viernes, 2 de octubre de 2015

UNA SUTIL POETISA SUECA: JOHANNA EKSTRÖM

 


Nació el 9 de mayo de 1970, en Estocolmo. Hija de Per Wäs-
tberg y de Margareta Ekström, ambos críticos literarios, adop-
tó el apellido materno, por razones que desconozco. Escrito-
ra y artista visual, ha publicado varias colecciones de poemas,
un libro de cuentos y una novela, así como ha exhibido su arte, consistente en instalaciones, esculturas y fotografías, en diver-
sos lugares de Suecia. Está casada con Tomas Lappalainen, un
periodista sueco que se ha destacado por sus publicaciones a-
cerca de la Cosa Nostra.


 (a)

 La criatura que no puede darse vuelta en su madriguera
 cava aún más estrecho
 conozco a la criatura
 que rebusca en su cubil
 que se obliga a respirar con calma
 entre las engañosas raíces en el barro

 La criatura se rehúsa a retroceder
 no hay lugar para darse vuelta
 se arrastra en las profundidades
 se piensa a sí misma ahí
 y más allá



 (b)

 Quiero petrificarme después de todo
 ¿Cómo puedes cerrar los canales?
 Todo puede ser destruido y
 ser entregado
 estoy nadando contra una suave
 suave corriente
 tengo un mensaje

 Tengo un ojo de oscuridad
 quiero ser una
 sola palabra




 (c)

Me estoy enterrando en un agujero
 en la tierra
 y vos no podés encontrarme
 ¿De quién es la culpa?
 Tengo un agujero en mi corazón
 Te arrulla el dormir

 El olor de las raíces
 perlas
 bajo la nieve



 (d)

 Cuando los caminos permiten ser deambulados
 donde el trasfondo emerge con el día
 y todo se deja a sí mismo expuesto
 ser atravesado por el brillo así
 nosotros que nos movemos ahí nos volvemos
 señales unidimensionales
 Sobre los acantilados junto al mar
 la tentación del cuerpo
 ya no un recurso
 Hay moradas vacías
 noqueadas derramadas
 como encinas de mar
 Están en el aire
 como lo está la sal



 (e)


 Graneros después de la luz
 su tiempo de respirar
 con negras bocas-diurnas

 En una noche de diciembre
 la negrura se intercambia
 por un espacio más amplio
 un conocimiento silencioso
 que el día torna obsceno

 El granero porta
 el tiempo de la oscuridad en su boca



FUENTE

Edita Page (ed.), The Baltic Quintet: Poems from Estonia,
Finland, Latvia, Lithuania and Sweden. Wolsak and Wynn
Publishers Ltd., 2008.
 
 Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)

sábado, 26 de septiembre de 2015

UN TOQUE AL TIEMPO




¿Es posible que el tiempo no sea una flecha? Una flecha uni-
direccional, que vuela del pasado al futuro, quiero decir. Una
metáfora aún más exitosa que la del río de Heráclito. (Estuve
leyendo a los presocráticos estos días, y volví a encontrarme
con el fenómeno de las simpatías mayores y menores, ya que
en este caso no hubo antipatías importantes. ¿Simpatías? Je-
nofonte. Parménides. Sí, Heráclito también, ese fulano tremen-
samente misterioso.) Por 'exitosa' quiero decir: que la cree y
comparte 'todo el mundo'.
 Para los chinos antiguos -supongo que a los de hoy los rige el
reloj tanto como a cualquiera, o peor- no hay tiempo, sino
tiempos. Tiempos propios, interiores a las cosas. Para ellos
el acontecimiento no ingresa en la línea del tiempo, sino que
crea su propio tiempo. Y también su propio espacio. O su
propia intersección entre espacio y tiempo.
 Lo que quiero decir es que somos prisioneros profundos de
la concepción occidental del tiempo. Convencidos innatos. Confucio decía que "para gobernar un estado lo primero que
se necesita es hacer correctas las denominaciones". Chuang
Tzu, el otro maestro del Taoísmo, dice que entonces es posible acusar a alguien de "rectificar las denominaciones (...) a fin de
cambiar el mundo".
 En otras palabras, para la tradición filosófica china, las co-
sas no suceden en el tiempo, lo hacen.

 Como hace poco alguien hablaba de los mapuches, agrego
ahora la concepción que ellos tenían/tienen del tiempo. ¿Ya
pasó el tiempo de los mapuches? Odiosa pregunta. Para ellos
el tiempo no es unidireccional tampoco. No viaja de pasado
a futuro, sino que a veces pueden estar atrás y adelante alter-
nativamente. El mapuche vive el presente en una realidad de
continuo movimiento cíclico. El We tripantu de la nación ma-
puche es un renacimiento natural, el término del año es el ini-
cio de una nueva vida (en este caso el año nuevo corresponde
a la mañana siguiente al día más corto del año, es decir el 24
de junio). Todo para ellos está interconectado, nada está se-
parado del todo.
 Tampoco en el Antiguo Egipto se percibía el tiempo como
una magnitud ordenada que transcurriera hacia el futuro, sino
como un fenómeno que combina dos aspectos: la repetición
cíclica, otra vez, y la duración eterna. En sus términos: el
Neheh y la Djet.

 En un documental que vi hace un tiempo, un cronista viaja-
ba hasta el lugar más remoto de China, donde había un famo-
so centro de Kung Fu, el más importante del mundo. En él,
los monjes -a quienes se ve en sus ceremonias religiosas- di-
viden sus tareas entre las místicas y las de docentes de ese
arte marcial. Recorren los patios de tierra en los que se dan
las clases, como dije, en el medio de un paraje remoto, lejos
de la civilización. Y, mientras andan por un senderito de tie-
rra, el entrevistador le dice al monje: "Acá se respira otro
aire, seguramente ustedes viven con muchísimo tiempo". El
monje, sonríe, y contesta: "No vaya a creer", -mientras saca
de la cintura el ululante celular- "éste suena a cada rato y no
tenemos tiempo para nada."

 Recuerdo ahora una asociación entre los lugares y el tiempo
que hace Curzio Malaparte en su Diario de un extranjero en
París. Decía algo así como que París no produce la sensación
de eternidad que producen tanto la naturaleza como algunas
otras ciudades (menciona a Atenas y a Roma). Y comenta
que París produce una sensación de brevedad, de algo provi-
sional, fugaz. Que allí los seres tienden a aprehender el ins-
tante fugitivo, como él lo llama.
 También estamos entre los brazos férreos de la época (otro
nombre del tiempo).

 El tema del tiempo es indisociable de cualquier reflexión
mínimamente filosófica acerca de la vida humana. Esa es-
piral por la cual vamos y venimos, esa presencia de los re-
cuerdos, esa aspiración por parte de aquello que llamamos,
por no tener 'más correctas denominaciones', el futuro. "El
instante, dice un sufí, corta las raíces del futuro y del pasa-
do", escribió Bataille. ¿Al mismo tiempo? ¿Es concebible,
más allá de la belleza de la expresión, ese instante? ¿O es el
objeto perdido que no terminamos de buscar? ¿El ágalma
griego, el a lacaniano?

 Todo el tiempo el tema del tiempo.
 La idea del vivir como un río que pasa, o la del botecito
en el río o la del mojarse o no en el agua del tiempo.
 También se le llama 'tiempo' a nuestros tiempos.

 Tal vez escribo esto por haberme quedado con ciertas sen-
saciones no tan amables después de Questo strano dolore.
 Me surgió una ironía, al respecto: 'tal vez la verdad sea la
mañana -el "decorado" como la llamó Bernhard- y la noche
miente al hablar de desolación y muerte'. De esa angustia
viva, como quien dice "la inquietud de estar parado en un
lago con pirañas".
 Tal vez lo escribo porque ambos textos me delatan sumer-
gido en el tremendo misterio del paso del tiempo. La sus-
tancia misma de la poesía, se me ocurre decir. Y de la an-
gustia, ¿no? Es muy posible que la poesía sea angustia pro-
cesada.

 Por eso también, el anhelo de volverme un contemplativo.
Imaginar el recorrido de la existencia como un viaje hacia
una terraza, una prominencia del terreno en todo caso, des-
de el cual se puede observar mejor. Lo cual implica, claro,
"intentar comprender algo".

 descubrir las fuerzas ocultas                          en las flores

 Estiraba esa idea
      como un delgado tentáculo de sueño
          que a veces duraba todo un día
              que a veces pasaba al sueño siguiente
                   y creía que había al menos unas cuantas ideas
                          de esas provenientes de los primeros sueños
                                 de la infancia que seguían hilándose a lo
                                      largo de esto que ya no sabía cómo se
                                                          llamaba.

 Dos cosas de Wittgenstein en Diario Filosófico (1914-16):
"El yo es lo profundamente misterioso". "Es verdad: el hom-
bre es el microcosmos. Yo soy mi mundo."

 Pero tal vez también escribo esto porque releí la maravillosa
novela de Renate Dorrestein, Álbum de familia, que refiere
la historia de Ellen, que a los 37 años, y embarazada y recien-
temente separada, en un momento de gran desorden en su vi-
da, decide repasar la trágica historia de su familia de origen.
Lo hace a través del álbum de fotos, intentando entender qué
pasó (y por qué pasó) ese día, cuando ella tenía 12 años y se
desencadenó el horror. Es un relato que estrangula el aire. Al
final del cual, escribe Dorrestein lo siguiente:
 Esta noche pone la mesa, mientras yo escojo bayas de ene-
bro con el tenedor. Mi vientre roza la cocina y enseguida
unos coditos me golpean en señal de protesta, las pequeñas
rodillas se mueven, y los pies patalean. Allí dentro hay mucha
vida. Ésta sí que tiene ganas. Ya casi no puede esperar.
 -¿En qué piensas?- pregunta Bas.
 Me quita el tenedor de las manos y me mira interrogante. No
es un santo: si le provoco demasiado, lo perderé. Somos sim-
plemente dos personas que intentan juntas y con cuidado sa-
lir adelante lo mejor posible, como todo el mundo.
 -Sigo sin decidirme -le contesto-. Tengo una lista larga como
mi brazo, pero no puedo elegir.
 -A ver esa lista -dice, reduciendo la llama debajo de las pata-
tas-
 Sigue sin poder hacer dos cosas a la vez. Eso me enternece.
 Le entrego la hoja de papel.
 -Dilo tú -le digo-. Decide tú cómo la llamaremos.

 Eliade sugiere que en la época mítica todo era posible. Que
tanto las formas como las especies no estaban aún fijadas,
y eran 'fluidas'. Habría entonces un fin posible de la tempora-
lidad, constituido justamente por el retorno ("El eterno retor-
no") de ese estado mítico. Las fases del ciclo de la vida: no
manifestación/ manifestación/ no manifestación. Al parecer
los egipcios lograron simbolizar de una manera preciosa y
visual, este proceso: hablaban del transcurso del sol y de su
"viaje nocturno por el mar".

 Templarse y contemplarse serían las maneras de navegar
'con más aire' el imparable río-mar del tiempo.


jueves, 24 de septiembre de 2015

UNA POETISA LITUANA: DAIVA CEPAUSKAITÉ



 Originalmente se lo llamaba el Gran Ducado de Lituania,
y apareció en los mapas de Europa a mediados del siglo
XIII. Existió en esa condición durante 500 años, teniendo
su apogeo a comienzos del siglo XV, gobernado por el
Gran Duque Vytautas. La vida cultural se inicia en el siglo
XIV, y el Ducado fue el último estado Europeo en aceptar
la fe católica.
 El primer libro Lituano, llamado Las simples palabras del
Catecismo, se publicó en 1547. La poesía épica se escribía
originalmente en polaco y en latín. Sin embargo la Acade-
mia de Ciencias de Lituania conserva los textos de al menos
medio millón de cantos folclóricos.

 La poesía modernista lituana tiene su inicio con Kristijonas
Donelaitis (1714-1780), y su poema épico, Metai (Estacio-
nes).

 Uno de los mayores poetas románticos es Maironis (1862-
1932), cuya poesía reúne la tradición étnica lituana con la
gran cultura europea.

 Es un país con muchos poetas. La población es de 3,5 mi-
llones de habitantes y se cuentan entre ellos al menos 4 mil
poetas.

 Daiva Cepauskaité, nacida en 1967, es poeta y guionista,
graduada como médica en la Academia Médica de Kaunas.
 Esta selección proviene de un poema llamado "Siete poe-
mas al navegar".




 II         al capitán

Véndeme un besugo,
mi hija tiene hambre,
hemos estado navegando dos días
dos eternidades.
La cubierta está llena de silencio,
el silencio está lleno de agua,
el agua llena de cielo,
el cielo lleno de velas,
las velas llenas de dos eternidades.
Los pescadores nunca duermen
no tienen tiempo que perder,
sólo pueden perder algunos peces.
Véndeme un besugo,
mi hija tiene hambre.
Somos perseguidas por una mariposa
que vive sólo este día.



 IV

Al amanecer un castor se acercó paleteando
a nuestro barco
cabeceando hacia el borde -
examinó sus lados blancos,
observó el tope del mástil
y se alejó nadando y farfullando
es demasiado temprano para ir a misa



 V

Ese pez tenía un sueño muy alterado.
Una vez se asustó,
saltó fuera del agua,
dio una vuelta en el aire,
relumbró, cencerreó,
como una barra de un xilofón roto,
entonces de pronto se despertó y
volvió a sumergirse, desconcertado.
Encontré el guijarro más blanco
de la orilla,
me lo puse en la boca
para impedirme reir en voz alta,
lo chupé y estaba contenta
tan contenta
que lo vi todo.



 (SIN TÍTULO)

Regresaste en medio de la tormenta de nieve,
trajiste de vuelta un banco de nieve
en tu oreja.
Yo cavé y cavé
toda la noche
con la pala
de mi pequeña uña
para que pudieras oír
ladrar a la luna.


FUENTE

Edita Page (Ed.). The Baltic Quintet. Poems from Estonia,
Finland, Latvia, Lithuania and Sweden. Wolsak and Wynn
Publishers Ltd., 2008.

sábado, 19 de septiembre de 2015

QUESTO STRANO DOLORE

 No.¡Apagadas mis sombras!
 ¿Y qué puedo hacer yo, sin mis sombras?

 Despierto en un mundo inorgánico
 de cielos aún sin estrellar

 También corrido este nuevo cortinado de la realidad
 que llamamos 'la experiencia'

 >Prudencia en la casa del río
 y más prudencia todavía en la gran casa del mar<

 Humano: otro desvío de la verdad, ingenioso espejismo

 Antes un ANTES que-no-que-nadie sabe lo que significa
 ANTES de cualquier lenguaje
 Antes mucho antes de los sonidos animales
 No, ninguna clase de silencio
 ¡Cómo atronarán las tormentas en Júpiter y Venus!

 Derrumbes y erupciones
 El susurro ominoso del nacimiento de las estrellas
 o el levísimo aleteo de la anémona transparente
 de una hoja disolviéndose en el fragor del arroyo

 En un tiempo congelado
 O cuyo tejido está roto (y entonces 'nada camina')
 ¿Y si lo llamásemos un presente inextensible?

 ¿Estabas ahí?

 Cuando dormía
 cuando las caravanas transportadoras de angustia
 iniciaban el camino del desierto
 cuando la marea alta de los anhelos
 se atascó en este bramor de piedra
 que viene o estaba
 desde el inicio del mundo

 ¿Estabas ahí?

 Fronteras cerradas
 los sentidos vagan entre trincheras y alambradas
 y se es el viajero inmóvil
 el viviente petrificado
 y pone su rodilla sobre el pecho
 la amenaza

 ¿Cómo es que no se oye el paso de las olas del
tiempo-mar-noche?

 Quería saber de dónde venía questo strano dolore
 de qué estaba hecho
 de que 'sustancia'
 cómo parece surgir de los poros de la tierra del cuerpo
 de esa masa de caos orgánico
 en la que se ha sembrado el lenguaje

 El cuerpo, ¿qué es?
 El dolor, ¿en qué idioma habla?
 de noche, ¿en que rabioso dialecto?
 ¿o es esa la voz verdadera
 y todas las otras apenas
 las olas mansas que acarician las playas?

 ¿A dónde en todas partes llevan estas vías muertas?

 ¿Estabas ahí?

 Cánticos, ¿quiénes? ¿en qué contramúsicas?
 Poderes profanos
 Conjuraciones
 Tribulaciones
 Noche del tiempo
 Arrebato nuestro de cada día

 Dormidos y hundidos los trenes
 en sus nichos de rieles
 ah felicita' su quale treno della notte viaggerai...

 ¿Es apenas un islote, de escaso espesor
 o una estación inmóvil y flotante
 esta oscuridad, este pantano?

 Cuando se abren las esclusas de lo-otro
 e inundan la púrpura volcada de las palabras diurnas
 ¿en qué selvas derivan los ensueños?

 ¿Dónde están el fuego,
 los verdes enebros?
 Labios de la bondadosa fiebre
 ¿dónde están tus besos ahora?

 ¿Es que sólo queda el miedo como 'terra firme'?

 ¿O es una raíz que queda al descubierto
 la raíz engarzada en lo insondable,
 en el contra-agujero del Universo?

 Se ha desgarrado la frágil cáscara del orden:
 irrumpen los abismos de la noche

 Silenciosa invocación,
 torrente de alma,
 afluente del misterio,
 anegada y suspendida,
 muda, mojada...

 ¿Estabas ahí?

 ¿Hay de ese ahí?
 Ay de ese ahí

  Y luego
 cuando por fin se cuela el aire del sueño por algún lado
 y cierra de a poco las heridas de las grietas
 y los fosos y de la oscuridad misma

 Blando y delicado vehículo de los sueños
 El transportador de los sueños
 Si los sueños son un río que navegamos
 el invisible transportador
 el Blandulla Tenulla
 nos previene de ahogarnos
 (perdernos en ellos
 confundirnos en su elemento)

 ¿Estabas ahí?

 ¿Era ese Obiter dicta
 el ser de las conciliaciones,
 el sol de la mañana,
 el dios de los egipcios,
 los incas, los hititas?
 El mismo sol que allana el mar de las tinieblas
 y enciende otra vez el mundo
 y echa a volar las flores o las aves
 y al mismísimo agonium
 lo apacigua?

 Transparencia del lenguaje

 ¿Estabas ahí?

 ¿A esto se lo llama 'despertar de estar despierto'?
 ¿A esas manos corriendo como el agua
 devolviéndole la piel al cuerpo?

 Es lejano el parentesco entre 'el mañana' y 'la mañana'

 ¿Es el tiempo actual
 o es el tiempo mnésico
 el tiempo verdadero?

 'Ahora vuelve a espiralarse el tiempo'
 Su viento dispersa incontables semillas

 Ah
 placeres
 cuyo milagro
 está a la vista de todos los sentidos

 ¿Estabas ahí?









lunes, 14 de septiembre de 2015

LA GRANDEZA (Y KAFKA)

 

         Viena, setiembre de 1913. Kafka, Albert Ehrenstein, Otto Pick y Lise Kaznelson.

No sé en qué año de sus Diarios escribió Franz Kafka es-
tas palabras. Las ubica como epígrafe de su libro acerca de
los últimos años del autor de El Proceso, de la relación amo-
rosa con Dora Diamant, el autor alemán Michael Kumpfmü-
ller. Al leer estas palabras, me vino a la mente algo que dijo
Borges, algo que estoy seguro de haber leído, pero que no
he podido volver a encontrar, acerca del checo: "Con seguri-
dad, Kafka es más importante que una época".

 El epígrafe:

   "Es perfectamente imaginable que la grandeza de la vida
esté dispuesta, siempre en toda su plenitud, alrededor de ca-
da uno, pero cubierta con un velo, en las profundidades, in-
visible, muy lejos. Sin embargo está ahí, no hostil, no a dis-
gusto, no sorda, viene si uno la llama con la palabra correc-
ta, por su nombre correcto.
    Es la esencia de la magia, que no crea, sino llama."

 ¿Cómo se puede escribir algo así?
 ¿De dónde puede provenir?
 Un escrito breve como éste justifica una vida, pensé.
 Si cada ser humano pudiese escribir algo así, la existencia
de la especie estaría justificada sin más.
 Por una suerte de escalera hecha de telas enrolladas,
fui subiendo escalón por escalón,
cada vez más velozmente
por listones de telas cada vez más leves
de una escalera que conducía
al cielo (de la admiración).

 Kafka, con todas sus dudas, con su permanente cuestiona-
miento, era, sin embargo, consciente de su capacidad. 

 En 1913 escribió en su Diario: "24 de mayo. Excelente es-
tado de ánimo, porque considero tan bueno El Fogonero.
Esta noche lo leí ante mis padres; no hay mejor crítico mío
que yo mismo cuando leo ante mi padre, que me escucha
con la máxima repugnancia. Muchos pasajes superficiales,
seguidos por profundidades aparentemente inaccesibles."

 Pocos días después, el 21 de junio, escribe algo que ha da-
do largas y sinuosas vueltas en el mundo de otros escrito-
res: "El mundo prodigioso que tengo en la cabeza. Pero
¿cómo liberarme y liberarlo sin destrozarme? Y preferiría
mil veces destrozarme, antes que retenerlo o enterrarlo den-
tro de mí. Que para eso estoy aquí, me parece evidente."

 También para él mismo se trataba de un descubrimiento.
Eran los días de su complejísima petición de mano a Felice
Bauer, que vivía en Berlín, a una distancia prudente de Pra-
ga. 

 Porque al mismo tiempo que declaraba Soy Literatura, iban
y venían hacia y desde Alemania, las cartas que sellarían de
una manera u otra la relación con la amada. Por eso en una 
de las cartas de estas fechas, le dice a Felice: "descubrí que 
la escritura es mi verdadera alma buena... Si no tuviera en la 
cabeza este mundo que quiere ser liberado jamás me habría atrevido a pensar en querer tenerte."
 Como se verá, estas palabras encierran otras no dichas toda-
vía. Representan la cara positiva del amor. Pero ya se produ-
cía en Kafka la disyuntiva crucial: el amor con una mujer,
la vida en general, o la literatura, como eje excluyente de
su existencia.

 Diez años antes todo era diferente: "Dios no quiere que es-
criba, pero tengo que hacerlo", decía. Ahora era al revés, aho-
ra tenía un mandato.

  Entre ambas anotaciones en el Diario, Franz le escribe a
Felice la bien llamada "Peor petición de mano del mundo".
Es una carta que inicia el 8 de junio y que recién puede con-
cluir el 16 de ese mes. La carta tendrá más de 20 páginas.
Comienza informándole a la novia que deberá ir al médico:
"Entre tú y yo, aparte de todo lo demás, se interpone el mé-
dico. No se sabe lo que dirá, en estas decisiones lo que resul-
ta decisivo no es tanto el diagnóstico médico, de ser así no
valdría la pena recurrir a él. Como ya he dicho, en realidad
no estaba enfermo, pero lo estoy."
 Luego viene la famosa vacilación teórica: "Ten presente,
Felice, el cambio que experimentaríamos con un matrimo-
nio, lo que perdería y ganaría cada uno. Yo perdería una so-
ledad que casi siempre es aterradora y te ganaría a ti, a quien
amo por encima de todo. Pero tú perderías la vida que has
llevado hasta ahora, con la que te sentías muy satisfecha. Per-
derías Berlín, esa oficina que te gusta, a tus amigas, los pe-
queños placeres, la perspectiva de casarte con un hombre sa-
no, divertido, bueno, de tener los hijos lindos, sanos que, si
te paras a pensarlo, ansías. A cambio de esa pérdida nada 
desdeñable, ganarías a un ser enfermo, débil, huraño, taci-
turno, triste, inflexible, casi sin remedio."

 En setiembre viaja. Después de un breve paso por la clínica

de Hartungen en Riva, a orillas del lago de Garda, llega a
Viena, para asistir a un Congreso Internacional de Salvamen-
to y Prevención de Accidentes. Juro que este era el título del
congreso y que no se trata de una ironía respecto del tema
que venimos tratando. Kafka, obviamente, asiste por obliga-
ción junto a varios de sus superiores. Hay más de 2 mil po-
nentes en el Congreso. Una de las tareas del escritor durante
los interminables cinco días de duración del evento, es el de
"prevención de accidentes causados por caída de equipajes
en vagones de ferrocarril". K. era experto en protección
contra accidentes... la carta a Felice lo prueba y pronto abor-
daremos la que le escribió al padre de su novia, para comple-
tar esta afirmación en ambos planos de la realidad. "Es difí-
cil imaginar nada más inútil que un congreso así", le diría
unos días después a Max Brod por carta.

                            II Congreso Internacional de Salvamento y Prevención
                                           de Accidentes, en el edificio del Senado, Viena, 1913.

 Paralelamente, y en forma casual, se produce en Viena, que
en esos años reúne a Freud, Hitler, Zweig, Musil y Karl
Kraus entre sus habitantes, el XI Congreso Internacional
Sionista. Una organización inmensa, en esa Viena que por
entonces era la capital de un gran imperio, cuya población
era mucho más elevada que la actual, y que, además, tenía
una población judía de 100 mil habitantes, la mayor de las
comunidades judías de Europa Central. Todas las grandes
salas de la ciudad están ocupadas por este Congreso, al que
han acudido casi 10 mil judíos de toda Europa. Por supues-
to que Kafka estaba al tanto de eso: debido al profundo anti-
semitismo reinante en la Praga (y por cierto sus amplios al-
rededores) de esos tiempos, el escritor se movía en un círcu-
lo de personas de su misma condición. Por ejemplo, en una
carta dirigida a Milena Jesenská -al cabo su gran amor- le
dice: "Últimamente me paso todas las tardes en las calles,
dándome un baño de odio antisemita. El otro día oí que al-
guien llamaba a los judíos "raza sarnosa". ¿No sería lo na-
tural irse de un lugar donde uno es tan odiado? (Para eso
no necesario en absoluto ser sionista o tener orgullo nacio-
nal.) El heroísmo de quedarse no deja de ser simplemente
el heroísmo de las cucarachas que no hay forma de extermi-
nar, ni siquiera del baño. (...) Aquí se vive en la amarga ver-
güenza de vivir bajo protección constante."
 No ha sido del todo visionario, en este plano. Ya que el ex-
terminio no tardó en llegar (la carta es de 1920). Sus tres
hermanas murieron, en distintos años, en los campos de con-
centración. Uno de sus tres tíos maternos se suicidó para evi-
tar ser conducido al siniestro Theresienstadt, y uno de sus
mentores se suicidó cuando estaba a punto de ser detenido.
 Claro está que Kafka, cuya identidad, fuera de la de escri-

tor, nunca le fue clara, se preguntaba "¿Qué tengo que ver
yo con los judíos?" (En otra parte: "No tengo equilibrio, no
siempre soy 'algo', y si alguna vez he sido 'algo', lo pago con
un 'no ser' durante meses.) "No tengo casi nada en común con
ellos", se contesta el 8 de enero de 1914, en sus Diarios. Asis-
te, sin embargo, en algún momento a ese multitudinario even-
to.
 Un dato interesante es que a ese mismo Congreso asiste
el 11 años más joven Joseph Roth, otro judío que nunca se
identificó totalmente con esa condición. Como dice Karl
Kraus, Viena era por esos años, "el centro de experimenta-
ción del derrumbamiento del mundo".
 Roth tiene, sin embargo, su propia versión de ese momento
de su vida: "el encanto lejano e inalcanzable de las damas
(...) sentadas en torno a las blancas mesas de jardín, ligeras
y acariciadas por el viento como nubes de primavera a ras
de tierra." Cumplió los 19 años en esa ciudad. Venía de su-
perar el examen de madurez con calificación de sobresalien-
te en la escuela secundaria, y luego de un breve paso por la
Universidad de Lemberg, venía a Viena para cursar estudios
en la Universidad de este lugar. Aún no había escrito sus no-
velas, recién iniciaba el camino que lo convertiría en el ma-
yor cronista de la Europa de entreguerras.
 Después de esos dos congresos, Franz viaja en tren a Tries-
te, la ciudad donde James Joyce vive retirado dando clases
de inglés, mientras trabaja en el Ulises. También Musil se
encuentra en esos momentos en la ciudad. Desde Trieste,
Kafka viaja a Venecia y allí, alojado en el hotel Sandwirth,
escribe su última carta a Felice, después de más de 200 car-
tas y postales sólo en ese año. En su Diario escribe: "El coi-
to como castigo por la felicidad de vivir juntos. Vivir lo más
ascéticamente posible, más aún que de soltero, ésta es para
mí la única posibilidad." Dos días más tarde, anota: "Me
aislaré de todos hasta la insensibilización. Me enemista-
ré con todo el mundo, no hablaré con nadie."
 A Felice, el día 16, en papel membretado del hotel, mien-
tras observa el canal, extrañado de sí mismo e "infinitamen-
te desgraciado. Pero, qué otra cosa puedo hacer, Felice? De-
bemos decirnos adiós."

                                                        La carta a Felice

 Por cierto, seis semanas después le escribe: "Mi anhelo por
ti es tal que oprime mi pecho como lágrimas que no pueden
derramarse."

 Esto es lo que le escribió, el 28 de agosto de 1913, al padre
de Felice Bauer: "Soy una persona taciturna, silenciosa, in-
sociable, egoísta, hipocondríaca y enferma. Vivo en el seno
de mi familia, con las mejores y más amables personas, sin-
tiéndome más extraño que un extraño. Con mi madre, en los
últimos años, no habré intercambiado ni veinte palabras dia-
rias; con mi padre, nunca pasamos de un saludo. Con mis
hermanas casadas y mis cuñados no hablo sin enfadarme.
Para la vida familiar carezco del menor sentido. ¿Podrá vi-
vir con semejante ser humano su hija, cuya naturaleza, la
de una muchacha sana, está destinada a gozar de una autén-
tica dicha conyugal? ¿Soportará llevar una vida monacal
junto a un hombre que, pese a que la ama como jamás po-
drá amar a otra, debido a su vocación irrevocable se pasa
la mayor parte del tiempo metido en su habitación o pasean-
do en solitario?"

 Entre la carta de despedida y la del mes de octubre, hace
una breve excursión a Malcesine, a una clínica. Desde allí
le escribe a Brod: "a la mesa me siento entre un viejo gene-
ral y una pequeña suiza de aspecto italiano." Esta pequeña
suiza hace revivir a Franz, intercambian gestos en público,
se llaman a las habitaciones, juegan en el parque. Reman
juntos en el lago, y en su Diario Kafka escribe: "La dulzura
de la melancolía y del amor. Que en el bote ella me dirigiera
su sonrisa. Eso fue lo más hermoso de todo. Sólo el deseo de
morir y el hecho de seguir resistiendo todavía, sólo eso es el
amor."

 Siempre la vida resulta contradictoria, siempre se va hacien-

do. (No puede saberse.)
 Por eso me pareció un hallazgo, un par de días después de
interrumpir la lectura del libro de Kumpfmüller, una reflex-
ión de David Leavitt, acerca de la novela que se editara re-
cientemente, llamada "Los dos hoteles Francfort", en la que
Leavitt se había propuesto narrar la dramática historia de
Jean-Michel Frank, un gran artista del diseño francés (1895-
1941) que escapó de los nazis a principios de la Segunda
Guerra Mundial, recaló en Buenos Aires en el '40 y luego
viajó a Nueva York, lugar donde se suicidó por una decep-
ción amorosa. El autor de "Los dos hoteles..." dice: "El pro-
blema era que la historia podía ir en una sola dirección: des-
cendente. No podía resolver cómo podría hacer tolerable pa-
ra el lector una narración que se movía inexorablemente ha-
cia el suicidio." Entonces crea un matrimonio, que se conver-
tirá en el eje central de la historia, mientras que Frank es
desplazado a un personaje secundario.
 Esa es la razón por la cual la novela de Kumpfmüller acer-
ca de los últimos dos años de vida de Kafka se hacía tan du-
ra. Por más que el autor quiso darle una tonalidad relativa-
mente alegre, en su intento de probar que Kafka podía tener
una relación sentimental feliz siempre y cuando no interfirie-
se con su escritura, no hay manera de restarle dramatismo
a esa caída en picada de ese tiempo avanzado de su enferme-
dad y a los horrores que aquel que conoce la vida y muerte
del genial escritor checo, sabe que advendrán. Hasta la famo-
sa nota que le escribe a su médico, cuando ya no podía ha-
blar, porque la tuberculosis le había tomado toda la garganta,
diciéndole: "Máteme, sino es usted un asesino..."
 La novela se llama La grandeza de la vida. Franz Kafka co-
noció a Dora Diamant, en un lugar de vacaciones, Müritz,
en el Báltico, adonde concurrió invitado por una de sus her-
manas. Dora, que era una joven periodista, en ese momento trabajaba en una casa vecina, como cocinera.
 Franz vivió con ella desde julio de 1923 hasta su muerte,
el 3 de junio de 1924, en una clínica de Kierling, Austria.
Un mes después, hubiese cumplido 41 años.


 
El Danieli, la versión contemporánea del Hotel
Sandwirth.


Fuentes

Esta nota tiene varias fuentes
A la gran mayoría ya las he citado.
Falta aquí la biografía de Joseph Roth, un excelente trabajo
de Helmuth Nürnberger y estos otros dos libros



domingo, 30 de agosto de 2015

POEMAS DE ELIZABETH SMART

  


Se ha reeditado recientemente la obra más importante de
esta poetisa canadiense, En Grand Central Station me sen-
té y lloré. Ese libro, que cuenta la tremenda historia de amor
de E. Smart con el poeta George Barker fue publicado en in-
glés originalmente en el año 1945. Dije 'tremenda' historia
porque Elizabeth, que era hija de un acaudalado empresario 
canadiense y que viajaba por el mundo como secretaria de
una asociación de mujeres, mientras residía en Londres, en-
cuentra un día en una librería los poemas de Barker. Se ena-
mora en el acto del poeta y decide (¡cuánto de deseo escon-
dido suele haber en nuestras decisiones!) que habrá de vivir
una relación amorosa con ese hombre. Lo cierto es que Bar-
ker, que en ese momento se encuentra en Japón, vive con su
pareja, Jessica, que casualmente se halla embarazada. Eliza-
beth los invita a ambos -no había otra manera- a Monterrey,
un bellísimo pueblo costero del norte de California. Escribe
en su diario: "Si G.B. apareciera ahora lo devoraría, tal es mi
avidez. Siento el resplandor en llamas de dos mentes que fun-
cionan en una comunicación, un entendimiento divinos."
Esto fue el 6 de julio de 1940. Smart había leído los poemas
de Barker en Londres en 1937. Ella también estaba en pareja,
pero cortó esa vinculación al acercarse la fecha del encuentro
con su verdadero amor. 
Por cierto que esta historia, que tuvo una derivación literaria
notable, revela muchos aspectos del amor en sí. Elizabeth 
nunca había visto siquiera una foto de Barker -de hecho lo
describe a su arribo a California, diciendo "He was all wrong",
en otras palabras, "No tenía nada que ver con cómo me lo ha-
bía imaginado".
Pero, por supuesto, la relación amorosa se desencadena. Je-
ssica pierde el embarazo y luego de un acontecimiento peno-
so y crucial (ambos amantes son absurdamente detenidos en
la frontera con Arizona, por no estar casados, y los llevan por
unos días a la cárcel), el drama comienza a precipitarse. Eli-
zabeth queda embarazada por primera vez -a lo largo de los
años tendrá tres hijos de Barker- y debe 'esconderse' de la
ortodoxa sociedad a la que pertenece su familia, para no con-
tagiarles la deshonra. Su refugio es una pequeña aldea de 
pescadores llamada Pender Harbour, en la Columbia Britá-
nica. Allí da a luz a su hija Georgina, en agosto de 1941. Es
en ese tiempo y lugar que compone En Grand Central Sta-
tion me senté y lloré.
Lo que le da un vuelo especial a este libro que, leído inge-
nuamente parece una obra un tanto kistch, es que en él, la
narradora está proponiendo nada menos que una nueva reli-
gión, la del amor (carnal), llevando hasta las últimas conse-
cuencias la posición romántica. Y es que las alusiones lite-
rarias constantes e invisibles de la obra la convierten en una
suerte de Evangelio panteísta.
Shakespeare (más que nada Macbeth, pero también en buena
medida Hamlet, Othello, Antonio y Cleopatra), la Divina Co-
media, Rilke, Blake, Hopkins, Auden y hasta el Doctor Faus-
tus de Marlowe, el Cantar de los Cantares, Francis Thomp-
son, son algunas de las referencias literarias de este texto 
poético.
Elizabeth Smart puso muchas cosas en este libro; de hecho
es casi su obra única, ya que recién en 1978 publicó un se-
gundo libro, The Assumption of the Rogues and Rascals.
Hay que decir que este libro ya estaba escrito en cierta me-
dida antes de conocer los textos de George Barker. Éste
vino a ocupar el lugar al que estaba 'predestinado' en el de-
seo de Elizabeth. Varios pasajes del libro ya estaban escri-
tos antes de que se conocieran y muchos pasajes son trans-
cripciones casi literales de los diarios que llevaba la escrito-
ra. Además del collage de citas procedentes de la literatura.
Ya en su diario había adelantado su anhelo de "respirar, vi-
vir, disfrutar, rebelarme, ser ordinaria, filosofar, digerir, ser
frívola, ser insignificante, sentir, conocer, comprender".
Sin embargo, hay varios pasajes de la novela en la que la
autora nos conmueve.
"Hay serpientes de cascabel y viudas negras, y brumas que 
suben desde el agua. Pero los días dejan un recuerdo de sol,
un recuerdo de flores."
"él, que cuando era sólo una palabra bastaba para causarme
noches enteras de escalofríos e insomnio."
"Si estuviera más lejos del centro del mundo, de todos los
mundos, me dejaría embaucar mejor, pero ¿acaso puedo
ver la luz de un fósforo mientras estoy ardiendo en los bra-
zos del sol?"
"El amor me posee, y no tengo alternativa. Cuando el Ford
traquetea hasta la puerta, con cinco minutos (cinco años) de
retraso, y él cruza el césped bajo los pimenteros, permanezco
de pie detrás de las cortinas de gasa, incapaz de moverme
para ir a su encuentro, o de hablar: estoy convirtiéndome en
líquido para invadir cada uno de sus orificios en cuanto abra
la puerta. Tenaz como un pájaro recién nacido, todo boca con
su único deseo, cierro los ojos y tiemblo, esperando el paraíso:
va a tocarme."

Estos son los poemas que publicara


    DENTRO DEL HOMBRE BARBADO

Dentro del hombre barbado
El rostro encantador no se encuentra
La floreciente piel está gastada
Y nadie quiere correr como una tromba
A sus irritados gritos de malhumor
Y limpiarle la cola o los ojos.

Él se encuentra en un lamentable desorden
Pero el hombre de mediana edad
No importa con qué empeño lo intenta
No puede conducir el amor
Que vino libre con su inocencia
Él llora a gritos en vano en su dolor
Ese consuelo no regresará jamás.


POEMA ACONSEJANDO LA ACCIÓN

Con agraciada estrategia el circundante halcón
Azota mi circundante tristeza para sumergirse y golpear
Indivisible para la acción el roble envenenado
Arroja hacia arriba su enrojecido rostro para atacar
Lagartos y hierbas y flores me reprenden,
Estrictos en su inocencia: me siento cobarde,
Tampoco la paloma torcaz aprobará mi falta
La que apechuga todo peligro por una humilde sobra
Y cuando arrulla corteja el castigo. Mi culpa
Es obvia, no puedo escapar.


CANTO: LAS CANTARINAS CALLES DE VERANO

Nada muere, salta al nacimiento
Antes de la mitad del requiem,
Antes de que las lágrimas apropiadas sean derramadas
O el duelo por los impuros
Regañe su curso, la muerte está muerta.

Los suspiros disparan a través del largo trombón
Sopla tan fuerte que sacude la tierra.
Las flores en una corrida jadeante se abren paso;
Si una ha colapsado, entonces saltan dos nuevas,
Insaciable en las cosas por hacer.

Es innecesario expiar 
El pecado: él es el perdedor;
Con todos sus disfraces baratos de conjurador
Ningún ganso vuela al norte a causa de sus mentiras
Ninguna causa se pierde, y nada muere.


FIN DE UN GIRASOL

Un faisán encontró un girasol
Y se posó sobre su arco,
Y masticó ruidosamente
Un poco cada día a una hora temprana.

Qué forma de irse-
Obscenos restos cuelgan del largo tallo,
Sorprendente el discreto morirse de todo alrededor,
El reconfortante otoño hundiéndose-en-un-brillo.
¡Un hombre asesinado a la vista!



EL GIRASOL DE BLAKE

1
¿Por qué dijo Blake
"Girasoles agotados de tiempo"?
Cada vez que los veo
parecen decir
¡Ahora! ¡con un estrellar
de platillos!
Muy contentos 
y positivos
y un absoluto deleite
en su propia redonda brillantez.

2
¡Perdón, Blake!
Ahora entiendo qué querías decir.
Las tormentas y la escarcha han maltratado
su brillante deleite
y aunque aún están enhiestos
nada podría mostrar la defección
mejor que sus agotadas
desilusionadas
cabezas colgantes.







COMENTARIO

El mismo título de su obra más reconocida, alude a un
Salmo, el 137: Junto a los ríos de Babilonia nos senta-
mos y lloramos, recordando a Sión.

Las notas que acompañan la edición de Periférica, excelen-
tes, son de su traductora, Laura Freixas. También la edición
que hiciera Lumen, y que es anterior, contiene la traducción
de la misma Laura Freixas, aunque en esa ocasión, se agrega
un prólogo escrito por ella, también muy interesante.

BIBLIO

Elizabeth Smart. Collected Poems. Paladin, 1992.
Elizabeth Smart. En Grand Central Station me senté y lloré.
           Lumen, 1996.
Elizabeth Smart. En Grand Central Station me senté y lloré.
           Periférica, 2009.
También son muy buenos sus diarios, The Journals of Eliza-
beth Smart. 

Versiones del inglés: Robert R. Rivas (c)

     

lunes, 17 de agosto de 2015

LA POETA ESTONIA DORIS KAREVA




Nacida en 1958, es una de las poetas más importantes de
su sufrido país. Estonia se independizó recién en 1918, 
tras una larga historia de colonialismo sueco, ruso, polaco
y danés y de las ocupaciones tanto soviéticas como de la
Alemania nazi. El lenguaje estonio es cercano al finés y
hay fuertes lazos entre ambas naciones desde hace cien .
años. Doris Kareva estudió inglés y literatura inglesa en
la Universidad de Tartu y actualmente trabaja en la Comi-
sión Nacional Estonia para la Unesco. Es también traduc-
tora del ruso (Ajmatova, Brodsky) y del inglés (Dickinson,
W.H. Auden, etc.). Su poesía ahorra palabras. Genera im-
presiones, una ligera desestabilización del lector, semejan-
te a la que generan los sentimientos y las emociones.

1

Una nave con las velas desplegadas navega
mi costa se aproxima.
Lo percibo. Lo siento-
quieta ahí, mi espalda transpirando.
Una nave con velas santas
navegando bajo ninguna bandera en absoluto-
oh, la estuve esperando
como un niño en el puro/sencillo de la muerte.

El crepúsculo cae, crece la oscuridad-
Noche, de hecho.
¿Vendrá - o no ocurrirá, presentemente?

Imperceptiblemente todo está cambiado.
Todo arriba
tan secretamente.



2

DORPAT*

Cuando cae el atardecer,
                        es asombrosamente lindo
esta ciudad de nieblas y ensueños.
Siete de la tarde en la Ciudad Subterránea**
Llego tarde
                                 y veo
                                              que él me está esperando.

Ropaje-negro burlonamente apenado
                            sombrío Mefistotélico,
lentamente sorbe el sangriento gusto de una taza.
Me acerco a él como a través de duermevela.

Que perniciosa fuerza nos hace volver a encontrarnos.


* Tartu es la segunda ciudad de Estonia, siendo Tallinn
la capital, pero es el centro cultural del país, debido en
gran parte a la Universidad de Tartu. El nombre Dorpat
es antiguo, y remite a cuando esta tierra era el Obsipado
de Dorpat, (en latín Ecclesia Tabatensis), un principado
medieval entre 1224 y 1558.


** Creo que Ciudad Subterránea remite a una mitología
muy contemporánea, que sería la de los abandonados e
'inmuertos' de la Horda, pero no estoy seguro. De todos
modos, alude al estado extraño en el que se encontraba
entre la belleza natural que sugiere un estado irreal y la
fuerza, también 'irreal' del encuentro.


3

Humo y nieblas, una piedra enmuzgada,
Tierra de pastoreo que se ensombrece hacia el amanecer,
frío. Cruzando las solapas de mi tapado.
¿Vendrás tu también?

El pasto muerto quemado. Pueblos de sombra
se convierten en humo, niebla, dispersos.
Un puro sentimiento de dónde ir.
He partido.



4


Acerca de este país, este destino
todos pensamos.
Los ojos miran, la boca está callada.

Lo que tocas,
se vuelve polvo, pero
los labios contienen un ronco aullido:
¿por cuánto tiempo?

No, no hay que irse todavía.
En mi mente, secretamente
las palabras: un regalo para que tú lo veas.


 La poesía de Kareva gira justamente en esos cambios
de lugar, de tiempo, del sujeto que habla. Crea un espacio
y tiempo nuevos, propios de la duermevela, de cierta irrea-
lidad, mucho más real, subjetivamente hablando, que cual-
quier realidad.

FUENTE

Edita Page. The Baltic Quintet: Poems from Estonia, Fin-
land, Latvia, Lithuania and Sweden. Wolsak and Wynn
Publishers, Canadá, 2008.
  

ENLACES

EPIFANIAS: UN POEMA DEL ESTONIO JAAN KAPLINSKI
TRES POEMAS DE BETTI ALVER, LA MUJER QUE VINO DEL FRÍO
POETISAS DE ESTONIA, LETONIA Y LITUANIA