martes, 6 de enero de 2026

ROBERT R RIVAS ANGST

  ¡Cómo insiste-existe, Angst!

  ¿Subsistencia del origen de la especie?

  No hay manera de saber más

acerca de su identidad

   Todas las palabras

devoradas por la evidencia

  ¿Expediciones? ¿Exploraciones?

  Parece tener raíces

raíces reacias a la extracción,

raíces que ahondan en el humus profundo de la carne

que llegan adonde nadie llega

con el fino haz de su consciencia.


  No es posible alquilarlo, ni venderlo

  Es algo que se aprende muy temprano


  La pregunta es si se puede convivirlo

  (muerde, y desconoce la mordacidad)

  O si hay que esperar a que se duerma,

ser inefable.


  Angst se desplaza con una sigilosa fluidez

pero no es desplazable

  (No se sale caminando y se deja a Angst

tirado)


 Se desliza por los compartimientos 

cuerpomentales

con su sustancia

inaprehensible, inapresable,

incoercible, ingobernable


  ¿Cómo ha aprendido a estrangular

esa serpiente sapiente, agitarnos la sangre,

retorcernos el pecho, extraernos el aire?


  Si uno fuese un río

tal vez la corriente podría llevárselo

  Si uno fuese una nube

tal vez se iría volando


  Conoce su territorio

que casualmente es el 'mío',

pero no se sabe qué busca

ese Angst silencioso,

esa bestia callada. 


 Emerge, tiene el poder de emerger.

 ¡Ah, emergencia

que va manifestando su aparición!

  Dicen que es la parte de la noche

que está en el interior de la tierra


  A veces me he preguntado

si Angst resulta ser, de todas, la única parte inmortal

que portamos.

  (Y si se presenta como enviada de la verdad.)


  A veces me pregunto

si Angst desaparecerá en la muerte,

o si acaso es su mensajero y representante.


  O, dicho de otra manera, 

si un día lo aniquilará la paz de la muerte,

o si será, la misma muerte,

la aniquiladora aniquilada.



   NOTA TANGENCIAL


  Hay que mirar de frente la foto de una niña llamada Czes-

lawa, fotografiada por el prisionero Whilhelm Brasse, en Aus-

chwitz, el 18 de febrero de 1943, momentos antes de que le

inyectaran fenol en el corazón. La niña tiene una expresión

de terror e incomprensión en un grado tal, que me hizo esta-

llar en lágrimas. Un momento antes había sido golpeada en

el rostro por quien iba a terminar con su inmensa tortura,

replicada hasta ese último instante. La niña no comprendía

el lenguaje en el que se le hablaba. Anna Amaral, la fotógra-

fa brasileña, la ubicó en el Memorial Oswiecim. La crueldad

ilimitada es propiedad de los humanos (ciertos "humanos").

Nunca terminaremos de comprender, impregnados de la cla-

se de terror que se expresa en el rostro de Czeslawa -que ha-

bía perdido a su madre unos días antes- eso que llamamos

EL MAL. Hay una clase de ANGST infinita, que es el esta-

llido de la Angst que experimentamos habitualmente, de la

que huimos sin darnos cuenta, SIEMPRE.

 Brasse, prisionero polaco que era fotógrafo, retrató a 50

mil prisioneros de Auschwitz, y sobrevivió al fin de la gue-

rra. Czeslawa Kwoka tenía 14 años y había estado en el la-

boratorio del sádico criminal Dr. Mengele. Mientras espera-

ba en la fila de prisioneros, un soldado pasó cerca y de un

golpe le rompió el labio. Su rostro es casi intolerable, pero

habría que mirarlo todos los días.




    




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