domingo, 29 de agosto de 2010

POEMAS DE BLILKLA (IDIOMAS OLVIDADOS)

DE VIAJE

Me compré un baño-maleta.
Baño portátil.
No se te ocurra andar por Quasidda
sin comprar (o alquilar)
uno.
Al abrir sus dos trabas
aparecen,
de un lado un inodoro pequeño
y del otro
un lavamanos
más pequeño todavía.
Éste cuenta con un espejo
que se despliega automáticamente
(si se tiene suerte, claro)
al abrir el baño maleta.
En el espejo aparece,
a nuestras espaldas,
aunque estemos en la calle
o en el medio del campo,
un modesto cuartito de hotel
que resultaría grato
si no estuviese
-siempre-
ocupado.




ESCENA EN UN TEMPLO DE JIRGU

Alguien ha cazado un pajarito de luz.
Los demás corren alborozados
en busca de sus sables.



BATALLAS

Multitudinarias batallas
entre turbas de hipopótamos y de rinocerontes
en las ciénagas de Umbadinga.
Vahos y vapores que transportan bestias heridas,
entre brumas y tormentas, hundidos en fangos hirvientes.
Los rescates se hacen al atardecer,
cuando las batallas declinan
y las oscuras mareas lo permiten.
Barro y sangre hierven como en una olla,
asaltando las bodas.
Ululantes quejidos se mezclan
con nuevos gritos de guerra.
Torvos timoneles
y hombres envueltos en relucientes
capas de plástico,
bicherean esos tremendos cuerpos
sobre cubierta,
mientras intentan
no quedar sepultados
para siempre
en el infierno-mundo
del pantano
y de las bestias.



PODERES

Se puede también reir sin risa,
llorar sin llanto,
caminar afuera de los propios pasos.
Se puede también recibir la brisa
de la indeseada visita del espanto.

O se puede tener un cuerpo
como la silla móvil del alma,
y un teclado donde suenan
sordas músicas extrañas.
Y se puede florecer, si se florece,
en ramas muy lejanas.

Y en una estación remota,
entre extranjeros y extraños,
puede, sin que lo note nadie,
perderse el pasajero para siempre,
entre el ayer y el mañana.




LOS OJOS DE KAFKA

La oscuridad está viva.
Bajo el puente de las cejas
los dos raudales
pasan sin mezclarse.
Fluyen, un secreto y otro,
el río y la noche.




2a. RETICULA

El paraíso, según Fijman,
"es una especie de selva. Nadie ha entrado."

En ese otro paraíso
las polleras de los palacios de seda y piedra
están sumergidas
en la noche del agua.

Como sus muslos dormidos en el misterio,
en la bañera.

Cercana a esa especie de selva,
emerge su mirada rica-en-lenguajes.
Y húmeda,
como una lengua.

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