miércoles, 22 de octubre de 2014

LOS CONTRA-CUADERNOS DEL JOVEN SARDIS (PARTE UNO)

 No importa mucho por dónde anda ahora.
 Estos fragmentos son de contra-cuadernos jóvenes.
 Los diarios no son cuadernos, aunque a menudo son escritos
en ellos. Y los cuadernos no son diarios, porque se dedican
a otra cosa, o porque no respetan los tiempos cronológicos.
 Las cosas de Sardís se van encontrando. A veces entre sí.
Escritos en papeles sueltos, márgenes de libros, servilletas
de papel de bares olvidados.
 Cuando tuve la oportunidad de hablar con él, no accedía a
hablar de sí mismo. No por ocultamiento, sino porque pensa-
ba -y éste era un núcleo, si se lo puede llamar así, de su pen-
samiento- que había que extrañarse. Lo decía dándole un to-
no muy especial a esa palabra, un tono que la volvía giratoria.
Mirada-escuchada desde cierto lado, significaba 'volverse ex-
traño'; o se la podía ver-escuchar, como si fuese una forma de
ir alejándose; o, también, como que la distancia era impres-
cindible para entender ciertas cosas que escapan indefectible-
mente de la razón. O, como se lee en uno de sus contra-cua-
dernos: "cada vez que va surgiendo un estilo, alejarse de él,
abandonarlo como a un campamento en la noche".
 Creo que la idea del extrañarse contradecía y al mismo tiem-
po implicaba la cuestión de ir internándose en sí mismo.
 Aunque él acentuaba que "lo que le interesaba era lo otro",
sé que se refería a la alteridad. Tanto a los otros, como al
Otro que representa la mujer, como al otro que hay o que es
uno mismo.
 Los estados de semi-conciencia, las otras formas de concien-
cia, el duermevela, los estados crepusculares, las fiebres, el
sentirse 'afuera' de la razón consciente; el no consentimiento
del mundo en el sentido de tal cual estaba dado y ordenado...
 Con frecuencia insistía en que sólo cuando uno está ausen-
te puede producirse algún descubrimiento. Sin que lo entor-
pezcamos, sugería. "Después uno pule, retoca o sacrifica".
 Pero hablaba en voz baja, rehuía las afirmaciones, rechaza-
ba las certidumbres. Desterrarse.
 Recuerdo muy bien algo que me dijo una vez, hablando de
la revolución, en tiempos muy bravos. Le dije (y éste pare-
ce uno de los diálogos de Janouch) que era difícil ubicarse
en situaciones como esa. "¿Ubicarse? Simplemente", repli-
có Sardís, "no renunciando nunca a ser un extranjero...
(pausa y sonrisa)... en el mundo". Y agregó, bajito, "en ge-
neral no cuesta ningún trabajo..."
 
 Le gustaba encontrarse con Shklovski (Víktor, el ruso), y
perderse después rememorando, como si las saboreara, pa-
labras rusas. Por supuesto que ostranenie era su favorita,
pero solía 'trinar' algunas otras. Nunca se sabía si eran ver-
daderas palabras rusas o juegos que la boca jugaba con so-
nidos arrusados. Cuando estaba en vena, solía decir que se
debía poder aprender una lengua entera escuchando hablar
en ella un rato. Pero eso sí, sólo si se estaba adecuadamente distraído. "Supongo, pero no estoy seguro de eso, que toda-
vía no lo logré". Lo más cerca que estuvo, decía, fue una tar-
de en el tren. "Me iba quedando dormido porque justo el sol
pegaba en esa ventanilla, mientras escuchaba a dos tipos ha-
blando en lo que supuse sería polaco. La cosa parecía funcio-
nar sola, porque cuando me entredormía, soñaba cosas en su
lengua. Así que proseguí el viaje, bastante más lejos de don-
de debía bajarme, siguiendo esa quimera. Lo cierto es que,
hasta el día de hoy no sé si sé polaco o no. Podría ser otra
lengua: ucraniano, lituano. Moldavo no, eso es seguro. Lo
que pasa es que cuando se aprende un idioma de esa mane-
ra sólo se lo puede hablar en estado de trance y, last but not
least, acompañando la conversación de dos 'originarios'."

 
                                                     En los tiempos de Eugenio Sardis


DE LOS CONTRACUADERNOS ("no hay fechas, todos
los datos se vuelven inferencias")

Notaciones a-sistemáticas.

En la ridícula y compadecible contorsión de la espera

M.S. tenía, en el hospital, los cañones de respirar apunta-
dos contra el aire

belleza del jadeo
la casa de madera cruje al desperezarce
la mañana la tuerce entre sus manos

en los 2 cuerpos luego de enlazarce en la pasión
hay un después que desgarrar

en esos lugares se porta el nombre
sea en grandes rocas, en inmensas maderas trabajadas
como mástiles
sea en el cuerpo de los animales
tatuajes anchos y profundos
cuerpos y rostros
se lleva el nombre y una "vida" puede usarse sólo en eso

desmayada sobre las baldosas, no recuerda ser
no recuerda saber nada de sí misma
es un patio de una casa alta,
una pared no muy alta cierra el rectángulo
una pared rugosa
la mano izquierda está apoyada en ella

N. tiene un alma simple: ambición imposible

andar, esta mañana, por el campamento (China Occidental)
un día libre en la excavación
caminando por el terreno polvoriento con una paz que des-
conocía mirando jugar a los hijos de los excavadores
también es válido amanecer sin fechas
sin tarea
y sin ansias

salir a buscar cuando no hay nada que encontrar

dijo el otro día, tal vez hablando de sí mismo: "el odio cica-
triza mal".

en el puesto de trueque
así
"en el puesto de trueque"

y en un momento un remolino se resuelve en silla
una silla hermética

el sol
haciéndonos creer que nos olvidamos de apagar una luz

mientras leo a Wittgenstein (Observaciones) escucho una
música que, una vez más, me hace llorar
en mi imaginario W. está en las antípodas
pero al siguiente párrafo me sorprende porque habla de las
emociones que le causa la música de una manera tan seme-
jante y, además, se refiere a un problema parecido con el
imaginario                           Robert Schroeder: Brain voyager

llevarse al borde de las lágrimas
no dejarse llorar
cargar piedras en los brazos
no dejarse ahuyentar
por el estruendo de la ausencia

¿hay varios órdenes de imaginario?

M.S. dice que, "aprovechando la noche, muchos recuerdos
se me pasan a las filas de los fugitivos"

holoedros
casi neumas

ayer me decía J. "todo un tiempo sin lograr destrabar una
angustia que puja... ni siquiera llego a la pregunta... aflo-
jarse para ensamblarse de nuevo; como un instrumento un
poco mal armado".

falta el símbolo de la falta de palabras

¿y esto qué es?
apuntes
apuntes plagados de omisiones

de una carta: "dejame creer -o desolame por completo- que
cierta continuidad de tu amor me calmaría"

se regresa no de un viaje, sino de un vendaval
tampoco se regresa
se escapa uno, por un tiempo indefinido
sabiendo que el regreso es inevitable
mientras tanto, la escritura

Los lamutes de las montañas de Verjoiansk se estaban mu-
riendo de hambre, decía V.S. Era por la muerte masiva de
los renos. Pedían ayuda. Hace ya muchos años de eso.

un día hermoso es un desafío de gasto
sensación de una fortuna que hemos de malgastar
no importa cómo

N.P. tiene una imagen y la escarba
L. tiene unas pocas imágenes que lo embrutan
(dicho por ellos)

a veces nos conforma ser un pensamiento fugaz en la
pantalla vívida de alguien
a veces nos horrorizan los pensamientos fugaces

hablábamos con O.L. y con una amiga suya acerca de las
resistencias que cada uno tenía ante el asunto de que la
imaginación poética "no sirve para nada".
uno decía que no era "para nada", sino "para nadie", pero
al oir esa expresión, sólo agregaba más dudas.
es el viejo asunto del angel caído, que tenía un lema: non
serviam. eso se conocía como su 'soberbia': por no querer
servir, por no querer servir para nada, a Luzbel lo echaron
del cielo. por inútil.
"realidad", "necesidad" y "utilidad", dijo O.L. son el triun-
virato dictatorial contra el que la imaginación poética pro-
clama su non serviam.
su amiga decía, en cambio, que la imaginación poética sir-
ve. sirve para desimaginar. y que al desimaginar, permite
la reimaginación.
-¿y vos, che, qué pensás? -¿yo? yo nada, un servidor...

la cuchara con grasa negra en la cocina humeante
la pila de leña con sus pequeños descarrilamientos
por la ventana se ve venir como una tromba el tren del
Norte

esto: vos y yo una cruza al hacer el amor
una cruza no entre géneros, sino entre especies
así pensado para abordar lo intenso, lo furiosamente inten-
so que cruzando una y otra vez el puente de una especie a
otra nos aleja cada vez más de nosotros mismos

le dije: "como se nota, he hablado una lengua previamente,
en forma minuciosa, una lengua actualmente desangrada"
me contestó que es una sensación más común de lo que
puede parecer

selvas indostánicas, dos recuerdos:
las diversas formas de picaduras
y la muerte de un dios local
con su fiesta de despedida:
intensa lluvia batiente en los follajes

el agua tiene justo
justo justo
ese "lo que puede llegar a ser"

me lo imaginaba a Celan
al suicidarse
atravesando las aduanas del lenguaje
-en los bolsillos, arena, pesada y movediza

El Emperador que quiere "poner en orden el Imperio"

Gandhi tardó 20 años en recorrer la India. Lumumba qui-
so recorrer el Congo -del mismo tamaño que la India- en
6 meses. ¿Por qué? Porque no había radio (mucho menos
televisión). No podía comunicarse con la gente -analfabe-
ta- de otro modo. Entonces tenía que ir poblado por pobla-
do, generalmente en la selva.

Rezaba la mujer mayor sola en la puerta de la iglesia:
"Señor, sabemos lo que somos, pero no sabemos lo que
podemos llegar a ser"

El procedimiento, los procedimientos
Como procederes, como cimientos de los procederes
También para la escritura rige un estricto 'Código de Proce-
dimientos', también llamados vulgarmente "pro-cederes".

Sí, Pound dice que los Cantares son "a botch". Pero, además
del hecho de que un autor puede equivocarse bastante acerca
de su obra, porque la vida tiene muchos momentos distintos,
me molestó profundamente que ciertos caranchos literarios
utilizaran la cruenta revisión 'a cuchillo' que hiciera Pound de
su mayor obra. ¿Cómo saber, además de los ademases, qué
intención tenía Pound en el momento de decir "a botch"?

las líneas de fuerza
¡las líneas de fuerza!
¿dónde se encontrarían?

un muerto
centenares de miles de muertos
¿es hablar de la misma muerte?

¿cómo las tinieblas no iban a afectar los rostros?

H. dejó de jugar al ajedrez, porque no podía jugar como
el quería. H. se fue a vivir con una mujer en otro idioma.
H. me escribió una carta de despedida. "Caballo da un
salto fuera del tablero". Volvía a gustarle cómo jugaba
al ajedrez.

el otro día me decía V.S. mientras caminábamos alrededor
de la plaza: "cuando fui al colegio... ¿quiénes eran los otros
chicos? ¿quién, cuál, era yo? Absurdo, absurdísimo... y un
poco conmovedor, no te parece?"

siempre ha estado dando vueltas esa cosa de arte y/o vida
"el arte que no se alimenta de la vida..." y tonadas por el es-
tilo
"para los artistas que me interesan", dijo alguien que me in-
teresaba, "el arte es la vida"

el sólo hecho de pensar al tiempo como secuencias
y no como una flecha dirigida del pasado al futuro
que la experiencia humana parecería avalar
tiempo cíclico: los días designados mediante la misma do-
ble serie de 6 y 12 caracteres que siguen, 5 mil años des-
pués aún en curso
para anotar períodos de tiempo

Eros, repartidor de sentidos
Eros como un fantasma
de humo o llamas
que le da vida a la vida
o sea aquello que necesitamos
para llamarla así

encontré en la calle un fragmento roto de una nota o carta:
"la luz de tu silencio/ apagaba mi herida de ser"
¿original o copiado?
perdido

el otro día, en el café, escuchando algo que él le decía a
ella en la mesa de al lado: "el ser, te digo, la síntesis de la
vida de uno; quisiera ser un trazo de Mathieu".

después de todo, pensaba hoy, parece que no es en absolu-
to difícil ser fiel, especialmente cuando a uno le sucede

como si hablara el Príncipe de Surau: "los envié a tus fron-
teras, para avisar que me había enseñoreado de todo eso tam-
bién..."

Ostranenie: me han prestado este cuerpo lleno de voces co-
rredizas y de silencios herméticos, para los que no me han
dado llaves

si ella duerme: a esta hora, más que nunca, cada uno habi-
tando el capullo de su vida

L. me comentaba la sensación que tiene en estos tiempos:
"esperando la señal de partida en un mundo demasiado po-
blado de ruidos"

se reencontraba con sus "abimismos interrores"

libros de rostros
(como catálogos, nada más, desprendidos de connotación
alguna)
libros de máscaras
(en la misma serie)
libros de muecas

versos que vienen de lejos
tanto de afuera como de adentro
versos que por repetición, han perdido esa frontera
"Canta el agua entre las piedras
y el gallo al amanecer;
ellos cantan porque saben,
yo canto por aprender".
y así...

'ausente en tu secreto
no te hundes/
desatarte toda/
hacerte florecer/
toda por dentro'

sentado en un banco: "en ciertos momentos cualquier pensa-
miento es como una pisada en un musgo muy delicado, una
profanación"

momentos en los que permanezco inmóvil
sólo mi sombra draga sin cesar

Me cuenta E.S.: "mi hermana es un año menor que yo, pero
nunca hemos pensado en nuestras edades. Sé que es un año
menor, así como sé que es mi hermana, pero las cosas que
no sé pesan muchísimo más que las sabidas acerca de ella.
Y eso que no es para nada misteriosa, ¿eh? No le cuesta pa-
sar de nerviosa a ridícula o a estúpida. Pero, igual, de todos
modos, siempre reflota. Todavía hoy no entiendo qué carajo
es tener una hermana".

es como si, siendo dibujante,
sólo se dedicara a bocetos y esbozos

A. me dijo que este otoño, cada vez que se apresta a dormir,
hay un resto de aurora boreal en la oscuridad de su cuarto.

me leyó lo que había escrito esa tarde, cuando hablábamos
del extrañamiento:
"no poder querer más vivir sin saber qué vive en lugar mío/
ni escribir si para herirme la vida toma formas tan extrañas"

decir "esto es metafísico" significa "esto no tiene que ver
con ser hombre o mujer"

reflexión del padre de Q. "soy un cuento muy, muy estruja-
do. pero todavía no lo dí todo: me queda el hollejo"

me sugirió que una mañana de sol en la Riva degli Schiavo-
ni vale por varias vidas
y que había soñado que bajaba del puente del Rialto entre
una multitud
y no sabía si me había perdido a mí o si era ella la que se
perdía
y que había leído que el puente se había derrumbado varias
veces hasta que lo hicieron de piedra
y que la Riva se llamaba así por los eslavones que la utili-
zaban como puerto
y que los nombres de las cosas le venían como eslabones
de una pieza musical que si llegaba a componerse y a so-
nar, derribaría sus paredes y la inundaría con un mar de
lágrimas

mi padre, al despertar de la siesta en el campo: "estaba tan
solo, que ni siquiera tenía miedo"

con extrema, casi cómica cautela,
nos entregamos a la catástrofe

hablamos con R.: nos reiteramos, con la mutua disculpa
cómplice; luego me reiteraré yo, y él me escuchará como
si lo que le fuera a decir pudiese producir alguna clase de
conocimiento

llegada de su carta: una religión ligeramente adormecida,
sufre un escalofrío

espero, le dije
¿qué esperás?, me dijo
una palabra fragante

F.P. me contó su sueño de anoche: "me sentía dirigirme,
en mi deriva, un enorme iceberg, por un oscuro mar de si-
lencio; y sentía, no que era el iceberg, sino el peso latente,
la sombra de mi 'quilla', mi atroz recorrido sin destino"



















2 comentarios:

volt303 dijo...

Hacía tiempo que no tenía
el goce de la encarnación de
la experiencia de LO NEUTRO, en el sentido de mi admirado
BLANCHOT (Conversación
Infinita: "Todo encuentro allí donde lo OTRO al surgir por sorpresa, obliga al pensamiento a salir de sí mismo, puesto que obliga al YO a tropezar con la falta que lo constituye y contra la que se protege, ya está marcado, entreverado de neutro") como ante este Sardis
que la entrada nos descubre en
sus Contracuadernos y en
ideas tan poderosas como el extrañarse, la ausencia, aprender distraído, non serviam,
lo intenso que nos aleja...
y otras que desbordan
fascinación por ese sentido
desconocido ante nosotros.
Muchas gracias.

Robert Rivas dijo...

Gracias a vos, volt303.
Como Sardís solía ser muy reservado frente a los elogios,
no sé que diría. Pero puedo suponer que unas rueditas interiores se le pondrían a girar solas.