¿Así que los dioses gozan ocultándose, Heráclito?
Gracias por develarnos ese secreto.
Concurrencias
convergencias
confluencias:
ahora soy yo quien revela:
la intimidad (de ella)
es una poza de agua clara
perdida en el bosque.
¿Así que los dioses gozan ocultándose, Heráclito?
Gracias por develarnos ese secreto.
Concurrencias
convergencias
confluencias:
ahora soy yo quien revela:
la intimidad (de ella)
es una poza de agua clara
perdida en el bosque.
Quienes tienen pensamientos en un agua de agua:
pensamientos que flotan, que nadan, que se zambullen
desde alguna orilla elevada
Quienes tienen pensamientos en un aire de agua:
que corren hasta alcanzar cierto vuelo
para tocar tierra allá adelante
sobre espejismos acuáticos
Quienes tienen pensamientos que caminan sobre
aguas que se hunden,
con torpeza inexorable,
(y esa sonrisa que tan bien conocemos
del que se excusa sin saber
de qué está excusándose).
Quienes tienen pensamientos mudos -o ciegos-
que se quedan quietos, ¿dormidos?
que se desvanecen, o disuelven
Quienes tienen pensamientos primarios
como tenía el pequeño cuerpo
en el mar de sensaciones
de su madre
Quienes tienen pensamientos más primarios todavía
pensamientos de la especie
pensamientos que no se han separado
de sus raíces animales
crudos, vivos, temibles,
regados por las aguas de lo impensable
(SIN TÍTULO)
Domingo.
Nada anda bien.
Solo un gato mojado
con ojos laqueados
siguiendo
al viento incoloro
del fin de semana.
Ni un olor-
ni valeriana ni pescado
ni grasa.
Nada bueno.
Sólo la nauseosa acritud
de las jabonaduras, las personas están
lavando chicos.
El más jovencito
tiene un moretón en el trasero,
se veía venir, no lo vas a limpiar fregando,
intentalo tanto como quieras,
qué buen trabajo -una pequeña herradura.
Porque es estúpido
y el más chico.
Y nada bueno
saldrá de él.
Demasiado artístico
el moretón en su trasero.
CANCIÓN DE CUNA PARA ALGUIEN AMADO
Tonto, mi pequeño
tonto,
solo quedamos nosotros dos,
todos los demás están muertos hace rato,
lavados, afeitados,
peinados, arreglados,
llorados, enterrados,
prolijamente alineados,
decorados con flores,
descansando en paz
sin riesgo alguno.
Solo nosotros no podemos hallar
una forma de morir,
caer con la cabeza primero
siempre dentro del mismo cielo,
siempre hasta la próxima vez.
En los rincones de tus ojos
hay dos canarios,
diferentes como dos
de los ojos de la misma persona,
tonto, mi pequeño tonto,
esta noche una vez más no podremos encontrar
una manera de morir,
esta noche lloro canarios
y mis lágrimas cantan.
COMO METERSE EN EL PARAÍSO
Se necesita tener coraje
para escribir un poema,
se necesita tener coraje
para no escribir un poema,
se necesita decir hola
y adiós,
se necesita tomar vitaminas,
se necesita respetar a todos
y amar a uno solo,
aún si él no se lo merece,
se necesita sufrir en silencio
y pacientemente permanecer callado,
se necesita quedarse en silencio, cuando todos están hablando,
y hablar, cuando todos permanecen callados,
se necesita sacar la basura,
regar las flores,
pagar el gas y el agua,
por errores y aciertos,
se necesita dar el corazón
por el ojo, y el ojo
por la muela,
no debes pedir nada
cuando lo deseas todo,
y demandar todo
cuando no deseas nada,
se necesita quedarse dormido en hora
y despertarse en hora
para encontrar dos zapatos izquierdos
porque los otros dos son los correctos,
no esperar que alguien regrese,
ni regresar
porque alguien está esperando,
se necesita mirar al cielo
porque él no te mirará nunca
a vos,
se necesita morir porque es necesario,
aún cuando no te lo
merezcas,
se necesita escribir un poema
más allá del miedo
entre "sí" y "no",
desde "por qué",
sin "para qué",
por "gracias",
aun cuando
no sea merecido
(SIN TÍTULO)
Un poquito de atardecer
bajo las uñas,
tal vez sangre seca,
una reminiscencia de dos
y un pedacito de una plegaria,
para que termine
la noche
como una golondrina
de espaldas
en el cielo
(SIN TÍTULO)
Es como la primavera.
Más chicos jugando en los patios,
la arena calentándose
en los caracoles de pequeñas palmas sucias.
El río viene corriendo
y se escapa corriendo.
Hay un pez en él
al que no has atrapado.
Déjalo correr,
permaneceré parada un rato
con una semilla de alcaravea entre mis dientes.
Y a la derecha hay un banco
en el que tres viejas señoras
se desmenuzan como galletas
frente al viento
sudeste.
DAIVA CEPAUSKAITÉ (n. en 1967 en Marijampolé), es
poeta y dramaturga, miembro de la Asociación de Teatro Li-
tuano y de la Unión de Escritores Lituanos. Se graduó de mé-
dica en la Universidad de Medicina de Kaunas. Es actriz.
Su poesía ha sido traducida al inglés, al sueco, al finés, al ita-
liano, al ruso y a otras lenguas.
FUENTE
Eugenijus Alisanka (Ed.). Six Lithuanian Poets. Arc Publi-
cations, 2008.
Todas las versiones al inglés, excepto la de "Canción de cu-
na para alguien amado", que es de Jonas Zdanys, son de E.
Alisanka y Kerry Shawn Keys.
Las versiones al castellano son de Robert R. Rivas (c)
Fastidiados
durante cien generaciones fastidiados
hasta la más inconcebible exasperación,
por lo resbaladizo de las palabras,
por lo escurridizo de las frases,
de las mismas invocaciones,
de los intentos frustrados y frustrantes
por atrapar la cosa por la cola,
los Kinnara, en algún momento,
decidieron dejar caer todo el tejido del lenguaje
que usaban,
para instalar uno nuevo.
Este, tarde o temprano, también fallaba en lo esencial.
Y era a su vez desechado.
Capa sobre capa de lenguajes abandonados,
la lengua que hablan hoy
-pero, ¿por cuánto tiempo?-
está ligada por finísimos conductos con las otras.
Invisibles para ellos, que las enviaron a la inexistencia.
También en eso han fallado.
Membrana sobre membrana, de diversos espesores,
coincidencias, atajos, desvíos, precipicios.
Hay quienes intentan estudiar esos suelos anfractuosos,
a la frágil luz de la conciencia,
buscando conexiones, raíces, orígenes, el último suelo.
Es como ir levantando pieles finísimas, delicadas,
que en muchas partes se han fundido unas en otras.
Ningún Kinnara se prestaría a esa tarea,
ya que rechazan absolutamente esas inútiles construcciones
del pasado.
Muchos de ellos están convencidos de que el lenguaje
es traicionero para el ser humano.
Han intentado mezclarlo con el lenguaje de los pájaros.
Han intentado usar el agua de los ríos para hacer palabras.
Han intentado usar fragmentos recogidos del lenguaje de los
dioses.
Y ahora están tan hartos del sonido como del silencio.
Del significado como del caos.
Hartos.
"Por ahora hablamos", te dicen mirándote a los ojos
de una manera que combina con una precisión
que da vértigo,
la furia
con la ternura.
Disponer de un segundo sistema nervioso
La lluvia, para tomar un ejemplo, tiene un efecto totalmente
distinto para uno y otro.
Ser tomado por una lengua extraña
Una lengua tonal, por caso.
De esas tan difíciles de aprender.
Ser tomado por la lengua kombai de Nueva Guinea.
Con todas sus implicaciones.
Ser el hijo bastardo
de sí mismo.
Alguien prende
en otra parte
la luz "verdadera" de nuestra vida
al pensarnos.
"Fui mi propio vasallo
y no me obedecía."
"Me convertí en mi propio
último reducto."
"Me convertí
a la más oculta religión:
ser otro."
Migraciones de hordas de sentimientos.
Partes del cuerpo.
Cada una con su propia pasión.
Esperar
REALMENTE
-le dijo con un gesto vago-
es esperar que vengan
inspiraciones
o expiraciones
sin preferencias.
Las palabras claves
anteriores a ese viaje
"¿Por qué no?"
¿Han sido invitados alguna vez a una casa en el Mejavad?
Entonces han observado la inmensa pecera que se ubica en
el centro de la habitación principal, de la cual penden todas
las demás -numerosas- habitaciones.
¿Han notado que esos monstruos amoratados por el frío del
agua o empañados por el vapor que generan los peces, se apo-
yan sobre ruedas?
¿Han apreciado la cantidad extraordinaria de peces que per-
manecen totalmente quietos mientras bebemos un pecú, sen-
tados en los sillones en espiral de nuestros huéspedes?
¿Y han sido invitados a pasar la noche ahí?
(Por los amplios ventanales esos cielos de licor de múrice, de
púrpuras encarnadas en sangre tan roja como violácea...)
¿Y han apagado la luz del cuarto para derramarse en el sue-
ño -el sueño teñido de pecú- tan solo para comenzar a oír có-
mo esos peces se ponen en marcha un poco para acá y luego
para allá, mientras las ruedas chirrían espantando a los insec-
tos que hasta hace un momento llenaban el aire, movidas por
el peso de ese movimiento masivo?
¿Y han sentido vibrar suelo y techo, sueños y vigilias, toda
la noche, acompañando ese inenarrable vaivén?