domingo, 31 de marzo de 2019

EL MUSEO DE LA MUERTE

                                                    "A menos que a partir de nosotros
                                                    tenga lugar el futuro
                                                    somos muerte solamente."
                                                                   D.H. Lawrence


 Una guerra que con la misma facilidad con que se me
había vuelto material y natural, ahora se me olvidaba a
grandes saltos

 Ese lugar en el que habían acumulado 
  los muertos
 Algunos cajones colgaban todavía de los garfios
con los que o bien los iban metiendo 
o los habían estado arrancando de la tierra gris
que era imposible pensar que albergase algo

 Con sogas gruesas y peludas, las maderas hinchadas
y curvadas por la humedad
como si todos los muertos hubiesen engordado 
en sus cajones

 Era una escena de perpetuidad
porque allí nadie trabajaba ni había
personal alguno en las garitas u oficinas
sin puertas ni ventanas
abandonadas

 Pero al acercarnos pudimos apreciar que eran muy pocos
los 'afortunados' que todavía ocupaban un cajón
o lo que quedaba de él -como si estos tuviesen al menos
     algo-
mientras que todo el terreno de por sí completamente
desparejo
estaba sembrado de cuerpos cuya rigidez, cuya
variedad de posiciones de la muerte
convertía este museo en una obra 
de arte involuntaria, la mayor que hayamos
visto y, salvo por algún prodigio de la naturaleza,
la mayor que veríamos en el resto de nuestras vidas

 Todos esos cadáveres parecían formar parte
de un conjunto -como si se dijera:
"el real museo de la muerte y de sus alrededores"

 Porque muchos de ellos se notaba, a pesar
de que casi todos estaban desnudos parcial o totalmente,
que no eran soldados ni ninguna clase de combatientes
 tampoco estaban en filas o apilados en cualquier orden

 Era un enjambre de cuerpos en algunos lugares
y, en otros, cuerpos sueltos, como si se hubiesen
caído al ser transportados en alguna clase de vehículo
para transportar cadáveres
cuerpos más largos, cuerpos de niños

no hablamos aquí de los sonidos
-que merecerían un interminable relato, porque
había diversas maneras del ulular, de sordísimas sirenas,
el sonido de la niebla y del humo mojado,
de los vacíos de los sonidos-
ni mucho menos de los olores
o del resto de las sensaciones
que se entremezclan a la vez que se desgarran
 y cuya parálisis
parecía afectarlo todo excepto la facultad
de pispear apenas
que adquiere el ojo humano
cuando lo mirado supera
-amplia, muy ampliamente-
la capacidad de absorción
del material visual

Y por cierto cundían los desniveles del terreno
los fosos amplios
se alternaban con los frustros
sin terminar
  como si en determinado momento
se hubiese interrumpido toda la compleja operación
de traer y enterrar
y como si hubiese dejado
de importar no sólo
cómo se llevaba a cabo esa operación
sino que también su propósito general
se hubiese extraviado
  en medio de tanto extravío

Y la gran quietud que se había instalado
antes de que llegásemos nosotros
-no había pájaros, ni gatos, ni perros,
ninguna traza de humanidad-
logró permanecer
y los únicos movimientos correspondían
a las ratas
y al invisible pero cierto
trabajo de moscas, polillas, escarabajos,
avispas, hormigas y gusanos

que mucho después supe que un científico
había bautizado como "las escuadrillas de la muerte"

(no había por dónde entrar a ese espacio
no había tampoco por dónde salir
se podía acercarse o alejarse
cuando se podía
porque este museo también convoca
a ciertos estados de la mente
destinados
por cierto
justamente
a aislarnos del exceso de realidad)

Ahora pienso:
¿qué clase de luz ilumina un lugar como ése?
¿qué clase particular de pasos se dan en un territorio
    tomado por cadáveres?

Promesas, anhelos, rencores, aflicciones,
placeres, ideas, deberes...

Ninguna vana reflexión abría sus alas

Tal vez hubiese resultado siniestro su aleteo-

Yacen sobre ciudades hundidas
y son los cimientos de ciudades por venir
El porvenir, en efecto, ¿con qué hilos no deja de tejerse?
¿Con qué otros hilos podría contar 
que con los hilos de la muerte prometida,
que son los hilos de la vida misma?

Allí era muy difícil conservar
la idea por tanto tiempo acariciada
   de la muerte como alivio, por ejemplo

como fin de las penas y del amplio abanico
de los sufrimientos humanos

No, el museo de la muerte semejaba la refutación
definitiva de esa idea
así como de muchas muchas otras 
que habíamos tenido
o que nos habían enseñado a tener

Hay, probablemente, que atesorar
   los sueños mientras se puede tenerlos
                  (se susurra sin darse cuenta)

Lo que resultaba monstruoso
 en ese ámbito
era precisamente lo que nos sostenía
en el otro (tentación de decir,
absurdamente, 'el nuestro'):
las caricias 
en todas sus formas
su señal

el lenguaje cargado al máximo 
de inanidad
y de sentido
de las caricias

y solamente
eso

sábado, 30 de marzo de 2019

BARRIOS MENTALES

 digamos (¿para simplificar un poco?) que había un solo
libro. uno solo para tener, para comprar, para pedir pres-
tado, para leer. uno solo.
 digamos (¿para jugar un poco?) que ese libro se llamase
de una manera simple pero a la vez indescifrable si se in-
tentase traducirlo
 por ejemplo, que en inglés fuese algo como "there, there"
 ¿"ahí, ahí"?
 ¿"ahí ahí"?
 ¿"bueno, bueno"?
 ¿"algo así"?
 el presunto lector de un sólo libro 
queda entre embrujado y atascado en el título
 por más que lee y avanza las páginas, el título
 vuelve a retraerlo al principio, como si cada intento de lec-
tura fuese en realidad un intento de escapar del título que 
lo mantiene maniatado
 atrapado como un chicle pegado al cerebro (en lugar del
zapato... y ahí viene, claro: "pero qué... ¿tenés un zapato
en la cabeza?"
 escucha decir a una de esas voces interiores que fueran de
otros y que sólo precisan de un leve empujón para soltar su
grabada y única cancioncilla
 para después apagarse
 en algunos casos para siempre; si no vuelve a surgir un
empujoncito, un toque preciso con el bordecito del taco,
en ese barrio de la mente
 sí, la mente es como calles, con amplias secciones que
uno siente que por prevención o rechazo, no recorrerá
nunca
 su superficie está siempre en ciernes
 es una ciudad que en realidad no está     todavía
y tal vez nunca

 digamos que el lector de ese único libro
 se siente
 un poco más cerca del borde de la muerte
 no de la muerte como al final del camino,
 sino de la muerte como al costado del camino,
 a los dos costados del camino
 y arriba y abajo del camino, también
 (como si el mármol gastado dejase ver su interior de car-
                  mesí)

cuando el vehículo ara al haber perdido la huella 
en un camino de tierra
puede pasarse lo que queda de rosca
buscando esa huella
que tal vez no es que la haya 'perdido'
como creía,
sino que se terminó,
que no existe más

se había terminado esa huella y
entre como venía y la noche,
no había manera de darse cuenta
de que la huella en verdad
se había acabado
aca-ba-do

la noche árida
-noches, también, de terciopelo-
pero noche de yuyales ásperos
sólo habitados por indiferentes alimañas

el pulso, el pulsar
de esas páginas de vida
que corren como un guión invisible
que el viento hace pasar
las páginas, ¡cuidado! demasiado

deprisa
o bien hacia atrás
a raudales
o demasiado despacio
clavado en un párrafo
que no se llega a leer
por el idioma desconocido
o la letra borroneada
o el velo de las lágrimas

no, tampoco es la historia de tu vida
-que es un libreto inhallable

es el pasaje del mundo al mundo
el mundo pasa a través 
tuyo
(y de los otros, claro)
pasa... sin cambiar de estado
el mundo, indiferente como los yuyales
y como sus alimañas
y como el resto de la noche
y las estrellas
y los olores y sonidos
que vuelven tan inocentemente creíbles
sus decorados

no, no es que estás solo
sino que sólo estás
cuando te das cuenta de esa soledad
de ese botón desabrochado
o faltante
que desata el raudal de la pérdida
la hemorragia de realidad
¡a la que no le interesa ni podría interesarle
si es o no fatal!

el raudal
rauda
se diría
si lo inorgánico fuese también un lenguaje
un lenguaje para apagar al fin
los destellos que arden, las fogatas
lejanas del cuerpo, los recuerdos crudos
y los cocinados
la batería completa de artilugios
para seguir pensando y creyendo
pensando y creyendo
que se existe
que hay algo, hay alguien
en lugar de la película muda
que rueda en un cine inexistente
de un barrio ilocalizable

sí, me tomo esto, me fumo esto otro
conversamos,
apaciguo, revierto, despejo
suelto al fin el botón
el tornillo la clave
el armisticio 'secreto'
el eco de la infancia
la tela que simula eficazmente 
¡y cuánto!
ser un camino
una línea
dirigida
de trazos


NOTA (NECESARIA)
Este es el tipo de textos que no me gusta escribir.
Pero lo único que elijo es si ponerlo en la página o no.
Se dirá que es elección suficiente.
Sí, pero tengo que vérmelas con el desvelado que lo escri-
bió.
Este apuesta al sentido oculto y perdido. Algo así como
que "el texto sabe".
Y lo respeto.
Si yo no le diera existencia, ¿quién podría hacerlo?
Después de este texto, dictó otro.
A ese no estuve dispuesto a darle el mismo lugar.
Y estoy seguro de que más de uno coincidirá conmigo.
Elegir los textos se puede decir que es una tarea endiablada.
Fíjense sino qué quería que publique:


 EL DESEO


Deberá permanecer en el lugar del deseo
ya que no podrá lanzarse de él.
En el punto álgido y preciso
en el que el deseo encendido
debe permanecer para no arder en dolor puro.
Deberá ser el arco y la cuerda
extendidos al máximo,
y la flecha que vibra
sin vuelo,
soportando-tensión-imposible

"fui como hierbas -y no me arrancaron"
 fui como flecha -y no me arrojaron.

No, no podemos darle lugar a semejante sinsentido.
Nos disculpamos con Pessoa, y callamos.



domingo, 24 de marzo de 2019

SEMILLARES: EL CATÁLOGO DE TODAS LAS DEMÁS COSAS. PARTE I



 El que subraya, el que guarda, el que recoge, como frutos
de las ramas, el que conserva (hay conservas de frutos), el
que cree que arroja semillas, el que repara (intenta), el que
insiste, el que rema para no ahogarse- todavía.
 El que cree que las palabras dicen algo, el que subsiste en
ello. Aunque ya esté advertido.



 pensaba en la misteriosa permanencia de las cosas en la

corriente nunca quieta de la vida. Pensaba que, viviendo
con ellas, uno acaba dejando siempre algo como una lige-
ra mano de pintura, el tinte de ciertas emociones destina-
das a decolorarse, bajo el sol, en recuerdos.
Alessandro BARICCO. Tres veces al amanecer. 
Y en la página siguiente agrega: "Pensaba en la misterio-
sa permanencia del amor, en la corriente nunca quieta de
la vida."
Encuentro una suerte de 'respuesta' en algo que leo más
tarde el mismo día: "Wittgenstein lo ha aclarado: no es má-
gico cómo es el mundo, sino que lo sea." Roberto Calasso:
La ruina de Kasch, el magnífico paseo por la historia de
Talleyrand por el cual nos conduce este maestro.  

se sumían por fin en una eternidad que ya no podía nada
contra ellos.
 Henri MICHAUX. Adversidades, exorcismos.

Viento del mar
     de noche,
en una isla
Marguerite YOURCENAR. Los treinta y tres nombres de
Dios.

A pesar de tantos atractivos la isla está despoblada,
y las pequeñas huellas de los pies, reconocibles en la orilla,
se dirigen todas, sin excepción, al mar.
Wislawa SZYMBORSKA. En A. Beneyto, "16 Poetas Pola-
cos"

Descreí de todos los dioses ante una cómoda que habría 
      [que ordenar,
Miré a los ojos a todos los destinos, mientras me distraía
      [oyendo pregones,
Y mi cansancio es un barco viejo que se pudre en la playa
      [desierta,
Y con esta imagen de cualquier otro poeta cierro la có-
      [moda y el poema.

Como un dios, no ordené ni la verdad ni la vida.
Fernando PESSOA. Ficciones del interludio.

Otra pregunta repetida es si todo lo que escribo lo hago pri-
mero en inglés y luego lo traduzco al español. Y yo les digo
que sí, que, por ejemplo, los versos "Siempre el coraje es
mejor, / nunca la esperanza es vana, / vaya pues esta milon-
ga, / para Jacinto Chiclana" se ve en seguida que han sido
pensados en inglés; se notan, inclusive, las vacilaciones del
traductor.
Jorge L. BORGES. En María E. Vázquez. Borges, sus días
y su tiempo. (Para mí, las mejores entrevistas con Borges)

la escena de El pájaro canta hasta morir cuando la anciana
tía de la protagonista le grita al espléndido sacerdote del
cual está enamorada (Richard Chamberlain, nada menos)
y éste la desaira: "¡Maldigo a tu Dios que puso sentimientos
jóvenes en cuerpos viejos!"
Juana LIBEDINSKY. English breakfast. El pensamiento
británico hoy.


 EL ARTE, LA ESCRITURA

Buscar lo común que no sea semejante. Así el poeta puede
decir: "una golondrina apuñala el cielo" y hace de la golon-
drina un puñal".
Georges BRACQUE. Cit. por G. Sucre en Revista Plural,
N° 38. (También dice Bracque: "Es la precariedad de la o-
bra lo que sitúa al artista en posición heroica.")

He elegido la creación para escapar al crimen. ¡Y me res-
petan! hay un malentendido.
Albert CAMUS. Carnets.. (En otra parte: "el escritor con-
denado a la comprensión. No puede ser un homicida.")
Se parece a lo que ha escrito alguna vez Luc Decaunes:
"La fatalidad de la poesía es ser una fuerza del bien".

Extraño, misterioso, quizás peligroso, acaso liberador
consuelo del escribir: el abandonar las filas de los asesi-
nos. 
Franz KAFKA. Diarios. (K. siempre lo dice mejor)
También escribió: "No tengo en mis manos la facultad
de escribir. Va y viene como un fantasma."

La grandeza de los poetas consiste en captar intensamen-
te con sus palabras lo que no han conseguido entrever si-
no débilmente en su espíritu.
Paul VALÉRY.

No se puede "escribir poesía" (sólo describirlo deprisa, al
ritmo que el poema se dicta a sí mismo).
Sándor MARAI. Diarios 1984-1989)

La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defien-
de por su calidad de incandescencia. 
La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no
sea sólo habitable para los imbéciles.
Aldo PELLEGRINI. En Poesía=poesía.

Después de que había escrito bien en la noche del domingo
al lunes -habría podido seguir escribiendo toda la noche y 
el día y la noche y finalmente salir volando...
Franz KAFKA. Cartas a Brod.

Todos saben que Mallarmé, convencido de que "el mundo
existe sólo para terminar en un hermoso libro", persiguió
toda su vida el proyecto de un libro absoluto en el que el
azar -le hazard- debía ser eliminado por completo de todoel proceso literario.
Giogio AGAMBEN. El fuego y el relato.

Cuando escribres, no tienes sentido del ridículo. Te identifi-
cas con lo que dices y hasta después de unos minutos no lo
adviertes. Si escribes, debes hacer como si estuvieras solo
en la Tierra, como si fueses una parte del absoluto. Sino, 
¿qué interés tiene?
E.M. CIORAN. Conversaciones.

Una nube blanca cuelga sobre la cima
de una montaña verde más allá del lago.
Quien mira y se admira de la escena,
no tiene que malgastar ni una palabra.
GENRO. En N. Senzaki/ R.S. McCandless. La flauta de
hierro, Antología de 100 koans zen.

Ni Dios, ni el hombre, ni la sociedad, ni las "obligaciones"
astutamente elucubradas... Sólo la presencia continua de
nuestra muerte nos obliga a una profunda creación artís-
tica.
Imre KERTÉSZ. Yo, otro. Crónica del cambio.

La teoría es un falso problema para el artista; la teoría no
le interesa sino en la medida en que puede incorporársela
a su sangre.
Witold GOMBROWICZ. Los humano en busca de lo hu-
mano. 

la generalidad que se le concede al escritor desde hace si-
glos, felicitándole sin fin por el hecho de convertir lo huma-
no en individual, es, en realidad, una terrible servidumbre:
¿cómo alabarse de la exigencia impuesta por la propia ma-
terialidad del lenguaje? El problema del escritor es, por el
contrario, encontrar una particularidad última a pesar del
instrumento general y moral que le ha sido dado.
Roland BARTHES. El susurro del lenguaje.

A W.B. Yeats le preguntaron por qué reescribía sus poe-
mas una y otra vez, y él respondió: "No estoy rehaciendo
los poemas. Es a mí mismo a quien estoy reconstruyendo".
Moshe CASPI. Entrev. en Clarín Cultural, 20/7/97.

Cuando me preguntan qué escribo, sin plantearme cuestio-
nes propias de la teoría de la literatura, contesto: un texto.
¿Y qué tipo de texto? Un texto bueno. Todo escritor desea
crear un buen texto.
Ryszard KAPUCINSKI. El mundo de hoy. (También dice:
"En todo lo que hago intento hablar con mi propia voz,
una voz personal, amortiguada. No sé gritar.")

El arte no es más que una manifestación distraída de la in-
teligencia.
Fernando PESSOA. En una carta a Torga.

La condición creativa es una condición de alucinación. Has-
ta que no ha comenzado es -obsession, hasta que no ha ter-
minado es -possession.
Marina TSVIETÁIEVA. El poeta y su tiempo.

Darle forma a la vida... eso es lo que hace un escritor. Eso
es lo que lo hace tan difícil.
Jean RHYS. Conversaciones con escritores.

El arte es lo que ayuda a salir de la inercia.
Henri MICHAUX. Emergencias, resurgencias.

Belleza sumada a piedad: ésta es la máxima aproxima-
ción que se puede alcanzar para definir el arte. Donde 
hay belleza hay piedad, por la simple razón de que la 
belleza muere siempre, la manera muere con la mate-
ria, el mundo muere con el individuo.
Vladimir NABOKOV. Cit. en Roberto Calasso: K.

El papel del escritor no consiste en decir lo que todos po-
demos decir, sino lo que somos incapaces de decir.
Anais NIN. Diarios.

Cuando el hombre llega a ser plenamente consciente de su
fuerza, su papel, su destino, es artista, y desiste de su lucha
contra la realidad. Se convierte en traidor de la raza humana.
Henry MILLER. La sabiduría del corazón.

los poetas están tan lejos de la poesía como casi los juris-
tas del derecho o los guías de montaña de las nubes
Adam ZAGAJEWSKI. En la belleza ajena.

 Es terriblemente importante que un escritor tenga su edad,
que no sea ni más joven ni más viejo. "¿Qué debo escribir 
a los 64 años?", pero nunca "¿Qué debo escribir en 1940?"
W.H. AUDEN. Conversaciones con escritores.

Después, recuerdo... (adopto a mi pesar el estilo que con-
vendría si alguna vez escribiera este libro... este libro que
no existirá, pues, ¿no vale más vivirlo?
Victor SEGALEN. René Leys.

Mientras se soporta no escribir, no se está obligado a hacer-
lo. Rilke dice que no se tiene derecho sino cuando se está
obligado.
Thomas BERNHARD. Tinieblas.

como el poeta Valéry, creo que fue él, afirmó, la obra nunca
se acaba, sino que se abandona.
John BANVILLE. El mar.

Quiero escribir una oración limpia como un hueso. Ésa es
la meta.
James BALDWIN. En conversación con George Plimpton.

El artista perfecto existe en Madame Bovary, en la escena 
bufa en la que Emma y León, enardecidos, en pleno frenesí
de los cuerpos, se ven arrastrados a una visita guiada de la
catedral de Ruán, enviscados en la charla del bedel: "Ésa
es -dijo majestuosamente- la circunferencia de la campana
grande de Amboise. Pesaba cuarenta mil libras. No había
otra igual en toda Europa. El operario que la fundió se mu-
rió de la alegría."
Pierre MICHON. Cuerpos del rey.

La verdadera poesía nunca es realmente malentendida o des-
cartada porque su base está en el placer. Las explicaciones y
teorías son malentendidas, los placeres ora se tienen, o no.
Robert PINSKY. Talking with poets.

Un arte en el que probablemente superamos a todas las otras
sociedades de la historia es el de la cocina. (Es el único arte
considerado sagrado por el Hombre Trabajador).
W.H. AUDEN. La mano del teñidor.

En pintura lo encuentro en Matisse, a veces, bajo una forma
muy humilde, vibrante, muy refinada, insólita, muy cercana
a la cosa más concreta. Parece que quisiera decir que ya esta-
ríamos todos en el paraíso si no fuéramos los primeros agen-
tes de nuestro infierno.
Philippe SOLLERS. Visión en Nueva York.

En los años '60, refiriéndose a la abstracción, el crítico Cle-
ment Greenberg declaró: "Para un artista de vanguardia, ya
no es posible hacer un retrato". Greenberg provocó así la res-
puesta de un pintor, Willem de Kooning, que le devolvió la-
cónicamnte su mensaje de manera invertida: "No es posible
no hacer retratos".
Jean ALLOUCH. Erótica del sueño...

Soy más escritora que ser vivo, que alguien que vive. En mi
vivencia soy más escritora que alguien que vive.. Así me veo.
Marguerite DURAS. El mundo exterior. También en este li-
bro dice: "Es interesante la diferencia entre gente que publi-
ca y escritores." También: "Cuando se escribe es preciso aban-
donarse, no hay que controlarse, es preciso abandonarse por-
que no lo sabemos todo de nosotros mismos. No sabemos lo
que somos capaces de escribir". "Debemos confiar en ese des-
conocido, uno mismo." "No somos más distintos de los grie-
gos, de los egipcios, de la gente de la Edad Media que de
quienes no escriben." "Cómo decirlo sin pretensiones: dis-
pongo del lenguaje -debo tener cuidado."

Estoy absolutamente cansada de la literatura, sólo la mudez
me hace compañía. Si todavía escribo, es porque no tengo
nada más que hacer en el mundo mientras espero la muerte.
La búsqueda de la palabra en la oscuridad.
Clarice LISPECTOR. La hora de la estrella.

es el utsuroi japonés: especie de plusvalía enigmática dada
por la escritura.
Roland BARTHES. La preparación de la novela.

artista sólo es quien sabe convertir la solución en un enig-
ma.
 Karl Kraus

 Porque el verso lo es todo, si se escribe.
Stéphane MALLARMÉ. Prosas. 

La neurosis es un mal menor: no en relación a la "salud",
sino en relación a ese "imposible" del que hablaba Batai-
lle. "La neurosis es la miedosa aprehensión de un fondo
imposible". Pero ese mal menor es el único que permite
escribir (y leer).
Todo escritor dirá entonces: "loco no puedo, sano no que-
rría, sólo soy siendo neurótico".
Roland BARTHES. El placer del texto.

Y escribir tampoco creo que sea trabajo. Durante mucho
tiempo lo creí, desde luego. Pero ahora afirmo que es un
no trabajo. Es alcanzar el no trabajo.
Marguerite DURAS. Los ojos verdes.

Las musas son la tradición literaria. 
Víktor SHKLOVSKI. 

el oficio de escritor es aprender a escribir
Jules RENARD. Diarios.

Uno puede preguntarse cuál es el propósito de la escritura,
suponiendo que haya alguno: es el instante creador mismo
en que algo se produce fuera del tiempo, el cual ya no
puede ser acumulado.
Ernst JÜNGER. Conversaciones con Julien Hervier.

la poesía es forma, y todo el juego consiste en el galanteo y
la seducción. Uno puede contar con todos los aparatos del
mundo, pero lo único que se necesita es algo como -no sé
qué. un lazo... una cosa muy delicada para atrapar gamos
salvajes.
Lwrence DURRELL. En: Confesiones de escritores.

En nuestro primer almuerzo (con T.S. Eliot), me preguntó
qué quería hacer en la vida. -Ser poeta. -Puedo comprender
que quiera escribir poemas, pero no acabo de entender lo
que quiere decir con "ser poeta" -objetó.
Stephen SPENDER. Un mundo dentro del mundo.

Toda persona que escribe tiene que ser, en sí y de por sí, pre-
tenciosa, porque si no, no podría hacerlo. Un timorato que se
deja convencer no podrá escribir ningún libro, como no sea
un libro lamentable.
Thomas BERNHARD. Un encuentro: conversaciones.

Tu trabajo consiste en hacer algo que el lector aún no tenía.
Y esto no significa simplemente el lector perezoso.
Robert PINSKY. Talking with poets.

Cuando dicen "el poeta escucha la voz de la Musa", es ab-
surdo si la naturaleza de la Musa es inespecífica. Pero si se
mira más de cerca, la voz de la Musa es la voz del lenguaje.
Es mucho más mundano que como lo estoy diciendo. Bási-
camente, es la reacción que uno tiene a lo que uno escucha,
a lo que uno lee.
Joseph Brodsky. Conversations with JB.

De la discusión con otros hacemos retórica, pero de la discu-
sión con nosotros mismos hacemos poesía.
William B. YEATS. Rosa alquímica.

la proposición de Mallarmé sobre el trabajo del poeta que 
según  él consistiría en esculpir, durante toda la vida, su
propia tumba.
Jean ALLOUCH. Erótica del duelo.

Cuando digo algo, inmediata y definitivamente pierde todo
su importancia; cuando la escribo, también la pierde, pero
en cambio adquiere una importancia nueva.
Franz KAFKA. Diarios.

Sin embargo, yo era muy mal poeta.
No sabía ir hasta el fin.
Blaise CENDRARS. Poesía francesa contemporánea. (La
de Fausto)

Es la obra del artista... la que inventa al que la ha creado,
al que se supone la ha creado. Los "grandes hombres" a
los que veneramos son obras tardías de una literatura me-
nor.
Friedrich NIETSZCHE. Contra Wagner.

Pues ya que se ha de escribir, que al menos no se aplasten
con palabras las entrelíneas.
Clarice LISPECTOR. La legión extranjera. (Para mí, uno
de sus mejores libros)

Cuando me siento particularmente bien, de buen humor,
muy lleno de vitalidad, entonces no escribo, no tengo nin-
guna gana de escribir.
Thomas BERNHARD. Tinieblas.

No se escribe porque se tenga algo que decir, sino que se
tienen ganas de decir algo.
E.M. CIORAN. Desgarradura.

Escribir como un perro que escarba su hoyo, una rata que
hace su madriguera.
DELEUZE/ GUATTARI. Kafka, por una literatura menor.

Ah! porque ser artista significa estar mortalmente enamora-
do, incurable, apasionada, pero también salvajemente y sin
casamiento
Witold GOMBROWICZ.

el carácter esencial de la literatura es tratar lo todavía no
manifestado como existente
Ernest BLOCH.

Escribir es no poder evitarlo, es no poder escaparse de ello.
Atañe al individuo solo (...) Ser para sí mismo su propio ob-
jeto de locura y no volverse loco por ello. Eso podría ser la
desdicha maravillosa.
Marguerite DURAS. Los ojos verdes.

Esta trampa saludable, esta finta, este engaño magnífico,
que nos permite entender la lengua como algo ajeno al po-
der, en el esplendor de una revolución permanente del len-
guaje, yo lo denomino, por mi parte, literatura.
Roland BARTHES. Incidentes.

Supongo que hay un estrato hondo, tras las fuentes de la
creación, donde el arte aún no está escindido en géneros.
Soma MORGENSTERN. Huida y fin de Joseph Roth.

 Escribir se vuelve entonces, para Léautaud, una delicada re-
petición de la vida, que sirve para inhumarla para siempre, 
con sutil pathos ceremonial. Lo que está escrito está sepulta-
do, éste es el presupuesto de su obra.
Roberto CALASSO. Los cuarenta y nueve escalones.



MUJERES

Hay que amar mucho a los hombres. Mucho, mucho. Amar-
los mucho para amarlos. Sin esto, no es posible, no se les
puede soportar.
Marguerite DURAS. La vida material.

 Había algo de desnudo y seductor en estos panes que las
hacendosas manos de las mujeres, de las que nada, excep-
to los ojos, quedaba al descubierto, compartían. "Esto pue-
do darte, tómalo con tu mano, estuvo en la mía."
Elías CANETTI. Las voces de Marrakech.

Sabe que lo cansa y tiernamente le asegura: soy tuya.
Adolfo BIOY CASARES. Guirnalda con amores.

Sus pechos... zangoletean bajo su blusa.
Jessica HAGEDORN. Comeperros.

"No tengo nada", decía, como dicen todas las mujeres en
todos los países.
JUAN C. ONETTI. Cuentos completos.

cuando las mujeres dejen de leer, la novela morirá
Ian McEWAN. En J. Libedinsky: English Breakfast.

No vemos ningún médico, ni un solo hombre en el hori-
zonte. Quizá es mejor así, a la vista de esta multitud de
mujeres vestidas de negro, con el rostro ansioso y salva-
je, acurrucadas en la sala de espera. 
Michel TOURNIER. El árbol y el camino. (Y sigue: "la
medicina, como la etnografía, tiene que feminizarse, Y
yo añadiría: como la fotografía, pues todo lo que en ella
hay de indiscreto, y hasta de agresivo, se tolera mejor
en el acto de fotografiar si viene de una mujer.")

Dos mujeres. Una cuando sola es exactamente la misma
que cuando está en compañía, la otra en compañía exac-
tamente como es cuando está sola. La última se sostiene
mal en público, la anterior se pone un vestido de noche
en casa sola. Uno no debería casarse con ninguna de las
dos.
Paul VÁLERY. The Viking Book of Aphorisms.

Ella dijo: "¡He seguido siendo amiga de todos los hombres
que he amado!", y yo pensé de inmediato: "Bueno, ¡a mí
no vas a hacerme esa cochinada!"
Peter HANDKE. El peso del mundo.

La inmoralidad del hombre triunfa sobre la amoralidad de
la mujer.
Karl KRAUS. Aforismos. Revista Vuelta N° 13.

La fantasía la inflaman las mujeres a las que les falta, preci-
samente, fantasía.
T.W. ADORNO. Minima moralia.

En su libro de penitencias, De Poenitentia Decretorum, el
obispo Burchard de Worms describe una práctica medieval
en la que las mujeres ponían un pequeño pez vivo en el
centro de su ser. Al morir el pez, lo freían y lo daban de co-
mer como afrodisíaco a un galán.
(¿Fuente?)

Me siento responsable de la carne de esta mujer, pues me
desgarra dulcemente como lo hacen otras cosas que son
mías. Me estremece la dulzura de su presencia; cuando me
sienta temblar se volcará como la hoja de un árbol sacudido
por el viento y dejará que yo vea el lado vacío de sus ojos.
Yukio MISHIMA. Confesiones de una máscara.

Se la ama como a una mujer que inspira dudas.
Friedrich NIETZSCHE.

La mujer sería más encantadora si fuese posible caer en sus
brazos sin caer en sus manos.
Ambrose BIERCE.

Es posible no pensar en las mujeres, del mismo modo que no
pensamos en la muerte.
Cesare PAVESE. Diarios.

Ella se parecía a esas aguas profundas cuyos remolinos igno-
ramos.
VIZIR PTAHHOTEP. Enseñanza sobre las mujeres. 2000 
a.C.

Y había en ella algo dramático y obstinado, como si hubie-
se sido el centro de un remolino...
Djuna BARNES. Una noche entre los caballos.

Todo lo que es ambiguo es femenino. Todo lo que ya no es
ambiguo pertenece al orden masculino. Esa es la verdadera
diferencia sexual que no está en el sexo ni en la biología.
Jean BAUDRILLARD. La seducción.

Los aires encantadores y que constituyen la belleza, son
El aire hastiado/ el aire fastidiado
El aire aturdido/ el aire descarado
El aire frío/ el aire de mirar hacia adentro
El aire de dominación/ el aire de voluntad
El aire perverso/ el aire enfermo
El aire gatuno, puerilidad, indiferencia y malicia mezcla-
das.
Charles BAUDELAIRE. Diarios íntimos.

Esa mujer tiene un poder mágico:
sabe pasar sin mí.
Yo quisiera saber pasar también sin mí.
Valerio MAGRELLI. Ora Serrata Retinae.

¡ah! ¡cómo el ácido cuerpo de la mujer sabe manchar un tra-
je en el lugar de la axila!
St. JOHN PERSE. Antología poética.

La mujer preferible es la más alta cuando se levanta y la más
voluminosa cuando se sienta.
Poesía árabe clásica.

Pues de haberme rozado ella con la mecha de su mirada, yo
habría volado por los aires como un depósito de municiones.
Walter BENJAMIN. Calle de mano única.

James [Joyce] la odiaba porque ella no había comprendido 
su aventura espiritual. para Joyce, su progenitora represen-
taba lo peor de la mujer irlandesa: cómplice de la Iglesia
Católica, represora del pensamiento libre y del progresismo.
La llamaba "la fregona de la Cristiandad".
César MOLINA. Regresar de donde no estuve.

Milena Jesenská, esa mujer maravillosa, tan digna de Kaf-
ka, en el campo de concentración de Ravensbrück: "Ay, si
pudiera estar muerta sin tener que morir..."
Imre KERTESZ. Diario de la galera.

A la mañana siguiente veo que Stasia baja la escalera del
brazo de Alejandrito. Ambos me sonríen..., yo estoy desa-
yunando en la planta baja. Sé que Stasia acaba de cometer
una enorme tontería. La comprendo. Las mujeres no come-
ten las tonterías como nosotros, por ligereza y por desidia,
sino cuando son muy desgraciadas.
Joseph ROTH. Hotel Savoy.

La mujer se priva de todo, hasta de sí misma
(¿?)

Ella fingió no darse cuenta. Era como una lagartija: sólo
su cuello palpitaba.
James SALTER. Anochecer.

la poesía me viene de mi madre, como todas mis demás
desgracias.
Marina TSVIETÁIEVA. Una dedicatoria.


MENSAJES

era la misma felicidad que visitaba al príncipe Myskin un
momento antes de desvanecerse víctima de una ataque de
epilepsia.
Pietro CITATI. La paloma apuñalada (Sobre Proust)

El Príncipe de Balkh, Ibrajim Adham, perdido en el desier-
to mientras cazaba, persiguió a un venado mágico, que se
dio vuelta hacia él y preguntó: "¿Has nacido para esto?"
L. Wilson y N. Pourjavady. The Drunken Universe (Poesía
sufí)

La pasión vino y la pasión me dijo:
la noche puede esconder tu alma, tu raíz
pero no puede esconder - una chispa
-esa chispa reside en tu cuarto más interior
- y relumbra, más allá de la noche
Östen SJÖSTRAND. En la antología de poesía sueca
The Forest of Childhood.

Adentro había un papel en el que leyó: "El cielo tiembla y
la tierra tiene miedo y los dos ojos son hermanos".
Paul BOWLES. El tiempo de la amistad.

Chateaubriand a Ampere en viaje a Grecia en 1841:
"Despídame del monte Himeto, donde he dejado abejas,
del cabo Sunium donde escuché a los grillos... Pronto ten-
dré que renunciar a todo. Aún vago por ahí a través de mis
recuerdos; pero se borrarán... No encontrará usted ni una
hoja de los olivos, ni un grano de las vides que he visto en
el Ática. Añoro hasta la hierba de mi tiempo. No he tenido
fuerzas para dar vida a una brizna."
Cit. por Albert Camus, en Carnets.

Coloco la flor de ceniza
en el vaso lleno de escarchada negrura
Paul CELAN. Amapola y memoria.

Otra vez haced las señas más claras señores lectores: cuan-
do íbamos a salir con la presente revista parecíame que las
señas eran las de salir. Por qué las hacéis como que no las
queréis, diremos imitando a Sor Juana Inés de la Cruz.
Macedonio FERNÁNDEZ. Cit. por Germán L. García, en
MF, la escritura en objeto.

Al cabo de 10 mil, 100 mil otoños,
No tendrás otro premio que el inútil
De la inmortalidad
TU FU, hablándole a LI PO. Segunda Antología de la Poe-
sía China. 

(acerca del interlocutor -del artista-) Es intercambiar seña-
les con Marte. Para llegar a su destinatario legítimo, estos
versos tal vez necesiten tantos siglos como los necesitan
las luces de las estrellas para alcanzar a sus vecinas.
Osip MANDELSTAM. Cit. por G. Picon. Las líneas de la
mano.

"Aquí está mi mensaje", dice, hace una pausa y sonríe:
"Todo empeora". 

Paul BOWLES. Conversations with PB.

TARJETAS POSTALES DESDE LUGARES LEJANOS

1
Recuperaremos nuestro viejo asombro
2
En L. el agente fúnebre tenía una juguetería al lado de su
lúgubre negocio.
3
En el desierto de P. vimos muchos pájaros negros grandes
que, según dijeron, eran los fantasmas de sus ancestros.
4
En D. una niñita desnuda nos sirvió grandes porciones de
nieve de lima.
5
En Z. nos topamos con un sordomudo que pintaba caras
de muñecas.
Charles SIMIC. Cornell's Notebook.

La mucama golpeó la puerta y él vio colgar el sobre de
las tablillas de la persiana, comenzó a percibir cómo destila-
ba en la penumbra, en el aire sucio, su condición nociva, su
vibrátil amenaza. Lo estuvo mirando desde la cama como a
un insecto, como a un animal venenoso que se aplastara a
la espera del descuido, del error propicio.
Juan C. ONETTI. Cuentos completos.

No puedo dormirme
Por el resplandor de la luna llena.
Pensé haber oído aquí y allá
una voz que llamaba.
Desesperanzadamente respondo "sí".
Al aire vacío.
TZU YEH. Women Chinese Poetry.

Un gran editor me escribió: "Siento la mala noticia [mo-
ría, enfermo de Sida]. Si alguna vez bajas al centro, cena-
mos juntos. Invito yo."
Harold BRODKEY. Esta salvaje oscuridad.

El profesor Pérsikov no leía periódicos ni iba al teatro. Su
mujer lo había abandonado, fugándose en 1913 con un te-
nor de ópera y dejándole una nota que decía: "Tus ranas me
producen náuseas y una repugnancia insoportable. Por su
culpa seré desgraciada toda la vida."
Mijail BULGÁKOV. Los huevos fatales.

CANTO SEMANG A LA MUERTE
Vete primero,

Yo iré después.
No envíes lluvia,
no envíes tormentas,
no envíes ni rayos ni truenos.
En C.M. Bowra. Poesía y canto primitivos.

Su madre era una mujer muy extraña. Recuerdo que una 
vez estábamos en Key West y Ernest (Hemingway) reci-
bió un paquete enorme y pesado de parte de ella. Adentro
había una torta grande y bastante aplastada. La madre ha-
bía agregado una cantidad de cosas incluyendo la pistola
con la que se había matado el padre de Hemingway. Ernest 
se sintió terriblemente turbado.
John DOS PASOS. En Confesiones de escritores.

(Un letrero, sobre el mostrador, en un bar -Fadool's Coffee
Shop) YO SÉ QUE USTED CREE QUE COMPRENDE
LO QUE PIENSA QUE ACABO DE DECIR, PERO NO
ESTOY SEGURO DE QUE USTED SE HAYA DADO
CUENTA DE QUE LO QUE ACABA DE ESCUCHAR
NO ES LO QUE YO QUERÍA DECIR.

Alfredo BRYCE ECHENIQUE. Crónicas.

el aire fresco y salado soplaba a nuestro alrededor y la ma-
rea se precipitaba a la luz del atardecer, deslumbrante como
una apretada bandada de caballos, por debajo del puente y
río arriba, con tal fuerza y rapidez que, a la inversa, se po-
día creer que se iba en un barco hacia el mar.
W.G. SEBALD. Austerlitz.





ANIMALES
 

las mariposas de 5 metros de largo se quiebran 
como los espejos
Tristan TZARÁ. Poemas.

La mariposa es un animal instantáneo inventado por los
chinos.
Salvador ELIZONDO.

Animales que viven del aire: el Ahuti, el Hulpalim. El pá-
jaro Govith.
Gustave FLAUBERT. Cuadernos.

Ferecrates (438 a.C.) describe un Jauja que parece estar ba-
jo tierra. Entre los muchos manjares con los que la gente 
se agasaja ahí hay "tordos asados, preparados como fiam-
bre, que volaban alrededor de nuestras bocas rogándonos
que los comiéramos.
Howard PATCH. El otro mundo de la literatura medieval.

El león está hecho de cordero digerido.
Paul VÁLERY. 

Pensaba en un verso de Whitman: "Yo quisiera vivir sólo
con animales. Son tan plácidos y tan contenidos en sí mis-
mos, ninguno tiene la demencia de querer ser el dueño de
las cosas."
Silvina OCAMPO. En A. Carrera, "Teoría del cielo".

Linneo se apartó con horror de los Anfibios, considerándo-
los una banda repugnante y desnuda.
W.H. AUDEN. Poesías escogidas. (Visor)

Es a los animales a quienes odiamos sobre todo: ¡qué no
daríamos por privarlos de su mutismo, por convertirlos al 
verbo, por imponerles la abyección de la palabra!
E.M. CIORAN. Desgarradura.

 "Pálidas colinas de gato", otro piensa, "menudos y crueles
gatos pescadores indochinos".
 Nicolás PEYCERÉ. Additamenta.

Padre criaba unos zorzales muy raros, de pico azul y pecho
moteado, que silbaban un solo trino largo al amanecer y
luego callaban durante todo el día.
Tomás Eloy MARTÍNEZ. La mano del amo.

Luciérnagas con ideas brillantes
y murciélagos como embajadores a propulsión
y la mantis, como policía de kaki,
y las peludas orugas de jueces
examinando de cerca cada caso.
Derek WALCOTT. El reino del Caimito.

le colocaban al Inca, señor principal y a su mujer principal,
unas plumas de un pájaro que se llama pilco, que son de co-
lor de tornasol.
Cristóbal de MOLINA. Ritos y fábulas de los Incas.

o mariposas que en la orilla del mediodía
se apresuran, sin mojarse al avanzar
Emily DICKINSON. Poemas.

Son los pájaros de Georges Bracque: más cerca del orden
que del género; prontos a reunir en un mismo trazo la cepa
madre y el avatar, nunca híbridos y no obstante milenarios.
Saint John PERSE. Revista Plural N° 38.

la garza estampa su jeroglífico en la tablilla de húmedo ba-
rro
Derek WALCOTT. Cit. por Brodsky. Revista Vuelta N° 16.

se hizo enviar desde la India un caballo de pura sangre de
la raza kathi, cuyas orejas rizadas lo distinguen de los de-
más.
Ian BURUMA. Mientras se juega el partido.

El suelo de los perros de caza. No es que duerman: sólo
esperan la caza y esa espera se parece al sueño.
Franz KAFKA 

Sirena: supuesto animal marino, leemos en un dicciona-
rio brutal.
Jorge L. BORGES. El libro de los seres imaginarios.

cayendo como caen los cerdos
en el olvido...
Thomas BERNHARD. Ave Virgilio.

Las teorías pasan. La rana permanece.
Jean ROSTAND.

y el grito del pavo en los bosques en llamas
Robert DESNOS. Antología de la poesía surrealista. (Visor.)

Ir hacia los gatos, esos chalados, esos locos, esas pandillas
de gatos, de increíble y cruel belleza
Marguerite DURAS. Escribir. Sigue así: "En los cemente-
rios siempre los hay al acecho de no se sabe qué aconteci-
miento de naturaleza indescifrable, excepto para ellos, los
gatos, sin dueño. Perdidos:"

Soy un perro de caza. Mi nombre es Karo. Odio todo y a
todos. Odio a mi amo, el cazador; lo odio a pesar de que,
persona dudosa, ni siquiera se lo merece.
Franz KAFKA. Carta a mi padre.

Mosca
come con los mejores
Proverbio FILIPINO. En W.S. Merwin. The Asian...

...pero las hembras de camello son en realidad muy mansas
y nunca muerden. Los machos muerden, en especial cuando
están en celo, e infligen heridas espantosas.
Wilfred THESIGER. Arenas de Arabia.

Fría y delicadamente como la oscura nieve
el hocico de un zorro roza rama y hoja;
dos ojos propician un movimiento que ahora
y de nuevo ahora y ahora
imprime nítidas huellas en la nieve
entre los árboles...
Ted HUGHES. En El Urogallo N° 97.

He aquí lo que dice Estrabón: "Entre los cuadrúpedos de 
Escitia, el más notable es el kolos; ese animal es de tamaño 
intermedio entre el carnero y el ciervo; es blanco y mucho 
más rápido que el ciervo en la carrera. Cuando bebe, absor-
be por las ventanas de la nariz gran cantidad de agua que le
queda en la cabeza y sirve para sostenerse durante varios
días en desiertos donde no hay nada de agua."
Jan POTOCKI. Viaje a las estepas. (Estrabón: geógrafo grie-
go, ca. 60-21a.C.)

la abeja de Bharamarah
ese insecto que lleva
la letra "r" dos veces
en su nombre
Michael ONDAATJE. Escrito a mano.

Las grullas domésticas, alzadas sobre finas patas, zanquean
la plaza central con paso rítmico, satisfechas de los grandes
charcos que se forman ahí, de esa especie de piscinas en las
cuales se revuelcan batiendo el agua con sus alas. A veces
dejan escuchar ese grito detonante que les ha valido el nom-
bre de pájaros trompeta.
Jacques LIZOT. El círculo de los fuegos.

semejante a un animal de los bronces Shang, que incluye en
sí otros muchos animales
Roberto CALASSO. Las ruinas de Kasch.

los animales de granja berrean o chillan cuando se les ma-
ta; por el contrario, la agonía de las fieras salvajes es silen-
ciosa.
André GIDE. Diarios.

el horror de los animales sin especie
Michel FOUCAULT. Raymond Roussel.

... o la magnífica Pagú
o el pequeño Garcazer dientes acerados y dedos con garras
que los primeros japoneses que desembarcaron del "Nadej-
      [da"
tomaron naturalmente por un dragón y mataron.
Conservaron su forma en el saké.
Jean-Jacques VITON. Poesía francesa contemporánea.

Es entonces del fondo del caos líquido y de un espesor de
puridad que se distingue no obstante, pero muy mal, de la
tinta, he observado a veces que sube un pequeño signo de
interrogación, arisco (...) ¿qué es lo que quiere, adónde es
que va?
Francis PONGE. (Acerca del camarón). Antología (LAR)

Cuando sorprendan a un gato en intensa meditación,
la causa, les advierto, es siempre la misma:
su mente está entregada a la contemplación
del pensamiento, del pensamiento, del pensamiento de su
          [nombre,
su inefable, efable, efinefable,
profundo e inescrutable Nombre único.
T.S. ELIOT. El nombre de los gatos....

de negra roca habitada por halcones marinos que lloran
cuando desciende el crepúsculo y que revolotean inquietos
con aire de siniestra desdicha.
Antonio TABUCCHI. Dama de Porto Pim.

Entre veinte nevados montes
lo único móvil 
era el ojo del mirlo.
Wallace STEVENS.

El venado
mira a una flor
Indios YAQUIS. En E. Cardenal. Antología de la poesía
primitiva.

Las sombras de los pájaros que revolotean por afuera en 
la claridad del cuarto.
Peter HANDKE.






BARCOS Y BARCAS

Sentía bajo mis pies algo parecido al tremolar sísmico que
anuncia a los viajeros que las máquinas jadean al fin de la
cala [la parte más baja de un barco], que se leva el ancla,
que acaba de concertarse, y por mucho tiempo, la conspira-
ción numerosa y profunda que hace navegar el barco. El 
Destino estaba en marcha, y había tomado a su cargo mi po-
bre y pequeño destino personal.
Michel TOURNIER. El rey de los alisos.

Soy un ser muy mentiroso. No puedo mantener el equilibrio
de otra forma, mi barca es muy frágil. 
Franz KAFKA. Cit. por E. Canetti: El otro proceso de Kafka.

... barcos que pasan por la noche y ni se saludan ni conocen
Fernando PESSOA. Libro del desasosiego.

Una barca es una palanca
y nada es más bello que una barca.
Simone WEIL. Cit. por V. Magrelli: Vetas y naturalezas.

un inútil navío une mi infancia a mi fastidio
mis juegos al cansancio
Paul ELUARD. En O. Paz: Versiones y diversiones.

un recuerdo incluso más fuerte que la infancia
o que cargueros balanceándose hacia Rumania
Malcolm LOWRY. Poemas

YO ESPERO DESDE HACE AÑOS QUE NAUFRAGUE
EL NAVÍO DEL QUE ESTOY ENAMORADO. YO ASPI-
RO A ESTE NAUFRAGIO, ASPIRO AL FIN TRÁGICO
DE MI PACIENCIA.

Robert DESNOS. 

La navegación entrega al hombre a la incertidumbre del
hado; en el agua, cada uno de nosotros está en manos de su
destino.
Michel FOUCAULT. Locura y civilización.

Desataste toda mi vida como esas barcas
Georges SCHEHADÉ. Poesías.

La frágil embarcación, agrandada por las pinceladas del
pintor, ocupaba ahora todo el primer plano del rollo de se-
da. El ruido acompasado de los remos se elevó de repente
en la distancia, rápido y ágil como un batir de las. El ruido
se fue acercando, llenó suavemente toda la sala y luego
cesó; unas gotas temblaban, inmóviles, suspendidas de los
remos del barquero.
Marguerite YOURCENAR. Cuentos orientales.

Pero el agua era ya profunda. Durante un largo minuto la 
balsa iluminada flotó como una mosca acuática en la superfi-
cie del río... (Luego comenzó a deslizarse lentamente aguas
abajo en la serena atmósfera nocturna, mientras la orquesta
tocaba y los diplomáticos bailaban, fumaban o chismeaban,
a la luz temblorosa de las velas...)
Lawrence DURRELL. Esprit de corps.

En los barcos todo el mundo parece estar constantemente
anudando cordeles y balanceándose en extrañas posiciones.
Graham GREENE. En busca de la libertad.

Una tormenta vespertina nos alcanza como si fuera con el
golpe de mil martillos. El barco se agita y se estremece. El
mar es blanco y chispeante. Luego la tormenta pasa en un
instante.
Otra terrible tormenta hacia la hora del crepúsculo. Truenos.
Relámpagos de color cobalto revelan un mar hirviente... ima-
gen de la creación.
Malcolm LOWRY. Por el Canal de Panamá.

"Moka: aquí se habían amparado los navíos de Saba, y los
navíos fenicios que llevaban a la Reina. "Los pequeños ro-
sales de Siria, constelados de rosas..."
De "Una guía para extranjeros", en A. Malraux: Antimemo-
rias.

Noche del miércoles al jueves
Me levanté otra vez en la noche por no poder soportar que
él, el barco, navegase sin mí, cuando no estoy con él y no
tengo consciencia de que navega como navega... Cielo es-
trellado. El barco remonta la corriente con esfuerzos, tene-
mos viento en contra; a una distancia de cien metros veo el
muro blanco de la orilla que huye hacia atrás, siempre, sin
cesar hacia atrás.
Witold GOMBROWICZ. Diario argentino. (En el Paraná)

Con un toro a bordo,
un barquito cruza el río,
a través de la lluvia de la tarde.
SHIKI. Cit. por R. Barthes en "El imperio de los sentidos".

observaba extasiado los peces de todos los tamaños y colo-
res (...) que, a cada viraje del pesquero, lo rozaban con las
escamas e iban a caer en la cubierta resbaladiza como una
cama viva
Théodore MONOD. Maxence en el desierto.

El templo griego se llama naos, neôs -como la barca-. Me-
ditar sobre esta imagen. El Templo, es decir, la sacralidad
expresada en volúmenes, está concebido como un navío.
Gracias al cual se puede viajar (evidentemente hacia el Cie-
lo, en el Cielo), se pueden atravesar las aguas (= el no-ser,
las tinieblas, el caos, etc.). La idea de que la travesía perfec-
ta no puede efectuarse más que en un "navío", es decir, en
una "forma cerrada" que protege de la degradación, de la
dispersión, de la disolución (disolución en las Aguas).
Mircea ELIADE. Fragmentos de un diario.

ahora es un barco
cuyo capitán soy
sale navegando de dormir
maniobrando en busca del sueño
(no registré el autor)


DESEO

Probablemente todo lo que el hombre posee es su deseo, al 
menos todo lo que le sirve para olvidarse que no posee nada.
Jacques RIGAUT. En "Actas surrealistas".

Horizontal, sin horizonte,
Sin deseo y sin nada deseable, 
Duermes al fin un sueño estable.
-¡Ah, ser un breve círculo en el agua!
Jules SUPERVIELLE. Poesía francesa contemporánea.

El mundo es de inspiración tantálica: despliegue de un in-
menso hacerse desear que se llama Cosmos, o mejor: la ten-
tación. Todo lo que desea un trébol y todo lo que desea un
hombre le es brindado y negado. Yo también pensé: tienta
y niega.
Macedonio FERNÁNDEZ. Cit. por Germán García en 
"Macedonio Fernández  la escritura en objeto".

Cuando un prostituto miraba a Abu Nowas, Abu Nowas
captaba en su mirada no el deseo de dinero sino el deseo
a secas y esto lo conmovía.
Roland BARTHES. En RB por RB.

-Desearía que la palabra no existiera.
Tse-kong, que estaba presente, objetó: -Si la palabra no hu-
biera existido, ¿cómo nos habrían instruido? 
Krong-tse lo reprendió diciendo: - ¿Habla el Cielo? y sin
embargo las 4 estaciones siguen su curso y los millares de
seres cumplen su existencia. ¿El Cielo habla?
CONFUCIO. En la biografía que escribiera Soulie de Mo-
rant.

las sombrías articulaciones del deseo
los lazos de la rosa
bajo la peladura del frío maduran una pasión feroz
con alas de sangre
Paul-Marie LAPOINTE. Poetas de Quebec.

El fuego de su sed sacraliza el agua.
Henri MICHAUX. Frente a los cerrojos.

Los locos con collares de colores en el cuello son una
            [nube de alas.
¡Que de las copas de los árboles vuelen las flores per-
            [fumadas!
Que las flores caigan como lluvia sobre la tierra.
Los ARANDA (de Australia). En C.M. Bowra. Poesía
y canto primitivo.

Me gustaría leer lo que no has escrito.
Simone CHAMBELLAND. Revista Área, N°3

El deseo de morir no es un mal deseo, no es un deseo desas-
troso.
Marguerite DURAS. La vida material.

¡Ah, el opio de ser cualquier otra persona!
Fernando PESSOA. Tabaquería.

Aprendimos a no volvernos a encontrar,
A no mirarnos a los ojos,
Pero ni aún así responderíamos
Por lo que dentro de una hora podría suceder.
Anna AJHMATOVA. Poemas escogidos. (Es un poema 
completo)

podés mirar a una mujer desnuda sin necesariamente que-
rer tocarla, tu deseo está calmo como la llama de una vela
en un cuarto cerrado-
Arthur LUNDQVIST. Journeys in Imagination.

Todo el día el deseo 
penetra en el corazón de los hombres
Michael ONDAATJE (?)

Espero, después de haber expresado en esta tierra todo lo
que aguardaba de mí, satisfecho, morir completamente
desesperado.
André GIDE. En Lisandro Z.D. Galtier. La traducción lite-
raria.

cada deseo me ha enriquecido más que la posesión siempre
falsa del objeto mismo de mi deseo
A. GIDE, id.

Deseos de quitarse la ropa, de tirar la coraza de paño,
arrojarse a una cama, abrazar huesos vivos,
como a un espejo ardiente, de cuya superficie
ninguna uña podrá arrancar
Joseph BRODSKY. No vendrá la noche...

Quisiera ser la quinta rueda del carro

Tormenta
La tercera pata del pato
Estar en todas partes y en ninguna
Blaise CENDRARS. Poesía. (Estos versos son el final de
"Panamá".)

¡Ojalá las luchas hubiesen terminado! Que se pudiera decir
como en el último "leis" de Girard de Roussillon:
 "Las guerres sont finies et les
  ouvres comencent"
Rainer María RILKE. Testimonio.

Deseo de un sueño profundo, que disuelva más.
Franz KAFKA. Diarios.

Pero el juego que enciende los deseos y que ilumina los
pensamientos jamás se prolonga más de unos segundos
consecutivos; El resto del tiempo tratamos de recordarlo.
René DAUMAL

El dictamen Quien mira una mujer para codiciarla, ya
adulteró con ella en su corazón es un consejo inequívoco
de pureza. Sin embargo, son muchos los sectarios que en-
señan que si no hay bajo los cielos un hombre que no haya
mirado a una mujer para codiciarla, todos hemos adultera-
do. Ya que el deseo no es menos culpable que el acto, los
justos pueden entregarse sin riesgo al ejercicio de la más
desaforada lujuria.
Jorge Luis BORGES. La secta de los 30. (Atribuyéndolo
a un texto del siglo IV).

No olvides nunca formular tu deseo, Malte. Creo que no se
cumplen, pero hay deseos a largo plazo, que duran toda la
vida, de modo que no podría esperarse su cumplimiento.
Rainer M. RILKE. Los cuadernos de Malte Laurids Brigge.

Apareció ella, deseable, y lo liberó de toda idea de deseo.
Peter HANDKE. Historia del lápiz.

Arrebato
un alma inmensa quiere entrar en mi alma
Henri MICHAUX. El pulso de las cosas.

Del propio sueño cuya magia
cierra los ojos de los dioses,
el vuelo impediría,
para llegar, bien que sin alas,
yo sólo a poseerte.
MELEAGRO. En J.L. Martínez. El mundo antiguo. Grecia.

Pero por otro lado, ¡qué fino y glorioso es hacer feliz a una
mujer! Aún si yo no sirviese para ninguna otra cosa, esa se-
ría una cosa muy buena.
Valéry LARBAUD. A.O. Barnaby.

Me pedía la luna. Traje un balde de agua. "Toma -le dije-
ahí la tienes, Inclínate, tómala. ¿Que no puedes tomarla? Es
cosa tuya. Yo te he traído la luna.
Jules RENARD. Diario.

Pero cortemos pronto flores nuevas
sin lamentar que luego desfallezcan
escasas como son las flores de la vida,
hagámoslas, cortándolas, divinas.
T.S. ELIOT. En "Cuaderno de traducciones".

Yo que sólo quisiera, pero elegir no puedo,
una vida calmada, oscura, sin deseo,
una pobre cabaña en el bosque perdido, 
de musgos y jazmines y de vida ceñida,
flores que cultivar, una barca que pasa,
y el frescor de la noche respirar sobre el agua...
Gerard de NERVAL. Ensueño de Carlos VI.

Quería escabullirme en silencio y sin llamar la atención
hacia otra era.
Werner HERZOG. Conquista de lo inútil.

anhelo de largos diálogos -los primeros- con una mujer
desconocida. ¡Oh, andar, salir hacia una noche, sin preocu-
parse de fronteras! Jamás traspasaremos ninguna que esté 
en nosotros.
Max FRISCH. Mi o el viaje a Pekin.

¿Por qué tengo este deseo irreprimible de inventar ficcio-
nes, de decir mentiras?
"Por la infelicidad -responde H.C. Andersen- pero tú no
eres lo suficientemente infeliz, por eso no lo puedes llevar
a cabo."
Cees NOOTEBOOM. En las montañas de Holanda.

Como suicidas en busca de coartada, la gente
está ávida de que llegue el final,
y así pierden el control y los nervios.
Hans M. ENZENSBERGER. El hundimiento del Titanic.

nunca serás un hombre sabio, vaya, ni siquiera un hombre
razonablemente inteligente, pero el amor y tu sangre te hi-
cieron dar un paso, incierto pero necesario, en medio de la
noche, y el amor que guió ese paso te salva.
Roberto BOLAÑO. Perros románticos.

Mereces la locura: por la estupidez de tus deseos.
Peter HANDKE. Historia del lápiz.

Sólo hay que pedir al cielo la euforia, y los medios para
servirse de ella.
Paul VÁLERY. Tel Quel.

Allí estaban los claveles rojos en la mesa y el fuego salta-
rín. Pensé: "Si todo volviera atrás y fuera tal como era an-
tes de que sucediera y luego sucediera de forma diferente".
Jean RHYS. Viaje a la oscuridad.

Quisiera tocar fondo. Cuántos cientos de veces he deseado
tocar fondo, el fondo de este acoso, el fondo.
Henri MICHAUX. El infinito turbulento.

que, sin gloria, ame ríos y selvas
VIRGILIO. Antología de la poesía latina.

"Mi esposa", dijo Pinnegar, "espera que me vaya al carajo
cuando ella me deje. Es su última esperanza."
D.H. Lawrence. Jimmy and the desperate woman.

Lo que más quería era comprender el agua.
Felisberto HERNÁNDEZ. En A. Carrera, "Teoría del cielo"

To también tenía un vicio, el de querer expresar lo impalpa-
ble de una sugestión.
Francis PICABIA. Caravanserail.

Te deseo como si fueses la esposa de otro.
Sacha GUITRY

El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive
sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas
precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
Milan KUNDERA. La insoportable levedad del ser.

También Karl podría decir: "Un día un golpe me alcanzará,
un golpe en verdad destructivo, y entonces todo, toda esta
confusión, esta nostalgia, esta ignorancia, este todo (...)
este creer saber y este nunca saber se acabarán. Pero yo de-
seo vivir, no me importa cómo."
Roberto CALASSO. K. (Calasso le atribuye estas palabras
'posibles' al personaje de "América", de Kafka, a quien está
dedicada esta obra.)

Cómo, mientras los ancianos están esperando reverente,
           [apasionadamente
El milagroso nacimiento, siempre tiene que haber
Niños que no tenían ningún deseo especial de que se pro-
           [dujera , patinando
Sobre un estanque en el borde del mundo.
W.H. AUDEN. Poemas escogidos.

Al final de este día queda lo que quedó de ayer y quedará
de mañana: el ansia insaciable e ínnúmera de ser siempre
el mismo y otro.
Fernando PESSOA. Libro del desasosiego.

¡Si supieras cuánto esfuerzo he gastado e alcanzar cosas que
no me incumben, dice Carmona: en ser lo que Madre quería
que fuese. Equivoqué el camino. Debí esforzarme en ser na-
die. A ella le hubiese gustado más.
Tomás Eloy MARTÍNEZ. La mano del amo.



EL DOLOR


El amor es más viejo:
Es viejo como un fósil o como una serpiente,
y más viejo que el ámbar de Livonia,
más que todos los barcos fantasmas,
más viejo que las piedras y los mares
más viejo que el amor
el dolor, en mi pecho.
Marina TSVIETÁIEVA. Antología poética.

Orgullosa de mi corazón despedazado desde que tú lo des-
           [pedazaste,
orgullosa del dolor que antes de ti no sintiera jamás,
orgullosa de mi noche desde que tú con lunas lo apagaste,
no compartir tu pasión es mi humildad.
Emily DICKINSON. Antología de la poesía norteamerica-
na. (Cardenal y Coronel Urtecho).

En el paraíso que nuestras vidas anteriormente hicieron
de esta cama y este cuarto,
se han escurrido al mundo y sus interrogatorios
y ahora esas formas espantan a casi todo
lo que nos recuerda a las nuestras.
Brian PATTEN. Antología.

no hay peor desdicha que la que pasa del todo
Malcolm LOWRY. Ultramarina.

Y que corra como lágrimas la nieve derretida
por los párpados de la estatua, inmóviles en el bronce
Y a lo lejos que arrulle la paloma prisionera,
y lentas que pasen las naves en el Neva.
Anna AJHMATOVA. En Revista Aérea N° 3.

Qué importa que mis amigos
me saquen a divertir,
si después llegando a casa
de nuevo vuelvo a sentir,
serrana, lo que me pasa
A. DELGADO. Andalucía y la copla.

el dolor está anticuado. Ya no se oye hablar de él.
Cees NOOTEBOOM. La historia siguiente.

Él seguía llorando. Lloraba por su sueño, por todo lo que
la vida le había ofrecido y no había sabido aprovechar, por 
todas las veces que se había escondido, por todo lo que era
irrecuperable e irreemplazable. Nada volvería, no podía re-
cuperar nada. Lloraba porque no quería con suficiente fuer-
za lo que quería, y porque muchas veces no sabía lo que que-
ría.
Bernard SCHLINK. Amores en fuga.

El dolor tiene un elemento en blanco;
no puede recordar
cuándo empezó o si hubo una vez un día
en el que no existiera./
Él es su propio porvenir,
en su reino se contiene su pasado
iluminado para percibir
nuevos períodos de dolor.
Emily DICKINSON. Antología de la poesía norteameri-
cana. (Cardenal y C. Urtecho)

-Ya se le pasará, -es toda la respuesta.
Esas palabras son humanas en el sentido en que la ley esti-
ma piadosa la bala con que el oficial remata al fusilado que
respira todavía.
Jean COCTEAU. El gran extravío.

Nadie se libra de esta ley: que el sufrimiento no sirve de na-
da, es del todo inútil, y que precisamente por eso es necesa-
rio sufrir.
Curzio MALAPARTE. Baile en el Kremlin y otras historias.

Llueve. Antiguos dirigentes del partido aparecen en la te-
levisión. "Creían" en el partido. "Creían" que se cometie-
ron "errores", "fallos" pero "creían", por ejemplo, que "Sta-
lin no sabía nada" de todo ello. Etcétera.
Imre KERTÉSZ. Yo, otro. Crónica del cambio.

-Si la duración del sufrimiento tuviese el mismo efecto en 
los seres humanos, qué sabrosos bocados seríamos- dijo.
Eric McCORMACK. Un personaje de la estupenda Paradi-
se Motel.

Cuando sufrimos, creemos que la felicidad existe más allá
del círculo que nos encierra; cuando no sufrimos, sabemos
que la felicidad no existe, y entonces sufrimos por el sufri-
miento de que no sufrimos nada.
Cesare PAVESE. El oficio de vivir.

Es una suerte que nadie me ayude. Nada más peligroso,
cuando se necesita ayuda, que recibir ayuda.
Alejandra PIZARNIK. Textos.

Desde tres lados amenaza el sufrimiento a los humanos:
desde el cuerpo, desde el mundo exterior y desde los vín-
culos con otros seres humanos.
Sigmund FREUD.

Pero entonces, la literatura sirve para algo? ¿Para qué 
sirve denominar a la vejez 'viajera de la noche'? Tal vez
sirva para sufrir menos.
Roland BARTHES. 

Mi pena fútil como un carro sin ruedas
Fernando PESSOA. Libro del desasosiego.

"Si estoy en plena Naturaleza", dijo, "pienso que es mejor
no estar en plena Naturaleza; si no estoy en plena Natura-
leza, pienso que debería estar en plena Naturaleza. En esas
especulaciones envejezco, me hundo".
Thomas BERNHARD. El príncipe de Sürau, en Trastorno.

...una zona del espíritu que alberga el remordimiento, la
pena por lo que fue y que ya no causa más pena sino tan
sólo la memoria de la pena, y la pena por lo que no fue y
habría podido ser, que es la pena más lacerante.
Antonio TABUCCHI. Dama de Porto Pim.

De golpe sus desdichas se presentaron ante su pensamien-
to: no se muere de dolor, o hubiese muerto en ese instante.
(Henri BEYLE) STENDHAL.

Corazón mío: si te aferras a la ira
Húndete en ella;
Porque la pena
Ya no puedes soportarla.
JUNII TAMEKO

¿Hay algo más íntimo o interno que el dolor?
René DESCARTES. Cit. por F. Barker en "Cuerpo y tem-
blor".

Yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes:
la humillación, la desdicha, la discordia. Esas cosas nos 
fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos
de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas
o que aspiren a serlo.
Jorge Luis BORGES

Tengo un dolor de no sé dónde
nacido de no sé qué.
Sanaré yo no sé cuándo
si me cura quien yo sé
Copla de GUATEMALA

El pensamiento, que es un narcótico eminente.
Walter BENJAMIN. Cit. por S. Sontag: "WB, el último in-
telectual". Vuelta 1.

Es mi tío testamentario. Ya viejo.
No es malo, pero sus palabras suenan frías,
como de rencor doliente, o de odio puesto al hielo.
Marnix GIJSEN. Poesía belga contemporánea.

A través de tibios corredores se llega al departamento de
radiología del Hospital. El estrépito de la calle llega por
una puerta batiente, que con un movimiento te engulle y
repele los ruidos. Se queda uno aislado del mundo. Una
escalera sube a las regiones del dolor; seis pisos cuidadosa-
mente etiquetados y distribuidos; sin embargo, al pasar
frente a las puertas abiertas de los laboratorios, el ver los
instrumentos y las retortas, al oler el éter que excita las
ventanas de la nariz, el cuerpo empieza a sentirse impor-
tante. Lleva su capacidad de dolor para sumarle al total.
V.S. PRITCHETT. Cit. por M. Amis en "Visitando a Mrs.
Nabokov".

Hay un dolor fuerte que acaba contigo
en este mundo y aun en el otro sigue.
Joseph BRODSKY. No vendrá el diluvio tras nosotros.




MUERTE

 Sé, como los muertos saben
 Que la eternidad es ahora...
 Theodore ROETHKE. En Opinión cultural (23/12/79)

 No toda la muerte ocurre o es lo que ocurre al fin del vivir,
ni es en ella todo muerte: venía de antes y no ocurre del todo
nunca.
 Macedonio FERNÁNDEZ. Cuadernos de todo y nada.

 Río que debe llenarse cuando yo deje de morir.
 Louis ZUKOFSKY. Antología de la poesía norteamericana.
 (la de Weinberger)

 Sus contemporáneos se rieron de Homero;
 pocas veces los teatros aplaudieron a Menandro;
 a Ovidio solamente lo conoció su Corina.
 Sin embargo, no tengáis prisa, mis libritos:
 si la fama viene con la muerte, no me apresuro.
 MARCIAL. Catulo y Marcial, versión de E. Cardenal.

 Ya no fumo. Reino con dulzura y mi palacio negro es muy
grato. Ciertamente la muerte es grata y noble y dulce. La
muerte es muy habitable. Habito en la muerte y me complaz-
co en ella.
 Victor SEGALEN. Estelas.

Porque todos morimos y somos como agua que se derrama
en la tierra, que no puede volver a recogerse.
SAMUEL II, 14-14.

"Muerte, acéptame como hijo tuyo" (Kosztolányi). Sería
mejor así: "Muerte, te acepto como padre."
Sándor MARAI. Diarios 1984-1989.

"Una vida mejor." Qué agradable sería la vida si concluyera
antes de la muerte.
Adolfo BIOY CASARES. Guirnalda con amores.

Bebe, duerme, muere,
es preciso librarse de sí mismo
de una u otra manera...
Oscar W. de LUBICZ MILOSZ. Antología poética.

La muerte tiene al principio el rostro de lo que no pudo ser.
Antonin ARTAUD. Antología de la poesía surrealista.

En el camino de la muerte
Mi madre se encontró con un enorme iceberg.
Ella quiso hablar
Pero ya era tarde:
Era un enorme iceberg de algodón.
Ella nos miró a mi hermano y a mí
Y después se puso a llorar.
Nosotros le dijimos -mentira verdaderamente absurda-
      que lo comprendíamos todo.
Entonces ella tuvo esa sonrisa tan graciosa de cualquier
       muchacha,
Como era en realidad.
Esa sonrisa tan bonita, casi de diablillo.
A continuación fue apresada por la Sombra.
Henri MICHAUX. Este bellísimo poema es prácticamente
inédito en castellano. Por eso lo transcribo completo.

 Devuelvo mi nombre
 al entrar en
 este Edén de flores
 INSEKI. (s. XVIII) Poemas japoneses a la muerte.

 Alma mía, sé joven.
 Pronto otros serán hombres
 y yo estando muerto
 seré tierra negra.
 MIMNERNOS. (600 a.C.) Greek Lyric Poetry.

Quién sabe, quizá los muertos tengan otras usanzas.
SÓFOCLES. Antígona.

La guerra, sí la guerra está encerrada en la tumba con los
     [huesos de aquel niño.
muerto con los árboles del bosque normando,
de la misma muerte, ilimitada.
Marguerite DURAS. Escribir.

Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado. Cuando
quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen,
con su voz. Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nues-
tro lo que perdimos.
Jorge L. BORGES

Durante más de 3 años seguí soñando con ella de la misma
manera, con arreglo a la misma narrativa. Luego tuve una
especie de metasueño que pareció poner fin a esta secuen-
cia de labor nocturna. Y, como pasa con los buenos finales,
no lo vi venir. En mi sueño estábamos juntos, éramos feli-
ces -todo a la manera a la que yo me había acostumbrado-,
cuando de pronto ella se daba cuenta de que no era posible
y de que todo aquello tenía que ser un sueño, porque ahora
ella sabía que estaba muerta.
Julian BARNES. Niveles de vida.

¡Qué calmo estaba ese rostro querido que yo había golpea-
do! Pero, ¿qué le significaba ahora el recuerdo de los gol-
pes, de las caricias? Él no amaba ya a su madre, ni a las
mujeres, ni a mí, ni a nadie. Pues sólo la muerte interesa
a los muertos.
Jean COCTEAU. El libro blanco.

Canto y muerte
de la cigarra
en el mismo paisaje
(?)

La peor de las muertes es el gratillo [laringitis diftérica],
y la mejor es el beso de la muerte. El beso de la muerte es
como sacar un pelo de la leche.
El TALMUD.

la muerte del poeta fue ocultada a sus poemas
W.H. AUDEN. Poesías escogidas.

El sepulturero comprará un juguete para tu nieto
tu mente será un avispero aun en tu lecho de muerte.
Le rogarás a Dios pero Dios colgará
   el cartel de no molesten.
No preguntes más, es todo cuanto sé.
Charles SIMIC. Mil novecientos treinta y ocho.

La muerte se deja ver a veces
si la sorprendemos en sus gestos más habituales.
El peine de un muerto
en su mano huérfana
cuyos dedos sutiles superaron
la vida peinándola.
Su celo por el ausente
es el don póatumo
preparado y nunca ofrecido.
Valerio MAGRELLI. Ora Serrata Retinae.

cuerpo que me temblás entrado al alma
frío que me enfriás
manito tuya
manando sombra
sombra
sombra
¿paro tu deshacerte en algún lado?
Juan GELMAN. Si dulcemente (A su hijo)

 considero la muerte como un silencio y una intimidad in-
tangible, como la suspensión de las reacciones y opiniones,
un alivio, un privilegio, un silencio afortunado, precioso y
perfecto por el que hay que dar gracias.
 Harold BRODKEY. Esta salvaje oscuridad.

 Cada vez que los veo en mis sueños, los muertos parecen
silenciosos, preocupados, extrañamente deprimidos, muy di-
ferentes a su querida y alegre forma de ser. Los encuentro, 
sin el menor asombro, en lugares que jamás visitaron durante
su vida terrena, en casa de algún amigo mío al que nunca lle-
garon a conocer. Se sientan aparte, mirando ceñudos al suelo,
como si la muerte fuese una oscura mancha, un vergonzoso
secreto de familia.
Vladimir NABOKOV. Habla memoria.

 MUERTE DE ALEXANDER POPE
 -¿Qué es eso?- pregunta el moribundo, indicando el aire, y
al rato murmuró con una sonrisa feliz:
 -Era una visión.
 Citado en J.L. Borges y A. Bioy Casares. Museo...(?)

Al principio el hombre fue creado por dos dioses. El dios de
la tierra lo hizo de madera o arcilla, el dios del cielo le dio
la vida. Pero los creadores discutieron entre sí, y por tanto
cada uno volvió a llevarse lo suyo. Por esta razón mueren
los hombres, lo cual implica que la vida regresa al cielo, 
mientras que el cuerpo vuelve a la tierra.
Nigel BARLEY. Bailando sobre la tumba. (Relato malga-
 che)

Pero también la muerte es algo que sucede. ¿Cómo muere
un hombre? Pero también se gana cada uno su muerte, su 
propia muerte, que no corresponde a nadie más.
Y este juego de niños es la vida.
Giorgos SEFERIS. Diario de a bordo.

¡Tan pronto pasa todo lo que pasa!
¡Muere tan joven ante los dioses cuanto 
Muere! ¡Todo es tan poco!
Nada se sabe, todo se imagina.
Circúndate de rosas, ama, bebe.
Y calla. El resto es nada.
Fernando PESSOA (Como Ricardo Reis)

Porque todo llega a la misma devoradora Caribdis,
las grandes excelencias y la riqueza.
SIMÓNIDES de CEOS. (556-467 a.C.)

(Para el Día de los Muertos)
Pongan sobre mi tumba un bote salvavidas
porque nunca se sabe.
Robert DESNOS. Antología de la poesía surrealista.

La muerte nos piensa
Octavio PAZ. Antología poética.

La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los
hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas;
cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro
que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño.
Todo entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable
y de lo azaroso.
Jorge Luis BORGES. El Aleph.



INFANCIA

 ¿Aquella cabeza que besé en la oscuridad, era un espejo
que no reflejaba más que lo que fue la infancia?
 Robert HORAN. 15 poetas norteamericanos.

 Pisando ginkgos 
 tranquilamente el niño
 baja del monte.
 BUSON. Jaikus inmortales.

 ¡Ah! Aquella vida de mi infancia, en el gran camino duran-
te todo el año, sobrenaturalmente sobrio, más desinteresado
que el mejor de los mendigos, orgulloso de no tener ni pa-
tria, ni amigos, qué tontería era todo aquello. ¡Y sólo ahora 
me doy cuenta!
 Arthur RIMBAUD. Rimbaud por sí mismo, de Bonnefoy.

Para definir la situación singular de nuestra sexualidad, se
podría decir entonces: antaño éramos niños en todas partes,
ahora no lo somos más que en un lugar.
 Rainer M. RILKE. Rilke por sí mismo, de Jaccottet.

En la niñez perdí dos patrias: perdí la ciudad donde nací,
y en la que antes de mi venida al mundo habían vivido nu-
merosas generaciones de mi familia, pero también, con la
llegada del estilo soviético de gobierno, se me privó del
fácil y de algún modo natural acceso a la evidencia univer-
sal de la verdad. Necesité luego muchos años para volver
a la corriente principal de la vida, para admitir las más ele-
mentales certidumbres, esas que sólo los locos y los farsan-
tes ponen en duda.
Adam ZAGAJEWSKI. En la belleza ajena.

A la fascinación que ejercía el dedo índice de las mujeres
de nuestra infancia, que mostraban todo en su pregnancia
maternal: un color, el movimiento de una sombras, la on-
dulación permanente de un paisaje, se suma esta otra: oír
la musiquita vana, pero tan rústica y con olor a lava que 
se enfría del dialecto. Otro dialecto, el mío, el de cada uno.
Arturo CARRERA. Clarín cultural, 12/6/97.

Ah, hace falta que estos ruidos y estos movimientos [trenes
        europeos]
consten en mis poemas y expliquen
En mi lugar una vida inenarrable,
mi vida
De niño que nada quiere saber, 
Que espera eternamente la revelación de las cosas.
Valéry LARBAUD. Revista Urogallo N° 62/63.
Otra versión: 
¡Ah! es necesario que esos ruidos y que ese movimiento
Entren en mis poemas y digan
Por mí, una vida indecible, mi vida
De niño que no quiere saber, sino
Esperar eternamente cosas vagas.
En L.Z.D. Galtier. Antología del poema traducido. T II.

En mi infancia, sin entender, sin comunicar, distante, consi-
deraba a las gentes a mi alrededor: su agitación carente de
sentido, su intranquilidad. Adentro de mí, la paz, el desapego, fueron combatidos, Niño en Occidente.
Henri MICHAUX. Energencias, resurgencias.

Pero del pozo de  la infancia
subes un balde de miedo
Alain LANCE. Poesía francesa contemporánea.

Soy de mi infancia como se es de un país.
Antoine de SAINT EXUPERY. Citado por E. Oviedo, en
revosta Letra, N° 32.

Cuando yo era chica, traté durante mucho tiempo de divi-
dir mi voz. Quería que hiciera acordes, quería quebrar mi
garganta en astillas de armonías, hacerla floreada como
un campo -así era como yo lo veía. Parecía algo que podía
ser capaz de hacer. Con concentración y un golpe muscu-
lar de aire, sentía yo, tal vez pudiera poblarme a mí misma,
desatar la multitud en mi caja torácica, la caja de mi voz,
hacerla nacer, liberar todos los humores y los matices, a to-
dos los habitantes encantadores y místicos del habla de mi
mente.
Lorrie MOORE. Hospital de ranas.

Tuvieron que ver, en aquel momento, el último vestigio de
infancia en ese niño de diez años, el doloroso reconoci-
miento de que el mundo ya no podía ser más, que en rea-
lidad nunca había sido, su propia invención.
Eric McCORMACK. Paradise Motel.

Estamos hablando ahora de todas las noches de verano en
Knoxville, Tennessee, en la época en que yo vivía ahí, dis-
frazado con tanto éxito ante mí mismo de niño.
James AGEE. Una muerte en la familia.

Tiene 10 años, la edad en que uno mira -¿acaso a escondi-
das?- el desplazamiento de las sombras. Y la desgarradura
en el papel de las paredes, y el clavo encajado en el yeso y 
alrededor el metal oxidado, los ínfimos escamamientos de
la incomprensible materia.
Ives BONNEFOY. Allí donde cae la flecha.

INFANCIA
Llega ya la noche. Estancia iluminada.
El libro verde, el sueño.
Letras en verso sobre la página blanca.
Segimon SERRALLONGA. En Revista Hora de Poesía.

 Temible pez, ¿tú eres el pecesito de oro
que de mi manito cayó a lo hondo del mundo?
 Tymoteuz KARPOWICZ. (n. 1921) Poesía polaca.

como si esa chica que yo recuerdo que era, me hubiera edu-
cado, me estuviera educando
Silvina OCAMPO. En A. Carrera/ T. Arijón: "Teoría del
cielo"

Yo no sé de la infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla.
Mi infancia y su perfume
a pájaro acariciado.
Alejandra PIZARNIK. Las aventuras perdidas.

Ciertamente habría que profundizar en la cuestión, pero
nos permitimos sugerir que entre una guillotina-juguete
y la guerra la diferencia es puramente metafísica. Los ni-
ños son criaturas metafísicas que pierden este don muy
pronto, a veces en cuanto empiezan a hablar.
Fleur JAEGGY. Vidas conjeturales. (En este caso se trata

de la vida de Keats. Jaeggy acota: "La guillotina era, en 
1803, un juguete corriente para los niños.")

También me gustó más el catecismo católico, que era mu-
cho más directo. "¿Quién te creó?", preguntaba, y mi re-
cuerdo más claro del catecismo es el de una niñita que in-
sistía en decir "¡Mi mamá!"
 -No, querida, ésa no es la respuesta. Piensa... ¿Quién te
creó?
 -Mi mamá -replicaba la estólida niña.
 Por último, la monja, exasperada, al sacó de clase.
Jean RHYS. Sonríe, por favor.

 la infancia nos es dada como un caos ardiente, y no nos
sobra el resto de nuestra vida para intentar poner orden y
explicárnoslo.
 Michel TOURNIER. El viento paráclito.

 ¡Qué ricas nos parecen las impresiones tempranas al cabo
de los años! ¡El arte y la vida resultan tan interesantes para
las cabezas juveniles!
 Robert WALSER. La rosa.




 LA NOCHE

La noche es una mujer vestida con un manto de ardientes
estrellas.
Paul BOWLES. Déjala que caiga.

Mirábamos la luna redonda y un montón de lucecitas zam-
bullidas en la coloreada noche como el alcohol verde.
Yorgos SEFERIS. 6 noches en la Acrópolis.

la sombra
de la tierra, la noche
Hans Magnus ENZENSBERGER. Poemas para los que no
leen poesía.

Ahora la luz desciende 
A través del campo
Abierto, dejando el callejón profundo
Cerrado de ramas,
Oscuro en la tarde.
Tomas S. ELIOT La tierra baldía.

de día el mundo visible me ayuda, de noche me destruye
sin remisión
Franz KAFKA. Diarios.

Lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche fun-
damental: la noche en que por fin vio su propia cara, la no-
che en que por fin oyó su nombre.
Jorge L. BORGES. Cit. por Karl Horst, en JLB

La gente de aquel lejano país dio al día el nombre de tor-
tura y a la noche el nombre de éxtasis.
Marcel SCHWOB. Cit. por Roa Bastos en "Metaforismos"

la noche misma hasta los rayos ambiguos de la luna que
esculpe los cuerpos, la noche que extiende el suelo metá-
lico de las llanuras hasta los confines de las montañas, la
noche que da lo inaudible, lo indistinto, el murmullo y la
sombra moviente
como la escritura
Joseé LAPEYRERE. Antología de la poesía francesa actual.

Noche que yace. Noche implacable.
Y su fanfarria, y su playa.
Su playa en la altura, su playa en todas partes,
su playa bebe, su peso es rey, y todo se hunde bajo él.
Henri MICHAUX. El pulso de las cosas.



MEMORIA

Como si se hubiera detenido la maldad de la memoria
Límpido lucha
Nuestro nuevo sueño
De la mano nos lleva una mano invisible
Odiseo ELYTIS. Antología fundamental.

Las viejas instantáneas de tiempos más felices parecen
haberse vuelto menos primarias, menos fotografías de la
vida misma y más fotografías de fotografías.
Julian BARNES. Niveles de vida.

Te estrecho sin impulsos sin pasado, oh diluviana enamora-
da.
René CHAR. Común presencia.

Al enterarse de que sus antiguos pupilos le elogiaban, comen-
tó el señor K.: -Cuando los discípulos ya hace tiempo que ol-
vidaron los errores de su maestro, éste aún los recuerda.
Bertold BRECHT. Historias de almanaque.


¡Tienes que perder la memoria! Tienes que perder tu memo-
ria y convertirte en memoria ajena.
Peter HANDKE. El peso del mundo.

yo que dejé sin besar
las azules venas de tu garganta
Hilda DOOLITE (H.D.) Poesía norteamericana contempo-
ránea.

Donner una vez declaró que era probablemente el único
maestro en saber la fecha del día en que aprendió las re-
glas del ajedrez. Fue en el colegio el 22 de agosto de 1941,
cuando tenía 14 años. Lo recordaba con claridad porque 
cuando regresó a su casa ese día le dijeron que su padre
había sido arrestado por los alemanes y deportado.
Hans REE. The Human Comedy of Chess.

Todo el conocimiento desemboca
en que es suficiente la existencia,
que en cruenta soledad 
o en el juego del amor
cada criatura viviente es
Mujer, Hombre y Niño.
W.H. AUDEN. Otro tiempo.

...procedente de un tiempo remoto, cuando de los recuerdos
se conserva la turbación pero no el acontecimiento que la 
produjo.
Antonio TABUCCHI. La línea del horizonte. (También:
"¿te acuerdas de aquel día que fuimos a ver Pic-nic y nos
enamoramos de Kim Novak?" Parece que me hablase a mí)

esas fotografías de un ser ante las cuales lo recordamos peor
que si nos contentamos con pensar en él
Marcel PROUST. Cit. por R. Barthes. La cámara lúcida.

Uno se acuerda de todo hasta cierto punto de aquella con-
versación sobre Chagall o sobre Hiroshige, o sobre la línea
loxodrómica o la Marina; luego hay una enorme laguna, un
espacio en blanco, y el futuro augura un desastre y no queda
más que remordimiento por el pasado, lo cual no deja de ser
una pasión romántica...
Malcolm LOWRY. Piedra infernal.

Cada mañana el agua caliente me recuerda
que nada más tengo vivo cerca mío.
Georges SEFERIS. Antología poética (Visor)

el que no anduvo su pasado
no lo cavó
no lo comió
no sabe
el misterio que va a venir
Juan GELMAN. Cit. en A. Carrera y T. Arijón: Teoría del cie-
lo.

Atado a ese inexorable caballo insensato
Cuyos ojos no tienen párpados y cuyo nombre es remordi-
       [miento.
Malcolm LOWRY. Poemas.

La memoria
insiste en su marea
y repite su mediodía
Octavio PAZ. Poesías.

entre los musulmanes ahora creo que es muy común el caso
de personas que saben de memoria el Corán. Existe la pala-
bra hafiz, que quiere decir eso: memorioso, memorioso del 
Corán en particular.
Jorge Luis BORGES. Diálogos.

¿Ininteligible? Pues bien, todas las lecturas que emprendo
me producen exactamente el mismo efecto: ininteligibles.
Esta es la razón por la que tengo tan mala memoria. ¿Quién
es el guapo que recuerda lo ininteligible?
Henri MICHAUX. Ecuador.

Yo busqué a La Roue [su hermana adoptada] en vano, mi
crueldad con ella ahora como una espina en mí, y ahí se
quedaría durante años, en mi recuerdo indefenso mientras
la piel crecía alrededor; ¿qué otra cosa puede hacer el re-
cuerdo Nada, no puede hacer nada: finge comerse el pun-
zón de nuestros actos, pero no puede ni tragarlo ni masti-
carlo.
Lorrie MOORE. Hospital de ranas. ¿Conocen a muchas
personas que escriban con la extraordinaria soltura de Lo-
rrie Moore? Yo no.

Me acordaba de las personas que había dejado yo una vez,
y no comprendía cómo puede dejarse alguna vez a las
personas.
Rainer M. RILKE. Los cuadernos de Malte.

Escarba, escarba donde más duele en tu corazón.
He aquí el pequeño guijarro recogido para la gran memo-
     [ria.
Olga OROZCO. Poemas completos.







COLORES

Piet Mondrian elabora exquisitos mantras abstractos a par-
tir del fugaz amarillo de los taxis de Nueva York que pasan
por debajo de su estudio de Manhattan. 
Alan WALL. Bendito sea el ladrón.

Blasones en la sala de los Estados: azul oscuro, plata, negro,
rojo, blanco -esos son los colores heráldicos. Último vestigio,
refugiado en los blasones, de una fantasía exuberante: miste-
rio heredado, y al final una simple manía de misterio: ¿acaso
los blasones no son sino eso?
Robert MUSIL. Diarios.
Relacionado con los blasones, este fragmento de la estupen-
da novela de Alexander Lernet-Holenia, titulada "El estan-
darte": "Una fuerte ráfaga de viento se levantó, agarró el bro-
cado del estandarte y lo desplegó; como un relámpago se
vislumbró el águila bicéfala. Al mismo tiempo, desde atrás
se propaló una rara inquietud a todos los caballos de la sec-
ción."

Llueve sobre las terrazas y los techos acanalados: tejas, en-
tonces, color de cuerno y de moscada, color de piedras sono-
ras para baterías ligeras y tímpanos.
St. JOHN PERSE. Antología poética.

No tenían vista al mar,
pero los rieles azul celeste del ferrocarril brillaban
como una escopeta de dos caños
a través del alianto escarlata de fines de agosto,
multiplicándose como cáncer
en los bordes del jardín.
Robert LOWELL. Poemas. (Versión Girri)

El azul renace del gris como la pulpa eyectada de una uva
negra. (...) Cada charco es entonces un ala de mariposa pues-
ta bajo vidrio.
Francis PONGE. Antología de la poesía francesa (La de Fon-
debrider)

Anochece. Se han apagado los últimos amarillos ácidos,
los amarillos egipcios; el bermellón deviene gris y frágil:
se oscurecen los últimos fuegos artificiales del día.
Zbigniew HERBERT. Naturaleza muerta con brida.

Ella parte el coco amarillo
del color de la piedra de Anuradhapura.
Michael ONDAATJE. Running in the family.

Cuando la garza blanca se para en la nieve tiene otro color.
JEN-T'IEN

cuando me desperté, el cielo estaba de un amarillo espeso,
como algunas veces el cielo de Bengala, antes del monzón.
Mircea ELIADE. Diarios.

Un joven negro como empolvado de blanco (casi blanco
de negro) con un anorak rutilante
Roland BARTHES. Incidentes.

El color negro... lo caracteriza su luz mínima, pobrísima.
Jacobo FIJMAN. Conversaciones con Vicente Zito Lema.

El azul es un pedazo de papel muy delicado.
Tennessee WILLIAMS. En el invierno de las ciudades.

El color verde del salón de D.H. era demasiado brillante, co-
mo el color verde de los ojos de una oveja que vi degollar
hace años en Sidi Kacem.
Ira COHEN. Paul Bowles por sus amigos.

Sheng-Tsung-chien aconseja a los pintores: "El color de una
pintura no es el rojo, el blanco, el verde o el púrpura, como
se cree generalmente: el color está en los matices que existen
entre la luz y la oscuridad. Quien comprenda esto traducirá
con su pincel la naturaleza de las cosas."
Estética taoista.

Su piel tiene el color del marfil viejo.
Lanza del VASTO. Peregrinación a las fuentes. (Se refiere a
Gandhi).

Berlin y Kay distinguen 3 dimensiones del color: matiz, sa-
turación y grado...
Claude LEVI-STRAUSS. Estructura y ecología.

el negro tiene un valor positivo en Oriente y simboliza la
Sabiduría
Robert GRAVES. En Conversaciones con escritores.

Detesto el violeta y el púrpura, colores mezclados que me 
ocultan el franco color escarlata. Detesto igualmente las to-
nalidades discordantes del país de Tchen, porque trastornan
la música pura.
CONFUCIO. Según Soulie de Morant.

El agua junto a las barcazas tiene el color del azúcar quema-
da.
Graham GREENE. En busca de la felicidad.

Sus colores son el dorado bruñido, el marrón oscuro, el ne-
gro; los colores del cuadro de Rembrandt de Alejandro el
Grande con su yelmo.
John BERGER. Cada vez que decimos adiós.

Ella está muy delicadamente formada en un denso y sedoso
color oliva; los cabellos de los dos son de ese negro profun-
do que brilla en repentinos asomos de azul: el símil de los
poemas clépticos dice: "cabello como el ala del cuervo".
Lawrence DURRELL. La celda de Próspero.

Un poco más arriba unas mujeres lavan prendas de ropa y
telas, y las extienden en las piedras para que se sequen. La 
tela es ocre, o de un azul muy oscuro, casi negro. Son los
colores masais. La tela la hicieron en sitios lejanos, fuera
del cosmos masai.
Justin CARTWRIGHT. Soñando con los masais. (En el
mismo libro: "Ngai rojo es el dios de la inseguridad. Ngai
negro es el dios del orden y de la continuidad.")

el silbido ácido o azulado del violín de dos cuerdas
Victor SEGALEN. Rene Leys.

paredes de barro desbaratadas en montañas de polvo- pare-
des de un gris espectral, como si todo el color hubiera sido
chupado por el sol
Bruce CHATWIN. Anatomía de la inquietud.

el escaso verde
que entrecruza el amarillo de los cereales
Alessandro PARRONCHI. En Diario de poesía N° 46.

Los he visto en Kenia, esos colores
sin medias tintas, sin ironía;
verdes, violetas, oros, azules, verdiazules,
aunque sin profusión, más bien escasos, raros,
aquí y allá encendidos, entre vacíos y perfumes
inexplicables sobre el polvo de colmenas
al rojo... El violeta es una pequeña túnica,
el verde una línea sobre los hombros...
Pier Paolo PASOLINI. Poema en forma de rosa.

un mar que cambia de azul
a negro aceituna
Raymond CARVER. Un sendero nuevo a la cascada.

Además, los colores: un gris que se sublima en tonalidades
azules, verdes y violetas. Un parecido juego de colores se
produce, a la hora del crepúsculo, en los ojos de los gatos
siameses.
Ernst JÜNGER. Pasados los setenta. I.



LA TERNURA

todo lo demás 
es vanidad, salvo esta ternura
por una mujer que no es su amante
sino su niña que duerme.
(El cielo está despejado. La tarde es apacible)
Derek WALCOTT. El reino del Caimito.

Después, cuando se encuentra en el mundo, el chico busca
en el cónyuge la misma ciega ternura y, como es probable
que no la halle, se vuelve contra el amor y la vida.
Francis Scott FITZGERALD. Antología mínima.

Final: en una tarde de mayo salgo de mi castillo en Parma.
Voy tan ligera, tan tiernamente que el suelo es seda.
Walter BENJAMIN. Haschich.

Hasta que, cuando la rindió la dulce pesadez del sueño, la
aparté de mí, a quien estaba abrazada. ¡La alejé del costado
que amaba, para que no durmiese sobre una almohada pal-
pitante!
BEN BAQL. (m. 1145) Poemas arábigoandaluces.

la ternura nace en el momento en que el hombre es escu-
pido hacia el umbral de la madurez y se da cuenta, angus-
tiad, de las ventajas de la infancia que, como niño, no com-
prendía (...) la ternura es un intento de crear un ámbito arti-
ficial en el que puede tener validez el compromiso de com-
portarnos con nuestro prójimo como si fuera un niño (...)
La ternura es el temor a las consecuencias corporales del
amor, es un intento de sustraer al amor del reino de la ma-
durez (...) y considerar a la mujer como niña.
Milan KUNDERA. La insoportable levedad del ser.



HOMBRES Y MUJERES

Una cosa es cierta: ella fue la única mujer con la que tuvo
una relación con todos los indicios de una pasión. Y no pa-
só mucho tiempo hasta que me dijo: "Ella ha hecho un hom-
bre de mí". Él era, no cabía duda, de esos hombres que de-
ben aprender de una mujer qué significa el sexo.
Soma MORGENSTERN. Huida y fin de Joseph Roth.

Ellos tratan a la mujer como bebida refrescante. Que las
mujeres tengan sed no lo pueden soportar.
Karl KRAUS.

Las mujeres son amorosas y los hombres son solitarios.
Se roban mutuamente la soledad y el amor.
René CHAR

este hombre, que ganaba un sueldo escaso y que sólo podía
ofrecer a las mujeres una asombrada, leal incomprensión.
Juan Carlos ONETTI. Cuentos completos.

A menudo pensaba que los hombres hedían a rabia; por 
eso prefería a las mujeres y a los homoseuales.
Harold BRODKEY. Esta salvaje oscuridad.

Scandella, el Menocchio era a su modo un poeta (...) "Era
mi gobierno", dijo desesperado cuando murió su mujer.
Claudio MAGRIS. Microcosmos.

Estoy seguro de que las mujeres practican la autovaloración
con mayor constancia, como el radar que escudriña el cielo 
de los aeropuertos, examinando sin cesar la atmósfera en
busca de señales imperceptibles a los sentidos masculinos.
Cuando yo era muchacho, ansiaba comprar contra reembol-
so uno d esos silbatos que sólo pueden oír los perros. No te-
níamos perro, pero me entusiasmaba la idea de comunicarme
con los canes por frecuencias secretas. Las mujeres están do-
tadas de la habilidad de operar en frecuencias que al hombre
le son negadas.
Justin CARTWRIGHT. Míralo de esta manera.

XG. -Entonces, ¿no cree que la fuerza está en la mujer?
M.D. -Ah, estoy absolutamente segura de ello. El hombre
no es fuerte, es turbulento.
Marguerite DURAS. Las conversadoras.

Después de tres años, una pareja debe separarse, suicidar-
se, o tener hijos, que son las tres maneras de confirmar su
final.
Fréderic BEIGBEDER. El amor dura tres años.

La denominación "las mujeres" no incluye a las mujeres
feas.
Adolfo BIOY CASARES. Guirnalda con amores.

¿Qué es una escena matrimonial? Es el triunfo de la mujer.
Es cuando la mujer consigue por fin, a fuerza de acoso, arran-
carle al hombre de su silencio. Entonces él grita, vocifera, in-
juria, y la mujer se deja bañar voluptuosamente por aquel
aguacero verbal.
Michel TOURNIER. Medianoche de amor.



LAS ANGUSTIAS


¿Qué debe hacer alguien que no sabe lo que debe hacer con-
sigo?
Clarice LISPECTOR. Cerca del corazón salvaje.

Yo sueño con ese país donde la angustia es un poco de aire.
Georges SCHEHADÉ. Poesías.

No existe más que una pequeña brecha en mi pecho,
pero sopla en ella un viento tremendo.
Henri MICHAUX. Ecuador.

Si se declara un incendio en el agua,
¿cómo se podrá apagar?
Si tienes miedo del que te protege,
¿quién podrá protegerte de ese temor?
NAGARJUNA. El árbol de la sabiduría.

Si no fuera tan grande mi angustia, me consolaría persua-
diéndome de que no es imposible ver todo de un modo di-
ferente y, no obstante, vivir. Pero yo temía, yo temía inde-
ciblemente este cambio. Incluso no estoy todavía familia-
rizado con este mundo, que me parece bueno. ¿Qué haría
en otro?
Rainer María RILKE. Los cuadernos de Malte Laurids
Brigge.

Hay horas, me digo, en que no tienes más que tu desespe-
ración y tienes que contentarte con ella; cada día le pintas
una cara distinta, me digo, y le sacas la lengua para hacerla
reír.
Thomas BERNHARD. Trastorno.

En una carta a Miss Mitford, De Quincey mencionó "un
oscuro frenesí de horror" que se difundía sobre cualquier
cosa que estuviera escribiendo. Todo era súbitamente en-
vuelto en una "sábana de fuego devorador". A sus ojos,
el papel estaba envenenado.
Fleur JAEGGY. Vidas conjeturales.

El bramido de la nada que escucha el alma cuando se asoma
al abismo.
Paul BOWLES. El cielo protector.

¿Qué haremos mañana? ¿Qué haremos siempre?
T.S. ELIOT. La tierra baldía. (Cita a "Women" de Middle-
ton -acto II, escena 2.)

Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin conse-
cuencias.
Siempre, siempre, siempre,
esta angustia desmedida del espíritu por nada,
en la carretera de Sintra, en la carretera del ensueño, en la
carretera de la vida...
Fernando PESSOA. Antología de Alvaro de Campos.

la permanencia obsesiva y reiterada en los dos únicos cines
del pueblo, cuyas pantallas proyectaban inverosímiles pelí-
culas mudas constantemente repetidas, mientras ellos, exta-
siados, masticaban el argumento como una droga de orien-
tal eficacia.
Barulio ARENAS. El castillo de Perth.

¿Mejor soportar la angustia que la compañía?
Peter HANDKE. El peso del mundo.

Es como si la imagen de esta casa hubiese caído en mí desde
una altura infinita y se hubiese roto en mi fondo.
Rainer M. RILKE. Los cuadernos de Malte.

Me siento como si hubiéramos almacenado todo nuestro
trigo en un granero para hacer pan y cerveza el resto de 
nuestras vidas, y el granero hubiese ardido hasta los cimien-
tos, y nosotros contempláramos las ruinas carbonizadas, de
pie, una mañana de invierno.
Dora CARRINGTON. A Lytton Strachey, después de su
muerte.

¡Cuando pienso en que hubo una época en la que los hom-
bres aceptaban sufrir!
Frederic BEIGBEDER. Socorro, perdón.

Pero haber poseído una angustia sin igual
me ha servido de algún solaz a lo largo de los años.
Malcolm LOWRY. En Hablar de poesía.

La terrible fatalidad es el ama de todas las cosas,
noche bienaventurada, cúmulo de felicidades, ternura uni-
       [versal,
escucha la voz suplicante que te implora, oh indulgente,
y haz huir los terrores que fulguran en la sombra y senos
       [benévola.
HIMNO ÓRFICO. En José L. Martínez. El mundo antiguo
          T. II.

Entrevistado por un periodista acerca de su infancia, Mark
Twain le había hablado de Bill, su hermano mellizo. De ni-
ños, Bill y Mark se parecían tanto que para distinguirlos
les ataban en las muñecas unas cintas de todos colores. Un
día, los dejaron solos en la bañera y uno de ellos se ahogó.
Las cintas se habían desatado. "De modo que -concluyó
Mark Twain- nunca se supo quién de los dos había muerto,
si Bill o yo."
Emmanuel CARRÉRE. Yo estoy vivo...

en mí se revolvía una desolación, como termitas en un tron-
co caído
Werner HERZOG. Conquista de lo inútil.



MODOS DE DECIR

Vivía, como solía decir, por cortesía.
Maurice BLANCHOT. La sentencia de muerte.

¡Oh dolores del amor
Cuánto os necesito y cuánto os amo!
Robert DESNOS. A la misteriosa. (Oh dolores del amor...
sabed que os imagino a imagen de mi amor, que os confun-
do con él.)

Hete aquí que acaba de despertarse
bajo el viento mágico de mi alma
al ver tus tobillos, oh mujer,
un violento amor nacido del instante.
SAGA DE KORMAC

Edwina me había dicho que, como nunca recordaba nom-
bres o caras, siempre saludaba a la gente con un "¿Cómo
está?" por si acaso ya la conocía.
Muriel SPARK. La intromisión.


Dame la mano un momento. Toma la mía. Eso es, sí. 
Aprieta con fuerza. Hacía tiempo, creíamos que el tiempo
obraba en nuestro favor.
Raymond CARVER. Un sendero a la cascada.

Es un pueblo que lleva miles de años vagando por callejo-
nes estrechos.
Joseph ROTH. Hotel Savoy.

El Proleterka, en cuanto lo dejas, parece un espejismo. No
hay que volverse hacia atrás. Desde tierra, es semejante a
un deshecho bélico, que circunnavega el tiempo.
Fleur JAEGGY. Proleterka.

son ventanas llenas de luz enloquecida
Werner HERZOG. Conquista de lo inútil.

esos ladridos
que me inflaman
y que me hacen levantarme por la noche
como un dragón chino
de papel
incandescente e ilustrado.
Valerio MAGRELLI. Vetas y Naturalezas.

las caravanas de los tuaregs, en las que las mujeres viajan
a través del desierto colgadas de cestos en los flancos de los
dromedarios.
Le CLÉZIO. El africano.

Suda tristemente con una sonrisa vaga. Retraídos detrás de
los lentes, sus ojos demasiado parpadeantes parecen querer
evitar alguna cosa, como por ejemplo un cachetazo por ve-
nir.
Jean COCTEAU. Cartas a mi madre.

como el persa Al-Hallach proclamara en el siglo X: "Yo
soy a quien Yo amo y a quien Yo amo es Yo", lo que le cos-
tó la crucifixión por blasfemo.
Juan NUÑO. Los mitos filosóficos.




ALGUNAS OPINIONES

La manera comunista es tan sólo una manera de consolidar.
Lo que me parece que han hecho es tomar el sistema capita-
lista y congelarlo, incluyendo algunas de sus características
menos agradables; congelarlo y someterlo por completo al
control burocrático.
John DOS PASOS. En: Confesiones de escritores.

el anciano Teodor Häring que pretendía que no se puede en-
tender a Hegel si no se domina el dialecto suabo.
Michel TOURNIER. El viento paráclito.

Akhmatova solía decir que la metafísica y el chisme eran las
únicas cosas interesantes.
Joseph BRODSKY. Conversations with JB.

La estética del fracaso es la única duradera. Quien no com-
prende el fracaso está perdido.
Jean COCTEAU. Opio.

En mi opinión, basta ampliamente con que una cosa haya
sido escuchada una sola vez: cuando el compositor la imagi-
nó.
Arnold SCHOENBERG.

Lo que venía a decir con todo ello nadie lo había expresado
mejor que el senador norteamericano Daniel Patrick Moyni-
han con la máxima: "Everybody is entitled to his own opinion,
but not to his own facts."
Hans M. ENZENSBERGER. Reflexiones del señor Z. ("Todo
el mundo está facultado (tiene derecho) a su propia opinión
pero no a sus propios hechos.")


Yo creo que una novela en la que el autor dedica tres pági-
nas para describir lo que hay en una mesa, es un error. Sí,
a Robbe-Grillet lo conocí personalmente. Él me dijo que
yo había influido mucho en él... y yo, con escasa cortesía, 
le dije: "Caramba, no me descorazone".
Jorge Luis Borges. Borges de la A a la Z.

Imposible acceder a la verdad a través de opiniones, pues
toda opinión no es más que un punto de vista loco sobre la
realidad.
E.M. CIORAN. Desgarradura.

Yo distinguiría entre Dostoievsky y cualquier otro porque él
era el mayor escritor lejos; un hombre luchando por justifi-
car su Cristianismo en contra de su propio escepticismo y
nihilismo.
Saul BELLOW. Conversations with S.B.

París es un gran salón de biblioteca atravesado por un río.
Walter BENJAMIN. Denkbilder. Epifanías en viajes.

las gafas deberían llevarse 
entre el ojo y el cerebro,
porque está ahí, entre bosques
y plantaciones de nervios
el error de la mirada.
Valerio MAGRELLI. Ora Serrata Retinae.



DORMIR/ SOÑAR

Los ahogados me acarician
bajo el agua desnuda del sueño.
Jacques IZOARD. Antología poesía francesa actual.

Mis sueños no suelen ser sobre personas; casi siempre son
sobre lugares, direcciones, posiciones relativas de los obje-
tos que me rodean. Los seres humanos que aparecen en ellos
carecen de rostro, son anónimos. Acepto esto como una con-
dición básica de la existencia.
Paul BOWLES. En contacto

Entonces, duermo, por fin.
Y todo (hasta la verdad) me penetra.
Aldo OLIVA. Poesía completa.

Cuando estaba en el campo de concentración tenía siempre
el mismo sueño; soñaba que regresaba, que volvía con mi
familia y les contaba, pero no me escuchaban. (...) En el 
campo les conté a mis amigos este sueño y me contestaron:
"A nosotros nos pasa lo mismo".
Primo LEVI. En diálogo con F.C.

...los cazadores, mis sueños,
que en la mañana bajan
por el otro lado del monte
entre sombras
Ilse AICHINGER. En Revista Hora de Poesía N° 94/96.

¿Cuál es el llamado sueño americano? Un millón de negros
nadando de vuelta al África con un judío bajo cada brazo.
B. KNOTT. Cit. por I. Reed en 'Contemplación temeraria'.

Y por la noche ha tenido un sueño. Era un sueño que no ha-
bía tenido desde hacía varios años, demasiados años. Era un
sueño infantil, y él era ligero e inocente, y mientras soñaba
tenía la curiosa conciencia de haber recuperado aquel sueño,
y esto aumentaba su inocencia, como una liberación.
Antonio TABUCCHI. La línea del horizonte.

Soñé con todo el cuerpo. Luego los sueños se apagaron en
un espeso silencio. luego apareció el glu-glu del agua. Esta-
ba en todas partes, y mis sueños se sostenían a flote latien-
do. Sus únicos remos eran los latidos. Pronto vendría el res-
to de la noche. El glu-glu del agua era en realidad una op-
ción repetida hasta escucharla: ARDER-URDIR, ARDER-
URDIR, ARDER-URDIR...
R.R.

los ahogados me acarician
bajo el agua desnuda del sueño
Jacques IZOARD. Antología de la poesía francesa actual.

Anoche soñé que era una casa completamente oscura. Eso
es todo.
Giorgos SEFERIS. 6 noches en la Acrópolis.

De vez en cuando todavía sueño con un ganso blanco que
vuela en un cielo azul muy pálido con -y este era el prodigio
de destreza más atrevido y logrado que has podido ver- el
azul del cielo, o un latido del azul del cielo, reflejado en las
plumas del ave.
Jerome David SALINGER. 9 cuentos.

Rabbí Joseph ha dicho: "También para mí, ciego, cuando
tengo un buen sueño éste se desvanece por la alegría que me
da. Para Rabbí Hisda, un mal sueño es preferible a uno bue-
no. Él ha dicho también: "un sueño que no se interpreta es
como una carta no leída".
TALMUD de Babilonia. En J.P. Faye: ¿Qué es la filosofía?

había soñado a menudo con un país sin fronteras ni nombre,
totalmente cubierto de oscuros bosques, que yo tenía que
cruzar sin saber adónde...
W.G. SEBALD. Austerlitz

Si ella duerme que duerma con la cosecha
Que duerma con los relámpagos
Georges SCHEHADÉ. Poesías.

Estar sola con el libro aún no escrito es estar aún en el
primer sueño de la humanidad.
Marguerite DURAS. Escribir.

cuando llegaba la noche se encogía en el centro de la tie-
rra para dormir. "No despiertes jamás, no despiertes ja-
más", le decía su sabio corazón.
Jean RHYS. Los tigres son más hermosos.

He dormido bien, pues mis penas también han dormido.
Sin duda han pasado la noche hechas un ovillo a los pies
de la cama. Me he despertado antes que ellas, y he disfru-
tado de unos segundos de indecible felicidad. Después
ellas se han despertado a su vez e inmediatamente se han
lanzado sobre mí y me han mordido las entrañas.
Michel TOURNIER. El vagabundo inmóvil.

Las personas que duermen mal parecen ser más o menos
culpables. ¿Qué es lo que hacen? Confieren presencia a la
noche.
Maurice BLANCHOT. Cit. por A. Tabucchi.

sueño, vicio, bebedero.
ven, sueño.
Henri MICHAUX. La vida en los pliegues.



LA LUZ/ LA OSCURIDAD

En la oscuridad, el grito demente de las gaviotas le parece
de repente no haberlo oído nunca.
Marguerite DURAS, El mal de la muerte.

tuve que combatir otra vez contra las sombras, que pare-
cían de una noche más antigua que la noche del sol
William Butler YEATS. Rosa alquímica.

Y la luz nórdica, nociva y loca, se detiene sobre la pared.
Las cortinas de una ventana se estremecen, una mirada
queda atrapada allí, como si fuese el horizonte.
Fleur JAEGGY. Los hermosos años del castigo.

Y el insecto brillante se posa sobre la almohada
Resplandece y se une a lo Oscuro.
Robert DESNOS. A la misteriosa.

Las posibles cartas se me aparecen como accidentes de luz
en la oscuridad del tiempo, semejantes a rasgaduras en el
espesor.
Marguerite DURAS. Los ojos verdes.

Nada
(leyó una vez en latín)
más oscuro que la luz.

(Nil obscurius luce.)
GIORGIO CAPRONI. En Diario de poesía N° 46.

La luna emerge tras las rocas, y la ciudad blanca se vuelve
aún más blanca, las piedras compiten con la luna por ver
quién brilla más, y en dulce armonía fluyen el Ródano y el
Saona, uno con prisa, el otro con parsimonia, ambos rumbo
a la misma meta, la unión tanto tiempo deseada, y abrazan
la ciudad blanca como si fuese un tesoro, para nunca más
soltarla.
Joseph ROTH. Las ciudades blancas. (Hablando de Lyon)

La sombra, ese regazo que protege del miedo,
Transforma la extensa vida en pesadilla pasada.
Marguerite YOURCENAR. Las caridades de Alcipo.

Abiertas ventanas enrejadas revelaban angostas habitacio-
nes iluminadas por fluorescentes donde cosían mujeres ti-
betanas, y en tiendas débilmente iluminadas, frente a tarros
de dulces pegajosos, hombres entrados en años de rostros
anchos y arrugados permanecían quietos y pensativos.
Pankaj MISHRA. Los románticos.

el cielo volvía a despejarse y en los bajos nubarrones, de
una quietud aplastante, se abrían troneras de luz.
Claude DELARUE. El triunfo de los elefantes.

La vida es una gran tiniebla alumbrada por 4 o 5 destellos.
Jean GENET.

Mirábate con toda la luz y la tiniebla que poseo.
Giorgos SEFERIS. Mithistoria.

La luz es como una araña
Se arrastra por el agua
Wallace STEVENS. Tatuaje.

Pero esta casa ya es diferente: vacía y sin ruidos y llena de
sombras, tantas que a veces me pregunto qué hacen todas
estas sombras en una habitación vacía.
Jean RHYS. Los tigres son más hermosos.

¡Qué tempestad, la luz!
Henri MICHAUX. Conocimiento por los abismos.

La ventana se abre como una naranja
El fruto hermoso de la luz.
Guillaume APOLLINAIRE. Antología poética.

...la luz del sol o de la luna, vista en un lugar aquellos no se
vean
G. LEOPARDI. Cit por I. Calvino: Seis propuestas para el
próximo milenio.

Del color sólo nos preocupaba (a los cubistas) el aspecto de 
la luz. La luz y el espacio son dos cosas que se tocan, ¿no? 
y nosotros las tratábamos simultáneamente... ¡Nos llamaban
abstractos!
Georges BRACQUE. El pintor y su obra.

Su sombra se entretuvo inexplicablemente
en la penumbra de mi habitación
Else LASKER-SCHÜLLER. Cit. por F. Grunfeld: Profetas
malditos.

unos exangües faroles municipales trataban empeñosamente
de horadar las sombras
Braulio ARENAS. El castillo de Perth.

Un sol fallido cubría nuestros veranos, un sol empalidecido
que perforaba el crepúsculo, la luz de la floresta, de los pan-
tanos, luz que no llega de lo alto, sino más bien se irradia de
las setas y bayas venenosas, de la tierra húmeda.
Fleur JAEGGY. Los hermosos años del castigo.

Lo oscuro atenúa el murmullo del arroyo.
Georg TRAKL.

En las microfilmaciones, cuando hay que dividir el tiempo
en milésimas partes, filman a veces con la luz de una chispa.
Víktor SHKLOVSKY. La tercera fábrica.

un rayo de sol que entra eternamente en la oficina muerta...
Fernando PESSOA. El libro del desasosiego.

Vi a un niño que llevaba una luz.
Le pregunté de dónde la había traído.
El la apagó y me dijo:
"Ahora dime tú adónde ha ido."
HASAN DE BASRA

Una luz crepuscular bañaba las ramas, los caminos, las
casas que la rodeaban; esa luz que aumenta a veces la saga-
cidad de la dicha.
Silvina OCAMPO. La furia y otros relatos.

Una cosa es la cultura y otra la luz. Eso es lo que hay que
tener: luz.
Miguel de UNAMUNO. Carta a Lorca.

En Siberia, cuando por la mañana bajan a la mina, en la
calle aún reina la oscuridad y cuando suben a la superfi-
cie al acabar el turno, hace horas que ya es oscuro.
Ryszard KAPUSCINSKI. El mundo de hoy. (Y agrega:
"Los mineros de Vorkutá se jubilan a los 50 años, pero 
apenas un veinte por ciento llega a esa edad.")

luz nevada cuelga de las alturas
Gerald Manley HOPKINS.

¿A qué cuarto te ibas donde se agravaba el horror del ama-
necer en las ventanas?
Ives BONNEFOY. Del movimiento y de la inmovilidad.

el sol pasa como un anillo nupcial
Michel DEGUY. Antología de la poesía francesa.

Una flecha luminosa que llega desde la azul oscuridad, que
apunta hacia la azul oscuridad, vibrante por la excitación
del vuelo: eso es nuestra consciencia.
Walter HILSBECHER.

Hacia las dos, conseguimos superar un poco las nubes llu-
viosas y entramos de golpe en una bruma luminosa, pero
extrañamente luminosa; algo inquietante. La luz no cae. No
parece tener fuente. Envuelve sin penetrar. Es blanca y
fragmentada; una luz de humo húmedo, sin vida y sin ca-
lor. La luz más pálida que se pueda imaginar.
Victor SEGALEN. Viaje al país de lo real. 



CORAZÓN

El corazón de la ballena asesina pesa 100 kilos
pero en otros sentidos es liviano
Wislawa SZYMBORSKA. En Milosz, "A Book of Lumi-
nous Things." (Otra versión: "De 100 kilos es el corazón
de la orca/ pero no le pesa.")

Porque el estallido del amor, definido como locura precoz,
brilló en el transparente corazón por una temporada,
y lo incendio como a un farolito de papel
Tennessee WILLIAMS. En el invierno de las ciudades.

Invisible,
una cosa que se marchita:
Ella es, en este mundo, 
la flor
Del corazón del hombre.
Ono no KOMACHI. The Ink Dark Moon.

El corazón del hombre es lo más extraviado. ¿Cómo esca-
         pa a este extravío?
"...déjale sólo encontrar
un sitio en alguna parte,
y no permanecer así en el espacio..."
Pjilippe JACCOTTET. Rilke por sí mismo.

Mi corazón late al unísono con el tiempo

que avanza hacia el invierno
Attilio BERTOLUCCI. En Diario de poesía N° 46.

Como un gato, el corazón ve muy lejos en la oscuridad.
Charles SIMIC. El monstruo ama su laberinto.

"¿Le han contado que nuestro crecimiento es el segundo
mayor en la India, con 40 mil trabajadores empleados hoy
en nuestra nueva ciudad [Ranchi]? Aquí fabricamos, entre
medidas de máxima seguridad, componentes para la bomba. 
Cada una de nuestras fábricas proclama a la entrada nuestro
lema: "la belleza consiste en la pureza del corazón".
Norman LEWIS. Donde las piedras son dioses.

Dentro del melón, un corazón latía.
Henri MICHAUX. Frente a los cerrojos.

mientras el corazón ha soportado hasta cosas que no descri-
bí.
No se rompió, no se dilató.
Víktor SHKLOVSKY. La tercera fábrica.

y vio que el corazón le latía con fuerza, como si escupiera
la verdad.
Michael ONDAATJE. El fantasma de Anil.

Con los ojos del corazón
¿sabré recogerlas?
Bajo la primera helada
Se confunde
La flor del crisantemo blanco
OSHIKOCHI no MITSUNE. Cit. por O. Svanascini:

"Poesía japonesa".

en el silencio tu corazón suena como un grillo negro
(No tengo la fuente)

la pena se me ha llevado el corazón,
pues mi corazón, desde que tengo conocimiento,
herido está.
Si todos los corazones fueran como mi corazón
no habría ya corazones.
MAYNÛN LAYLÀ. Poesía árabe clásica.

la luna, si se eleva, es para iluminar;
el corazón, si existe, es para atormentar.
Victor SEGALEN. Estelas.

mi corazón vacío,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida
Fernando PESSOA. Poemas.

El corazón como una manga.
Michael ONDAATJE. Thy Cynnamon Peeler.

El pasado late en mi interior como un segundo corazón.
John BANVILLE. El mar.

El fin de todo estudio no es otro que el de encontrar el cora-
zón perdido.
MENCIO.

Un transatlántico de silencio se desliza por mi corazón
Jacques BARON. Antología de la poesía surrealista.

el corazón es lo que me queda, y este corazón que me queda
sobre el corazón es el corazón oprimido: oprimido por el re-
flejo que lo ha colmado de sí mismo (sólo los enamorados
y el niño tienen el corazón oprimido).
Roland BARTHES. Fragmentos de un discurso amoroso.

el propio Pound respondió en alguna ocasión que estaba en
el infierno. ¿Qué infierno?, pregunta el otro. Pound señala
entonces su corazón, y dice: "Aquí, aquí":
Phillipe SOLLERS. Diccionario para el amante de Venecia.

Todo lo que no esa puramente afectivo deviene insignifi-
cante. Adiós a la razón. Ya no hay cabeza. Sólo corazón.
Michel HOUELLEBECQ. Configuración de la última orilla.

¿Qué tienes para despreciar a los hombres,
Corazón duro, corazón rompible?
¿Qué tienes para despreciar a los hombres?
¿Qué eres más de lo que somos?
-Capaz de despreciarme.
Marguerite YOURCENAR. Las caridades de Alcipo y otros
poemas.