domingo, 25 de septiembre de 2011

ALGO MÁS ACERCA DE "INDECIBLE"

Unos pocos días después de haber delineado, porque sólo
se trata de eso, líneas vagas, como de gotas corriendo sobre
una superficie vidriada, una ventana tal vez*, el texto bauti-
zado "Indecible", y mientras voy armando una atrevida
hipótesis acerca de Ludwig Wittgenstein como otro caso de
Sinthome lacaniano -el clásico es, claro, el de Joyce- me
cruzo con el libro de Nooteboom "Tumbas de poetas y pen-
sadores". Debo agregar otro trasfondo -todo sucede como ca-
pas de milhojas si se quiere usar una figura culinaria, o de su-
cesivas napas, entremezcladas, si ponemos un pie en la geo-
logía- y es que también flota la idea de escribir por fin un artí-
culo acerca de Káspar Hauser, el personaje histórico que me-
jor representa al hombre-animal y su notable socialización. Al
abordar el misterio de K.H., que parece develado al fin, es im-
posible eludir el film de Werner Herzog y sus magníficos comen-
tarios tanto acerca de la película como del personaje que eligió
para interpretar a Káspar, un hombre llamado Bruno S. que era
poco menos que un semihombre, arruinado por internaciones
de todo tipo: reformatorios, asilos, cárceles, y que sin embargo
conmueve de principio a fin con su infinita humanidad...
La hipótesis vigente acerca del misterioso joven encerrado des-
de su primera infancia en un sótano, sin contacto alguno con
otro ser humano, es que se trataría del hijo ilegítimo de un per-
sonaje de la nobleza que quiso deshacerse de él, no lográndolo
inicialmente porque alguien no pudo asesinar a un niño, pero
sí en segunda instancia, después de algunos intentos fallidos,
cuando ya Káspar era parte de la sociedad y disponía del len-
guaje.

Ludwig Josef Johan Wittgenstein, "octavo y último hijo de una
de las familias más ricas de la Viena de los Habsburgo", no se
apellidaba así en realidad. Sólo hacía tres generaciones que el
bisabuelo paterno, aceptando la exigencia napoleónica de que 
los judíos adoptasen un apellido, trocó el suyo (Maier) por el
de sus patrones. También casualmente en la familia cundió la
leyenda, nunca comprobada, de que el abuelo de Ludwig era
vástago ilegítimo de un príncipe...
Nooteboom visita la tumba de Wittgenstein (1889-1951) en
Cambridge en el 2006. Llueve. Un escultor de lápidas lo guía.
Le menciona una frase del filósofo que inquieta a Cees Noo-
teboom hasta que logra ubicarla en el Tractatus: "Mis propo-
siciones esclarecen porque quien me entiende las reconoce al
final como absurdas, cuando a través de ellas -sobre ellas- ha
salido fuera de ellas. (Tiene, por así decirlo, que arrojar la es-
calera después de haber subido por ella.)" [Las bastardillas son
mías]. Agrega el viajero holandés: "Sólo después viene aquella
otra, que no puedo transcribir sin temor, pero no hay más reme-
dio: <De lo que no se puede hablar hay que callar>"
De más está decir que de esta aparentemente simple conclusión
de Wittgenstein se ha hablado y escrito mucho.

La anotación 344 de "Sobre la certeza" de W. dice "Mi vida
se funda en que me conformo con muchas cosas" (Mien Leben
besteht darin, dass ich mich mit manchem zufrieden gebe).
(Acotación de Nooteboom)


En Observaciones, dos comentarios que considero relaciona-
bles con "Indecible": "Kleist escribió alguna vez [en 1811]
que el escritor preferiría transmitir los pensamientos sin utili-
zar palabras. (Qué extraña confesión)." Más adelante: "En el
arte es difícil decir algo, que sea tan bueno como no decir na-
da." (3)


Al final de su reseña, Nooteboom le dedica un poema que
termina con estos versos:
"en la trampa dibujada por él mismo
se busca entre decir y saber,
aún no llegado a casa". 


Wittgenstein, como intentaré explicar en otro momento, huye
de la casa paterna para evitar el casi inexorable destino suicida
que le esperaba si permanecía ahí. Y años después renuncia a
la inmensa herencia familiar, convirtiéndose en maestro de es-
cuela primaria muy lejos, muy lejos de casa.
Si la casa es el origen, si la casa es la razón y la seguridad, este hombre notablemente razonable y misterioso, ha permanecido siempre lejos de casa.


Ah, otra apostilla, esta vez comentando la tumba de César Va-
llejo: "Roland Barthes [en mi modesta opinión una de las ma-
yores sensibilidades del siglo, uno de los mayores poetas, en es-
te caso sin obra poética] es el que más se aproxima al meollo de
la cuestión [la naturaleza de los poemas del poeta peruano]
cuando, junto a "lo legible" y a lo "escribible" menciona otra
categoría: "lo recibible".


Devueltos a lo afable, ¿volvemos a hablar de la luna entre el
mar nocturno y los acantilados? ¿O dejamos que vuelva a ha-
blar la luna en su lenguaje sin lenguaje?


Heidegger conversando con Char, en Thor: "La diferencia más
grande entre la poesía y el pensamiento es tal vez lo que la poe-
sía ya da y el pensamiento aún no da. El diálogo con la poesía
sólo puede empezar en un pensamiento que casi no es posible."

Una vez más: hay que estar fuera de uno para que hable ESO,
lo que no sabemos, pero sabe. Pero habla muy raramente y 
cuando lo hace no es nada seguro que entendamos lo que dice.


La mirada, la voz, el tacto, el olfato... ¿en qué idioma?
Traen lo indecible a quien nunca terminamos de ser hasta que
terminamos de ser.


¿Que es el territorio de la angustia?


¿Sí?





* Unos días después me cruzo con un poema de John Updike.
LLUVIA DE DOMINGO
El vidrio de la ventana
intenta resolver
su crucigrama
pero sólo parece conocer
palabras verticales.

Cees Nooteboom: Tumbas de poetas y pensadores. Fotogra-
fías de Simone Sassen. Siruela Debolsillo, 2009.
Ray Monk: Ludwig Wittgenstein. Anagrama, 2002.
Ludwig Wittgenstein: Observaciones. Siglo XXI, 1986.

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