viernes, 23 de agosto de 2024

UN POEMA PERDIDO DE LA POETISA CHINA HSÜE T'AO

  Muchos papeles, recortes, escritos a máquina (con diversas

máquinas que podrían generar una cronología estrafalaria),

traducciones que perdieron el libro al cual pertenecían...


 Este es un poema que traduje no sé cuándo

 No está escrito a máquina, sino a mano.

 ¿Por qué no publicarlo, así, solitario, si un solo poema es

lo que me resta de esa mujer que vivió entre 768 y 831, en

algún lugar de China, y que dejó esta huella acerca de lo

que sentía?



EL ARROYO DE OTOÑO


Se ha tornado cristalino últimamente

Y fluye alejándose como una cinta de humo

Con la música de una cítara de diez cuerdas.

El sonido invade mi almohada,

Y devuelve a mi mente a amores pasados,

Y no me deja dormir, la melancolía.


HSÜE T'AO (768-831)

viernes, 16 de agosto de 2024

ROBERT R. RIVAS TIERRA

  En la lejana Isfhundia

  los gobernantes eternos han logrado

  el "gran milagro de la Ciencia".

  Es verdad que eso que ellos llaman así

  ha recibido nombres indecorosos

  por parte de otras culturas.

  Pero es su Gran Gran Logro.

  ¡Finalmente!

  Han logrado que sus habitantes -

  que viven ahí desde tiempos

  sumamente ancestrales -

  puedan comer tierra.

  Y, aparentemente, como todo parece indicar,

  digiriéndola.


    "Comer tierra" se ha vuelto, de pronto,

  la afición de todo ese pueblo de crónicos hambrientos.

  Por fin habrán de acabar los larguísimos

  tiempos de la necesidad insoportable

  de alimentarse de algo.


   Ya varios cantos expresan el júbilo

   experimentado por el gran triunfo

   de los eternos gobernantes de Isfhundia.

   

   En algunas partes, esa expresión es profunda

   y cotidiana,

   prácticamente no se habla de otra cosa


   "Hay animales que podrían 

    comer tierra

    pero no lo hacen:

    eligen escarbarla.

    En su miserable atraso

    sólo la utilizan como madriguera."


   La vieja madriguera que sabe tanto a madre

    

   Admiten, sin embargo, que

   los animales ésos pueden

   saber muchas cosas que ni

   sospechamos:

   salen mucho (tienen mundo/mundos)

   andan a riesgo

   a cara o seca

   cada día y cada noche

   la última, la única, la primera

   y han sobrevivido mejor que los humanos


   "La primavera le hace 

    cosquillas

    eróticas

    a la tierra"


    "Los terrones mueren por ella"


   "¡Cómo el agua de la lluvia

    que embebe y embriaga - ávidamente

    succionada por

    la tierra- mejora su sabor!"


   "Ya nos preocuparemos, advertidos

   de que siempre que se resuelve un problema

   aparece otro nuevo 

   y que a primera vista parece peor que el anterior.

   (Como el asuntito ése de que un día empiece

   a escasear la tierra. Nuestros científicos 

   se abocarán a ello. Y lo resolverán, seguro,

   aunque les lleve la miríada de años que ha costado

   resolver éste.)"

jueves, 15 de agosto de 2024

MÁS POEMAS DEL SÁNSCRITO

 




 Poesía eterna, es cierto. Pero, ¿qué sucede si no la publi-

camos de tanto en tanto? Nada se recuerda solo a sí mis-

mo. La memoria está dirigida a un otro (Otro). A veces

ese otro es uno mismo, cuando nos sumergimos en un tro-

zo arrancado 'intacto' al pasado. Pero los poemas nos nece-

sitan, al menos tanto como nosotros a ellos.

  Ya he hecho otras publicaciones de poemas del sánscrito.

pero es una poesía tan bella, tan plena de sentimientos hon-

dos, de emociones intensas, que vuelven a emerger, como

islas del mar del olvido, llenas de frutos y sombras, deseos

y cuerpos.

   Con las traducciones sucede algo parecido a lo que ocurre

con los recuerdos: hay un desdoblamiento insalvable, entre

aquel que vivió ese momento y este otro que lo recuerda. Pa-

recen el mismo, pero nunca lo son del todo.


 LOS POEMAS



 Por la mañana sus amigas

 le exigen detalles

 de la noche.

 Ella da vuelta su rostro -

 un capullo cerrado no da perfume.

 Pero mientras le ornamentan

 los pechos con rayas

 de musgo y azafrán,

 temblores involuntarios

 revelan las invisibles huellas de las uñas.


 MURARI




 Alguna indeterminada

 cosa de no placer,

 no dolor,

 que trasciende la descripción,

 las mentes respetables la han declarado

 "Parecidas a soltarse"


  Pero esta

  muchacha temblorosa,

  con el pelo

  sobre sus brazos y piernas excitante,

  un brillo en sus ojos

  como si hubiese bebido licor-


  la pollera cuando se desliza

  de su figura

  a mi mente eso

  es soltarse


  Del SHRINGARATILAKA




  Amigas, ¡qué suerte tienen de que pueden hablar

  acerca de lo que hicieron como amantes:

  las bromas, las risas, las palabras,

  el éxtasis!

  Después que mi querido puso su mano sobre el nudo

  de mi pollera,

  juro que no recuerdo nada.


  VIJJIKA (VIDYA), circa 659.




  Aún el hombre feliz

       vislumbra algo

          una hebra de sonido lo toca


      y su corazón se inunda con una nostalgia

           que no reconoce


   entonces debe ser que está recordando

         en un lugar lejano

         formas que ha amado


         en una vida anterior a ésta


         su impresión está aún allí aguardando


     KALIDASA (s. V)




  Los ciclos del día y la noche

  marcan nuestro declive

  pero atrapados en nuestras vidas

  no los vemos deslizarse.

  El dolor, la muerte, la vejez

  no nos preocupan;

  bebemos mentiras hasta chapotear en la ebriedad

  y el loco mundo da vueltas a través de la nada.


  BHARTRIHARI (¿s. VII?)




  En los amigos ya no confío.

  Soy demasiado tímido

  para lanzar una mirada juguetona

  a aquella que incendia

  mi pasión.

  La gente es rápida para burlarse-

  la más leve indiscreción

  no pasa desapercibida.

  Oh madre, ¿dónde puedo esconderme?

  Las llamas 

  del deseo insatisfecho

  marchitan el corazón.


  Del AMARUSHATAKA (Cien poemas de Amaru)




  Brillantes cadenas de amaranto alrededor de sus caderas,

  brotes frescos de mango en sus orejas,

  el rojo asoka sobre sus pechos

  y el mâdhavi en sus cabellos,

  sus cuerpos todos teñidos con colorete

  con polen amarillo de la bakula:

  tal es la costumbre de nuestras muchachas; que su llegada

  les traiga dicha a lujuriosos muchachos.


  SÂVARNI




  Los árboles de mangos están cubiertos con el humo negro

                                      de las abejas;

  las ramas brotadas de las asokas arden en llamas

  mientras que los kimsukas oscuros capullos se convierten

                                       en brasas de carbón.

  ¡Ay! ¿cómo puedo darle descanso a mis ojos

  cuando las obras del Amor están por todas partes?


  VÂKKÛTA



  Cómo lo regañaba,

  al viajero, anoche,

  desperdigando paja para su cama.

  Esta mañana, recogiendo los fragmentos,

  cómo llora.


  ANÓNIMO (Del Sattasai del Rey Hala)




  Nubes negras a la medianoche;

  Ruedan profundos truenos.

  La noche ha perdido la luna:

  Una vaca mugiendo por su becerro perdido.


  SÛDRAKA


Versiones  del inglés al castellano: Robert R. Rivas.



 FUENTES


John Brough. Poems from the Sanskrit. Penguin Books, 1968.

Andrew Schelling. Dropping the Bow. Poems from Ancient

      India. Broken Moon Press, 1991.

Tony Barnstone. Literatures of Asia. Prentice Hall, 2003.

Daniel H. H. Ingalls. Sanskrit Poetry from Vidyakara's

       Treasury. Harvard Univ. Press,  2000. 

W.S. Merwin. East Window. The Asian Translations. Copper

        Canyon Press, 1998.

Andrew Schelling. Erotic Love Poems from India. Shambala,

         2004.



domingo, 21 de julio de 2024

POEMAS DE ANDRÉ FRENAUD

  



LOS HILOS AZULES DEL TIEMPO


 Los hilos azules del tiempo

 Te han enredado en mi sienes

 Siempre recordaré

 tu pelo

  Después de la amargura

 Tantos otros pasos vacíos

 del otro lado del olvido

 muerte de tantas muertes

 aún vivo

 un brillo de ojo claro

 está montado en mi vista

 todo el ardor de tu belleza

 puede oírse en voz baja

 en todos los días de mi voz

 un signo perdido transformado en mi espejo

 una dulzura en la confusión de mis sueños

 un calor entre los fríos pechos de mi noche


 Yo muero de mi vida

 Yo aún no he terminado

 Te traigo todavía

 el fuego de mi amor.




 MÁQUINA INÚTIL


 Una máquina para hacer ruido

 que resopla y ruega y proclama

 no sólo para mantenerte callado

 tal vez no para divertirme

 construida con palabras desorientadas

 para decolorarse unas a otras

 para entrar en la profundidad del grano

 para perforar todos los granos

 para pasar a través de las perforaciones

 para bombear el agua impregnable

 cuyo curso ruge sin sonido

 una máquina para capturar este silencio

 para poner un poco en tu oído

 un gran aleteo de alas inútiles.




 ¿QUIÉN POSEE QUÉ?


 ¿Quién posee lo que hay en estos corrales? ¿Quién posee

 esa montaña cercada hasta la cima,

 los pacientes muros, el dorado trigo, los almendros?

 ¿Serían tuyos, tuya estos bellos dominios,

 esa casa ese precioso pequeño estanque,

 el niño que llora en el césped?

 ¿Ah! quién sabrá cómo retener entre sus manos

 los muros que se derrumban, la flor inmutable,

 las herencias desmembradas, las fuentes que se secaron?

 ¿Quién leerá los nombres de esas familias muertas

 en el musgo de tumbas olvidadas?

 Y el viento, las rocas, y la muerte, ¿a quién le pertenecen?



 André Frénaud, 26/7/1907-21/6/1993. Nació en Montceau-les-

Mines, Borgoña, Francia, y murió en París. 

 "Tengo, podría decirse, una particularidad: comencé a escribir 

poemas muy tarde, aunque había garabateado unos pocos poe-

mas a los 15 o 16 años. No guardé ninguno de esos, porque no

eran buenos y para entonces yo tenía ambiciones literarias muy

diferentes. En ese tiempo quería seguir una carrera en psicolo-

gía social. Estudié filosofía, y sólo comencé mi segundo flore-

cimiento bastante después, en 1938. En abril de ese año me ocu-

rrió un fenómeno extraño que se constituyó en mi boca, debajo

de la lengua: un texto, y este texto que yo no sabía cómo inter-

pretar, iba tomando forma no tanto a través de imágenes visua-

les sino de una formación de palabras, palabras que estaban en

abierto conflicto unas con otras, que estaban confundidas, que

eran cambiantes, convirtiéndose en otras palabras hasta que un

pequeño objeto finalmente había cobrado forma, suficientemen-

te firme como para que yo fuese a ver a mis amigos que esta-

ban sentados en un café cerca del Puerto Saint Denis y les dije:

"¡Creo que he escrito un poema!"


*




FUENTE


Serge Gavronsky. Poems & Texts. An Anthology of French

Poems, Translations and Interviews with Ponge, Follain, Gui-

llevic, Frénaud, Bonnefoy, Du Bouchet, Roche, y Pleynet.

October House Inc., 1969.




Versiones del inglés, con ayuda de la versión en francés: Ro-

bert R. Rivas (c)


sábado, 13 de julio de 2024

POEMAS DE ADAM ZAGAJEWSKI

 



AL AMANECER


 Desde la ventanilla del tren al amanecer,

 vi ciudades vacías durmiendo,

 tendidas indefensas sobre sus espaldas

 como grandes bestias.

 A través de las anchas cuadras, sólo mis pensamientos

 y un viento cortante vagaban;

 banderas de lino desmayadas en las torres,

 los pájaros empezaban a despertar en los árboles,

 y en las gruesas pieles de los parques

 brillaban los ojos de gatos perdidos.

 La tímida luz de la mañana, eterna

 debutante, se reflejaba en las vidrieras de los negocios.

 Carruseles, por fin en posesión de sí mismos, giraban

 como ruedas de rezo en sus invisibles fulcros;

 jardines ahumados como las ardientes ruinas de Varsovia.

 El primer furgón aún no había llegado

 al muro marrón del matadero.

 Las ciudades al amanecer no son de nadie,

 y carecen de nombres.

 Y yo, también, no tengo nombre.

 amanecer, las estrellas empalideciendo,

 el tren levantando velocidad.


 (Versión del polaco al inglés: Renata Gorzynski, Benjamin

Ivry, y C.K. Williams.)



 CUANDO LLEGÓ LA MUERTE


 No estaba con vos cuando llegó la muerte.

 El hospital municipal fue tu último hogar:

 cuarto blanco, telarañas, pintura 

 astillada, un tarro de cerezas en conserva,

 un viejo ejemplar de un huecograbado, un tenedor de lata

 al que le falta un diente,  dos vasos.

 En la cama siguiente, un sastre con cáncer.

 Eras tan viejo que los médicos pensaron

 que apenas pesarías

 en los números de la muerte.

 Tan viejo que los chicos de tu cuadra

 te pensaban como otro siglo,

 un imperio encorvándose en la vereda rota.

 Mientras la muerte llegaba, sin embargo, vino la juventud:

 de pronto hablabas el lenguaje de la infancia,

 la pantalla blanca entre vos y los vivos

 era el ala de un planeador.

 El goteo endovenoso murmuró, una paloma

 parada impaciente en el alféizar.

 Estabas hablándolo todo acerca de vos mismo

 desde aquel inhóspito lugar hasta dentro de tu muerte:

 el dandy de dieciocho, el maduro de treinta años de edad,

 el maestro alemán que no tenía camión

 para los indolentes alumnos, el pensionista

 con su larga caminata diaria

 eso puede haber medido al final

 la distancia de la tierra

 al cielo.

 Te regeneraste 

 para tu muerte.

 En el pasillo, las apagadas risas

 de las enfermeras; en la ventana,

 gorriones peleándose por miguitas.


 (Versión del polaco al inglés: Renata Gorzynski, Benjamin

Ivry, y C.K. Williams)




 TRAICIÓN


 El mayor deleite, me doy cuenta,

 está sublimemente escondido en el acto de la traición

 que puede igualarse tan sólo a la fidelidad.

 Traicionar a una mujer, a los amigos, a una idea,

 ver una luz nueva en los ojos

 de sombras distantes. Pero las opciones son

 limitadas: otras mujeres, otras

 ideas, los enemigos de nuestros amigos duraderos. 

 Si tan sólo pudiésemos encontrar alguna otredad

 suficientemente distinta, instalarnos en un país que no tiene

 nombre, tocar a una mujer antes

 de que nazca, perder nuestros recuerdos, encontrarnos

 con un Dios otro que el nuestro.


 (Versión del polaco al inglés: Renata Gorzynski)


Versiones del inglés al castellano: Robert R. Rivas (c)


ADAM ZAGAJEWSKI es uno de los más importantes escri-

tores polacos. Nació en la ciudad de Lvov, en la Ucrania Po-

laca, en 1945. Poeta, novelista y ensayista. Estudió filosofía

y psicología en la Universidad Jaguelónica de Cracovia, y du-

rante la década de los 70 formó parte del movimiento de opo-

sición democrática polaco. En 1976 se unió al Comité de De-

fensa de los Obreros, por lo que su obra fue prohibida. Había

publicado su primer libro de poemas en 1972. Desde 1982 re-

partió su lugar de residencia entre París, donde editó la publi-

cación Cahiers littéraires, y Texas, donde fue profesor en la

Universidad de Houston. Regresó a Cracovia en 2002, dando

clases cada año en la Universidad de Chicago, como profesor

invitado. Murió en Cracovia en marzo de 2021.


FUENTE


J.D.McClatchy (Editor). The Vintage Book of Contemporary

World Poetry. Vintage Books, 1996.




 Uno de mis libros preferidos de Zagajewski. Una sucesión de 

recuerdos, reflexiones e ideas.

 

jueves, 13 de junio de 2024

ROBERT R. RIVAS EN LA ESTACIÓN DE BUBLINA

  ¡La estación de Bublina! En otro tiempo famosa por los

traslados masivos de locos a los manicomios de Mándleva

y de Ondâvo.


  Ese tipo que va allá, a pasitos y a zancadas.

  El del sobretodo gris claro que le cubría todo el cuerpo y

le llegaba hasta los tobillos, con enormes bolsillos.

  Extraía el dinero de esos bolsillos.

  A puñados,

  Se veía cómo salían los billetes -viejos, arrugados, irrecono-

cibles, de un color extraño- pero no lograban sostener suficien-

temente su materialización.

  Cuando intentaba, una y otra vez, apoyar los billetes sobre el

mostrador, ante la ventanilla de venta de pasajes, sólo conse-

guía golpear con el puño vacío sobre la madera: los billetes

se habían esfumado. 

  Como un acto de magia al revés.

  Porque había frustración verdadera en el rostro cada vez más

rubicundo de ese hombre.

  Y poco a poco emergía también su voz, sin que hubiese 

abierto los labios, que mantenía apretados de rabia. Pero las

voces salían, de hombres y de mujeres, niños incluso, llenan-

do el espacio que lo rodeaba. Porque todos nos apartábamos 

sin darnos cuenta.

  Las voces escapaban a su control y se multiplicaban a medi-

da que se repetían los intentos: el movimiento ya nervioso, ya

en los límites de la contención- las manos yendo a lo hondo 

de esos bolsillos insondables, hasta alcanzar varios metros de

profundidad. 

  Los brazos se estiraban como goma. Y se notaba que palpa-

ba los billetes, cada vez un poco más lejos, cada vez un poco

más inalcanzables, pero estaban ahí y al fin salían apretados

por sus manos, como cuellos de gallinas. E iba acelerando el

movimiento en su vano intento de llegar con ellos al mostra-

dor vivitos y coleando.

  Pero una y otra vez los billetes desaparecían en el camino.

  Se esfumaban. Como una visión, como si estuviesen hechos

del mismo material que los sueños y acercarlos a la ventanilla

los despertara.

  No obstante, el hombre, sí ese que va ahí, ya saliendo de la

estación, con ese paso tan alterado, lleno de saltos, temblores

y tropezones, insistía. Ya su rostro había pasado del rubor in-

tenso al azulado peligroso. 

  El movimiento de sus brazos de goma, era veloz, incesante,

enloquecedor. Hasta que el impávido vendedor de boletos, de

expresión aburrida, como si esto sucediera con harta frecuen-

cia, bajó bruscamente la persiana de la ventanilla.

  Y pausadamente se lo vio, desde un costado como estábamos

los que seguíamos atónitos esta escena, ponerse el saco, cerrar

con llave el cajón del dinero, guardar los boletos que no había

vendido en un mueblecito que había detrás suyo, y por fin re-

tirarse sin más.

  El hombre del sobretodo recibió la acción del vendedor de

pasajes con una insólita, súbita calma.

  Le costó componerse, sin duda, le debe de haber costado un

esfuerzo sobrehumano, que disimuló al máximo. 

  Unos cuantos tics de diversas clases comenzaron a bailar

en su rostro y hasta parecía que invadían todo su cuerpo.

  Las voces -se sintió claramente- fueron chupadas desde su

interior y lo recorrieron como una descarga eléctrica.

  (Nada de qué sorprenderse, si uno lo piensa, todas las exis-

tencias humanas están distorsionadas.)

  Hundió las manos en los bolsillos, que parecieron recupe-

rar un tamaño normal, y después de un buen rato de acomo-

dación inmóvil, mientras la corriente eléctrica parecía esca-

par por sus pies, y los tics se apagaban uno a uno como luces, 

se dio vuelta y, sin mirar a nadie, comenzó a caminar hacia la 

calle. Flameando, eso sí, un poco. Lo seguimos con la mirada.

Afuera de la estación hervía de gente, tráfico, luces y sonidos

chirriantes. 


  Los bolsillos me hicieron pensar en un pasado irrecuperable.


  El hombre del sobretodo gris claro se mezcló rápidamente

entre la gente y ya no lo vimos más.


 

miércoles, 29 de mayo de 2024

CUATRO POETAS CHECAS

 IVANA BOZDECHOVÁ (n. 1960)







SUCESO COTIDIANO


 De pronto se plantó ante mi mesa

sin haber golpeado 

con una rosa blanca envuelta en papel

y una pregunta en sus ojos.


La tarde había garuado dentro del anochecer

y el café estaba repleto de humo de gente.

Cuidadosamente elegimos nuestros silencios

hasta que al fin sabemos

que ni siquiera juntos podemos

curar al mundo.


Así que no le temas a la felicidad

ni a la sonrisa del Castillo de Praga

sobre el cansado río.


Todo lo que resta hoy

es el traqueteo del tranvía que parte

porque la rosa está esperando llegar a casa.

Vuelve a venir.

Tal vez esté comenzando algo.


(Versión del checo al inglés: Ewald Osers)




KATERINA PINOSOVÁ (n. 1973)





 De POEMAS DEL LAGO


Una piedra ha sido metida en mi boca

Desde que me encontré con el cuervo

Le arranqué las plumas

En lo profundo de la primavera

Sólo escuché palabras poco claras

Cuando ascendí para mirar la creciente corteza del sol

Robé semillas de su pico

Por ende debo ser castigada

Lo haré yo misma


(Escrito en inglés)




 SYLVA FISCHEROVA (n. 1963)





 EL ÚNICO LUGAR


Siempre he golpeado

mi cara con un arco de violín

y mis pechos con el arco,

me comí el pelo del caballo

y me transformé en el espacio vacío

dentro del violín; yazgo ahí

con un niño muerto que llora. Yo no lloro. Yo podría ser

algo como el ámbar, pero

inmaterial, o aire

   hondo bajo la montaña

   donde ese anciano chino

   llegó a ver cinco soles; pero al día siguiente

   había uno solo.


Ámbar, dije, pero sólo

en su translucidez dorada,

el color del mar que en la mañana

llora

bajo un sólo sol

y un violín. La criatura muerta

llora; sabe que hay

un sólo mar. Ahí

       nos encontramos a nosotros mismos:

desnudos, en una larga

solitaria playa,

   el único lugar

   al que realmente perteneceremos.


(Versión del checo: Jarmila Milner y Ian Milner.)




 KATERINA RUDCENKOVÁ (n.1976)





(SI, YO VIVO DENTRO DEL PIANO)


Sí, yo vivo dentro del piano,

pero no hay ninguna necesidad

de que vengas a visitarme.



EN NINGUNA PARTE


Cubierta de hojas violetas

Dejaré mis raíces bajo agua.


Vos abrirás las ventanas, y desde una cierta distancia

escucharás los golpes del tiempo cuando

mataban a las carpas junto a las tinas en invierno.


Te vas a sumergir en la lectura, ponderando las cosas

para no pensar en vos mismo.


Te vas a sentir bien adentro de esas voces

faltando dos oraciones

la primera hecha de mi costilla,

la segunda de la tuya.



(Versión del checo por Alexandra Büchler)




Ivana Bozdechová es lingüista, poeta y traductora. Da clases

en la Universidad Charles de Praga. Ha estado becada en los

Estados Unidos.


Katerina Pinosová es poeta, artista gráfica, traductora y 

miembro activo del grupo surrealista Checo- Eslovaco. Su

poesía tiene amplia difusión tanto en su país de origen como

en otros países. Escribe tanto en inglés como en checo.


Sylva Fischerová enseña literatura clásica en la Universidad

Charles de Praga y ha publicado varias colecciones de poe-

mas. Sus trabajos han sido ampliamente traducidos al inglés,

incluyendo el libro Tremor of Racehorses: Selected Poems.


Katerina Rudcenková es poeta, y escribe ficción y teatro. 

Estudió composición musical y es guionista. Ha obtenido

importantes premios de poesía en su país y ha sido traducida

al inglés. Algunos de sus poemas integran la antología A Fine

Line: New Poetry from Eastern and Central Europe.


 FUENTE

Wayne Miller and Kevin Prufer. New European Poets. Gray-

wolf Press, 2008.


Versiones del inglés al castellano: Robert R. Rivas (c)