lunes, 17 de agosto de 2026

ROBERT R RIVAS: EN EL MERCADO

  "¡Es una cachemira preciosa, oh, sí señor! Ah, sí, ¿el

nombre? Se la llama cachemira dormida. Como esa fie-

ra -elija usted en su deseo- que siempre hemos querido

tocar..."

  "Veo que posee manos muy hábiles ¡sí señor! Rócela

muy, muy apenas, sí, señor! Es necesario para conservar

las manos. Las dos manos, sí señor..."

 Se rio con una risa tan pequeña, que cabía en un grano

de mijo. Pero esa risita no se dispersaba, como parecía

estar siempre a punto de hacerlo.

 "¡Ah, muselinas, señor, sí! ¡Muselinas muy antiguas, se-

ñor! ¡Claro que están respirando, señor! Son unas bestias 

dormidas desde hace miles de años, señor..."

 "Llévese una cachemira de ésas, o una muselina de éstas,

 señor..."

  "No las conseguirá en otro lado, señor..."

  "No se arrepentirá nunca, se lo puedo asegurar, señor..."

 

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