Ajeno a las tribulaciones de Leonardo ("¡Oh Dios, que
vendes todos los bienes al precio de la fatiga!"), alguien
escribió un epitafio para su Emperador.
¿Cuán joven era el emperador a su muerte?
¿Cuántas batallas le esperaron en vano?
"Oh Leonardo, perché tanto penate!"
"He malgastado mis horas", escribe en sus Diarios.
Cien años más tarde, Fulke Greville, Primer Barón Brooke,
(1554-1628) escribió este poema:
¡Tediosa es la condición de humano!
Naces bajo una ley, y a otra
te descubres ligado;
vanamente te engendran, pero tienes
prohibido el ser vano;
enfermo te han creado y te ves
compelido a estar sano.
¿Qué propósito
tendrá Natura en tan diversas leyes
-la pasión, la razón- que de la propia
división son la causa?"
Leonardo, en sus estudios, penetra bajo la apariencia
de la Naturaleza, buscando las causas, y pasa del mecanis-
mo al organismo, y de éste a la búsqueda de las energías
primordiales.
El joven emperador, mil años antes, fue encargado a la
voluntad (o energías primordiales) de la piedra.
Leonardo: "Decipimur votis, et tempore fallimur, et mors
deridet curas, anxia vita nihil" ("Las promesas engañan,
el tiempo decepciona; la muerte burla los cuidados; las
ansiedades de la vida son nada".)
Leonardo desafía: Per matenere il donno pricipal di natura
cioe liberta.
El Emperador, mientras tanto, descansa.
EPITAFIO
Aquí tu joven Emperador
yace empedrado
Joven entonces
y joven ahora
Y SIEMPRE
Esta roca lo aprieta
en su firme regazo
Leonardo se lanza de cuerpo entero al interior del misterio.
Todavía
está vivo.
Y deja, como una estela, detrás suyo, esta frase misteriosa:
"Si la libertad te es querida, ojalá no descubras nunca que
mi rostro es la cárcel del amor."
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