viernes, 1 de octubre de 2021

CUATRO POEMAS DEL SÁNSCRITO

 




 Afloja tus brazos

 Levántate y deja a este hombre,

 lo has gastado

 con una noche de amor.

 El alba está enrojeciendo, muchacha.

 puedes oír a los gallos salvajes llamando

 de casa en casa.


 PATANJALI      Autor del Yoga-sutra, obra importante de

la tradición sánscrita. Vivió entre 200 y 150 a.C.

Nació en Cachemira.



  Los críticos se mofan de mis trabajos

 y declaran su desprecio-

 sin duda ellos tienen 

 su propia pequeña sabiduría.

 Yo nada escribo para ellos.

 Pero como el tiempo es

 inagotable y nuestro planeta 

 vasto, yo escribo estos

 poemas para una persona

 que nacerá algún día

 con mi tipo de corazón.


 BHAVABHUTI    Nació en el distrito de Gondia. Siglo

VIII. Autor de famosas obras teatrales de la tradición sáns-

crita. Su verdadero nombre era Srikantha Nilakantha.




 ¿Y qué hay de aquellos

 árboles de vides

 que crecen donde el río

 se aparta de la Montaña Kalinda?

 Ellos conspiraron en los juegos

 de amor de las muchachas pastoras

 y custodiaron los velados 

 asuntos de Radha.

 Ahora que esos días

 se han ido cuando corto sus 

 zarcillos, y los extiendo

 como divanes del amor,

 me pregunto si se habrán 

 tornado frágiles y si 

 sus espléndidas flores azules

 se habrán secado.


 VIDYA         Es una autora prácticamente desconocida

fuera de los círculos de especialistas en poesía sánscrita.

Una de las mayores poetas de la historia, comparable a

las grandes poetas griegas, japonesas y chinas. Se la lla-

mó también Vijja o Vijjava (Vijja significa "conocimiento

o ciencia"). Vivió en el siglo VIII o IX.



  Qué riqueza,

 que ustedes puedan parlotear

 acerca de una noche pasada

 con sus amantes-

 los coqueteos, 

 sonrisas, palabras susurradas-

 hasta su olor especial.

 Porque Oh, mis amigas yo les juro-

 que desde el momento

 en que las manos de mi amante tocaron

 mi pollera, no recuerdo

 nada en absoluto.


 VIDYA

 

 

 FUENTE



Andrew Schelling. Dropping the Bow. Poems from

Ancient India. (Un trabajo maravilloso). Broken Moon

Press, 1991.


Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)


https://inutilesmisterios.blogspot.com/2011/01/poemas-del-sanscrito.html

lunes, 27 de septiembre de 2021

EL PÁJARO LLAMADO "RATONERA"

  

  La ratonera demuestra a cada momento

 su pericia: saltar entre los rombos del alambrado

 Con el agregado del camuflaje: todo sucede entre

     arbustos bajos. La ratonera 'se cubre'.

 ¿De qué? No lo dirá. Estos seres tienen sus secretos.

 Ahí, a un metro, 

      una pequeña ratonera. 

 No me resulta para nada absurdo

      pensar que la hélice de su pequeña alma

          hiciera una pasada por mi cuerpo.

 En su cuerpito caben un montón de pequeños

      tersos secretos.


 ¿Son parientes de los gorriones?

 ¿Hablan el mismo idioma?

 ¿O acaso el gorrión habla en un dialecto del ratonero

 o la ratonera en un dialecto del gorrión?


 ¿Qué piensan del agua?


 No he visto huevos de ratonera

 ¿Nidos de gorriones?

 Tanta vida íntima y escondida.


 No creo saber -en ningún lugar de mí-

   si alguna vez se preguntarán por el sentido de la existencia.


 "¿Somos realmente necesarias las ratoneras?"


 El halcón, ¿podría confundirlas con un ratoncito?

 Esta cuestión de los nombres puede llevar a graves

      malentendidos.

 ¿Puede la naturaleza, igualmente, ser tan equívoca y

      cruel al mismo tiempo?

 (Los felinos, en cambio, parecen estar muy bien informados.)


 Tal vez por eso sus saltitos son casi continuos

       y las paradas breves:

      como para picotear una semilla del suelo 

      y seguir su deshilvanado viaje.


 Pía, también, pero sin manera de asegurarse de que su piar

    sea diferente de los chillidos de una laucha.


 Se arregla -no hay más remedio- con lo que sabe.


 El Otro de un gorrión, de una ratonera,

      de un ratoncito, en apariencia tan diferentes.


 ¿Será tan así?


 Este es un mundo 

      hecho

      de inefables misterios.


 


 


 

EL DESFALLECIMIENTO DE LA NOCHE

  

  A veces ocurre

  Todas las cosas fallan (o fallecen) a veces

  Esas veces pueden estar a siderales distancias de tiempo

       una de la otra

  Y entonces rozan la inexistencia


  Porque, al final, ¿no es el humano la medida de todas las

       cosas?

  ¿Quién iba a informar? ¿El pelícano, el tejón, la cucaracha,

        los álamos?


  Pierden el gas

  Las noches

  Las noches están infladas de un gas que,

        cuando se acumula en cantidad suficiente

        para instalar la carpa de la noche,

        es oscuro

  Una cosa trae indefectiblemente la otra


  Porque "indefectiblemente" es una palabra renga

  (no sé si se sabía esto)


  Y porque existen las noches falladas

  Las que pierden - en algunos casos a lo largo de horas

       en otros en cuestión de minutos

       todo el gas que contienen

  A eso se lo llama "El desfallecimiento de la noche"


  Poco se ha dicho acerca de los ánimos 

       (bastante acerca de los animales y animados)

               de la naturaleza



 Tal vez las noches no 'desfallecen', sino que se desinflan.

 ¿Se hablará de las mismas raras noches

 cuando se dice "la noche desfallece"

 o "la noche se desinfla"?



 Significaría: 'ha perdido sus fuerzas'


 ¡Cuántas fuerzas es necesario urdir

     para inflar una noche!


 ¡El aguante de esa bolsa 

       repleta de gas hasta los bordes!


 Nadie se hace amigo de la derrota

 Nadie convierte en dios al fracaso


 ¿Será por eso que nadie habla de ese fenómeno?


 Todos esos administradores

    que de tan distintas maneras

       "custodian" "el bien común"


  Por razones no muy claras

    se sostiene el silencio 

    se insiste en la imperturbabilidad de las noches

    en la universalidad de las leyes de la física

     

 Su "natural naturaleza"

 El infalible mito de "la ausencia de luz"


 Muchas conversaciones podrían iniciarse con la pregunta

 "¿Cuál viene a ser tu idolatría?"


 Pero de vez en cuando las noches desfallecen,

     se desinflan


 Pierden el gas -su fuerza-

 y caen sobre nosotros

 que entramos súbitamente en el mismo terror-pánico

 de los animales


 ¿O acaso no somos animales?


 Ah, ah

 Sí: un secreto por vez,

 cuando mucho.


 Es necesario mantener encendida

       la ilusión


 "Animales repletos de ilusiones"


 El desfallecimiento de las noches

 El derrumbe de las ilusiones

 ¿Adónde irá a parar todo esto?


viernes, 24 de septiembre de 2021

DOS POEMAS DEL PALESTINO SAMIH AL-QASIM





 FIN DE LA CONVERSACIÓN CON UN CARCELERO


 Desde la angosta ventana de mi pequeña celda,

 veo árboles que me sonríen

 y techos poblados por mi familia.

 Y ventanas que lloran y rezan por mí.

 Desde la angosta ventana de mi pequeña celda-

 ¡Puedo ver tu gran celda!



  FRAGMENTO DE UNA INDAGATORIA


 - ¿Y cómo llamás a este país?

 - Mi país.

 ¿Así que lo admitís?

- Sí, señor. Lo admito.

  No soy un turista profesional.

- ¿Decís "mi país"?

- Digo "mi país".

- ¿Y dónde está mi país?

- Tu país.

- ¿Y dónde está tu país?

- Mi país.

- ¿Y el estallido de los truenos?

- Mis caballos relinchando.

- ¿Y las ráfagas de viento?

- Mi extensión.

- ¿Y el tamaño de las montañas?

- Mi orgullo.

- ¿Y cómo lo llamás al país?

- Mi país.

- ¿Y cómo debería yo llamar a mi país?

- Mi país.


Traducidos del árabe palestino al inglés por Nazih Kassis


Samih al-Qasim (1939-2014) fue uno de los más importantes

poetas palestinos . Se crió en el pueblo de Rama y experimen-

tó la tragedia de primera mano, adquiriendo fama como el ce-

lebrado "poeta de la resistencia" durante los años '50. Luchó

contra el racismo y la opresión  en los diversos márgenes del

conflicto del Medio Oriente.


FUENTE


Modern Poetry in Translation. Centres of Cataclysm. Cele-

brating fifty years os MPinT. Bloodaxe Books., 2016.


Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)



martes, 21 de septiembre de 2021

EL POCERO RUSO

  Mis padres -¿delirios de grandeza?- pretendían tener agua 

potable en la casa todo el año. Es que en verano el agua po-

table llegaba con cuentagotas.

 Si alguien estaba muy eufórico y necesitaba deprimirse, lo úni-

co que tenía que hacer era abrir una canilla. El bien inalcanzable

goteaba durante unos segundos, para luego desaparecer en el 

interior de las viejas cañerías hasta el invierno siguiente.

 Así que en septiembre de ese año, llamaron al pocero. Este se 

presentó a los pocos días, transmitiendo un optimismo que 

entusiasmaba. "¡Va a tener mucha agua, señora!", le dijo con 

voz de trueno (un detalle importante en ese momento) a mi 

madre.

 Pronto puso manos a la obra. Se trataba de algo sencillo: las

napas de agua corrían felices a unos 60 metros de profundidad:

una tarea que nuestro pocero consideraba de poca monta (pero

de elevado precio). 

 Lo cierto es que después del doble de los días que supuesta-

mente estaban asignados a la rutinaria tarea, el pocero daba 

señas de no tenerlas todas consigo. Cada día de peor humor,

reiniciaba la perforación, sin lograr que surgiera otra cosa que

polvo de la tierra. 

 Pocos días después, desistió. La insistencia y desesperación

de mis padres -no sobraban los poceros- produjeron el milagro

de que recordase que hacía más o menos un mes, una tía del

Chaco le había contado por carta que había llegado al pago

un ruso. Según nos contó nuestro pocero, este pariente lejano

(en los dos sentidos), estaría dispuesto a venir a Buenos Aires

a completar la tarea. Parece que se trataba de uno de los más

importantes técnicos rusos en la materia. y que no se sabía

bien si había venido como exiliado o como prófugo. (Bastó 

el primer vistazo, una semana después, para terminar defini-

tivamente con esa incógnita.) Este hombre, alto, corpulento

y ligeramente encorvado, cuyos ojos quedaban ocultos por el 

espesor de una mata de cejas y patillas, contó en muy pocas 

palabras -en realidad un puñado de sonidos guturales muy 

eslavos- que había trabajado en las mayores excavaciones de 

profundidad del mundo, entre ellas nada menos que las de la 

península de Kola, en las profundidades del Círculo Polar Ár-

tico.

Su mujer, que no se despegaba del hombre a más de 2 metros

en ningún momento, cabeceaba asintiendo. La mujer era biz-

ca: padecía una de esas bizqueras malignas, raras pero carac-

terísticas en las que una afiladísima nariz divide el rostro en

dos mitades inconciliables. Quiere decir que los dos ojos son

totalmente independientes uno del otro. Y que incluso pueden,

y a menudo sucede así, que respondan a personalidades muy

diferentes. De hecho uno de sus ojos -no recuerdo ahora cuál,

porque no debo de haber prestado la suficiente atención- era 

manifiestamente astuto, y el otro definidamente malvado. Era 

mucho más flaca que el marido  y parecía ajena a todas las 

cuestiones vinculadas al mundo exterior, salvo su marido. Este 

la ignoraba sin más trámite.

 El pocero ruso dio a entender que en este tipo de tierra que

había en el fondito de la casa de mis padres, predominaban

la piedra y la arcilla. Luego indicó que a él no se le rebelaba

ninguna clase de material, dijo algo que 'nuestro' pocero tra-

dujo como "100 metros", e hizo un gesto que en inglés hubie-

se significado sin lugar a dudas "piece of cake". En ruso so-

nó algo así como "portsiya torta", supongo porque ya mez-

claba arbitrariamente los idiomas.

 Como era de esperarse, los 100 metros no trajeron otra cosa

que arenisca y restos de arcilla calcárea. 

 Pero este hombre no era de amedrentarse. Por el contrario,

parecía feliz (a su manera y a la de su mujer, que empezó a

emitir unos sonidos agudos y cortantes) de que la tierra se le

resistiese. De inmediato logró entusiasmar a mis padres con

la extracción "del agua más pura del hemisferio sur", para lo

que debería perforar hasta los 300 metros, con una aparatolo-

gía especial muy cara, pero con la cual él, por fortuna, conta-

ba. La perforadora era, en efecto, bastante intimidante. Hizo

falta un equipo de hombres que con poleas, cuerdas y cade-

nas, ubicasen a la bestia en la boca ya abierta en la tierra.

 A 500 metros sólo emergieron rastros de carbón y de huesi-

llos animales.

 El ruso ya andaba mucho pero mucho más destemplado.

La mujer se mantenía cerca, sí, pero no se le arrimaba en

ningún momento. Sus gestos parecían indicar que había pasa-

do por esta situación en otras ocasiones. Y que ese recuerdo le

generaba una especie recóndita de angustia, que se manifestaba

con un particular retorcimiento de manos y pequeños tics asi-

métricos en las dos caras de su afilado rostro.

 No tardaron más de un par de semanas en traer otro camión,

bastante más grande, robado -según parece- a ciertas descui-

dadas instalaciones militares. "¡Ahora sí que vamos por el

elemento!", exclamó eufórico nuestro pocero original.

 Eso, traducido, significaba ¡1500 metros!

 Un mes más tarde el pozo había adquirido dimensiones estra-

falarias: ya no quedaba nada del fondo de la casa que no estu-

viese cubierto de maquinaria, cañerías y materiales de dese-

cho. El primer pocero desapareció, espantado. El ruso se ins-

taló con su mujer en el pequeño cobertizo que servía de lava-

dero, en un ángulo distal del patio. Hablaba de unas fresas

que atravesarían el granito como el cuchillo al queso, y las

cifras de profundidad que tiraba asustarían al mismísimo Jac-

ques Cousteau, si viviera. 

 Mis padres se tuvieron que mudar a la casa de mis tíos

en Villa Bosch, ya que era imposible sostener una conversa-

ción con el ruso totalmente obsesionado. Muy pronto hubo

que ("¡hubo qué!") 'levantar' parte de la casa, porque entorpe-

cía la obra e interfería en la perforación. Y a la semana siguien-

te un costado de lo que quedaba de la vivienda familiar en la

que habíamos pasado la infancia y buena parte de la juventud,

fue arrasada por el paso de las grúas grandes y los camiones

con acoplado.

 La mujer del ruso se arrancaba largos trozos de piel sanguino-

lenta de los brazos y piernas con las uñas, además de morderse

las manos entre furiosa y desesperada.

 Una cadena de favores, deudas impagas, pequeñas extorsiones

y vaya uno a saber qué otras cuestiones aún más oscuras man-

tenían alejados a los inspectores municipales.

 ¿Nos hubiese salvado una clausura, o ya era tarde? 

 También los vecinos hicieron varios infructuosos intentos de

parar "la obra" que los estaba enloqueciendo día y noche.

 Día y noche, sí. Reflectores de gran potencia, máquinas de di-

versas especies rotatorias, moledoras de rocas, inyectoras de

alta presión...

 Ahora, pasado el tiempo, ya no quedan señales de todo eso.

 Mis padres murieron hace unos años en la prefabricada del

fondo de la casa de mis tíos, frente a la plaza de Villa Bosch.

 Al frente del terreno en el que alguna vez había estado nues-

tra casa, alguien construyó una casita mínima, pero no estoy 

seguro de que esté habitada.

 Parece ser -porque todo está rodeado de un muro alto y maci-

zo- que en el patio trasero ha quedado una huella singular de

todo el proceso. LA TAPA. La tapa parece la escotilla inferior

de una vieja nave espacial rusa, dada vuelta. Roscas, contra-

roscas, cerrojos internos, llaves de seguridad, todo perfecta-

mente oxidado e intocable. El cartel, también metálico, en que

con dificultad se lee una lista de ADVERTENCIAS. 

 No se puede colocar nada sobre La Tapa. Ni siquiera un toldo

por encima de ella. No se puede plantar nada a menos de 40

metros de distancia. ¿Árboles?: absolutamente prohibidos en to-

da la manzana. 

 La Zona.

 Nada se sabe del ruso ni de su mujer.

 A 9000 metros de profundidad comenzó a emerger un chorro 

de lava negra de como 60 metros de alto.

 El ruso miró cómo su mujer, desnuda, corría como una liebre

y se trepaba a las paredes, gritando como una sirena de alarma.

 Parece que eso lo convenció. Hizo un gesto como de "Hasta

acá llegó mi amor", envolvió en diario los planos que no se ha-

bían arruinado del todo por la lava negra y salió para la calle.

La mujer, no. A la mujer tuvieron que sacarla, según me con-

taron. Y también me contaron que no fue fácil. No, no fue fá-

cil. Para nada. 

 

 


domingo, 19 de septiembre de 2021

MÁS POEMAS DE ROLF JACOBSEN

 



   Rolf Jacobsen es tal vez el mayor poeta noruego del siglo

XX. Nació en Oslo, que entonces se llamaba Kristiania, en 

1907 y se crió según algunos en el municipio de Äsnes, y

según otros en Hamar, al noreste de la capital. Trabajó mu-

chos años como periodista y estudió filosofía y teología en

la Universidad de Oslo, aunque no terminó la carrera. Entre 

1937 y 1939, formó parte del Partido Laborista Noruego, que 

en la actualidad es uno de los partidos mayores, y que suele 

formar parte importante del gobierno de Noruega.

 Después de la Segunda Guerra Mundial, Jacobsen se tornó

mucho más escéptico  acerca de los beneficios del progreso

tecnológico. Parte de su obra está dedicada a este tema. Pro-

dujo 12 libros de poemas y recibió varios premios, entre ellos

el de "el pequeño Premio Nobel" -que es el Gran Premio Nór-

dico otorgado por la Academia Sueca-, en 1989.

Se casó con Petra Tendo, con quien tuvo dos hijos. Vivieron

juntos durante 47 años. Petra murió en 1983. 

Escribió para ella una secuencia de poemas en el que sería

su último libro, Night Watch, editado en 1985. 

 Durante los últimos años de su vida se hizo muy amigo de

otro de los grandes poetas noruegos, Olav H. Hauge.

 Como es habitual, he intentado traducir los poemas de Ja-

cobsen que, hasta donde sé, permanecen inéditos en caste-

llano. 

 Francisco J. Uriz, un experto en poesía nórdica, que editó

en 1995 la mayor antología de esa poesía, tradujo ahí algu-

nos poemas de Jacobsen, pero hay una selección aún mayor

de ellos en "Tres poetas noruegos", editado en 2002, también

con Uriz como traductor.

 Marcelo Fausto, en faustomarcelo.blogspot.com, tradujo

con pericia varios poemas del mismo autor, en abril de 2018.



 CAMINOS RURALES 


 Una pálida mañana de junio, 4 A.M.

 los caminos rurales aún grisáceos y húmedos

 tuneleando interminablemente a través de los pinos

 un auto había pasado por el polvoriento camino

 donde una hormiga andaba con su aguja de pino trabajando

 andaba vagando por la inmensa F de Firestone

 que había sido impresa en la tierra arenosa

 durante ciento veinte kilómetros.

 Las agujas de abeto son pesadas.

 Una y otra vez volvía a resbalar con su mal

      balanceada

      carga

 y la volvía a subir

 y volvía a patinar

 viajando sobre el gran luminoso Sahara encendido por las

         nubes.


 NOTA

Un claro ejemplo de las variantes de la traducción: esta es

la versión de Robert Bly. Otro "convertidor" (o traductor,

en el lenguaje común), Roger Greenwald, que se dedicó du-

rante mucho tiempo a la poesía de Jacobsen, produjo un poe-

ma bastante diferente. ¡Hasta el título es distinto! Y no sólo

eso, también la marca de los neumáticos utilizados por el

poeta de Hamar (también aquí hay que tomar partido) para

relacionar naturaleza y tecnología, varía. En Bly, como vi-

mos, se trata de la F de Firestone; en Greenwald se la nom-

bra de G de "Goodyear". En la presentación preliminar de

su traducción del libro North in the World, Greenwald pre-

senta una serie de poemas, con comentarios acerca de cómo

interpreta él que deberían ser leídos esos poemas de Jacob-

sen. Para él este poema se llama "Caucho", y son muy pre-

cisas sus indicaciones acerca de cómo hay que leer el último

verso, que, nos dice, tiene un 'sentir' muy distinto al del resto

del poema. 

La traducción literal es la siguiente, dice Greenwald:

Pä reisen frem                     over det store,         skybelyste

En el viaje hacia adelante    a través del gran    encendido-

                                                                          por-nubes


Sahara.

Sahara.

Ya que él encuentra cuatro vocales muy largas en las tres

últimas palabras: Stooo-reh, sheee-beh-luuus-teh Sah-haaa-

rah.

Por eso piensa que la palabra Sahara debe ir al final del verso,

sosteniendo la aliteración de los sonidos "s": reisen, store,

Sahara. Pero además, a su entender, lo más importante del

verso (y tal vez de todo el poema) es la elección de ilumina-

da-por-nubes, ya que este término compuesto contiene dos

vocales bastante largas que su versión intenta conservar lo

más parecidas a su expresión en noruego. 

 Esta es la versión final de Roger Greenwald:


 CAUCHO                [Puede ser "Goma", también, RR.]


 Una pálida mañana de junio a las cuatro

 cuando los caminos rurales todavía estaban grises y mojados

 en sus interminables túneles de bosque,

 una auto había pasado sobre el barro

 justo donde la hormiga surgió  ocupada con su aguja de pino

 y siguió dando vueltas por la gran G de "Goodyear"

 que estaba impresa en la arena de los caminos rurales

 durante ciento veinte kilómetros.

 Las agujas de pino son pesadas.

 Una y otra vez con su tambaleante carga se resbaló

 de nuevo hacia atrás

 y trabajó su camino de nuevo hacia arriba

 y se volvió a deslizar hacia atrás.

 Hacia adelante yendo a través del gran, iluminado-por-las

           nubes-Sahara.



 MIRÁ


La luna hojea el libro de la noche.

Encuentra un lago donde no hay nada impreso.

Traza una línea recta. Eso es todo

Lo que puede.

Es suficiente.

Línea gruesa. Directa hacia vos.

-Mirá,



 ALGUNAS PERSONAS


 Algunas personas

 ascienden fuera de tu vida, algunas personas

 entran en nuestras vidas,

 sin ser invitadas y se sientan,

 algunas personas

 pasan caminando tranquilamente, algunas personas

 te dan una rosa,

 o te compran un auto nuevo,

 algunas personas

 se paran tan cerca tuyo, algunas personas,

 que has olvidado por completo

 algunas personas, algunas personas,

 son en realidad vos,

 algunas personas

 jamás las has visto, algunas personas

 comen espárragos, algunas personas

 son niños,

 algunas personas se suben al techo,

 se sientan a la mesa,

 se recuestan en hamacas, hacen caminatas con sus paraguas

 rojos, 

 algunas personas te miran,

 algunas personas nunca te notaron en absoluto, algunas 

                                personas

 quieren tomarte la mano, algunas personas

 se mueren durante la noche,

 algunas personas son otras personas, algunas personas son vos, 

 algunas personas

 no existen,

 algunas personas sí.

                                        (Versión al inglés de Robert Bly)



COBALTO


 Los colores son las hermanitas menores de las palabras.

 No pueden convertirse en soldados.

 Los he amado secretamente durante mucho tiempo.

 Tienen  que quedarse en casa y colgar las cortinas simples

 en nuestra cocina familiar, dormitorio y guarida.


 Me siento muy próximo al joven Carmesí, y al marrón

       Siena

 pero aún más próximo al pensativo Cobalto con sus ojos

       distantes y su espíritu nunca pisoteado.

 Caminamos en el rocío.

 El cielo nocturno y el océano del sur

 y sus posesiones

 y un pendiente con forma de lágrima sobre su frente,

 las perlas de Cassiopeia.

 Caminamos en el rocío tarde en las noches.


 Pero los otros.

 Encontrate con ellos en una mañana de junio a las cuatro

 cuando vienen corriendo hacia vos,

 en tu camino a un baño matinal en el chorro de la caleta verde.

 Después podés tomar sol con ellos en las suaves rocas.

     -¿A cuál de ellos harás tuyo?

                                                (Versión al inglés de R.G.)



 LAS LUCIÉRNAGAS


 Era la noche con luciérnagas mientras esperábamos 

       el ómnibus para Villetri

 que vimos a dos ancianos besándose

 bajo el plátano de sombra. Fue entonces

 dijiste, mitad al aire

 y mitad a mí:

 Quienquiera ama durante años

 no ha vivido en vano.

 Y fue entonces que capté las primeras

 luciérnagas en la oscuridad, destellando

 con fogonazos de luz alrededor de tu cabeza.

 Fue entonces.

                             (Versión al inglés de Roger Greenwald)




 


 FUE ACÁ

 

 Fue acá. Justo acá

 junto al arroyo y al viejo rosal.

 Una tardía primavera este año, las rosas aún están pálidas,

 casi como tu mejilla

 la primera mañana después de la muerte.

 Pero está llegando,

 sólo la luz, sólo la fragancia, sólo el placer

 no vendrán.

 Pero fue acá,

 era una noche con una luna,

 el arroyo fluyendo en un hilo,

 como ahora. Tomá mi mano,

 poné ahí tu brazo.

 Y partiremos

 juntos en la noche de verano,

 en silencio, hacia 

 lo que no es.

                                    (Versión al inglés de R.G.)


 SÓLO AGUJAS DELICADAS-


 Es tan delicada, la luz.

 Y hay tan poca. La oscuridad 

 es inmensa.

 Sólo agujas delicadas, la luz,

 en una noche interminable.

 Y tiene por delante un camino tan largo

 a través de un espacio tan desolado.


 Así que seamos amables con ella.

 Valorémosla.

 Así regresará en la mañana.

 Esperamos.  

                              (Versión al inglés de R.G.)



 Versiones del inglés: Robert R Rivas (a)

 

sábado, 18 de septiembre de 2021

DERIVACIÓN DE "EN UN EDIFICIO ABANDONADO DE SRITZA"

 Todos esos retratos

 Burlonamente, un sritziano muy culto los llamaba 

"retrastos". 

 En más de un Congreso acerca del tema, aparecieron

a menudo los términos "fractos", "retrasattos" y "repro-

tatos". 

 Es que un rostro fijado para siempre a una imagen

resulta demasiado para la mente. La desborda, en el

sentido en que le empuja las paredes, le revienta el te-

cho, le desfonda los pisos. Una mente común tiene só-

lo un piso, o dos. Pero hay mentes con varios pisos, in-

cluso pisos que se interceptan, que se espiralizan, que

hacen intususcepciones.

 Algunos ven, en lugar de rostros retratados y fijos, una

sucesión de gestos, gritos, astucias, reclamos, actitudes,

intrigas, desafíos, rebeliones, vorágines que permanecen

quietas como trampas. Ya era un hecho observable en el

edificio abandonado de Sritza que los escasos individuos

que por una razón u otra debían transitar esos pasillos ta-

pizados regular y metódicamente de retratos de toda clase,

nunca, pero nunca se detenían frente a uno en particular...

y mucho menos aún, acercaban el rostro propio al de la 

imagen, como para observar un detalle. Se trata de algo

así como vidas reales puestas en juego, y no de algo figu-

rado e inerte. Son destinos los que hay allí, en cantidades

suficientes para arrasar una ciudad en cuestión de minutos.

¿Lo sabían quienes montaron esa serie? ¿O acaso la serie

se convirtió, por contigüidad, por obra del tiempo, del

tiempo activo/pasivo, el más terrible y real de los tiempos?

¿Una vida encerrada en una mueca? ¿Se puede concebir

algo más arriesgado, más monstruoso que mostrar esos ros-

tros, como si se tratara de hileras definitivas de ausentes?

Aquí no hay salvaguarda alguna por la vía de las palabras.

"¡No vendrá el lenguaje a rescatarnos!"

 La ventura, la libertad, las desventuras y las muertes de

esos rostros constituyen un vertiginoso camino en direc-

ción al pasado, al antes de algo, un regreso real a lo real.

Espejo del espejo. El abismo inicial de todo y de nadie. 




  Seguramente la mayoría de ustedes guarda en su memo-

ria, intacta, esa serie de retratos. Para quienes no han teni-

do acceso, los repito... por última vez.


 EN UN EDIFICIO ABANDONADO DE SRITZA


 En los amplísimos salones, pasillos, cuartos, sótanos,

oficinas, entrepisos, buhardillas y escaleras por otra

parte vacíos y desiertos...


Retratos de guardias, de vigías, de custodios, de encargados

Retratos de drogados con malta, con borra, con el temible Pinza

Retratos de celosos, de tibios, de impertinentes

Retratos de desairados, de vicarios, de abúlicos

Retratos de macheteros, de censores, de hidrofóbicos

Retratos de sopleteadores, de naúfragos, de fabricantes de tinta

Retratos de cantantes de polka, de compadritos, de sosías

Retratos de otarios, de conspiradores, de otros dignatarios

Retratos de mujeres solicitadas, de solícitas, de solitarias

Retratos de tiempistas, de frenéticos, de olvidadizos

Retratos de tasadores, de piringundineros, de sonámbulos

Retratos de miniaturistas, de abstemias, de solitarias

Retratos de gregarios, de antagonistas, de por el estilo

Retratos de silbadoras, de intuitivos, de antojadizas

Retratos de advertidas, de adventistas, de habituadas

Retratos de obsecuentes, de poceros, de politeístas

Retratos de chúcaras, de cínicas, de dependientes ariscas