martes, 13 de diciembre de 2011

HOMENAJE A W.G. SEBALD

                                           Retrato por Christian Scholz, en 1997.

Hace hoy 10 años moría de un infarto, mientras manejaba
su auto cerca de Norwich acompañado por su hija, Winfried
Georg Sebald. Porque le parecían de pronunciación dema-
siado germana sus dos nombres de pila, se hacía llamar Max.
Max Sebald nació en Wertach im Allgaü, Baviera, el 18 de
Mayo de 1944. Un pueblo de cerca de mil habitantes, "en un
valle cubierto de nieve cinco meses al año." Su padre era ofi-
cial de la Wehrmacht durante la guerra y, al finalizar ésta,
permaneció en un campo de prisioneros hasta 1947.

A los 17 años se vio confrontado en la escuela (que por una
ley debía proyectar ese documental) con el campo de concen-
tración de Bergen Belsen y ese hecho marcó su vida. Cuen-
ta que "se podia crecer en la Alemania de posguerra sin cru-
zarse jamás con una persona judía".
Nunca tuvo una buena relación con el padre y por eso su-
frió doblemente la muerte de su abuelo, ocurrida cuando él
tenía 12 años de edad.
Estudió lengua y literatura alemanas en la Universidad de
Friburgo, pero decepcionado con sus profesores (ex nazis)
que nunca aludían a ese pasado tan reciente, partió para ins-
talarse en Inglaterra, en 1966. "La conspiración de silencio
ciertamente dominaba las universidades alemanas a lo largo
de los '60 (...) y, de alguna manera, esa conspiración de silen-
cio perdura hasta nuestros días:"

Estudió en Manchester y luego enseñó en la Universidad de
East Anglia, durante 33 años. "Me interesan escencialmente
la historia cultural y la historia social".

Comenzó a escribir "de grande". "Para mí, cuando escribí
mis primeros textos, se trataba de un hecho muy, muy pri-
vado. No se los leía a nadie, no tengo amigos escritores y
todo eso."
Publicó un libro de poemas llamado "Del natural" en 1988.
Y desde el comienzo hasta el final,siempre escribió en alemán.


Luego vinieron las grandes obras que hacen de Sebald uno
de los mayores creadores literarios del siglo. En la primera
de esas prosas que implican un género nuevo, mezclando
ficción y realidad en un estilo hipnótico, Max experimenta,
produciendo "Vértigo" -acerca de las vidas de Stendhal, Kaf-
ka y Casanova- que termina siendo su libro más autobiográ-
fico. (Un comentario de Arthur Lubow se conecta a través
de esa palabra: "El gigantismo de la modernidad -la escala
de los edificios, la aceleración del paso, la profusión de
opciones, afligían a Sebald con una especie de vértigo".)


Aún no ha desarrollado el máximo de su genio. Éste apare-
cerá en su segunda "prosa ficción", en "Los emigrados",
cuatro historias de desterrados que hablan ahora sólo indi-
rectamente de él mismo. Abriga en su semilla la historia que
desarrollará de un modo diferente en "Austerlitz". Todos son
'parientes', Sebald, los cuatro emigrados, Austerlitz, Kaspar
Hauser. Seres a los que se les ha privado de cierta parte de su
identidad (siendo ésta una relación del sujeto con el Otro, e
incluyendo en ese otro el lugar, la 'Patria', ¿el padre-Patria?).



Ya se ha desplazado de sus textos, y
aparece como un narrador cuya trayectoria es producto de
los recuerdos que va enhebrando mágicamente. Influído
por el conocimiento de Jean Amery y su libro más impor-
tante


Sebald girará en torno del genocidio causado por sus compa-
triotas, en una mezcla de melancolía y lucidez notables.
Incluirá un capítulo acerca de Amery y sus padecimientos a
manos de la Gestapo en uno de sus libros de ensayos

 

y su manera de relacionarse con Alemania siempre quedará
marcada por esta profunda ambivalencia. En otro libro de
ensayos, se abocará a la literatura alemana con un título
inequívoco


Su tercera obra de "prosa-ficción" es tal vez su mejor traba-
jo, a mi entender realmente deslumbrante. Con una sensibi-
lidad imparable va relacionando por el vuelo de la
memoria temas en apariencia muy diversos. Es frecuente que
diga "eso me recuerda que..." y entonces pasa de narrar sus
caminatas por regiones inglesas que han conocido (y perdido)
el esplendor del siglo XIX, a contarnos la pesadilla de la
ocupación belga del Congo, la historia de Sir Thomas Brow-
ne (del que también se ha ocupado recientemente Roberto Ca-
lasso), el cultivo de los gusanos de seda en China y todo esto
mientras continúa enhebrando relaciones originales y cauti-
vantes. La que me parece esencial de "Los anillos..." es la
relación metafórica entre escritores y tejedores: ambos como
unos melancólicos que producen modelos complejos, siempre
temerosos de haber escogido el hilo equivocado. Es una repa-
ración, una reconstrucción: "Hay algo terriblemente atractivo
para mí en el pasado. Apenas me interesa el futuro. No creo
que guarde muchas cosas buenas. Pero al menos acerca del
pasado se pueden tener ciertas ilusiones".


Poco antes de morir produce un nuevo giro en su escritura,
contando la historia de otro dañado por la guerra, un perso-
naje real que Sebald ha conocido y al que incorpora a su
libro de tal manera que realidad y ficción se potencian in-
terminablemente. "Austerlitz" es la historia de un hombre en
busca de su identidad perdida. Uno de esos niños que fue
subido a un tren y enviado a Gran Bretaña antes de la Segun-
da Guerra y que ha perdido todo contacto con su origen.


Gran admirador de Kafka y Robert Walser (a quien ama un
poco más que al checo, al parecer, porque hay mucho en es-
ta gran cuestión que llamamos "literatura" de amores tan
inexplicables como cualquier otro amor), Max Sebald esta-
ba en el pico de su creatividad en el momento de su muerte.


("El paseante solitario" es un pequeño libro dedicado a
Robert Walser.)

Cada uno de sus libros es un nuevo salto hacia otra parte,
o en realidad hacia nuevas formas. Sus temas son los de
alguien profundamente afectado por el dolor de los demás;
su obra un ejercicio pleno de la memoria, de lo que no hay
que simplemente 'dejar atrás'.


Luego de su muerte, se multiplica el interés por este hombre
de una gran modestia, que desapareció antes de que el mun-
do lograse neutralizar su misterio por la vía de la notoriedad.

Asimismo, se genera un deseo de seguir conociéndolo, tanto
en los detalles biográficos -fue un hombre muy discreto-, co-
mo en los textos que pudieran permanecer inéditos, ya que
resulta difícil aceptar que la inmensa promesa que significa-
ba su talento, no podrá rendir nuevos frutos.







Otras obras de Sebald: dos de poemas en inglés, y uno
acerca de los tremendos e injustificables bombardeos
aliados sobre Alemania, cuando ya se había inclinado
la balanza de la Guerra







Recientemente han aparecido dos nuevos libros: uno que
colecciona todos sus poemas y otro que reúne textos de
diversos autores y datos biográficos y bibliográficos:
Across the Land and the Water. Selected Poems, 1964-2001
y
Saturn's Moons. W.G. Sebald. A Handbook. Jo Catling and
Richard Hibbitt, editors.
La de Sebald es una obra interminable en el sentido de que
sus libros siempre logran generar nuevas lecturas. Y, algo
que pertenece al orden de lo inefable, Max se hace querer
entrañablemente, no sólo por los alumnos que guardan un
recuerdo entre admirativo y amoroso, sino por sus cada vez
más numerosos y consecuentes lectores, conducidos por
su escritura conmovedora.

                                                          Foto de Chris Buck

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