sábado, 2 de mayo de 2015

UN TEXTO PERDIDO

"... y destinados a perderse".
 Ese rostro se volvía casi invisible en esa penumbra.
 ¿De dónde la habrían traído?
 Traían toda clase de cosas. Un frescor del atardecer romano.
 Un grifo -abierto- de la desaparecida ciudad de Muziris.
 Las constelaciones que veía Alarico en sus noches delirantes.
 Ataques a la montaña. "Es extraño, aquí no hay montañas."
 Convalecencias nilóticas, con sus temblores y alarmas.
 (Puede ser que se viaje por debajo de sí, en una proporción
ínfima se retrocede mientras el resto avanza, "¡avanza!" y la
dirección está por pronunciarse, el nombre, el nombre que
tiembla en la voz está por pronunciarse, su fantasma, su olor
inaferrable, se retrocede buscando y buscando.)
 Han traído santos de selvas ecuatoriales, con incrustaciones
de marfil en la frente. A veces ya desmembrados.
 Han traído huevos chinos, repletos de dragones tan minúscu-
los como semillas de mijo, pero ardientes, pero intragables.
 Han traído quejosos, siempre en grupos, los han transportado
sin contarlos, porque en todas partes se los encuentra sin difi-
cultad. Quejosos, ya encendida la cólera en sus vacíos interio-
res, en sus carpas mentales como paños retorcidos, para que
tengan aquí su clímax, para que desagoten aquí sus furores.
 Han traído hombres de mármol con sus urinarios. Han traído elefantes con sus heces guardadas en cofres de bronce y roble.
 Puños. ¿O eran pigmeos?
 Han traído el movimiento de remar de lugares diversos.
 Tormentas enteras. Han traído cajones de alas de insectos,
 Horizontes y sábanas. Cavernas y murmullos.
 Han traído impulsos olvidados en las lluviosas calles de Mol-
davia, que nadie ha reclamado en tres generaciones.
 Han traído humillados de las colonias, sudando, mezclados
con insumisos leñadores de árboles gigantes que acá, acá,
¿qué van a derribar?
 Han traído mordeduras de piezas grandes. Calles en fuga.
 Han traído a la angustia por el cuello. Siglos, columnas, mi-
lenios perdidos, como se pierde un perro en una calle de tierra.
 Han traído infiernos en desuso.
 Sombras cuyo sexo-remolino te abraza, despertándote en lo
más obstinado de la noche.
 Espacios serpenteantes. Colinas a lo lejos. Han traído suavi-
dades tales que sajan las miradas.
 Icebergs. Esta temporada, muchos icebergs que andan por
las anchas avenidas de nuestra ciudad sin decidirse entre ins-
talarse y arrasar su regreso al mar. Mientras tanto se los pico-
tea. Han traído aves picoteadoras que demuelen catedrales
en una semana de hambre.
 Vientos. Vasos de vino sin terminar de beber. Cuadros en
los que no se ve nada, o tan atestados de imágenes que derri-
ban las sillas del cuarto.
 Han traído Tiempo, Tiempo deforme es cierto, porque no
soporta bien el traslado, pero tiempo al fin, para ser fondeado,
añadido, para hundirlo en nuestro propio canal de tiempo y
perderse a la fuerza. Han traído también la locura y el desierto.
 Correas de extraviados; sonámbulos que tejen el sueño que
podría salvarlos. Nudos en la garganta, sólo los nudos. ¿Ha-
brán usado esos sables?
 Yuyos en cantidades industriales envueltos en diarios cuyas
letras hipnóticas corren por el suelo como perlas sueltas y ve-
loces, entre las piernas de los que pasean o van o vuelven del
trabajo.
 Han traído las flechas del mañana, rotas. Y también los huesi-
tos de la verdad.
 Y han traído revelaciones... con su escalofrío aun palpable.

 Eso me hace recordar...
 Hubo momentos encantadores. Hubo momentos en los que
una paz de batalla ganada recorría el cuerpo. Momentos, "an-
tes", "después"; momentos de salirse de sí y recibir -entrecru-
zándose- las ánimas de los cuerpos.
Hubo momentos en los que una sonrisa se despegaba de sus
labios y recorría el mundo, mi mundo, como un barco recorre
el mar, como el mar recorre el globo terrestre, como el globo
terrestre recorre el espacio. Y después la vida continuaba sin
saber cómo lo hacía, pero continuaba, sí, se iba, se dispersaba,
se volvía al cauce, locamente, cuerdamente, la vida se iba, se
levantaba y seguía, así, con toda naturalidad, ¡ah, esta inmen-
sa locura de querer explicar lo inexplicable!



 

6 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Me encantó.

Robert Rivas dijo...

¡Salud, Carlos!

Anónimo dijo...

Y han traido parte de la memoria
cuidadosamente envuelta en un
lienzo azul para que relampaguee,asome y maraville.

Muy hermoso tu texto,que no se pierda!!

Robert Rivas dijo...

Muchas gracias por tu comentario!

volt303 dijo...

Me uno agradecido a este
logrado desfile surrealista,
que bien podría transcurrir y
surcar calles de la
fantasmagoría de Schuiten o
en alguna ciudad invisible
de Italo Calvino, conduciendo
por sueños, deseos y
creaciones de vivas
sugerencias poéticas.
Enhorabuena

Robert Rivas dijo...

Habrá más, "¡Abra más!", gracias a
lectores así.
Un abrazo.