sábado, 19 de marzo de 2016

POEMAS DE LAS KISAENG



Las Kisaeng son un grupo muy especial de mujeres corea-
nas que vivieron entre los siglos XV y XVIII, que fueran una
combinación de entretenedoras profesionales, cortesanas y ar-
tistas (en el sentido de la actuación). A veces se las llamaba
"mujeres habilidosas (o dotadas, o expertas, o hábiles)". Se
las seleccionaba entre las clases pobres por su belleza, juven-
tud y talento, y se las obligaba a trabajar para lo que de hecho
constituía una suerte de burocracia gubernamental de la ac-
tuación. Algunas de ellas escribían, haciéndolo con una mez-
cla especial de maestría técnica, distancia emocional e ironía.
 En total existen menos de cien poemas registrados, pero aún
así, han logrado constituir una duradera tradición de poesía
amorosa.
 Estos poemas fueron transmitidos en forma oral, ya que los
derechos de estas mujeres eran sumamente reducidos, trans-
formándolas en cuasi-personas. Sin embargo, hoy sabemos
que estaban dotadas de fuertes personalidades, de tal modo
que esos poemas que pertenecían a la periferia de la cultura
coreana, hoy se han situado en su mismo centro.
 Una joven kisaeng era tomada de su familia y se la 'educa-
ba' de tal modo que no pudiese casarse ni formar una familia.
Sin embargo, su libertad interior y el conocimiento tanto de
los hombres como de los ámbitos en los que desarrollaban
su actividad, les permitió adquirir una personalidad original.
 Aquellas kisaeng que escribieran estos poemas habían teni-
do mayores 'permisos' para ser ellas mismas que la mayoría 
de las mujeres de la época. Como artistas, sin embargo, de-
bían permanecer anónimas. En algunos casos,una kisaeng
podía hablar (y escribir) como una par intelectual de los
hombres a los que servía. Por supuesto que hay historias
legendarias de amores entre las kisaeng y los hombres más
famosos de su tiempo. La más notoria de ellas es Hwang 
Jini (1511?- 1541?), cuya fama se tornó mítica y sigue cauti-
vando a los coreanos. 
 Lo cierto es que paradójicamente, las kisaeng han sido las
únicas mujeres coreanas consistentemente educadas en la
historia de Corea. Por otra parte, su condición de marginales
las volvía socialmente inaceptables. Hay que decir que en
ese tiempo, las mujeres coreanas estaban encarceladas en
sus casas durante todo el día, y que, aún en sus casas, te-
nían prohibido cualquier contacto con un hombre que no
perteneciera a la familia. También dentro de la misma, el
contacto entre los sexos estaba muy restringido. Las mu-
jeres no recibían una educación formal. Se las limitaba a
las tareas hogareñas o de la vida rural. No estaba bien vis-
to que leyeran, por ejemplo.

 Estos poemas tienen la forma tradicional llamada Sijo.
 El Sijo es un poema de tres líneas que en sus comienzos
era usado en las tonadas populares. Continuó siendo así
hasta el inicio de la Dinastía Chosun (1392-1910), en la
que comenzó a ser aceptada como una forma literaria vá-
lida. La estructura sintáctica del Sijo facilita la expresión
de sentimientos y emociones personales. En otros casos
se utilizó esta forma literaria para reportes de tipo político
en los que las 2 primeras líneas informaban hechos y la
tercera moralizaba acerca de ellos. Los poemas líricos o
personales, por otra parte, terminaron cobrando una rigi-
dez excesivamente formal. Las mujeres kisaeng fueron
quienes le devolvieron vida y poesía a estos versos.



 1.
 Tarde una noche, sola, insomne,
 oí gritar a las ocas salvajes.
 Dándole más mecha a la llama,
 seguí dando vueltas.

 Entonces bajos, pesados sonidos de lluvia
 me hicieron sentir un poco más oscura, más lejana.

 KANG GANGWOL


 2.
 Ante ciertos pensamientos acerca de él
 mis ojos todavía pueden llorar.
 Ese otoño las ocas salvajes volaron tan lejos
 que se llevaron el cielo con ellas.

 Quedate tan lejos como puedas;
 el tiempo te retendrá o te conducirá de regreso.

 KANG GANGWOL


 3.
¿Quién te atrapó, pescadito, y luego te soltó
 dentro del estanque de mi jardín?
 ¿Qué claro mar del norte dejaste
 por estas pequeñas aguas?

 Una vez aquí, sin posibilidades de huir,
 vos y yo somos iguales.

 KUNGNYO


 4.
 Los pétalos llovieron desde los perales
 mientras yo le lloraba entre mis brazos.
 Ahora que el viento del otoño se lleva las hojas,
 ¿me conserva él en su interior?

 Mis sueños recorren las distancias hasta él
 y regresan fatigados de viajar.

 KYERANG


 5.
 A este viejo muñón de un ciruelo
 la primavera sí regresa.
 Cada vez, esta rama ha florecido;
 tal vez lo haga una vez más.

 La nieve de primavera aturde al cielo;
 puede que haya o que no haya una nueva flor.

 MAEHWA


 6.
 No me digas que el rostro que tengo ahora
 sería rastreado por su belleza.
 Los pensamientos tristes se convierten en un hilo visible
 que se enrolla a sí mismo hasta anudarse.

 El esfuerzo no lo estirará,
 buscar no encontrará el final.

 MYONGOK


 7.
 Muy bien, pero no digas esas palabras. Si ya
 no me mirás, ¿para qué seguirías hablando?
 Si el cielo te mirase a vos solo,
 entonces podrías hablar como quisieras.

 Somos todos, todos del cielo;
 hay un amor enviado para mí.

 MUNHYANG


 8. 
 Dicen que el amor es bueno para uno,
 que se deja ver mejor en la separación.
 Me llevó mi vida darme cuenta
 de que la primera vez puede significar nunca más.

 Dicen que si tomás amor,
 debés dar dolor.

 OKSON


 9.
 Arroyo azul, no muestres tanto tu velocidad
 descendiendo por mi verde montaña.
 Una vez que alcanzás el ancho mar azul,
 no es fácil el camino de regreso.

 La luz de la luna llena ahora mi valle;
 aflojá el paso, descansá, después andate.

 HWANG JINI


 10.
 Vieja montaña, acá estás todavía,
 pero estas no son las mismas aguas:
 no han empezado a envejecer,
 habiendo fluido cada día, cada noche.

 Mi amor ha sido puro como el agua,
 viniendo a mí, yéndose.

 HWANG JINI


 11. 
 Todo lo que hacés, todo
 lo que hacés, engaña.
 Cuando amo, te convierto
 en mi enemigo.

 Pero las palabras que dijiste
 se guardan solas dentro mío.

 SONGI


 12.
 Nuestro amor no es para que vos lo des
 ni el de otras para que vos lo anheles.
 Tené cuidado, llevás
 nuestro amor con vos.

 Por tal amor, he vivido;
 por tal vida, habré de amar.

 SONGI






 FUENTE

Constantine Contogenis and Wolhee Choe. Songs of the
Kisaeng. Boa Editions, 1997.

2 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Realmente maravillosos. Un saludo lleno de gratitud.

Robert Rivas dijo...

Zumo placer.