lunes, 31 de agosto de 2020

TRES TEXTOS DE DANIIL JARMS



 UN EVENTO EN LA CALLE

 Una vez un hombre saltó de un tranvía, pero tan torpemen-
te que cayó debajo de un automóvil.
 El tráfico de la calle se detuvo, y un policía trató de averi-
guar cómo había sucedido el accidente.
 El conductor estuvo explicando algo durante bastante tiem-
po, señalando con su dedo las ruedas delanteras del automó-
vil. El policía palpó las ruedas con su mano y escribió el nom-
bre de la calle en su pequeña libreta. 
 Se reunió una cantidad bastante grande de gente.
 Un hombre de ojos tenues se caía de la garita policial todo el
tiempo.
 Una mujer seguía mirando alrededor todo el tiempo a otra
 mujer, que a su vez seguía mirando todo el tiempo a la prime-
ra mujer.
 Luego la gente se dispersó y el tráfico comenzó a moverse de
nuevo.
 El ciudadano con los ojos tenues seguía cayéndose del pues-
to durante largo rato, pero al final él, también, desesperando
claramente de poder sentarse con firmeza en la garita del po-
licía, simplemente se acostó en la vereda. En ese momento
un hombre que llevaba una silla se cayó fuerte, debajo del
tranvía.
 Un policía vino de nuevo, otra vez se juntó un montón de
gente, y se detuvo el tráfico. El hombre de los ojos tenues
empezó a caerse de la garita del policía. Bueno, y entonces
todo salió bien, y hasta Ivan Semyonovich Karpov entró a un
restaurante.



   SINFONÍA No. 2

 Anton Mikhailovich escupió, dijo "Ugh", escupió de nuevo,
dijo "Ugh" otra vez, escupió de nuevo, y salió. Al diablo con
él. Mejor les cuento acerca de Ilya Pavlovich.
 Ilya Pavlovich nació en 1893 en Constantinopla. Cuando
aún era un niño pequeño, se mudaron a San Petersburgo, y ahí
se graduó de la Escuela Alemana sobre la Calle Kirochnaya.
Después tuvo un trabajo en alguna clase de negocio; después
hizo otra cosa; y cuando empezó la Revolución, emigró. Bue-
no, al diablo con él. Mejor les cuento acerca de Anna Ignatie-
vna.
 Pero no es tan fácil contarles acerca de Anna Ignatievna. En
primer lugar, no sé casi nada acerca de ella, y segundo, me aca-
bo de caer de la silla y me olvido de lo que iba a decir. Así que
mejor les cuento acerca de mí mismo.
 Soy alto, medianamente inteligente; me visto meticulosamente
y con buen gusto; no bebo, no voy a las carreras, pero me gus-
tan las damas. Y yo no les disgusto a ellas. Les gusta cuando 
salgo con ellas. Serafima Izmaylovna me invitó a su casa más
de una vez, y Zinaida Yakovlevna también dijo que siempre le
agradaba verme. Pero me pasó una cosa graciosa con Marina 
Petrovna que quiero contarles. Una cosa absolutamente común,
pero divertida. A causa mía, Marina Petrovna perdió todo el pe-
lo - pelada como la palma de tu mano. Ocurrió de esta manera:
una vez fui a ver a Marina Petrovna, y ¡bang! perdió todo el pe-
lo. Eso fue todo.



  EL COMIENZO DE UN HERMOSO DÍA (UNA SINFO-
NÍA)

 El gallo apenas había cantado cuando Timoefy saltó por la
ventana al techo y asustó a todos los pasantes que estaban en
la calle a esa hora. El campesino Khariton se detuvo, levantó
una piedra, y se la arrojó a Timofey. Timofey desapareció en
algún lado. "¡Esa es una buena!" gritó el rebaño de gente, y
Zubov corrió a toda velocidad y estrelló su cabeza contra una
pared. "¡Oh!" gritó una señora con una mejilla hinchada. Pero
Komarov la fajó a la mujer, y la mujer salió corriendo a los
gritos a través de la entrada. Fetelyushin pasó caminando y se
rió de ellos. Komarov lo encaró y dijo "¡Eh, vos bola de gra-
sa!", y le pegó a Fetelyushin en el estómago. Fetelyushin se 
reclinó contra la pared y comenzó a hipar. Romashkin escupió
desde la ventana del piso superior, tratando de darle a Fetelyu-
shin. En ese momento, no lejos de ahí, una mujer de nariz gran-
de estaba fajando a su hijo con un abrevadero. Una joven ma-
dre gordita frotaba la cara de su pequeña hija contra la pared
de ladrillos. Un pequeño perro se rompió la delgada pata y
rodó por el pavimento. Un niño pequeño comió alguna clase 
de cosa repugnante de un escupidero. En el almacén había una
larga cola para comprar azúcar. Las mujeres puteaban y se em-
pujaban unas a otras con bolsas. El peatón Khariton se embo-
rrachó con alcohol desnaturalizado y se paró enfrente de la
mujer con los pantalones desabrochados y dijo malas palabras.
 Así comienza un hermoso día de verano.


  DANIIL KHARMS o DANIIL IVÁNOVICH JARMS
nació en San Petersburgo en 1905

 Lideró un grupo literario de vanguardia posrevolucionario conocido como OBERIU (un acrónimo de las palabras rusas pa-
ra "Asociación del Arte Real (-o Verdadero)". Sus escritos fan-
tásticos o absurdistas, y su humor negro se volvieron más y más peligrosos en los tempranos años del estalinismo, y Kharms
fue desterrado a Kursk en 1932. Se vio forzado a retirarse de 
sus experimentos literarios y comenzó a escribir cuentos para niños. Pero en 1937 aún estos fueron confiscados por el régi-
men, privándolo de su medio de subsistencia.
 Finalmente fue arrestado en agosto de 1941 y asesinado en 
febrero del año siguiente. Algunas versiones refieren que mu-
rió de hambre en la cárcel.
 Ese marco de horror produce un efecto de rotación del sen-
tido aparentemente trivial de sus textos, que cobran una fuer-
za extraordinaria al ser confrontados con los hechos vividos
por el autor y la persecución sufrida a causa de estos escritos.




FUENTE

Carolyn Forché. Against Forgetting. Twentieth Century Poe-
try of Witness. W.W. Norton & Company, 1993.


Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)

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