viernes, 6 de abril de 2018

ORÍGENES DE LOS SERES SEGÚN TRIBUS AMAZÓNICAS



                                      Foto: Sebastiào Salgado

 La belleza de estos mitos-relatos reside, a mi entender,
en la mezcla de originalidad de las ideas, junto a la inge-
nuidad casi infantil de su desarrollo. Algunos han dicho,
tal vez con fundamento, que los indios amazónicos, aho-
ra diezmados por el asedio codicioso del hombre blanco,
eran los seres más felices de la tierra. Una de las razones,
no menor por cierto, es que no tuvieron que trabajar. Los
hombres pescan, cazan y recolectan, las mujeres recolec-
tan y cocinan. La naturaleza es prodiga, pero a su vez o-
bliga a esfuerzos, como sucede en la larga temporada de 
lluvia, que eleva en varios metros el nivel (inundado) del 
suelo.
 La convivencia con la naturaleza, junto con los ritos y 
creencias que se repitieron a lo largo de siglos sin mayores
cambios, han generado una visión del mundo muy com-
pacta en estos centenares de tribus. Es una cultura chamá-
nica. En muchos casos los chamanes apelan a drogas alu-
cinógenas, como la ayahuasca, entre otras, para iluminarse
acerca del origen de un mal (enfermedades, por ej.) y de 
su posible cura.



 Indios SHIKRIN (norte del Amazonas)

EL DESCENSO DEL CIELO

Allá arriba en el cielo un indio cavó en un agujero de arma-
dillo en el suelo. [Supuestamente para capturar al animal]
El armadillo cayó a través del agujero.
Mirando a través del mismo, el indio vio esta tierra, con
muchas palmeras de buriti. Era nuestra tierra, la sabana.
Todos los indios se ataron con un cinturón de algodón rojo
y negro.
Lo ataron a un árbol y descendieron.
Habiendo alcanzado la tierra cortaron el cinturón, y el vien-
to se lo llevó.
No permaneció nadie allá arriba.



 Indios XERÉNTE (o SHERENTE) del Río Tocantins

 EL ORIGEN DE LAS MUJERES

 En el comienzo no había mujeres, sólo hombres. Estos
practicaban el coito homosexual. Uno de ellos se embarazó
a resultas de esto, pero no pudo dar a luz y murió.
 Una vez unos cuantos hombres que se acercaban a un arro-
yo vieron en él el reflejo de una mujer que estaba sentada 
muy alto en las ramas de un árbol que había junto al agua.
Confundieron el reflejo con la realidad y durante dos días
intentaron en vano aferrarlo. Al final uno de ellos miró ha-
cia arriba y espió a la mujer que estaba arriba del árbol. La
bajaron y dado que cada uno quería tenerla, la cortaron en
varios pedacitos, cada uno de ellos envolvió un pedacito y
lo envolvió en una hoja y lo clavó en la pared de pasto de
su casa. Entonces todos se fueron a cazar.
 Cuando llegaban a casa enviaron por delante a un mensa-
jero, que entró y vio que los trocitos de carne se habían con-
vertido en mujeres. El puma, que había tomado un pedazo 
del pecho, obtuvo de ese modo una muy linda esposa. El
seriema [una especie de los pájaros], por otro lado, que ha-
bía retorcido su tajada muy apretada, obtuvo una esposa
muy flaca. Pero cada hombre tenía ahora una mujer, y la
próxima vez que salieron a cazar llevaron a sus mujeres
consigo.



 Indios BOROROS (de la amazonia de Mato Grosso)

 LA VIDA DEL HOMBRE

 Un día una piedra y una caña de bambú estaban discutien-
do acerca de a cuál de los dos debería parecerse la vida del
hombre en la tierra. El diálogo fue más o menos así:
 "La vida del hombre debería parecerse a la mía para que él
tenga una vida tan larga como la mía", dijo la piedra. "¡No,
no! La vida del hombre debería ser como la mía. Yo muero,
pero pronto regreso a la vida", contestó la caña. "Pero no 
puede ser así", dijo la piedra, "yo no me doblo con el viento
o con la fuerza de las lluvias; el calor no me molesta; mi vi-
da es larga y, por cierto, no tiene fin; y más aún, no sufro
ninguna pena ni dolor."
 Dijo la caña: "No. Como es la mía, así debería ser la vida 
del hombre. Infelizmente, he de morir, pero vivo de nuevo
en mis hijos. ¿No es así? Mira a mi alrededor. Y como mis
hijos, así sus niños tendrán una piel suave y blanca."
 La piedra no supo qué contestar y se alejó enojada. Así la
vida del hombre se hizo similar a la de la caña.



 FUENTE

 Estos textos provienen de copias que hice en los tiempos
en los que frecuentaba la biblioteca de Antropología de la
calle México, en Buenos Aires. Lamentablemente no he 
registrado de qué libros provienen.
 Lo único que puedo hacer es mencionar la forma abrevia-
da en que aparecen las fuentes en esos textos.
 Bororos: "Colbacchini y Albisetti, 1942, pp. 260-261."
 Shikrin: "Vidal 1977, p. 206."
 Xerenté: "Nimuendajú 1944, p. 186."

 En las selvas y sabanas amazónicas existen varias grandes
familias lingüísticas. Tanto los Xerénte como los Shikrin
hablan lenguas derivadas de la familia Gê. Algunos mitos
Gê son muy breves y anecdóticos, incluso graciosos. 
 Anoto aquí unos pocos.

 VEGETALES RUIDOSOS

 Desde su campamento de caza la gente envió a un mensa-
jero al poblado para que viese si los vegetales estaban ma-
duros. Mientras el mensajero se iba acercando, escuchó 
gritos. Las papas, las sandías, los zapallos y las batatas es-
taban celebrando un festival. Él se quedó a mirar y aprendió
sus juegos y sus cantos.


 ¿POR QUÉ NO VINIERON ANTES?

 El Sol y la Luna se convirtieron en dos grandes peces y en-
gañaron a algunos pescadores haciendo que les disparasen
todas sus flechas. Después les devolvieron las flechas a los
pescadores, quienes dijeron: "¿Por qué no vinieron antes,
con todas sus flechas? Podrían habernos ayudado a atrapar
dos grandes peces." "Ah", dijeron el Sol y la Luna, "¡qué
lástima!"


 EL ORIGEN DE LA RISA

 Un murciélago amistoso, incapaz de hablar pero deseoso
de comunicarse, acarició a un hombre con sus manitos
frías y sus largas uñas. Cosquillado, el hombre se rió, y es-
ta fue la primera risa que se escuchó en el mundo.



 FUENTE
 John Bierhorst. The Mythology of South America. Wi-
lliam Morrow & Co., 1988.




 Cuando llegaron los colonizadores a América, había en
estas selvas y sabanas unas 2000 tribus, que representaban
alrededor de 11 millones de indígenas.
 Las selvas y sabanas estaban habitadas por estos indígenas
desde hacía no menos de 12 mil años.
 En el primer siglo de la colonización, murieron el 90%
de estos primeros pobladores de América, la mayor parte
de ellos por enfermedades infecciosas para las que no te-
nían defensas.
 Pero esa no fue la única razón de su extinción. Hablamos
del mayor genocidio de la historia de la humanidad.
 Durante los últimos cien años, se ha ido extinguiendo una
tribu por año.
 Todavía existen unas 80 tribus que no han tenido contacto
con el hombre blanco. El mayor número de indígenas en
esa condición del planeta.
 Esas culturas extremadamente ligadas a la naturaleza, han
domesticado la mandioca hace 5 mil años.
 Uno de sus pueblos, los Yanomamis, cultiva unas 500
plantas distintas, para alimentos, medicinas, materiales de
construcción, etc.
 Los indios fueron quemados, envenenados, dinamitados,
muertos a machete, esclavizados.

 El fiscal Figueiredo confeccionó un lapidario informe de
7000 páginas en 1967, en el cual describió miles de atro-
cidades y crímenes contra los indígenas.

 Aún en nuestros días, los indígenas de Brazil sufren una
fuerte discriminación social y existen unas 200 organiza-
ciones de aborígenes luchando por sus derechos.





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