Russell Edson nació en los Estados Unidos en 1928 y mu-
rió en ese mismo país en 2014, a los 84 años. Ha publicado
obras de diversos géneros (teatro, novelas, fábulas, cuen-
tos y poemas), además de ser ilustrador.. Es considerado el
"padrino" de la poesía en prosa en su país natal. Recibió di-
versos premios por su escritura. Ha dicho acerca de su obra
en una entrevista que "mi trabajo como escritor es más que
nada corregir lo que produce la fiebre creadora. Me siento
a escribir con una página en blanco y con una mente en
blanco. Dondequiera que el órgano de la realidad (el cere-
bro) quiere ir yo lo sigo con el lápiz azul de la consciencia."
Para mí, leer su poesía ha sido un descubrimiento. Nacido
de la casualidad, como suele ocurrir. Estaba leyendo "El
monstruo ama su laberinto" de Charles Simic, habiendo
pensado mucho en la poesía y los poetas (y en mí mismo en-
tre ellos), cuando en uno de sus fragmentos, Simic menciona
a Edson emparentándolo con Michaux. Por si los lectores de
esta página no lo recuerdan, he dicho en muchas ocasiones
que Henri Michaux es, para mí, el mayor poeta del siglo XX.
Cuando escribo esta frase que suena demasiado contundente,
advierto que hay cierta lucha imaginaria en mi expresión. Por-
que seguramente cada uno de nosotros tiene su propio "mayor
poeta", y por ende se trata de un tema que se caracteriza por
ser totalmente discutible. Por ese motivo mi aserción es sin
duda provocativa. Diría que "provocativa" debería acompa-
ñarse de "en un sentido amplio". Por ejemplo, ya que estamos
privados de la gozosa (y por tanto inútil) tentación de subir al
ring a nuestros poetas máximos, lograr que cada cual piense
en cuáles son sus grandes poetas. Puedo agregar que elijo a
Michaux sin olvidarme de Pessoa (con sus tres heterónimos
poéticos: Caeiro, Da Campos y Reis), del Pound de "Personae"
(él mismo ha dicho que sus Cantos, a los que dedicó décadas
de trabajo, son "a botch", un término que en inglés se define
como "a clumsy mess", y en castellano como una "chapuce-
ría"); y de libros -más que de la obra- de otros poetas (Larbaud,
Ondaatje, Tranströmer, Pizarnik, etc.).
Me ha generado mucha simpatía Russell Edson. Y ha sido un
verdadero placer traducirlo.
UNA PIEDRA NO ES DE NADIE
Un hombre emboscó a una piedra. La atrapó.
La convirtió en prisionera. La ubicó en un cuarto oscuro
y se convirtió en su guardián de por vida.
Su madre le preguntó porqué
Él dijo porque está cautiva, porque ha sido
capturada.
Mirá, la piedra está dormida, le dijo ella, no sabe
si está en un jardín o no. La eternidad y la piedra
son madre e hija, sos vos el que está envejeciendo.
La piedra sólo está durmiendo.
Pero la atrapé, madre, la piedra es mía por conquista,
dijo él.
Una piedra no es de nadie, ni siquiera de sí misma,
vos sos el conquistado, te estás ocupando del prisionero,
que sos vos mismo, porque tenés miedo de salir.
Sí, sí, tengo miedo, porque vos nunca me amaste,
dijo él.
Eso es cierto, porque vos siempre fuiste para mí
como la piedra es para vos, dijo ella.
CONTANDO OVEJAS
Un científico tiene un tubo de ensayo lleno de ovejas. Se
pregunta si debería tratar de reducir un pastizal para ellas.
Son como granos de arroz.
Se pregunta si es posible reducir algo hasta sacarlo de la
existencia.
Se pregunta si las ovejas se darán cuenta de su pequeñez,
si tienen alguna noción de la escala.
Tal vez piensan que el tubo de ensayo en una granja de
cristal...
Se pregunta qué debería hacer con ellas, que por cierto
tienen menos carne y menos lana que las ovejas comunes.
¿Es que él habrá reducido su valor comercial?
Se pregunta si podrían usarse como una variante del arroz,
una especie de arroz lanoso.
Se pregunta si debería amasarlas en una pasta roja entre
sus dedos.
Se pregunta si se estarán reproduciendo o si algunas de
ellas se habrán muerto.
Las pone bajo un microscopio y se queda dormido contán-
dolas.
ÁNGELES
Tienen poco uso. Son lo mejor como objetos
de tormento.
A ningún gobierno le importa lo que hacés con ellos.
Como pájaros, y sin embargo tan humanos...
Se aparean mirándose brevemente el uno al otro.
Sus huevos son como gominolas.
A veces se dice que inspiran a un hombre
a hacer con su vida más de lo que podrían
haber hecho.
¿Pero qué es lo que puede hacer un hombre
con su vida?
...Arden hermosamente con una llama azul.
Cuando gritan es como el chirrido de una
bisagra; el grito de un murciélago. Nadie
lo escucha...
LAMENTÁNDOLO SINCERAMENTE
para Charles Simic
Como un monstruoso caracol, un inodoro se desliza
dentro de una sala de estar sobre una huella mojada,
pidiendo ser amado.
Es imposible, y expresamos nuestro sincero lamento.
En el libro del corazón no se hace mención de la plomería.
Y aunque hemos compartido con vos nuestra intimidad
en muchas ocasiones, pertenecés a una desafortunada
referencia, que preferiríamos no abrazar...
El inodoro se retira deslizándose...
NOTA
En realidad, el párrafo entero de Simic, que agrego a conti-
nuación, me hizo pasar del agradecimiento -por darme a co-
nocer a Edson, vinculado nada menos que a Michaux- a la
irritación -por cómo termina describiéndolos, en un tono
que yo tomo como despectivo.
"En literatura hay una tradición de magníficos inadapta-
dos, poetas y escritores inclasificables, como Michaux y
Edson, que recelan de la literatura y al mismo tiempo son
sus mayores adictos. Sólo un estilo que sea un carnaval de
estilos parece agradarles. Una poesía, en resumen, que ten-
ga aires de circo, de barraca de feria y vodevil, llena de he-
chos reales más extraños que la ficción, falsos milagros y
supersticiones, libros de horóscopos y calendarios astrales
como loa que se venden en la caja de los supermercados,
etc."
No creo que Michaux y Edson estén realmente emparentados,
salvo por el hecho de que escriben poesía en prosa.
Michaux ha viajado por el mundo, ha experimentado escribir
lo que sentía y percibía bajo en efecto de drogas alucinógenas,
ha viajado de un límite a otro de la literatura y la poesía.
Su poema "Nosotros dos aún", escrito tras la muerte por
quemaduras de su mujer, es lo más bello y profundo que he
leído. Atribuirle superficialidad a Henri Michaux me parece
que sólo puede deberse a no conocer mínimamente su obra.