jueves, 21 de febrero de 2019

OXIDADO

 Oxidado
 todo filo
 que tuviera que ver con la verdad

 De alma sacar los viejos manuales
 de los armarios
 y tirarlos

 Recuerdo, que se cruza por la mente
 mientras escribo esto:
 una pandilla de armadillos cruzando la ruta
 que, como un filo, atravesaba la costra
 impenetrable de 
 la Patagonia

 Si mirabas al cielo no veías
 más pájaros
    que esas nubes que venían migrando
         desde más allá del tiempo

 Si mirabas la tierra
 no había ni sombra ni árboles

 oxidado
     el filo de cortar
             un tajo en la carne de la verdad

 La verdad también sangraría

 si es que iba a saber algo
      después de todo

  La lucha interior interminable
      entre verdad, olvido y ocultamiento

  Sólo queda el punzón de la angustia
  que parece saber bien eso
  que no sabremos nunca

 Ah, Patagonias abandonadas

 Este viento no arrulla, compañero:
¡este viento aúlla, arrolla y ahuyenta!


 Los armadillos se dispersaron
 buscando uno a uno sus madrigueras
 donde seguir esperando

 el cielo, por su parte, se estira
          una vuelta más (una octava)
               de la clavija
 pero no estalla

 no aún
 no todavía

 una tarde más se desliza a lo largo
    de la ruta que va de una punta de la infinidad
                 a la otra
 como una sombra  -¡qué prodigio!-
 que vuela sin necesidad de alas

                 No se ven pájaros
                 ni árboles
                 y dentro de un rato
        la noche vendrá una nueva vez
        a relevar al día
        y a envolver
        al mundo y a sí misma
        con la capa negra
        del misterio.
     

           


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