domingo, 30 de enero de 2011

PARRAFOS FINALES

En general son muy importantes, hoy en día, los primeros
párrafos de un texto de ficción. Sea una novela o un cuen-
to, la gran oferta de posibilidades que han provisto la tec-
nología y la electrónica, con la aceleración de la impacien-
cia y la consecuente merma de la tolerancia a la frustra-
ción, exigen que el lector se sienta atrapado por el autor
desde la primera línea.
Tampoco, aunque en menor escala, faltan los lectores que
deciden cortar por lo sano y evitarse la lectura de una no-
vela que puede resultar tediosa o aún de un cuento que no
conduzca a nada novedoso, y que se dirigen de inmediato
al último párrafo del texto. Pueden hacerlo creyendo que de
esa manera tendrán mejores elementos para decidir si em-
prenden la fatigosa tarea de leer todo el asunto. Aunque es
cierto que en muchos casos, una vez leído el final, sentirán
que ya no es necesario tomarse tanto trabajo para enterarse
de lo que ya saben.
Para facilitar la tarea de los escritores, que tampoco tienen
tanto tiempo que perder, he escrito una serie de párrafos fi-
nales. Si de su lectura resulta que alguno de ellos despierta
algún interés en un potencial lector, tendré presente la posibili-
dad de escribir el resto.

1. "Ella le sonrió. Nunca habían estado tan cerca antes. Él le
acarició ligeramente el rostro y la besó. En ese momento sonó
por segunda vez la bocina del tren y se multiplicaron los silba-
tos. El vagón se sacudió y sus vidas se apartaron brúscamente."

2. "El animal, según le parecía, lo miraba con atención.
¿Era a él? Lejos sonaba una música apagada. Le pareció que
esa mirada le recordaba a alguien a quien no quería ver. El
animal, entretanto, comenzó a acercarse. Todo lo que sabía
cesó de funcionar. Los hechos iban a explicarse por sí solos."

3. "El río seguía su curso con plenitud. El aire era joven y el día
se extendía, fragante. Pero él yacía muerto."

4. "Se escuchó gritando órdenes. Vió, desde su elevada silla, có-
mo esos hombres-vasallos corrían a retransmitir sus terribles ór-
denes a los demás. A la pasada intentó verse por última vez en
el espejo de bronce, pero éste lo repelió."

5. "Estaba feliz como una gata. Y no entendía porqué los gatos
no se revolcaban de felicidad."

6. "Un estado que no fuese el de valor o el de la falta de valor,
deseó para sí, como una posible bienaventuranza."

7. "Dejó de escribir la carta, finalmente. "De todos modos, ya no
se escriben cartas", se justificó. Pero sin dejar de sentir que es-
taba contribuyendo a la gran desdicha del mundo."

8. "Los nativos le abrieron paso entre las bestias. Todavía daba
vueltas en el aire la violencia de lo que acababa de ocurrir.
El olor de la pólvora, de la sangre, del sudor de hombres y bes-
tias. Miró a su alrededor y no reconoció a nadie. Hizo como
que no tenía nada que perder y dio el primer paso hacia casa."

9. "El Emperador, que debía ser inmutable, se encuentra inquie-
to. Los cascos de los numerosos caballos ingresando al patio
mayor del Palacio, aunque sosegados por los numerosos sa-
lones que se interponen, llegaron a sus sensibles oídos como
si estuviesen saltando directamente desde una gran altura al
interior de su recinto. Sólo faltaba saber si eran sus victoriosos
súbditos los que llegaban, o si la manga de los bárbaros había
arribado al fin desde sus insondables lejanías."

"Permanecieron así, de a ratos echados sobre el bote, de a ratos
sumergiéndose en el mar. El bote giraba y cabeceaba en la co-
rriente y ellos hablaban o se reían o se quedaban pensando.
Axel dijo: 'El bote y nosotros: el mar, como el mundo, pasa
de largo. Nos ignora por completo. Es como una secreta lec-
ción: lo único que tenemos es esta amistad.'"

10. "Caminaron varias horas por las callejuelas estrechas que
conducían al zoco. Y se fueron perdiendo por el camino. Ale-
jándose tanto uno del otro como cada uno de sí mismo. Hasta
perderse para siempre, extranjeros entre extraños."

11. "Cuando era chica, hacía mucho, mucho tiempo -una ráfa-
ga pasó por su expresión- solía subirse a esos árboles. Eran
los mismos árboles que habían crecido y ella, mirándolos ver-
dear en el viento, pensó que era una bella idea la de creer que
había crecido tanto como ellos."

"La casa vacía. La puerta de calle se entreabrió, empujada por
el viento. ¿Era obra del viento? Un segundo empujón terminó
de abrirla de repente."

12. "El hombre estaba ya muy lejos. Se dió vuelta y levantó un
brazo como despidiéndose. Pero ya nadie le veía."

13. "Le acarició la sonrisa. La sonrisa se transformó, casi im-
perceptiblemente. 'No se debe tocar una sonrisa', se dijo. 'Lo
que tocamos se transforma, siempre'."

"El cesto estaba volcado. La serpiente no se veía por ninguna
parte."

14. "Las aguas habían seguido subiendo toda la noche. Pare-
cía, además, que habían venido para quedarse. Sentados sobre
el techo, cerca uno del otro, vieron cómo algunos muebles es-
capaban flotando por las ventanas, como prisioneros liberados."

15. "Escribiendo se iba olvidando de todo. ¡Era fantástico! ¡Es-
cribiendo! Como si fuese gritando cada vez más fuerte, como
si fuese desangrándose cada vez más rápido."

"Se vio en el espejo, dormido. Pero... si estaba dormido, ¿cómo
podía verse? Pensó eso, pero no pareciéndole prueba de nada.
No quería que ninguna preocupación lo despertase."

16. "Y si sentía que el mundo había sido inventado para ella,
o a costillas suyas, o para contrariala, ¿qué? Al arrojarse con-
tra sí mismo, sólo se recibe la ráfaga del abismo. Una mano
invisible choca contra la otra mano, invisible a su vez."

17. "Leyó: 'el tornado alzó a un niño de ocho años, arrojándo-
lo a 200 metros, en un campo, con heridas leves'. Dejó el dia-
rio. Iba a encender un cigarrillo, ¡con cuánto placer! Apagó la
radio que apenas se oía. El café humeaba sobre la mesa. Sin
pensar en nada, salió al jardín."

"El hotel ya estaba semivacío. En lugar de tomar el ascensor,
caminaron por escaleras y pasillos, hasta llegar a su habitación.
Él deslizó la tarjeta magnética, mirándola. Pero ya hacía mucho
tiempo que Lil no le devolvía las miradas."

18. "Se sentía sola, completamente sola, más sola de lo que ja-
más se había sentido. Y lloraba y se dijo "¡Me siento tan horri-
blemente sola!", y algo de la frase o de cómo la pronunció, la
hicieron reir entre las lágrimas."

La cantidad de finales de obra que se podrían escribir en una
tarde es innumerable. Interrumpo acá, para no aburrir al posible lector: alguien que pasaba y se detuvo a leer, como se lee un
cartel en la calle. ¿Para qué querría recordarlos? 
¡Ah, la distracción, qué bálsamo! ¿Quién quiere hoy traccionar
aunque sea una raicita de algo? ¡Quién sabe lo que podría
arrastrar!


1 comentario:

Clara Schoenborn dijo...

Me gustaron dos finales: el No. 7 y el No.16. Deberían tener antepuesto un texto muy interesante, para que el final fuera ese. Un saludo amigo. Me ha gustado mucho de lo que he leído en tu blog.