jueves, 26 de mayo de 2016

UN POEMA DE LA INGLESA STEVIE SMITH





Es una poeta rara y diferente. Casi todos han enfatizado lo
de 'rara'. Parece no haber más remedio. Seamus Heaney, 
Philip Larkin, Amy Clampitt "la desolación de lo habitual", 
D.J. Enright "algo griega", y muchos otros han convergido
alrededor de esta poeta. Se dice de ella que es una mezcla
de Emily Dickinson, Dorothy Parker, Ogden Nash y... los
hermanos Grimm. Alguien dijo que era la versión femenina
de William Blake. Cada lector encontrará sus afinidades y
rechazos en estos nombres. En 1977 Hugh Whitemore es-
cribió una obra de teatro llamada "Stevie", alrededor de su
personaje. Y en el '78 Robert Enders dirigió la película, con
Glenda Jackson en el papel de esta escritora.
 Nació en Hull en 1902 y murió en marzo de 1971, de un tu-
mor cerebral.
 Su discutida obra, su discutida posición poética, permanece-
rán en el terreno de la discusión.
 Sus poemas, en cambio, permanecerán o no, pero en otro te-
rritorio.
 Ahora acaba de publicarse una versión bastante completa de
sus escritos, lo cual ha requerido seguramente un trabajo muy
intenso de parte de Will May ya que Stevie volvía una y otra 
vez sobre sus poemas, motivo por el cual resulta casi imposi-
ble decidir cuál es la versión un poco más definida o aun defi-
nitiva de sus poemas. El libro se llama All the Poems, consta 
de 806 páginas y lo editó New Directions, este año, en Londres.

Este me resultó sugerente y por eso lo traduje y reproduzo.


 TENER QUE IRSE

 Ella se levantó y se fue
 ¿Debería no haberlo hecho? ¿No hecho qué?
 Se levantó y se ha ido.

 Sí, pienso que debería haber
 Porque se estaba poniendo más oscuro.
 Todavía quedaba algo
 De día cuando se fue, bueno,
 Lo suficiente como para ver el camino.
 Y era la última vez que ella hubiese podido...
 ¿Podido?... levantarse e irse.
 Era la última vez la ultísima vez para
 Después ella ya no podría
 Haberse levantado e irse nunca más.


 Digamos que es un poema un tanto becketiano, o bien
beckético, o hasta un poco beckélido. Consiste en cierta
forma de distancia y de aparente frialdad. La frialdad del
escalofrío, en todo caso.
 Son esos poemas que uno dice: ¿debió haber escrito esto?
 Y ya tiene, con tan poco, una de esas preguntas con las que
no se sabe qué hacer.
 Muchos versos de Stevie Smith viajan por esta línea funám-
bula, que ella ha creado. Con sus vías principales y sus múl-
tiples ramales secundarios.
 Cada uno debe conjeturar adónde se dirigen esas líneas 'de
transporte', que Deleuze hubiese con gusto llamado 'de fuga',
y a la vez decidir si se sube o no.

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