miércoles, 21 de septiembre de 2011

INDECIBLE



Cada vez me parece más 'numeroso' lo indecible.
Uso esa expresión para no dar un rodeo.
Michaux ya utilizó la 'metáfora' numérica cuando escribió
"todo lo raro pierde un 90% en el habla".
Parece decir exactamente lo contrario de lo que yo intentaba
expresar (que cada vez es más lo inexpresable), pero no leo
de esa manera lo que quiso decir Michaux. Pienso que se refería
a cómo el habla empobrece aquello que habría que decir, lo
'real' o lo sentido, lo inexorablemente subjetivo,
que por su movilidad, incompletud, su pasaje de la luz a la 
sombra y de lo visible a lo imperceptible, lo vuelve infijable
y obliga a clavetearlo con inadecuadas palabras.
Ultimamente siento que intentar decir (lo vívido y lo vivido,
lo sensible y lo sentido, lo pensable y lo pensado) es como
abrazar el agua.
Que casi todo lo verdadero es verdaderamente inexpresable.
¿Una renuncia a la poesía, como intento de bordear los límites
de lo decible?
No, no es eso.
Y no se trata del otro mar, el de lo innúmero ya dicho/escrito.
Tampoco podría decir qué es, por supuesto.


En latín existe el término iffabilis, que significa "expresable".
De ese término, porque las palabras tienen raíces y también
'caras', como el follaje, ha surgido "afable", que quiere decir
"a quien se puede hablar". Mi palabra agregada sería afhábile,
que vendría a ser "quien tiene la habilidad de que se le puede
hablar".
Y tampoco se trata de que lo inefable sea resultado de la esca-
sez de la escucha.
Sólo es que siento que el mar de lo inexpresable extiende sus 
aguas.
Y si la palabra poética bordea la frontera de lo inexpresable, 
hasta perder su origen, hasta hacerse transparente e invisible,
siento que su trazo ya no logra tocar lo real (de la experien-
cia subjetiva!).

"Palabra que rozas la cosa,
palabra que rosas la rosa", 
y sin embargo, su afuera, su por fuera, su más allá y más
acá, no cesan de crecer.

El delicado seudopodio de una palabra se extiende
y toca nombrando, apenas y por un instante.
(Y sin embargo: "¡A veces una palabra alcanza tanto!")

Es muy posible que lo literario sólo sea posible cuando se
está en el borde de lo decible.

También el lenguaje amoroso padece esta condición: la pa-
labra sólo dice que es imposible en realidad decirle al otro
lo que se experimenta en la pasión amorosa mejor que con
el silencio.



La mirada y el oído 
y el ciego-sordo-mudo tacto
traen señales.
¿En qué lenguaje?
(como se pregunta "¿en qué idioma?")

Y cuánto más nos dicen, casi sin idioma alguno,

esas señales.


Así es que siento que se me abren dos posibles silencios:
el silencio de "entender" sin las palabras, o a pesar de las
palabras;
y el otro silencio, el de renunciar a intentar "entender" o
expresar lo inexpresable, el de rendirse fina y filial y
finalmente, al mar.


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