domingo, 6 de septiembre de 2020

CINCO POEMAS DEL GRAN RICHARD WILBUR

  




 Richard Wilbur (1921-2017) es uno de los grandes poetas
estadounidenses. Muy poco traducido al castellano. Fue Pre-
mio Pulitzer de Poesía en 2 ocasiones. Enseñó en varias uni-
versidades -una actividad que facilita la producción literaria
en los Estados Unidos, manteniéndose vinculado a ella a tra-
vés de la enseñanza- durante décadas: Wellesley College,
Wesleyan University y Smith College, entre ellas. También
ha practicado la traducción.

  CAVANDO EN BUSCA DE LA CHINA

 "Bastante más abajo está la China", dijo alguien.
 "Cava lo suficientemente hondo y podrás ver el cielo
 Tan claro como el fondo de una fuente.
 Excepto que sería en realidad un cielo diferente.
 ¡Entonces podrías cavar hasta que llegaras
 A la China! Oh, no se parece a Nueva Jersey.
 Hay gente, árboles y casas, y todo eso,
 Pero muy, muy diferentes. Nada parece lo mismo."

 Fui y saqué la pala del galpón
 Y sudé como un culi toda esa mañana,
 Cavando un pozo junto al arbusto de lilas,
 Apoyado en mis manos y mis rodillas. Fue una especie
 De rezo, sospecho. Observaba mi mano
 Cavar hondo y más oscuro, y traté y traté 
 De soñar con un lugar donde nada fuese lo mismo.
 La pala nunca logró abrir un paso al azul.

 Antes de que el sueño se cansase de sí mismo
 Mis ojos ya estaban cansados de mirar dentro de la oscuridad,
 Mi cabeza cocinada por el sol de colgar sobre un agujero.
 Me alcé en un lugar que había olvidado,
 Parpadeando y pasmado mientras la tierra daba vueltas
 Y me mostraba graneros de plata, los campos dormitando
 En mantos de esplendor, lo evidente vistiéndose y 
       desapareciendo
 En las mareas de hojas, y todo el cielo azul china.
 Hasta que recuperé mi equilibrio
 Y todo lo que vi era China, China, China.



  UNA CONDICIÓN CRÓNICA

 Berkeley no previó un clima tan neblinoso,
 Y tampoco siglos de luz
 Se proponen un día tan tenue. Envueltos juntos
 En la separación, los árboles
 Persisten o no, más allá de las empalizadas
 Grises y blancas. Idas
 Las alas cualesquiera que molestaban a las hojas encendidas
 Cuando había hojas. ¿Han caído
 Todos los gorriones? Apenas puedo oír
 Mi recuerdo de esas abejas
 Que hasta hace poco hipnotizaban el prado.
 ¡Ahora, algo, resplandece! Un temor
 Me envuelve ahora de que el árbol de Hilas* caiga
 Donde ningún ojo alumbra y se aflige,
 Que caiga a la nada y sin un sonido.
 Me balanceo e inclino sobre el suelo desaparecido.


 * Hilas es un personaje de la mitología griega. Cuando
Heracles mató en batalla a Tiodamante, rey de los diopes, 
le perdonó la vida a su hijo Hilas, tomándolo en sus brazos,
para enseñarle a ser un guerrero. El filósofo Charles Berke-
ley lo ubica en su texto Tres diálogos entre Hilas y Filonio,
como representante del materialismo contra la que Berkeley
argumenta a través de Filonio. 

 FUENTE
Poetry: a Magazine of Verse, vol. 81, N° 1. 1952.



 A LOS POETAS ETRUSCOS

 Sueñen con fluidez, hermanos muertos, que en la infancia
 Bebieron junto a la leche materna la lengua maternal.

 En cuya pura matriz, uniendo mundo y mente,
 Lucharon para dejar algunos versos detrás.

 Como huellas aun frescas a través de un campo nevado
 Sin contar con que todo podía derretirse y partir.



  MARCHE AUX OISEAUX     (PASEO DE LOS PÁJAROS)

 Centenares de pájaros cantan en la plaza.
 Sus voces menores brotando en el aire
 Continuos como una fuente, apenas altas,
 Sin ahogar la carga del gentío.

 Lejos de su dorado Sudán, el quelea
 Presta al bullicio un trino intermitente
 Que a sus oyentes parece más alegría que rabia.
 Golpea suavemente su jaula de madera.

 Aquí están el pico plateado, el mejilla naranja,
 El loro, el delicado pico de coral
 Apiñados en sus jaulas; y a su alrededor se mueven
 Los compradores en su ilimitada cacería de amor.

 Aquí están los viejos, los enfermos, el niño imperial;
 La gente sola, desesperada y moderada;
 Los feos; detrás de esos rostros uno puede leer
 La tiranía de una necesidad exorbitante.

 Amamos a los pequeños, dijo Burke*. Y si los pequeños
 No son lo suficientemente pequeños, entonces por el Infierno
 Los encerraremos hasta que no sepan sino cómo alimentarse,
 Y les proveeremos el agua y la semilla.


 * Edmund Burke (1729-1797). Escritor, político y filósofo
británico, enemigo de la Revolución Francesa (en 1773 pasó
una temporada en París, en el círculo de María Antonieta -es
una metáfora-), considerado el padre del conservadurismo
inglés.



 LA CASA

 A veces, al despertarse, ella cerraba los ojos
 Para echarle un vistazo a esa casa blanca que conoció
 Sólo en sueños, y del cual no tenía título alguno,
 Y a la que no había entrado todavía, llena de suspiros.

 ¿Qué me dijo de esa casa suya?
 Poste de entrada blanco; terraza; montante de la puerta;
 El paseo de la viuda por la costa rocosa
 Vientos salados que agitan los abetos vecinos.

 ¿Está ella ahí, dondequiera quede ese ahí?
 Sólo un hombre tonto podría tener la esperanza de encontrar
 Ese refugio diseñado por su mente soñante.
 Noche tras noche, mi amor, me hago a la mar.


 FUENTES

 Richard Wilbur. New Poems and Translations. Houghton
Mifflin, 2010.
 Richard Wilbur. Collected Poems. Harcourt, 2004.


  



2 comentarios:

Raúl Adorni dijo...

Nada sabía hasta hace unas horas de Richard Wilbur. Nada hasta que un ornitólogo (en cierto episodio de "El Gabinete de Curiosidades", presentado por Guillermo del Toro) se lo nombra a su esposa, mientras conserva un libro de poesía entre las manos. Desea leerle a ella alguna estrofa que lo conmueve. No sé inglés y mi aproximación al poeta es a través de estas generosas traducciones. Intuyo que Wilbur ha de sonar (la poesía es, antes que otra cosa, música) muy bellamente en su inglés original. Muchas gracias.

Robert Rivas dijo...

Hola Raúl: en cierto modo los escritores son/somos, ´conductores'. En la primera acepción, la que más me gusta, en el sentido de los 'conductores eléctricos', y en el segundo, el de conductores de un vehículo medio loco,
que recorre una ciudad que cambia sus calles permanentemente.
Un abrazo.