jueves, 24 de diciembre de 2015

"ELEGÍA DE MARIENBAD", UN GRAN POEMA DE W.G. SEBALD



 ELEGíA DE MARIENBAD

 Puedo verlo ahora
dando zancadas a través de la suite
de tres cuartos que apuntan
al sudoeste con su
sacón color canela
reflexionando

diversos temas
por ejemplo su largamente
elaborado plan
de un tratado sobre las nubes
y sin embargo un tanto
complicado también

e irritable en relación a
su pasión por Ulrica
que es la razón
de su tercera visita
a este prometedor
complejo turístico. El mira

hacia afuera los pequeños
árboles rechonchos
parejamente dispuestos alrededor
de la placita en frente de
el Palacio Kebelsberg,
ve un jardinero

empujando una carretilla
colina arriba, un par de mirlos
sobre el césped. Ha dormido
mal en su estrecha cama
y se sentía como un
escarabajo o alguna otra extraña

criatura hasta que afuera
el césped desplegó
sus alas y él pudo levantarse
y continuar su trabajo. Cierto, él
daría lo que fuese ahora para

descansar otra vez pero en cualquier
momento ahora ellos
lo llamarían a la mesa.
Tal vez servirán un lucio, luego escalopes
y para terminar una compota

de fresas silvestres.
Los bohemios saben una
o dos cosas acerca de la cocina:
los dulces bollos de masa con
su café de la mañana fueron un goce
y su muy querida amada parecía

tan gentil de nuevo, de tal
delicado humor y
cariño por él que
se moría de
amorosa esperanza y sintió que
el corazón le palpitaba en la garganta.

Así pasan los días.
Él mira dentro
de los ojos de ella y retuerce
la finamente bordada
servilleta en sus pliegues
una vez a la izquierda

una vez a la derecha.
Cuando su pedido de
la mano de la hija
se topa con la reticencia
de la madre de ella y después
del último cruelmente dulce

beso él parte
en un humor sombrío
a través de las montañas y
todavía en su carruaje compone
la famosa elegía
de veintitrés estanzas

lo cual en el estilo
de su propio forma
de decir se conoce como
un salto desde
una tempestad de sentimiento
a la más madura creación
de su vejez.

En cuanto a mí sin embargo
nunca me gustó
realmente esta bellísima
trenza de deseos entremezclados
que le poeta al
llegar a casa

había transcripto en su
mano más elegante
y unido personalmente
con una tapa de rojo
marruecos atada
alrededor con un lazo

de seda. Vi su
fascímil en el Museo
Marienbad esta mañana
junto a varios otros
objetos que tuvieron
mucho más significado para mí

y entre los cuales estaba
un cortador de mechas
y un juego de ceras
de sellar, una pequeña
bandeja de papel maché
y un dibujo en tinta

sobre cartón por Ulrica
mostrando en una perspectiva
algo incierta la villa
Bohemia del Norte de
Trebívlice en la que ella vivió
como solterona hasta su

muerte. Más allá
una hoja color amarillo China
de un álamo tulipa
de su herbario
inscripto en tinta negra
a través de gruesas venas

entonces lo triste permanece
de negro lazo al cual
los checos le dan el amoroso
nombre krajky, una clase
de gargantilla o corbatín y
dos pulseras que

parecen bufanditas y
tan estrechas que su muñeca
no puede haber sido
más fuerte que las
de un niño pequeño. Luego
hay un grabado de acero

que muestra a Fräulein von
Levetzow en sus años
declinantes. Para entonces su
anterior pretendiente ha
yacido hace mucho bajo tierra
y ahí está ella

en un vestido de tafeta
gris junto a una mesa
para libros, con un abominable
bonete repleto de
rulos tirabuzón y
una cara fantasmalmente blanca.


                                                       Marienbad, 14.VIII.99


NOTA

Luego de visitar Marienbad, una ciudad que queda a unos
170 kilómetros de Praga, acerca de la cual Alain Resnais
hizo una famosa película -"Hace un año en Marienbad"-,
basada en el libro de Adolfo Bioy Casares "La invención
de Morel", Sebald retoma en un tono ligeramente irónico
la célebre elegía que "el príncipe de los poetas" escribiera
entre el 5 y el 12 de setiembre de 1823. Este texto forma
parte de la llamada "Trilogía de la Pasión" y refleja el amor
que Goethe sintió a los 73 años por Ulrica von Levetsow,
de 18, a quien había conocido en Marienbad, una ciudad
famosa por sus balnearios, aguas termales y hoteles de lu-
jo. Goethe vio a su amada por última vez en Karslbad, el
día en que cumplía 74 años. Ulrica permaneció soltera y
murió en 1899, a la edad de 95.]

UNA ACOTACIÓN, AHORA

 Para mí, W.G. Sebald es el mayor escritor de la segunda
mitad del siglo XX. La densidad de su literatura va en la
dirección contraria a la liviandad, a la velocidad y a la mag-
nificación de la importancia del puro presente que caracte-
rizaron a la posmodernidad. Sebald se sumerge en el pasado,
de cuerpo entero, sin ahogarse, para decirlo jugando un po-
co con la expresión de Jung a Joyce acerca de las diferencias
entre éste y su hija. Cada página de la breve obra de Sebald
es una obra maestra en sí. Si la definición que dio Pound
acerca de la poesía mantiene su genialidad -"la poesía es la
lengua cargada con el máximo posible de sentido"-, entonces
Sebald es uno de los grandes poetas de todos los tiempos.
 
 "Hay algo terriblemente seductor para mí acerca del pasado.
Apenas me interesa el futuro. No pienso que vaya a contener
muchas grandes cosas. Pero al menos acerca del pasado se
pueden tener ciertas ilusiones", respondió en una entrevista.

 ¿Dónde está Sebald en mi imaginario mundo de la literatura?
Junto a Kafka, a Michaux, a Pessoa y a Pound. Hay momentos
de otros escritores que también están en estas 'alturas': Thomas
Bernhard en Trastorno; Jean Cocteau en Opio; Robert Walser
en Jakov von Gunten; Claire Keegan en Tres luces; Paul Bow-
les en El cielo protector, en Déjala que caiga, y en varios de
sus 'ensayos', como Cabezas verdes, manos azules...

 Injustamente, me detengo acá. La lista podría seguir un muy
largo rato. Pero tendría que ponerme a pensar, para ello, y es-
ta lista me viene a la mente sin tener que pensar nada.

El poema de "Max", como lo llamaban sus muy próximos
(sus afortunados 'muy próximos'), proviene de "Across the
Land and the Water". Selected Poems, 1964-2001. Un libro
bellísimo, editado por Hamish Hamilton en 2011.
 Y algo insólito: este libro se consigue usado en algunas librerías de Estados Unidos, a
un centavo de dólar.







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