¡Cómo insiste-existe, Angst!
¿Subsistencia del origen de la especie?
No hay manera de saber más
acerca de su identidad
Todas las palabras
devoradas por la evidencia
¿Expediciones? ¿Exploraciones?
Parece tener raíces
raíces reacias a la extracción,
raíces que ahondan en el humus profundo de la carne
que llegan adonde nadie llega
con el fino haz de su consciencia.
No es posible alquilarlo, ni venderlo
Es algo que se aprende muy temprano
La pregunta es si se puede convivirlo
(muerde, y desconoce la mordacidad)
O si hay que esperar a que se duerma,
ser inefable.
Angst se desplaza con una sigilosa fluidez
pero no es desplazable
(No se sale caminando y se deja a Angst
tirado)
Se desliza por los compartimientos
cuerpomentales
con su sustancia
inaprehensible, inapresable,
incoercible, ingobernable
¿Cómo ha aprendido a estrangular
esa serpiente sapiente, agitarnos la sangre,
retorcernos el pecho, extraernos el aire?
Si uno fuese un río
tal vez la corriente podría llevárselo
Si uno fuese una nube
tal vez se iría volando
Conoce su territorio
que casualmente es el 'mío',
pero no se sabe qué busca
ese Angst silencioso,
esa bestia callada.
Emerge, tiene el poder de emerger.
¡Ah, emergencia
que va manifestando su aparición!
Dicen que es la parte de la noche
que está en el interior de la tierra
A veces me he preguntado
si Angst resulta ser, de todas, la única parte inmortal
que portamos.
(Y si se presenta como enviada de la verdad.)
A veces me pregunto
si Angst desaparecerá en la muerte,
o si acaso es su mensajero y representante.
O, dicho de otra manera,
si un día lo aniquilará la paz de la muerte,
o si será, la misma muerte,
la aniquiladora aniquilada.
NOTA TANGENCIAL
Hay que mirar de frente la foto de una niña llamada Czes-
lawa, fotografiada por el prisionero Whilhelm Brasse, en Aus-
chwitz, el 18 de febrero de 1943, momentos antes de que le
inyectaran fenol en el corazón. La niña tiene una expresión
de terror e incomprensión en un grado tal, que me hizo esta-
llar en lágrimas. Un momento antes había sido golpeada en
el rostro por quien iba a terminar con su inmensa tortura,
replicada hasta ese último instante. La niña no comprendía
el lenguaje en el que se le hablaba. Anna Amaral, la fotógra-
fa brasileña, la ubicó en el Memorial Oswiecim. La crueldad
ilimitada es propiedad de los humanos (ciertos "humanos").
Nunca terminaremos de comprender, impregnados de la cla-
se de terror que se expresa en el rostro de Czeslawa -que ha-
bía perdido a su madre unos días antes- eso que llamamos
EL MAL. Hay una clase de ANGST infinita, que es el esta-
llido de la Angst que experimentamos habitualmente, de la
que huimos sin darnos cuenta, SIEMPRE.
Brasse, prisionero polaco que era fotógrafo, retrató a 50
mil prisioneros de Auschwitz, y sobrevivió al fin de la gue-
rra. Czeslawa Kwoka tenía 14 años y había estado en el la-
boratorio del sádico criminal Dr. Mengele. Mientras espera-
ba en la fila de prisioneros, un soldado pasó cerca y de un
golpe le rompió el labio. Su rostro es casi intolerable, pero
habría que mirarlo todos los días.