lunes, 26 de octubre de 2026

ROBERT R. RIVAS: OTRAS FRAGMENTACIONES

  Las palabras tienen raíces. Las raíces pueden arrancarse,

y entonces las palabras mueren. Es una sensación que no

solemos experimentar: tocar a una palabra muerta.

  Una liebre muerta: su cuerpo todavía retiene calor, casi

como que tiembla al tocarla. la suavidad del pelaje y la

violencia de la muerte. Esta liebre: ¿murió o fue asesinada?


  La fragmentación desafía al sentido. 

  Se le opone.

  La inferioridad de sus fuerzas es su fuerza.


  Hay fragmentos que quedan engastados en el cuerpo.


  La aparente falta de sentido de un fragmento enciende

la necesidad de de comprenderlo. Huidizo y a la vez, preg-

nante. Sugerencia pura. La polisemia, en sus festejos, sir-

ve banquetes de sabrosos fragmentos. El azar, el desorden.

la contingencia, la sorpresa, la eventualidad y el incidente,

relamiéndose, rodean las grandes mesas.


  Un huevo de ágata: mil años empollando su criatura


  El que, pudiendo escoger,

  siempre monta la misma bestia.


  Belleza-más -allá-de-lo-pensable

  Hay que dejarla hundirse lentamente

  en el pozo del cuerpo


  ¿De dónde soy?

  El arrebato parece ser mi manada.


  Los dioses pensando:

  "En ustedes se frustra el ser,

  en ustedes se deshace el siempre."


  "Esta mañana recibí una postal

  enviada el 4 de noviembre de 1954."


   Intacta la almohada

   del insomne Kafka


   Misterios vacíos


   Pueblos anteriores

   a la rotación de la Tierra


   Regalos: Una gran caja de sellos muy usados

   de la China Imperial


   Confines: 

   del Universo

   del lenguaje

   de esa mujer


   Solo, no existe para nadie.

   ¿Qué se puede hacer con esa lisiada libertad?


   El secreto del sueño es el soñante


   Obtener el saber de los locos:

   saber en bruto, sutilísima brutalidad.


   Tiran sus canciones en el brasero

   y beben su jugo ardiente


    Colonias de ideas ciegas


    Reinos minúsculos:

    el de una hormiga solitaria

    ya sería exorbitante


    En lo inhóspito, 

    en lo desconocido,

    en lo inhabitable,

    habita la sonrisa.


    ¡Riendas!

    ¡Cuántas veces debí haberles dado una vuelta más!

    ¡Y cuántas veces debí haberlas soltado para siempre!


    el zumbido de la pequeña avioneta

    el silencio del domingo

    otro ensayo del coro de chicharras

    el susurro en el aire

    la pisada en la escarcha


    a esta hora 

    en la que cada uno

    habito su capullo

    como puede


     sobre la tumba de Brodsky en Venecia

     había un sombrero blanco

     fue quien dijo

     que la belleza era el fin último de la existencia



    

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