Lejos de los árboles
nuestro cacique pacta
con dos emisarios-
casi sin gestos
distraído, miro las nubes
como si fuesen nuestras señales de humo
pero muy embellecidas
y transformándose
despacio
en el espacio
poseídas por un tiempo
mucho mucho más amplio que el nuestro
cuando vuelvo a mirar
ya el conciliábulo ha concluido:
el cacique cabalga hacia nosotros
como un águila desplegada
enérgico
hace unas pocas señas
y nuestros caballos se agitan
al reconocerlas
(no sonaban tambores
estábamos ya muy lejos de los campamentos)
el aire se afinó en un segundo
hasta el punto de cortarnos
al respirar
corre briosa como caballos frescos
nuestra sangre
y entonces vuelvo a mirar al cielo-
espesos mantos de nubes negras
han sustituido a aquellas blancas
y vienen a nuestro encuentro
absorbiendo a su paso todo el sol que queda
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