lunes, 20 de junio de 2011

FIEBRES

Son seres fantasmales.
Muchos de los fantasmas que conocemos como fantasmas,
son, en realidad, seres suyos.
Invisibilidad + efectos= fantasma.
A las fiebres no les van las ecuaciones, la contención, los
pudores, el cálculo o los esquemas.
Existen en otro mundo que esas cosas.
Para muchos, son drogas las fiebres. Y de las mejores.
Pero no tienen 'mercado' y el que las adquiere no suele saber
su procedencia ni la profundidad de sus efectos.
Las fiebres abren... no, no abren. No es lo suyo, el abrir.
Las fiebres ablandan las paredes. No usan ni las puertas, ni
las ventanas. A las fiebres no parecen importarle especialmen-
te los orificios naturales. Exploran a sus anchas, favorecen el
cruce de caudales, transforman las barreras en parte de su reco-
rrida sin orden ni punto de llegada.
La memoria, para las fiebres, es un alimento primario.
Preferido. Preferible. Aunque no el único.
En realidad, fuera de la lógica numérica, se alimentan de casi
cualquier cosa.
A las fiebres les encanta la distorción. Es su eje de existencia.
Viven de eso. Llevan a dar una vuelta a la razón.
Les encanta viajar al unísono por las cuatro dimensiones.
Las fiebres no tienen gobiernos, y su principio y su fin -su fin
temporario, su suspensión provisoria, claro está- van y vienen
movidos tan sólo por el rotor de cola del aire febril.
A las fiebres parece gustarles alterar.
No le encuentran mejor sentido a la realidad y a la memoria,
que su alteración. El sujeto recibe sus beneficios. Risa, risa
fuerte les darían a las fiebres las ideas científicas acerca de su
sentido: 'una señal, un signo, un indicio de que algo anda mal'.
Se imaginan un panal de fiebres zumbando, puñados de mar
reunidos en mares, reducidos a un punto-...señal.
Sí, a carcajadas, sin parar, 'como una lucesita roja, como una lucesita roja"...
Pero las fiebres no deliberan ni son deliberadas. No apuestan
a ninguna coherencia. Se viajan. Son viajes muuyyy elásticos,
muuuyyyy maleables, sin fondo ni techo, una transformación
se conecta a otras, las engulle, se vuelve ellas otras, cambia de
dirección, ¡ah se ha olvidado de algo! lo toma, lo rota, lo deja,
lo desnuda, lo enciende, lo cambia, o, de pronto, se disuelve 
porque sí en un suspiro.
El suspiro es una de las 'señales' respiratorias del afiebrado.
La respiración del afiebrado, esa sí, indicios de la actividad
febril que llevan a cabo las fiebres en el individuo.
Agitación, espasmo, resoplidos, suspiros, sibilancias, ahogos
repentinos.
Las fiebres: no está comprobado que tengan una vida propia.
No la necesitan, tampoco. Usan la tuya como combustible.
Como no les interesa, al parecer, ni existir ni dejar de hacerlo,
lo cual forma parte de su maleabilidad, mientras existen hacen
viajar, transmutarse y arder memoria y percepciones.
Todo lo ablandan.
No se va a la guerra, no se hace el amor, ni se cavan trinche-
ras ni se hacen cuentas a causa de las fiebres, no, no y no.
La fiebre necesita el alimento-combustible. Lo toma. Para su
fugaz, hecha de fugaces fugacidades, existencia.
Corrientes menores, mareas, unas cuantas idas y vueltas y re-
vueltas al cajón del sujeto.
"Blando, blando", parecen decir, aunque no tengan mensaje.
Las fiebres en sí no quieren decirnos nada.
Hacen lo suyo, solamente.
Y sin embargo, algo dicen: "Blando, blando".
Sin cálculo, sin precisiones, sin tiempo, en un hasta entonces
inexistente espacio.
En el sin lugar de un cuerpo que se encontraba tabicado en sectores, estrictamente separados.
En una endeble barca de viento y de ígnea seda, en una suave marea con alitas de fuego, hacen su viaje.
Febril: tu estado verdadero.
O, sino, medio muerto.

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