domingo, 26 de febrero de 2012

CONEXIONES: LOS VIAJES Y LA SOLEDAD


Son conexiones que parecen hacerse por sí mismas.
¿Cuántas veces la metáfora de la vida como un viaje desde
la estación nacimiento hasta la estación "fin del recorrido"?
Siempre se dice que en el fondo estamos solos.
Que las herramientas que tenemos para no estar fatalmente
solos, son el amor y las palabras, que hacen lo que pueden.
Ni el amor llenará el hueco, que nos ahueca pero que a su
vez nos permite respirar, ni las palabras lograrán ser más
que una leve alusión a las cosas: tanto a los objetos percep-
tibles como al amplio y diverso mundo subjetivo.
Viajar, por otra parte, sostiene la ondulante fantasía de ser
otro sin dejar de ser uno mismo.
La primera anotación que registro acerca de este tema, es
una de Víctor Segalen, de su notable "Viaje al país de lo
Real".
"Conclusión de un viaje con los dos mejores amigos de la
tierra: viajar solo.
Esto último escrito como hipótesis de actitud literaria. Y
además el viajero Solo es más libre y Si en sus pensamientos
y en sus escritos."


Estar sentado en un ferrocarril, olvidarlo, vivir como en casa,
acordarse de pronto, sentir la fuerza fascinante del tren, con-
vertirse en viajero, sacar la gorra de la maleta, toparse con o-
tros viajeros de una forma más libre, más cordial, más insis-
tente, ser conducido a la meta del viaje sin merecerlo, sentir
esto de manera infantil, convertirse en el favorito de las muje-
res, estar sometido a la constante fuerza de atracción de la ven-
tanilla, posar siempre como mínimo una mano extendida en el
borde de la ventanilla. Situación de corte más nítido: olvidar
que se ha olvidado, convertirse de golpe en un niño que viaja
solo en un tren expreso y en torno al cual va apareciendo asom-
brosamente hasta en sus más ínfimos detalles, como de la mano
de un prestidigitador, el vagón que tiembla por las prisas.
Franz KAFKA. Diarios. 31 de julio de 1917.

Un día, a los veinte años, le llegó una brusca iluminación.
Se dio cuenta, por fin, de su anti-vida, y de que debía probar
el otro extremo. Ir al encuentro de la tierra a domicilio y des-
pedirse de lo modesto. Se marchó.
Henri MICHAUX. La noche se agita. Lejano interior.

Lo que verdaderamente importa a alguien -entonces por ese
alguien al que es único y está solo por escencia- es justamen-
te lo que lo hace sentir que está solo.
Paul VALERY. Monsieur Teste.

En Comale los muertos hablan, pero cada muerto está en lo
suyo, de espaldas a la pared que es el futuro, con la cara vol-
teada hacia todo el pasado acumulado y para siempre concluí-
do.
Fabienne BRADU. Ecos de Páramo.

"Soledad": qué eufemismo para encubrir un estado indigno.
Peter HANDKE. Historia del lápiz.

Un hombre tendrá un lenguaje tanto más potente cuando más
profunda sea la soledad de la cual proviene, inversamente, el
hombre sociable, el ángel de la sociabilidad, debería callar y
mirar.
Hugo von HOFMANSTHAL. Revista Hablar de Poesía.

La luz misma, a la que yo acababa de hacer el favor de encen-
derla, no quería saber nada de mí. Ardía por sí misma, como
en una habitación vacía.
Rainer M. RILKE. Cuadernos de Malte.

en cuanto había terminado los trabajos prácticos y los estu-
dios de mapas, y el curso sobre Australia del viernes a la
mañana que seguía fielmente cada semana mi único estu-
diante, cargaba mi bolsa a la espalda y partía por las rutas:
nada se hallaba tan vacante y abierto, acogiendo al cami-
nante, como las rutas de la Francia ocupada- abandonadas,
se hubiera dicho que por el efecto de un hechizo, embota-
das y soñadoras como jamás las había visto...
Julien GRACQ. Recuerdo de una ciudad desconocida.

Ella murió en silencio, imperceptiblemente, y como cumplien-
do con un plazo, según lo prescripto.
Así se va de noche el tren, envuelto en el humo silencioso de
debajo del techo de la estación. En las ventanas de los vago-
nes hay oscuridad.
Víktor SHKLOVSKI. Érase una vez.

Cuando se está viajando, uno acepta todo; la indignación se
queda en casa. Uno mira, escucha y se le despierta el entu-
siasmo por las cosas más espantosas simplemente porque
son nuevas. Los buenos viajeros son inhumanos.
Elias CANNETTI. El suplicio de las moscas.

Dormir. Dormir solo. Solo hasta en sueño. Sueños maravillosa-
mente desiertos. Bosques sin pájaros estúpidos, sin aguas susu-
rrantes. Solo como nunca, solo, ¿cómo decirlo? Limpio. Sí, eso
es: limpio del otro. Limpio como sábanas donde nadie se mue-
ve. Sábanas sin suspiros, sin aliento, sin sobresaltos. Una llanu-
ra, al fin. Una interminable llanura interior.
Louis ARAGON. Cit. por P. Sollers.

Sólo tengo una ambición: ser libre. Por ella lo he sacrificado
todo. Pero a menudo, a menudo, pienso en lo que me aportará
la libertad... ¿Qué haré, solo entre la multitud desconocida?
Fiodor DOSTOIEVSKI. Cartas a su hermano.

Yo era un nómada a quien él no había visto nunca, ni volve-
ría a ver en su vida, una persona que había irrumpido momen-
táneamente en su vida monótona, y algún impulso arrincona-
do lo invitaba a desnudar su alma. Yo he aprendido más co-
sas sobre los hombres en una noche (sentado junto a un sifón
o dos y a una botella de whisky, con el mundo hostil e inex-
plicable más allá del radio luminoso de una lámpara de ace-
tileno) que lo que podría haber aprendido tras diez años de
un trato ininterrumpido.
W. SOMERSET MAUGHAM. El caballero del salón. (Me
recuerda un comentario de J.-B. Pontalis: "Me pregunté
si acaso los pacientes del psicoanalista no eran esos des-
conocidos, esos extranjeros con los cuales -y es la parado-
ja de la situación- podía establecerse una relación más con-
fiable, más íntima, más intensa que con nuestros amigos.
Con los amigos estamos lejos de decírnoslo todo, ya sea
por miedo de herirnos mutuamente o de poner en peligro
nuestra amistad.")

 A fuerza de buscar la soledad uno acaba a veces harto de
ella.
Patrick DEVILLE. Ecuatoria.

Svolvaer. Las calles están vacías, y tras las ventanas las per-
sianas de papel bajadas. ¿Duerme la gente? Es más tarde de
la medianoche; de una vivienda sale el sonido castañeteante
de una comida; de otra, música de gramófono. Cada palabra
en voz alta que resuena por la calle hace que esta noche se
convierta en un día que no está en el calendario.
Walter BENJAMIN. Escritos autobiográficos.

No hay necesidad de que salgas de casa. Quédate en la mesa y
escucha. Ni siquiera escuches, sólo espera. Ni siquiera esperes,
quédate completamente callado y solo. El mundo se te apare-
cerá para que lo desenmascares; no puede hacer otra cosa; en
éxtasis se retorcerá ante ti.
Franz KAFKA. Diarios.

Pero últimamente ya no me cuesta renunciar al camino porque
el viaje, en el sentido en que lo ejercí durante mi larga vida -
como aproximación sensual al mundo-, ha desaparecido. Ya
no existe el viaje en el sentido de Ulises. Ahora es sólo cam-
biar de sitio.
Sandor MARAI. Diarios.

Hoy, cuando en teoría cualquiera puede viajar a cualquier si-
tio, el libro de viajes tiene otra función; el énfasis se ha despla-
zado de los lugares en sí al efecto que éstos tienen en la perso-
na. El libro de viajes se ha vuelto, por necesidad, más subjeti-
vo, más "literario".
Paul BOWLES. Días y viajes.

Un servicio de correos de tipo europeo -le escribe a Scho-
lem el 10 de mayo- existe aquí una vez a la semana, por lo
que todo invita a escribir largas cartas.
Walter BENJAMIN. En V. Valero: Experiencia y pobreza,
Walter Benjamin en Ibiza, 1932-33.

Cuando en el verano de 1968 Havel se encontró en Estados
Unidos al escritor checo Egon Hostivský, que había emigra-
do en 1948, justo después del golpe de Estado comunista,
éste le dijo que había emigrado de sí mismo.
Hasta ese punto temía lo que podría haber llegado a hacer
de haberse quedado.
Mariusz Szczygiel. Gottland.

Antes se llevaban a la página
los sucesos del día, ahora sin embargo
se habla sólo de las palabras(...)
Así pasando
de una orilla a la otra
todas las mercancías se pierden
y el viajero
olvidándose del viaje
sólo sabe hablar del peligro corrido.
Valerio MAGRELLI. Ora Serrata Retinae.

Lejos
del intercambio del amor yacer
inalcanzable dentro de una habitación
que el tráfico se aparta para dejar pasar
nos acerca más a lo que nos queda,
y difumina en la distancia todo lo que somos.
Philip LARKIN. Las bodas de Pentecostés.

Cuando queda nuestro cuerpo durmiendo, en un cuarto de
hotel, en una ciudad desconocida, tocamos el fondo de la so-
ledad.
Adolfo BIOY CASARES. Guirnalda de amores.

Solo, habiendo disuelto la ilusión de no estar más solo, solo,
no está más solo de estar solo.
René DAUMAL. La guerra santa.

Despertarse en una habitación de hotel de una ciudad extran-
jera a la que hemos llegado la víspera. Número de fracciones
de segundo y, quién sabe, número de segundos que hacen fal-
ta para situarse, salir del desarraigo en el que despertamos. Es-
toy seguro de que este breve lapso de tiempo (no hay mejor
palabra que lapso del latín lapsus) aumenta con la edad. Estoy
seguro de que ahora necesito más tiempo que hace treinta años
para reunir los hilos de mi vida. ¿Y si el "lapso" en cuestión
llegara a prolongarse? Sería pura y simplemente la locura,
irrumpir desnudo en los pasillos del hotel, aferrar a los clientes
y al personal con esta lacerante pregunta: ¿quiere decirme dón-
de estoy y qué hago aquí?
Michel TOURNIER. El vagabundo inmóvil.

¿Es bueno estar solo? Sí, lo es. Sólo que acentúa el carácter
dramático del porvenir.
Werner HERZOG. Del caminar sobre hielo (su marcha a pie
desde Munich a París)

[Acerca de viajar al sahara]
Quizá la pregunta que lógicamente cabe hacerse en este punto
sea: "Entonces, ¿para qué ir?" La respuesta es que el que ha ido
allí y experimentado el bautismo de la soledad no puede ya e-
vitar volver. Una vez que ha quedado embrujado por esta tierra
inmensa de luz y silencio, no encontrará otro lugar que posea
tanta fuerza para él; ningún otro entorno podrá proporcionar
la sensación de satisfacción suprema de existir en medio de al-
go que es absoluto. Cualquiera que sea el coste que tenga que
pagar en dinero o en comodidades, volverá, porque lo absoluto
no tiene precio.
Paul BOWLES. Cabezas verdes, manos azules.

Soledad es tener apenas el destino humano.
Clarice LISPECTOR

La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola.
Marguerite DURAS. Escribir.

El final era frío, húmedo, blanco y negro. La ciudad se fue pre-
cisando. "Y la tierra no tenía forma, y estaba vacía; y la oscuri-
dad yacía sobre la faz de las profundidades. Y el espíritu de
Dios se movió sobre la faz de las aguas", para citar a un autor
que estuvo aquí antes. Después vino aquella mañana siguiente.
Era domingo y todas las campanas repicaban.
Joseph BRODSKY. Marca de agua. [Venecia]

Si imagino, veo. ¿Qué más hago si viajo? Sólo la debilidad ex-
trema de la imaginación justifica que haya que desplazarce pa-
ra sentir.
Fernando PESSOA. Libro del desasosiego.

Richard Lee calculó que a un niño bosquimano lo transporta-
rán a lo largo de una distancia de 7.900 kilómetros antes de
que empiece a caminar por sus propios medios. Puesto que,
durante esta etapa rítmica, nombrará constantemente el con-
tenido de su territorio, será imposible que no se convierta en
poeta.
Bruce CHATWIN. Los viajes.

Tuve que hacer un enlace justísimo en Venecia y pasé los
cuatro días siguientes en el Espresso Egitto. Era una auténtica
cafetera flotante, a cargo de una tripulación que actuaba como
una comuna de insomnes condenados a aquel trayecto como
castigo por crímenes contra la humanidad.(...) La segunda no-
che me quedé en cubierta con Yusuf, el vendedor de Toyota,
que me habló de sus tres esposas y me explicó que su máxima
aspiración en la vida era vivir solo.
Douglas KENNEDY. Más allá de las pirámides.

sin companía excepto el miedo
Malcolm LOWRY

(Ananda Coomaraswamy) en cuanto cumpla los 70 años renun-
ciará a escribir, a publicar, romperá todo contacto con el mundo
y la cultura para inaugurar la última etapa que conoce la tradi-
ción hindú, vanaprastha, el retiro, el aislamiento "en la selva".
Mircea ELIADE. Fragmentos de un diario.

Nadie que me acompañe
en este trance:
anochecer en otoño.
Bashô

Estaba solo
en lo hondo del solo-solo
Benjamin PERET

Frío especial de las mañanas de viaje
Alvaro de CAMPOS (F.P.). Antología.

Laponia 1745: verano e invierno vistos en un día,
caminar a través de nubes, a la busca del fin del mundo,
el albergue nocturno del sol.
Linneo, según Hans M. Enzensberger. Mausoleo.

Verdaderamente, las mujeres y los servidores son difíciles de
llevar. Si se les admite cerca de uno, pronto dejan de ser sumi-
sos. Si se los tiene alejados, entonces están descontentos y con
odio.
Confucio, según la biografía de Soulie de Morant.

Le gustan mucho los viajes. Lo que le fastidia es cambiar de
lugar.
Jules RENARD. Diario.

Y descubrí que Conrad -sesenta años antes, en una época de
paz- había estado en todas partes antes que yo. No como de-
fensor de una causa, sino como alguien que ofrecía, como
en Nostromo, una visión de las sociedades a medio hacer
que continuamente se hacían y deshacían, en las que no ha-
bía ninguna meta y en las que siempre "algo inherente a
las necesidades de una acción exitosa (...) conllevaba la de-
gradación de la idea".
V.S. NAIPAUL. Momentos literarios.

Moverse mucho es una buena manera de postergar el día del
juicio. Yo soy más feliz cuando estoy en movimiento. Cuando
uno se ha apartado de la vida que llevaba y todavía no ha esta-
blecido otra clase de vida, es libre. Esa es una situación muy
placentera. Si uno no sabe dónde va, es todavía más libre.
Paul BOWLES. Confesiones de escritores.

CANCION PARA YUAN DANQIU
Yuan Danqiu
Amante de la inmortalidad
Al alba bebes el agua clara del río Ying
Al crepúsculo retornas a la niebla púrpura del monte Song
Recorres las treinta y seis cimas
Eterno vagar
Por estrellas y arco iris
A lomos del dragón volador, tus orejas soplan viento
Cruzas ríos y mares, llegas hasta el cielo
Sé que tu alma viajera no tiene límites
Li Po. 50 poemas.

Para describir este viaje, sería preciso el deslumbrante aparato
de un prestidigitador. Banderas, ramilletes, linternas, huevos,
pescados rojos.
Jean COCTEAU. El gran extravío.

Comenzamos nuestro viaje
de observadores de la luna
llamando a detenerse
a un barco que ascendía por el río.
SORA, acompañante de Bashô en su primer viaje.

Viajar en tren de noche [se trata de Africa] es como hacerlo
en una fundición; el sueño es imposible.
Justin CARTWRIGHT. Soñando con los masai.

Que sea otro el que viaje y vaya a explorar los remotos Iberos:
el que se queda tiene más vida; el que se va, más camino.
Claudiano (370-406). Antología de la poesía latina.

CUANDO YU-K'O PINTA
Cuando Yu-k'o pinta bambúes
Todo es bambú, nadie es gente.
¿Dije que no ve a la gente?
Tampoco se ve a sí mismo:
Absorto, bambú se vuelve,
Un bambú que crece y crece.
Ido Chuang Tzú, ¿quién otro tiene
Este poder de irse sin moverse?
Su-Tung Po. En O. Paz: Versiones y diversiones.

Hay un mundo al otro lado de la puerta, pero qué inquietante
                                                                                      [resulta
encontrarse junto al propio equipaje en un escalón frío cuando
                                                                                      [el alba
tiñe de rosa los ladrillos, y antes de tener ocasión de lamentarlo
llega el taxi haciendo sonar una vez la bocina,
deslizándose hasta la acera como un coche fúnebre- y subimos.
Derek WALCOTT. El testamento de Arkansas.

Durante 1957 recorrí más de 70.000 kilómetros. Comencé  a
viajar allá por el 30, ¿es ésta la razón por la cual la vida me ha
parecido tan interminablemente larga?
Graham GREENE. En busca...

sentía el lento viento en las mejillas, el cálido olor de la mula,
el acompasado ruido de las pezuñas sobre el camino.
Ella MAILLART. Oasis prohibidos.

DE REGRESO DE BUCAREST
Vuelvo tras diez días apenas y ella alegre
por primera vez ella nada
turbada desde el otro
extremo del
hilo

me cuenta en seguida la infinita
cantidad de cosas que ha hecho
mientras he estado
tan lejano y callado tan
separado

Pero, ¿no sera éso lo que querías? - me digo entretanto-
Cuando al poco reaparecieses en un sueño
suyo -en caso de que así
sea alguna vez -a tocarle tímido
una mano

¿qué mejor cosa podrías desear sino que ella pronunciara
sonriente a flor de labios -como hace un
instante- sólo su plácido un poco
distraído ah
eres tú?
Valery LARBAUD. Los diarios de A.O. Barnabooth.

Quería viajar, y sobre todo quería parecerme a los héroes de
las novelas de aventuras... Después me convertí en novelista.
La literatura es la única salida para quienes sólo pueden vivir
anormalmente.
Wolfgang KOEPPEN. Cit. en Hoteles literarios.
[El camino inverso al de Rimbaud, que cumple el mito del
escritor que se pierde definitivamente en el mundo. En su
poema dedicado al joven Arthur, dice W.H. Auden:
"Ahora, galopando a través de Africa, soñó
Con una nueva identidad, un hijo, un ingeniero,
Su verdad aceptable para la mentirosa humanidad".]

Riéndonos de Lalla, porque Lalla casi se ahoga también. Ve-
rán, fue atrapada por una corriente y en lugar de luchar con
ella sencillamente se relajó y fue con ella mar afuera y even-
tualmente regresó en un semi-círculo. Dice que pasó cerca de
barcos.
Michael ONDAATJE. Running in the family.

Los que viajan cambian de cielo, no de alma.
LUCRECIO. Cit. en L-J . Calvet: Roland Barthes, una biografía.

en realidad, iba pensándolo desde que el autobús salió de Mu-
ssoorie. Era por la felicidad que siempre me invadió en el Hi-
malaya, una especie de júbilo interior que al momento disipó
las tensiones de los últimos días, que parecieron pasar a formar
parte de otra vida carente de verdadera realidad o significación.
Pankaj MISHRA. Los románticos.

Los viajeros en el país Dankalí conducidos por los Issas son
atacados por los dankiles, mientras que si son conducidos por
los dankiles serán atacados por los issas.
Jules BORELLI. Cit. por I. Rimbaud, en 'Mi hermano Arthur'.
[Dankalí -singular, daanakil- es despreciativo. Ellos se llaman
Afares y pertenece a la etnia cuchítica. Etiopía/ Djibuti. Bryce
Etchenique. Crónicas]

Si no viajas solo, en cualquier viaje estás con extraños.
Cees NOOTEBOOM. La historia...

otra obsesión que había tenido mucho tiempo: la de un herma-
no gemelo que había hecho conmigo aquel viaje interminable
y que, sin moverse, se había sentado en el rincón de la ventana
del compartimiento, mirando fijamente a la oscuridad.
Winfried G. SEBALD. Austerlitz.

Último atardecer griego en La Canea.
Maró:
-Qué hermoso viaje podríamos haber hecho en este barco...

Pero el verdadero viaje es éste; no conoces el destino, no sabes
si llegarás.
Yorgos SEFERIS. Días 1925-1968.

Desde ayer el tren se hace inmenso
porque mañana te marchas.
Nikíforos BRETTACOS. Ant. poesía griega siglo XX, edic.
de R. Kappatos y C. Montemayor.

Las mujeres, sin la compañía de los hombres, se marchitan;
los hombres, sin la compañía de las mujeres, se idiotizan.
Anton CHÉJOV. Cuaderno de notas.

Con tristeza contaré esto
en algún sitio de aquí a muchos, muchos años:
dos caminos divergían en un bosque, y yo-
tomé el menos trillado,
y en eso ha estado toda la diferencia.
Robert FROST. Poemas.


Soledad, madre mía, cuéntame otra vez mi vida.
Oscar W. de Lubicz MILOSZ. Cit. por Ch. Simic en 'Alquimia
de tendajón'

Al parecer aprendemos algo del arte cuando experimentamos
aquello que la palabra soledad pretende designar.
Maurice BLANCHOT

se escribe para poblar el desierto; para no estar más solos en
la voluntad de estar solos; para distraerse de la tentación de la
nada o al menos para prorrogarla.
Gesualdo BUFALINO. Las razones de la escritura.

Lo único común estre St. G. y Piran: tanto la iglesia de allí
como el baptisterio de aquí tienen vallas románicas -sólo que
la valla de Piran se dirige hacia el este, no hacia el oeste, co-
mo ocurre con la valla de lirios de mi país.
Peter HANDKE. Ayer, de camino.

SENTADO, SOLO, EN LA MONTAÑA JIN TANG
Los pájaros se han ido, volando en bandadas
Se aleja, lentamente, una nube solitaria
Mirarnos el uno al otro no nos cansa
Solos tu y yo, montaña Jin Tang.
LI BO. 50 poemas.

¡Extraño, andar en la neblina!
vivir es estar solitario.
Ningún hombre conoce al otro.
Cada uno está solo.
Herman HESSE. Antología del poema traducido.

Si se quiere llegar al final, hay que desaparecer, sufrir la so-
ledad, sufrirla dulcemente, renunciar a ser reconocido.
Federico NIETZSCHE. Cit. por Kristeva.

Te encaminas allí, directamente hacia la soledad.
Yo, no, tengo los libros.
Marguerite DURAS. Esto es todo.

Cien leguas de escarcha
y en el barco yo solo
poseo la luna.
BUSON. Haikus inmortales.

La única experiencia profunda es la que se hace en soledad.
Emile CIORAN. Conversaciones con E. Cioran.

La soledad me deprimía en el restaurant en el que había bus-
cado en vano un rostro familiar, y ordené un bife con manteca
de ajo. El espléndido plato atemperó mi melancolía y el ajo
hizo que mi sentimiento de desolación se evaporara; el sabor
me siguió durante el resto del día y cuando me sumergí a la
noche en mi fresca cama, aún tenía companía, que una y otra
vez me hacía sentir su presencia.
Kjell HJERN. The Forest of Childhood.

Desarraigarse una vez es seguir para siempre en la carretera.
Nirad CHAUDURI. Cit. por Buruma.

La soledad verdadera, es decir sufrida, lleva consigo el deseo
de matar.
Cesare PAVESE. El oficio de vivir.

La misantropía siempre ataca un poco al cerebro.
Robert WALSER. Jakov von Gunten.

Necesitaba su soledad a modo de desamparo.
Elías CANETTI. El otro proceso de Kafka.

Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
Alberto CAEIRO (F.P.) Poemas

Tiene suerte: no se le ve la soledad.
Peter HANDKE. El peso del mundo.

Muy, muy pocas veces he conseguido transgredir esa frontera
entre la soledad y la sociedad; hasta he llegado a establecerme
más firmemente en esa frontera que en la soledad misma.
Fran KAFKA. Diarios.

Toda persona sola está un poco loca.
Adolfo BIOY CASARES. En viaje.

Cuando vives solo, acabas obsesionándote por los detalles -ho-
rarios de trenes, vuelos, reservas de restaurantes, libros sacados
de la biblioteca que te olvidaste de devolver a su debido tiempo
y muchas cosas más. Tal vez sea porque al ahorrarte las trivia-
lidades de la vida familiar, necesitas algo en qué emplear ese
excedente de energía.
Justin CARTWRIGHT. Míralo de esta manera.

Al viaje circular, tradicional, clásico, edípico y conservador
de Joyce, cuyo Ulises vuelve a casa, le releva el viaje rectilí-
neo, nietzscheano de los personajes de Musil, un viaje que
procede siempre hacia delante, hacia un malvado infinito,
como una recta que avanza titubeando en la nada.
Claudio MAGRIS. El infinito viajar.

Tomó un pequeño bocado de su sándwich y cambió de posi-
ción para que quedásemos una al lado de la otra, ambas vuel-
tas en la misma dirección. Al apartar su mirada de la mía, me
liberó, igual que uno se siente libre de decir verdades en un
coche durante un largo viaje nocturno.
Helen GARNER. La habitación de invitados.

Cuando me marché de Ottawa me pregunté: ¿A quién voy a
decirle adiós?, y no se me ocurría nadie. Algunos me saludan
con sonrisas sinceras, pero pasan años de mi ausencia sin que
se den cuenta, y mi conversación les parece protesta.
Elizabeth SMART. En Grand Central Station me senté y lloré.

El propio Pound respondió en alguna ocasión que estaba en
el infierno. ¿Qué infierno?, pregunta el otro. Pound señala
entonces su corazón y dice: "Aquí, aquí".
Como una hormiga solitaria fuera de su hormiguero destruido
surgido del naufragio de Europa, ego scriptor.
Philippe SOLLERS. Diccionario del amante de Venecia.

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