sábado, 29 de diciembre de 2012
SERIE DE LOS 20: LOS DIARIOS DE ROBERT MUSIL
No hace mucho iniciamos esta serie, denominada "de los
20".
La cifra se refiere al número de entradas que haremos en
cada tema. En los tiempos que corren como una cinta trans-
portadora -"el que quiera, y que se anime, que se baje", pare-
ce cantar la inépica época- miramos lo que alcanzamos a ver
al paso.
Al paso acelerado de la cinta.
Es inútil quejarse, se pertenece a la época en la que se vive
como se pertenece a una familia. Quiere decir que si bien no
se trata de algo inexorable, porque es posible aislarse de la
época y se puede renegar de la familia, estas dos circunstan-
cias no se realizan sin pagar un cierto costo. Nadie podría
precisar cuál es el valor de ese costo: tiene, en efecto, algo
de 'caro' y algo de coraje. Es una decisión sin retorno.
Pocos la toman. Tal vez escribimos para esos pocos, aún
sin estar seguros de pertenecer a su dispersa tribu.
Tampoco eran buenas las épocas reflejadas por Musil en
sus Diarios. De hecho, protagonizó como combatiente la
Primera Guerra Mundial y padeció la llegada al poder de
Hitler y buena parte de la Segunda (y según él, más cruen-
ta) Guerra, durante la cual murió de un infarto a los 62
años.
20 ENTRADAS A LOS DIARIOS (1899-1942) DE RO-
BERT MUSIL
Esta obra reúne dos monumentalidades: la de los Diarios de
este escritor-pensador nacido en Klangefort, Austria en 1880,
y la de su traducción, por Elisa Renau Piqueras, con la revi-
sión de Jacobo Muñoz Veiga, junto a la edición en dos tomos,
tapa dura y caja, que hiciera la Diputació Provincial de Valen-
cia, con el nombre de Edicions Alfons el Magnànim, en 1994.
1.
La visitó tras esa noche, la más deliciosa de su vida. Buscó
alguna huella de la víspera en sus ojos. Eran grandes y redon-
dos, de una cálida humedad. Él le rogó: "Llora". Y ella lloró.
Al poco tiempo, él se puso a llorar con ella. Porque tenía ga-
nas de hacerlo. Luego, se sintieron cansados y débiles. Ambos
probaron así una forma de amor mucho más tierna. Pero él ha-
bía hecho un descubrimiento. Éste.
[Un poco más adelante] Llorar. Una prqueña inversión. ¿Qué
pasaría si los hombres decidieran llorar para expresar su ale-
gría (dejando a un lado las habituales lágrimas de alegría)?
¿Qué aspecto tendrían aquellos que lo lograran? En cualquier
caso, habría que servirse del llanto y de la risa como de una
dieta.
2.
Se dice que los sentimientos son lo único evidente que hay
en nosotros. En parte es cierto, puesto que es evidente que
sentimos. Que yo "siento" "algo" cuando, por ejemplo, estoy
celoso es evidente, pero no es tan evidente que sean "celos"
lo que yo siento. Eso descansa sobre representaciones, que
pueden extenderse hasta el idealismo onírico. Cada uno de
esos sentimientos remite a un punto único, singular, fijo, de
mi interior al que, sin embargo, no consigo acercarme y, en
última instancia, a un oscilar allá arriba, en el espacio vacío.
3.
[Tres citas de Thomas Mann]
"La felicidad del escritor es el pensamiento capaz de conver-
tirse por completo en sentimiento, es el sentimiento capaz de
convertirse por completo en pensamiento" T. M. La muerte
en Venecia.
"...Todo lo meramente dicho está condicionado y es impugna-
ble... única y exclusivamente la configuración es inatacable,
esa soberbia superioridad del arte sobre lo puramente intelec-
tual reside en su polisemia llena de vitalidad, en su profunda
falta de compromiso, en su libertad espiritual." Mann, Apolí-
tico.
Turgueniev: "Siempre tengo la impresión de que sobre todo
cuanto digo se podría afirmar con igual razón justamente lo
contrario. Sin embargo, si hablo de una nariz roja y de cabe-
llos rubios, los cabellos son rubios y la nariz roja". Mann,
Apolítico.
4.
... se trata de algo importante y al mismo tiempo muy sen-
cillo: los personajes de los libros no estan vivos y el autor no
está vivo. Están por completo a merced de mi arbitrio y ese
odio primario que existe entre los vivos está excluido; están
por completo inmersos en un ambiente de simpatía. (Se pue-
de uno "entregar" a ellos, mientras que en la vida real nos man-
tenemos al margen) Una razón que explica por qué nos resul-
tan tan deslumbrantes cuando los amamos. Sin embargo, el
odio contra un libro no es más que el odio usual que se siente
contra las personas y los pensamientos.
5.
[Inicio del 1er cuaderno, entre 1899 y 1904, aún no está es-
tablecido] Yo vivo en las regiones polares; cuando me asomo
a la ventana no veo más que blancas superficies tranquilas que
sirven de pedestal a la noche. Hay en torno mío un aislamiento
orgánico, es como si yaciera bajo una capa de hielo de 100 me-
tros de espesor. Un cobertor como éste procura a los ojos de
quien yace tan confortablemente enterrado esa perspectiva que
sólo conoce quien ha colocado sobre sus ojos más de 100 me-
tros de hielo.
6.
En Essays, I, dice Emerson: El hombre no se pertenece a sí
mismo más que a medias -la otra mitad es expresión. Pues to-
dos los hombres aspiran, en su precariedad anímica, a la ex-
presión. En el amor, en el arte, en la codicia, en la política, en
el trabajo y en el juego, tratamos de expresar nuestro penoso
secreto.
7.
Las ventanas tras la puesta del sol. Es como si estuvieran
forradas (por dentro) con papel dorado, que en algunas ven-
tanas se ha estropeado y ondulado; otras parecen cubiertas
de papel de estraza. Pero las ventanas entreabiertas parecen
hechas de oropel desgarrado y convertido en flecos. Más tar-
de, todo se vuelve pálido, exangüe.
8.
Siempre se cree que cuando uno está ante la muerte goza
más profundamente de la vida, la bebe a grandes sorbos. Eso
es lo que cuentan los poetas. No es así. Simplemente se sien-
te uno liberado de una ligadura, como de una rodilla anquilo-
sada o de una mochila demasiado pesada. De esa ligadura
que supone el deseo de querer estar vivo, del horror ante la
muerte. Uno ya no se siente atado. Se es libre. Es la sensa-
ción de ser el propio amo.
9a.
Mujer que envejece: Su reacción: Te lo he dado todo, tú
me has utilizado y ahora estoy aquí, abandonada, es perfec-
tamente legítimo. Ella ha dilapidado sus esperanzas, sus ex-
pectativas, y sus fantasías eróticas. Se ha empobrecido hasta
el límite, mientras que el hombre envejece aneróticamente a
la vida.
(...)
9b.
Amor: Qué extraño que nosotros dos seamos tan diferen-
tes a los demás: expresión típica. El más fuerte de los dos,
al enamorarse de otro ser, cambia repentinamente y por com-
pleto de acuerdo con éste.
10.
Yo tenía ya unos 18 o 19 años cuando, durante un verano
junto al Wörthersee, tuve la siguiente experiencia. Me hallaba
sobre el trampolín de la escuela masculina de natación, mien-
tras que mi madre se encontraba en el extremo del trampolín
en la piscina para señoras contigua y contemplaba el lago.
Llevaba un albornoz y ya había tomado el baño. No había
advertido mi presencia. Con un gesto maquinal, se abrió el
albornoz para sujetarlo de otra manera y durante unos instan-
tes la vi desnuda. Ella debía tener por entonces un poco más
de cuarenta años, era muy blanca, y llena y bien formada. A
pesar de que ese acontecimiento me ha llenado hasta hoy de
una cierta admiración, todavía me resulta más vívido el sen-
timiento de vergüenza, y creo que de cólera y espanto, que
experimenté entonces.
11.
En el futuro, colocarme al escribir solamente en el lugar
de un personaje secundario, de un espectador. En la novela
me he situado en el centro, aunque no me describa a mí mis-
mo, eso dificulta la "fabulación"; es muy posible que todo
dependa realmente de esta actitud de principio. Así, pues,
al inventar una historia, colocarse desde el comienzo en el
papel de un observador. Lo anoto aquí, porque es probable
que tenga importancia para la comprensión de todo el pro-
ceso.
12.
Carlyle: Goering: No sé si lo he anotado, y lo repito
ahora de memoria: el honor de que se goza está en relación
con el poder que se detenta. Aquel que carece de defensa,
carece también de honor.
Goebbels: Se dice (allí donde se nos calumnia) que
entre nosotros no se ejerce la crítica. ¡Muy al contrario!
Lo que ocurre es que entre nosotros el que critica es el supe-
rior, no el subordinado. (Discurso.)
[ Nota: Musil llamaba Carlyle a Hitler, en aquellos peligro-
sos tiempos.
Poco después del incendio del Reichstag -provocado por los
nazis para acceder al poder- escribe RM: "Todos los derechos
fundamentales han sido marginados sin que nadie se haya in-
dignado violentamente... Lo aceptan como el mal tiempo... Se
podía uno sentir profundamente desilusionado, pero es más
correcto extraer la conclusión de que todo lo que se ha supri-
mido eran cosas que no tenían demasiada importancia para
la gente."
Y poco después acerca de "Carlyle": "Nosotros, los alemanes,
hemos producido los mayores moralistas de la segunda mitad
del siglo pasado [se refiere a su muy admirado Nietzsche] ¿y
ahora producimos la mayor de las aberraciones morales que
se han visto en la era cristiana? Es que somos desmesurados
desde todos los puntos de vista."]
13.
A pesar de que no he leído tan bien como ayer mi texto so-
bre la "estupidez", he podido darme cuenta perfectamente de
sus defectos y de los míos. Tal vez se podría expresar del mo-
do siguiente: a todas mis obras les falta decir esto: Debes es-
cucharme. Nacidas de una rigurosa necesidad interior, care-
cen de todo elemento apelativo; la voluntad, fuerte en lo par-
ticular (la creación) es, en conjunto, débil (comunicación);
también se podría decir que esta elaboración cuidadosa no
encuentra el gesto total. O bien, que me atasco en el esfuer-
zo de pensar y dejo de lado la aplicación. Mi espíritu es de-
masiado poco práctico.
14.
Ignoro para qué vivimos, podría decir. Lo que seduce a o-
tros, no me seduce a mí. Desde la infancia. Con muy pocas
excepciones. Así es el hombre sin alegría, "sin apetitos".
De acuerdo con las tendencias dominantes de la psicología,
¿no sería de esperar que tratara de procurarme placer a tra-
vés de la escritura? Y, sin embargo, tampoco escribo por
placer, sino por pasión. Es posible que sea necesario amar
la vida para escribir con facilidad. Tendría, pues, que sedu-
cirme y llevarme así, mediante un rodeo, a la realización
por la escritura. ¿De qué especie es el hombre que no está
ahí para nada?
15.
Espárragos crudos, sueltos: esos óvalos ligeramente defor-
mados. Esos falos planos o muy torcidos, enhiestos en la
punta. Con corazas de escamas triangulares. (Rejuveneci-
dos. Más tiernos.) Violetas tonos carnales. Tallos duros.
Contemplados por dos amigas.
16. [Selección de una larga nota en la que Musil expresa sus
ideas estético-literarias]
Desde mi juventud he considerado la estética como una é-
tica.
No saber lo que se quiere, como principio creativo.
El grado necesario de indiferencia social.
Arte = expresar algo con amor. Pero, ¿qué es lo que hemos
de amar?
Arte a expensas del carácter.
Literatura = combate por una naturaleza superior.
La terrible sutileza de lo verdadero, lo bueno, lo bello (anti-
fascismo).
La repetición como principio fundamental de la literatura.
Decir cosas nuevas y crear formas nuevas.
No ser capaz de explicar las propias obras.
El escritor se siente inseguro hasta que no ha escrito.
Yo sé muy raramente lo que quiero.
Corrección realista de acuerdo con los propios pensamientos.
Proscripción del didactismo.
No tener un instante libre como norma en el arte y en la vida.
17.
Chiste inglés: Los irlandeses no saben lo que quieren, pero
lo quieren con pasión.
¡Se podría aplicar al caso de los escritores políticos, incluso
a los escritores en general!
Y también a los hombres de acción: ¡es tan fácil tener ener-
gía y tan difícil buscar un sentido a la acción!
18.
Juventudes Hitlerianas, corriendo por las calles con mucho
escándalo, un poco antes de las 10 de la noche. Sólo haría
falta que brillara la luna o que estuvieran a punto de iniciar
una excursión por el Danubio. Compáreselos con aquellos
estudiantes de secundaria ansiosos, pálidos, libidinosos de
otros tiempos, con sus ideas fragmentarias, que jamás con-
seguían convertirse en algo completo. En la actualidad son
más fuertes y más seguros de sí mismos, aunque tal vez en
ello tenga algo que ver (¡brevedad del tiempo!) el punto de
vista. Me recuerdan vivamente al ambiente que reinaba en
el Instituto Militar. Y luego, naturalmente, me doy cuenta
de la hueca melancolía que había en la base de aquel afán
de empresa.
19a.
Infelicidad: Constituye una carencia de la lengua alemana
el hecho de que no pueda expresar esa pasión tan llena de
contenido más que como negación y que, además, no po-
sea más que una sola palabra para expresar la infelicidad
interior y exterior.
19b.
Turbado, turbación, turbar, (sentimiento de turbación), etc...
son términos que la lengua alemana utiliza casi exclusiva-
mente como contraposición a alegría y para expresar la tur-
bación de la alegría. Y además, la turbación general de los
sentimientos constituye precisamente una característica ale-
mana. Al margen: sentirse turbado hasta la más profunda
claridad es algo que podría decirse del estado que caracte-
riza la melancolía creadora, esa manera que tiene el mundo
de sintonizar con el tono más grave.
20.
Las impresiones dactilares se han utilizado en China y Ja-
pón desde hace ya más de mil años para identificar perso-
nas. En Europa no se pensó en ello hasta 1880. Un ejemplo
de cómo el desarrollo de la cultura no siempre logra reen-
contrar por otras vías en un plazo de tiempo razonable lo
que pierde o descuida.
Y el comentario final del último cuaderno, fechado el 6
de noviembre de 1941, que recién fue hallado en el otoño
de 1980, en el forro de un abrigo cosido por su mujer Mar-
ta Musil:
"Un punto de vista de interés general: ¿de qué manera evo-
luciona de la juventud a la vejez una relación determinada
por la sexualidad?
"El bellísimo y expresivo cuerpo de la mujer (su reflejo en
algunos poemas). Lo que soporta. Como compensación, la
solidaridad. La ternura de la vida ulterior. La importancia
de una piel suave entre otras cosas.(...) lo que la belleza se
lleva consigo cuando desaparece; lo que incluso físicamen-
te perdura, es más importante, que la belleza.
"Cuando se es joven, se es más crítico y exigente; y se está
más expuesto al desengaño. Lo que me irrita es ese maldito
poema de Goethe, Filemón y Baucis, en el Fausto II."
[Nota. Al mismo tiempo, refiere J.M. Coetzee en su ensayo
acerca de Los Diarios de Robert Musil, publicado en "Cos-
tas extrañas": >Las anotaciones de los últimos años son de-
soladoras. Su libido disminuye, y él interpreta este declive
como "falta de voluntad de vivir". "Las vendas se te caen de
los ojos. Ves a todos los que amas bajo una luz despiadada."]
Y... ALGUNOS COMENTARIOS
Los Diarios de Musil son, en cierto sentido de difícil lectu-
ra. Y no me refiero al hecho de que suman, entre los 35 cua-
dernos conservados-publicados, algo más de 1300 páginas.
Lo que complica la lectura es que el autor escribió estas no-
tas como un laboratorio no sólo de su obra -en especial de
los inacabados tres tomos de El hombre sin atributos, que
es su intento literario mayor- sino también de su propia vi-
da. Musil estaba sorprendido por la distancia que había en-
tre la inteligencia de ciertas personas que conocía, entre ellos
algunos destacados filósofos y científicos, y la vulgaridad de
sus vidas afectivas. Lo atribuía en buena medida a la cultura
alemana, por la disociación que ésta hacía entre sentimientos
e intelecto.
La tarea que se propone es la de operar sobre sus propios sen-
timientos (¿una nueva 'educación sentimental'?) a través de
su 'ficcionamiento': convertir los celos que experimentaba por
una mujer, por ejemplo, en un modelo vivo de lo que senti-
rían los personajes de sus novelas (la temprana "Tribulaciones
del joven estudiante Törless" y las posteriores "Tres mujeres"
y "Uniones", además de "El hombre sin atributos", que se con-
virtiera en su obsesión y pesadilla). Eso intentaba hacer con
todos sus sentimientos. Musil le asignaba una importancia
fundamental a la vida sexual. Luego de una más o menos pro-
longada relación con una muchacha de clase trabajadora (Her-
ma Dietz) que su madre rechazaba, conoce a Martha Marco-
valdi, que había abandonado a su marido italiano, llevándose a Berlín a sus hijos, y poco después se casan. >Martha es eso en
que yo me he convertido y que se ha convertido en "mi"<
El nombre "Diarios" (Tagebücher) fue elegido por su editor alemán. Musil prefería llamarlos "Cuadernos" (Hefte).
Cuando atraviesa largos períodos de sequía en su escritura,
"me levanto en un estado de desesperación intelectual, una
mezcla de impotencia con una terrible aversión... a la idea
de tener que volver a ponerme a la tarea [de El hombre sin...]",
empieza a imaginar la publicación de sus 40 cuadernos. Lo
cual significa que se han perdido cinco de ellos, los que van
de abril de 1908 a agosto de 1910, y los del período 1926-28.
Luego de haberse publicado el primer tomo de El hombre sin
atributos en Alemania, en 1930, Musil recibió un gran reco-
nocimiento. Sin embargo, en 1938, el régimen nazi prohibió
todas sus obras. Musil y Martha se refugiaron en Suiza, don-
de no recibieron las atenciones y los cuidados que esperaban. Thomas Mann, que había pasado por Suiza como un escritor
muy reconocido, ya estaba en los Estados Unidos y fue uno
de los que más bregó, -un hecho paradojal, ya que Musil, probablemente por envidia, despotricaba contra su obra, aun-
que una vez que se enteró de la actitud de Mann, se arrepin-
tió de sus críticas- por que se le facilitase la salida hacia el continente americano.
Musil pensaba que iba a vivir todavía mucho tiempo más.
Tenía decenas, tal vez algunos cientos de esbozos, escritos
casi terminados, proyectos de todas clases. Pero si uno lee
lo que le ocurría con su sexualidad y con la escritura, dos co-
sas tan ligadas en él, que podríamos reunir en la palabra "vi-
talidad", junto al forzado exilio en Suiza y la prohibición de
sus obras, se torna más entendible su súbito final.
¿Una discutible interpretación? Es posible. Por diversas y
complejas relaciones, Musil sentía rechazo por el psicoaná-
lisis freudiano. Pero habiéndose dedicado tanto a conocer y
entender sus propios sentimientos, tal vez en este caso, ex-
tremo como ninguno, estaría de acuerdo con nosotros.
domingo, 23 de diciembre de 2012
ESFUMÁNDOSE
Estaba/estoy preparando una lista, una serie, un tejido
de hilos muy diversos, con los libros de este año.
Leídos, llegados desde lejos, todavía cerrados, todo eso.
Los libros son muy importantes.
Pero la cosa que más cuenta es tener a quien contarle
las lecturas o sus efectos.
Ese 'quien' que nos construye, sostiene, ensambla.
Por eso se llama ex-sistencia.
Porque se necesita del otro para ser.
El otro, cuando sucede, nos da cierta con-sistencia.
¿Quién sabe si soy más yo 'adentro' mío o en ese otro que
me sabe a su manera?
De los muchos libros leídos este año daré cuenta en otra
parte.
Ahora, en esta hora, solamente el párrafo con el que se
cierra una bella novela de Patrick Modiano, titulada "Ca-
lle de las tiendas oscuras", que trata justamente del tema
de la identidad.
"Por un instante, el pensamiento me llevó lejos de aquella
laguna, a la otra punta del mundo, a una ciudad balnearia
del sur de Rusia, donde tomaron la foto hacía mucho. Una
niña vuelve de la playa, al anochecer, con su madre. Llora
por nada, porque habría querido seguir jugando. Se aleja.
Ya ha doblado la esquina de la calle. ¿Y acaso no se esfu-
man en el crepúsculo nuestras vidas con la misma rapidez
que ese disgusto infantil?"
*
*
Al día siguiente, porque así funciona la vida, encuentro,
[parodiando: "En la vida hay encuentros que nunca se olvi-
dan..."] este poema que apareció en las ruinas de Pompeya,
(destrucción volcánica de la ciudad en el 79 d.C.), llamado
IMPERMANENCIA
Nada puede durar por toda la eternidad.
Los soles del atardecer brillan y se hunden en el mar.
Las lunas que crecen hasta la plenitud en el cielo, deben
decrecer.
El amor apasionado se irá corriendo como lluvia.
(Corpus de Inscripciones Latinas, 9123)
Escrito sobre un muro de la Via dell' Abbondanza, en Pom-
peya.
La palabra 'Impermanencia' como una manera dulce de ha-
blar del inevitable paso del tiempo. Tampoco querríamos,
salvo por algunos instantes, detenerlo. Una forma más cruda
de nombrar ese pasaje invisible y deletéreo: 'Irreversibilidad'.
Un leve antídoto, inventado por los humanos, cuyos efectos
a veces son calmantes y a veces agudizadores de la pena:
Recordar (o darle cuerda a la memoria).
También es esta memoria la que nos lleva a los versos de
Antimero, supuestamente escritos hace más de 3000 años:
"Ya mucho dicen que vivir es acordarse de haber visto..."
de hilos muy diversos, con los libros de este año.
Leídos, llegados desde lejos, todavía cerrados, todo eso.
Los libros son muy importantes.
Pero la cosa que más cuenta es tener a quien contarle
las lecturas o sus efectos.
Ese 'quien' que nos construye, sostiene, ensambla.
Por eso se llama ex-sistencia.
Porque se necesita del otro para ser.
El otro, cuando sucede, nos da cierta con-sistencia.
¿Quién sabe si soy más yo 'adentro' mío o en ese otro que
me sabe a su manera?
De los muchos libros leídos este año daré cuenta en otra
parte.
Ahora, en esta hora, solamente el párrafo con el que se
cierra una bella novela de Patrick Modiano, titulada "Ca-
lle de las tiendas oscuras", que trata justamente del tema
de la identidad.
"Por un instante, el pensamiento me llevó lejos de aquella
laguna, a la otra punta del mundo, a una ciudad balnearia
del sur de Rusia, donde tomaron la foto hacía mucho. Una
niña vuelve de la playa, al anochecer, con su madre. Llora
por nada, porque habría querido seguir jugando. Se aleja.
Ya ha doblado la esquina de la calle. ¿Y acaso no se esfu-
man en el crepúsculo nuestras vidas con la misma rapidez
que ese disgusto infantil?"
*
*
Al día siguiente, porque así funciona la vida, encuentro,
[parodiando: "En la vida hay encuentros que nunca se olvi-
dan..."] este poema que apareció en las ruinas de Pompeya,
(destrucción volcánica de la ciudad en el 79 d.C.), llamado
IMPERMANENCIA
Nada puede durar por toda la eternidad.
Los soles del atardecer brillan y se hunden en el mar.
Las lunas que crecen hasta la plenitud en el cielo, deben
decrecer.
El amor apasionado se irá corriendo como lluvia.
(Corpus de Inscripciones Latinas, 9123)
Escrito sobre un muro de la Via dell' Abbondanza, en Pom-
peya.
La palabra 'Impermanencia' como una manera dulce de ha-
blar del inevitable paso del tiempo. Tampoco querríamos,
salvo por algunos instantes, detenerlo. Una forma más cruda
de nombrar ese pasaje invisible y deletéreo: 'Irreversibilidad'.
Un leve antídoto, inventado por los humanos, cuyos efectos
a veces son calmantes y a veces agudizadores de la pena:
Recordar (o darle cuerda a la memoria).
También es esta memoria la que nos lleva a los versos de
Antimero, supuestamente escritos hace más de 3000 años:
"Ya mucho dicen que vivir es acordarse de haber visto..."
miércoles, 19 de diciembre de 2012
DERIVACIÓN DE UN VIAJE
La escena era ésta: hablaba en un aeropuerto de Indonesia
con una cewek local que aparentemente se había confundido
de persona al ir a recibirme, ya que yo estaba seguro de que
nadie sabía de mi viaje. Es más, lo había decidido a último
momento, en el mismo aeropuerto de Orly. Una chance, una
oportunidad. Me gusta el oporto y no puedo negar que ese
día había bebido tal vez media botella, tal vez tres cuartos.
Yakarta, Malasia, Indonesia, Singapur. Singapur Airlines.
Un viaje decidido por la asociación de ideas de un tipo semi-
borracho. Podría ser una excelente decisión, o la más pésima.
La cewek no era fea, pero no lográbamos descifrarnos. Ella
hablaba en una lengua que yo no comprendía y, a su vez, no
entendía la mía, que supuestamente era la suya. Había estu-
diado y mi profesor de indonesio parecía un hombre serio.
Pero ahora lo ponía en duda. Seriamente en duda. No que-
ría mostrarle mi pasaporte a la cewek que insistía en que la
acompañe al auto que al parecer me aguardaba. Terminé ce-
diendo como de costumbre. La costumbre nos reconcilia con
todo, decían los latinos.
El auto no era lo que diríamos una maravilla. Parecía haber
sido montado con restos de otros autos. Tal vez era un efec-
to de la luz del aeropuerto de Singapur, famosa por sus mez-
clas extravagantes de luz natural y luces artificiales al atar-
decer, pero el auto parecía tener varios tonos del mismo co-
lor, aunque resultaba difícil definir cuál sería éste.
Al volante, un chofer. Debo decir que no tenía ninguna clase
de uniforme, y que lo único que indicaba su condición de
tal era precisamente que estaba sentado frente al volante. Se
trataba de un hombre pequeño, bastante pequeño, en verdad.
Tuve la impresión de que era improbable que pudiese pisar
los pedales y alcanzar a ver por el parabrisas al mismo tiem-
po y me inquietaba saber que iba a tener que elegir uno de
los dos actos todo el tiempo. Lo saludé, pero no pareció es-
cucharme.
La cewek, entretanto, se sentó en el asiento del copiloto, y
por su actitud estaba claro que había dado por terminada su
cuota de necesaria cortesía.
El vehículo arrancó entre espasmos y mirando entre los
asientos logré ver, con un resto de esa luz rarísima, antes
de dejar el aeropuerto, que los pedales aparecían muy altos,
como si se los hubiese suplementado en forma generosa, de
tal manera que el chófer podía ver lo que pasaba enfrente
suyo sin tener que ir y venir deslizándose por el asiento.
Salimos pronto de la autopista, sin que mis conocimientos
de la lengua indonesia me permitieran leer los carteles, por
lo menos no sentado en la parte trasera de un vehículo errá-
tico, cuyo motor no parecía encontrar la nota, aunque reco-
rriera todo un amplio espectro buscándola.
Ahora avanzábamos sobre una ruta de dos manos, en medio
de una oscuridad absoluta. Los débiles faros del vehículo
apuntaban en distintas direcciones, como los ojos de un
tipo con parálisis de los músculos orbitales. Se nota que al
montarlo no pudieron ocuparse de los detalles. Considera-
ron, seguramente, que la hazaña estaba ya lograda si se po-
día ponerlo en marcha.
Pasamos por un largo puente sobre el agua. Se veían algunas
viviendas, como si fuesen casas flotantes. Después el camino
se volvió más sinuoso y, a mi parecer peligroso, pero el in-
mutable chofer en ningún momento bajó la velocidad. Se li-
mitaba a dirigir el aparato, sin reparar en las circunstancias
del recorrido. Encendí, luego de innumerables intentos y tro-
piezos, debido a los continuos pozos y badenes y charcos que atravesaba como un maniático ciego nuestro vehículo, un ciga-
rrillo aunque yo no fumo, sólo para disimular mi ansiedad. Ha-
bía tomado el atado de un dispenser que en lugar de soltar un chocolate como yo había solicitado, dejó caer esta cajita roja y negra que me pareció en ese momento un divertido aviso.
En cuanto lo encendí, la cewet volvió a la vida -por un rato
me pareció que se había inmovilizado como si la cubriese
una fina capa de invisible cera- y giró la cabeza hacia mí.
¿Enojo? ¿Deseo de fumar? Había tomado demasiado a pe-
cho su inmovilidad y ahora me sentí mal por no haberla
convidado. Hizo un inequívoco gesto de negativa y cuando
ya iba a guardar el atado en el saco, el chófer, dándose vuel-
ta peligrosamente, soltó una parrafada en una voz muy aflau-
tada que interpreté, mientras insultaba a fondo en mi interior
a mi profesor de indonesio, como que quería uno. Gesticulé
intentado calmarlo, y tratando de asegurarle que tendría su cigarrillo indicándole al mismo tiempo que volviese a mirar el camino. Es increíble cómo se empobrecen tanto mi discurso en
otra lengua como mi gestualidad, cuando estoy asustado.
Anduvimos así, a mi modo de ver una deriva semi controlada,
durante un par de horas cuando menos -me había olvidado de
mirar el reloj desde hacía unos meses-, hasta que la mujer le
indicó bastante bruscamente al chófer que girase a la derecha.
Era un camino de tierra, invisible para quien no estuviese familiarizado con él, por raro que suene estar familiarizado
con un sendero de tierra en el medio de la nada y la oscuridad.
El sendero subió y bajó, en forma despareja, hasta que apare-
ció al fin una luz, y al acercarnos, una cabaña.
El conductor detuvo el vehículo a una cierta distancia de la
entrada, con una expresión que yo interpreté como de triunfo:
había logrado transportar esa cosa y sus ocupantes hasta la
meta. Pero ni él ni la cewek dieron ninguna otra señal. Perma-
necieron sentados, como si eso fuese todo. Iba a preguntar,
por supuesto, pero ¿para qué? Ninguno de los dos entendía
mi improvisado idioma. Encendí otro cigarrillo y me quedé
mirando lo que parecían árboles durmiendo en una noche
estacionada a un costado de la realidad.
con una cewek local que aparentemente se había confundido
de persona al ir a recibirme, ya que yo estaba seguro de que
nadie sabía de mi viaje. Es más, lo había decidido a último
momento, en el mismo aeropuerto de Orly. Una chance, una
oportunidad. Me gusta el oporto y no puedo negar que ese
día había bebido tal vez media botella, tal vez tres cuartos.
Yakarta, Malasia, Indonesia, Singapur. Singapur Airlines.
Un viaje decidido por la asociación de ideas de un tipo semi-
borracho. Podría ser una excelente decisión, o la más pésima.
La cewek no era fea, pero no lográbamos descifrarnos. Ella
hablaba en una lengua que yo no comprendía y, a su vez, no
entendía la mía, que supuestamente era la suya. Había estu-
diado y mi profesor de indonesio parecía un hombre serio.
Pero ahora lo ponía en duda. Seriamente en duda. No que-
ría mostrarle mi pasaporte a la cewek que insistía en que la
acompañe al auto que al parecer me aguardaba. Terminé ce-
diendo como de costumbre. La costumbre nos reconcilia con
todo, decían los latinos.
El auto no era lo que diríamos una maravilla. Parecía haber
sido montado con restos de otros autos. Tal vez era un efec-
to de la luz del aeropuerto de Singapur, famosa por sus mez-
clas extravagantes de luz natural y luces artificiales al atar-
decer, pero el auto parecía tener varios tonos del mismo co-
lor, aunque resultaba difícil definir cuál sería éste.
Al volante, un chofer. Debo decir que no tenía ninguna clase
de uniforme, y que lo único que indicaba su condición de
tal era precisamente que estaba sentado frente al volante. Se
trataba de un hombre pequeño, bastante pequeño, en verdad.
Tuve la impresión de que era improbable que pudiese pisar
los pedales y alcanzar a ver por el parabrisas al mismo tiem-
po y me inquietaba saber que iba a tener que elegir uno de
los dos actos todo el tiempo. Lo saludé, pero no pareció es-
cucharme.
La cewek, entretanto, se sentó en el asiento del copiloto, y
por su actitud estaba claro que había dado por terminada su
cuota de necesaria cortesía.
El vehículo arrancó entre espasmos y mirando entre los
asientos logré ver, con un resto de esa luz rarísima, antes
de dejar el aeropuerto, que los pedales aparecían muy altos,
como si se los hubiese suplementado en forma generosa, de
tal manera que el chófer podía ver lo que pasaba enfrente
suyo sin tener que ir y venir deslizándose por el asiento.
Salimos pronto de la autopista, sin que mis conocimientos
de la lengua indonesia me permitieran leer los carteles, por
lo menos no sentado en la parte trasera de un vehículo errá-
tico, cuyo motor no parecía encontrar la nota, aunque reco-
rriera todo un amplio espectro buscándola.
Ahora avanzábamos sobre una ruta de dos manos, en medio
de una oscuridad absoluta. Los débiles faros del vehículo
apuntaban en distintas direcciones, como los ojos de un
tipo con parálisis de los músculos orbitales. Se nota que al
montarlo no pudieron ocuparse de los detalles. Considera-
ron, seguramente, que la hazaña estaba ya lograda si se po-
día ponerlo en marcha.
Pasamos por un largo puente sobre el agua. Se veían algunas
viviendas, como si fuesen casas flotantes. Después el camino
se volvió más sinuoso y, a mi parecer peligroso, pero el in-
mutable chofer en ningún momento bajó la velocidad. Se li-
mitaba a dirigir el aparato, sin reparar en las circunstancias
del recorrido. Encendí, luego de innumerables intentos y tro-
piezos, debido a los continuos pozos y badenes y charcos que atravesaba como un maniático ciego nuestro vehículo, un ciga-
rrillo aunque yo no fumo, sólo para disimular mi ansiedad. Ha-
bía tomado el atado de un dispenser que en lugar de soltar un chocolate como yo había solicitado, dejó caer esta cajita roja y negra que me pareció en ese momento un divertido aviso.
En cuanto lo encendí, la cewet volvió a la vida -por un rato
me pareció que se había inmovilizado como si la cubriese
una fina capa de invisible cera- y giró la cabeza hacia mí.
¿Enojo? ¿Deseo de fumar? Había tomado demasiado a pe-
cho su inmovilidad y ahora me sentí mal por no haberla
convidado. Hizo un inequívoco gesto de negativa y cuando
ya iba a guardar el atado en el saco, el chófer, dándose vuel-
ta peligrosamente, soltó una parrafada en una voz muy aflau-
tada que interpreté, mientras insultaba a fondo en mi interior
a mi profesor de indonesio, como que quería uno. Gesticulé
intentado calmarlo, y tratando de asegurarle que tendría su cigarrillo indicándole al mismo tiempo que volviese a mirar el camino. Es increíble cómo se empobrecen tanto mi discurso en
otra lengua como mi gestualidad, cuando estoy asustado.
Anduvimos así, a mi modo de ver una deriva semi controlada,
durante un par de horas cuando menos -me había olvidado de
mirar el reloj desde hacía unos meses-, hasta que la mujer le
indicó bastante bruscamente al chófer que girase a la derecha.
Era un camino de tierra, invisible para quien no estuviese familiarizado con él, por raro que suene estar familiarizado
con un sendero de tierra en el medio de la nada y la oscuridad.
El sendero subió y bajó, en forma despareja, hasta que apare-
ció al fin una luz, y al acercarnos, una cabaña.
El conductor detuvo el vehículo a una cierta distancia de la
entrada, con una expresión que yo interpreté como de triunfo:
había logrado transportar esa cosa y sus ocupantes hasta la
meta. Pero ni él ni la cewek dieron ninguna otra señal. Perma-
necieron sentados, como si eso fuese todo. Iba a preguntar,
por supuesto, pero ¿para qué? Ninguno de los dos entendía
mi improvisado idioma. Encendí otro cigarrillo y me quedé
mirando lo que parecían árboles durmiendo en una noche
estacionada a un costado de la realidad.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
UN POEMA ENCONTRADO DE LARS TAALMAN
Mariposa: es cautelosa.
Y sin embargo
pedalean alocadas
en la prisa de la brisa
las dos alas
las dos briznas
hojas rojas
de su cauto
pero intenso
corazón.
[1. Encontramos, en primer lugar, la mariposa.
Después -pero sólo si la palabra después tiene la consis-
tencia polvorosa de sus alas- encontramos el poemita de
Lars Taalman.
2. Nada que ver con lo anterior, pero en las anotaciones de
Taalman, a pie de página, esta cita de los Diarios de André
Gide: "No puedo imaginarme sin ella; me parece que, sin
ella, yo nunca habría sido nada. Cada uno de mis pensamien-
tos había nacido en función de ella. ¿Para quién, si no, habría
yo sentido la urgente necesidad de explicarme? Y lo que daba
a mis pensamientos tanta fuerza, ¿acaso no era el 'a pesar de
tanto amor'?", y, a continuación, su mención de las 23 cartas
de Victor Sklovski (prisma nié o liubvi), remarcando la N° 5,
y de la co-incidencia (otra forma del fenómeno) de que Veli-
mir Khlévnikov sea el autor de las líneas introductorias. "De-
be de haber algo, agrega Taalman, porque también Baudelai-
re le escribe a Madame Sabatier (a quien denomina 'mi su-
perstición') algo parecido. Algo que Calasso relacionará con
'una huella vibrante de la infancia', cuando el autor de Las
flores del mal, escribe: "Cuando hago alguna gran tontería,
me digo: ¡Dios mío, si ella lo supiera!".
3. Esta clase de conexiones, anexiones, anacciones, luchas
contra la acidia, ramitas, ramillajes, inmersiones invertidas,
volteretas, ligazones, antenas y anteras, y puentes anímicos, álmicos y agálmicos, forman la tramilla (o la 'tramilia'), co-
mo él la ha llamado, de la escritura de Taalman.]
domingo, 9 de diciembre de 2012
POEMAS Y CANCIONES DE LOS MAORÍES
Islas dispersas como semillas en el mayor de los océanos.
Hacían falta grandes navegantes -como los Polinesios- para
habitarlas.
Los Maoríes de Nueva Zelanda arribaron durante siglos a
esa tierra en sucesivas caravanas de canoas, desde la mítica
Hawaiki. La última 'oleada' tuvo lugar en el siglo XIV. Coincidentemente, los Hawaianos provienen también de ese
lugar, a pesar de que Hawai y Nueva Zelanda están separa-
dos por más de 6000 Kms de océano.
Ambos pueblos comparten tanto creencias religiosas como
estructuras sociales. El dios Hawaiano Kane es reconocible
en su equivalente Maorí Tane. También comparten la organi-
zación aristocrática de la sociedad polinesia, con su fuerte
respeto por el origen y el rango.
En la sociedad Maorí, los poetas eran tenidos en muy alta
estima. Se los consideraba en cierto sentido, sacerdotes y se
creía que tenían acceso a misterios insondables. La tradicio-
nal "escuela de enseñanza" Maorí era, entre otras cosas, nos
cuenta Ruth Finnegan, "un medio para entrenar poetas en la
tradición sagrada perteneciente a su arte."
Existen varias formas poéticas en la tradición Maorí.
Uno de los temas más importantes es el de la creación.
Su inmenso vínculo con los fenómenos naturales aparece
en forma de constantes referencias tanto al nombre de los
lugares, con sus hondas significaciones, como al cielo, al
atardecer, a las estrellas, las tormentas y el oleaje marino,
también llamado 'el viaje a través de la vida'. Se entremez-
clan con estas referencias las mitológicas, de tal modo que
los cantos/poemas siempre tienen por lo menos un doble sig-
nificado, por su trama simbólica.
El canto constituía una parte esencial de la vida en socie-
dad de los Maoríes. Muchas cuestiones, como la reparación
de agravios, eran resueltas a través suyo. Formaba parte tanto
de la trama social como de la ceremonial, enlazadas justa-
mente por el canto.
Los cantos sagrados, entre los cuales se encuentran los refe-
ridos a la creación, se llaman karakaia.
Los dioses Maoríes son Tane, el dios de la luz y de los bos-
ques, que es asimismo el Dios Polinesio de la Belleza Artís-
tica, ancestro primigenio de todas las naciones polinesias; Tangaroa, el dios del mar y de los peces, hijo de la Diosa-
Terrestre Papa, quien tenía tanta agua en su cuerpo que se
hinchó hasta el punto de que un día estalló, convirtiéndose en
el océano; Ruaumoko, el hijo menor de Papa, que nunca ha
nacido, sino que permaneció en el interior de su madre, la
tierra y que por ello es conocido como el dios del terremoto,
"el niño Ruau-Moko se está moviendo en el vientre de su ma-
dre", se decía ante los sismos; todos ellos acompañados de va-
rios espíritus menores.
También existen los cantos de lamentación, llamados waiata
tangi.
Y las canciones de amor, o waiata aroha, que son las más
numerosas.
Finalmente, los cantos de acción, los famosos haka tapara-
hi, que son muy populares.
En su libro Primitive Man as Philosopher, Paul Radin des-
taca las complejas y profundas cosmogonías y concepciones
del hombre de los Maoríes. Para ellos "todas las cosas con-
tienen ínsitos elementos de bien y de mal, sobre los cuales
es esencial ejercer cierto dominio para que no se anulen
recíprocamente. Bien y mal se conciben como predicados
correspondientes a cualidades inherentes, propias de cada
cosa." Para lograr ese dominio se establecieron ciertos seres
sobrenaturales llamados guardianes. Los guardianes son on-
ce y sus funciones pasan por vigilar desde el lugar en que se
congregan las almas de los muertos, pasando por las diversas regiones del cosmos,las corrientes oceánicas, los vientos, las
nubes, los estragos de las enfermedades, la regulación de in-
vierno y verano, y la preservación del conocimiento oculto,
hasta las condiciones que regulan el bienestar de todas las
cosas vivientes y la protección de las artes ocultas.
No describiremos aquí sus concepciones filosóficas, que
tienen un gran orden de complejidad, ni sus cosmogonías,
dotadas asimismo de una enorme riqueza.
Elsdon Blest, que ha escrito uno de los textos más importan-
tes acerca de este pueblo, refiere que un anciano maorí enfer-
mó de repente y, cuando su esposa inició un lamento, la re-
prendió, diciéndole: "No llores. Está bien de esta manera.
Hemos recorrido juntos el camino de la vida tanto con el
buen tiempo como con los días nublados. No hay que lamen-
tarse. No hago sino ir adelante para explorar el camino."
LOS SEIS PERIODOS DE LA CREACIÓN
El primer período: el Pensamiento-
Desde la concepción el crecer,
Desde el crecer el pensamiento,
Desde el pensamiento la rememoración,
Desde la rememoración la conciencia, el deseo.
El segundo período: aquel de la noche u oscuridad-
El mundo se convierte en fructífero;
Moraba con el débil centellar;
Trajo la luz;
La gran noche, la larga noche;
La noche más baja, la noche más elevada,
La noche espesa, para ser sentida,
La noche para ser tocada, la noche no vista.
La noche que continuaba,
La noche que terminaba en muerte.
El tercer período: aquel de la luz-
De la nada el engendrar,
De la nada el crecimiento,
De la nada la abundancia,
El poder del aumento, el aliento viviente;
Moraba en el espacio vacío,
Produjo la atmósfera que está sobre nosotros.
El cuarto período: la creación de la luna y del sol-
La atmósfera que flota sobre la tierra,
El gran firmamento sobre nosotros, el espacio disperso
moraba con el primer amanecer,
Entonces brotó la luna;
La atmósfera moraba con el brillante cielo,
Inmediatamente se produjo el sol,
Fueron arrojados allá arriba como los ojos principales
del Cielo:
Entonces los cielos se convirtieron en luz,
El temprano amanecer, el temprano día,
El medio-día. El resplandor del día desde el cielo.
El quinto período: la creación del suelo-
El cielo que flota sobre la tierra,
Moraba con Hawaiki*,
Y produjo Taporapora.
Tauware nikau y Kukupara,
Wawauatea y Wiwhi te rangi ora**
El sexto período: la formación de los dioses y de los hombres-
Desde el dios Ru***
Todos los ancestros
Que descendieran de él
Nosotros
[* Hawaiki: Las islas de Hawaiki, siendo entonces la única
tierra conocida, es colocada para papa, la tierra.
** Los nombres de las tierras o de las islas, que se supone
se crearon primero.
*** Ru: Anciano Dios del Otro Mundo.]
TIERRAS DESPRENDIDAS/ EL ARRIBO A NUEVA
ZELANDA
Arribo allí donde una tierra ignota está bajo mis pies,
Arribo a donde un nuevo cielo me cubre,
Arribo a esta tierra
Un lugar de descanso para mí.
¡Ah, espíritu de la tierra! El extranjero humildemente
[te ofrece, como alimento, su corazón.
CANCIÓN DEL CENTINELA
Brilla, luna, sobre mí,
Brilla sobre mí.
Las lanzas apuntan a la oscuridad.
Yo no te engaño
Tú no me engañes.
Quédate, conserva tu distancia:
Tú estás en el lugar donde
El cielo cierra la llanura.
Déjalos venir. La garza azul
Está despierta y en guardia.
NUESTRO AMOR ESTA DIVIDIDO PARA SIEMPRE
Siempre se escucha su alabanza.
Es alabanza de su benevolencia.
Yo vivo, separado de todos, en silencio,
a solas, sin amigos.
¡Ah, cielos dilatados!
Inspirad fortaleza a mi corazón,
que no sean perpetuos mi lamento y mis lágrimas por mi
[mujer.
Moved lo más íntimo de mi corazón a acciones temerarias
para que pueda olvidar mi desgracia.
¿Acaso ha muerto Merau, diosa de la extinción,
que tengo yo que estar llorando para siempre,
mientras se suceden uno a otro los días?
¿Dolor sobre dolor?
Ahora se reúnen todos mis pesares y me inundan el corazón
[de llanto.
Siento terror de la agonía, y hasta una simple gota de lluvia
[me estremece de espanto.
Al atardecer, cuando despunta la titilante luz de las estrellas,
lloro y fijo la mirada en ti y en sus cursos de luz.
Pero inútilmente navego en el espacio.
¡Triste de mí!
Que ahora estoy como Rangi, una vez separado de Papa.
Ahora fluye a raudales la marea de punzante nostalgia;
y, una vez dividido, nuestro amor está dividido por siempre.
LA CREACIÓN DE LA MUJER
¡Ja! Salta en la vida,
Es la primera luz,
Es la brillante mañana,
Del amanecer surge el discípulo.
La gente de Hawaiki
Traída,
Como el tomar de una mano
Sobre Hawaiki.
Apretada,
Tironeada hacia arriba de las rodillas,
Tiki, la primavera-
Manos, tomen forma.
Tiki, la fuente, quien se arrodilla,
Tironeada de las rodillas,
Gime por su alimento,
Y se estira
¡Valiente Tiki!
¡Blanda Tiki!
Cae lluvia roja desde los cielos,
Se abre el gran vientre de la tierra,
¡Adelante! ¡Es la hija!
¡La extranjera, Hine-mana-hiri!
[Hine o Hina, en sus formas de Hine-Ika (Dama de los Pe-
ces) o Hina-Keha (Dama brillante) es la Diosa Polinesia de
la Luna y hermana del Dios-Sol, Maui.]
PLEGARIA POR UNA VICTORIA EN BATALLA
Los cielos están cubiertos,
Cubiertos de nubes.
Se oye aquí abajo,
El rodar de los truenos,
Se oye aquí abajo,
Resonar el espacio.
La tremulante lanza, sorpresa en vuelo,
Como el tiburón de dos lados,
Es la agilidad de las pisadas,
Es la furia de las pisadas,
Sobre sangre son las pisadas.
Aquí las pisadas se apuran temerarias.
¡Son las pisadas de Tu!
¡A trancos sobre las estrellas!
¡A trancos sobre la luna!
¡Huyan! ¡Vuelen!
Ahora, el golpe mortal.
[Tu es el dios de la batalla.]
UN HECHIZO: ¿ES EL VIENTO?
¿Es el viento el que golpea tu piel?
O tal vez es deseo, deseo por aquel
De quien te ases, con quien dormiste,
Quien te abrazó,
Quien compartió tus penas.
Deja que el viento haga su trabajo
Llevar esto, mi amor, a tí
Para que te des vuelta mientras duermes
Y llores por el tiempo en el que estuvimos
Siendo uno solo. El amor viene
Como una primavera
Desde la tierra.
EL LAMENTO DE LA JOVEN ABANDONADA
Con tremulantes miembros
Y la cabeza gacha lloro,
Y doy interminables vueltas
Sobre mi solitaria estera de dormir.
Una vez tiernamente soñé
Que tu amor nunca disminuiría.
¡Ah, yo! Está muerto;
Pero el mío arde incesante.
Manchas del pantano de mis pies
Se lavan en el arroyo,
Pero las manchas de amor del corazón
Permanecen para siempre.
SOBRE EL AMOR
El amor no atormenta siempre.
Pero vino sobre mí como ese fuego
que a veces arde furioso en Hakanui.
Si está cerca mío mi amado,
no pienses, Kiri, que mi sueño es dulce.
Yazgo despierta toda la noche
pidiendo que el amor me consuma en secreto.
Nunca será confesado, nadie debe llegar a saberlo.
Y la única señal se verá en mis mejillas.
La llanura que se extiende hasta Tauware,
ese largo camino recorrí para entrar en la casa de Rauhirawi.
No te enojes conmigo, señora; sólo soy una extranjera.
Para tí, ahí está el cuerpo de tu esposo,
Para mí sólo queda la sombra del deseo.
[Rauhirawi es su amante; Kiri la esposa]
HECHIZO
Susurrantes fantasmas del oeste,
¿Quién los trajo aquí
A nuestra tierra?
Pónganse de pie y váyanse.
Suspirantes fantasmas del oeste,
¿Quién los trajo aquí
A nuestra tierra?
Pónganse de pie y váyanse.
CANTOS CORALES
I
Tu cuerpo está en Waitemata,
Pero tu espíritu ha venido
Y me ha arrancado del sueño.
II
El sol se está poniendo en esta cueva,
Tocando en su descenso
Esta tierra en la que vive mi cónyuge-
El que es alzado por un remolino
Y llevado al oleaje del sur.
III
No me gustan los hábitos de mujer,
Cuando sale-
Ella kuikuis,
Ella koakoa,
Ella charla.
El mismo sueño se aterra,
Y las ratas salen corriendo.
Así nomás.
CANTO DE ANHELO
Mientras se acerca la caída de la tarde,
Regresa el afecto
Por aquel que amé.
Aunque alejado de mí,
Y ahora en Hawaiki,
Oigo su voz
Muy lejos, y,
Aunque esté más allá de las montañas,
Sus resonancias hablan
De valle en valle.
LA BRISA ESTA SOPLANDO
La brisa está soplando
Hacia el mar abierto en Turanga,
Estás lejos, mi amor
Mi amor parte hacia vos desde aquí.
Mi amor cae como la lluvia
Sobre el mar abierto en Turanga,
Permanezco aquí
Viviendo con mi amor por vos.
BIBLIOGRAFÍA
Ruth FINNEGAN. The Penguin Book of Oral Poetry. Pen-
guin Books, 1978.
Barry MITCALFE. Poetry of the Maori. Paul's Book Arca-
de, 1961.
Eldson BEST. The Maori As He Was. R.E. Owen Govern-
ment Printer, 1952.
Willard TRASK. The Unwritten Song, Vol. II, The Macmi-
llan Company, 1967.
Marjorie SINCLAIR. The Path of the Ocean. Traditional
Poetry from Polynesia. Univ. of Hawaii Press, 1982.
Margaret ORBELL. Maori Poetry. Heinemann Educational
Books, 1978.
Mervyn McLEAN. Traditional Songs of the Maori. A.H.
Reed, 1973.
Paul RADIN. Primitive Man as Philosopher. Dover Publi-
cations, 1957. (Hay versión castellana)
J.C. ANDERSEN. Maori Life in Aotea. S/ Ed. y s/ fecha.
Las referencias religiosas y mitológicas pertenecen a
Jan KNAPPERT. Pacific Mythology. Diamond Books, 1995.
Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)
Otros textos vinculados:
MARES: POESIA ORAL DE LAS ISLAS DEL PACIFICO. PARTE 1: POLINESIA
POESÍA ORAL DE LA POLINESIA FRANCESA: MANGAREVA
CANTOS DE PUEBLOS ORIGINARIOS DE LA MELANESIA
LOS CANTOS DEL PARAISO: POESIA ORAL DE PAPUA/NUEVA GUINEA
CANTOS DE LOS ABORÍGENES AUSTRALIANOS
UN 'EVENTO' DE LA TIERRA DE ARNHEM
miércoles, 5 de diciembre de 2012
ROMAN VISHNIAC Y EL CUZCO
Asociaciones.
Lícitas e ilícitas.
Imágenes, ideas, palabras.
¿Sensaciones?
Seguramente la química sináptica tendría algo que decir al
respecto.
El orden y el caos.
Lo vivo y lo inerte.
Roman Vishniac y sus imágenes de un mundo que desapare-
cería poco después, de lugares que ya nunca serían lo que fue-
ran, de rostros de seres que ignoran la fuerza de la tragedia
que los envuelve.
El Cuzco y sus imágenes de un mundo que ha desaparecido
sin desaparecer.
Músicas dispares que se cruzan en el aire de los tiempos sin
reconocerse.
¡Ah, humanidad, cuántos lazos invisibles nos atraviesan,
conectándonos! ¡Y cuántos otros lazos son las bridas que so-
meten al condenado!
Lícitas e ilícitas.
Imágenes, ideas, palabras.
¿Sensaciones?
Seguramente la química sináptica tendría algo que decir al
respecto.
El orden y el caos.
Lo vivo y lo inerte.
Roman Vishniac y sus imágenes de un mundo que desapare-
cería poco después, de lugares que ya nunca serían lo que fue-
ran, de rostros de seres que ignoran la fuerza de la tragedia
que los envuelve.
El Cuzco y sus imágenes de un mundo que ha desaparecido
sin desaparecer.
Músicas dispares que se cruzan en el aire de los tiempos sin
reconocerse.
¡Ah, humanidad, cuántos lazos invisibles nos atraviesan,
conectándonos! ¡Y cuántos otros lazos son las bridas que so-
meten al condenado!
LA LENGUA ZNAM
¿Qué la caracteriza?
Es simple, dicen por ahí: cuenta con embragues.
¿Aparte de eso?
(como si hiciera falta otra cosa)
Tiene más de uno
La lengua Znam, de hecho,
está repleta de engranajes y de embragues
Funciones invisibles para el que habla
Embragues curvos
que desenvuelven a las palabras
de sus pequeños envases
para arrojarlas
a sus diversos cauces
Y sin embargo resultan muy frecuentes en esa lengua
expresiones que atribuiríamos sin mucho esfuerzo al terre-
no de la mecánica: "encender la lengua", "ponerla en mar-
cha", en lugar de "comenzar a hablar" ó "decir algo".
Los embragues y engranajes juegan con el unísono,
con el enjambre de las metáforas,
con la articulación secreta de los tallos de las palabras
y de sus múltiples faunas.
Así como la mayoría de sus embragues
permiten salir en otra dirección,
algunos conducen asimismo a emerger en otras
dimensiones.
Cada vez que se llega a un atolladero
cansancio/ repetición/ inutilidad/ vaciamiento,
embragan-embriagan
y la lengua Znam arranca
arrastrándolos
a través del ombligo vertiginoso
que atraviesa mundo y lenguaje
a altas velocidades
entre los campos
del se-sabe y del no-se-sabe.
Decir algo muy breve
algo como... "tengo miedo"
Con esos embragues y engranajes
¡qué enviones recibe ese 'algo'!
En cuántas voces diversas
en cuántas versiones
en tantos saltos, agujeros, rugidos, suspiros
y espasmos
en tantos idiomas
sentidos
sonidos-silencios
caricias y golpes
¡en qué viaje!
se transmuta
una expresión tan clara y oscura
como un sencillo
"te amo".
¡No habla
cualquiera
siquiera un ratito
sentado a la sombra
mirando volar a los pájaros
en la lengua de Znam!
Es simple, dicen por ahí: cuenta con embragues.
¿Aparte de eso?
(como si hiciera falta otra cosa)
Tiene más de uno
La lengua Znam, de hecho,
está repleta de engranajes y de embragues
Funciones invisibles para el que habla
Embragues curvos
que desenvuelven a las palabras
de sus pequeños envases
para arrojarlas
a sus diversos cauces
Y sin embargo resultan muy frecuentes en esa lengua
expresiones que atribuiríamos sin mucho esfuerzo al terre-
no de la mecánica: "encender la lengua", "ponerla en mar-
cha", en lugar de "comenzar a hablar" ó "decir algo".
Los embragues y engranajes juegan con el unísono,
con el enjambre de las metáforas,
con la articulación secreta de los tallos de las palabras
y de sus múltiples faunas.
Así como la mayoría de sus embragues
permiten salir en otra dirección,
algunos conducen asimismo a emerger en otras
dimensiones.
Cada vez que se llega a un atolladero
cansancio/ repetición/ inutilidad/ vaciamiento,
embragan-embriagan
y la lengua Znam arranca
arrastrándolos
a través del ombligo vertiginoso
que atraviesa mundo y lenguaje
a altas velocidades
entre los campos
del se-sabe y del no-se-sabe.
Decir algo muy breve
algo como... "tengo miedo"
Con esos embragues y engranajes
¡qué enviones recibe ese 'algo'!
En cuántas voces diversas
en cuántas versiones
en tantos saltos, agujeros, rugidos, suspiros
y espasmos
en tantos idiomas
sentidos
sonidos-silencios
caricias y golpes
¡en qué viaje!
se transmuta
una expresión tan clara y oscura
como un sencillo
"te amo".
¡No habla
cualquiera
siquiera un ratito
sentado a la sombra
mirando volar a los pájaros
en la lengua de Znam!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)