jueves, 23 de julio de 2015

UN CATÁLOGO DE ROSTROS Y DE MIRADAS



 Personas sin rostro, rostros sin mirada: formas diversas
de la inexistencia. Nada más cercano a nuestra misteriosa
identidad que la imagen del rostro. Nada más cercano a
nuestro verdadero morador que la mirada.
 Los rostros son... islas. El resto es mar.


                         ROSTROS Y MIRADAS

 Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás
y asusta a la niña que fuiste.
 Alejandra PIZARNIK. Extracción de la piedra de la locura.

 ¡Ser conocido! ¡Cómo podría ignorar que él es lo descono-
cido, bajo la máscara de un hombre como cualquier otro.
 Georges BATAILLE. 

 Y el rostro se consume como una llamarada
 Peter HUCHEL. 21 poetas alemanes vol. I.

La pequeña volvió sus ojos de vieja hacia nuestras mesas,
parecía la última de una estirpe, la luz de las velas abiga-
rraba sus pupilas. Cantó con un hilo de voz, una voz que
venía de un cuerpo que no era suyo, desenterrado.
Fleur JAEGGY. Los hermosos años del castigo.

Durante su formación profesional había empezado a adver-
tir que muchas veces había una gran promesa en las caras
de los muertos, como si la tensión y el estrés de la vida hu-
biesen dado paso a una paz mayor. la relajación muscular
que seguía a la muerte era la respuesta científica; pero en
parte se preguntaba si esta explicación era completa. El ca-
dáver humano también portaba en la molleja guijarros de
un país desconocido en los mapas.
Julian BARNES. Arthur & George.

 Ofrezco un nuevo rostro al rostro sorprendido de las casas.
 Pierre OSTER. Antología de la poesía francesa actual.

 La cara (en actitud actual, estática) es un gesto estratifica-
do de todos los gestos que hubo en esa cara en todo el tiem-
po anterior al momento de la observación. Y ese gesto es lo
que la mirada más o menos distraída percibe en un rostro y
capta mucho más que ninguna de las características particu-
lares de cada región u órgano del rostro.
Macedonio FERNÁNDEZ. Cuadernos de todo y nada.

esa cara que seguramente se haría añicos si se cayera al
suelo
Kathryn HARRISON. Los pies de la concubina.

 lo que queda sobre todo son los momentos de algunos
                                                                                [rostros
de repente vistos en el azul grande los árboles verdes que
                                                                                [agitan
el color de una mejilla tanto casi nada como
¿Qué quiere decir una sonrisa en el tiempo desaparecido?
James SACRÉ. Poesía francesa contemporánea.

y de ella quisiera contemplar
su andar que inspira amor y el centelleo radiante de su rostro
antes que los carruajes de los lidios y antes que los soldados
en pie de guerra
SAFO. Poemas y testimonios.

El rostro del viejo, apuesto, sonrosado, de marcados rasgos
judíos y largos bigotones blancos, se da vuelta hacia mí 
mientras caminamos juntos cuesta abajo. ¡Ah! Perfecta-
mente dicho: cortesía, benevolencia, curiosidad, fiabilidad,
recelo, naturalidad, indefensión de la vejez, confianza, fran-
queza, urbanidad, sinceridad, advertencia, patetismo, com-
pasión: una mezcla perfecta.
James JOYCE. Giacomo Joyce.

Una sombra en movimiento nos aporta más que un cuerpo
rígido inmóvil. Un rostro siempre sonriente ya no nos en-
gaña. Sabemos que solo la muerte tiene una sonrisa eterna.
Joseph ROTH. Crónicas berlinesas. [Se trata de una visita
a un museo de cera]

Sus cejas tupidas se unían -"eso es signo de celos", nos dijo 
Idalou cuando él se fue, y musitó una advertencia sobre las
cejas que se tocan.
William GOYEN. Ángeles y hombres.

Los rostros de las vírgenes se pintan con pintura diluida en
agua de rosa, ya que la representación de la efigie de la Pu-
rísima y, por el mismo respeto, también la de los santos, es
un acto religioso, verdaderamente místico.
Andrzej KUSNIEWICZ. La lección de lengua muerta.

 Su rostro es demasiado estrecho:
 parece una espada.
 La boca silenciosa; caen los labios.
 Las cejas dolorosas y espléndidas.
 Trágicamente se unen en su cara
 dos sangres muy antiguas.
 Marina TSVIETÁIEVA. Antología poética.

 Y fue como si la imagen de aquel único rostro pudiera dar-
le al gozo una lengua, una certidumbre a todo el poder y la
felicidad que sentía, resumidos en aquel pequeño óvalo, 
hasta que una sensación de triunfo y fe ingenuos me arrebató
de tal modo que me creí capaz de comer y beber toda la ciu-
dad, de poseer la tierra entera.
 Thomas WOLFE. Hermana muerte.

...Hable con quien hable, necesito, en definitiva, crearme una
cara especial, adaptada a alguna de las debilidades propias de
dicha persona, en detrimento, claro está, de lo que podría ser
mi verdadera cara. 
 De este modo he llegado a no saber cuál es mi verdadera ca-
ra. Que, de ser posible, tal vez no exista.
Cesare PAVESE. Cartas.

 Su rostro medio oculto por un velo se volvía transparente.
 Henri MICHAUX. Literatura francófona de Bélgica.

 Al final

 él puso 
 su cabeza
 en la almohada
 y durmió
 su rostro vuelto
 hacia el sur
W.G. SEBALD. For Years Now.

 Mrksha Pojvalich, un hombre de cara tan estrecha que po-
día tocarse las dos orejas con una mano.
 Misroslav PAVIC. Paisaje pintado con té.

 Las doctrinas islámicas más austeras tienen prohibida la
representación de cualquier rostro, no sólo del rostro de
Dios.
 J. COLE. Del rostro.

 Elena tenía seis años. Era hermosa como un ángel que es-
tuviera posando para una fotografía artística. Tenía los ojos
oscuros, inmensos y fijos, la piel del color de la arena moja-
da. Sus cabellos, de un negro de baquelita, brillaban como 
si los hubiera lustrado uno por uno y parecían descender
incesantemente por su espalda y sus nalgas. Su encantadora
nariz habría provocado un ataque de amnesia al mismísimo
Pascal. Sus mejillas dibujaban un óvalo celeste, pero basta-
ba fijarse en la perfección de su boca para comprender hasta
qué punto era malvada.
 Amelie NOTHOMB. El sabotaje amoroso. [Y luego agrega:
"Describir a elena reducía el Cantar de los cantares a la ca-
tegoría de inventario de carnicería":]

 Vivo en la expresión facial del otro, como lo siento a él
vivir en la mía.
 M. MERLAU-PONTY. Citado por Cole.

Un rostro al fin del día
(...)
Un ramo de lluvia desnuda
(...)
Un rostro entre las balanzas del silencio
Un guijarro entre otros guijarros
Por las frondas de los últimos resplandores del día
Un rostro semejante a todos los rostros olvidados.
Paul ELUARD. Obra poética completa.

 Los muñecos del bunraku (...) el principal sostiene la par-
te superior del muñeco y su brazo derecho; tiene la cara 
descubierta, lisa, clara, impasible, fría como una cebolla 
blanca recién lavada (Basho)
 Roland BARTHES. El imperio de los sentidos.

 De tus ochenta y cuatro veces mil rostros
 usa sólo uno
 y ven a probarme, a pedirme.

 Si no vienes y me pides,
 maldeciré a todos tus antepasados.

 Ven con cualquier rostro y pídeme,
 yo daré,
 mi señor de los ríos encontrados.
 BASAVANA. Cantos a Siva.

 Sobre su rostro de entonces se han ido depositando en mi
imaginación sus rostros ulteriores. Cuando la evoco tal y
como era entonces, la veo sin rostro. Tengo que reconstru-
írselo.
 Bernard SCHLINK. El lector.

 Al caminar June hacia mí desde la oscuridad del jardín,
vi por primera vez a la mujer más hermosa de la tierra. Un
rostro sorprendentemente blanco, ardientes ojos negros,
un rostro tan vivo que lo sentí a punto de consumirse de-
lante de mis ojos.
 Anais NIN. Cit. por N. Mailer en "Fragmentos..."

 Cuanto menos odio tendrían los hombres si cada uno de
ellos no usara un rostro.
 Henri MICHAUX. Darkness Moves.

 La esencia misma del autorretrato: es el único retrato que
refleja al creador en el momento del acto mismo de crear.
Spinoza distinguía la naturaleza naturante y la naturaleza
naturada: la primera activa, brotando, divina; la segunda
pasiva, acabada, material. Podría decirse que el retrato se
relaciona normalmente con la naturaleza naturada.
 Michel TOURNIER. El árbol y el camino.

 Su rostro era hermoso, pero impasible como un espejo
colocado a demasiada altura y que no reflejara más que 
los astros y el implacable cielo.
 Marguerite YOURCENAR. Cuentos orientales.

 Absuelto de las máscaras que he sido,
 Seré en la muerte mi total olvido.
 Jorge L. BORGES. Antología poética.

 Hice conmigo lo que no sabía hacer
 y no hice lo que podía.
 El disfraz que me puse no era el mío.
 Creyeron que yo era el que no era,
 no los desmentí y me perdí.
 Cuando quise arrancarme la máscara,
 la tenía pegada a la cara.
 Cuando la arranqué y me vi en el espejo,
 estaba desfigurado.
 Estaba borracho, no podía entrar en mi disfraz.
 Fernando PESSOA. Poemas de Alvaro de Campos.

 Estoy buscando el rostro que tenía
 Antes de que el mundo fuera creado.
 W.B. YEATS. Antología poética.

 Había una clara diferencia entre este rostro y los que yo
estaba acostumbrado a ver. Este parecía hecho a mano, y
los otros, fabricados en serie.
 Paul BOWLES. Días y viajes.

 Hay un verdadero derroche de caras.
 Adolfo BIOY CASARES. 

 En las calles de la mañana todos los rostros, todos los obje-
tos se me antojaban todavía húmedos del terrible baño de
sus noches.
 Giorgos SEFERIS. 6 noches en la Acrópolis.

 su rostro físico, diríamos, no su rostro mental
 Braulio ARENAS. El castillo de Perth.

 Fotos, fotos, fotos... Caras, caras, caras... De hiena, de cer-
do, de cabra, de mono, de loro. Pero no de tigre, porque los
tigres son hermosos, ¿no crees?
 Jean RHYS. Los tigres son hermosos.

 ¿Dónde andará mi cara, aquella otra, que alguien
 tuvo entre sus manos
 mirándola como a un río asustado?
 Ricardo MOLINARI. Antología Universal de la Poesía.

Los trenes expreso que se dirigían hacia el sur, a Merano,
a Trieste, a Italia, no paraban jamás en su minúscula esta-
ción. Pasaban a una velocidad desenfrenada por delante
de Fallmerayer, quien, dos veces al día, saludando con su
resplandeciente gorra de color rojo, se apostaba en el an-
dén. Los semblantes de los pasajeros en las amplias ven-
tanillas se desvanecían en una papilla de color blanco gri-
sáceo. El jefe de estación Fallmerayer jamás había podido
ver el rostro de un pasajero de viaje hacia el sur.
Joseph ROTH. Jefe de estación Fallmerayer.

 Tenía un bigote de sudor, dura la boca, de fábrica, y ojos
azules, evasivos. 
 V.S. PRITCHETT. Citado por M. Amis. Visitando a Mrs.
Nabokov.

 Los turcos tenían sagazmente observado cuán indecente
es el rostro. Lo cubren de telas y las miradas se escapan de
ellas, enloquecidas.
 Henri MICHAUX. Un bárbaro en Asia.

 su rostro rueda por mí
 como el sonido del agua
 en la noche,
 del agua cayendo en el agua.
 Alejandra PIZARNIK. Extracción de la piedra de locura.

 Antes el rostro revelaba el carácter, el alma; hoy no revela
sino el buen o mal gusto de quien adoptó ésa y no otra ca-
ra.
 Macedonio FERNÁNDEZ. Cuadernos de todo y nada.

 pero por largo tiempo tengo aún recuerdo
 de rostros insonoros, color de papaya y de hastío...
 St. JOHN PERSE. Antología del poema traducido.

Bebí un poco más de vino y fijé la vista en el mantel, vien-
do rezar a la gobernanta con el rostro levantado y los ojos
cerrados. Su pequeña nariz menuda y sus largos labios en
movimiento. Exactamente igual a un conejo, así era, igual
que un conejo ciego. 
Jean RHYS. Viaje a la oscuridad.

Visita al museo. Con la mirada aguzada por las obras maes-
tras, pronto me dejo distraer por los demás visitantes, entre
los cuales distingo rápidamente originales, misteriosos, se-
ductores. Botticelli, Rembrandt y Van Gogh no tienen mu-
cho peso junto a tal o cual rostro vivo.
Michel TOURNIER. El vagabundo inmóvil. 

De cuando en cuando, en la pared del gran hipogeo se abre
un nicho en que está el Buda sentado, dos veces mayor que 
un hombre de pie, con su sonrisa que es como la línea de la
luna sobre el agua, con sus ojos cerrados, de mirada vuelta
hacia el interior, con su rostro que detiene y atrae hacia sí
el pensamiento de quienes lo contemplan.
LANZA DEL VASTO. Vinoba o la nueva peregrinación.

 El campo de trigales es tan bello
 sólo porque están dentro
 las flores de amapolas y las arvejillas;
 y tu pálido rostro
 porque hacia atrás lo inclina apenas
 el peso de la larga trenza.
 Corrado GOVONI. Poetas italianos del siglo XX.

 pero su rostro, como el rostro de todos los muertos, era más
hermoso y sobre todo más significativo de lo que había sido
mientras vivía.
 Leon TOLSTOI. La muerte de Iván Ilich.

 Sobre las cabezas que pasan decoradas con caras. En las
cuales Vine asegura que puede leer la trayectoria de una
vida entera. Durante el período secundario de flaccidez
que sucede al rigor mortis.
 J.P. DONLEAVY. Cuento de hadas en Nueva York.

 pasan una madre y una hija de mirada tranquila. Lo cual
significa un marido y un padre que se rompen el lomo en
alguna parte. Las cabezas de la gente nimbadas por la luz
del sol ondulan como campos de flores. Cuando uno no
las mira demasiado de cerca. y les ve las caras de vampiros.
 J.P. DONLEAVY. Cuento de hadas en Nueva York.

 Mujeres a horcajadas sobre poneys desmelenados de ancha
frente llevan el vestido chino, pero su rostro se oculta tras 
un velo de crin negra parecido al tchedra de Bujara, a 4000
kilómetros de aquí.
 Ella MAILLART. Oasis prohibidos.

 ella vino con su cara de lluvia; una cara de estatua en in-
vierno, cara de alguien que se quedó dormido y no cerró
los ojos bajo la lluvia.
 J.C. ONETTI. Cuentos completos.

 Ponle cuidado por las calles, al atardecer, a las caras de
hombres y mujeres, cuando hace mal tiempo, cuánta gra-
cia y dulzura se ve en ellos.
 LEONARDO. El Malpensante.

 Era una frente asombrosa: relucía, destellaba. Parecía la
pantalla de sus Facultades Superiores; Lenguaje, Forma,
Número y todo lo demás. Su rostro era notable, incluso
en reposo.
 Amitav GHOSH. El círculo de la razón.

 De vez en cuando su cara aparece
 en las ventanitas de junto al techo de la casa.
 El rostro triste de una persona a la que encerraron
 y se olvidaron de ella.
 Raymond CARVER. Un sendero nuevo bajo la cascada.

 Un rostro que se parece a todos los rostros olvidados.
 Paul ELUARD. Cit. por S. Vinci en "En todos los sentidos"

 Emerjo al rostro, igual que un nadador que después de zam-
bullirse emerge a la superficie. Pero no me siento cómodo,
ni instalado.
 Henri MICHAUX. El infinito turbulento.

  Sus ojos son claros y pequeños como los de los santos vie-
jos. Penetrantes. Un poco lascivos. Pero no una lascivia car-
nal, sino distinta, si no fuera por lo salvaje de la asociación,
diría: trascendental.
 Marina TSVIETÁIEVA. Diarios de la Revolución de 1917.

 En el centro, en lo profundo del centro del palacio, un ros-
tro: un niño-hombre, y Emperador, dueño del sol e Hijo del
Cielo.
 Victor SEGALEN. René Leys.

 Lo único que siguió siendo infantil en ella fue la cara.
 Todos la han visto. Todo el mundo en Suecia puede recor-
dar su cara en cualquier momento. La preciosa carita de
grandes ojos que tiene la doncella en el dibujo de Picasso
El Minotauro y la doncella.
 Torgny LINDGREN. En elogio de la verdad.

 En una cabra de rostro semita
 sentía quejarse todo mal ajeno,
 toda ajena existencia.
 Umberto SABA. Poetas italianos del siglo XX.

 hacedme una nueva facha para que de nuevo tenga que
huir de vosotros en otros hombres, y correr, correr, correr
a través de toda la humanidad. Pues no hay huida ante la
facha sino en otra facha y ante el hombre podemos refu-
giarnos sólo en otro hombre. (...) ¡Perseguidme si queréis!
Huyo con mi facha entre mis manos.
 Witold GOMBROWICZ. Ferdydurke. (Es el párrafo final)

 A veces me pregunto si existe algún viajero que haya des-
cubierto en cualquier parte del mundo paisajes más repug-
nantes que los del rostro humano.
 Claude DELARUE. El tiempo de los elefantes.

 Me encontré a mí mismo, sin poder hacer algo al respecto,
en un estudio del rostro de mi bienamada esposa, notando
sistemáticamente los colores.
Claude MONET acerca de su esposa Camille en su lecho
de muerte. Cit. en "A Poet's Notebook".

 Unos tenían la cara hinchada, amarilla, cubierta de mos-
cas; otros la tez, la delgadez, los gestos de los monjes del
Greco. Todos parecían salir de una explosión de grisú.
 Jean COCTEAU. Thomas el impostor.

La lumbrera que le acoge tiene un rostro tan austero que
podría figurar en un billete de banco. Los norteamericanos
tienen una palabra para eso: dwem. Viejos sabios blancos,
selectos y doctos, con perilla y lentes.
Patrick DEVILLE. Peste y cólera.

  Incluso en los rostros, uno de los sitios más reales para
mí, objeto que se volvía sujeto con facilidad, la realidad
faltaba aún.
 Mejor que los trazos, su evanescencia venía a mi encuentro,
fantasmas que una emoción esponja.
 Henri MICHAUX. Emergencias, resurgencias.

 sus pequeños ojos azules, por encima de las carnosas pro-
minencias de las mejillas eran como luces sumergidas en
el mar.
 V.S. PRITCHETT. Amor ciego.

Así se cierra el día
mientras paseo
por el silencioso huerto de las miradas
Valerio MAGRELLI. Ora serrata.

El autorretrato fotográfico está prácticamente ausente de las
obras de los grandes fotógrafos. (...) Quizá porque en la to-
ma fotográfica -mucho más que en el dibujo- hay siempre
una parte de predación, de agresión y de ataque, que da mie-
do cuando se trata de volverla contra sí mismo. 
Michel TOURNIER. El árbol y el camino.

Y el pobre, viejo Charlie. Lleva tanta tristeza en sus ojos
castaños como para fundar un banco de dolor.
J.P. DONLEAVY. Cuento de hadas en Nueva York.

Y la luz nórdica, nociva y loca, se detiene sobre la pared.
Las cortinas de una ventana se estremecen, una mirada
queda atrapada allí, como si fuese el horizonte.
Fleur JAEGGY. Los hermosos años del castigo.nx

 Aquí no hay espejo y no sé que aspecto tengo, ahora. Re-
cuerdo que me miraba al espejo, mientras me cepillaba el
cabello, y recuerdo que mis ojos me devolvían la mirada.
La muchacha que veía era yo, aunque no del todo.
 Jean RHYS. Ancho Mar de los Sargazos.

 Helado como el espejo en que contemplas la huida de los
colibríes de tu mirar
 Benjamin PERET. Antología de la Poesía Surrealista.

 disparando en esa mirada su último cartucho de conciencia
 Stanislaw WITKIEWICZ. Insaciabilidad.

Cuanto más los entrecierro, tanto mejor ven mis ojos,
pues todo el día ven lo insustancial (...)
El día se me hace noche hasta el momento en que te veo,
y toda noche, cuando te sueño, se vuelve el más claro día.
William SHAKESPEARE. Los sonetos. [Este es el XLIII]

  Miré el mar hasta la nada
 Margueritte DURAS. Escribir.

Alice nos contemplaba con esa mirada a la vez afectuosa y
ligeramente burlona de las mujeres que siguen una conver-
sación entre hombres, esa cosa curiosa que siempre parece
oscilar entre la pederastia y el duelo.
Michel HOUELLEBECQ. Sumisión.

  Hace mucho tiempo que no me lo "paso bien", no sé 
cuánto hará, desde que tenía 28 años o algo por el estilo.
He visto muchas cosas pero, te diré, sin llegar a verlas del
todo. Como si alguien las hubiese visto ya. No eran nuevas.
Otros ojos las habían gastado ya, digamos.
 Barry HANNAH. En A.A.V.V. "Ficción súbita".

 Sombras azuladas. Oh, vuestros ojos oscuros
 que largamente me miran cuando paso.
 Georg TRAKL. Obra poética.

Se sentó frente a mí, y entonces, por primera vez, reparó en
mi existencia. Repentina, pero deliberadamente, me lanzó
una larga mirada. Sus ojos eran demasiado azules y oscuros
y sus cejas tan arqueadas que rodeaban totalmente el iris.
Fue una mirada notable, conmovedora, como si me hubiese
mirado un faro.
Ford Madox FORD. El buen soldado.

El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el Uni-
verso.
El que los abre traza la frontera y permanece a la intemperie.
Olga OROZCO. Carta a Alejandra Pizarnik.

en la Autobiografía de un Yogi, de Sri Pramahansa Yoganan-
da (1893-1952) éste relata haber tenido la siguiente visión,
al golpearle en el pecho un famoso santo, Bhaduri Mahasaya,
en Calcuta: "Como si poseyera un ojo omnipresente, contem-
plé las escenas que estaban a mis espaldas, y a ambos lados,
con la misma facilidad que las que estaban delante de mí".
Mircea ELIADE. Más allá de este mundo.

fijos en la brasa las miradas se apagan
Gunnar EKELÖF. En O. Paz: 'Versiones y diversiones'.




CANCION DE LOS INDIOS PAPAGO

Me levanté temprano
en la mañana azul;
mi amor se había levantado
antes que yo, 
vino corriendo hacia mí desde las puertas del alba.
En la montaña Papago
la presa moribunda
me miraba con los ojos de mi amor.
En 'American Indian Poetry'.

Un cuadro dura lo que dura una mirada.
LE PARC. Cit. por G. Picon en 'Las lineas de la muerte'.

Siempre
tu mirada mojada está a los besos jugando...
E.E. CUMMINGS. Antología poesía norteamericana.

El vaso está en el ojo.
El vaso tiene pasión de mí.
Jacobo FIJMAN. Viaje a la otra realidad.

el relámpago que ilumina mira
Gaston BACHELARD. Cit. por R. Jiménez en 'La curva
del eco'.

El ojo del conductor en el espejo
como una abeja que va y viene
que quiera hacer miel
en una colmena de miradas
Valerio MAGRELLI. En 'Diario de poesía', N° 42.

las miradas con las que ha apagado las velas y ha cegado
el espejo de la pared
Martin R. DEAN. Cit. por Butcholz en 'El libro de los libros'

Aparto el telescopio
Y miro como Deneb
Se mueve hacia el cenit.
Mi cuerpo está dormido. Solo
Mis ojos y cerebro están despiertos.
Las estrellas me rodean
como ojos de oro. Ya no puedo saber
Donde empiezo y donde me detengo.
La leve brisa en los pinos oscuros,
Y el pasto invisible,
La tierra se ladea, las estrellas que bullen
tienen un ojo que se ve a sí mismo.
Kenneth REXROTH. En Milosz 'A Book of Luminous
Things'.

 La mirada es el poso de un hombre.
 Walter BENJAMIN. Dirección única. (Poso: sedimento
de un líquido)

 Si la luz se apaga, te quedas solo ante la noche. Y tus ojos
abiertos te iluminan. 
 Pierre REVERDY. Poetas franceses contemporáneos.

Las polillas nos miraban a través
de la ventana. Sentados a la mesa,
éramos 'brochetados' por sus centelleantes miradas,
más duras que sus quebradizas alas.
Adam ZAGAJEWSKI. En 'A Book of Luminous Things'.

 -Gracias por el café -dije, dudoso. Por un momento me 
lanzó una mirada impasible. Como si yo hubiera sido un
loro silencioso hasta ese momento y que súbitamente dice
una tontería.
John BARTH. El fin del camino.

Al principio no se vislumbra
el desenlace definitivo.
HERÓDOTO. En R. Kapuscinski, 'Viajes con Herodoto'.

Mary McDonald, te encontré en la calle
cuando estabas cansada y te dolía la cabeza,
pero disparaste perfume esmeralda de tus ojos,
acumulado en los bosques de Balin.
Allen TATE. Poesía selecta.

Lo que se expresa poéticamente es llevado a un foco más
preciso. El verso sirve para enfocar con más claridad, para
sublimar, se convierte en, casi en un sentido químico, una
sublimación de la visión.
Jean FOLLAIN. Poems & Texts.

Su mirada se había exorbitado tanto que hubiera aterrori-
zado a un verdugo.
Amitav GHOSH. El círculo de la razón.

nos observaba sin atención, como un almacenero que vende
productos defectuosos, y con mirada escrutadora, como un
fisiólogo.
Viktor SHKLOVSI. La tercera fábrica.

La mirada del león es simplemente funesta; la del leopardo
es malévola, destila el miedo atrapado que es la auténtica 
ferocidad.
Peter MATTHIESSEN. El árbol...

La tarde mira al agua,
azul, 
y el agua es toda la tarde,
azul.
Juan L. ORTIZ. En 'El lagrimal trifurca', set. 68.

y que podamos mirar el sol de frente hasta el olvido
Tristan TZARÁ. Poemas.

Voy con Ben al vertedero municipal. Dos recogedores de
basura. Uno es el cretino jorobado que vive con sus ancia-
nos padres en la casa junto al peral. El otro es un joven que
me mira con un odio incomprensible. Mi hijo me explica
que la mirada de odio es la mirada propia del carroñero. 
Revolver entre la basura es un asunto íntimo, a nadie le
gusta que lo descubran en ese momento.
John CHEEVER. Diarios.

Esta ventanilla está empañada. No veo bien.
Arturo CARRERA. Arturo y yo.

¿Todo gratis? ¿No se paga nada por mirarte?
Gesualdo BUFALINO. El malpensante.

Con espanto te ves dibujado en las ágatas de San Vito
Estabas mortalmente triste el día en que te viste allí.
Guillaume APOLLINAIRE. El mundo de G.A.

Vi en los ojos que tenía mucha necesidad de confiar en
mí -era esa mirada mitad noble, mitad fatua del que ha
decidido desnudar su alma- y una vez más mi actitud
cambió.
J. MITCHELL. El secreto de J. Gould.

Un pájaro, un escarabajo, una mariposa imitan a la mis-
ma contemplación ferviente que reservamos para un Tin-
toretto o un Rembrandt, pero nuestra mirada ha perdido
su frescor, ya no sabemos mirar.
Claude LEVI-STRAUSS. De cerca y de lejos.

Paseo mi mirada por el cielo
por si acaso con la suya coincidiera
Yamil BUTAYNA. Poesía árabe clásica.

por eso las gafas deberían llevarse
entre el ojo y el cerebro,
porque está ahí, entre bosques
y plantaciones de nervios
el error de la mirada
Valerio MAGRELLI. Ora serrata.

No voy a beber vino contigo
Porque eres un chico bribón.
Sé que ustedes tienen la costumbre
De besarse bajo la luna con cualquiera
En nuestra casa, en cambio, la quietud
Y el sosiego son la felicidad.
En nuestra casa no permiten
Levantar los ojos claros.
Anna AJMÁTOVA. Poesía escogida.

como un perro
dice Cezanne
así es como el pintor
debe ver, el ojo
fijo y casi
desviado
W.G. SEBALD. Unrecounted.

Sentado como estaba, no tenía en absoluto el aspecto de
alguien que espera. Parecía no aburrirse ni un instante.
Sus encendidos ojos lanzaban chispas sobre los objetos de
la habitación, sobre la alfombra, el mantel, el jarrón de
piedra azul, el cojín con bordados, como si quisiera pe-
garle fuego a todo.
Joseph ROTH. La rebelión.

Están [una pareja] en el temor de que sus ojos se miren
Marguerite DURAS. Los ojos azules, pelo negro.

... me había dicho que como no podíamos ver sin inventar
lo que veíamos, al menos deberíamos intentar hacerlo como
es debido.
Debemos intentarlo no porque la alternativa sea el vacío, si-
no porque si no lo hacemos, nunca seremos libres de las in-
venciones de los demás.
Amitav GHOSH. Líneas de sombra.

Pienso en ciertos alienados agitados, rompedores y destruc-
tores; en uno, a quien vi atado, mantenido en la impotencia,
presa de tal concentración de odio que su mirada, virgen de
cualquier otro sentimiento, resultaba manifiestamente insos-
tenible. Sus ojos duros como guijarros disparaban balas. Era
un odio, y admitirlo resultaba horrible, un odio puro, contra
el que nada válido cabía oponer.
Henri MICHAUX. El infinito turbulento.

De golpe pude abarcar con la mirada un barrio totalmente
laberíntico, una red de calles que durante años había yo
evitado, el día en que un ser querido se mudó a él. Era co-
mo si en su ventana hubieran instalado un reflector que re-
cortara la zona con haces luminosos.
Walter BENJAMIN. Dirección única.

me cuenta: como hace años los ciegos eran mucho más nu-
merosos en las regiones nórdicas del Japón, y como no ser-
vían para nada, a la edad de 5 o 10 años se les reunía y se
les mataba. Pero ocurrió que un alto funcionario llamó un
día a una ciega, la llevó al jardín y le pidió que se lo descri-
biera. La ciega había recibido una buena instrucción: se 
preparaba para convertirse en itako. Describió el jardín y
dijo, entre otras cosas, que había allí un árbol y bajo el ár-
bol una linterna de piedra. Desde entonces, las gentes co-
menzaron a apelar a la clarividencia de los ciegos y ya no
les mataron. 
Mircea ELIADE. Fragmentos de un diario. [Itako es una
clase de la cual provienen la mayoría de los chamanes o
miko.]

los ojos salvajes
los ojos del cielo
Georges SCHEHADÉ. Poesías.

supe que esa mirada, untada en mi cuerpo como con un
pincel, me protegería toda la vida.
Severo SARDUY. En 'Teoría del cielo', de Arijón y Carre-
ra.

Los gatos que miran a los pájaros
tienen ojos que piensan
Los pájaros que miran a los gatos
tienen ojos que dudan
Los míos se cierran
Para meditar sobre los milagros.
Francis PICABIA. Antología de la poesía surrealista.

En todo cuanto miré quedé en parte.
Con todo cuanto vi, o pasa, paso,
Sin que distinga mi memoria
Lo que vi de lo que fui.
Fernando PESSOA. Como Ricardo Reis. poemas.

Mirar cómo se rompen las burbujas, dijo,
no es más extraño que mirarse a un espejo.
Irene GRUSS. Poema publicado en Clarín Cultural, el
8/11/90.

Alguna vez hubo un cine aquí. Pasaban películas mudas.
Era como mirar el mundo a través de lentes oscuros en 
una tarde lluviosa.
Charles SIMIC. Alquimia del tendajón.

-Mírame; mírame con las manos; los ojos no ven.
Giorgos SEFERIS. Seis noches en la Acrópolis.

un instante es la eternidad;
eternidad es el ahora.
Cuando ves a través de este instante,
ves a través del que ve.
WU-MEN (1183-1260) The Enlightened Heart.

la pálida Sarah [se refiere a Sarah Bernhardt], que levanta
un mundo con su mirada.
Jules RENARD. Diario.

Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que ve-
mos, sino lo que somos.
Fernando PESSOA. Libro del desasosiego.

¡Flores de cerezo, más y más hoy!
¡Las aves tienen dos patas!
¡Oh, y los caballos cuatro!
ONITSURA (1660-1738) The Book of Haiku.

Y cuando me miraba con su adormecedora mirada gris,
el sueño, como un soplo, traspasaba los muros de la casa.
Peter HUCHEL. Poesía alemana.

No recuerdo quién dijo que en la pura actividad del mirar
hay siempre algo de sadismo. Intenté inútilmente recordar
quién fue, pensé que había algo de verdad en aquella fra-
se; y así miré incluso con mayor voluptuosidad, con la 
perfecta sensación de ser sólo dos ojos que miraban mien-
tras yo estaba en otro lugar, sin saber dónde.
Antonio TABUCCHI. El juego del revés.

Contemplar, lo veía muy bien, nada tenía que ver con lo
que yo había creído. Contemplar es ser recibido.
Henri MICHAUX. Conocimiento por los abismos.

La Sra. Jarvis tenía enormes ojos cafés, tan acuosos, tan
tristes, tan implorantes, que cambiaban tan rápidamente
a una mirada de gran curiosidad cuando estudiaba a otra
mujer. Era una de las ovejas que levantan la mirada y no
reciben alimento.
Jean RHYS. Sonríe, por favor.


Para MICAELA, que mañana cumple 5 años.

















2 comentarios:

volt303 dijo...

"El tercero me mira en los ojos del otro:
el lenguaje es justicia...
La epifanía del rostro como rostro,
introduce la humanidad.
El rostro en su desnudez de rostro
me presenta la indigencia
del pobre y del extranjero...
La epifanía del rostro es ética.
La lucha con la que este rostro
puede amenazar presupone
la trascendencia de la expresión."
"El rostro como huella...
invitación al bello riesgo del acercamiento,
a la exposición del uno al otro,...
a la expresión de la exposición,
al decir... lenguaje ético"
(Levinas). Sugestiones de tu rico
catálogo. Felicidades.

El sentir de Ana dijo...

Muchas gracias por este valioso material poético, me encanta su blog. Un abrazo