lunes, 17 de abril de 2017
UN POETA POLACO CASI SECRETO: TIMOTEO KARPOWICZ
Antes de la Revolución Húngara del 56, pocos habían oído
hablar de Timoteo Karpowicz, uno de los jóvenes escritores
que se había establecido en Silesia. Su poesía maduró lenta
y secretamente. Mientras tanto vivió como periodista y editor
de una revista semanal en Wroclaw (también llamada Bres-
lavia), preservando su libertad interior de los llamados de
la época. Producto de su concisión, su poesía puede parecer
excesivamente sencilla o difícil. "Una lección de silencio",
para tomar un ejemplo, es una imagen traspuesta de toda una
era. Milosz sugiere que Karpowicz es un poeta enamorado,
enamorado de la Tierra. Que mantiene una relación íntima
con los árboles, las flores, y los animales. En determinado
momento de su vida fue profesor de literatura polaca en la
Universidad de Illinois. Nació en Polonia en 1921 y murió
en Chicago, en 2005.
AMOR
Yo creía:
un árbol cuando besado
no perdería las hojas-
las hojas caen
de árboles
besados.
Un río abrazado
por una mano enamorada
no fluiría-
se va fluyendo
hacia la niebla.
Hay en mi paisaje
errores de colores y perfumes
aún así siempre amo
lo que incesantemente
cambia.
como una pelota dorada
ella corre delante mío:
acercándose una y otra vez,
mi amada,
Tierra.
ROTA
pacientemente
la tierra rota
y las sobras de bronce del movimiento
se incrustan por capas en el picaporte de la puerta
más y más resistente es mi puerta
detrás de la cual relucen los animales
los pájaros florecen
los árboles se enjambran
habiendo elegido erróneamente
mi reino sobre una nube rota
hoy habré de flotar
sobre una vuelta más de la tierra
más tarde -acordate:
dale de beber a mi venado dorado
y dale de comer a los pájaros
que dejé
más allá de la pesada puerta
EL SUEÑO DEL LÁPIZ
Cuando el lápiz se desviste para dormir
firmemente decide
dormir de manera envarada
y negramente
a esto lo ayuda
la innata inflexibilidad
de todos los meollos del mundo
el meollo espinal del lápiz
se rompe pero no se dobla
él nunca soñará con
ondas de pelo
sólo un soldado parado en posición de firme
o féretros
lo que halla su lugar en él
es lo derecho
lo que está más allá de lo torcido
buenas noches
UNA LECCIÓN DE SILENCIO
Cuando quiera una mariposa
plegó demasiado violentamente
sus alas-
hubo un llamado: ¡Silencio, por favor!
En cuanto una pluma
de un sorprendido pájaro
empujó contra un rayo de luz-
hubo un llamado: ¡silencio, por favor!
De esa manera fueron educados
para caminar sin un sonido
el elefante sobre su tambor,
el hombre sobre la tierra.
Los árboles estaban creciendo
mudos sobre los campos
como crece el pelo
de los horrorizados.
FUENTE
Czeslaw Milosz. Postwar Polish Poetry. Univ. of Califor-
nia Press, 1983.
Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)
sábado, 8 de abril de 2017
PEQUEÑOS INVENTARIOS (PC) 1: NATURALEZA
A veces pienso en la naturaleza de esta página (odio el
nombre 'blog', me suena a un sapo ahogándose). ¿Qué es
lo que quiero, qué es lo que intento? Realmente.
¿Registrar en un lugar abierto aquello que imagino, valoro,
junté, extraje, rescaté y guardé a lo largo de una vida?
Ésa es la expresión que justamente utiliza Ezra Pound en el
Canto XCVIII: "There is no substitute for a lifetime." El pro-
blema al que se han enfrentado los traductores, es que lifeti-
me aparece habitualmente como 'vida'. Pero la expresión 'vi-
da' produce, me parece, un malentendido. Lifetime es aquí
más bien 'el transcurso de una vida', lo experimentado, lo
vivido a través de una vida. De lo contrario, se lo podría con-
fundir con el muy mentado asunto del valor de la vida huma-
na, por ejemplo.
A lo largo de una vida.
Por lo tanto, podría decir que cada frase que voy a reproducir
a continuación tiene una pequeña historia, la lectura del texto
al que pertenecen, el momento de la vida de esa lectura, las
asociaciones mnémicas y emocionales que me producen. En
cierto sentido es como escuchar música, con sus resonancias,
con sus inevitables conexiones.
Empiezo por una cualquiera, en este caso la naturaleza, para
soltar las cuerdas y hacer que en poco tiempo naveguen en
estas aguas unos cuantos barquitos, en lugar de un acorazado
o una nave de gran porte.
Intentaré generar alguna ligazón mínima entre los diversos
textos.
NATURALEZA
El atardecer oscurece el pasto, la brisa
como humo púrpura, despeina su superficie.
Desmond O'GRADY. Poesía irlandesa contemporánea.
Las montañas calladas, sin nadie.
La luna gira entre las constelaciones.
TU FU. En O. Paz, 'Versiones y diversiones".
Hay jardines que ya no tienen país
Y están solos con el agua
Georges SCHEHADÉ. Poesías.
Paisajes como cubrirse con un manto la cabeza.
Henri MICHAUX
El viento sopla en el pinar. Un susurro pesado y ligero.
El Báltico susurra también en medio de la isla, en lo más
profundo del bosque uno se encuentra en alta mar.
Tomas TRANSTRÖMER. Bálticos.
Los cebúes de mi infancia: los animales con los ojos más her-
mosos, adorables y tristes de toda la creación.
Rudy KOUSBROEK. El secreto del pasado.
y el sol en octubre,
como en verano,
en el hombro de la colina.
Dylan THOMAS. Poema de octubre.
Es primavera:
la colina sin nombre
entre la niebla
BASHÔ
Más allá vio las Rocosas canadienses todavía iluminadas
por el sol y coronadas de nieve, a un centenar de kilóme-
tros de distancia, como si la tierra se encontrara todavía en
plena creación y las montañas estuvieran extrayendo su sus-
tancia de las nubes.
Denis JOHNSON. Sueños de trenes.
En la teología de los videntes védicos las "aguas", ápas, tie-
nen un privilegio respecto del resto: son el único elemento
"omnipresente". Por eso todo rito debe comenzar por el con-
tacto con el agua.
Roberto CALASSO. El Cazador Celeste.
Los viñedos de colores pizarra y violeta, como dibujados
por una aguja helada
W.G. SEBALD. Vértigo.
PREGUNTA Y RESPUESTA EN LAS MONTAÑAS
Me preguntan porqué vivo en las montañas verdes.
Sonrío y no respondo; mi corazón está en paz.
Los pétalos de durazno fluyen en la corriente, sin dejar
[rastro-
Y hay otras tierras y cielos que éstos.
LI BAI (también llamado LI PO). En V. Seth, Three Chi-
nese Poets.
Negras nubes de tormenta se amontonan a contraviento,
apilándose en lo alto más allá del volcán.
Malcolm LOWRY. En Hablar de poesía.
El sol de Alaska es incomprensible, todos los días gasta una
nueva broma, arrastrando sus arcos y sus parjelios y otras
raras y errantes parafernalias ópticas, demasiado perezoso y
distraído como para subir muy alto, rodando sobre las cimas
de las montañas, infundiendo un extraño y verdoso tono do-
rado a la niebla helada.
Kathryn HARRISON. La mujer de nieve. (Y sigue así:
"Halos y falsos soles, cortinas boreales de color morado y
rosa, coronas de un verde lívido arrastrando jirones blancos,
torbellinos helados barridos por el aire cuyos tonos cambian
del rojo al azul, arcoiris secundarios e incluso terciarios, ex-
plosiones prismáticas y arcos de luz reverberantes, la ensena-
da en llamas, el cielo oscuro, titilante.")
Todo el mundo sabe que los vientos de mueven en direc-
ción este en torno al planeta, por la rotación de la tierra.
(...)
Calor. Frío. La tierra también es un sistema cerrado. El
calor del ecuador sube. El aire frío de los polos desciende.
Y se forman enormes contracorrientes. Corrientes que flu-
yen contra los vientos que soplan de este a oeste.
Kathryn HARRISON. La mujer de nieve.
por una aguja helada
W.G. SEBALD. Vértigo.
El mar me resulta peor que antes; su extensión, áspera,
gris azulosa y lluviosa, sin aves marinas, no me dice nada
en este momento y, claro, ahora entiendo el temor que Joy-
ce sentía del mar: (¿Quién sabe lo que vive en él? No quie-
ro pensar en esto. Anoche se me ocurrió un pensamiento
aterrador, cuando, dice Primrose, que la desperté diciendo:
"¿Pondrán a mamá otra vez en el mar?" ¿Qué cosa terrible
significa esto? ¿creencia en la existencia de las sirenas')
Malcolm LOWRY. Por el canal de Panamá.
PREGUNTA Y RESPUESTA EN LAS MONTAÑAS
Me preguntan porqué vivo en las montañas verdes.
Sonrío y no respondo; mi corazón está en paz.
Los pétalos de durazno fluyen en la corriente, sin dejar
[rastro-
Y hay otras tierras y cielos que éstos.
LI BAI (también llamado LI PO). En V. Seth, Three Chi-
nese Poets.
Negras nubes de tormenta se amontonan a contraviento,
apilándose en lo alto más allá del volcán.
Malcolm LOWRY. En Hablar de poesía.
Karim pensó en la frase de Arquíloco, hijo de una esclava:
"Muchas cosas sabe el zorro, pero el erizo sabe una muy im-
portante."
Ferdinand von SCHIRACH. Crímenes.
Una piedra solitaria que sueña en la tierra.
Göran SONNEVI. En: "Poesía sueca contemporánea".
(Litoral, segunda entrega).
Y allí donde nada llega, los álamos cortan el aire caliente. Los
álamos son cuchillos verdes.
Herta MÜLLER. La piel del zorro.
Un viento suave abanica la noche tranquila
FU HSÜAN (m. en 278 d.C.). En Lucía Carro Marina, "Cien-
to setenta poemas chinos".
Una rosa que quema
las puntas de sus cuerpos, labios,
extremos de los dedos, pezones.
Robert DUNCAN. En J.M. Coetzee. 51 poetas.
El desierto nunca es tan bello como en la penumbra del
alba o del crepúsculo. El sentido de la distancia se pierde:
una ondulación muy cercana de la arena puede ser una
cadena montañosa alejada, cada pequeño detalle puede
cobrar la importancia de una variante capital del tema re-
petido del paisaje.
Paul BOWLES. El cielo protector.
Y el viento salvaje del este, el tirano entre los vientos de
Siberia.
Joseph ROTH. La cripta de los capuchinos.
últimos secretos del viento
Henri PASTOUREAU. En A. Pellegrini, "Antología de la
poesía surrealista".
mientras la luz del sol cae
como gruesas sedas italianas sobre las casas
cuadradas hacia el Bósforo
Denis DEYLIN. Poesía irlandesa.
Una rosa que quema
las puntas de sus cuerpos, labios,
extremos de los dedos, pezones.
Robert DUNCAN. En J.M. Coetzee. 51 poetas.
El desierto nunca es tan bello como en la penumbra del
alba o del crepúsculo. El sentido de la distancia se pierde:
una ondulación muy cercana de la arena puede ser una
cadena montañosa alejada, cada pequeño detalle puede
cobrar la importancia de una variante capital del tema re-
petido del paisaje.
Paul BOWLES. El cielo protector.
Y el viento salvaje del este, el tirano entre los vientos de
Siberia.
Joseph ROTH. La cripta de los capuchinos.
últimos secretos del viento
Henri PASTOUREAU. En A. Pellegrini, "Antología de la
poesía surrealista".
mientras la luz del sol cae
como gruesas sedas italianas sobre las casas
cuadradas hacia el Bósforo
Denis DEYLIN. Poesía irlandesa.
Empero, fui un árbol en el bosque
Y muchas cosas comprendí
Que antes me parecieron rematadas locuras.
Ezra POUND. Personae.
El viento volaba a nuestro encuentro. El dulce y salvaje
viento de la primavera rusa.
Mijail BULGÁKOV. Morfina.
el viento sopla muy suave, tan suave
Como si un grillo cantara dentro de un tulipán.
Charles SIMIC. Mil novecientos treinta y ocho.
De estas ciudades quedará el que las atravesaba: ¡el viento!
Bertolt BRECHT. Cien poemas.
Pregúntale al viento,
de preferencia al suave.
Él sigue su inmenso viaje,
y a menudo regresa
con una buena respuesta.
Olav H. HAUGE. Tres poetas noruegos. Es el poema completo.
Sesenta y seis veces han contemplado estos ojos
la cambiante escena del otoño.
He dicho lo suficiente sobre la luz de la luna,
No me pidáis más.
Escuchad tan sólo la voz de los pinos y los cedros
Cuando no hay el menor soplo de viento.
RYONEN (Monje Zen). En Nyogen Senzaki y Paul Reps:
"101 cuentos zen".
los párpados del Alba se alzaron un poco más
Valery LARBAUD. Diarios de A.O. Barnabooth.
El viento volaba a nuestro encuentro. El dulce y salvaje
viento de la primavera rusa.
Mijail BULGÁKOV. Morfina.
el viento sopla muy suave, tan suave
Como si un grillo cantara dentro de un tulipán.
Charles SIMIC. Mil novecientos treinta y ocho.
De estas ciudades quedará el que las atravesaba: ¡el viento!
Bertolt BRECHT. Cien poemas.
Pregúntale al viento,
de preferencia al suave.
Él sigue su inmenso viaje,
y a menudo regresa
con una buena respuesta.
Olav H. HAUGE. Tres poetas noruegos. Es el poema completo.
Sesenta y seis veces han contemplado estos ojos
la cambiante escena del otoño.
He dicho lo suficiente sobre la luz de la luna,
No me pidáis más.
Escuchad tan sólo la voz de los pinos y los cedros
Cuando no hay el menor soplo de viento.
RYONEN (Monje Zen). En Nyogen Senzaki y Paul Reps:
"101 cuentos zen".
los párpados del Alba se alzaron un poco más
Valery LARBAUD. Diarios de A.O. Barnabooth.
Yo me siento al amparo de las nubes
(cada una en la calma que le es propia)
Friedrich HÖLDELIN. Himnos tardíos/ Otros poemas.
Oír
el canto del cisne salvaje, es
olvidar todo lo que se sabe
Henri DELUY. En Diario de poesía N° 27.
Oír
el canto del cisne salvaje, es
olvidar todo lo que se sabe
Henri DELUY. En Diario de poesía N° 27.
una columna de nubes livianas avanza afanosamente hacia
el Este, en silencio
Flann O'BRIEN. Crónica de Dalkey.
y escuchar el mar que carga en la pendiente de la playa
su peso calmo, insistente.
Peter SIRR. La memoria esparcida. Poesía irlandesa actual.
Cómo me gustaría enraizarme
en lo más profundo de las estaciones,
llegar a ser como un pino
o un reno,
observar el lento crujir y deslizarse de los glaciares
hacia los fiordos del norte,
resistir esta Némesis,
este tiempo reseco.
Raymond CARVER. Sin heroísmos, por favor.
LENTEJA DE AGUA
A flote en su propio reflejo estas hojas,
Con raíces que llegan sólo a medio camino,
Se quedarán dormidas a fines del verano,
Se arremangarán las faldas y se hundirán a fondo.
Michael LONGLEY. Poesía irlandesa contemporánea.
(Es el poema completo)
la primera madeja del corazón de un chico
Sharon OLDS. La materia de este mundo.
Cómo me gustaría enraizarme
en lo más profundo de las estaciones,
llegar a ser como un pino
o un reno,
observar el lento crujir y deslizarse de los glaciares
hacia los fiordos del norte,
resistir esta Némesis,
este tiempo reseco.
Raymond CARVER. Sin heroísmos, por favor.
LENTEJA DE AGUA
A flote en su propio reflejo estas hojas,
Con raíces que llegan sólo a medio camino,
Se quedarán dormidas a fines del verano,
Se arremangarán las faldas y se hundirán a fondo.
Michael LONGLEY. Poesía irlandesa contemporánea.
(Es el poema completo)
la primera madeja del corazón de un chico
Sharon OLDS. La materia de este mundo.
Diana miraba el cielo hacia un extremo de la cala, donde
tres gaviotas flotaban en el aire. Mantenían las alas exten-
didas y de vez en cuando las doblaban para descender un
metro o dos, como si simularan caer, como si se hicieran el
muerto, luego ascendían otra vez y repetían la maniobra.
La actividad parecía no tener ningún motivo claro. Quizá
aquél fuera un lugar al que regresaban porque sabían que
el trazado de la cala atrapaba el viento.
Hisham MATAR. El regreso.
Arden toda la noche
los astros deslumbrantes
ÍBICO (s. VI a.C.) En 'El mundo antiguo'.
Arden toda la noche
los astros deslumbrantes
ÍBICO (s. VI a.C.) En 'El mundo antiguo'.
Las libélulas, más antiguas que los pájaros, vieron pasar a
los dinosaurios.
Pascal QUIGNARD. Abismos.
Con peras amarillas pende
y llena de silvestres rosas
la tierra sobre el lago.
Friedrich HÖLDERLIN. Himnos tardíos y otros poemas.
(También: "Veloz desciende el áspero sendero entre la
roca")
El mar es viejo,
Severo y frío, secreto como la antigüedad
Bajo el rumor del tiempo. Y el mar delira
Atravesado de tormentas, agitado de truenos,
Pero tiene una poesía tan profunda
Que sólo la no obturada oreja atada al mástil
La escuchará, o tal vez los perdidos,
Pacientes cuerpos de los náufragos.
John Peale BISHOP. Revista Sur, Nos. 113/4.
Y el sol de octubre
veraneaba
al hombro de la colina.
Dylan THOMAS. Cuaderno de traducciones.
El mar es viejo,
Severo y frío, secreto como la antigüedad
Bajo el rumor del tiempo. Y el mar delira
Atravesado de tormentas, agitado de truenos,
Pero tiene una poesía tan profunda
Que sólo la no obturada oreja atada al mástil
La escuchará, o tal vez los perdidos,
Pacientes cuerpos de los náufragos.
John Peale BISHOP. Revista Sur, Nos. 113/4.
Y el sol de octubre
veraneaba
al hombro de la colina.
Dylan THOMAS. Cuaderno de traducciones.
Allí fuera en la hierba húmeda
se arrastra un recuerdo de la Edad Media, el caracol de huerta,
un caracol sutilmente resplandeciente.
Tomas TRANSTRÖMER. Bálticos.
Quien no ama las nubes
que no venga a Ecuador.
Henri MICHAUX. Ecuador.
"Nubia Nublada": esto es una contradicción en términos
actuales. Es verdad que el cielo claro de Nubia no está siem-
pre despejado. Nubes en forma de elegantes plumas de aves-
truz aparecen ocasionalmente allí a grandes alturas, atesti-
guando la fuerza y la velocidad de los vientos de gran alti-
tud.
Arnold TOYNBEE. Entre el Nilo y el Níger.
Quien no ama las nubes
que no venga a Ecuador.
Henri MICHAUX. Ecuador.
"Nubia Nublada": esto es una contradicción en términos
actuales. Es verdad que el cielo claro de Nubia no está siem-
pre despejado. Nubes en forma de elegantes plumas de aves-
truz aparecen ocasionalmente allí a grandes alturas, atesti-
guando la fuerza y la velocidad de los vientos de gran alti-
tud.
Arnold TOYNBEE. Entre el Nilo y el Níger.
el arroyuelo, cuya agua como de azogue, a finales del verano,
descendía por los últimos peldaños del granito del fondo del
valle, con su proverbial murmullo, que yo conocía de algún
pasado familiar, para entregar silenciosa su alma en la playa
y ser absorbida por la arena.
W.G. SEBALD. Campo Santo.
(...) una parte de las preñeces de los conejos no llega a término
cuando, por ejemplo, hay exceso de población o cuando, en los
veranos secos, existe el peligro de morir de hambre por falta de
alimento. En un punto más o menos avanzado de su desarrollo
los embriones se disuelven; su sustancia es devuelta al metabo-
lismo de la madre, Así la pérdida queda compensada en la eco-
nomía interna: esa pérdida es menor si se produce un aborto.
Cuando esto último ocurre, la madre devora al feto, como he
observado en una de mis gatas siamesas.
Ernst JÜNGER. Pasados los setenta I (1965-1970). (Y agrega:
"Y aún más asombroso resulta, en este caso, el hecho de que
el devenir y el perecer de las criaturas transcurran sin dolor; la
individuación no pasa de ser un soñar con la madre o un sueño
tenido por ésta.")
El sol de Alaska es incomprensible, todos los días gasta una
nueva broma, arrastrando sus arcos y sus parjelios y otras
raras y errantes parafernalias ópticas, demasiado perezoso y
distraído como para subir muy alto, rodando sobre las cimas
de las montañas, infundiendo un extraño y verdoso tono do-
rado a la niebla helada.
Kathryn HARRISON. La mujer de nieve. (Y sigue así:
"Halos y falsos soles, cortinas boreales de color morado y
rosa, coronas de un verde lívido arrastrando jirones blancos,
torbellinos helados barridos por el aire cuyos tonos cambian
del rojo al azul, arcoiris secundarios e incluso terciarios, ex-
plosiones prismáticas y arcos de luz reverberantes, la ensena-
da en llamas, el cielo oscuro, titilante.")
Todo el mundo sabe que los vientos de mueven en direc-
ción este en torno al planeta, por la rotación de la tierra.
(...)
Calor. Frío. La tierra también es un sistema cerrado. El
calor del ecuador sube. El aire frío de los polos desciende.
Y se forman enormes contracorrientes. Corrientes que flu-
yen contra los vientos que soplan de este a oeste.
Kathryn HARRISON. La mujer de nieve.
Enciendo mi luz sobre el Atlántico...
Tierras incógnitas, orillas nocturnas
despiertan ante mí.
Yo soy el alba fría.
Soy la diosa implacable del día
envuelta en nebulosos velos grises
con el tenue relucir del yelmo de la mañana.
Ligeros corren mis vientos sobre el mar.
[...]
El alba surge del océano.
Edith SÖDERGRAN. Antología poética.
LA NIEBLA
La niebla llega
con pisadas de gato.
Se sienta
sobre sus ancas
silenciosas
para observar
el puerto y la ciudad.
Luego se marcha.
Carl SANDBURG. En T. López Mills. "Traslaciones".
La manteca enterrada hace
más de cien años
fue recobrada salada y blanca.
La tierra misma es blanda manteca negra.
Seamus HEANEY. Poemas.
Rauda como la sombra del pez
Que rueda en el agua verde pálida.
Ezra POUND. Antología poética.
Los patos están parados bajo la lluvia, mudos e inmó-
viles, pensando intensamente en nada.
Werner HERZOG. Conquista de lo inútil.
cual cigarras posadas sobre los árboles, sus claras voces
hacen cantar a los bosques
HOMERO. La Odisea.
Bandadas de papagayos vuelan en dirección al sol ponien-
te, como si tuvieran negocios urgentes que nosotros no co-
nocemos.
Werner HERZOG. Id.
Avanzo bajo un sol que no teme las intemperies, que emplea
sin tacañería sus potes de fresco color local para cielos a
pleno viento que de un solo tirón se van hasta el cenit...
Jules SUPERVIELLE. En Lysandro Z.D. Galtier, "La tra-
ducción literaria".
la nieve descendiendo minuciosamente en todas partes
Edward Estlin CUMMINGS. Sur, Nos. 113-114.
un colibrí... advertí su temblor,
semejante al de cien mil voltios
que silban en los cables eléctricos, de poste en poste
Valerio MAGRELLI. Epígrafes.
Aún el año pasado en la isla de Sevan, en Armenia, pasean-
do por la hierba alta hasta la cintura, admiré la descarnada
ignición de las amapolas. Brillantes hasta el dolor quirúrgi-
co, como artificios de cotillón, grandes, demasiado grandes
para nuestro planeta, mariposas incombustibles de bocas
abiertas crecían en velludos tallos enfrentados.
Ósip MANDELSTAM. Viaje a Armenia.
el físico Hans Thirring escribió, acerca de la relatividad:
"Le quita a uno la respiración el pensar en lo que podía
pasarle a una ciudad si la energía de un sólo ladrillo fue-
ra liberada... bastaría para arrasar una ciudad de un millón
de habitantes."
Anne MICHAELS. Piezas en fuga.
Los textos de Bernhard exponen con terca insistencia que
la Naturaleza es una casa de locos mayor aún que la socie-
dad.
W.G. SEBALD. Pútrida patria.
la naturaleza y su belleza son cosas muertas e insignifican-
tes a las que sólo el arte puede prestar sentido.
W. SOMERSET MAUGHAM. El caballero del salón.
Al igual que los grandes mitólogos, Freud sitúa como funda-
mento de todas las cosas, aquello de lo que menos puede ha-
blar: el retorno a lo inorgánico. En sus migraciones de milla-
res de kilómetros, pájaros y peces buscarían su patria origina-
ria, que es la inercia de la materia, antes de que surgiera la
vida.
Roberto CALASSO. Las ruinas de Kasch.
Adiós. Y gracias por tu furia
Instructiva. Hoy no es el fin del mundo:
Dobla la no desnuda rama
El fruto sin cortar- y nos espera.
Charles TOMLINSON (A Van Gogh). La insistencia de
las cosas.
LA NIEBLA
La niebla llega
con pisadas de gato.
Se sienta
sobre sus ancas
silenciosas
para observar
el puerto y la ciudad.
Luego se marcha.
Carl SANDBURG. En T. López Mills. "Traslaciones".
La manteca enterrada hace
más de cien años
fue recobrada salada y blanca.
La tierra misma es blanda manteca negra.
Seamus HEANEY. Poemas.
Rauda como la sombra del pez
Que rueda en el agua verde pálida.
Ezra POUND. Antología poética.
Los patos están parados bajo la lluvia, mudos e inmó-
viles, pensando intensamente en nada.
Werner HERZOG. Conquista de lo inútil.
cual cigarras posadas sobre los árboles, sus claras voces
hacen cantar a los bosques
HOMERO. La Odisea.
Bandadas de papagayos vuelan en dirección al sol ponien-
te, como si tuvieran negocios urgentes que nosotros no co-
nocemos.
Werner HERZOG. Id.
Avanzo bajo un sol que no teme las intemperies, que emplea
sin tacañería sus potes de fresco color local para cielos a
pleno viento que de un solo tirón se van hasta el cenit...
Jules SUPERVIELLE. En Lysandro Z.D. Galtier, "La tra-
ducción literaria".
la nieve descendiendo minuciosamente en todas partes
Edward Estlin CUMMINGS. Sur, Nos. 113-114.
un colibrí... advertí su temblor,
semejante al de cien mil voltios
que silban en los cables eléctricos, de poste en poste
Valerio MAGRELLI. Epígrafes.
Aún el año pasado en la isla de Sevan, en Armenia, pasean-
do por la hierba alta hasta la cintura, admiré la descarnada
ignición de las amapolas. Brillantes hasta el dolor quirúrgi-
co, como artificios de cotillón, grandes, demasiado grandes
para nuestro planeta, mariposas incombustibles de bocas
abiertas crecían en velludos tallos enfrentados.
Ósip MANDELSTAM. Viaje a Armenia.
el físico Hans Thirring escribió, acerca de la relatividad:
"Le quita a uno la respiración el pensar en lo que podía
pasarle a una ciudad si la energía de un sólo ladrillo fue-
ra liberada... bastaría para arrasar una ciudad de un millón
de habitantes."
Anne MICHAELS. Piezas en fuga.
Los textos de Bernhard exponen con terca insistencia que
la Naturaleza es una casa de locos mayor aún que la socie-
dad.
W.G. SEBALD. Pútrida patria.
la naturaleza y su belleza son cosas muertas e insignifican-
tes a las que sólo el arte puede prestar sentido.
W. SOMERSET MAUGHAM. El caballero del salón.
Al igual que los grandes mitólogos, Freud sitúa como funda-
mento de todas las cosas, aquello de lo que menos puede ha-
blar: el retorno a lo inorgánico. En sus migraciones de milla-
res de kilómetros, pájaros y peces buscarían su patria origina-
ria, que es la inercia de la materia, antes de que surgiera la
vida.
Roberto CALASSO. Las ruinas de Kasch.
Adiós. Y gracias por tu furia
Instructiva. Hoy no es el fin del mundo:
Dobla la no desnuda rama
El fruto sin cortar- y nos espera.
Charles TOMLINSON (A Van Gogh). La insistencia de
las cosas.
en los días de verano grises
la luz viene de otro mundo
y el trueno arrolla
nuestro aire soñoliento
como todo lo demás.
William WALL. La memoria esparcida. Poesía irlandesa actual.
No esperes.
Ama
en agosto. Septiembre
llega pronto con sus arrugas
y la boca seca.
Mira -las golondrinas disparan flechas.
Rolf JACOBSEN. Tres poetas noruegos.
¡Oh rosa, estás enferma!
El gusano invisible
que cuela en la noche,
en la tormenta aullante,
Ha encontrado tu lecho
de alegría carmesí,
y su secreto amor oscuro
destruye tu vida.
William BLAKE. En 'Cuaderno de traducciones'.
¡Oh rosa, estás enferma!
El gusano invisible
que cuela en la noche,
en la tormenta aullante,
Ha encontrado tu lecho
de alegría carmesí,
y su secreto amor oscuro
destruye tu vida.
William BLAKE. En 'Cuaderno de traducciones'.
Me acuerdo de aquel verso de Tennyson: "La naturaleza, ro-
ja en el colmillo y en la garra"; como se hablaba tanto de la
benéfica naturaleza, Tennyson escribió aquello.
Jorge Luis BORGES, Diálogos.
bajo nubes tan vastas como Asia
Derek WALCOTT. El reino del caimito.
porque sé que comprendo la Naturaleza por fuera;
y no la comprendo por dentro
porque la Naturaleza no tiene adentro;
si no, no era Naturaleza.
Fernado PESSOA. Poemas de Alberto Caeiro.
la negra tea que las tormentas agitan
Michel LEIRIR. En Álvarez Ortega, "Poesía francesa con-
temporánea".
semilla que hiende toda la tierra para hallar la primavera
Odyseas Elytis. En Revista Letra, N°47.
Fue allí, no en la agreste y hermosa Bona Vista, donde empe-
cé a sentir que amaba la tierra y a saber que nunca la olvida-
ría. Allí emprendía, a solas, nuevos paseos. Es extraño crecer
en un lugar muy bello, y notar que es bello. Aquello tenía vida
, de eso yo estaba segura. Tras los brillantes colores, la suavi-
dad, las colinas como nubes y las nubes como fantásticas coli-
nas. Había algo austero, triste, perdido, todas estas cosas...
Quise identificarme con ello, perderme en ello. (Pero todo
pareció volver la cabeza, indiferente, y eso me partió el cora-
zón.)
Jean RHYS. Sonríe, por favor.
Otros textos vinculados:
viernes, 7 de abril de 2017
¿OTRO MUNDO?
El vigía, ¡el vigía ha entrecerrado los ojos!
Debe ser comunicado pronto, ¿quién puede hacerlo?
Con su única cabeza, el vigía instalado en su torre de vigi-
lancia, hace veinte años.
¿Quiénes podrían venir? ¿De dónde?
No se le ha informado. O bien se le olvidó. Ambas cosas
pueden ser la misma.
En veinte años pueden cambiar los enemigos, las fronteras,
las guerras, los Imperios.
¿Y él?
El orgullo resignado de sus padres cuando le comunicaron
su misión impostergable.
¡Al Servicio del Emperador!
Resguardando el Reino Milenario.
Torre circular como un faro, en el medio de la estepa desierta.
Cielos en arco, suelos fijados a la gran roca del mundo.
Sólo los climas, sólo las estaciones.
Usar los sentidos sobre nada.
Años que se multiplican, dejando sus cáscaras vacías a su
alrededor.
No existiendo el presente, pasado y futuro se entremezclan
sin descanso.
El sol cegador, las raras pero intensas lluvias, las sombras
de la noche: todo puede favorecer al enemigo.
Tan sólo su atención, sólo dispone de su atención.
¿Será esta inagotable?
No debe permitir que la duda se filtre en su única cabeza,
en su única certeza.
También la duda puede ser una avanzada del enemigo.
Unos pájaros vuelan y planean en círculos al atardecer.
Unas flores aletean como enviando inanes mensajes.
Nubes yéndose, nubes viniendo.
El crujir de la madera de la torre.
Una vez más su mente como tierra habitada por una in-
El sol cegador, las raras pero intensas lluvias, las sombras
de la noche: todo puede favorecer al enemigo.
Tan sólo su atención, sólo dispone de su atención.
¿Será esta inagotable?
No debe permitir que la duda se filtre en su única cabeza,
en su única certeza.
También la duda puede ser una avanzada del enemigo.
Unos pájaros vuelan y planean en círculos al atardecer.
Unas flores aletean como enviando inanes mensajes.
Nubes yéndose, nubes viniendo.
El crujir de la madera de la torre.
Una vez más su mente como tierra habitada por una in-
finidad de lombrices-voces.
Una vez más debe afinar la atención, limpiarla, pulirla,
despejarla.
Allá la bandera del solitario proveedor de agua y alimentos,
que sigue apareciendo una vez al mes.
Atención de la atención, puede ser una engañifa.
Deposita las cosas y sigue su marcha.
Por el momento todo parece estar bien.
¿Habrá otros vigías?
¿Seguirá existiendo el mundo?
despejarla.
Allá la bandera del solitario proveedor de agua y alimentos,
que sigue apareciendo una vez al mes.
Atención de la atención, puede ser una engañifa.
Deposita las cosas y sigue su marcha.
Por el momento todo parece estar bien.
¿Habrá otros vigías?
¿Seguirá existiendo el mundo?
martes, 4 de abril de 2017
EL TIEMPO EN VENECIA
Por los pilotes asciende el espíritu del agua
y desciende el velo de la noche:
el oro se apaga
las alfombras duermen igual
igual que los cortinados
y pequeñas plazas enfriadas por la piedra de la luna
mientras el vértigo corriendo por las aguas
como un pez imperceptible y gigante
la tiniebla adviene sangre oculta
acá las tinieblas y el agua
nos hacen pensar en la piel de las rosas negras
"la rosa es sin porqué", dijo Silesius
sí señor
y Hasbrouck dijo que se comió la rosa
"pétalo tras pétalo y el corazón"
a esta noche que puede tocarse con los dedos
le ofrecemos silencio recién hecho
solos y perdidos
como una ciudad
infinita.
domingo, 26 de marzo de 2017
DOS POEMAS DEL CHINO XIDU HESHANG
Su verdadero nombre es Dang Yong. Nació en 1984, en Fu-
gu, en la Provincia de Shaanxi y vive en Xian. Pertenece al
grupo de poetas conocido como balinghou o "poetas post
1980". Este grupo, bastante único, está constituido por au-
tores pertenecientes a la primera generación nacida después
de la Revolución Cultural, menos influenciada por el trauma
nacional pasado. Heshang dice acerca de su poesía, que in-
tenta mantenerse en el máximo de 'frío y pequeño', que en
los hechos resulta una poesía mezcla de pathos y humor.
Su seudónimo es también algo gracioso, ya que significa
"veneno del oeste cómo morir".
FICCIONALIZÁNDOLA
En su tercer grado de la primaria,
ella finge que la mano de su padrastro que se alarga sobre
ella a la medianoche no existe.
En el tercer grado de la escuela juvenil,
ella finge que el brazo del instructor de gimnasia alrededor
de su cintura no existe
En el tercer grado de la escuela secundaria,
ella finge que el tipo mayor que se aferra a sus caderas en
el colectivo no existe
En el tercer año de la facultad,
ella finge que el pie del novio de su compañera de cuarto
bajo la mesa de jugar a las cartas no existe
En su noche de bodas,
ella finge que el feto de un mes de edad que está en su vientre
no existe.
Tres años dentro del matrimonio,
ella finge que los textos de flirteo de su marido en el móvil
no existen.
Siete años dentro del matrimonio,
ella finge que la rolliza esposa de su jefe
no existe.
Dieciocho años dentro de su matrimonio,
ella finge que el pibe que acaricia a su hijo en el cuarto
no existe.
Después de veintiocho años de matrimonio,
ella finge que el tumor que crece en su útero
no existe.
Luego de treinta años de matrimonio,
ella finge ser afortunada y que todo el tormento de su sole-
dad en la vida no existe.
Tres minutos antes de su muerte,
ella finge que la muerte es dolorosa y que su aversión
hacia este mundo no existe para nada.
["Finge" puede traducirse también por "hace de cuenta
que"]
DOS DE FEBRERO
En la Calle de la Ciudad Nueva
Delante del edificio del Gobierno Provincial,
ella se sacó de a una
su ropa exterior y su ropa interior,
entonces con gracia entró
en la pileta de la fuente,
lavándose absorta.
Eso impactó a los hombres mayores
que daban paseos,
asustó a los amantes
que se besaban en los bancos.
Sólo unos pocos chicos
le arrojaron unos terrones,
diciéndole loca.
Ella se rió
sin enojarse.
Su delgado cuerpo
se veía extraordinariamente hermoso
en el sol poniente.
Oscureció bastante rápido.
Fresco otoño profundo.
La noche fría como el agua.
Yo, en ese momento,
tuve un impulso
de llevarla a casa.
FUENTE (¡Aquí también aparece una!)
Modern Poetry in Translation. The Constellation.
N° 2, 2014.
Las versiones en inglés son de Liang Yujing.
Las versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)
martes, 14 de febrero de 2017
POEMAS DE GEORG TRAKL
Siempre me ha parecido excesivamente triste la poesía de
Trakl. Admirado por muchos poetas y ensalzado por los dos
mayores filósofos del siglo XX, los desolados versos de es-
te hombre apartado de la sociedad, tienen la extraña cuali-
dad de deslizarse por un borde entre lo humano y lo inhuma-
no -en sus poemas prima la naturaleza, sus colores, sus imá-
genes sin personas; con símbolos de pureza o de extrema
tristeza-, así como entre la vida y la muerte.
La relación incestuosa que sostuvo con su hermana Marga-
rete (Grete) lo cargó para siempre de culpa y fue causa y
efecto de su desarraigo social. Es un eje de su obra. Aldo
Pellegrini acota que "al ser en realidad el hombre un soli-
tario, buca en el amor la salida de su soledad. El incesto, en
cambio, acentúa la soledad." En una carta a Ludwig von Fi-
cker, de 1914, le escribe a quien lo ha ayudado en varios
sentidos a sobrellevar los aspectos más concretos de la
existencia: "Sensación en los instantes del ser semejante a
la muerte: todos los seres humanos son dignos de amor. Al
despertar adviertes la amargura del mundo: en ella está to-
da tu irredenta culpa: tu poema es una expiación imperfec-
ta."
Heidegger ha dedicado varios escritos a su poesía, y Witt-
genstein ha dicho: "No entiendo la poesía de Trakl, pero
me deslumbra, y nada hay que me dé mejor idea del genio."
VERANO
Al atardecer la queja del cuclillo
Se apaga en el bosque.
El grano se inclina más profundamente,
La roja amapola.
Una oscura tormenta se cierne
Sobre la colina.
El viejo canto del grillo
Muere en los campos.
Las hojas del castaño
Ya no revuelan.
Tu vestido susurra [cruje]
En la escalera de caracol.
La vela alumbra silenciosa
En el oscuro cuarto;
Una mano de plata
La apaga;
Noche sin viento, sin estrellas.
A LAS ORILLAS DEL PANTANO
Un hombre que camina en el viento negro; las secas cañas
[susurran quedamente
A través del silencio de las pasturas pantanosas. En los gri-
[ses cielos
Una migración de aves salvajes se mueve en filas
Cruzando en diagonal aguas sombrías.
Insurgencia. En las ruinosas casas
La podredumbre bate sus negras las;
Deformes abedules respiran pesadamente en el viento.
Anochecer en tabernas vacías. La nostalgia del hogar im-
[pregna
La delicada tristeza de los rebaños que pastan,
Visión de la noche: surgen sapos de las aguas de plata.
NACIMIENTO
Estas montañas: negrura, silencio, y nieve.
El rojo cazador desciende del bosque;
Ah la musgosa mirada del venado.
La paz de la madre; bajo negros abetos
Las manos dormidas se abren
Cuando la helada luna parece pronta a caer.
El nacimiento del hombre. Cada noche
El agua azul lava la base rocosa del barranco;
El ángel caído suspira al mirar su propia imagen,
Algo pálido se despierta en el sofocante cuarto.
Los ojos
De la pétrea anciana brillan, dos lunas.
El grito de la mujer en parto. La noche altera
El sueño del niño con alas negras,
Con nieve, que cae con suavidad de unas nubes púrpura.
EL CORAZÓN
El corazón salvaje se volvió blanco en el bosque;
Oscura ansiedad
De muerte, como cuando el oro
Murió en la nube gris.
Un atardecer de noviembre
Un corro de mujeres pobres parado frente al desnudo
[portón
Del matadero;
Carne podrida y entrañas cayeron
En cada canasto:
Horrible comida.
La paloma azul del crepúsculo
No trajo absolución.
El oscuro clamor de las trompetas
Viajó a través de las ramas doradas
De los empapados olmos,
Una bandera raída
Humeante de sangre,
Al cual el hombre escucha
En salvaje desolación.
¡Todos tus días de nobleza, enterrados
En ese rojo atardecer!
De la oscura entrada surge
La figura dorada
De una joven muchacha
Rodeada por la palidez de la luna,
Su séquito de otoño,
Negros abetos rotos
En la tormenta nocturna,
La escarpada fortaleza,
Oh, corazón
Que se eleva reluciendo en el frío de la nieve.
EN HELLBRUNN
Una vez más siguiendo el lamento azul del atardecer
Bajando la colina, hacia el estanque de primavera-
Como si las sombras de esos muertos por largo tiempo
[flotasen en el aire,
Las sombras de príncipes de la iglesia, de nobles mujeres-
Sus flores se abren tan pronto, las serias violetas
En la tierra al atardecer, y el agua cristalina lava
Desde la primavera azul. Los robles enverdecen
De un modo tan fantasmal sobre las pisadas olvidadas de
[los muertos,
Las nubes doradas sobre el estanque.
FUENTE
Robert Bly. The Winged Energy of Delight. Selected Trans-
latios. HarperCollins, 2004.
Hay al menos tres ediciones de los poemas de Trakl en caste-
llano:
Georg Trakl. Poesías. Con traducciones de Wolfgang von
Harder, Narciso Pousa y J. Rémy. Con un estudio de Martín
Heidegger. Editado por Carmina, en 1956. Mi ejemplar es
el N° (sí, estaban numerados) 119.
Georg Trakl. Obra poética. Traducción de Rodolfo Modern.
Torres Agüero Editor, 1992.
Georg Trakl. Poemas. Traducción, prólogo y notas de Aldo
Pellegrini. Ediciones Corregidor, 1972.
Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)
viernes, 10 de febrero de 2017
UN POEMA DE MICHAEL McCLURE
CARNE OSCURA 2
Para Jerome Rothenberg
YO ME ACUERDO
DE MÍ
RECORDANDO
antes
había
MEMORIA
la memoria
en oro
la memoria
en plata
la memoria
en azufre
la memoria
en
leones
la memoria
en
caras de tiburón
*
RECORDANDO
RECORDANDO
antes
de la memoria
antes
DE LOS PRODUCTOS
materiales
manifestación
de sí mismos
como
centros
de
consciencia
en
el
hambre
obliterando
SER
antes
recordando
recordando
memoria
*
Como
una cima alta
ZAPATO NEGRO
con
una suela nueva
de goma
un
pequeño pueblo
pileta de natación
tres estrellas
en el cinturón
de
Orión
motores a chorro
reformándose interminablemente
recordando
siendo
en
el
borde
(sólido)
un olor de eso
*
DIGNIDAD
PATRIOTISMO
pomada
para zapatos
quasares
novas
un dedo
tocando el mojado
sendero
cubierto de hojas
el llamado
de un pájaro carpintero
la misma
MEMORIA
recordando
tocando el pasado
los seres mágicos
cogiendo
en la réplica*
*
UN
BARCO
DE PAPEL
sobre
un mar
de mercurio
EL
MISMO
A
UNA
ESTIRADA
PARA
EL
ORIGEN
DE
EL
PRECIPICIO
-COMO
UN LOCO**
CON UN PERRO
QUE SALTA
MORDIÉNDOLE
EL
CULO
*
El origen
del precipicio
AN
TES
Naturaleza encerrada
en el espacio
y yo
vestido
con estos trapos
trapos coloreados
eso es lo que soy
CERO
EN EL OTRO
LADO
CERO
ACÁ
CERO
CERO
CERO
entre medio
recordando
recordando
hasta que
los bloques
SON
LO QUE
es
construido con
bloques
de
CERO
recordando
Oakland Hills-Tokio
* Puede ser 'réplica' o 'retruque' (retort)
** Puede ser 'loco' o 'tonto' (fool)
MICHAEL McCLURE, nacido en Estados Unidos en 1932,
es uno de los poetas beat que leyó sus poemas en la famosa
sesión de lectura de San Francisco en 1955. La novela de
Kerouac, Los vagabundos del Dharma, lo retrata junto a
Allen Ginsberg y el resto de la banda.
Ha publicado numerosos libros de poesía, así como ensayos
y obras teatrales. Muy cercano en su tiempo a los Doors y a
Jim Morrison, a quien promocionó como poeta.
FUENTE
Sulfur N° 37. Fall 1995.
Versión del inglés: Robert R. Rivas (c)
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