lunes, 30 de enero de 2017

LA POESIA DE LA HOLANDESA ANNA ENQUIST



 Anna Enquist es su nombre literario. Nació Christa Widlund-
Broer, en Amsterdam, el 19 de julio de 1945, en los últimos
días de la guerra, con los nazis huyendo de Holanda. Justa-
mente en estos días estoy leyendo una novela acerca de ese 
lugar y esa época, escrita por un autor rescatado del olvido,
Willem Frederik Hermans, titulada El cuarto oscuro de Da-
mocles.  
 Además de poeta, Anna es psicoanalista y se ha dedicado tam-
bién a la música. Aparte de varios libros de poesía, el primero 
de los cuales apareció causando bastante suceso en 1991, Anna
ha escrito también algunas novelas. 



 ESTACIONES

 Después de yacer poseída por el arado
 la tierra yace doblada, huesuda.
 Lo que está muy hondo ha surgido sin resistencia.
 Ninguna piel áspera ha recibido arcilla, huir
 está impedido para quien se abre de esa manera.

 La tierra gime bajo el pasto,
 llorando su añoranza del acero
 -ven el próximo año, regresa-. El tardío sol
 calienta la tierra pólder que sueña aparentemente
 con ser hendida dividida quemada.



 SILENCIADA

 Arraigada más sólidamente que nunca
 en la realidad- Diciembre, en mi bici,
 tormenta alrededor de mi cabeza- compro
 un libro que dice
 cómo el tiempo pierde su dominio.
 Durante meses tomo de la vida
 no más de lo que me pertenece. El autor
 está paralizado y enfermo. Él no puede hablar.
 Oh, nubes cabalgando el viento, oh canto, oh amor.



 SEGURIDAD

 Dondequiera durmiésemos ese verano,
 cada noche la lechuza gritaba
 su boscoso llamado. ¿El mismo?
 ¿Lechuza? - Así es como suena una lechuza
 había dicho alguien, y nosotros
 creímos y recordamos.



 DE REPENTE

 De repente perdí
 el poder de retener
 calor. Ahora que los chicos
 han dejado la casa, resoplé
 ¡sí! Repté bajo 
 aún más frazadas. La estufa
 rugía. El más calentito de nosotros dos
 ya no podía 
 darme calor. Tirité
 y temblé como si estuviese
 cara a cara con la muerte.

 Que era el caso, en realidad. La muerte
 y yo estábamos en un terraplén.
 Entre nosotros no había nada sino
 una considerable distancia.



 JULIO

 Es verano ahora; el jardín
 está lleno de gente muerta de calor; los perros
 están jadeando y las frambuesas
 están grandes como cabezas de duendes.

 La humedad rodea nuestros vidrios:
 se conversa acerca del precio de las bicicletas
 y los pasajes aéreos, y todo el rato
 un campo interminable de hielo se estira dentro mío.



 ESCAPE

 En la jaula del día y de la noche,
 la jaula de los mandados,
 latas de cerveza, el mejor trabajo.

 En la jaula del álbum de fotos,
 del amor. En la jaula del arte,
 en la jaula de saber:

 Levantate, aferrá las barras,
 tomá el máximo de aire y
 rompete el corazón en pedazos.



 ENCOGIMIENTO

 Cómo los días se me escapan, siempre
 uno nuevo sopla contra la ventana.

 Un chico sombrío en la cocina ya no
 come de mis platos. Escasa

 es la vieja vida que se siente como siempre.

 Entretanto mis horas se vuelan; son
 las verdaderas. Lo que golpea contra mi ventana

 es la vida genuina, el presente
 que come, que come de mí.



 INVASIÓN

 En el desnudo rechazo, viento en mi pelo,
 estamos parados y vos mirás. Con todas tus fuerzas
 me mirás, imagen de amor.

 Y yo, entro gateando a través
 de tus ojos llenos de lágrimas, me deslizo por los senderos
                                                                    [de tus nervios,
 salto sobre láminas de mielina, el susurro
 de las sinapsis, el ARN fuerza a las proteínas
 a alinearse en mi imagen:

 soy tallada, cincelada, en tu cerebro
 hasta que mueras, hasta que te mueras.



 FUENTE

 Modern Poetry in Translation. New Series. N° 12. Winter
1997. Dutch and Flemish Issue.

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