miércoles, 3 de octubre de 2012

POEMAS DE LA "ANTOLOGIA GRIEGA"




La Antología Griega es una colección de 4000 poemas bre-
ves, o 'epigramas', compilada en quince volúmenes desde 
las antologías tempranas (700 a.C.) hasta el reinado del
Emperador Bizantino Constantino VII (912-959 d.C.).
Se la ha llamado también la 'Antología Palatina' y forma
parte de él el así llamado Appendix Planudeana.
Actualmente se considera que el título de 'Antología
Griega' resulta de la combinación de dos antologías de
epigramas: aquella de Maximus Planudes y la Antología 
Palatina, así llamada porque el manuscrito fue redescu-
bierto en 1606 en la biblioteca del Conde Palatino en
Heidelberg.
La misma abarca un período de 1700 años.
El significado original del término 'Epigrama', era 'Inscrip-
ción'. Las primeras 'inscripciones' aparecieron en tumbas
y ofrendas votivas, y eran unas pocas líneas de versos conmemorativos -hexámetros, elegíacos o de metro iám-
bico- inscriptos en roca, ya sea de lápidas o de monumen-
tos.
El verso elegíaco parece haber sido en su origen el metro
de las canciones de flauta. La raíz sobrevive en la palabra
armenia que designa la flauta, elegn. El metro de los ver-
sos parece ser una extensión del hexámetro, que es el
metro de la épica de Homero.

La primera de estas colecciones que se conoce es la Guir-
nalda, que agrupó Meleagro de Gádara hacia 80 a.C.
Hacia el año 40 d.C., Filipo de Salónica realizó su propio
compendio de epigramas, algo más breve que el anterior,
llamado Corona.
En lengua inglesa, una de las mayores traducciones es la
de J.W. Mackail: Select Epigrams from the Greek Antho-
logy, de 1911, con sus invalorables prefacio y notas, un
verdadero liber aureus, como señala Dudley Fitts.


 1. AUTOMEDON (s. I a.C.- I d.C.)

Toda la larga noche,
Hablando y bebiendo,
Esos hombres se civilizaban;

Pero con la primera luz del este
Se yerguen para hacer la guerra
Como bestias rabiosas.


2. ANONIMO

No beses la cara de Alfeo:
Él navega los pechos de Aretusa
Y bebe de su más oscuro mar.


3. LUCIANO De SAMOSTATA (s. II d.C.)

El mal pintor captura 
Sólo forma, ninguna otra cosa.

Para encontrar la voz
Debes confiar en el color.


4. LUCILIO (148-101 a.C.)

Murmuran acerca de tí, Nicolo-
Dicen que te has teñido el pelo.
Yo sé más que eso. Era negro como el carbón
El mismo día que lo compraste.


5. ANTIPATER DE SIDON (s. II a.C.)

Nunca temí el ocaso de las Pléyades
O los riscos ocultos tras las rocas
Ni siquiera los relámpagos en el mar

Como le temo a los amigos que beben conmigo
Y recuerdan lo que hablamos.


6. PAULO SILENTARIO (ó SILENCIARIO) (s. VI d.C.)

Tus ojos tienen los párpados cargados
Como si vinieses de la cama,
Tu pelo embrollado
Las mejillas sin color,
El cuerpo pesado.

Si regresas de 
Una noche de amor, el regalo que has hecho
Supera a cualquier otro;
Pero si tu amante aparece sólo en sueños,
Que todos tus sueños me convoquen.


7. PAULO SILENTARIO

Aún vestida de arrugas querida Filinna,
Eres más hermosa que las jóvenes.

Preferiría saborear las manzanas
Que cuelgan de tus pesadas ramas

Que pellizcar los firmes pechos de las muchachas.
No me atrae la juventud.

Tu otoño brilla más que una mortal primavera.
Tu invierno es más cálido que el sol de verano.


8. ANTIPATER de SIDON

Relator del coraje de los héroes,
Intérprete de Dios, segundo
Sol en las vidas de los Griegos,
Resplandor de las Musas, Homero, intemporal
Portavoz del mundo entero-
Enterrado, extranjero, en esta tierra batida por el mar.


9. LEONTIO (s. VI d.C.)

Toca, copa
Los melifluos labios.
Yo, envidioso,
Miro y espero.


10. ASKLEPIADOS (s. III a.C.)

Didyme me saludó con una rama de olivo,
Y ahora mi corazón se derrite como cera
Envuelta por la llama.

Ah, sí, ya sé. Ella es negra.
También lo es el carbón antes de la chispa
Que lo hace arder como rosas.


13. ÍBICO de REGIO (s. VI a.C.)

LA ESTACION DEL AMOR

En primavera los árboles de membrillo
Maduran en el vergel sagrado de las niñas
Con agua de río;
Y las uvas se tornan violeta
Bajo la sombra del lujurioso follaje
Y de los recién nacidos brotes.

Pero para mí, Eros

Desconoce el descanso del invierno,
Y como los vientos del norte
Bajan ardiendo desde Tracia
Con chamuscantes relámpagos,
Kypris mutila mi corazón con negro
Y funesto amor.


14. ÍBICO

Arden la noche entera
los deslumbrantes astros.


15. ESTESÍCORO de MATAURUS (630-555 a.C.)

LA ESTACION DEL CANTO

Olvida las guerras.
Es tiempo de cantar.
Toma la flauta de Firgia
Y recuerda la canciones de nuestras rubias Gracias.

Clamor de murmurantes golondrinas:
Ya es primavera.


16. MELEAGRO (aprox. 100 a.C.)

Los sonidos del amor son agujas en mis oídos.
Mis ojos apagan el amor con ardientes lágrimas.

En busca del amor, noche y día,
Veo al Amor plegar sus alas:

Ni vendrá
Ni saldrá volando.


17. KAPITONOS (ó CÁPITO) (fecha incierta, probablemen-
                                                   te tardío)

Ninguna gracia,
Pura apariencia:

Ella complace
Pero no puede retener-

Flota como carnada
Sin al anzuelo.


18. GLAUCO de NIKOPOLIS (¿s. II a.C.?)

No, no la tierra, ni una losa de piedra,
Sino la íntegra vasta superficie del océano que ves
Es la tumba de Erasippo.
Él y su nave se ahogaron juntos. Dónde
Y en qué desconocidas profundidades vagan sus huesos
Sólo las aves marinas lo saben.


19. IÓN DE CHIOS (s. V a.C.)

No me dejes
completamente abandonado. Espera

A que la Estrella
De la Mañana sea un fantasma

En el cielo,
Una pálida ala

Blanca transportando
Al sol .



20. MINMERMO de ESMIRNA (600 a.C.)


Alma mía, sé joven.
Pronto otros serán hombres
Y yo estando muerto
Seré tierra negra.


21. BAQUÍLIDES (s. V a.C.)

Qué blanco
Su brazo

Mientras se alza
Curvándose...

Para arrojar...

Hacia los 
Vítores de
Esos hombres jóvenes.


22. PRAXILLA de SICYON (s. V a.C.)

Espiando a través
De la ventana abierta,
Tu rostro era
Virginal.

Pero eras
Toda una mujer
Debajo.


23. ESTESÍCORO de MATAURUS (c. 630-555 a.C.)

EN CONSUELO

No lloréis por los muertos.
Las lágrimas no pueden conservar
Todo lo que sentimos por ellos vivos.
Sólo se vuelve gris
Y se disuelve
No importa cuan desesperadamente
Deseamos.
No lloréis por los muertos;
Es en vano llorar.


24. SIMÓNIDES de CEOS (556-466 a.C.)

ACERCA DE LA POESIA Y LA PINTURA

La palabra es la imagen de la cosa.

La poesía es pintura que habla.
La pintura es poesía que calla.


25. BAQUÍLIDES

Esto es lo que sé:
Aprende de los demás
Su enjambre
De pericias.
No hay palabras,
Inventadas o deseadas,
Que no se hayan usado
Antes.


26. La poetisa ANYTE de TEGEO (s.VI a.C.)

EPITAFIO DE UN ESCLAVO

Vivo,
Este hombre fue Manes, el esclavo.
Muerto,
Ya es par del Rey Darío.


27. TEOGNIS de MÉGARA (s. VI a.C.)

¡Tontos y niños sois, humanidad! Lloráis
A los muertos y no a la muriente flor de la juventud.


28. SEMÓNIDES de SAMOS (s. VII a.C.)

LANZA DE BRONCE

Brilla, lanza de bronce, en la noche
mientras el viento sopla en los sacófagos.


29. AGATÍAS ESCOLÁSTICO (536-582)

La Hermosa Melita, en las agonías de la mediana edad,
Retiene su gracia juvenil.
Un rubor en la mejilla -ella seduce
Con los ojos. Han pasado muchos años,
Pero no su risa aniñada.
Todos los estragos del tiempo no alcanzan
Para rendir a la naturaleza verdadera.


30. CALÍMACO de CIRENE (c. 305-238 a.C.)

SEPULCRO DESIERTO

Licas, el mercader, hombre de Naxos,
No murió en tierra firme: el desdichado
Perdió en el mar nave y vida.
Entre el oleaje flota su cadáver.
Y yo, tumba desierta, sólo guardo
Su nombre y el clamor de esta advertencia:
Ten cuidado, navegante, del profundo mar
Una vez que se han puesto las Cabrillas.


31. PALLADAS de ALEJANDRIA (319- ca.400 b.C) 

MEDITACION

La alabanza, por supuesto, es lo mejor:
El habla simple la prole odia.
Pero, ¡ah, la miel del Atica
De decirle a un hombre exactamente lo que piensas de él!

32. AGATIAS de MYRINA ( 536-82 d.C.)

DE LA MUJER DE LOT CONVERTIDA EN SAL

Esta es una tumba, sin cadáver en su interior;
Este es un cadáver, sin tumba alrededor;
Cadáver-caracol tumba-de sí- misma, ser en el ser. 

33. LEONIDAS de TARENTO (s. III a.C)

Por sí mismo en el crepúsculo
Regresa a casa el ganado
Sobre la colina cubierta de nieve.
Profundamente dormido,
El vaquero yace junto a un roble,
Herido por un rayo. 

(Otra versión, la de Alistair Elliot:

Regresando a casa -la nieve cae sobre ellas- las vacas
Se conducen solas al cobertizo.
Mira, quieto junto al roble duerme Terimaco
El largo sueño: puesto a descansar por fuego del cielo.


34. PALLADAS

Deja que esta vida de inquietud
Pase de largo en silencio, como
Silencioso es el Tiempo mismo.
Vive desconocido, y así muere.


35. ALCAIOS de LESBOS (n. 630 a.C.)

PAJAROS

¿Qué pájaros son éstos
gansos salvajes- volando desde zonas donde terminan
                    tanto el mar como la tierra-
con sus inmensas alas y sus moteadas gargantas?


36. TIRTAOS de ESPARTA (s. VII a.C.)

FRONTERAS

Deberías alcanzar los límites de la virtud
antes de cruzar la frontera de la muerte. 


37. MNSALQUES de SIKYON (s. III a.C.)

Yo, desdichada Virtud, me siento
Junto a la tumba del Placer, mi pelo
Cortado, golpeado hasta el corazón
De ver al mundo tan seguro
De que la Sensualidad
Triunfará sobre mi.


38. ANONIMO

EL EPITAFIO DE SARDANOPALOS

Conservo el sabor de las fiestas,
Y haber emprendido el desenfreno,
Y los goces compartidos con amantes;
Pero las bendiciones de muchas
Posesiones las dejo atrás. 


39. ARISTODICOS de RODAS (s. VI a.C.)

A UN GRILLO

El sol no volverá
A verte, cantando tu estridente tonada,
En el precioso hogar que Alkis te
Ha dado. Volaste a
Las llanuras de Plutón y
El rocío mojó las flores de
La Dorada Perséfone. 


40. TIMOCLES (s. III a.C.)

Recuerda: recuerdas estas solemnes palabras-
La primavera es más bella, el tiempo más elusivo,
más rápido que el pájaro más rápido del cielo-
Mira, tus flores
Todas desparramadas sobre la tierra.
                                 (Versión Peter Jay)

 ¿Recuerdas ahora? Recuerdas
El tiempo en que te
Comenté el viejo dicho:
"Nada es tan hermoso 
Como la juventud. Nada es tan
Fugaz como la juventud. El pájaro
Más veloz del aire no puede atrapar
La juventud." Y ahora mira- tus pétalos
Todos derramados sobre la tierra.
                                  (Versión Kenneth Rexroth)


41. ANONIMO

UN REGALO

A vos este fragante aceite, dulzuras a la dulzura,
Traigo, como rebosante vino al embriagado dios. 


42. ARQUILOCO de PAROS (s. VIII a.C.)

MUCHACHA

Un rocío de mirto y la belleza de una rosa
Eran la felicidad en sus manos, y su pelo
Caía como la oscuridad sobre su espalda y hombros.

 
43. ANACREONTE de TEOS (s.VI a.C.)

Yo escribo como puedo mis poemas, Adriana.
Yo escribo.
Tú eres joven.



BIBLIOGRAFIA

Peter JAY. The Greek Anthology and other Ancient Epi-
                  grams. Penguin, 1981.
Dudley FITTS. Poems from the Greek Anthology. New
                   Directions. 1956.
Willis BARNSTONE. Greek Lyric Poetry. Bantam,1967.
Kenneth Rexroth. Poems from the Greek Anthology. Ann
                    Arbor, 1999.
Sherod SANTOS. Greek Lyric Poetry. W.W. Norton, 2005.
Dorothy BURR THOMPSON. Swans and Amber. Some 
                    Early Greek Lyrics. American School of Classi-
                    cal Studies, 1988.
Andrew MILLER. Greek Lyric. Hackett, 1996.
Barbara HUGHES FOWLER. Archaic Greek Poetry. Univ.
                   of Wisconsin Press, 1992.
Bradley NYSTROM. The Song of Eros. Ancient Greek Love
                   Poems. Southern Illinois Univ. Press, 1991.
M.L. WEST. Greek Lyric Poetry. Oxford Univ. Press, 1993.

Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)


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4 POETISAS GRIEGAS o "MÁS ALLÁ DE SAFO"

sábado, 29 de septiembre de 2012

29 DE SEPTIEMBRE: EL ULTIMO POEMA DE MUSÔ SOSEKI



El 29 de setiembre de 1351, el monje Zen, jardinero y Conse-
jero Imperial Musô Soseki, escribió su último poema.
Desde hace más de 750 años dice así:

En el mundo real
  el mundo puro
    no hay separación alguna
 porqué esperar
  por otro tiempo
     y otro significado
de la enseñanza
  en el Pico Buitre
     presente hoy
a quién más
  estás buscando
     para preservar el Camino

Musô Soseki había nacido en la provincia de Ise situada
sobre la costa occidental de Japón, en 1275. Si bien esa
región es una de las cunas del shintoísmo, la que guarda 
el legendario espejo de la diosa del sol Amaterasu, ances-
tro mitológico del emperador, sus padres eran budistas.
Su madre era una devota del Bodhisatva Avalokiteshvara,
la representación de la compasión. Pero cuando Musô te-
nía sólo tres años, ella murió. A los nueve su padre lo con-
dujo al templo de Shingon y lo entregó a la vida religiosa.
Mientras estudiaba los textos budistas ocurrió que el mon-
je que presidía el templo, una autoridad en Budismo esoté-
rico y metafísica Tendai, murió en medio de una gran cri-
sis de angustia, una contradicción de su práctica que con-
dujo al joven Soseki, que entonces tenía 18 años, a dejar 
el templo y convertirse en un estudiante del Zen en la ciu-
dad de Kamakura.A los 30 recibió la aprobación de su 
formación en esa rama del budismo y a partir de ahí
vivió varios años como ermitaño en las montañas. En 1325
el emperador Go-Daigo designó a Soseki como principal 
del templo Zen llamado Rinsen-ji en Kyoto, uno de los más importantes de la nación, y se convirtió en su discípulo.
Musô Soseki tenía otros talentos, aparte del de la escritura.
Diseñó varios templos y se convirtió a su vez en un arqui-
tecto de jardines, una actividad que en Japón siempre estu-
vo muy asociada a la religión.
Al día siguiente de componer este extraño poema, Soseki
murió en Rinsen-ji, a los 77 años de edad.

POEMAS ZEN DE MUSÔ SOSEKI

1.
Me despierto de mi siesta del mediodía
  y veo las sombras
     moviéndose en la tarde
La niebla se desvanece desde el viejo cedro
  y estoy cara a cara
      con la Montaña Haku
Treinta años
  tantos acontecimientos
    fueron y vinieron
Ahora los dejo ir a todos
  y me siento en la quietud
     y estoy quieto


SOMBRA DE PINOS

Un cerco
de mil árboles
parados en el frío
La verde neblina
tan densa y profunda
que detiene la luz
No me reproches
que permanezca solo
con mi puerta cerrada
El poste indicador *
siempre permaneció abierto
para quienquiera pasase 

*Lin Chi había plantado pinos como postes indicadores
para las generaciones jóvenes.


CAMPO DE JOYAS

He cultivado
una parcela de jardín de malezas
crecidas
Y el suelo ahora
está comenzando
a derramar luz
El otoño 
es el tiempo de la cosecha
Cada grano recogido
vale
varios castillos


VIEJA MONTAÑA

Fuera del verde de la primavera
y del amarillo del otoño
te fuiste totalmente solo
hacia las innumerables montañas
y has permanecido ahí
escondido por muchos años
Hasta las nubes
rehuyen esos picos
nada obstruye la vista
El eterno paisaje
sin estaciones
se extiende delante tuyo


NIEVE

Flores de hielo
esconden los cielos
no más cielo azul
un polvillo plateado
entierra todos los campos
y sumerge las verdes montañas 
Una vez que el sol
sale sobre la cima
uno
hasta el frío
que punza hasta el hueso
es una dicha


LA FRAGANCIA DE UDUMBARA

Una vez en mil años
 el Udumbara florece
Ha abierto sus auspiciosas flores
Muchos trabajaron
para traerlo
de la India al Japón
Su impetuosa fragancia
persiste 
sin apagarse
y no se pierde
entre los miles de pastos
las incontables malezas


CASA DE PRIMAVERA

Cientos de flores abiertas
todas provienen
de una rama
Mira 
todos sus colores
aparecer en mi jardín
Abro el matraqueante portón
y en el viento
veo
al sol de la primavera
ya ha alcanzado
mundos sin número


VALLE DEL TIGRE

Empinadas montañas
profundo valle
nadie encuentra su camino allí
Los tigres se reúnen
y pelean
ferozmente juntos
Los tres santos
cruzando el puente
mano en mano
han confundido el sonido
del agua
con risas


MAS ALLA DEL MUNDO

Este lugar de tierras salvajes
no tiene fronteras
norte sur este u oeste
Es difícil ver
aún el árbol
en el medio de ellas
Volviendo tu cabeza
puedes mirar más allá
de cada dirección
Por primera vez
sabes que tus ojos
te han estado engañando


PARA TAIHEI OSHÔ*

No dejaré entrar siquiera
a Buda y a los Patriarcas
por mi portón
asi que nunca pensé
recibir a ciertos invitados
y cerrarle mis ojos a otros
Abro un poco el portón
para agradecerte
por tu visita
y enseguida las montañas
y los ríos se alzan
y comienzan la famosa danza

*Taihei: en japonés, literalmente "paz perfecta". El verdade-
ro nombre era Taihei Myôjun (1276-1345), hermano de
dharma y uno de los mejores amigos de Musô.

AGRADECIMIENTO ENVIADO A TAIHEI OSHÔ

He sido perezoso
desde que nací
sería difícil cambiar ahora
así que escondí 
el bulto de un cuerpo
cerca del borde del mar
Hoy Taihei Oshô de Ungan-ji
me sorprende 
con una visita
Le doy la mano
y sonreimos
en el solo viento

Desapego, soledad, cierta melancolía. Soseki, que escribía
indistintamente en japonés o en chino, dejó tres tomos de
conversaciones, denominados Diálogos en el sueño, un vo-
lumen de sermones y uno de poemas, del cual se han extraí-
do éstos.
Además, fundó catorce templos en Kamakura y en Kyoto.
Tuvo más de 13 mil alumnos, monjes, monjas y legos, in-
cluyendo siete emperadores. 
Fue, por otra parte, pintor, calígrafo y uno de los mayores di-
señadores de jardines de la historia de Japón.

FUENTE

W.S. Merwin: East Window. The Asian Translations. Copper

Canyon Press, 1998. (La sección dedicada a Musô Soseki fue bautizada por Merwin "Sol a la medianoche" y ocupa la mitad 
del libro.)










 

lunes, 24 de septiembre de 2012

SERIE DE "LAS 20": LOS DIARIOS DE PAUL KLEE



Los Diarios de Paul Klee, editados y prologados por su hijo
Felix, cubren los 20 (también) años que van de 1898 a 1918.
Estos fragmentos están numerados en la bella edición en espa-
ñol que hiciera Ediciones Era, en México, en 1970, del 1 al
1134.
Aquí reproducimos 20 entradas, algunas completas, otras, a
su vez, fragmentarias, saltando de un lugar del libro a otro,
sin otro orden que el del placer de la lectura. Para que tal vez
otros lectores igualmente ávidos nos acompañen en este ale-
gre y algo atrevido recorrido.



1.
Landshut, 1916
(966) Soldado de reserva de infantería Klee, Cuartel de Reclu-
tas Landshut...
El 11 de marzo por la mañana partí con mi maleta de mano ha-
cia la comandancia del distrito (Munich I). Por lo menos hacía
un tiempo maravilloso. Después de habernos formado según
instrucciones escritas en carteles, nos quedamos de pie un buen
rato sin hacer nada. Un bondadoso mayor nos deseó buena
suerte para el viaje. Nos dijeron que iríamos a Landshut. Y yo había hecho la solicitud para poder quedarme en Munich. Me pareció ofensivo (fue el último día, por mucho tiempo, en que
creí tener que formarme una opinión acerca de cualquier cosa).
Como a la una llegaron unos sargentos con fusiles y nos lleva-
ron a la estación. Fiesta popular en las calles. Parientes. Hijas.
Lágrimas. Chistes. En la estación nos esperaba un tren especial.
Por el camino pesqué algunas palabras consoladoras. "Alégren-
se de venir con nosotros. En ningún lado es más hermoso."

2.
(137)
En la primavera de 1901 establecí el siguiente programa:
En la cúspide, el arte de la vida; luego, como profesión ideal,
el arte de la poesía y la filosofía, y como profesión real, la es-
cultura; finalmente, a falta de una renta, el arte del dibujo (co-
mo ilustración).

(138)
¿Qué prisa tienen los hombres, como las olas azuzadas por la
tormenta? ¿Quién sopla contra ellos, qué viento? Es el viento
de sus deseos el que los empuja. Pero sus deseos son vanos.

3.
(538) Anhelo de purificar y aislar lo masculino dentro de mí.
Pese a la madurez para el matrimonio, depender totalmente de
sí mismo, prepararse para la máxima soledad. Aversión a la
conservación de la especie (hipersensibilidad ética).

4.
(903) ...Kandinsky, de quien ya se ha hablado antes en diver-
sas ocasiones y que vive a una casa de la nuestra, este Kan-
dinsky a quien el tío Luli llama Schabinsky, ejerce sin embar-
go sobre éste una notable atracción. Luli lo visita con frecuen-
cia, se lleva a veces trabajos míos y me trae cuadros no figura-
tivos de este ruso. Cuadros muy extraños.
Este Kandinsky quiere reunir una nueva comunidad de artis-
tas. Al conocerlo personalmente he llegado a tenerle una pro-
funda confianza. Es alguien, y tiene una mente excepcional-
mente hermosa y lúcida.

5
(310) 30 de noviembre de 1901. A falta de estufa compré tres
litros de vermut di Torino. Los días con cielo azul y agradable
calor de octubre, las noches en cambio muy frías. Al anoche-
cer me acerqué cautelosamente al armario, hacia la gorda bote-
lla. Haller alababa sin parar sus cualidades contra la fiebre.
También para mi corazón el vermut es mejor que el vino. El
último verano había tomado cada noche un vaso de leche, con
excepción de tres días. Aquí, en cambio, me siento demasiado
solo para pasarme sin alcohol. Un suave brillo se posa enton-
ces sobre mi alma, tengo esperanzas y estoy de buen humor.
Más valen las musas que el femenino Apolo que las preside.
Observación del pie griego. La obra de arte como desnudo.
Una división de los pies en tres partes: 1 + 2 + 3-
(311) Los triglie son unos estupendos pescaditos (rojizos).
Se come y se bebe. Mientras tanto, se piensa lo menos posi-
ble, como si se estuviese en algún lugar de Córcega o Cerde-
ña. ¡Y cuando se le añade una ensalada de lechuga de insos-
pechada delicadeza! ¡Oh, este sur!


6.
(de 357) Bajo el signo de tales reflexiones se ensombrece el
humor. ¿No haría uno mejor en gozar ingenuamente de su piz-
ca de vida, por ejemplo a la manera del romano moderno que,
aparentemente insensible, camina canturreando y despreocu-
padamente por estos sitios? No lo odio por envidia, pero ahora
sí hay un poco de envidia en mis sentimientos. (Mejor sería
dormir, o simplemente no haber nacido.)
No son de mis mejores momentos, pero sí de los más lúcidos.
Ahora debería tenerte a "ti" para olvidar.


7.
(de 411/12) Lo más importante no es tampoco pintar cosas de
prematura madurez, sino que debo ser ante todo hombre o tra-
tar de serlo. El arte de domeñar la vida constituye la condición
fundamental para todas las manifestaciones del futuro, ya se
trate de pintura, escultura, tragedia o música. No sólo de domi-
narla en la práctica, sino de plasmarla íntimamente y de modo
palpable, y adoptar en ello una actitud lo más evolucionada po-
sible. Es obvio que eso no se hace siguiendo unos cuantos
principios reguladores, sino que crece como algo natural. No
sabría yo encontrar tales reglas, por otra parte. Ya se irá cons-
truyendo por sí sola una concepción del mundo; la orientación
que deje la huella más clara no depende sólo de la voluntad,
sino que se determina por el destino, presente ya en cierta me-
dida desde el vientre materno.


8.
(608) Hace ya tiempo me enseñaron una bonita canción:
¿Por qué preocuparse por mí?
Soy casi tanto como nada.
El tipo que está en mí
bien puede madurar más tarde.


9.
(702) Copié el prefacio de Dorian Gray. También otras ideas
de Oscar Wilde. Casi por ser extrañas, pero aún así ciertas,
quizá. Es terrible esta frase de que "Todo arte carece de finali-
dad".


10.
(de 1026a) Martes, 28 de noviembre. Por la mañana. La salida
la hice totalmente equipado, con mi fusil. En Milbertshofen me
encuentro con que los aviones no están aún listos para el viaje.
El tren no saldrá antes de las nueve de la noche. Dejo mi equi-
paje con el jefe de estación y corro a casa, donde todavía hago
una agradable comida y un hogareño té en la tarde.




11.
(873) Marzo. Y ahora todavía un descubrimiento verdadera-
mente revolucionario: más importante que la naturaleza y que
su estudio es la actitud frente al contenido de las cajas de pintu-
ras. Algún día habré de poder improvisar libremente en el piano
de colores de los tarros de acuarelas colocados allí, lado a lado.

12.
(323) ¿No es asombroso que comience ahora a hablar de una
niña de once años? Estábamos sentados en nuestra encantado-
ra fondita con Sorgin, cuando como de costumbre entraron u-
nos músicos y afinaron la mandolina y la guitarra. La primera
pieza sonaba por supuesto un poco desafinada, pero muy sentimental.
Hacia el fin la niñita que había entrado con los músicos llamó
la atención mediante unos gestos, y al sonar el acorde final o-
cupó el centro con toda desenvoltura. El público sabía lo que
le esperaba: una escena (¡y qué escena!). He visto muchas ma-
ravillas artísticas, pero nada tan original. La chiquilla tiene
cierta nobleza en su cuerpo, por lo demás no es precisamente hermosa y tampoco la voz es buena. Pero podría aprenderse
allí a ver la belleza sólo en la verdad de la expresión. Era po-
sible percibir que una persona de talento presiente situaciones
que sólo podrá vivir mucho tiempo más tarde; esto queda ade-
más favorecido por el hecho de que los sentimientos más
fuertes son los más primitivos. El futuro duerme en el hom-
bre y únicamente tiene que despertar. No puede hacerse. De
aquí que también una niña conozca el Eros. Escuchamos todo
su repertorio desde el pequeño couplet hasta la escena apa-
sionada y trágica. Al sureño le es más fácil hacer comedia,
pues su gesto cotidiano está ya tan desarrollado que requiere
una intensificación menor que entre nosotros. La niña pudo
darse así más fácilmente como era verdaderamente. Al final
era ya más bien una especie de goce de la naturaleza.


13.
(de 726) En el Meitschimärt vi a cuatro hombres abandonar un
burdel y entonar un conmovedor cuarteto vocal en seña de
agradecimiento.


14.
(615) Lo fragmentario que tienen tantas obras impresionistas
es el resultado de la fidelidad a la inspiración. Donde ésta ter-
mina debe concluir también la obra. El impresionista se ha he-
cho así un poco más humano que el materialista puro. Ya no es
válido a toda costa el concepto de la sobria capacidad objetiva.


15.
(373) 6 de febrero de 1902. Tomamos ahora regularmente un
fuerte vino tinto de Frascati. El de ayer era tan dulce que me
acosté inmediatamente después de volver a casa, desapare-
ciendo de la superficie terrestre. Pero ahora estoy despierto
desde antes del alba. Quizá mi estado no sea muy hermoso
desde un punto de vista objetivo, y mucho menos mi inmensa
sed por la botella. Pero estos instantes tienen para mí algo extrañamente sentimental. El espíritu está lúcido, es fin en sí mismo, me es dado un pensamiento amplificado. Pasan por la mente tiempos lejanos, vivencias adormecidas y escondidas, posibilidades, melodías del pasado y del porvenir, planes sin tiempo, una cosa tras otra, y me siento dueño de ricos obse-
quios y tengo esperanzas. Despierta luego el día; la cercanía,
la violencia me molesta. Cierro los ojos para no verlo, vuelvo
a dormirme, con un sueño pesado de angustiosas visiones, y
me despierto sin haber descansado, con frecuencia a media
mañana.


16.
(635) En Beethoven, especialmente en el tardío, hay temas que
no dejan correr libremente lo interior, sino que se plasman en
un canto que descansa sobre sí mismo. Al interpretarlos uno
debe fijarse si lo psíquico que se expresa incumbe a alguien o
si existe por sí solo. Por lo que a mí toca descubro en lo mono-
lógico un atractivo muy peculiar.
Pues a fin de cuentas se encuentra uno solo en la tierra, incluso
en el amor.


17
(335) Antigüedades del Vaticano. Me sentí más maduro en mi
creciente admiración por el Apolo de Belvedere. Yo amaba ca-
riñosamente a las Musas. Insensible para el Laocoonte (que el
tórax del niño sea único en su belleza). Nueva comprensión res-
pecto a la Venus de Cnidos. En esto, de acuerdo con Burck-
hardt. Mañana iré a ver a Spitthöfer para dar una vuelta por su
tienda. Se habla alemán allí.


18.

(134) Jean de Castella alababa la profundidad de un dicho in-
glés. Cuando se le pidió que lo tradujera, lo hizo en la forma
siguiente:
  Con justicia y habilidad,
  con placer y voluntad,
  deja que la habilidad ayude a la justicia
  y que el placer sea antes de la voluntad.

El 2 de marzo me preguntó por el acto sexual de las plantas,
que si se efectuaba en las raíces.


19.
(802) Felix Klee, nacido el 30 de noviembre de 1907.
... El asunto duró treinta horas(...) Durante mucho, mucho
tiempo no se hizo uso de los forceps(...) Cuando llegó el doc-
tor Ashton dio ímpetu a las cosas. Lo curioso es que yo no
pensaba para nada en un niño, sino en mi mujer que tenía que
estar sufriendo.
La operación y el malestar; no supe de nada más. Y eso que
ayudé y eché gotas sobre la máscara porque la anestesia la ha-
bía dejado inquieta y porque los tres, los dos médicos y la co-
madrona, estaban ocupados a más no poder.
Y cuando llegó el bebé, "un muchachito", estaba yo asombra-
do de que no se fuesen todos tranquilamente, sino que por el
contrario se formó un nuevo centro de atención.
Los primeros en irse fueron los doctores y nosotros nos queda-
mos sentados. La señorita Singer y yo, contentos de que ya hu-
biese pasado todo. El niño estaba bien envuelto y dormía.
Cuando la partera, una dama joven por cierto, no una vieja
comadrona, también emprendió la retirada, nos quedamos co-
mo una verdadera familia.


20.
(de 403)
Luego dirigí mis pasos al Pitti, una galería muy grande.(...)
En su pequeño retrato, Botticelli sabe reducir su color a tan
limitados contrastes que se produce una especie de acroma-
tismo que no encuentra sustituto en una tonalidad sensual,
sino que vale por sí mismo, como expresión del amor casto.
El tipo de esta beldad no es, ciertamente, agresivo. La pos-
tura en perfil armoniza también en forma notable con ese
rasgo.
Una vez agotada la galería utilicé el pasillo de comunicación
con los Uffizi.
[Se refiere al maravilloso corredor Vasariano, creado por
Giorgio Vasari en tiempo récord, entre marzo y setiembre de
1565 y abierto al público recién en 1866. Cuando Klee lo re-
corrió no había tenido lugar la gran restauración actual, luego
de la cual el recorrido de casi un kilómetro de longitud alber-
ga casi ochocientas obras de pintura. Justamente sobre el
Ponte Vecchio está la más notable colección de autorretratos
del mundo, entre ellos el de Eugene Delacroix, el preferido de Baudelaire en la gran polémica del siglo XIX en París, entre
Ingres y Delacroix, quien escribió en su propio diario: "el ar-
tista tiene que tender un puente misterioso entre el alma de los personajes y la del espectador". El corredor Vasari aún se ha-
lla en expansión.]

 
Durante unos diez minutos lo lleva a uno por encima de ca-
sas, techos, pasando por el Arno (Ponte Vecchio), en parte
con algunas vistas panorámicas. Alcanzada la meta me senté
en la Tribuna, y frente a un sorprendente retrato femenino de
Rafael me puse a reflexionar intensamente acerca de la natu-
raleza de este Proteo de la pintura. Mejoré a continuación con-
siderablemente mi opinión de Lucas Cranach al observar su
Eva, en especial por su tratamiento creativo de las piernas.

                                          La Sala 18 de los Uffizi, o Sala Tribuna. Actualmente
                                        no alberga ningún Rafael.

                                                     La Eva de Lucas Cranach el Viejo (1472-1555)
                                                     Sala 20 de los Uffizi, o Sala Dürer.




UN AGREGADO
UN POEMA DE PAUL KLEE



Ich schenke Dir mein Ganzes
und gab Dir doch nichts,
bedenkend, dass ich das Leben
erst aus Deiner Hand empfing

Dass Du mich neugeboren hast
in Schönheit.

- Die Geliebte als Mutter
des neuerstandenen,
des sittlichen Mannes -

Versión al castellano de Andrés Sánchez Pascual

Te regalo todo lo mío
y, sin embargo, nada te he dado,
considerando que la vida
la recibí antes de tu mano.

Que tú me has dado a luz de nuevo
en la belleza.

- La amada como madre
del varón renacido
del varón moral -

Algunas observaciones

Me pareció que la palabra sittlichen era clave en el poema.
Y que la traducción 'moral' se quedaba corta.
Según K. Schellhammer, la palabra Sittliche viene de Sitte,
costumbre. Y cuando se habla de Sittliche, se refiere en ge-
neral a las buenas costumbres, a los buenos hábitos, así co-
mo a la buena moral.

Mein Ganzes se traduciría mejor como "todo mi ser".

Otra versión del poema, entonces

Te regalo todo mi ser
y, sin embargo, nada te he dado
ya que la vida la recibí
primeramente de tu mano.

Tú me has dado a luz
de nuevo en la belleza.

- La amada como madre (engendradora)
de un nuevo hombre,
de un hombre mejor -


FUENTES

Los textos y las fotos provienen de:
 Paul Klee. Diarios 1898/1918, Editados y prologados por
Felix Klee. Biblioteca Era, México, 1970. La pintura que
aparece se llama 'Invención' y es de 1917.
 Paul Klee. Poemas. Versión de Andrés Sánchez Pascual,
Ediciones de la Rosa Cúbica, Barcelona, 1995.

Agradecimiento: a K. Schellhammer por sus comentarios
acerca de la versión alemana.

martes, 18 de septiembre de 2012

ESE LIGERO TEMBLOR

Nunca fuimos muy amigos con Willy. Él no se daba. Siempre
se mantuvo apartado del grupo, desde el colegio en adelante.
Pero, igual, de vez en cuando accedía a alguna invitación, y
nosotros lo invitábamos porque era costumbre hacerlo, como
si el tiempo no pasara, o, más bien, intentando lograr que no 
se llevase todo a su paso.
Willy había formado una familia. Iba a decir "como el resto
de nosotros", pero nada sería más inexacto. Willy había forma-
do una familia a su estilo. Se había casado orillando los 40, con
una mujer muy religiosa, a la que costaba sacarle una palabra.
Atendía, eso sí, a los dos hijos: la mayor, que ahora tendría
unos 12 años, y el pibe, de unos 8 ó 9. Digo 'pibe', pero ellos
no hablarían nunca así. Eran extraordinariamente formales,
como él lo había sido desde que lo conocimos, cuando tenía
la edad de su hija ahora. No participaba de nuestros juegos,
no se ensuciaba, no bailaba, no jugaba a la pelota, nada. Sólo
estaba, serio, alejado pero presente, sin dar señal alguna de
sentirse mal por no ser uno más del grupo. Por el contrario,
siempre había en él un dejo de desdén.
Las pocas veces que fuimos a su casa fueron por algún cum-
pleaños. Enseguida se sentía esa misma formalidad en su casa,
por cierto, donde no había ni gritos ni cantos. El padre estaba
siempre de traje. Ninguno de nosotros lo vio con otra ropa.
Era o deseaba ser de ascendencia inglesa; había perdido a su
propio padre siendo chico, ya que durante la segunda guerra mundial éste se había alistado como voluntario del ejército bri-
tánico y había muerto y estaba enterrado en algún lugar de
Bélgica, según creo. Era uno de esos hombres palabra-santa.
La madre tenía una forma mínima y reconcentrada de afecto,
pero se mantenía en casi total reserva, siguiendo los deseos
de su marido. No era imposible, sin embargo, puedo asegurar
eso, imaginarlos teniendo sexo. Sólo que esa fantasía nos ha-
cía mucha gracia, ya que se parecía más a una ceremonia mé-
dico-religiosa que a un acto de pasión.
Willy tenía dos hermanos, bastante mayores que él. Según 
supimos después, producto de un matrimonio anterior de su
tan serio padre. Pero como eran tanto mayores que nosotros,
prácticamente nunca los veíamos.
Estoy recordando todo esto porque la semana pasada vinie-
ron a una reunión en casa. Sábado a la noche. Ya me habían
contado el asunto de la 'mascota' de Willy; todos estábamos
al tanto. Y, por eso mismo, todos, también, estabamos muy
expectantes de su llegada, ya que se comentaba que no se
desprendía de ese animal, salvo en el horario estricto del tra-
bajo. Entre paréntesis, nadie sabe de qué trabaja Willy. Los
rumores en un tiempo en el que no nos veíamos, hablan de
tareas algo oscuras. Se contaban cosas bastante horribles de
él, como que era un encubridor, o un delator; tiempos pasa-
dos aunque no tan lejanos. Pero como eran sólo rumores y
ninguno de nosotros supo nada concreto, no llegamos a cor-
tar del todo nuestra relación con él. Debo aclarar, porque lo creo necesario, que Willy nunca dijo o hizo algo que revela-
ra un lado siniestro como ése. En las charlas y discusiones
adquiría un tono indiferente, como si las cuestiones políticas
o sociales o hasta filosóficas, no tuviesen nada que ver con él.
En realidad, casi nada tenía que ver con él. Ni el deporte, ni
las conversaciones íntimas, ni las bromas que se suelen hacer
entre amigos de tanto tiempo. Recuerdo que más de una vez
hablamos entre todos, nosotros y nuestras mujeres, acerca de
las posibles actividades de Willy, pero prevaleció la postura
de no condenarlo sin tener prueba alguna.

Llegaron a la hora exacta de la invitación, por supuesto. Y
varios de nosotros salimos a recibirlos a la vereda. Primero
bajó la mujer, delgada y no muy alta, de rasgos duros, que
abrió la puerta de atrás de su lado, para que bajasen los dos
chicos. Willy, entonces, descendió del auto y abrió la puer-
ta trasera izquierda, por donde apareció la bestia. Era un oso
hormiguero, tal cual nos habían dicho, un Yurumi Gigante,
que afortunadamente tenía una gruesa correa sujetándole el
cuello. Toda nuestra atención abandonó por completo a es-
posa e hijos para fijarse en lo que era y hacía el animal. Su
cara estirada para terminar en un aparato preciso para su
función alimenticia: un hocico impactante, casi amarillo; sus 
patas delanteras, como dos muletas articuladas, que lo conde-
naban a cierta torpeza en los movimientos, absolutamente di-
ferentes de las posteriores, mucho más pequeñas, y como per-
tenecientes a otro animal. Y su cola descomunal, estética y sal-
vaje.
Era imposible no quedarse pasmado ante el tamaño y el des-
plazamiento de esta bestia. Solo cabía disimular la mezcla de
incredulidad y pánico que nos producía, y confiar en que este
tipo de paseos-visita serían frecuentes en la vida de Willy y su
familia.
Era lo que pasaba normalmente, al parecer, porque los tres
ingresaron a la casa acompañados por alguna de nuestras
mujeres, sin hablar una palabra y casi sin saludar.
Willy, mientras tanto,se ocupaba del traslado del oso, deno-
tando un manifiesto orgullo, tanto por el tamaño de la bes-
tia como por su dominio sobre el animal. De hecho lo ma-
nejaba como a un perro grande. Y el Yurumi se comportaba
como un perro, aunque todos sabíamos que no era un perro.
También es cierto que si hubiese traído un dogo, por ejem-
plo, hubiese causado un parecido malestar como, asimismo,
un semejante temor.
¿Incomodidad para el amo de la bestia? Todo lo contrario:
se veía que le gustaban el temor y el malestar que infundía el
oso en nosotros, una manera grosera de 'hacerse respetar'.
Tal vez Willy siempre había 'tenido un oso hormiguero', sólo
que en aquellos tiempos no era un oso hormiguero real y no
lograba otra cosa que algunas cargadas y ligeras provocacio-
nes para que se uniera al grupo, que parecían en el fondo ha-
cerle bien.
Pero ahora Willy era grande y su inseparable mascota pare-
cía representarlo, mucho más que su familia, por ejemplo.
Le hablaba en voz baja al Yurumi, que daba toda la impre-
sión de estar en su mundo. Una forma muy rara de estar en
su mundo, porque su mundo era tan ajeno a todo lo que vi-
vía, que costaba entender que se sometiera a la más mínima
norma de la civilización.
Pero lo hacía. Se sentaba a los pies de Willy, con las patas
delanteras en el aire -creo que nadie dejó de reparar en las
tres largas uñas de cada una de esas 'manos'- olfateando la
lejanía, sin conexión con las personas, más allá de su, diga-
mos así, amo.
Por supuesto que la reunión fue un fiasco, ya que cada vez
que la bestia se inquietaba, o que Willy le daba a beber algo
de una cantimplora que había traído, o que se levantaban
los dos para dar una vuelta por el fondo, un efecto aspirado-
ra inexorable dirigía toda nuestra atención hacia su lado.
Hubo un lógico problema con las distancias, ya que ninguno
quería ni aproximarse ni ser aproximado por el oso hormigue-
ro, por más que Willy recalcó que el animal estaba muy acos-
tumbrado a la sociedad humana y que era inofensivo, al me-
nos mientras no se lo atacase.
No le creímos ninguna de las dos afirmaciones y cuando se
fue con su familia, cosa que por suerte ocurrió bastante tem-
prano -la mujer se acercó a Willy y, con un gesto, un rápido
y casi imperceptible giro del rostro hacia el costado izquierdo,
como una señal preacordada con su marido, le indicó sus de-
seos de partir- nos quedamos un rato largo discutiendo el te-
ma. Las mujeres estaban espantadas, temían por ellas mismas
pero especialmente por los chicos y se conjuraron acerca de
que ésta era la última vez que Willy iba a ser invitado a la
casa de cualquiera de nosotros. Por lo menos, afirmaron casi
a coro, mientras no se desprendiese de la fiera.
Ninguno de los varones alzó la voz, salvo para calmar un po-
co los ánimos, pero sin contradecir a las mujeres en lo más
mínimo. También nosotros estábamos bajo la impresión que
causaba la extrañísima asociación de Willy con el oso.
Martín contó que un tío suyo había trabajado en un circo en
una época, y recordaba que su tío había dicho más de una vez
que el domador de fieras le había asegurado que hasta los ti-
gres y los leones eran bestias más predecibles que los osos.
Nadie tuvo nada que agregar.

Transcurrieron varios meses. De tanto en tanto alguien comen-
taba que había oído hablar de Willy y de su inseparable mas-
cota. Que lo habían visto salir a correr en ropa deportiva, con
el oso tirado de la correa, que se armó un lío bárbaro en un ne-
gocio del centro porque el dueño le ordenó a nuestro casi ami-
go que retirase de inmediato a su enorme mascota del local, y
cosas por el estilo. Incluso se dijo que había habido denuncias
de sus vecinos a la policía, pero que ésta no encontró motivos
para secuetrar al animal, ya que no había cometido ningún de-
lito.
Intervino la casualidad, como sucede tantas veces, muchas más
de las que pensamos.

Un día apareció Gonza, que se había ido a vivir al campo hacía
como veinte años. Se vino a casa y mientras tomábamos un
vino esperando que se hiciera el asado, nos comentó que se
había encontrado con Willy el día anterior, en la plaza, y que
por supuesto estaba con el famoso Yurumi gigante, cosa que
a Gonza por supuesto no le causó otra impresión que la de un
encuentro gracioso y un poco ridículo. Y nos dijo que Willy
estaba de lo más amistoso, y que eso sí que lo sorprendió a
Gonza, porque se acordaba de lo ortiva que era antes. Parece
que Willy se quejó de que "los amigos no me invitan más a
sus casas y la verdad es que no entiendo qué les pasa". Gonza
dijo que seguramente era un malentendido y en compensación,
lo invitó a una fiesta campestre típica que se realizaría en po-
cos días y a la cual, le comentó, nos iba a invitar a todos noso-
tros. Que para eso había venido, justamente.

¿Qué se podía decir? Que íbamos. Las mujeres y los chicos
no serían de la partida, cosa que a Gonza no le cayó mal, por-
que él vivía solo y tenía toda la intención de que aprovechára-
mos la fiesta para organizar una buena partida de caza.

Abreviemos.
Dos semanas más tarde, en dos vehículos, nos fuimos todos
los del grupo, en tren de solteros por un fin de semana, al cam-
po de Gonza, cerca de Venado Tuerto.

Era un día hermoso, hacía calor y los ánimos estaban por el
cielo. Llegamos a media mañana y desembarcamos en el pa-
tio de la estancia entre bromas y abrazos. Los peones ya ha-
bían puesto un par de costillares a asarse lento y Gonza nos
había mostrado las instalaciones cuando sentimos llegar la
camioneta de Willy. Nos saludó desde el interior del vehícu-
lo con una efusividad que no le conocíamos. Por supuesto,
antes de que me lo pregunten aclaro que la bestia estaba a su
lado. Willy bajó primero y vino a nuestro encuentro muy con-
tento. Tanto que casi termina entrando a la casa con nosotros
olvidándose del oso en el auto.
Y ahí empezó a producirse el cambio. Enseguida notó que el
Yurumi estaba distinto, agitado, raro. Le abrió la puerta de la
camioneta y el oso no quería bajarse por nada. Tironeó de la
cuerda y la mirada del bicho no fue la de antes. Creo que por
primera vez Willy sintió en carne propia lo que habíamos sen-
tido nosotros en contacto con la fiera. Una cuestión de distan-
cias. La inquietud del oso se le contagió a Willy como si una
corriente eléctrica hubiese atravesado la cuerda en su dirección.
Desde donde estábamos -nadie se movía- veíamos cómo la
trompa del animal giraba como un periscopio en el aire. Le lle-
gaban, supongo, olores que eran señales poderosas, indicacio-
nes de la naturaleza que le recordaban su propia especie con
una fuerza extraordinaria. Porque bajó casi de un salto de la
camioneta y desde ese instante, Willy pasó a ser la mascota
llevada de la cuerda. Ahora el oso ya no parecía distraído y
ausente. Por el contrario, su grado de alerta equivalía al del
famoso episodio de los misiles cubanos, por ejemplo. Todos
sus músculos, que ahora demostraban ser increíblemente nu-
merosos y fuertes, se pusieron en movimiento. Willy estaba
en un estado desesperado. Intentaba reganar el control de la
situación, pero a todas luces se trataba de una tarea que lo su-
peraba ampliamente. La cuerda, que hasta ese día había signi-
ficado la sujeción de la bestia al hombre, era ahora un peligro-
so elemento que lo sujetaba a los renacientes instintos del ani-
mal. Es sabido que el oso hormiguero carece de dientes. No
hay peligro por ese lado. Pero también es sabido que el oso
hormiguero tiene tres largas uñas en cada mano, y que la ma-
no de un oso hormiguero activo se transforma en una garra.
Lo cierto es que la agitación del animal era intensa, pero Wi-
lly mantenía aún un mínimo de dignidad frente a la situación.
Si bien no parecía que la bestia fuese a atacarlo, se notaba
que estaba pasando por una furiosa crisis de pertenencia. Se-
guía por una parte en el reino de la civilización, atado a su
amo, pero, en el mejor de los casos, como un mayordomo in-
glés que atraviesa una crisis psicótica y comienza a mirar a su
patrón como un mero tratante de esclavos. Por la otra parte,
el llamado de la naturaleza animal, con sus reglas fijas y de-
cisivas, y sus pasiones primarias.
Todo esto lo percibió Willy, sin duda, y también todos noso-
tros -hasta Gonza estaba paralizado- cuando ocurrió lo que
era esperable que ocurriera aunque ninguno de nosotros lo
previera, ni estuviese mínimamente preparado.
La perrada del lugar, cinco pichichos de regular tamaño, se
le vinieron a la carga de la nada al oso hormiguero, ladrando
como salvajes.
Las dudas del Yurumi gigante se resolvieron en un segundo.
Después supimos que es lo que se conoce como "distancia
crítica": la angosta zona que separa la distancia de huida de
un animal salvaje, de su distancia de ataque. Hay etólogos
que aseguran que la distancia crítica es tan exacta que puede
medirse en centímetros, según la especie.
Era evidente que los perros habían atravesado el círculo má-
gico de la distancia crítica del Yurumi gigante.
Willy quiso soltar la cuerda, pero se le había enredado en la
muñeca. El oso dio un salto prodigioso hacia adelante, un sal-
to que parecía incapaz de realizar, y cuando aterrizó, arrastró
a su ahora aterrado amo, mientras Gonza y los peones le gri-
taban en vano a los perros para que no se acercasen. Un mi-
lagro tuvo lugar, ya que la fuerza del salto y el peso de Wi-
lly enredado en la cuerda hicieron ceder al collar del oso,
y éste, liberado, no tardó en mostrar sus habilidades en com-
bate. Por enceguecidos que estuviesen los pichichos, todavía
primaron en ellos los instintos de supervivencia por encima 
de los mezquinos instintos territoriales. Se dieron a la fuga 
ladrando como condenados.

El chillido que soltó el oso nos heló la sangre.
Echó a correr en dirección al campo abierto, a la arboleda de
eucaliptos que había en la distancia, así como un pájaro se
alza al cielo o un pez se arroja en el agua. Siendose sí mismo.

Willy lloraba como no lo habíamos visto llorar nunca. Tal vez
nunca habíamos visto llorar a Willy. Lloraba como desde el
fondo de una desdicha sin fondo. A ninguno de nosotros, sin
embargo, nos nació acercarnos. Todo el rencor contra la vida,
toda la amargura de una existencia forzada juntaron sus cau-
ces numerosos en ese llanto. Ninguno de nosotros había llo-
rado así. Suelto el oso, Willy volvía a ser la criatura indefen-
sa y odiante que se nota que siempre había sido.

¿Yo? Yo miraba en la dirección en la que había salido corrien-
do el Yurumi gigante. No podía dejar de pensar en qué sería
de él. Hasta hoy me dura esa sensación, ese vértigo, ese ligero
temblor.