domingo, 14 de noviembre de 2010

ANTIGUA GRECIA: POEMAS DE AMOR


Varios de estos poemas provienen de La Antología
Griega, una colección de algo más de 4 mil epigramas,
compilada por el docto bizantino Kefalas en el siglo X.
Geográficamente, los poetas provienen tanto de
Grecia como de Italia, Egipto, Siria, Macedonia y
Lydia, pero todos han escrito en griego. Creo

que expresan una noción del amor que desmiente
el concepto de que el amor como lo conocemos hoy
en occidente es una invención del siglo XVIII. Por el
contrario, parece que nuestra vivencia del amor
fuese heredera directa de aquella, salvando las
flores y los dioses, claro.



Si odiar es dolor y amar es dolor
entonces de estas dos amargas agonías
dadme la que es agridulce
EUENOS

Eros, de duro corazón,
si quemas mi pequeña alma
demasiado seguido, se volará.
Ella tiene alas también.
MELEAGRO (s. II a.C.)

Cuando eras uvas verdes me rehusaste,
cuando estabas madura en el racimo me enviaste lejos.
Dame, al menos, un mordisco de tu uva seca.
ANÓNIMO

Esta tumba contiene a Archeanasa,
la cortesana de Kolofón
cuyas arrugas mismas fueron agraciadas
con dulce Amor.
Oh, ustedes jóvenes que recogieron
los frescos capullos de su juventud,
¡qué fuego habéis atravesado!
ASCLEPÍADES (s. III a.C.)

Si mi beso te ofende
entonces castígame con los tuyos
ESTRATÓN (s. II d.C.)

No beses la cara de Alphaeus:
él navega los pechos de Arethusa
y bebe de su más oscuro mar
ANÓNIMO

Aún vestida de arrugas, querida Philinna,
eres más hermosa que las jóvenes.

Prefiriría saborear las manzanas
que cuelgan pesadas de tus ramas
que pellizcar los firmes pechos de las muchachas.

No me atrae la juventud.
Tu otoño brilla más que una mortal primavera,
Tu invierno es más cálido que el sol del verano.
PAULO SILENTARIO (s. VI a.C.)

Ven, dame besos, Rhodope,
y honra a la Sagrada Kypris.
Pero por favor, mantén nuestro amor secreto-
las mieles del amor secreto son más dulces.
PAULO SILENTARIO

Safo besa tiernamente,
su pecho desnudo es suave.
Pero su corazón está hecho de diamante,
el amor está pintado sobre sus labios.
Un hombre que ha probado los besos de Safo
sufre la sed de Tántalo.
PAULO SILENTARIO

Didyme me saludó con una rama de olivo,
y ahora mi corazón se derrite como cera
envuelta por la llama.

Ah, sí, ya sé, ella es negra.
También lo es el carbón antes de la chispa
que lo hace arder como rosas.
ASCLEPÍADES

Toca, copa,
los melifluos labios.
Yo, envidioso,
miro y espero.
LEONTIO (s.VI a.C.)

No me dejes
completamente abandonado.
espera
a que la Estrella de la Mañana
sea un fantasma
en el cielo,
un ala pálida
blanca
transportando al sol.
ION de CHIOS (s. V a.C.)

La hermosa Melita, en las agonías de la mediana edad,
retiene su gracia juvenil.
Un rubor en la mejilla- ella seduce
con los ojos. han pasado muchos años,
pero no su risa aniñada.
Todos los estragos del tiempo no alcanzan
para rendir a la naturaleza verdadera.
AGATíAS ESCOLÁSTICO (s. VI d.C.)

Algo en mi alma
grita, "¡Huye de Heliodora!
¡Aprende de sus pasados furores!"

Pero aquí yazgo,
deshonrado,
impotente de dejarla.

Y ella, aún libre de vergüenza
dice, "¡Vete!" Y mientras lo dice
besa.
MELEAGRO

Este hombre: este na-da: vil: este bruto esclavo:
este hombre es amado, y gobierna el alma de alguien.
BIANOR

Me enamoré de sus besos
me bañé en ellos,
Paladié, clamé,
suspiré por ellos.
Ahora soy nada.
Ella se ha ido.
Esto es lo que es el amor:
sólo el amor recuerda.
ANÓNIMO

Te me niegas, ¿y con qué fin?
No hay amantes, querida, en el submundo,
No hay amor sino aquí: sólo los vivientes conocen
la dulzura de Afrodita-
pero abajo,
pero en Aquerón, cuidadosa virgen, polvo y cenizas
serán nuestro único acostarnos juntos.
ASCLEPÍADES

Aquí, Rjodoklea, tienes una guirnalda,
capullos enlazados con mis propias manos.
Aquí hay lilas y rosas,
húmedas anémonas, blancos narcisos
y violetas fulgurando oscuridad.
Úsalas y deja de envanecerte.
Tu belleza, como la de ellas, se marchitará.
RUFINO (fecha incierta, 5 primeros siglos d.C.)

La deliciosa Theano vino a quedarse conmigo,
pero luego lloró lágrimas amargas toda la noche
y maldijo a la naciente estrella vespertina
porque anunciaba el arribo del amanecer.
Nosotros los mortales nunca estamos satisfechos.
Nosotros los amantes deberíamos tener noches sin albas.
PAULO SILENTARIO

No quiero más violetas blancas
y canto-de-lira,
no más vinos de Chian
y mirra Siria,
no más parranda
y prostitutas ebrias-
odio todo eso,
me está volviendo loco.
Pero rodéame de narcisos
y dame a probar la flauta traversa,
frótame con bálsamo azafranado
humedece mi lengua con vino de Mytilene
y cásame con una muchacha hogareña.
FILODEMO (s.I d.C.)

Amo, y no amo.
Estoy loco, y no estoy loco.
ANAKREONTE (s. VI a.C.)

Tenías amor, Sosikrates,
cuando tenías dinero,
pero ahora que eres pobre parece
que ya no hay amor para vos.
¡Qué cura del amor es la pobreza!
Hasta Menofila, que solía llamarte
su precioso y amoroso Adonis,
ahora pregunta quién sos y de donde venís.
Supongo que has tenido que aprender el significado
de ese antiguo dicho:
"El hombre que nada tiene tiene por amigo
 a nadie."
MARCO ARGENTARIO (s. I d.C.)

El beso de Europa sería dulce
si descansara apenas sobre los labios,
un leve toque sobre la boca.
Pero más, mucho más que esto:
ella apretahondo y fuerte
y arranca el alma de la punta de mis dedos.
RUFINO

Diokleia, verán es delgada
una Afrodita flacucha, aunque ella
tiene los modos más encantadores.

Entonces no habrá mucho que nos separe
cuando caiga sobre su delicado pecho
y yaceré tan cerca como pueda de su alma.
MARCO ARGENTARIO

Me atrajo,
la besé,
tuve suerte, soy amado.
Pero quien soy yo
y quien es ella,
y cómo ocurrió
sólo Dios sabe.
ANÓNIMO

La noche es larga e invernal.
Las pléyades destellan en la fresca oscuridad.
Ida y vuelta paso ante su puerta,
empapado de lluvia y atormentado
de deseo por ella- la tramposa.
¡Esto no puede ser amor! ¡No!
Afrodita me ha atravesado en vez con agonía,
un ardiente dardo surgido directamente del fuego.
ASCLEPíADES

Debe haber sido el mismo Eros
quien afiló la uña de Heliodora;
hasta su más suave rasguño amoroso
punza mi corazón.
MELEAGRO (s. II a.C.)

Solía rezar, Thalia,
por la noche en que tú vendrías
y yo pudiese calmar mis ansias
llenándome los brazos con tu delicia.
Y ahora estás acá,
desnuda y dispuesta a mi lado,
pero yo estoy débil y fláccido de sueño.
¡Despierta, cuerpo!
¿Cómo puedes hacerme esto?
¡Puede que no vuelva a tener esta oportunidad!
RUFINO

Todo lo que ansío
es tocar la mano de Neoboule.
ARQUÍLOCO (s. VIII a.C.)

Tú me haces arder
SAFO (s. VI a.C.)

1 comentario:

daniel dijo...

son versos en prosa, que no tienen normas de ajustes o rimas establecidas..pero denotan mucha pasión y desenfrenos por los placeres del mundo..