lunes, 23 de abril de 2012

LAS AMANTES DE DIOS (3) LA SULAMITA

La Sulamita (ca. siglo 3 a.C.) es una de las mujeres del
Rey Salomón. Desde hace algo más de dos mil años, los
versos que se le atribuyen y que forman parte del Cantar
de los Cantares, reflejan la voz de una mujer confiada en
su valor y en sus poderes. A su vez, dedicada a la realiza-
ción de su único gran deseo: unirse con el Bienamado.
Se la puede relacionar con la Reina de Saba, ya que, aún
cuando tanto su situación como su historia difieren bas-
tante: ambas son consortes legendarias de Salomón, am-
bas son mujeres de mente muy abierta y también compar-
ten el oscuro color de su piel. Así debe leerse el "soy os-
cura" del Canto 1:5-6.

CANTO 1:5-6

¡Soy oscura, hijas de Jerusalén,
Y soy hermosa!
Oscura como las tiendas de Kedar, pródiga
Como los tapices de Salomón.

No me vean como oscura. El sol
Me ha mirado.

Mis hermanos están enojados conmigo.
Me hicieron custodiar los viñedos.
No he custodiado los propios.


CANTO 5:2-6

Estaba dormida pero mi corazón permaneció despierto.
¡Escuchen!
Mi amante golpeando:

"¡Abre, hermana mía, mi amiga,
Mi paloma, mi perfecta!
Mi pelo está mojado, empapado
con el rocío de la noche!"

"Pero me he sacado la ropa,
¿Cómo puedo volver a vestirme?
He lavado mis pies,
¿Debo volver a ensuciarlos?"

Mi amor trató de alcanzar el pestillo
Y mi corazón
Enloqueció.

Me levanté para abrirle a mi amor,
Mis dedos mojados con mirra,
Dulce mirra fluyente
Sobre el cerrojo de la puerta.

Le abrí a mi amor
Pero él ya se había ido.
¡Cómo lo deseé mientras me hablaba!

Lo busqué por todas partes
Pero no pude hallarlo.
Lo llamé a viva voz
Pero no me respondió.

Entonces los vigías me encontraron
Mientras recorrían la ciudad.
Me golpearon, me lastimaron
Arrancaron el chal de mis hombros,
Esos vigías de los muros.

¡Júrenme, hijas de Jerusalén!
Si lo encuentran ahora,
Deben decirle,
Que estoy en una fiebre de amor.


CANTO 7:12-14

Ven, mi bienamado,
Vayamos a los prados
Y durmamos toda la noche entre la floreciente henna.

Vayamos temprano a los viñedos
Para ver cómo la viña ha brotado,
Si los capullos se han abierto
Y la granada está en flor.

Allí te daré mi amor.

El aire está colmado con la escencia de las mandrágoras
Y a nuestras puertas
Ricos obsequios de todas clases,
Nuevos y viejos, mi amor,
He escondido para tí.

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