jueves, 19 de octubre de 2017

EL POETA LITUANO AIDAS MARCENAS

  


  HABLEMOS DE VENGANZA

 ya es una costumbra idiota
 morirse

 voy a morir súbitamente -así ellos
 no tienen tiempo de entender, voy a sacudirme
 sacudirme y sólo -cómo puede ser
 lo vi ayer, estaba lleno
 de planes, quién
 hubiera pensado, o -
 es ridículo, habíamos 
 acordado, sí sí

 o no -moriré lenta
 y dolorosamente, así ven,
 los bastardos, lo que les espera



 UN FORO INTERNACIONAL

 gente inteligente,
 madura, ¿y qué 
 hacen consigo mismos?

 sólo escriben poemas

 y si hacen algo
 útil

 lo hacen simplemente para 
 poder seguir escribiendo poemas

 sólo escribiendo
 poemas, Señor, 
 qué hermoso

 en las alturas

 de tu idiocia



 CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA

 la mente, su singular,
 especie única,
 una mente eternamente sonriente

 es habitualmente más filosa por las noches
 mi pura pequeña mente
 si lo pensás de esa manera-
 tengo algo ahí

 mi mente, un molino,
 una mente generando viento
 cuando salgo

 salgo a pasear mi perrito
 con mi perrito cagador
 soy un idiota
 meditando bajo las estrellas



 MI TÍO

 filosofando acerca de la vida
 escribe toda clase de tonterías,
 quiere explicarlo todo- hasta
 el final si empieza este av ovo,
 queriendo caracterizar una espina
 él hablará de la flora
 en la era Paleozoica, horrorizando
 a sus estimados colegas moralistas
 con aventuras sexuales literarias

 y después de la guerra se ganó la vida
 en la farmacia, cantando, ahorrando
 se compró una gallina, cada día

 sin palabras tuvo su
 propio huevo personal



LAS PUERTAS A TRAVÉS DE LAS CUALES PARTE
EL AMOR

 las puertas a través de las cuales parte el amor, las puertas
 al amor son tan chicas,

 las puertas al jardín de frutales demasiado crecidos,

 las verjas,
 cubiertas de oraciones garabateadas, pequeñas verjas

 golpeando las verjas bañadas en oro del cielo,
 ordeñando el temor a la muerte

 con ojos sorprendidos, eternamente jóvenes-
 un pequeño agujero de espiar

 una ventana para mirar afuera en mi vejez,
 para mirar todo lo que aún se mueve,

 una ventana con un geranio



ARS POETICA

 El mundo está llegando a su fin, por lo tanto
 vos tenés que escribir poemas.

 Todos los días, firmemente resuelto,
 como si hicieras un trabajo significativo,
 trabajo que sólo vos entendés,
 trabajo como construir una casa, o
 un barco para tu menguante familia,
 o restaurar un templo sagrado
 para una religión muerta hace rato.

 Tenés que escribir poemas
 hasta los domingos, porque
 el domingo es un feriado y porque tu trabajo
 es como el trabajo de un sacerdote.
 Y, porque el mundo está llegando a su fin día tras día,
 y puede terminar, aún un domingo.

 Por ende, tenés que escribir poemas,
 tenés que construir tu propia casa, aún si
 no va a haber nadie para vivir en ella
 tenés que poner los cimientos pacientemente
 día tras día porque es el fin
 si Dios muere antes que el lenguaje
 y el lenguaje muere antes que el mundo. 



 EL CAJÓN DEL INFIERNO

 en el infierno del cajón, donde
 viejas notas, textos
 que se salvaron del fuego, manuscritos, que
 como todos sabemos, no arden, cartas de amor

 de un gran amor, o, cartas como "sería una buena cosa
 si encontrases un lugar adónde ir, juntaras tus cosas,
 y te mudaras," sufrí

 por todos tus pecados, mierdita


 Aidas Marcénas nació en 1960 en Kaunas, Lituania. Ade-
más de poesía, escribe ensayos y crítica literaria. Estudió en
los Conservatorios del Estado de Lituania, tanto en Vilna co-
mo en Klaipéda. Ha obtenido varios premios literarios y ha 
sido traducido a varias lenguas (ruso, polaco, letón, alemán,
inglés, francés y sueco). Estas dos menciones (premios y tra-
ducciones) parecen ser la medida de los méritos de un escritor
en estos tiempos.
 Actualmente vive en Vilna.

  FUENTE

 Eugenijus Alisanka (Ed.). Six Lithuanian Poets. Arc Publi-
cations, 2008.

 Las versiones al inglés de Mi tío y de Hablemos de venganza,
son de Jonas Zdanys. Las de Las puertas a través de las cuales
parte el amor, así como Ars poetica, Un foro internacional, 
Crítica de la razón pura y El cajón del infierno, son de Laima
Vincè.


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