jueves, 9 de diciembre de 2010

LOS "TANKAS" DE IZUMI SHIKIBU



LOS "TANKAS" DE IZUMI SHIKIBU

Izumi es considerada la mayor poetisa de la
historia de Japón. Otros la consideran la mayor
poetisa de la historia en general.
Nacida alrededor de 974, hija del lord de la
Provincia de Izumi (de ahí su nombre) vivió en
la Corte Imperial, en Kyoto, que en aquellos tiempos,
constituía probablemente el centro cultural más
importante del mundo.
Casada con un oficial provincial, Izumi no dudó
en dar el gran paso -escándalo mediante- de
vivir un apasionado romance con el hijastro de
la Emperatriz. Divorciada y deshonrada por su
familia, Izumi es, mientras tanto, una consumada
poetisa, escribiendo cientos de tankas (forma
tradicional de la poesía japonesa que reinó durante
mil años, compuesta de 31 sílabas distribuídas en
5 versos [5-7-5-7-7]). A la muerte de su amante,
el hermano de éste, el Príncipe Atsumichi e Izumi
inician una correspondencia poética-amorosa
memorable, parte de la cual constituye los famosos
Diarios de la poetisa. El Príncipe muere en una
epidemia en 1007(los tiempos no ahorraban tragedias)
e Izumi escribe para él 240 poemas de duelo por
su amor.
Se cuenta poco después este incidente: el protector
de Izumi Shikibu en la Corte Imperial era Fujiwara
no Michinaga, padre de la emperatriz y el hombre
más poderoso de Japón. En una ocasión Michinaga
ve un abanico de Izumi en manos de uno de sus
numerosos amantes. Entonces escribió sobre él: "El
Abanico de la Mujer Flotante" y se lo entregó a la
dueña. Izumi no tardó en responder con un poema,
aún cuando Lord Michinaga era un impredecible
destructor potencial de carreras:
"Algunos cruzan el Paso del Amor,
algunos no lo hacen.
A menos que tú seas el guardián de ahí
no es tu derecho
lanzar culpas."
La Corte del siglo XI en Kyoto, precedida por la
Emperatriz Akiko, ha constituído el siglo
de oro de la poesía japonesa femenina, ya que tanto
Murasaki Shikibu (que no era pariente de Izumi, ya
que en su caso el "Shikibu" es un título y no un
apellido), la inventora de la novela, con su "Cuento
del Genji" y Sei Shonagon, la autora del "Libro de
la Almohada", de reciente edición castellana,
formaban parte de ese grupo, así como Ise no Tayu,
y Akazome Emon, todas ellas como Damas de la
Corte en Espera.  Poco después la hija de Izumi,
Naishi, también lo haría.
(Es necesario decir que estas mujeres escribían
en japonés, en una época en la que el idioma poético
'oficial' o culto era el chino. Si bien el japonés deriva
del coreano y no del chino, la poesía japonesa es
una derivación de la riquísima tradición poética china.
La primera gran colección de textos poéticos del
Imperio es el Manyoshu, de la última mitad del
siglo VIII, que contiene más de 4000 poemas. La
segunda Gran Colección de Poesía Japonesa es
el Kokinshu o Kokinwakashu, correspondiente a
la Era Heiana, desde el siglo VIII al XII. Este libro
contiene 1111 poemas, sólo 9 de los cuales no son
tankas.)

A los 36 años, IZ se casó por segunda vez y partió
con su marido a un puesto en las provincias, no
regresando jamás a las cortes imperiales. Se supone
que murió a los 60 años de edad.
Estos son algunos de sus Tankas.

No puedo decidir
Cuál es cuál:
El luminoso
ciruelo brotado es
la luna de la noche de primavera.

Esta noche
Sin nadie a quien esperar,
¿Porqué mis pensamientos
Se ahondan
junto con el atardecer?

Cuando llega el invierno
Que congela las aguas,
Las cañas flotantes parecen enraizarce,
Como si la quietud
Fuese su propio deseo.

Arranco
Un racimo de azaleas de roca
Para guardarlas: en sus flores
Veo nuevamente
Las batas teñidas de rojo que mi esposo usaba.

Por más salvajemente
Que broten las flores de cerezo este año,
Las veré
Con el aroma de los ciruelos
Llenándome el corazón.

Desde una oscuridad
hacia otra oscuridad
pronto deberè ir.
¡Ilumina el largo camino que me espera,
luna del borde de la montaña!

(Enviado a un hombre que cada noche decía
que la visitaría pero nunca lo hizo)
Si sigo con vida
para esperar esta noche, entonces otra vez
me sentiré de este modo-
lo cual me hace desear que mi vida termine
antes de que llegue la noche.

En mi pereza
me vuelvo a mirar el cielo-
aunque no pueda ocurrir
que el hombre que estoy esperando
vaya a descender de los cielos.

Ni el más helado
viento de otoño
podría herirme
como esta tormenta primaveral
de pétalos dispersándose.


El tiempo pasa
un hombre olvida
y ya no regresa;
así y todo
dependo de sus promesas.


En una noche
en la que la luna
brilla tanto como ésta,
los pensamientos inhablados
aún del corazón más discreto deben ser visibles.


¡Qué fácilmente,
partiendo de mi casa,
atraviesa él
la textura brocada
de las hojas de otoño!


Aún si te viese
una sola vez
te extrañaría
a través de mundos
y mundos.

Sin uso alguno
estos capullos de cerezo floreciendo
alrededor de mi casa.
Ya que es a la dueña del árbol
a quien las personas vienen a ver.

Por ahora estoy aquí,
¿pero se puede confiar en el futuro?
No, no en un mundo
que nos enseña sus maneras
con la gloria de la mañana.

(Escrito luego de la muerte de su hija Naishi,
quien a su vez dejó una hija recién nacida):

Después de dejarnos,
ella estará lamentándose,
¿pero por quién en mayor medida?
Sin duda por su propia niña,
como yo lo hago por la mía.

¿Qué he de hacer
si el hombre que he estado esperando
viniese a mí ahora,
no queriendo que las pisadas perturben
la nieve de mi jardín?


¿En qué difieren, realmente,
el arder visible
de la polilla de verano
y este cuerpo,
transformado por el amor?


Despierta por el perfume
del ciruelo floreciente...
La oscuridad
de la noche de primavera
me colma de nostalgia.



Nada
en el mundo
es habitual hoy.
Esta es
la primera mañana.



Ven enseguida- tan pronto como
se abren los capullos,
caen.
Este mundo existe
como el viso del rocío sobre las flores.


Verte es el hilo
que me ata a esta vida-
si ese nudo
se cortase en este instante,
no tendría ningún pesar.



Insomne
velo
por la noche de primavera-
pero ninguna cantidad de guardia
es suficiente para hacerla permanecer.


¿Qué sucede
con esta hora de crepúsculo?
Aún el sonido
de una brisa casi imperceptible
traspasa el corazón.


La gota de rocío
sobre una hoja de bambú
permanece más tiempo
que tú, que te esfumas
al amanecer.


Este corazón,
extrañándote,
se parte
en mil pedazos-
no quisiera perder ninguno.



En mi soledad
parto y quemo
ramitas en el crujiente fuego-
en este villorio invernal de la montaña,
esperando que al menos el humo no se vaya.


(Uno de los Tankas de duelo por el Príncipe Atsumichi)

Uno por uno,
al final del día,
los pájaros alzan vuelo
en todas las direcciones-
¿cuál podría conducirme hasta vos?




BIBLIOGRAFIA

La fuente más importante es la obra de Jane Hirshfield con
Mariko Aratani: The Ink Dark Moon. Love Poems by Ono
no Komachi and Izumi Shikibu, Women of the Ancient Court
of Japan. Vintage Books, 1990.
Además:
Hiroaki Sato and Burton Watson. From the Country of Eight
Islands. An Anthology of Japanese Poetry. Anchor Books,
1981. Contiene 51 tankas de Isumi.
Earl Miner. An Introduction to Japanese Court Poetry. Stan-
  ford Univ. Press, 1968.
Geoffrey Bownas and Anthony Thwaite. The Penguin Book
  of Japanese Verse. Penguin, 1983.

6 comentarios:

maria del carmen nazer dijo...

En ste bloghe aprendido sobre los TANKAS. Maravillosa entrada. Muchas gracias . Besos de luz,

Robert Rivas dijo...

Gracias por tu comentario, que estimula.
Y gracias por la luz, que se precisa.

Loreta dijo...

Hola Robert!
Leí hace pocas semana el libro "La elegancia del Erizo" en el cual se hace una breve introducción a los Tankas. Quedé encantada con la simpleza y elegancia de las palabras.
Gracias por subir las traducciones.
Son bellas!

Robert Rivas dijo...

Hay mujeres que sacan mucho mucho de la gran fuente que es la feminidad. Izumi es una de ellas, ¿no te parece?
Gracias por tu comentario.

juan manuel dijo...

En estos poemas se siente el aprecio por el instante, ya que la belleza es efímera y se busca la forma de volverla eterna.

jose antonio ramirez garbi dijo...

Hola, bella entrada, pero me gustaria saber la fuente de estos textos, quien los tradujo por lo menos. saludos.