jueves, 31 de enero de 2013

UNA PARADA

 Había empezado con los acúfenos hacía un tiempo y eran,
al parecer, molestísimos, porque se lo pasaba haciendo ges-
tos como de estar espantando insectos que le atacasen los
oídos.
 Y habíamos ido al mar para que se distrajera, pero la única
distracción era la marcha a tontas y a locas de sus pensamien-
tos y esos ruidos horadantes, que alteraban severamente su
ánimo.
 Sólo quedaban de ella pequeños atisbos en la mirada. No
hablaba, como si emitir palabras agudizase su padecimien-
to. Y tal vez, además, no le interesaba hablar porque sabía
que hablar hubiese sido solamente quejarse.
 Y su mirada se quejaba y pedía disculpas y sufría al mismo
tiempo. El mundo que veía estaba tan entremezclado con su
penuria que prefería no ver ni a uno ni a otra. Entonces in-
tentaba apagar la mirada cerrando los ojos como puños por
largos períodos. Cuando por fin los reabría, esa mirada se-
guía ahí, como una extraña en la ventana.
 Ni siquiera logramos que por esa ventana mirase el mar.
Y tampoco nosotros, cuando nos sentábamos un rato a mi-
rar el mar, lográbamos despejar de nuestro pensamiento su
presencia dolorosa. No podíamos dejar de sentir cómo su-
fría, de qué indecible sufrimiento sufría.
 Mi hermano mayor pasaba por una crisis financiera; mi
hermana estaba en los primeros meses de su divorcio, y yo
pasaba por una temporada en la que todo me parecía cierto
y falso al mismo tiempo y en la que había perdido el mapa
que más o menos indicaba de dónde venía y para dónde iba.
 Pero lo que le pasaba a ella era distinto.
 Y cada vez que mi hermana, conmovida, intentaba abrazar-
la, ella se atajaba como de un ataque. Y nosotros intervenía-
mos con delicadeza deteniendo a mi hermana, entendiendo
que el sufrimiento había agudizado su sensibilidad hasta el
punto de que todo le resultaba insoportable. Era como si la
vida hubiese puesto demasiado peso en sus soportes y los
hubiese vencido por completo.
 Entonces abrazábamos con levedad a mi hermana. Con le-
vedad, porque abrazarla con más fuerza frente a su mirada
hubiese sido, también, una herida sobre la herida.
 En dos días abortamos el paseo y estábamos listos para em-
prender el regreso. Mi hermano mayor se ocupaba de los es-
casos preparativos que debimos realizar y, entretanto, para-
dos ella y yo en la vereda, no sabíamos muy bien qué hacer.
 Ahora su mirada pedía perdón por el fracaso del viaje, por
la decepción que nos causaba sin quererlo. Y sin saber por-
qué, perdido por un instante el temor de lastimarla, en lugar
de decirle algo circunstancial, le sostuve la mirada.  Ensegui-
da se volvió huidiza, pero una fuerza inesperada aún para
ella le permitió no cerrar los ojos ni desviarlos de mí. Ahora
yo la miraba desde una verdadera inconsciencia de mí mis-
mo, como si mi propia mirada viniese de otra parte y me a-
travesara sin conocerme. No la miraba desde mí, sino desde
una lejanía, desde un antes de nacer, desde antes de ella mis-
ma. Y su mirada se enredó de a poco con la 'mía' y empezó
a transformarse lentamente. Como si las miradas fuesen hi-
los que, enroscados, hiciesen una soga que tiraba de ella,
sacándola de su terrorífico interior, y de mí, volviéndome
a la conciencia.
 Se alivió, diría, porque su cuerpo se aflojó, como si un
curso de agua la hubiese ablandado y se llevara en su deriva
las grandes rocas de su cansancio.
 Enseguida llegaron mis hermanos con unos pocos bártulos
y nos subimos al auto.
 Ella se sentó atrás y se quedó mirando por la ventanilla.
 Aunque la llamaban "la ruta de la costa", no había prácti-
camente nada que valiese la pena mirar. Pero permaneció
en esa posición durante todo el viaje. En Saldívar decidimos
hacer una parada. Eran alrededor de las seis de la tarde. Em-
pezaba a atardecer. Afuera del auto soplaba un viento frío.
Le pedimos que bajara para tomar algo caliente. No respon-
dió más que con un leve movimiento de negación de la cabe-
za. Seguía mirando por la ventanilla, que ahora daba a unos
postes de luz y a un par de carteles que no se leían porque
apuntaban a la ruta.
 Bajamos y, como dije, la sensación de alivio me duraba.
 
Los tres estábamos algo más animados. Tomamos café con
leche y pan con manteca y mermelada y dulce de leche y co-
mimos con ganas.
 Cuando salimos era completamente de noche, aunque no
hubiese pasado más de media hora. Caminamos sobre una
grava que crujía y había más tráfico, más ruidos y más lu-
ces por todas partes.
 Entre lo más conocido y lo totalmente desconocido, nos es-
peraba ella en el auto.


viernes, 25 de enero de 2013

POESIA MEDIEVAL ESPAÑOLA





Una pequeña antología, muy parcial y muy incompleta.
Un vistazo aéreo de la vasta producción poética españo-
la de esos tiempos.
Una antología mínima  y de los bordes, de la poesía medieval española, inmensa y riquísima.


DEL CATALÁN*

BALADA ANÓNIMA (s. XVI)

Cuando yo era joven
Tenía muchos amantes.
Ahora que soy grande
Sólo tengo dos:
Uno es sastre
El otro tejedor.
¿Qué puedo hacer?
Ambos desean mi amor.
La primavera está llegando
Con muchas flores,
Claveles, rosas,
Violetas de todos los colores.
Iré al jardín
De mi padre,
Elegiré unas cuantas,
Le daré al sastre flores
Y al tejedor mi amor.
Si no los aceptan,
Dios me habrá librado
De los dos.

[Durante la Edad Media, el catalán y el provenzal eran casi
el mismo idioma.]


JARCA* HISPANO-ARÁBICA (1000-1300)

Haré el amor
Contigo,
Pero sólo si me sostienes
De tal modo
Que mis aros
Rocen las joyas
De mis tobillos.

*[Las jarcas se escribían en la España Islámica, por árabes
y judíos, como final o refrán de una composición más ex-
tensa ( la muwassaha) que se escribía en Arabe o Hebreo
clásicos. Son los primeros versos líricos que existen en len-
gua romántica moderna.]



POETAS JUDÍOS


MOISES IBN EZRA (1055-¿1135?)

¿Dónde están las tumbas de los hombres que han muerto
sobre la faz de la tierra desde los días antiguos?
Tumbas amontonadas sobre tumbas,
Durmiente durmiendo sobre durmiente,
En agujeros en el polvo juntos yacen,
Piedras de tiza con piedras de rubí.


JUDAH AL-HARIZI (s. XII o XIII)

UN SECRETO GUARDADO

La muchacha me hizo entrar en la casa del amor.
Ella era tan pura y perfecta como Abigaíl.
Cuando se quitó el velo reveló tales rasgos
Que avergonzó la belleza de Esther.
Su luz brilló en la oscuridad, hizo temblar todas las cosas-
Las colinas comenzaron a bailar como carneros.
Pensé: ""Ahora se descubren nuestros secretos".
Pero ella estiró su mano como una mujer con fuerza
Y me envolvió en su azabachado pelo.
De tal modo que el día se convirtió de golpe en noche.


SAMUEL HA-LEVI BEN JOSEPH IBN NAGRELA
(Córdoba, 993-1055)

LA HORA EN QUE ESTOY

Ella me ha dicho "Regocíjate que Dios te ha traído
Hasta la edad de cincuenta en este mundo." No se daba
                                                                             [cuenta
De que no hay diferencias para mí entre los días
Que he pasado y lo que escucho de los días de Noé.
No hay nada para mí en el mundo salvo la hora en la que
                                                                                 [estoy.
Sólo dura un momento y, como una nube, ya no es.


IBRAHIM IBN SAHL (Andalucía ¿-?-1248)

SOL PONIENTE

 Considera el color de la tarde, sin duda es parecido al tinte
del compañero que ultima sus adioses por una larga separa-
ción.
 El sol, pálido, después de haber desgarrado una mejilla del
crepúsculo, vuelve su mirada hacia el día que declina.
 Con su púrpura, el astro del día se ha posado ante el canal,
uniendo, de a dos, el pudor del adolescente y las lágrimas de
los amantes.
 Al desaparecer, el sol ha caído, escarlata, parecido a la copa
que escapa de la mano del escanciador.


JUDAH BEN SAMUEL HA-LEVI (1075-1141)

LA MANZANA

Me has capturado con tu encanto, mi señora.
Me has esclavizado brutalmente en tu prisión.
Desde el mismo día en que debimos separarnos
No he encontrado nada parecido a tu belleza.
Me consuelo a mí mismo con una manzana rosada,
Cuyo aroma es como la mirra de tu nariz y labios,
Su forma como tu pecho, y su color
Como el tinte que se deja ver en tus mejillas.


SAMUEL HA NAGUID (Córdoba, 993- Granada, 1056)

EL HOMBRE CORRE HACIA LA TUMBA

El hombre corre hacia la tumba.
Y los ríos se precipitan al fondo del mar.
El fin de todo lo vivo es su muerte,
Y el palacio, con el tiempo, en ruinas se convierte.
Nada es más lejano que el día que se ha ido,
Y nada está más cerca que el día por venir,
Y ambos están muy, muy lejos
Del hombre escondido en el corazón de la tumba.


SALOMON IBN GABIROL (1021/2-1053/8)

LA ESCRITURA DEL INVIERNO

El viento escribe con la tinta de su lluvia y de sus chubascos,
Con la picadura de sus relámpagos, con la mano de sus nubes,
Un mensaje sobre el jardín, de púrpura y violeta.
Ningún ser humano puede producir hechos como éstos.
Y cuando la tierra se torna celosa de los cielos,
Borda sus vestimentas con flores como estrellas.



POETAS ARÁBIGO-ANDALUCES*

ABU-L-QASIM AL-MANISI, llamado ASA AL-ALMA
(s. XII)

LLUVIA SOBRE EL RÍO

La mano de los vientos realiza finos trabajos de orfebre en
el río, ondulado de mil arrugas.

Y siempre que ha terminado de forjar las mallas de una lori-
ga, la lluvia viene a enlazarlas con sus clavillos.


El QADI IYAD (1083-1149)

LAS MIESES

Mira el campo sembrado, donde las mieses parecen, al incli-
narse ante el viento,
Escuadrones de caballería que huyen derrotados, sangrando
por las heridas de las amapolas.


BEN ABD RABBIHI (Córdoba, 860-940)

LA TEZ BLANCA

Jamás vi ni oí cosa como ésta: una perla que por pudor se
transforma en cornalina.

Tan blanca es su cara, que, cuando contemplas sus perfeccio-
nes, ves tu propio rostro sumergido en la claridad.


ABU-L-HASAN ALI BEN HISN (Secretario de Mutadid de
Sevilla, s. XI)

EL REFLEJO DEL VINO

El reflejo del vino atravesado por la luz colorea de rojo los
dedos del copero, como el enebro deja teñido el hocico del
antílope.


ABU-L-HASAN BEN AL-QABTURNUH (Badajoz, s. XI-
XII)

EN LA BATALLA

Me acordé de Sulayma cuando al ardor de la lid era como el
ardor de mi cuerpo cuando me separé de ella.
Creí ver entre las lanzas la esbeltez de su talle y, cuando se
inclinaron hacia mí, las abracé.


BEN BAQI (Córdoba, s. XII)

ESCENA DE AMOR

Cuando la noche arrastraba su cola de sombra, le di a beber
vino oscuro y espeso como el almizcle en polvo que se sor-
be por las narices.

La estreché como estrecha el valiente su espada, y sus tren-
zas eran como tahalíes que pendían desde mis hombros.

Hasta que, cuando la rindió la dulce pesadez del sueño, la
aparté de mí, a quien estaba abrazada.

¡La alejé del costado que amaba, para que no durmiese so-
bre una almohada palpitante!


*[Estos textos provienen de "Poemas arábigoandaluces" del
notable Emilio García Gómez. Colección Austral, 1940. Un
comentario del autor en la introducción me pareció tan gra-
cioso como paradojal, ya que García Gómez ha dedicado
muchos años de trabajo intenso al estudio de la poesía mu-
sulmana de España: "Hay que hacer, desde un principio, la salvedad de que, por lo general y aunque puedan señalarse
algunas excepciones, la lírica arábigoandaluza es de una ex-
trema pobreza intelectual."
Sin embargo, en un segundo libro, publicado en Buenos
Aires por la misma Colección Austral en 1945, titulado
"Cinco poetas musulmanes. Biografías y estudios", apa-
recen estos otros poetas, valorados por el autor, entre los
cuales se encuentra Abu-l-Tayyib Ahmad ibn al-Husayn,
llamado luego Al Mutanabbi -que significa "el que se las
da de profeta", y al que GG denomina "El mayor poeta de
los árabes". No incluyo poemas suyos, ya que ni nació ni
vivió en España. Pero sí de este otro, cuyos 10 nombres se
sintetizaron, por fortuna, en dos.]

IBN ZAMRAK (Granada, 1333-1393)

Aumentó mi pasión y aguijoneó mi anhelo
una candela embozada en mantos de sombra.
Entre la oscuridad me hacía señas, como un dedo blanco
teñido de rojo en la punta, y perteneciente a una mano
                                                                          [escondida.
Si no soplaba la brisa, brillaba su llama como un hierro de
                                                                                   [lanza;
si la brisa lo torcía, se achataba como una pulsera de luz.
Me distrajo una noche en que me desazonaba el deseo,
porque lucía unas veces, y otras se apagaba.
Si yo decía: "No luce", me sacaba la lengua;
si yo decía: "No se apaga", retiraba su luz.
Así, hasta que el alba salió del golfo de negrura,
y el céfiro del jardín nos detapó su pomo de aroma.
¡Dios te guarde, candela, porque pareces mi alma,
que también se consume en las ansias del amor!


[Ibn Zamrak es el autor del epígrafe poético que decora la
Sala de Dos Hermanas en la Alhambra.]

IBN HAZM (994-1064) CORDOBA

MI AMOR VIENE

Viniste a mí justo antes
de que los Cristianos tocaran sus campanas,

cuando la media luna
estaba surgiendo en el cielo

como la ceja de un anciano
casi toda cubierta de pelos blancos

o como la delicada curva
de un empeine.

Aunque aún era de noche,
cuando viniste el arcoiris

de Dios brilló
en el horizonte,

ataviado de todos los colores
como la cola de un pavo real.

(Ibn Hazm ecribió un largo tratado acerca del amor, El ani-
llo de la paloma, comparable al Libro del Buen Amor, del
Archipestre de Hita.)

IBN SHUHAYD (992- 1034) CORDOBA

DESPUES DE LA ORGIA

Cuando él estaba completamente ebrio
y dormido y los ojos
de los guardias también estaban cerrados,

me acerqué tímidamente a ella
como un amigo apostando un secreto
encontrándonos a hurtadillas, como si nada

ocurriera. Me arrastré hacia ella
imperceptible como en un sueño. Me alcé
hacia ella suavemente como una respiración.

Besé el blanco brillo
de su cuello, bebí de su boca
su rojo anhelo.

Pasé una deliciosa noche con ella
hasta que la oscuridad sonrió,
revelando los blancos dientes del alba.

(Poeta aristocrático y amigo cercano del -famoso- Ibn Hazm)

IBN BURD (m. 1053) CORDOBA

LUNA

La luna es un espejo
cuyo metal está manchado
por suspiros de vírgenes.

La noche se viste
con luz de su lámpara

como la tinta negra
se viste en papel blanco.


COPLAS ANÓNIMAS DE ANDALUCÍA

1.
A las flores con el pie
les vas quitando rocío:
que una mujer se hace fiera
si pende de su albedrío
que un hombre por ella muera.

2.
Qué importa que mis amigos
me saquen a divertir,
si después llegando a casa
de nuevo vuelvo a sentir,
serrana, lo que me pasa.

3.
Yo no sé qué le ha dado
esta serrana a mi cuerpo;
cuando más quiero olvidarla,
más presente me la tengo.

4.
Me hace tanta falta el verte
como la sal al guisao,
como la ropa al encueros,
como el agua a los sembraos.

5.
Yo no le temo a los mares,
que le temo a los peligros
de una bata de lunares.

6.
En una noche de estío
se besaron en la boca:
el clavel perdió el sentío,
la luna, se volvió loca,
echando plata en el río.

7.
Los soldados a Melilla
se los llevan a millones
pa defenderle la mina
al conde de Romanones,
el padre de nuestras ruinas.

8.
A la mujer del minero
se la puede llamar viuda,
que él se pasa el año entero
cavando su sepultura.

9.
Yo me enamoré del garbo
de una rubia panadera
que con el humo del horno
se va poniendo morena.


DEL CANCIONERO LLAMADO FLOR DE LA ROSA

1.
En acordarme quién fui
La memoria me lastima.

2.
Ya no soy quien ser solía.

3.
Yo no me porné guirnalda
La mañana de San Juan,
Pues mis amores se van.

4.
Todos cantan en la boda
y la novia llora.

5.
Yo no quiero ser casada,
Sino libre y enamorada.

6.
El viento me trae rosas y flores
Pero no los suspiros de mis amores...

7.
Y para más despacio atormentarme,
llévam'alguna vez por entre flores.

8.
No me llames sega la herba,
sino morena.


UN POETA SUFÍ DE ESPAÑA

IBN 'ARABI (s. XI)

Mi corazón abraza todas las formas:
  Pastura para las gacelas
  Convento para los monjes
  Templo para los ídolos
  Kaaba para los peregrinos
  Tablas de la Torá
  Páginas del Corán
Yo sigo el camino del Amor
Y adónde se dirige la caravana del Amor
Ahí es donde está mi religión, mi fe.


BIBLIOGRAFIA

Aliki  & Willis BARNSTONE. Women Poets. From An-
tiquity to Now. Schoken Books, 1992.

Peter L. WILSON/ Nasrollah POURJAVADY. The
Drunken Universe. An Anthology of Persian Sufi Poetry.
Omega Public. 1987.

David GOLDSTEIN. The Jewish Poets of Spain, 900-
1250. Penguin Books, 1965.

Emilio GARCÍA GÓMEZ. Cinco poetas musulmanes. Es-
pasa Calpe, 1945.

Emilio GARCÍA GÓMEZ. Poemas arábigoandaluces. Espa-
sa Calpe, 1940.

Antonio DELGADO. Andalucía y la copla. Edic. del autor,
1960.

Daniel DEVOTO (Compilador).Cancionero llamado Flor de
la Rosa, Ed. Losada, Bs. As., 1950.














viernes, 18 de enero de 2013

NANSEN Y SU PADRE

Nansen y su padre visitan diversos abismos.
Nansen fija su mirada en el exterior de los abismos.
Es una mirada con muchas herramientas.
Tiñe, bruñe, afila, burila, pule la cara que le muestra el
abismo.
El padre de Nansen, en cambio, mira del otro lado.
No se sabe, no se sabrá nunca qué ve o, mejor dicho, en
qué interminables tinieblas se pierde una vez y otra, su
mirada.

¿Quién quisiste, quién querrías ser?

¿Y mañana?

[¿En qué mañanas te sumergirás, paquete de pulsiones, de-
seos, ideas, herramientas y toda clase de frustraciones e in-
valideces?]

'Sólo se tiene un cuerpo -entre un abismo y otro abismo'.

"Hace diez años ni siquiera le hubiese respondido", parece
que dijo el padre de Nansen.

Nunca sabemos de qué estamos hablando. Pero no por eso
dejamos ni dejaremos de hablar.
Bueno, sí, dejaremos de hablar.
Ah, era por eso que hablábamos.

Por millares cruzaban la frontera, caminando, andando co-
mo podían; en ese estado en el que la mente se bloquea a
sí misma con pensamientos mutilados, con pensamientos
cerrados, con pensamientos que no van ni traen ni llevan
nada. Cuerpo y mente se obstaculizan uno a otro.
Cuerpo a mente, mente a cuerpo.

"¿Adónde va todo el dolor del mundo?", se preguntó un día
Nansen. "Todo el dolor del mundo", y se dio cuenta de la
inmensidad, de la desproporción de lo que estaba pensan-
do. O diciendo. También reparó en esa diferencia. Las diferen-
cias se iban abriendo ante él como caminos que llegan veloz-
mente a sus encrucijadas y se dividen al cruzarce una y otra
vez, hasta un poco más rápido cada vez.
Pero no retrocedió. Al menos, no ésa vez. Y con una
vez (que ves) -a veces- es suficiente.

¿Peregrinan?
"No son peregrinos, abarrotan los barcos. No están juntos,
están amontonados. Todos sumados son ninguno.
Los demás humanos no saben nada. ¿De qué sirve ser hu-
mano? Se tragedian los unos a los otros."

"Hemos conocido e imaginado a toda clase de cuasiprofe-
tas perdidos en el desierto."
Profetas que nunca llegarían a destino. O que nunca salieron
de él.
Profetas de Dioses sin nombre. Desconocidos para sí mismos.

Con nombres hechos de sedas anudadas, interminables.

Y otros nombres hechos de andanadas, como inagotables
oleajes.

Nombres trastornados por su abismo-si-mismo.

"Conocí en los abismos a pueblos enteros que vivían sobre
el filo de lo real. A cada paso, la hoja de lo real te atraviesa
ida y vuelta. Ahí no existe el tiempo. Se lo sueña. Alcanza,
apenas, para unas pocas inhalaciones, unos escasos latidos,
se acaba enseguida. Con las pieles suspendidas del aire, vo-
ces sorbidas por el infinito, antes de pronunciarse. Silencios
interiores, verdaderos silencios húmedos, silencios de inver-
nadero.
Hasta los latidos son atravesados, ese poco que se respira es
segado por la hoja de lo real."

Fosos, mareas en el fondo de esos fosos.
Nansen y su padre habían presenciado el descenso y el hun-
dimiento del horizonte. Tal vez el fenómeno natural más te-
mible, que en las montañas de Persia habían denominado "la
Zurcha". Cómo toda la realidad se bandea y "nada, nunca
más permanecerá quieto o en su lugar", escribió Nansen, ante
el silencio del padre.
El aullido silencioso.
Por primera vez Nansen comprueba cómo se despega la capa
del lenguaje de las cosas y los hechos. "Se despega y desgaja
y deshace como una feta de milhojas de harina negra..."

"Un mañana como un mar que engulle. Al fondo, fondo fondo
del mar, donde ya no hay ni mareas ni corrientes, ese nido
de quietud abrumadora es el verdadero 'mañana'."

La palabra 'mañanas', todos los mañanas, es un torbellino
que aspira y se traga todo el sentido de un saque.


Ya Nansen no puede mirar a su padre. Teme que la mirada
pase de largo. Que en el lugar en el que se para su padre, no
haya ni cuerpo ni imagen.
Teme que su mirada regrese cargada hasta tal punto de vacío
que lo vaya vaciando a él a su paso.
Una mirada "como una brisa del abismo".

Hay muchas cosas de las que nunca han hablado.
¡Qué raro!
'Traer' lo que está afuera del lenguaje al 'interior' del lenguaje.

Sólo somos intermitentemente.
No se puede recordar todo al mismo tiempo.

Lo contrario sí es posible.
Estamos llenos de músicas apagadas.

El abismo, ¿representación de lo imposible?

Nansen y su padre miran el abismo.
Están de espaldas a nosotros, mirándolo.
La parecita que los separa del abismo
tiene una inscripción.
Si acercamos la cámara/mirada, tal vez podamos leerla

Dice...
dice...
Abyssus Abyssum vocat in voce *

Nansen mira mirar a su padre
Están uno junto al otro
sin tocarse

Nansen piensa
"también bailamos, cantamos, amamos y soñamos
en el borde mismo del abismo".




* "Un abismo convoca a otro abismo."













martes, 15 de enero de 2013

LOS FRAGMENTOS DE PRAXILLA

 Praxilla. A pesar de que en tus días (450 a.C.) 'estabas en
los medios', y de que el célebre escultor Lysippus te inmor-
talizara 'falsamente' en bronce, lo único de tu persona que 
ha atravesado indemne estos escasos 2500 años han sido
tu nombre y unos pocos fragmentos de tus obras.
 De estos últimos, el más recordado es un conjunto de tres
hexámetros llamado Adonis en el inframundo.

ADONIS EN EL INFRAMUNDO

De todos los placeres del mundo superior, 
  lo que más extraño 
  es la luz del sol,
y después de eso las estrellas, una luna llena,
  la cosecha tardía de los frutos del verano,
pepinos, manzanas, y peras.

(Otra versión)

La cosa más amada que dejo es la luz del sol,
luego las brillantes estrellas y la cara de la luna
y los pepinos maduros y las manzanas y las peras.

..........................................................................................
OTROS FRAGMENTOS

 (Versión 1)
Espiando a través
de la ventana abierta,
tu rostro era virginal.

Pero eras 
toda mujer
debajo.

  (Versión 2)
 Me miras burlonamente a través de la ventana;
un rostro virginal -y más abajo- los muslos de una mujer.

.............................................................................................

 AQUILES

(Tú entendiste sus palabras)

pero nunca alcanzaron tu corazón
enterrado en tu pecho


(Otra versión: pero nunca persuadieron al corazón
en tu pecho.)

......................................................................................

Aprende del cuento de Admetos, amigo mío,
y cultiva la bravura.
Desprecia la compañía de los cobardes. Hay
poco favor que esperar de ellos.

........................................................................................

Ten cuidado, mi amiga/o,
debajo de cada piedra un escorpión.


Y eso es todo, Praxilla. Sí, eso es todo lo que ha llegado.
Escribiste canciones de bebida, himnos y ditirambos. 
"Estuviste en los medios": para ese tiempo ser citada dos
veces en las obras de Aristófanes, lo cual significa que el
público estaba familiarizado con tus obras.
Tatiano, en su obra Contra los griegos, dijo: "Praxilla fue
retratada en bronce por Lysippo, aunque ella hablara tonte-
rías en sus poemas."
 También Zenobio el retórico te ha mencionado: "Sólo una 
tonta pondría pepinos y demás a la par del sol y de la luna."

 Es cierto que existía cierta mordacidad contra las poetas
mujeres en ese tiempo. Zenobio la volvió a criticar en sus
Proverbios, diciendo "Más tonto que el Adonis de Praxi-
lla". Había cierta literalidad en la lectura de la época, po-
dría decirse. Josephine Balmer apunta en su Classical Wo-
men Poets, que "un pepino podría tomarse como un emble-
ma perfecto del dios de la fertilidad masculina." Por otra
parte, pepino, en griego, sikyos, sugiere el nombre de su
ciudad natal -un elemento muy importante, ya que cada
nombre iba acompañado por el lugar de origen de la perso-
na- de Praxilla, Sicyon (o Sicione), una ciudad del noreste
del Peloponeso. Praxilla fue contemporánea de Telesilla,
otra gran poetisa, de cuya obra, lamentablemente sólo se
conservan dos versos: "Aquí está Artemis, doncellas,
huyendo de Alfeo." (El Alfeo era el río principal del Pe-
loponeso, fluyendo hacia el oeste a través de Arcadia. De
acuerdo a un mito local, el dios del río perseguía a la dio-
sa virgen Artemis, pero ella lograba evitarlo.)
Seis siglos después de la muerte de Praxilla, llegaría una 
reparación: el poeta Antipater de Tesalónica, la declaró 
una de las 9 musas terrenales.

Agrego ahora las versiones de M.L.West, en Greek Lyric
Poetry.  

(El lamento de Adonis en el inframundo)
La luz del sol es la cosa más admirable que he perdido,
le siguen las brillantes estrellas y el rostro de la luna,
y las maduras manzanas, peras y pepinos.

(Aquiles)
Pero jamás pudieron persuadir al corazón
dentro de tu pecho.

(...)
Remarca el dicho de Admeto, mi amigo: pégate
                                          a los hombres con clase,
aléjate de los pícaros (villanos), dado que éstos
                               raramente demuestran gratitud. 

(...)
 Permíteme advertirte, amigo mío: los escorpiones
yacen escondidos debajo de cada piedra:
cuídate de su picadura: lo que no puedes ver promete
toda clase de trampa.

(...)
Ah señorita que desde tu ventana soplas besos-
una señorita por tu cara, pero más abajo una señora.


 BIBLIOGRAFIA

M.L. WEST: Greek Lyric Poetry. Oxford Univ. Press. 1993.
Sam HAMILL: The Infinite Moment. Poems from Ancient
                   Greek. New Directions. 1992.
Willis BARNSTONE. Greek Lyric Poetry. Bantam, 1967.
Sherod SANTOS. Greek Lyric Poetry. A New Translation.
                   W.W. Norton & Co., 2005.
Barbara H. FOWLER. Archaic Greek Poetry. Univ. of
                   Wisconsin Press, 1992.

 NOTA
En el suplemento Cultura y Nación del diario Clarín del
2 de agosto de 2003, Barbara Belloc publicó dos de estos
fragmentos, con las siguientes versiones:

Fragmento de Adonis
De las delicias que dejo, yo
dejo la más bella luz del sol
y, tras él, su rostro segundo:
las estrellas radiantes, y los
maduros pepinos, y también
las manzanas, y las peras...

Advertencia

¡Cuidado!, que bajo cada piedra/
                 acecha un escorpión.