miércoles, 8 de diciembre de 2010

LEJOS DE BLILKLA: KÉRAS THANÁTOIO



"PUNGHA es una región que deberíamos
explorar más a fondo",
decía Richard Howrath en sus "Memorias
precarias".
Y, en efecto, es tan poco
lo que se conoce de esa región
y de las luchas ancestrales
entre sus dos etnias dominantes,
que finalmente hemos decidido revelar
lo que nuestras expediciones han presenciado
en el vasto territorio
de los Embalsamadores y los Momificadores
de PUGHNA.
La primera lucha nace del hecho
evidente y a la vez fundante
de que los Embalsamadores trabajan
con "elementos vivos",
mientras que los momificadores
trabajan con "objetos inertes".
Los primeros intentan desacralizar y los segundos
sacralizan.
"Embalsamaron un río en SVERNIA".
Es cierto- lo repiten hasta el cansancio sus adversarios-
que se trata de un río menor, ni afluente ni confluente,
han dicho, apenas un "emisario".
Pero lo han embalsamado completo
y no en el lugar
por lo que el transporte del riacho
("llámenlo como quieran")
tampoco ha sido una tarea de poca monta.
Y el lugar,
el lugar destinado a embalsamar
aunque sea a un 'emisario',
es un lugar que debe disponerse a sufrir
toda clase de alteraciones.
Será necesario montar allí una estructura
capaz de acunar una gran cantidad de líquido
sin olvidar que el líquido en cuestión
no tiene intención alguna de contribuir al proceso,
y que se trata, por supuesto, de líquido en movimiento,
de tal manera
que el embalsamado que comienza en un extremo,
-y, según se asegura, encontrar un extremo
cualquiera de un río
es una tarea capaz de amedrentar
a más de una civilización,
por antigua y letrada que esta sea-
debe realizarce en forma sistemática y minuciosa
al mismo tiempo,
lo cual implica incluir en la definitiva sustitución
de una sustancia viva por una sustancia inerte,
una sustancia neutra,
y que sin embargo conserve la imaginación
del movimiento contínuo y progresivo de las aguas,
su murmullo y su tronar,
los reflejos de la luz del día y de la noche
en su superficie,
y aún en su -llamémosle así- interior,
cosa inexistente pero con la que ciertamente
habrá que lidiar,
ya que un río, cualquiera sea,
un  río salvaje de los cañadones, por ejemplo,
o un gigante domesticado como el Danubio,
o bien un pequeño afluente, un 'emisario',
parecen carecer tanto de adentro como de afuera.

"Desnudo,
el río en agua viva".

¿Y cuál es la piel del río?
Todo eso el embalsamador experto
lo sabe mejor que nadie,
porque ESO es lo que deberá embalsamar finalmente,
un cuerpo sin 'fuera' ni 'dentro',
un cuerpo sin cuerpo, de fluido fluir y de andar yéndose
y que donde estaba no se encuentra,
y que nunca se encontrará su dónde-estaba.

Para todo ese trabajo inmenso
hay un día decisivo.

Estos no son pueblos que medran con 'lo conveniente'.
"¿Quién está libre de dañar?", preguntan
a los forasteros
los embalsamdores de PUNGHA,
con una expresión intraducible en sus rostros.
Pero, finalmente, ¿cómo lo hacen?
¡Bálsamos! Aceites, aceites en una cantidad,
aceites en una tamaña desproporción,
aceites cuyo peso-olor, cuyo deslizar
cuya inexorable SINTONÍA con el agua
es tan PRECISA, tan sensible
que ni siquiera el agua se da cuenta
de que está dejando de fluir.
"Un día decisisvo", sí, juegan sus suertes.
Un río desmañado, por pequeño que sea,
es capaz ("¿Quién está libre de dañar?")
de ahogar a todo un pueblo.

También, según se dice, embalsaman raudales
de tiempo.
El Tiempo, un verdadero Impatiens por estos lares,
está repleto de semillas
y, al tocarlo, se produce de inmediato
una gran balocoria, llamada también
'liberación explosiva',
con el riesgo de sembrar esquirlas
de los más diversos tiempos
en los cuerpos  cercanos,
generando a futuro
complicaciones innumerables.

En PUGHNA los escasos Embalsamadores
que quedan,
arriesgan de contínuo sus destinos.

Los Momificadores, entretanto, mucho más numerosos,
trabajan con objetos.
Nos muestran su última gran hazaña colectiva:
la momia de una pequeña luna caída de Rrirricia.


(Y un hallazgo menor: la figura que ilustra nuestras
notas de la región PUNGHA, se encuentra en el pasillo
subterráneo que unía a las diversas tribus ya extintas,
predecesoras de los pueblos actuales. Se trata del
rostro del Dios SILIÉN, el antiguo Dios de la Eternidad,
simbolizado por la piedra o, por su templo, la montaña.
En la actualidad, tanto los Embalsamadores como los
Momificantes, lo consideran'desactivado'.
Pero como en todas partes, corren rumores.
Los murmullos de PUNGHA sugieren que el Diós SILIÉN
proyecta volver a la actividad. Y algunos ancianos
insisten en recordar su temperamento volcánico. Esas mismas
voces creen recordar haber oído que hace algunos milenios,
el Dios SILIÉN, o lo que éste representa, fueron una de las
primeras presas del aprendizaje de los Embalsamdores.) 

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