombrero
como debía ser. La sentencia ha permanecido.
Su único hogar estaba en su poesía.
Sólo un poco más y verás las flores de cerezo de Yoshino.
Deja tus sandalias bajo el árbol, pon a descansar a tus pinceles.
Envuelve tu bastón en tu sombrero, traza el agua en líneas.
La luz es tuya, la noche también.
Un poco más, sombrero de ciprés, y tú también los verás
la nieve de Yoshino, el casco de hielo de Sado,
la isla que embarca hacia Sôren a través de un oleaje de lápidas.


4.
El poeta es una estación de bombeo a través suyo el paisaje
                                                        se transforma en palabras.
Sin embargo él piensa igual que tú y sus ojos ven lo mismo.
El sol viniendo a estrellarse en la boca del caballo.
El más remoto templo de Ise la playa de Narumi.
Él viaja en las nubes del sufrimiento se dirige a su cometido.
Sus mandíbulas muelen las flores haciéndolas versos.
Llevando los libros de los asuntos cotidianos del mundo.
En el Norte se conoce a sí mismo una pila de ropas viejas.
Cuando está donde nunca volverá a estar tú lees sus poemas:
Peló pepinos y manzanas él pinta su vida
Yo también he sido tentado por el viento que sopla las nubes.


Cees NOOTEBOOM (1933-   ) Holanda. Autor de libros de
ficción, ensayos, libros de viajes y poeta todo a lo largo.
La versión que doy aquí de este poema de 4 partes, surge de
la traducción del inglés (con la ayuda de un diccionario holan-
dés-castellano para ciertos términos en los que aparece una
dualidad de posibles caminos) de 2 poetas, uno sudafricano,
J.M. Coetzee y otro irlandés, Michael O'Loughlin.







MATSUO BASHÔ es un poeta japonés del siglo XVII, (1644-
1694), uno de los tres mayores poetas del haiku. Su padre, un
samurai menor, murió cuando Bashô, a quien de niño llamaban
Kinsaku, tenía 11 años. Desde muy joven, su mayor deseo es
emprender viajes poéticos. Ya había hecho su preparación Zen
con un maestro, no conociéndose si alcanzó la iluminación. En
1672 escribió este pequeño poema antes de partir:

Separados estaremos
para siempre, mis amigos,
como los gansos salvajes
perdidos en las nubes.

Bashô realizó varios viajes menores y tres grandes viajes. En
aquellos tiempos no era nada frecuente lanzarce al camino co-
mo él lo hizo. Sus 2 primeros viajes extensos los realizó en
dirección Sur y el que inspiró el poema de Nooteboom -él
mismo un notable viajero, pero de la era moderna- es su ter-
cer gran viaje, hacia el lejano Norte de Japón, considerado en
esos tiempos un territorio peligroso, realizado en la primavera
de 1694. Entretanto, Bashô fue publicando 7 libros en el estilo
del haibun, que combina prosa y haiku, género del cual llegó
a ser el mayor maestro que se conozca. "Se iluminan entre sí
como dos espejos que se sostienen enfrentados", dice Nobu-
yuki Yuasa.
Hay que agregar que Bashô emprende este viaje de 2 años y
medio, eludiendo las rutas transitadas, por una geografía des-
conocida, que representaba para él todo el misterio que había
en el universo, poco tiempo después de la muerte de su madre.

El quinto libro, que narra el viaje en cuestión, se denomina:
El Estrecho Camino al Norte Profundo (Oku no Hosomichi)

En él encontramos estos versos, que creo impresionaron
al poeta holandés:

Con un poquito de locura en mí,
que es la poesía,
avanzo lentamente como Chikusai
entre los gemidos del viento.

(Chikusai es un personaje del escritor japonés Karasumaru
Mitsuhiro (1579-1638), de una obra llamada Chikusai Mono-
gatari, en el que se expresa que la atención del poeta debe di-
rigirse al tema inmediato más que a la forma.)



El retrato de Bashô que se encuentra en el Museo de Osaka,
probablemente hecho por Buson, otro de los grandes poetas
del haiku, que además era un eximio pintor.

martes, 21 de febrero de 2012

SÍ CIELO

Este cielo es un secreto:
            no se puede decirlo

Cielo que nos rodea
           delicadamente:
               sin ahorcarnos

Es un mar suspendido:
            miles de mares
                        reunidos
                          sus espíritus

Velocidad de la luz:
            un cielo sustituye a otro cielo
                                       sin que se note
                                           movimiento alguno

Todo respirar
          cualquier respirar
                             el tuyo
                                 este mío
                                    el de la oruga
                                        es cosa del cielo

domingo, 19 de febrero de 2012

11 POEMAS (Y ETNIAS) DEL ÁFRICA NEGRA



El África* Subsahariano es una tragedia. A través de los siglos,
por la trata de esclavos, las pésimas colonizaciones y en algu-
nos casos por la tradicional lucha interétnica, como la que sa-
cudió al mundo -no lo suficiente, por supuesto- en Ruanda, en
la que la minoría Tutsi (15% de la población) que había gober-
nado la nación durante muchos años, ya estando fuera del po-
der sufrió una masacre (a machete) de parte de la mayoría Hu-
tu durante 100 días, en 1994, África es por lejos el continente
con el peor nivel de vida del mundo.
Es un continente con un gran crecimiento de la población, por
otra parte, ya que la media continental es de 5.06 hijos por mu-
jer, (la media mundial es de 2,69) y una bajísima expectativa
de vida: edad media entre los 15 (Uganda y Zambia) y 29 años
(Mauricio).

Intentaré situar geográficamente a los diversos grupos étnicos
autores de estos canto-poemas, en su más plena actualidad.
(La expresión "grupos étnicos" o "etnias", no son las más ade-
cuadas. Pero siguen siendo, hasta ahora, las menos inadecua-
das. Aún está faltando el término preciso, que no estigmatice,
ni aplique concepciones occidentales a los diversos pueblos
africanos.)

¿Por qué? Porque creo que hacer abstracción de esta realidad
sería negarle la parte más reciente a la cruel historia de estos
pueblos.

Sólo un dato más: se han identificado no menos de 3000 etnias
diferentes en el continente africano. Los pueblos del norte, que
incluyen el Sahara, constituyen el 30% de esas etnias, predomi-
nando las razas caucasoides -bereberes y árabes- mientras que
los negros subsaharianos configuran el otro 70% de la pobla-
ción continental.

Los SUSUS (Actual: República de Guinea. 8,5 millones de ha-
bitantes. Ránking IDH  o Indice de Desarrollo Humano, 155°,
entre 173 países del mundo.)

LA COSA MÁS DULCE

Existe en este mundo algo
que sobrepasa a todas las demás cosas
en dulzura.
Es más dulce que la miel
es más dulce que la sal
es más dulce que el azúcar
es más dulce que todas
las cosas existentes.
Esa cosa es dormir.
Cuando eres conquistado por el dormir
nada puede impedirte
nada puede detenerte de dormir.
Cuando eres conquistado por el sueño
y numerosos millones van llegando
millones van llegando para perturbarte
pero esos millones te encontrarán dormido.


Los KUBA (Rep. de Congo. 3, 68 millones de hab. IDH:
138°. Colonizado desde el s. XIII, por portugueses, france-
ses, belgas, ingleses y estadounidenses, sucesivamente.)

MUERTE

No existe una aguja sin una punta punzante.
No hay navaja que no tenga hoja cortante.
La muerte viene a nosotros en variadas formas.

Con nuestros pies hollamos la tierra de la cabra.
Con nuestras manos tocamos el cielo de Dios.
Algún día futuro en el calor del atardecer,
Seré transportado a la altura de los hombros
A través del poblado de los muertos.
Cuando muera, no me entierren bajo los árboles del bosque,
Le temo al agua que gotea.
Cuando muera, no me entierren bajo los árboles del bosque,
siento sus espinas.
Entiérrenme bajo los grandes árboles de sombra del mercado,
Quiero oír el batir de los tambores,
Quiero sentir los pies de los que bailan.


Los NGONI (República de Mozambique. 19,2 millones de
hab. IDH: 168°. Arabo-persas primero, luego, desde fines
del s. XV, los portugueses. Independiente desde 1975.)

LA TIERRA NO ENGORDA

La tierra no engorda. Le da fin a aquellos que usan las plumas
en la cabeza [los ancianos]
Moriremos sobre la tierra.
La tierra no engorda. Le da fin a aquellos que actúan raudos
como héroes.
¿Habremos de morir sobre la tierra?

Escucha, Oh tierra. Hemos de llorar a causa tuya.
Escucha, Oh tierra. ¿Habremos de morir todos sobre la tierra?

La tierra no engorda. Le da fin a los nobles.
¿Habremos de morir sobre la tierra?
La tierra no engorda. Le da fin a la gente común.
¿Habremos de morir sobre la tierra?

Escuchen, ustedes que están durmiendo, que están fuertemen-
te cerrados en el suelo.
¿Habremos de hundirnos en la tierra?
Escucha, Oh tierra el sol se está poniendo.
Todos habremos de entrar en la tierra.

[Este es un canto muy antiguo, originalmente usado en los
casamientos, pero que ahora se utiliza en otras ocasiones. El
refrán alude a la forma en que la tierra está siempre recibien-
do a los muertos, sin saciarse nunca:]


Los SWAHILI (De Rep. Unida de Tanzania. El país del monte
Kilimanjaro y del Parque del Serengeti. 37 millones de hab.
IDH: 158°. Árabes, persas, portugueses, alemanes. Entre 1905
y 1907 revuelta indígena de majimaji, seguida de una represión
alemana tan feroz que el país entero quedó asolado.)

EL HOMBRE POBRE

El hombre pobre no sabe comer con el hombre rico.
Cuando comen pescado, se come la cabeza.

Invita a un hombre pobre y se abalanza
lamiéndose los labios y desacomodando los platos.

El hombre pobre carece de modales, viene
con la sangre de los piojos bajo las uñas.

El rostro del hombre pobre está marcado
por el hambre y la sed de su panza.

La pobreza no es un estado para ningún mortal.
Lo convierte en una bestia para ser alimentado a pasto.

La pobreza es injusta. Si le sucede a un hombre,
aunque haya nacido noblemente, no tiene poder ninguno
                                                                               con Dios.


Los TEMNE ( Rep. de Sierra Leona. 5,2 millones de hab. Co-
lonia británica hasta 1961. Es el país con más bajo nivel de vi-
da del planeta, IDH: 173°)

CANCIÓN DE AMOR

Si muelo hojas de cassava
Y las mezclo con verde-verde
Y como hasta llenarme de ello,
Y entonces tomo mi tambor
Y lo bato con ganas,
¡Ah, entonces mi mente vuelve a mí
y recuerdo tus caricias!
¡Ah, qué dulce que era-
en ese pequeño cuarto-
donde por vez primera nos dijimos nuestro amor!
¡No se lo respires (digas) a nadie!



Los PIGMEOS ( Rep. de Gabón. 1,36 millones de hab. Re-
cién fue colonizada en 1886 por los franceses, debido a la
lucha que los indígenas opusieron. Independiente desde 1960.
IDH: 116°.)

CANCIÓN CANTADA POR UNA MUJER MIENTRAS
DA A LUZ

Mi corazón está dichoso,
mi corazón echa a volar, cantando,
bajo los árboles de la selva,
la selva nuestro hogar y nuestra madre.
En mi red he atrapado
un pequeño pájaro.
Mi corazón está atrapado en esa misma red,
en la red con el pájaro.


Los EWE (Rep. de Ghana. 22 millones de hab. Recién en el
siglo XIX los británicos colonizaron la región. Fue el primer
país de África en lograr la independencia, en 1957. IDH: 127°)

DESEANDO LA MUERTE

He estado cantando, cantando,
y he llorado amargamente.
Estoy en camino.
¡Qué inmenso es este mundo!
Deja que el botero acerque su barca
en el día de mi muerte.
Me despediré con la mano izquierda,
estoy en camino,
estoy en camino.
La barca de la muerte se balancea cercana,
estoy en camino,
yo que les he cantado tantas canciones.


Los DOGON ( Rep. de Mali. 13 millones de hab. A fines del
siglo XIX, colonia francesa. Independencia en 1960. IDH:
170°)

TRES CANTOS DE ELOGIO

1. MUCHACHA
Muchacha hace inclinar
el ojo de la estrella del alba.
Cuello fulgurante
pechos no más grandes que
la ubre de Ewe
firmes como una torta de índigo,
la panza más plana que
la sandalia de Fulani.
caderas que una mano
abierta podría abarcar.

2. OGOTOMMELI
Con un golpecito
aparta obstáculos enraizados.

3.CEGUERA
Oscuridad de la mañana,
oscuridad de la noche,
siempre, siempre.

[Los Ewe y los Fulani, pueblos vecinos; Ogotommeli, Dios]


Los YORUBA (Rep. Federal de Nigeria. 130 millones de hab.
300 grupos étnicos. Conquistada por los portugueses en 1472; dominio británico desde 1533, que después de la 2° Guerra, di-
vidió el territorio en 3 regiones: Norte (los Hausa y los Fulani);
Sureste (los Ibo) y Suroeste (los Yoruba), lo cual trajo guerras
étnicas. Los Ibo, en 1967, proclamaron la Rep. de Biafra. Gue-
rra civil, derrota de los Ibos, con 1,5 millones de muertos).

ALAJIRE

Alajire, te pedimos que seas paciente,
eres muy temperamental,
y nosotros te veneramos por ello.
Te pedimos que seas moderado,
eres tremendamente extravagante,
y te rezamos por ello.
Te pedimos que no seas celoso,
eres locamente celoso,
y te amamos por ello.
Alajire, tú tienes una extraña clase de piedad:
¿tragarías mi cabeza,
mientras lames las lágrimas de mi rostro?
Alajire, tú me asustas,
cuando caes suavemente, como una hoja cansada.
No codicies la belleza
de los rostros de los niños muertos.
Alajire, estoy perdido en la selva,
pero cada camino errado que tomo,
puede convertirse en el camino correcto
a tu sabiduría.

[Alajire representa el espíritu del sufrimiento. Los elogios
expresan la idea de que la sabiduría proviene del sufrimiento]


Los HOTENTOTES (Rep. de Namibia. Portugueses, alemanes. Después de la 1° Guerra, Sudáfrica fue encargada de su tutela.
IDH: 122°. Posee la mina de uranio más grande del mundo.)

CANTO PARA EL SOL QUE DESAPARECIÓ
TRAS LAS NUBES DE LLUVIA

El fuego se oscurece, la madera se torna negra.
La llama se extingue, la desgracia entre nosotros.
Dios sale en busca del sol.
El arco iris chisporrotea en su mano,
el arco del cazador divino.
Él ha oído los lamentos de sus niños.
Él camina a lo largo de la vía láctea, recolectando las estrellas.
Con rápidos brazos las apila en un canasto
las apila con rápidos brazos
como una mujer que colecciona lagartos
y los apila en su olla, los apila
hasta que la olla rebalsa de lagartos
hasta que el canasto rebalsa de luz.


Los FULANI (Rep. del Níger. 12, 7 millones de hab. La ma-
yor tasa de fecundidad del mundo (8 hijos por mujer) y la ma-
yor de analfabetismo: 85,6%. IDH: 172°. El esqueleto huma-
no más antiguo del África Occid., proviene de Níger. Impe-
rios islamizados, e invasión francesa a fines del s. XIX.)

EL RELATO FULANI DE LA CREACIÓN

En el comienzo había una inmensa gota de leche.
Entonces vino Doondari y creó la piedra.
Luego la piedra creó el hierro;
y el hierro creó el fuego;
y el fuego creó el agua;
y el agua creó el aire.
Entonces Doondari descendió por segunda vez.
Y tomó los cinco elementos
y les dio forma humana.
Pero el hombre era orgulloso.
Entonces Doondari creó la ceguera, y la ceguera derrotó al
                                                                                    hombre.
Pero entonces la ceguera se volvió demasiado orgullosa,
Doondari creó el sueño, y el sueño derrotó a la ceguera;
pero entonces el sueño se volvió demasiado orgulloso,
Doondari creó la preocupación, y la preocupación derrotó al
                                                                                       sueño;
pero entonces la preocupación se volvió demasiado orgullosa,
Doondari creó la muerte, y la muerte derrotó a la preocupación.
Pero entonces la muerte se volvió demasiado orgullosa,
Doondari descendió por tercera vez,
y retornó como Gueno, el eterno.
Y Gueno derrotó a la muerte.

(Los Fulani, que habitan varios países de esa región de África,
constituyen el pueblo nómade más numeroso del mundo.)








* No se conoce con certeza el origen del nombre "África".

Según algunos, deriva de Afer, hijo del Hércules libio;

otros lo hacen derivar de la palabra latina 'aprica' = so-
leado; o de la palabra griega 'a-phrike', = sin frío; otros
dicen que fueron los romanos los que dieron ese nombre
a las tierras conquistadas de Cartago (Afri).
Empezamos mal si no sabemos siquiera el origen de nues-
tro nombre. Geológicamente, dice Víctor Ferkiss, "el conti-
nente es una inmensa plataforma; a excepción de las estre-
chas llanuras costeras y las montañas del Atlas, junto a las
grandes cadenas del Este (Kenia), África es virtualmente   
plana: como una mesa que flotara sobre el mar(...) Carece
de puertos naturales(...)"

Problema histórico de los investigadores occidentales: saber
si África tuvo o no historia.
Ésta es la respuesta de Jean Paul Sartre: "Hay ya una Gesta
negra: primero la edad de oro de África, luego la era de la  
dispersión y de la cautividad, luego el despertar de la concien-
cia, el tiempo heroico y sombrío de las grandes aventuras y los
héroes negros, después la abolición de la esclavitud... y por fin la liberación definitiva".
Hoy no discutiríamos que África tuvo historias, no historia co-  
mo si fuese una unidad, jamás diríamos que tuvo una 'edad de   
  oro', porque ese mito aparece en todas las civilizaciones y cul-
turas (George Steiner definió la nuestra, incluso, pero mostrán-
   dola como caldo de cultivo de las grandes guerras del siglo
    XX),  y mucho menos afirmaríamos que ha llegado para los países africanos "la liberación definitiva".

BIBLIOGRAFIA
Judith GLEASON. Leaf and Bone. African Praise-poems.     
Penguin, 1994.
Jan KNAPPERT. The A-Z of African Songs. Karnak House,
1998.
Leonard W. DOOB. Ants will not eat your fingers. A Selec-
tion of Traditional African Poems. Walker and Co., 1966.
Isidore OKPEWHO. The Heritage of African Poetry. Long-
man, 1985.
Bronislaw STEFANISZYN. African Lyric Poetry (in refe-  
rence to the Ambo traditional Poem-songs). Hapi 
Press, 1974.
Willard TRASK. The Unwritten Song, Vol I. Macmillan Co.,
1966.
Jack MAPANGE and Landeg WHITE. Oral Poetry from      
Africa.Longman, 1984.
Ulli BEIER. African Poetry. An Anthology of Traditional    
African Poems. Cambridge Univ. Press, 1966.
Jan KNAPPERT. African Mythology. Diamond Books,        
  1985.







sábado, 18 de febrero de 2012

TUNDRA

TUNDRA       
                                Compuesto siguiendo el recorrido de la canción
                                                'And then so clear', de Brian Eno, en el disco lla-
                                                mado 'Another Day on Earth'.


¡Qué pasos desparejos! Tundra. Aquí, aquí estamos.
Nunca pierdas el trineo en la tundra: es que resulta fácil
perderlo. Todo se pierde. El sonido se pierde. Los estabi-
lizadores se pierden constantemente.
La lluvia, ¿por qué me atraviesa la cabeza? Tengo que sa-
carme de la lluvia, antes de que me transforme en ella.
Finalmente, delgada ruta de dos manos. ¡Dos manos!
Entonces, ¿voy en esta dirección o en aquella? Ésta, ya
está. No se ve dónde empieza, donde termina. Ruta o tun-
dra. Las voces que aparecen en mi cabeza, ¿quién las pone
desde tan lejos? No se ve a nadie. Mi mirada se extiende
hasta casi abandonar mis ojos. Es que si me distrajera un
poco más... ya no habría más que esa mirada, yéndose a lo
más lejos y no pudiendo volver. Voces que se vuelcan de
un vaso demasiado lleno y me vuelven más flotante. Sus in-
tenciones, ¿qué me habían enseñado acerca de la intenciones
en general? Tundra mental. Lluvia. Vasos llenos que derraman
lo que sobra ¿en dónde? en el cuerpo. ¿Qué pasa, no hay más
afuera? Los brazos se estiran casi tocando el asfalto.
Tengo la ruta. Sólo encuentro una rueda. Una sola. Y peque-
ña, del tamaño de 1 ciruela. Podría haber encontrado, ¿otro 
día? una rueda grande, de como 2 metros de diámetro y mu-
darme por la ruta, esquivando camiones gigantes en veloci-
dad. Pero no se ha visto uno solo de esos camiones que se di-
ce recorren de continuo estas distancias. A nadie. No he visto 
otra cosa que la distancia, ¡esa lluvia atravesándome la cabe-
za! 
Ruedo.
Ruedo en el silencio salvo por el viento, salvo por el murmullo
de las voces que no hablan, pero musitan como una melodía
muy menguada, que sigue fielmente el sonido prínceps de la
ruedita. La conductora. Nuestra ruedita esperanza.
Rodamos toda la mañana, rodamos por la tarde. Cuando llega
la noche, las estrellas de la tundra. Dormimos sobre la ruedita,
para no perderla. Hace rato que no llueve, ningún camión, ni
siquiera una liebre.
Por la mañana, nos ponemos en movimiento. La rueda, por el
esfuerzo, se vuelve una pelota. Es un poco más ajena, ahora
que la rueda... Seguiremos aunque las nubes corren carreras y
las más oscuras parecen dominar rápidamente a las otras, las
nuestras, las blancas. Pronto el cielo les pertenece a las nubes
de guerra. La ruta es eterna. Rodamos todo el día, hasta la no-
che, con el frío la rueda ha vuelto a su forma. Temía, temía-
mos, que se aplastara del todo. La desgracia tiene más facili-
dades, al menos desde nuestro punto de vista.
Una vez una luz ha enfilado, pero antes de llegar hasta noso-
tros, se desvió hacia un camino menor en la tundra.
La soledad, sí, pero tememos las fronteras. No disponemos de
nada que pueda satisfacer a una frontera. Nada que mostrar,
que entregar, que probar. Nada, nada.
Hay que pensar en andar sin llegar a ninguna parte.
Mi sombra flota a unos metros y me sigue, o yo a ella.
No tiene, no necesita rueda.
Ah, qué calma, nos queda el resto del día y de los días, el
resto al parecer interminable de la ruta. Y desrecorrer, también.
Ruedita, no te gastes, no te ablandes, no te pierdas.
"¿De quién son las voces?", me preguntaban. Acá estoy más
cerca de saberlo. Vienen de la parte de abajo de la tundra, de
los bordes lejanos de la ruta, de los chillidos de la rueda, de
la sombra que flota a nuestro lado.
Ahora sin embargo se dirigen a mí de otra manera.
A veces pienso seriamente regresar a la tundra. ¿Buscar el
trineo? No se me había ocurrido. El aire parece querer revelarle
algo a mi mirada. La tundra te ablanda. Ablandó a mi trineo.
Te saca la parte de las intenciones. El trineo, encajado, renun-
ció al deslizamiento, para siempre, convencido, probablemente.
La ruta te da un silencioso mensaje. Un espejismo-mensaje, la
verdad. "Debes seguir andando". Pero, ¿encontraré algo? No
se trata de eso: la nieve es la nieve, el cielo estrellado es el
cielo estrellado, la tundra, la ruta. "¿Para qué habría algo más?"
Si ando, soy mi camino; si me detengo, la rueda se pone inquie-
ta bajo mis pies.
Con la mirada en punto cero, doy 3 o 4 empujones de arranque
y luego subo ambos pies a la ruedita. Ahí vamos, tal vez, casi
seguro, sin allá.





miércoles, 15 de febrero de 2012

POESIA ORAL MALAYA



Nuevamente recurro a la inefable geografía infantil. Es muy
clara en esto: la Malasia es el lugar de donde proviene Sando-
kán. Es por lo tanto un lugar exótico y lejano (del cual Salga-
ri podía imaginar cualquier cosa), cuna de héroes con barba
que navegan los mares luchando tanto contra colonialistas
embarcados, como contra malignos thugs adictos de la Dio-
sa Kali.

Pero el tiempo pasa. Hoy llamamos malayo al idioma nacio-
nal de Malasia y de Indonesia. Por su parte, desde 1963, Ma-
lasia es una nación, de unos 25 millones de habitantes, que
agrupa las antiguas Singapur, Borneo Septentrional y... Sa-
rawak, cuna de nuestro héroe.

La cultura tradicional de la región ha sido influída por varias
corrientes, especialmente por la hindú y la persa hasta el siglo
XIV, durante el cual comienza el predominio del Islam (que
poco después fundaría el poderoso reino de Malacca).

La poesía oral de Malasia está compuesta por tres géneros
principales: sesmomba o bahasa berirama, un tipo de verso
rítmico, carente de rima habitualmente de origen mágico; el
peribahasa (proverbios intensamente metafóricos y de gran
eficacia, como "jang rebah, dintidih": 'Al que cae lo empujan
más hondo', o "Anjing ditepak kepala menjengkit ekor": 'Pal-
mea la cabeza de un perro y su cola se parará'; y finalmente
la forma poética más conocida del pantun (se pronuncia 'pan-
tum') que es tanto cantado como recitado hasta nuestros días.
El pantun consta de cuatro versos y si bien el lenguaje que uti-
liza es relativamente simple tanto en su construcción como en
su vocabulario, bajo esa apariencia sencilla se ocultan nume-
rosos símbolos y un rico juego de relaciones entre la naturaleza
y lo humano.
La primera línea rima con la tercera y la segunda con
la cuarta. Sin embargo, como aclara el mayor especialista en
la traducción al inglés de esta poesía, R.J. Wilkinson, "los
versos no sólo riman, sino que el sonido del primer verso debe
sugerir el sonido completo del tercero, lo cual hace que la tra-
ducción resulte extremadamente difícil".
Victor Hugo participó del descubrimiento del pantun para
Occidente, y esa forma de verso fue adoptada por varios
poetas franceses del siglo XIX.
Como he planteado en otras ocasiones, espero que la belleza
del original sea tanta que permita este nuevo pase de lenguas,
sin perderse del todo.


1.
¿Adónde te has ido, de dónde eras?
Los pastos crecen más alto que el grano.
¿En qué año, en qué mes habrá girado el tiempo
lo suficiente para que volvamos a encontrarnos?

2.
El destino de una paloma es volar,
Vuela a su nido en la colina;
La entrada del verdadero amor es el ojo,
El premio a su búsqueda es el alma.

3.
VIENTO

El viento podría arrancar la mortaja del muerto,
Viento filoso como borde de espada,
Viento aguzado como punta del hacha,
Viento con la forma de un paraguas,
Viento que llena el mar de huesos,
Viento que aplana todo lo que encuentra.


4.
Toma tu lapicera y escribe un texto,
Sobre una roca sólida y en forma sencilla,
De este mundo derecho al otro,
Nuestros cuerpos trenzados como uno solo.

5.
MÚSICA

Voces alzadas bien alto en el canto
Hasta que los monos se caen de las ramas;
El curso del agua se detiene a escucharlo
El pájaro tuerce su vuelo para acompañarlo.

6.
Grandes olas ruedan sobre el océano
Dispersas a lo ancho por el viento del oeste,
¡Contéstame esta adivinanza!
¿Qué cosa se parte en mi pecho sintiente?

7.
EL SIGNO DEL AMOR

Sobre tu hogar hay truenos rodando,
Mi hogar bajo rayos, en llamas;
Siete cielos en un cuadro mortal,
Eso significa el amor en el alma.

8.
Blanca como papel una vela en el aire,
Los cometas de chicos de la bahía;
Y yo siento como amo a mi chica
Como nave que olas y mar desafía.

9.
Mil palomas pasan volando
una sola aterriza en mi patio.
Quiero morir en las yemas de sus dedos
Y ser enterrado en la palma de sus manos.

10.
CANTO DE UN NIÑO ENFERMO

¡Al final del florecer de los hibiscos
Las flores se vuelven más fragantes!
Ya no pienses en mí, abuelita.
Sólo queda de la fruta el cáliz,
Sólo la impresión de mis manos, abuela,
Sólo la impresión de mis pies,
Sólo me queda cantar, abuelita.
Mi corazón extraña las colinas, abuela.
Escucha la canción que canto en la cabaña.
Me levantaré y me iré, abuelita.
Envuélveme en arroz
Me iré a los bosques y atraparé pajaritos.
¡Pero, mira! Mis lazos no atrapan ya pájaros, abuelita.
Tu niño no tiene ya fuerzas para trepar a los árboles,
Y el cesto que llevo, abuelita, tiene sus cordeles rotos.


BIBLIOGRAFIA

Ruth FINNEGAN. The Penguin Book of Oral Poetry, Pen-
guin, 1978.
R.J. WILKINSON/ R.O. Winstedt. Pantum Melayum. Ma-
laya Publishing House, 1957.
Keith BOSLEY. Poetry of Asia. Weatherhill, 1979.
T.V.F. BROGAN. The Princeton Handbook of Multicultural
Poetries, Princeton Univ. Press, 1996.


KARMA FAUNICO

Pecesillo que formas multitud solitaria,
                   recorriendo en zigzag el Océano-agua,
¿Son tu Cielo o tu Infierno, los mares?
                   ¿Es tu karma sagrado? ¿O es tu Todo y tu Nada?

Asesino mortal que depredas los mares
            ¿Ya sabrás que tu karma es matar o 'las hambres'?
Has perdido hasta el nombre en el reino del hombre,
             Tu matar es pueril, aún en baños de sangre.

Cielo-Infierno, Vida o Muerte, ola y calma
 han sembrado los dioses:
              Karma igual de la acuática fauna.
.
Hoy el hombre decide-arrebata,
                            estrangula a los dioses del agua.
Hoy el dios es un ser que maltruye y sólo crea la nada.
Tiburón, pecesillo, es lo mismo:
para siempre han perdido su mundo y su Karma;
en la red de los hombres, la gran muerte sedienta os aguarda. 

LOS TRES RELATOS

1. COMO EN UN SUEÑO

Como en un sueño desmontaban un caballo tras otro la fila
pareciendo interminable cada jinete distinto uniforme al des-
montar un amague de palmada a los mozos de cuadra que
aparecían en el momento exacto también vestidos para la
ocasión pero en este caso todos de la misma manera y toma-
ban las riendas con un gesto confirmatorio y el jinete seguía
un camino al parecer trazado hacia el interior de un gran edi-
ficio que no se podía saber desde donde estábamos situados
si se trataba de un cuartel general o de un palacio pero debía
ser realmente inmenso ya que los jinetes seguían llegando de
uno en uno y desmontando y caminando algunos con unifor-
mes de gala cuyo origen no podríamos precisar y grados de
los que no teníamos noticias y al caminar hacían gestos como
llevar la mano al sombrero o al casco o en otros casos salu-
dando no se sabe a quién con una venia o bien alzando un
brazo o con la mano derecha estirándose la casaca y todo esto
siguiendo un cierto ritmo ya que al ir ingresando los hombres
al cuartel o al palacio nuevos hombres estaban arribando al
lugar del desmonte y se turnaban rápidamente los mozos de
cuadra ágiles y exactos y asimismo la hilera de jinetes tam-
poco parecía tener fin y así pasamos mirando buena parte de
la noche observando todo lo que podíamos desde nuestros
asientos sin que ocurriese nada inesperado
Antes del amanecer entramos al gran salón iluminado


2. QUÉ RETORCIDO ESPECTÁCULO

¡Qué retorcido espectáculo! Uno en uno, como lo ha ordena-
do de seguro su "Suprema Majestad", vienen a rendirlo todo,
incluyendo los honores. Y sin duda ha sido con ese propósito
que esa suerte de túnel, de corredor por el cual deben aproxi-
marse al lugar donde desmontan, el desembarcadero, como lo
llamo yo, produce que las bestias vengan chapoteando en me-
dio de riachos de bosta.
No hay un sólo caballo que no lance su carga de estiércol al
acercarse a la meta, tal vez estimulado por olores que los hu-
manos no alcanzamos a distinguir de la mierda, o asustados
por la muchedumbre que mira y absorbe cuanto puede de la
grotesca escena. Cada cabalgadura que llega agrega su lodo
propio al ya de por sí profundo lodazal del camino. El sonido
que producen normalmente los cascos se encuentra amordaza-
do por esa especie de mullida e inquietante alfombra semilí-
quida. Es más audible el sonido de las nuevas deyecciones.
La bosta humeante, de hecho, recién cocinada, se mezcla con
la bosta ya fría pero aún fresca, que revuelven con sus patas los nerviosos animales.
Y entonces surgen a ultísimo momento los zagales de cuadra,
(los mayorales de la cuadra ni asoman la nariz) ya baña-
dos en mierda hasta el cuello, de tal manera que parecen vestir uniformes, a tomar como puedan las riendas de la bestia, mien-
tras cada jinete busca con lógica desolación un lugar menos profundo de la inmunda pasta para apearse. Hombres que han luchado en terribles batallas, héroes y criminales venidos desde lugares remotos, según dan a entender sus desparejos uniformes, haciendo patéticos intentos por recomponer su ya definitiva-
mente afectada dignidad: tics, gestos insensatos, movimientos compulsivos e involuntarios, mientras se dirigen al desconocido
interior del Inexpugnable. Las tropas derrotadas de tantas nacio-
nes y regiones del vasto continente intentando no resbalar en las marismas que aún se balancean de un lado a otro del desembar- cadero, como un funesto pantano que amenaza con tragárselos.
Ahí van, uno tras otro, a presentarle al Supremo sus creden-
ciales vencidas y a rogar su deferencia.
Entre tantos uniformes de tan diversos colores, no he alcanza-
do a visualizar a ningún representante oficial.
Ligeramente drogado por el insoportable tufo que ha embotado
el aire, dejo mi asiento sin pesar.


3. SOY MAGUER DE HOLUVIA

Soy Maguer de Holuvia. Ante la mención de mi nombre, no
pocos han temblado. El Terror de los Bosques Orientales, así
me llaman o llamaban. Circunstancias que el destino ha mane-
jado tan a su antojo como yo he conducido a naciones enteras
durante años, me han traído a estas filas. Los deseos de los
dioses nunca dejan de asombrarme. ¿Porqué podrían querer
ellos que yo estuviese hoy alineado con Rupert de Brandinen,
con el Duque de Groesse, con el Mariscal Milut, con innumera-
bles coroneles y tenientes y vulgares capitanes de tropas que
nunca estuvieron a mi altura? ¿Por qué pueden haber querido
que asistiese hoy con mi uniforme incompleto, muertos mis
mejores asistentes, debiendo ser vestido por un mancebo que
no ha recibido la menor preparación, si una vez en viaje me doy
cuenta de que me ha provisto de un sable capturado a los sar-
cinos, en lugar del sable ritual de mis ancestros? Ese del uni-
forme blanco, el Coronel Fijudi, ¿cómo no está muerto? Envió
a sus hombres a una muerte segura en los montes albinos, don-
de desde las alturas eran arrancados como hojas, a veces de a
una, pero otras veces de a montones. Libros enteros de hombres,
arrancados en un par de horas. ¡General Gunnar Staklesson!
Enlistó a los niños, los ancianos, las mujeres. Le encantan las
masacres, sin importarle demasiado el resultado de los comba-
tes. ¿Qué hace aquí? ¿Quién puede querer reunir a los sabios,
estudiosos de la guerra, aquellos que cuidan a sus tropas como
a sus propios hijos, con locos asesinos de niños, incendiarios de
pacíficas colonias de refugiados o de lisiados de guerra?
¿Nos espera alguna clase de justicia? No, no es preciso respon-
derme. Habrá, por cierto, ahí, en el interior luminoso como de
una poderosa lámpara en la totalidad de la noche, alguna suerte
de justicia. A eso se nos ha convocado. Todo aquel que ha lu-
chado, matado, visto morir aullando a sus mejores compañeros,
intuye desde lo más profundo de la resaca de dios que nos ha-
bita, que hemos vivido esperando esto, precisamente esto: una
justicia cualquiera, arbitraria, despótica, absurda tal vez o casi
con seguridad, pero una justicia al fin. Que ponga término a los
actos imparables e interminables. Aunque nos decapite a TO-
DOS. Algo que cierre este hálito que nos empuja hacia la gue-
rra, la masacre y el dominio. Aunque deba mutilarnos a cada
uno, arrancarnos los ojos, cortar todos nuestros miembros. Na-
da puede llamarse "cruel" después de todo lo que hemos visto y hecho.
El interior del Castillo, al acercarse, es una bella fiesta de flo-
res y de frutos, de bebidas intensas y mujeres hermosas e insi-
nuantes. El Salón, en efecto es tan amplio como una ciudad.
Noto la sopresa en los otros, Pochevski, uniforme azul; el cé-
lebre Señor de Jaddaliyya, en su negra túnica de guerra; Vikttor,
el pequeño pero refinado tenientillo que devoró la carne de la
familia Real de Tilde y se convirtió en Emperador de sus culti-
vadas tierras. Los conozco a todos, también a los bárbaros. Así
se los ha seguido llamando, burlonamente, claro, porque cual-
quiera de nuestros ejércitos era tanto o más 'bárbaro' que ellos.
Pero no olvido que seguramente hemos venido a recibir justi-
cia, o bien a su hermano de acción: el ajusticiamiento.

Los círculos concéntricos e hipnóticos del Gran Salón nos as-
piran a su centro. Nos conduce una música dulce, en realidad
la música más dulce que puede haber existido nunca.
Parece ser que el Supremo no ha venido.
La hija de Radwichuk, el Carnicero de los Zirdstanes me sonríe
al mirarla. Sabe cómo alzar la barrera de su extraordinaria belle-
za con una mirada.
Esta música. Esta música que me conduce lejos, afuera del mun-
do humano.
¿Quiere acaso decir que los dioses sí han venido?
¿Y que estamos todos en sus impredictibles manos?