viernes, 2 de abril de 2021

DIEZ POEMAS DE JOSEPH STROUD

  


 No hace mucho revelé en una breve nota el magnífico descu-

brimiento de Joseph Stroud. El mismo me condujo a conseguir 

un ejemplar del libro del cual provienen estas versiones al cas-

tellano. Se notarán las semejanzas y diferencias con los poemas

publicados en "Procedencia", con la traducción de Shira Ru

benstein. Esos poemas constituyen en realidad un libro com-

pleto de Stroud, titulado "Suite for the Common", y presentan 

una estructura de seis versos muy especial, que no se repite en 

el  resto de la obra del poeta nacido en Glendale, California, 

en 1943. Sin embargo los temas, el clima, la mezcla de senci-

llez y erudición, aparecen sembrados a lo ancho de su obra. 

Creo que Stroud es un amigo poético de Rolf Jacobsen y de

Tomas Tranströmer.

Esta es una breve selección del libro que reúne la mayoría de 

sus poemas. Como lo hiciera con los versos de W.G. Sebald, 

volveré de cuando en cuando a agregar notas con mis traduc-

ciones de Stroud. ¡La belleza y la plenitud del sentido contra-

atacan!


Básicamente hay dos maneras de traducir. Esta anotación

puede cortar camino en cuanto a cuál de las dos es la mía:

 "La traducción literal más torpe es mil veces más útil que la 

paráfrasis más bonita." V. Nabokov.




 COSIENDO LA CAMISA DE LA DESDICHA


                                                     In memorian:

                                                                      Kelly Stroud


   

Inconsolable

            *

Como si una palabra pudiese nombrarlo

             *

Como si el dolor fuese un hacha

              *

 Como si un profeta pudiese leer el futuro abriendo 

                                                             el cuerpo

               *

 Como si un dios entrase y la desparramase en el tiempo

                *

 Inconsolable

                 *

 Como si la pena y la angustia y la desolación fuesen hilos

                  *

 Como si este poema fuese una aguja




 PRIMER CANTO


 Aquella mañana de hace mucho tiempo en la granja de Ruth

 cuando me escondí en la glicina

 y observé a los colibríes. Pensé

 que el rubí o el oro que brillaban en sus gargantas

 era la sangre melosa de las flores.

 Hundían sus punzantes picos

 en una corona de pétalos hasta que sus cabezas

 desaparecían. Las flores se difuminaban en alas,

 y la respiración que yo escuchaba

 eran los finos, conmovedores tallos de la glicina.

 Esa noche, con la cara apretada contra la ventana,

 miré hacia la oscuridad

 donde la luna se ahogaba en los sauces 

 junto al estanque. Mi corazón, piedra sangre,

 se dio vuelta. Esa larga noche, la granja,

 aquellos pájaros enjoyados, todos esos años idos.

 Los caballos parados quietos y enormes

 en la negrura de la travesía de la luna.




 POSTALES A COLD MOUNTAIN



 MERCADO, KUALA LUMPUR


       El chico con el cuchillo de carnicero

       con un golpe nítido

       corta al cangrejo vivo en dos

       mitades muertas

                 derramando aceitosos

       huevos brillantes, pequeños soles

       Es una pinza grande cerrando

       y abriendo


  HOTEL COCKPIT*, SINGAPUR


    Una voz "...cogeme....sí..." del cuarto de al lado

    Una joven pareja australiana que conocí en el desayuno-

    el modo en que ella comía el melón, afeitándolo

    con una cuchara hasta que la tierna, verde piel

    aparecía brillando



 TERRITORIO DEL NORTE, AUSTRALIA


   En un Land Rover

   cincuenta millas al sudoeste de la Tierra de Arnhem

   inmensos pantanos, estanques, diez mil aves acuáticas

   el gran pool genético

   génesis maravilla

   de maravillas


 * Cockpit: carlinga del piloto.




  INDICACIONES

                       Qué desgastados, rancios, chatos e infructuosos

                                Me parecen todos los usos de este mundo.

                                                      HAMLET


 Tomá un avión a Londres.

 Desde King's Cross tomá el tren directo a York.

 Alquilá un auto y manejá a través del valle del Nidd,

 un camino angosto con altos muros de piedra a cada lado,

 y pronto estarás en los pantanos. Hay un pub,

 Los Vaqueros, que es templado, un cuarto pequeño,

 podés pararte ante el mostrador y beber una pinta de Viejo

                                                                   Peculier.

 Por un momento todo estará bien. Estás de vuelta

 en un comienzo. Pronto querrás caminar por la región de 

                                                         Yorkshire,

 entre hondonadas, granjas, región de zarzamoras y nubes.

 Caminarás horas. Traerás la frescura

 de vuelta a tu vida. Esto es cierto. Podés hacerlo.

 Aún ahora, sentado ante tu escritorio, preocupándote, afligido

 podés mirar a través de Middlesmoor a Ramsgill,

 los bosquecillos, las abadías de luces sesgadas, las colinas,

 podés mirar a esa figura que camina hacia Scar House,

 las mejillas ruborizadas, chorlitos surgiendo delante suyo,

 caminando, haciendo su camino, trabajando su vida, paso

                      a paso, hacia la gracia.




 PRIMER BESO


 fue con Sonia en el ropero

 una mañana de verano sus padres

 fueron a trabajar y los chicos vecinos

 estaban jugando a la botellita y

 Sonia la hizo girar y se detuvo ante mí

 así que nos empujaron adentro del ropero

 y ahí estábamos en la oscuridad

 ahogados entre las ropas colgantes

 nerviosos excitados no sabíamos

 cómo besarnos sólo rozamos 

 nuestros labios y nos agarramos uno al otro

 antes de abrir la puerta a nuestros 

 amigos reunidos alrededor

 mientras Sonia y yo mirábamos

 desde nuestra nueva altura como si

 hubiésemos visto algún secreto

 allá en la oscuridad entre

 los vestidos de la madre y los pantalones

 rígidos del padre algo

 impronunciable en las ropas sin cuerpo

 las mangas vacías y las piernas de pantalón

 colgando y frotando contra nosotros

 empujándonos más juntos

 en el olor perfumado de 

 su madre el olor a cigarrillo

 y a Cuero Inglés de su padre

 mientras Sonia y yo nos asíamos y balancéabamos

 nuestros ojos bien cerrados como nuestras bocas

 en ese primer beso ciego a tientas

 entre los fantasmales miembros 

 que se agarraban y estremecían a nuestro alrededor




 RECUERDO

                                        Para Tim


 Es el atardecer

 sobre el camino en herradura que corre

 a través de las Colinas Griffith.

 Dos chicos caminan, del

 brazo, bajo las ramas de roble, 

 madroño, y pino.

 Son hermanos yendo a casa

 antes de que baje el sol.

 Caminá con ellos. Mirá

 cómo el más pequeño, el menor

 estira el tranco para mantenerse

 junto al otro. Hablan

 bajito,

 habiendo pasado el día buscando serpientes

 en las colinas detrás de los fardos de heno

 hendidos por flechas disparadas por los adultos

 por deporte o esperanza. ¿Porqué

 se detienen frente a un árbol

 donde pululan las abejas?

 En las nudosas raíces ven 

 un lagarto esmeralda con púas 

 a lo largo de la espalda. No los despierten.

 No es ningún sueño mientras sueñan

 un reino que permita una bestia tal.

 Coronados y dorados, siguen 

 su camino a casa, un sonido de campanas,

 en la inmensa, callada noche.







  ABUELO


  Ahora te veo

 en un pequeño pueblo de California

 dormido bajo higueras, el fruto negro

 hinchado y maduro. Tu sombra parece

 hundirse en el pasto de la mañana mientras los pimenteros

 derraman sus hojas como lluvia

 o semillas.


 Recuerdo que una mañana de verano

 nos sentamos en tu porche, las combadas tablas

 salpicadas de agujeros y clavos. Los campos

 recién cortados. El estanque bordeado de sauces.

 Intentaste decirme porqué mi perra marrón

 se había comido sus crías.

 Era una mañana de abejas.

 Vi cómo la luz cantaba sobre sus alas,

 un oro suave convirtiéndose tembloroso en música.

 Vos debés haber oído, también,

 porque cuando me volví, habías caído en un sueño,

 tu garganta zumbando de venas.


 Entonces oí esa otra música. Las cigarras.

 Las ranas verdes. Mis huesos

 palidecieron como la savia de los árboles

 mientras me soñaba yendo al corazón del estanque.

 Me olvidé de todo lo que había aprendido.

 Excepto por tu voz. Ahí abajo..

 Cantando acerca del hogar, la muerte, un árbol florecido.




 NUDOS


 Tratando de atarme los cordones, torpe, sin poder entender

 su lógica, hurgando, mientras mi padre está ahí parado,

 su rabia creciendo sobre un hijo que ni siquiera puede hacer

 la cosa más simple por primera vez, ni siquiera puede dirigir 

 el nudo para que los zapatos no se le salgan- ¿Vos pensás

 que alguien te va a atar los zapatos por el resto de tu vida?-

 No, contesto, cuarenta y cinco años más tarde, atándome

                                      el zapato,

 las manos temblando con este recuerdo. Mi padre

 y todos esos años de infancia sin lograr entender

 cómo me amaba, un nudo tan apretado que me ha llevado

 toda la vida desatarlo.




 CALIGRAFÍA


 En Cálgari

 he visto a un hombre romperle la espalda a un perro.

 Hojas sobre una colina blanca.

 El momento como ideograma

 que no logro traducir.

 El árbol absoluto, real

 avergüenza mi vida.

 Y Pound cantando qué espléndidas las palabras,

 como mármol,

 persisten a través del tiempo.

 Virtù en el torbellino de la muerte.

 Caligrafía de lo que las estaciones le dejan

 a la mente.

 La ciudad en el corazón

 en ruinas.

 El perro roto en la calle.

 Colina blanca.

 Hojas.




 A HAN-SHAN


 1

 

 A menudo en esta vida

 pienso en vos-

 matrimonio roto, harto del mundo,

 haciendo el traicionero viaje

 a Cold Mountain.

 Te acercaste más que cualquiera de nosotros

 a la piedra, el arroyo, la nube.

 A la perla de la mente.

 Treinta años solo con el silencio,

 riscos,

 tu risa y tus lágrimas.

 El Gobernador que esperaba sabiduría

 envió a sus edecanes adelante

 portando regalos y medicinas.

 Oh Han-shan,

 gritando "¡Ladrones! ¡Ladrones!"

 antes de desaparecer

              dentro de la montaña.


 2


 He llegado a la edad

 en la que vos abandonaste todo-

 esposa, hogar, y amigos-

 para iniciar la soledad de Cold Mountain.

 He venido todos estos años a esta

 ignorancia, este fracaso

 para completar aún la más simple de las cosas.

 Cada día yo comienzo.

 Por la noche estoy pasmado de nuevo

 ante la página vacía,

 mientras otros, casualmente,

 construyen su casa.

 Llego finalmente al huerto,

 ebrio y desnudo en la lluvia

 conducido a casa por una chica.

 Cold Mountain

 Cold Mountain

 está dentro mío.




Han-shan es un poeta chino de fines del siglo VIII y comien-

zos del IX. La traducción literal de su nombre es "Cold Moun-

tain": Montaña Fría. Es el paradigma del poeta-recluso en la

montaña, que abandonó su vida familiar y social. Sus poemas

están fundados en la visión del mundo del Budismo Mahayana:

la convicción de que las experiencias de la vida cotidiana, sean

estas dolorosas o pacíficas, arduas o serenas, son la sustancia

de la cual está hecha la iluminación. "No hay, en otras pala-

bras, ningún Camino por fuera del camino de la vida cotidiana."

(Burton Watson, en "The Columbia Book of Chinese Poetry

From Early Times to the Thirteenth Century".)





 FUENTE





 Joseph Stroud. Of This World. New and Selected Poems

1966-2006. Copper Canyon Press, 2009.


Versiones al castellano: Robert R. Rivas


 

 

 


 

 


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