miércoles, 26 de octubre de 2011

FETICHERÍAS

(Una pequeña introducción: "Feticherías" es un texto de
BLILKLA. Los textos de ese libro tienen, en casi todos
los casos, notas -agrupadas al final del mismo- que agre-
gan o tuercen texturas a/de los textos. Lo publico en esta
página como una forma de enviárselo a Arturo Carrera,
que ha escrito algo vinculado a la fetichización en un tex-
to de su bellísimo "Tratado de las sensaciones".)


FETICHERÍAS

En la Baja Undavia, todavía se encuentran feticherías litera-
rias.

En pequeños y umbríos locales, casi siempre provistos de só-
tano y altillo, se puede encontrar un guante blanco de Marina
Tsvietáieva o una pulsera de tobillo de Vidya; alguna de las 4
botellas de agua de Fiuggi o bien uno de los tubitos de Soné-
ryl que se encontraron junto al cadáver de Raymond Russell
en Palermo, Italia, el 14 de julio de 1933.
También es posible descubrir una percha de Pessoa; una ba-
la del revólver con el que se suicidó Witkiewicz al entrar los
nazis a Polonia, creyendo que se tartaba de los chinos que, 
tal cual él había predicho, iniciaban la conquista del mundo.
Una aguja de pelo de Izumi Shikibu; la manija de la carterita
de mano con la que Jean Rhys viajó de Dominica a Londres;
un calzoncillo abandonado por Witold Gombrowicz en la pen-
sión de la calle Bakakai; un lápiz mocho de Tanizaki; diarios
usados como cortinas o como abrigo por Macedonio; el forro
de un cuaderno de apuntes de Artaud en el Hospicio de Ro-
dès; un cigarrillo que llevaba Robert Walser en el saco, cuan-
do lo encontraron muerto en un bosquecito nevado, el 25 de
Diciembre de 1956; chinches usadas por Alejandra para col-
gar papelitos-poemas; el aro de un monóculo de Tzará; un la-
zo de pelo de Else Lásker-Schüller usado el día que conoció 
a Peter Hille; un estuche vacío de anteojos de Italo Svevo;
las monedas que usó Celan para pagar el ómnibus, el día que
encontró la casa paterna vacía; ballenitas de camisas de Re-
né Daumal; una boquilla atribuída a Ossip Mandelstam; un
tenedor con mango de marfil perteneciente a Segalen; un
frasco de tinta coagulada que olvidó Pound en Italia; dos bo-
tones de la camisa que usó Michaux en su viaje al Amazonas
en 1920; el único retrato que hizo Schehadé de su madre.


Objetos que nadie sabe dónde están.
Feticherías sin vendedores, ni carteles, ni indicaciones.
La mayoría han cerrado.
En el puerto de SIZAN he visto un pequeño baúl que se pa-
recía mucho al de Bowles, pero que podía haber pertenecido
a Hilarie Voronca o aún a Oscar Lubicz Milosz.
Los objetos se pierden, las personas se mueren.
Lo único que queda es fetichearlos.


NOTA

Ahora bien, más allá del Duarmno, FRANZTICHERÍAS
Su primer carnet de identidad.
Su caja de estampillas.
Su billetera con tres billetes de 20 coronas.
Sus antiparras, para nadar en la Escuela de Natación (" 2 de
Agosto. Alemania declaró la guerra a Rusia. Por la tarde
fui a nadar a la Escuela de Natación")
El portaretratos de peltre, con la foto de los hijos de su her-
mana mayor.
El pisapapeles de obsidiana.
La bufanda azul y negra, tejida por su madre en 1913.
Su cámara fotográfica Zeiss.
Su sombrero bombín calado, de fieltro negro.
Una cucharita tomada del café Arco.
Cuadernos de sus clases de hebreo con M. Singer.
La raqueta de tenis con la que jugaba en la isla de Slovansky.
Elementos de su escritorio: lapicera a pluma Piatnik, lápices
y secantes.
La corbata regalada por su padre cuando cumplió 40 años,
a rayas oblícuas.
Un folleto de la exhibición aérea de Rougier en Brescia, de
1909.
Las tres plumas de ganso que recogió una tarde de verano
en la calle Nerudova.
La jaula de su canario Karabontara.
Papeles de carta del Hotel Sandwirth de Venecia, con sus ga-
rabatos.
El reloj de bolsillo Silgor.
Las llaves de la casita de Zlatá Ulicka y la más pequeña, 
del ascensor de la 36 Niklasstrasse.
El pasaje de tren a París, del primer viaje, Octubre de 1910.
Su mazo de cartas de Tarock.
Su juego de ajedrez.
El revólver de 5 tiros regalo de su tío Siegfried (el médico
rural).
Su capa.





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