miércoles, 31 de enero de 2018

CANTOS ANÓNIMOS DE NOMADES BEDUINOS




 La poesía sahariana llamada melhum, es una poesía melo-
diosa y satírica. A los poemas se los llama qasidas, por su 
prosodia, generalmente monorrítmica, cantadas en soledad
y con el acompañamiento de un instrumento musical sim-
ple como la gasba, una flauta de caña.

1.
  Te amo tanto, ¿no sabés eso?
  Te amo tanto; ¿me culparás por eso?

  Qué lástima me dio el camello,
  y qué lástima me dieron sus gritos.
  cuando su cuello fue rebanado y su sangre manó a chorros.
  Las chicas lo mantuvieron atado y se negaron a soltarlo.


 2.
    ¡Ah, criadores de caballos!
    Viajen al sur y desparramen la noticia.
     ¿Podría alguien hacerme un favor
    de alcanzarme la estrella del sur?

    Mi amada no gusta entre las mujeres
    cuando con gracia camina por ahí
    como una nube arqueada en el oeste
    encendida por centelleantes relámpagos.

    Ella lucía un tintineante khalkhal alrededor de sus tobillos
    y un collar de plata finamente cincelado
    cuando se escurrió por el sendero que acompaña al río
    y se encontró con su oculto amante.



3.
    Mi tierra yace entre distantes valles verdes
   y el índigo de lejanas colinas.
   De cara al Maiymuna en el oeste
   y a Sidi Khaled en el este,
   Djebel al-Hodna se alza erecto
   como un espejo para la esbelta Derrajiyate*.
   Quien ha dejado atrás a sus seres amados
   sólo puede llorar por su destino.



4.
   ¡El verano ha llegado!
   Ya no queda pasto.
   Cada hoja de mi tierra se ha secado.
   ¡Qué triste está mi corazón!

   Ah, Sahara, ¿que hay de malo ahora
   que las nubes de lluvia han venido?
   Tus amos reinantes se esconden
   pero yo sigo rezándole a esas colinas.



 Las versiones del árabe al inglés son de Abdelfetah Chenni


 *Las Derrajiyate son mujeres de la tribu Ouled Derraj


 FUENTE

 Pierre Joris and Habib Tengour. Poems for the Millennium.
The University of California Book of North African Litera-
ture. Volume Four. Univ. of California Press, 2012.
    

NADA iguala la cara de suficiencia de los camellos. Si hu-
biera que decir quién dirige en realidad las caravanas, sería
inevitable inclinarse por los camélidos. Su gesto sabio y so-
brador, su tendencia innata a la ironía, son excluyentes.
    

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