sábado, 17 de noviembre de 2018

EL FAQUIR Y EL ENCARGADO DE LA CORRESPONDENCIA REAL

  EL FAQUIR

 Como un faquir, logra detener el pensamiento y luego,
si es en verdad un buen faquir, porque hay toda clase de
faquires - forjadores, vaciadores, tilingos y permutantes-,
si es uno bueno, decía, uno dedicado a combatir la natu-
raleza demasiado simple de las cosas, entonces podrá co-
locar ese pensamiento sobre la punta de una aguja que
llevaba casualmente consigo ese día. ¡Algunos ya me es-
tán preguntando para qué sirve eso! Bueno, no se puede
atender a todo el mundo. Aunque se dividiera el tiempo
del que dispone la humanidad en su conjunto, de inicio
a fin -brrr, un temblorcito-, en fracciones muy pero muy
pequeñas, igual no alcanzaría para atender a la inmensa
cantidad de gente que no está dispuesta a entender ni piz-
ca.
 Pero volvemos a la aguja. Bullen, se ordenan, precipitan,
mutan, observan, tiemblan allí esos inquietos, mientras se
multiplican. Una vez que el faquir ha producido una can-
tidad suficiente de pensamientos a partir del primer pensa-
miento, y, mediante otro pase magistral los ha transforma-
do en el sistema celular de un organismo, hace descender
con sumo cuidado la aguja -sostenida por sus largos e in-
teligentísimos dedos- hasta el suelo. Una vaca, en efecto,
se baja y sale andando. ¿Un poquito confundida? Sí, pue-
de ser, pero obsérvese también cómo menea el rabo.



 EL ENCARGADO DE LA CORRESPONDENCIA
REAL

 Siguen llegando cartas al Reino, a pesar de que el Empe-
rador y la Emperatriz han sido desprolijamente asesinados,
y de que la Corte ha abdicado en pleno al día siguiente.
 Sé que les costará creerme, pero es así: seguirán llegando
durante un buen tiempo. ¿Nostalgia? ¿Falta de instinto de
realidad? ¿Moradores de lugares demasiado remotos del
Reino? Vaya uno a saber (no es mi asunto). He ejercido
mi ocupación de secretario-encargado de la correspon-
dencia Real en 4 naciones y siempre pasa lo mismo. Sim-
plemente siguen llegando, aunque es cierto que con el pro-
greso del tiempo -¿es verdad que el tiempo progresa?- su
número y, debo decirlo, su volumen, van mermando. Esa
situación ya repetida siempre me lleva a pensar en cuál
será la última carta. Por falta de tiempo -muchas son en
realidad mis tareas- es la única que leo.
 Eso me recuerda un juego de naipes, actividad en la que,
lo digo sin falsa modestia, me he destacado, y que en el
fondo explica por qué diversos reyes y algún emperador
han considerado que dispongo de sobrada aptitud para el
importante cargo de secretario-encargado de la correspon-
decia del Reino que sea. La partida esa noche... (sigue una
minuciosa descripción del salón principal; la fecha celebra-
da y la historia de la misma; la música que la orquesta real
ejecutaba en el momento culminante de la partida; el tipo
de vestimenta de las damas de la corte; los títulos y las ca-
racterísticas de los notables participantes de la partida, etc.,
etc.)
 El relato, entretanto, concluye así:
 Al salir, la lluvia pellizcaba el agua ya caída. Me di cuen-
ta en ese instante de que no recordaba haber visto llover 
en mi infancia. Por supuesto que habría llovido muchísi-
mas veces, pero yo no recordaba ver llover de chico. Ni
una sola vez. ¿No es extraordinario? Como solía decir
mi padre: "La mayoría de las veces lo que suena raro es
raro."

sábado, 3 de noviembre de 2018

POEMAS DE MARGARET ATWOOD




 SUEÑO 2: BRIAN EL CAZADOR-EMBOSCADO

 El hombre que vi en el bosque
 solía venir a nuestra casa
 cada mañana, nunca decía nada;
 después supe por los vecinos
 que una vez intentó cortarse el cuello.

 Lo encontré al final del sendero
 sentado sobre un árbol caído
 limpiando su arma.

 No había viento;
 alrededor nuestro las hojas crujían.

 Me dijo:
 mato porque debo hacerlo

 pero cada vez que apunto, siento
 que mi piel se torna pelaje
 mi cabeza se carga con astas
 y durante el estirado instante
 en el que la bala planea en su hilo de velocidad
 mi alma corre inocente como cascos.

 ¿Es justo Dios con sus criaturas?

 Muero más a menudo que muchos.

 Miró hacia arriba y vi
 la blanca cicatriz trazada por el cuchillo de caza
 alrededor de su cuello.

 Cuando desperté
 me acordé: él se había ido
 hacía veinte años y no se sabía más nada.



 MUERTE DE UN HIJO JOVEN POR INMERSIÓN

 Él, que había navegado exitosamente
 el peligroso río de su propio nacimiento
 partió una vez más

 en un viaje de descubrimiento
 hacia la tierra en la que yo flotaba
 pero que no podía ni tocar ni reclamar.

 Sus pies resbalaron en la orilla,
 las corrientes se lo llevaron;
 se revolvió con hielo y árboles en el río crecido

 y se sumergió en regiones distantes,
 su cabeza una batisfera;
 a través de las finas burbujas de cristal de sus ojos

 miró, temerario aventurero
 en un paisaje más extraño que Urano
 en el que todos hemos estado y algunos recuerdan.

 Hubo un accidente; el aire se trabó,
 él colgaba del río como un corazón.
 Ellos devolvieron el cuerpo inundado,
 mojón de mis planes y futuros mapas,
 con postes y ganchos
 de entre el empuje de los troncos.

 Era primavera, el sol seguía brillando, el pasto nuevo
 saltó a la solidez;
 mis manos relucientes de detalles.

 Después del largo viaje estaba cansada de las olas.
 Mi pie tocó roca. Las velas soñadas
 colapsaron, hechas trapo.

      Lo planté en este condado
      como a una bandera.



 ELEGÍA PARA LAS TORTUGAS GIGANTES

 Deja que otros recen por la paloma pasajera,
 el dodo, la grulla gritona, el esquimal:
 cada uno debe especializarse 

 me confinaré a mí misma a la meditación
 acerca de las tortugas gigantes
 marchitándose finalmente en una isla remota.

 Me concentro en estaciones de subte,
 en parques, no logro verlos del todo,
 se mueven hacia la periferia de mis ojos

 pero en el último día estarán allí;
 ya el evento
 como una ola que viaja da forma a la visión;

 en el camino en el que estoy se materializarán,
 caminando lentamente en una fila rezagada
 incómoda sin agua

 sus pequeñas cabezas sopesando
 de lado a lado, su inútil armadura
 más triste que los tanques y la historia,

 en su cerrada mirada océano y luz solar paralizados,
 subiendo pesadamente los escalones, bajo las arcadas
 hacia los cuadrados altares de cristal

 donde se guardan los dioses precarios,
 las reliquias de lo que hemos destruido,
 nuestros sagrados y obsoletos símbolos.




 DAGUERROTIPO TOMADO EN LA VEJEZ

 Sé que cambio
 he cambiado

 pero de quién es esta insulsa cara
 deshuesada y vasta, rotunda
 suspendida en papel vacío
 como en un telescopio

 la luna granular

 me levanto de mi silla
 tironeando contra la gravedad
 me voy
 y salgo al jardín
 doy vueltas alrededor de los vegetales,
 mi cabeza pesada
 reflejando el sol
 en sombras de los barrancos agujereados
 cortados en mis mejillas, las cuencas-
 de mis ojos 2 cráteres

 entre los senderos
 orbito
 los manzanos
 blancas blancas estrellas
 giratorias a mi alrededor

 estoy siendo
 consumida por la luz




 MORADA

 El matrimonio no es
 una casa o siquiera una carpa

 es anterior a eso, y más frío:

 la orilla del bosque, la orilla
 del desierto
                    los escalones sin pintar
 al fondo donde nos acuclillamos
 afuera, comiendo pochoclo

 la orilla del glaciar que retrocede

 donde dolorosamente y con asombro
 de haber sobrevivido todavía
 hasta acá

 estamos aprendiendo a hacer fuego



Margaret Eleonor Atwood nació en Ottawa, Canadá,
el 18 de noviembre de 1939.

FUENTE

Aliki Barnstone and Willis Barnstone (Eds.). A Book
of Women Poets from Antiquity to Now. Schocken
Books, 1992.



viernes, 26 de octubre de 2018

UN HOMENAJE A HORACIO CARDO

                         


                                   Horacio Fidel Cardo

 Nos hicimos amigos en el colegio primario. Y, además,
éramos vecinos. Vivíamos a menos de una cuadra de dis-
tancia, gracias a que una familia inglesa nos permitía pa-
sar por su casa para acortar camino. Compartimos infini-
dad de momentos. Nos 'salvamos´el uno al otro, no sólo
acompañándonos, sino inventando juegos en forma per-
manente, compartiendo y potenciando nuestra imagina-
ción. Transformábamos la realidad en juego e invención.
Lo hacíamos hasta el punto en que se perdían los límites
entre ambos territorios. Esa característica nos unía y en
cierta forma nos aislaba. Sólo durante un tiempo, ya en-
tre los 12 y 13 años, tuvimos un tercer amigo. Fundamen-
tal, por ejemplo, para poder armar nuestros torneos de
fútbol, que era un metegolentra con un solo arco. Tuvi-
mos la enorme fortuna -nunca volveríamos a ser tan ri-
cos- de que el fondo de su casa estaba abierto a un amplio
terreno del ferrocarril que podíamos usar como propio. Y
lo usamos: fue campo de guerra (la segunda guerra mun-
dial transcurrió en buena medida en ese reducto); mar de
piratas (Sandokán estaba en su cima en ese entonces);
pueblo de cowboys (Horacio tenía una notable habilidad
manual y construía saloons precarios, pero de puertas ba-
tientes, que en pocos días, y en un arrebato, destruía para
mi total sorpresa y desazón); sudoeste norteamericano,
con sus casacas azules (él) y sus indios apaches (yo) en la
colina del fondo. El cine nos tenía cautivados y era la era
dorada de Hollywood. A veces veíamos tres películas se-
guidas. Entrábamos al cine a las 3 de la tarde y salíamos
a las 8 de la noche.
 Fuimos compadres de ajedrez, tenis, fútbol, balero, figu-
ritas, billar, bolitas, fuerte con soldados de plomo (algu-
nos de ellos sin cabeza), ping pong (no se lo llamaba por
entonces 'tenis de mesa'), paddle, paleta, go, patinaje so-
bre ruedas (eran de 4 ruedas y patinábamos sobre las ca-
lles asfaltadas y cortadas, con un mínimo de tráfico), bi-
cicleta (por supuesto) y muchos juegos más.
 Todo estaba teñido por la imaginación. Cuando jugába-
mos al billar, por ejemplo, era por el campeonato mundial.
(Nunca menos). Él era el Cibernético Segovia y yo era el
Alacrán Torres. También el ajedrez era, por supuesto, por
el campeonato mundial. Él era Spassky, yo era Bobby Fis-
cher. Pero en una ocasión en la que yo presenté a mi juga-
dor como Fischer, él me dijo que el suyo era Kid Tacho. Si 
yo ganaba, no le ganaba a nadie, pero si ganaba él, era un
triunfo sensacional.
 Devorábamos las revistas mexicanas. Después la Colec-
ción Robin Hood. Después las novelas de cowboys -y algu-
nas policiales. 
 Éramos, no hace falta decirlo, expertos en toda clase de go-
losinas. 
 Los días de Carnaval eran una fiesta inolvidable: se arma-
ban batallas de agua entre varones y chicas en el barrio, y
esos juegos, aun en la pubertad y primera adolescencia, que
en aquellos tiempos eran muchísimo más tardías (y breves)
que las actuales, ya estaban intensamente erotizados. 



 Esos años sembraron tantas semillas entre nosotros que ya
nunca dejamos de ser amigos. Aun cuando pensáramos o
sintiéramos de maneras muy diversas.
 De todos modos, seguimos siempre cerca.
 En determinado momento, Horacio, que ya era un dibujan-
te de gran talento, se fue a vivir a Estados Unidos durante
9 años. 
 Mi madre (y yo mismo) habíamos nacido ahí, y las histo-
rias relatadas en mi casa, además de algún viaje de mi ma-
dre a cuyo regreso brotaban las maravillas que había traido
de regalo, deben de haber incidido en el deseo de Horacio.
 En Nueva York tuvo un éxito notable. Publicó muchísimos
trabajos de ilustración en el New York Times (en ese mo-
mento el diario más importante del mundo) y en muchos
otros medios, de Estados Unidos y de otros lugares.
 Horacio siempre fue un tipo apasionado. Su gran inteligen-
cia permitió que pudiera hacer con su pasión otra cosa que 
puros desastres. Lleno de energía, obtuvo una capacidad
de trabajo notable.
Además adquirió una capacidad irónica sorprendente. En 
muchos casos para burlarse de sí mismo. Pero su tempera-
mento lo desbordaba a menudo, repercutiendo en su salud 
física.
 No lo han limitado ni la vergüenza ni la necesidad de apro
bación. Fue incorrecto en muchos sentidos. Su lista de recha-
zos se hizo larguísima, por ejemplo. Pensaba lo que pensaba
y no lo que había que pensar. 
 Esa cuestión tenía su lado divertido y su lado duro.
 De gran coraje físico, enfrentaba sus temores, se iba a vi-
vir a otro país, nadaba mar afuera en mares desconocidos.
Sostenía sus ideas en medios adversos, como la misma re-
dacción del diario en el cual trabajó durante casi 40 años.
 Un hombre leal, aunque arbitrario al extremo. Un artista
excepcional, con una creatividad asombrosa y una mano
única para el dibujo. Siempre estaba creando cosas en su
cabeza. Produjo una obra impresionante.
 Algo más que quisiera contar acá, en medio del desorden
en el que me encuentro: Horacio es muy querido por mucha
gente. Admirado, por supuesto, pero también muy querido.
Y eso a pesar, diría yo, de su temperamento irascible, de
su fortísimo carácter. Pero su madera noble lo hizo muy
querible. 
 Tuvo cinco hijos que recibieron de él, pero que también lo 
bancaron siempre. Y no ha sido una tarea fácil.
 Una parte importantísima de mi vida. Siempre le estuve y
le voy a estar agradecido por haber podido compartir con
él desde muy chicos cosas que estoy seguro anticipaban
nuestra relación con el arte.
 De todo ese tiempo sólo me queda mi querido hermano
Ricky. Ahora él y yo somos los únicos testigos de esa cosa
imantada que son las experiencias de la infancia.
Ambos consideramos a Horacio (yo con un poco más de
razón), nuestro amigo-hermano.
 Mi relación con Horacio sólo termina con la muerte de am-
bos.


 Para conocer algo de la obra de Horacio, los invito a visitar
su página, muy recientemente renovada:

                                www.horaciocardo.com





sábado, 20 de octubre de 2018

CASA DEL FUEGO





 Casa del fuego
 infancia mil veces recorrida-
 desconocida infancia
 perdida
 en la cara oscura de la memoria-
 sin ser olvido
 ni nada

 Una calle por la cual entraba
 fulgurante
 la mañana

 Un fuego oscuro quema recuerdos
     y confesiones
           y cartas
                 en una pequeña iglesia
                          del cuerpo

 Se escuchan voces y sus murmullos
       ecos
            y gritos
               y suspiros 
 Se las siente sajar el silencio
           como pájaros
                recorriendo 
                   los cauces del viento
     
 Hay senderos nuevos
     como arroyos
        y árboles bebiendo de la tierra y del cielo
              y gruñen los jabalíes
                            en lo espeso

 Es imposible recorrer realmente
        una vida
               o conformarse sin hacerlo

 Entretanto-siempre
   sólo me reconozco en ése
               que no me reconoce
                                  en el espejo




viernes, 19 de octubre de 2018

POESÍA ORAL SERBIA: CANTOS DE MUJERES




 Estos cantos fueron recogidos entre fines del siglo XVIII
y comienzos del XIX, pero se originaron mucho antes. Per-
tenecen al tiempo tanto como a quienes los crearon. Se los
puede llamar folklóricos, pero sólo para encontrarles una 
categoría de pertenencia. Tal vez toda la verdadera litera-
tura le pertenezca al tiempo. A esa noción tan misteriosa 
que significa "lo que dura algo que es susceptible de
cambio". La historia en general, y la historia de cada uno
en particular, es ese recorrido en espiral en el que el presen-
te resignifica el pasado. Espiral que nos envuelve, transpor-
ta y consume en su fuego.
 Uno de los núcleos de este sitio de publicaciones es resca-
tar en nuestra lengua textos que provienen de otras. Y, a la
vez, preservar textos que se van perdiendo en el río invisi-
ble del tiempo.



   1.

  Allá humo, tiznado humo,
  Allá está tu puerta,
  Y huevo frito
  Y pan con manteca,
  Y los huesos de tu abuelo
  Con los cuales pincharte a vos mismo.



  2.
  
  Una chica le tiró una manzana a una nube,
  Y la nube se quedó con la manzana.
  La chica le rezó a todas las nubes:
  Hermanas nubes, devuélvanme mi manzana dorada.
  Los invitados han llegado:
  Los hermanos de mi madre y mis tíos.
  Sus caballos son salvajes como hadas de montaña.
  Cuando pisan el polvo
  El polvo no se alza.
  Cuando pisan sobre agua,
  Sus cascos no se mojan.



  3.

  El cielo está esparcido de estrellas
  Y la amplia llanura de ovejas.
  Las ovejas no tienen pastor
  Excepto por el loco Radoye
  Y éste se ha dormido.
  Su hermana Janja lo despierta:
  Levántate, loco Radoye,
  Tus ovejas se han ido por ahí.
  Déjalas, hermana, déjalas,
  Las brujas se hicieron una fiesta conmigo,
  Madre me sacó el corazón a cuchillo,
  Nuestra tía le sostenía la antorcha.



  4.
  
  El viento sopla, uno puede oler el romero silvestre,
  Parece que mi amor está viniendo.
  Si supiera de qué dirección
  Sembraría albahaca dulce en su camino,
  Y rosas rojas donde no hay camino.
  Deja que mi amor venga por su perfume,
  Por su perfume y no por la luz del día.



  5.
  
  Ara, Maro, las llanuras,
  Y siembra tus penas.
  Si la botones-de-oro crece para vos
  Marchita querido para mí.
  Si la dulce albahaca crece para vos
  Ven a mí descalzo está noche.
  Si las violetas crecen para vos,
  Nos besaremos hasta mañana.



  6.

  A la más pequeña hoja de albahaca se la oyó llorar:
  Silencioso rocío, ¿no caerías sobre mí?
  Caí sobre ti dos días seguidos,
  Pero hoy me distraje mirando
  Al hada de la montaña discutiendo con un águila.
  El hada dijo, la montaña es mía.
  El águila dijo, no, es mía.
  El hada rompió las alas del águila.
  Los aguiluchos en el nido lloraron amargamente,
  Amargamente lloraron en su dolor.
  No lloren, aguiluchos en el nido, dije yo,
  Los llevaré a la tierra de India
  Cuyo amaranto crece hasta las rodillas de los caballos,
  El trébol dulce hasta sus hombros
  Y el sol nunca se pone.
  Así los aguiluchos se consolaron.



  7.

  Dos hermanas que no tenían hermano
  Hicieron uno de seda para compartir,
  De blanca seda y de roja.
  Para su cintura usaron madera de espino,
  Ojos negros, dos piedras preciosas.
  Para las cejas sanguijuelas marinas.
  Pequeños dientes un collar de perlas.
  Lo alimentaron con azúcar y miel dulce
  Y le dijeron: ahora come y luego habla.



 FUENTE

 Charles Simic. The Horse Has Six Legs. An Anthology
of Serbian Poetry. Graywolf Press, 1992.
  

miércoles, 17 de octubre de 2018

MÁS POEMAS DE WANG WEI



 Wang Wei es, sin dudas, uno de los mayores poetas chi-
nos de todas las épocas. Vivió en el siglo VII. Practicó el 
budismo, y su arte está imbuido de él.
 Se dedicó tanto a la pintura como a la poesía. En sus ver-
sos se suele encontrar esa relación con la incidencia de la
luz. La forma de los versos utilizada por Wang Wei -y sus
contemporáneos- se conoce como shih. Son poemas que
consisten en general de series de líneas de 5 o de 7 síla-
bas, de las cuales las que son pares, riman.
 En el tiempo de Wei, que nació en Shansi y se mudó a la
capital a los 16 años, había dos estilos de shih: el ku-shih
o verso de 'estilo antiguo' y el chin-t'i, o 'verso moderno'.
Este último, paradójicamente, era más riguroso en cuanto
a las reglas que el llamado 'antiguo'. A veces se puede usar
la misma rima a lo largo del poema. El estilo de Wang Wei
oscila entre ambos. 
 Hay que señalar también que Wei fue contemporáneo de 
los dos otros grandísimos poetas chinos: Li Bai (a quien se
conocía en castellano como "Li Po") y Du Fu (a quien se
lo llamaba "Tu Fu"). Escribieron en la capital, llamada Chan-
gan, bajo el reinado del Emperador Ming Huang, cuyo go-
bierno comenzó en 713 y se extendió durante casi toda la vi-
da de estos poetas. Wang Wei murió a los 61 años de edad.
Después de su muerte Wang Jin, que por entonces era el 
primer ministro, ordenó la recolección de sus poemas. Pero
la triste noticia es que la mayoría de ellos se perdieron. Sus
pinturas corrieron peor suerte: no se ha conservado ninguna.




PARQUE DE LAS MAGNOLIAS

Las colinas del otoño sorbiendo la última luz
Pájaros volando, pareja siguiendo pareja
Brillantes verdes aquí y allá distintos
Las nieblas de la noche no tienen dónde descansar.




EL LAGO

Tocamos nuestras flautas mientras cruzamos a la orilla
                                                                             [lejana
Y el sol se está poniendo mientras despido a mis amigos
Date vuelta y mira atrás sobre el lago-
Nubes blancas enrulándose sobre las colinas azules.



OLAS DE SAUCES

 Las dos hileras de árboles perfectos
 El otoño reflejado en las claras ondulaciones
 De las aguas aledañas al foso del palacio
 Donde el viento de primavera afila el adiós.



COLINA NORTE

 Colina Norte al norte del lago
 Halcón rojo brillante entre los múltiples árboles
 Virando al río hacia el sur
 Fulgurante desapareciendo por el borde de los verdes
                                                                       [bosques.



 JARDÍN LAQUEADO

 No era un oficial arrogante ese hombre del pasado-
 Incompetente para los asuntos seculares
 El pequeño puesto que logró sólo lo obligaba
 A vagar entre árboles como esos.



 PABELLÓN DEL LAGO

 Barco iluminado para recibir al honorable invitado
 Avanzando lejos lejos sobre el lago-
 Nos asomamos al balcón y nos sentamos con nuestro vino
 Y los lotos se están abriendo por todas partes.



 CON LA CACERÍA

 Cuerdas de arco cantando en el fuerte viento
 El general caza cerca de la ciudad de Wei
 La hierba muerta - la vista del halcón es más aguda
 La nieve ida - el paso de los caballos es leve
 Pronto hemos atravesado Hsinfeng
 Y de regreso al campo Hsiliu
 Atrás, donde le hemos disparado a nuestra caza, veo
 Miles de millas de calmas nubes del anochecer.



 TRES POEMAS

 Vivo al lado del río en el puerto Meng
 Mi puerta da hacia la boca del puerto de Meng
 Naves provenientes del sur siempre están arribando-
 ¿Hay alguna carta para mí?

 *

 Recién has llegado de mi aldea
 Debes tener noticias de mi aldea-
 El ciruelo de invierno afuera de su cortinada ventana-
 Dime, ¿había florecido cuando partiste?

 *

 Veo que el ciruelo de invierno ha brotado
 Y oigo a los pájaros cantando nuevamente
 Mi corazón está enfermo de ver las hierbas primaverales
 Y me aterra que puedan crecer hasta mi puerta.



[El primero y el tercero de estos poemas deben leerse como
quejas de mujeres cuyos maridos están lejos por temas de
negocios. El segundo representa los pensamientos de ese
marido]



 OTOÑO

 Guijarros blancos en el lecho del río,
 Hojas enrojeciendo en el frío otoñal:
 Aun sin que haya una sola gota de lluvia en el sendero
 De la montaña, la ropa se humedece en ese aire tan verde.



 MONTAÑAS Y BOSQUES

 Ni un sólo rastro humano en la inmensa montaña,
 Y sin embargo vienen voces humanas de todas partes.
 Arrojando sombras sobre el musgo verde, el sol
 Trae lugares distantes al bosque.

 [Otra versión, en este caso de Vikram Seth, sólo para
mostrar la diversidad de lecturas que caben en estos poemas
aparentemente sencillos:

 Colinas desiertas, nadie a la vista-
 Tan sólo ecos de las voces de los hombres.
 En el profundo bosque una luz reflejada
 Brilla otra vez sobre el musgo azul-verde.]




 UN ADIÓS

 Nuestra despedida en estas colinas ha concluido
 El sol se pone y yo cierro mi puerta
 La primavera será verde otra vez el año que viene-
 ¿Volverá también mi buen amigo?

 [Este poema está basado en otro de Chao Yin Shih,
con particular referencia a estos versos:
 "Un príncipe anduvo vagando
 Y no regresó
 En primavera el pasto crece
 Fresco y verde."]


FUENTE




Wang Wei. Poems. (Traducción e introducción de
G.W. Robinson). Penguin Books, 1973.

El poema en la versión de Vikram Seth proviene de
Three Chinese Poets, de este autor, editado por Harper
Perennial en 1993.

miércoles, 10 de octubre de 2018

POESÍA SUFÍ -ÚLTIMA PARTE

  
   


   Esta es la tercera nota acerca de la poesía sufí. 
   Recordemos que en pocas culturas la poesía ha tenido
una valoración social tan alta. Y eso persiste hasta nues-
tros tiempos. Dentro de la poesía persa misma, es la sufí,
es decir la rama más mística del Islamismo, la que ha lo-
grado la mayor consideración. Se trata de un género que
siempre ha estado entremezclado con la música, la cali-
grafía y hasta con la arquitectura sagrada. 
 El Sufismo, por su parte, llamado tasawwuf o "purifica-
ción", al ser una disciplina mística, reniega hasta cierto
punto de su localización como perteneciente a determina-
do país, en este caso Persia. El poeta lo dice así: "Mi lu-
gar es inubicable/ mi rastro es irrastreable."
 Toda esta poesía está escrita en código. Tenemos algu-
nos elementos para guiarnos en medio de este mundo tan
diferente al nuestro, pero estoy seguro de que muy pocos
foráneos al Sufismo pueden realmente comprender la vi-
sión de la estructura de la realidad, de la condición huma-
na y del sendero espiritual que esconden estos versos.
 El místico Sufí busca ante todo y excluyentemente la in-
timidad con Dios. Un Dios que recibe diversos nombres,
"Amado", "Bienamado", "Amigo", "El Real" (al-haqq),
a los cuales se dirige el poeta- aspirante en las múltiples 
maneras de estos versos.
 Para los Sufíes el amor es la más alta forma de conocimien-
to, y la más elevada forma del amor es una clase de saber
directo, o gnôsis.
 Para ellos sólo el amor posee el poder de llevarnos más
allá de nosotros mismos, ya que uno de los fundamentos de
toda mística es revelar la ilusión del yo y trascenderla.

 En cuanto a las formas poéticas utilizadas, son tres las
más frecuentes. El Rubâ'î, o cuarteto, el Ghazal, u oda, y
el Mathnawî, o cuplé rimado. Hay otros tipos de poesía
persa, como la qasïda o elegía y el qit'a o fragmento.
 Casi todos los poetas sufíes de esta publicación utilizan
las tres primeras formas mencionadas.

 Debo volver a aclarar un tema que es controversial: los
sufíes, como el resto de los islámicos, tienen prohibido
el alcohol, por razones religiosas. Y sin embargo sus poe-
mas hablan continuamente de embriaguez y tabernas
(kharâbât). La explicación es simple: se le llama "vino"
al amor irresistible.


  SIN VOS

  Sin vos,
  no tengo ningún paraíso
  y ningún cielo -

  Ningún lago celestial,
  ninguna fuente de néctar,
  y ningún océano de vida.

  Con tu cólera,
  aún el cielo se convierte en infierno -
  pero con tu gracia,
  aún el infierno florece
  como la primavera.

  Sa'd al-Din Hamawi  (m. 1252)



  MIL OJOS

  En el amor,
  tus labios debieran permanecer silenciosos.

  Dentro del corazón,
  cocinas, hierves y ardes.

  Ya no tendrías que tener
  un sólo ojo -
  sino que
  te conviertes 
  en mil ojos.

  Ya no deberías tener 
  un sólo oído -
  sino que
  te conviertes
  en mil oídos.

  Mushtâq Isfahâni  (m. 1171)



  HABLA DE SEGUNDA MANO

  Jamás mi ídolo ha
  mostrado su rostro a nadie.

  Estos chismes que escucho
  es sólo habla vacía.

  Aún aquel 
  que está cantando tus alabanzas
  ha robado esas líneas
  de algún otro.

  Fakhr al-Din 'Iraqi  (m. 1289)



  EL DESEO DE LA AMADA

  La Amada no quiere amo alguno, ningún Señor-
  ¡Ella quiere asombro y devastación!

  Yo soy como un monje, a salvo en mi claustro -

  ¡Ella quiere que yo lo abandone todo
  y deambule por el mundo como un derviche!

  'Attar  (m. 1221)



  AQUELLO QUE TE LIBERA

  El pájaro que canta
  la canción del dolor
  es el amor.

  El mensajero calificado
  en el lenguaje
  del mundo invisible
  es el amor.

  Es el amor el que te habla,
  llamándote más allá de los límites
  de este reino creado.

  Aquello que te libera
  de tu pequeño tú mismo
  también es el amor.

  Khâqânî Shirwanî  (m. 1199)



  NO LO QUE CREÍAMOS

  El camino de la unión
  no es lo que creíamos.

  El mundo del alma
  no es lo que imaginábamos.

  La Fuente de la Vida Eterna
  está más cerca de lo que piensas.

  El Agua de la Vida
  está en esta misma casa-
  pero todavía, necesitamos beberla.

  Sadr al-Din Qunawî  (m. 1274)



  EL BRILLO DE TU PRESENCIA

  ¿Adónde te has llevado tu dulce canción?
  Regresa y tócame una tonada.

  Nunca me importaron realmente las cosas de este mundo.
  Era el brillo de tu presencia
  lo que lo colmaba de belleza.

  Hâfiz  (m. 1389)



  ADQUIERE EL ESTADO

  Si de verdad
  quieres unirte
  a la gente de visión
  debes moverte del habla
  al estado interior.

  No te convertirás en uno
  tan sólo salmodiando "Unidad"-

  Repetir la palabra azúcar
  no endulzará tu boca.

  Dârâ Shikûh  (m. 1659)



  LA BURBUJA

  Muere-
  entonces encontrarás
  la orilla eterna.

  Para alcanzar al Amigo,
  tienes que ir más allá de ti mismo.

  Un día una burbuja
  estaba pensando 
  acerca de su existencia-

  Cuando estalló,
  por fin
  se reunió
  con el mar.

  Fikri Khurâsânî  (m. 1565)



  TU AMOR

  La religión no es nada
  más que tu amor.

  La conciencia no es nada
  más que tu pensamiento.

  Si el mundo 
  trajera
  mil
  dolores,
  yo he perdido
  el conocimiento
  de tu amor.

  Sayyid Hasan Ghaznawi  (m. 1161)



  APRENDIENDO A ARDER


  El día que se encendió el fuego del amor
  el amante aprendió 
  la manera de arder
  del Amado.

  Este arder y derretirse
  es el quehacer del Amigo-

  Si la vela nunca fuese encendida,
  la polilla nunca ardería.

  Abù Sa'îd  Abi 'l-Khayr  (m. 1049)



  LA CASA DEL CORAZÓN

  La casa del corazón que permanece apagada
  por los rayos majestuosos del divino Sol
  es angosta y oscura
  como la celda de un huérfano
  alejada
  de la fiesta
  del Rey Viviente.

  Un corazón así carece de la irradiación Solar:
       Su espacio no se expande
       Sus puertas no se abren
       No hay espacio siquiera para respirar.

  Una tumba apretada es más confortable que esto-
  Así que ven, levántate de la tumba de tu corazón.

  Rùmi  (m. 1273)
  


  BARRIDO

  Al principio, el camino de tu amor
  parecía fácil.

  Pensé que alcanzaría
  tu unión
  rápidamente.

  Después de dar algunos pasos,
  descubrí
  que el camino
  es un océano.

  Cuando puse un pie en él,
  una ola me barrió.

  Awhad al-Din Kirmànì (m. 1238)



  EL CÍRCULO

  Tú eres el dolor
  y la cura
  del corazón sufriente.

  Tú eres el amante, amor,
  y Amado.

  Tú eres el centro,
  el círculo,
  el compás que une.

  Tú te mantienes lejos
  de cualquier velo.

  Hazin Lâhìjì  (m. 1766)
  



  QUEMADO

  El amor quemó
  mi alma misma.

  Aprendí a arder
  y a derretirme
  como una polilla.

  Si mis cenizas
  algún día
  debieran ser desparramadas
  en el infierno-
  entonces el infierno, como yo,
  aprendería
  cómo arder.

  Qìrì  Baghdàdì  (m. 1219)



  QUEMA LA CASA

  Adopta la vida en un monasterio-
  o adopta el fuego del amor
  y quema la casa.

  Un monje y un amante
  no pueden vivir en el mismo lugar.

  ¿No puedes enfrentar la verdad?

  Siempre puedes
  tan sólo
  cerrar tus ojos.

  Sa'dì  (m. 1292)




  PÁJAROS DE SU CIELO

  Los hombres de Su camino
  respiran desde otra alma.

  Los pájaros de Su cielo
  vuelan desde otro nido.

  No pienses
  que puedes verlos
  usando esta  visión-

  Están más allá 
  de los dos mundos
  y en otro.

  Najm al-Dìn Dàya Ràzì  (m. 1256)



  EL TESTIGO DEL AMOR

  El guerrero sagrado sale a la caza del martirio;
  pero el mártir del amor, su estación es más alta.

  ¿Cómo podrían estos dos ser lo mismo
  cuando llegue el Día del Juicio?

  El primero es matado por el enemigo.
  pero el segundo es asesinado por el Amigo.

  Abû Sa'ìd Abî 'l-Khayr  (m. 1049)



  QUIEN REALMENTE SOY

  Hazme rechazar 
  todas las cosas menos a ti.

  Déjame sin compañera,
  sin camarada,
  y sin amigo.

  Primero sácame la conciencia de mí mismo;
  entonces déjame ver quien realmente soy.

  Nashât Isfahânì  (m. 1783)

  

  EL DILEMA DEL ALMA

  Otra vez, cada día,
  transito el camino de tu amor.

  Cada noche, sin falta,
  lamento tu ausencia de nuevo.

  Mi alma carece del coraje
  de amar a alguien
  como tú-
  y mi corazón carece de la fuerza
  de abandonarte a tí también.

  'Attâr (m. 1221)



  OPORTUNIDAD PERDIDA

  Buscando la vida sin la presencia del Amigo,
  no gastaste un momento esperando a la puerta del amor.

  ¡Dios mío! ¡Siéntate y lamenta tu pérdida!

  Ese tiempo ha pasado cuando podrías haberlo vivido.

  Fakhr al-Din 'Irâqì  (m. 1289)




   FUENTE



   David and Sabrineh Fideler. Love's Alchemy. Poems
from the Sufi Tradition. New World Library, 2006.

  NOTA

La primera publicación, "Poesía persa clásica y sufí", es 
del 31 de julio de 2011.
La segunda, "Poesía persa y sufí (Segunda parte)", es del
5 de abril de 2014.