domingo, 14 de febrero de 2016

LAS CONMOVEDORAS EPIFANÍAS DE BRONISLAW MAJ



¡Ah, qué poco se ha traducido a Maj! Y qué maravillas es-
cribe. Ni siquiera existen muchas versiones de sus poemas-
epifanías en inglés. Nació en Lodz, en 1953. Estudió la len-
gua polaca y luego la literatura de esa lengua en la Univer-
sidad de Jaguelónica, en Cracovia. Cuando aún regía la ley
marcial en su invadido país, Maj le encontró una vuelta
a la censura difundiendo en Cracovia una popular revista
oral en forma mensual. Diciendo las cosas, sería la traducción
del título de esa revista oral, que obtendría un premio hono-
rario dado por Solidaridad, el movimiento de liberación po-
laco durante el duro régimen soviético, en 1984. 

 El poeta, ¿capta la poesía que hay en la realidad, o le insu-
fla poesía a esa misma realidad?
 Digo a propósito 'la misma realidad', porque justamente,
nunca es la misma.
 ¿Es un verdadero hallazgo el de Maj? La mayoría de las
cosas que en un principio creí que eran hallazgos, luego
parecieron probar no serlo. Pero más adelante sí, se convir-
tieron definitivamente en hallazgos.


 'VISTO FUGAZMENTE'

 Visto fugazmente, desde un tren:
 una tarde neblinosa, grises rachas de humo
 colgando inmóviles sobre un campo,
 la mojada negrura de la tierra, el sol casi
 oculto- contra su disco que se consume, allá lejos,
 dos pequeñas manchas: mujeres en chales negros,
 tal vez regresando de la iglesia, tal vez
 una está hablando, un relato cualquiera,
 tal vez de amor pecaminoso- sus palabras
 distintas y simples, pero que podrían servir
 para crear todo desde el comienzo.
 Recuerda esto, para siempre:
 este sol, la tierra arada, las mujeres,
 el amor, la tarde, estas pocas palabras
 buenas para empezar, recuerda-
 tal vez mañana estaremos
 en otra parte


 'EN UN BOSQUE DE NOCHE'

 En un bosque de noche un fuego: un ondeante círculo
 de luz, más allá de él no hay nada
 porque estamos aquí, en el medio:
 emocionados gritos, cantos, risas...
 Ahora la leña se ha terminado, las llamas
 expiran. Y nosotros también decimos: el hombre 
 expira. Y todavía hay algo de fuego 
 ahí. Después nada: la oscuridad y vemos claramente todo
 lo que quedó: nuestros rostros de pronto todos tan
 diferentes, curvados sobre este lugar, negros
 contornos de árboles, un cielo de algún modo más brillante,
 frías estrellas. Y nadie sabe por qué
 permanecemos tanto tiempo en silencio
 y luego hablamos
 en susurros.



 'UNA HOJA'

 Una hoja, una de las últimas, se soltó de una rama de arce,
´gira en el claro aire de octubre, cae
 sobre una pila de otras hojas, se vuelve oscura y quieta. Nadie
 admiró su entusiasta batalla con el viento,
 nadie siguió su vuelo, nadie la distinguirá ahora
 yaciendo entre otras hojas, nadie había visto
 lo que yo vi, nadie. Estoy
 solo.



 'EL SILENCIO EN UNA CASA'

 El silencio en una casa donde alguien 
 está muriendo: susurros, sollozos reprimidos por pañuelos,
 puertas que se cierran suavemente. El olor de remedios
 que ya no son necesarios, la llama de las amarillas velas
 de la Candelaria. Ese 
 hombre silencioso, mi padre, es un chico
 cuya madre está muriendo. Nadie cree aún
 en lo que está sucediendo ahora, ya
 ha sucedido, imperceptible, pero aún
 este silencio. Alguien está sacudiendo una alfombra 
 en el patio, un auto se pone en marcha, una discusión
 en las escaleras, música, una corriente de aire
 con olor a pasto ha apagado la vela. Ya nada de acá
 le pertenece a ella. No tenemos ya nada 
 en común con ella, nos quedamos atrás.
 Ahora podemos llorar fuerte, más fuerte:
 en un constante testimonio
 para la vida.



 'TARDE EN LA ESTACIÓN CENTRAL DE CRACOVIA'

 Tarde en la Estación Central de Cracovia: tres pequeños
 mendigos gitanos: con el encanto inconsciente de pequeños
     ágiles y alegres animalitos
 se escurren entre la multitud, desaparecen, se llaman
    en una lengua incomprensible.
 No tenés nada en común con ellos, sólo, momentáneamente,
     la calidez
 de la moneda, la cual- rápido, con cara avergonzada-, apretás
     en la pequeña mano
 de una orgullosa y auto-confiada niña de cuatro; su 
     condescendiente sonrisa, una mirada
 más vieja que vos, que la memoria: una atontada aprensión
    de otra realidad. Ahora ella sale corriendo, ves una trenza
 que sube y baja, un pañuelo, plantas desnudas: ella siente
 el frío mármol de las escaleras de otra manera, ella ve de 
    otra manera
 una multitud de personas como vos, ella oye pero no entiende
    el altavoz
 con sus anuncios, y no se da cuenta de lo libre que es, 
    no se da cuenta
 de cómo está respirando: qué ligeramente cancela y rechaza
 tu mundo. Después, en un rincón, los tres dividen
    ruidosamente el botín; el mayor grita -salen corriendo.
 Vos te quedás y entonces de repente, un deseo impresionante:
 ser uno de ellos: sentir la humedad y el frío poderosamente
     con los pies descalzos,
 escurrirse brevemente a través de este pobre mundo foráneo
    y regresar, ahora:
 ¡ahora! urgiendo lo propio en una lengua desconocida, 
 corriendo,
 feliz como un chico
 de un Dios
 desconocido


Estos poemas son traducción de las versiones al inglés de Adam Czerniawski.

FUENTE

Michael March (Ed.) Child of Europe. A New Anthology
of East European Poetry. Penguin Books, 1990.







1 comentario:

volt303 dijo...

Gran descubrimiento
de otro grito epifánico.
Desnudo en el acompañamiento
de la tragedia.
Más querríamos
que nos trasladaras
a tus páginas.
Felicidades.