jueves, 2 de septiembre de 2010

POESIA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS AFRICA1

"ORÍGENES DE LA POESÍA" es un libro inédito pero 
único. Casi nada ha sido publicado en castellano
de la poesía de los pueblos originarios. La Parte 1 de es-
tos textos corresponde a África

Los AANDONGA (de Angola y Sudáfrica)

EL CANTO DE AUTO-ELOGIO DEL HOMBRE DE LA LLUVIA

Ninguna casa está tan sólidamente construida
Como para impedir que yo, la lluvia, entre en ella.
Soy bien conocida por chozas y tejados,
Soy una nieta de Nunca-estuve-ahí.
Soy la madre de los mejores pastos,
Padre de los campos verdes de todas partes.
Mis flechas jamás yerran su blanco,
Golpean a los dueños de cabañas.
Soy el terror de las paredes de barro y de la arquitectura de las termitas,
Inspirador de miedos arriba y abajo.
Cuando me derramo en la mañana, la gente dice:
"Ha cortado nuestros labios y taponado nuestras bocas,
nos está dando frutos jugosos.
Él ha llovido y nos trajo hongos,
Blancos como el marfil."


Los AKAN (Africa Occidental)

CANTOS DE AMOR

1.
Duermo mucho y profundamente,
De pronto la puerta cruje,
Confundido abro los ojos,
Y encuentro a mi amor parada ahí:
¿Qué puede importarme a mí la muerte?

2.
Ha estado lloviendo y lloviendo,
Ha estado lloviendo y lloviendo,
Salgo para dejar mis pisadas:
Veo las pisadas de mi amor.
Todas las pisadas se parecen:
Salgo a dejar mis pisadas
Y encuentro las pisadas de mi amor.


Los AMHARA (ETIOPÍA)

EL AMANTE DESPRECIABLE

Pantalones de viento y botones de granizo;
Un montículo de tierra Shoa, en Gondar nada queda;
Una hiena cargando carne, llevada con una correa de cuero;
Algo de agua en una copa dejada cerca del fuego;
Una medida de agua arrojada sobre el fogón
Un caballo de niebla y un hinchado
Inservible para todo, útil para nadie;
¿Porqué estoy enamorada de un hombre como él?

miércoles, 1 de septiembre de 2010

KAFKA EN VIENA














Buenos Aires, 1973. Trabajo
como médico de planta en el
Hospital Psiquiátrico José T.
Borda.
Es un servicio de 30 camas y
las pacientes son mujeres. El
servicio, recientemente inaugurado,
brinda internaciones breves para
pacientes agudos y semiagudos. Es
una perla engastada en el cemento corroído de un Hospicio.
Para 1973 las ideas antipsiquiátricas tienen plena vigencia. La escuela
inglesa es muy fuerte, con Laing y Cooper. También la americana, con
Bateson, Watzlawick, D.D. Jackson, etc, que enfocan a la esquizofrenia
como una patología familiar. En Francia, los Mannoni. En Italia, Franco
Basaglia.
Como subjefe de un sector del servicio, trabajo con un equipo de entre 8
y 10 profesionales. Una vez por semana recorremos, como parte de un
proyecto, los servicios de crónicos del resto del Hospital. Lo cierto es que,
en el tiempo en que todas las instituciones viven procesos revolucionarios
o simplemente revoltosos, el Hospital continúa inerte por completo.
Alrededor de 2400 pacientes vencidos por la psiquiatría, deambulan por
los patios o se mueren en los pabellones. El 80% del presupuesto total del
Hospicio va a parar al servicio de Clínica Médica, cuya finalidad es man-
tener con vida a esos pobres condenados.
 La gran mayoría no recibe tratamiento alguno. Si se visitaban sus historias
clínicas, no era infrecuente encontrarse con que la última anotación o indi-
cación psicofarmacológica tenía de 15 a 20 años de antigüedad.
El Hospital tenía una estructura asilar, con viejos pabellones rotulados con
número, teniendo los pacientes el mínimo de identidad posible para un hu-
mano y no contando con ningún derecho civil.
Pero aunque las condiciones generales fuesen tan siniestras, 2 servicios se
destacaban por su agresividad para con los pacientes a su cargo: el servicio
20 o penitenciario -en el que cumplían condena delincuentes que habían
eludido la cárcel común para venir a esta cárcel 'especial' donde cundían
los tratamientos "a impregnación" (sí, como los bombardeos de Dresde,
por ej) y las series de electroshocks; y el servicio 18 o Chiarugi, en el q se
encerraba a los pacientes que 'se portaban mal', un servicio de castigo. Y
recuerdo de esa visita que mientras el enfermero-jefe (los médicos no solían
visitar los servicios, se abroquelaban en el comedor de médicos, almorzaban
atendidos por pacientes que hacían de mozos, como en una colonia de las in-
dias orientales, y allí recibían la visita del cabo de su servicio de alrededor
de 200 camas que le comunicaba que el paciente de la cama tal estaba excitado
y que habría que hacerle 'una serie'. El médico rápidamente daba su consen-
timiento, no faltaba más, y el cabo se retiraba para realizar el tratamiento in-
dicado. 'Una serie' significaba 15 electroshocks, administrados sin anestesia,
día por medio, durante un mes.) Entonces, mientras este cabo-a-cargo nos in-
formaba en el hall acerca de las virtudes de ese servicio, unos pocos pacientes
se agruparon a nuestras espaldas, con la típica actitud de "no estoy acá",
"no existo", "no se fijen en mí", que los ponía relativamente a salvo de san-
ciones. El cabo nos contaba entonces que la mayor cualidad del Chiarugi era
lo bien provista de psicofármacos -que podían escacear en otros servicios, pero
no en ése- que estaba la enfermería y en ese momento, en el momento en el
que el enfermero resalta ese hecho como "eso es lo bueno", en "off", uno de
los pacientes musita "ése es el problema"... Era imposible no simpatizar con
aquellos que habían sido transportados a la condición de subhumanos por la
vía de la  "ciencia psiquiátrica".
En otra parte hablaremos de cómo se "descubrieron" las cualidades curativas
del electroshock, en Italia, también, pero en un matadero de chanchos.
Pero ahora es el momento de detenernos en Chiarugi, en Vincenzo Chiarugi
(1759-1820).

Paradójicamente, pero, ¿es otra cosa que una suma y combinación despropor-
cionada de paradojas y de absurdos un Hospicio?, Vincenzo Chiarugi fue un
médico dedicado desde joven a introducir reformas humanitarias en los hos-
pitales psiquiátricos. En sus tiempos, el estado italiano de Florencia estaba
gobernado por el Gran Duque Pietro Leopoldo, un iluminista que abolió la
tortura y la pena de muerte, además de ocuparse del maltrato y del abandono
que padecían los enfermos mentales. Chiarugi utilizó las tres categorías del
esquema clasificatorio de William Cullen: Melancolía/ manía/ demencia,
tomándolas como categorías diversas pero flúidas. Sin obtener el reconoci-
miento que recibiera su contemporáneo Pinel, por ser éste francés
-hay que decirlo- gracias a la "ley del insano"(legge sui pazzi) que introduje-
ra el Gran Duque, y a la reconstrucción de un Hospital Público, el Bonifacio,
dedicado a la internación de pacientes considerados insanos, el joven Chiaru-
gi se encontró a cargo del primer hospital de ese tipo en Europa. Su trabajo
con los pacientes recibió el nombre de "tratamiento moral" y estaba basado
en la disciplina moral y en el cuidado psicosocial de los pacientes, que hasta
entonces eran considerados animales salvajes que habían perdido la razón.
El Ospedale di San Bonifazio se transformó más tarde en el Ospedale Neuro-
psichiatrico Vincenzo Chiarugi de Firenze, emplazado en la Via San Salvi y
Via del Guarlone, cerca del Campo di Marte.

Nos trasladamos a unas pocas cuadras de ahí, en el espacio y  en el tiempo:
es la misma Florencia, pero en 1913. Valery Archibaldo Olson Barnabaud
(un 'merge' entre Larbaud y Barnabooth, su heterónimo, creado por V.L en
1902, antes de que Fernando Pessoa iniciara su serie de heterónimos
con Alberto Caeiro, en 1911) recorre Florencia, por segunda vez, durante
dos meses, entre Abril y Junio. A.O. Barnabooth es uno de los hombres más
ricos del mundo, pero eso no impide que se haga las preguntas más vitales
acerca de la existencia.
 Desinteresado del Borgo Santi Apostoli (esos palacios ya no significan nada
para él, el Strozzi, el Altovita, el Giaconi, el Corsini, el Spini-Ferroni, el Ru-
cellai, el Canacci cuyos nombres conoce de memoria, así como a sus dueños
y a sus patios y salones) y recordando el desagradable episodio vivido en el
café La Giubbe Rosse al encontrarse con Papini y Sofficci, (todavía no ha-
bían desembarcado allí Montale, Ungaretti y Quasimodo -Montale iba a di-
rigir la biblioteca del Gabineto Vieusseux, una de las preferidas de Barna-
booth, en el Palacio Buondelmonti), decide alejarse de la vida social.
 Dice Barnabaud: "Ver otra vez las galerías, naturalmente. Porque pese a to-
dos los novelistas y a todos los estetas, Florencia no sería nada sin las gale-
rías. Aparte de la Piazza della Signoria, no hay nada aquí digno de ser amado
en forma constante."
Estamos en las galerías, entonces. Sentados en los bancos de piedra que hay
a lo largo de los Uffizi, "a la sombra de las arcadas". Ya hemos descansado
lo suficiente.
Entramos en la sala 19, que es la de Perugino y de Signorelli. Es necesario
decir que el retrato de Francesco della Opere del Perugino (de 1494, precisa-
mente) tiene algo de paródico y algo de fantástico. Es la visión de un gigante
con un trasfondo de viviendas pequeñas, de árboles hechos de pequeños pé-
talos a la distancia. "Timete Deum" reza un pequeño pergamino que tiene en
 la mano derecha. "Temed a Dios".
Al lado, la sala 18, llamada también Tribunna, octogonal, pintada de escar-
lata con un techo en bóveda incrustado en caracoles de nácar. Por el cenit
del huevo entra luz fresca. En esa sala, una dama de redondeado rostro que
retratara Andrea del Sarto en 1528, tiene en sus manos un alargado libro,
llamado "el petrarchino". (los sonetos de amor de Petrarca). Con el pulgar
derecho señala dos versos del soneto CLIII: "Ite caldi sospiri/ al freddo corre",
mientras que el índice de la mano izquierda roza dos versos del CLIV:
"Le stelle, el cielo et gli/ elementi a prova". Francesco Petrarca que conoció
de chico al Dante en Pisa, recuerda ahora Barnabaud, contemporáneo de
Boccaccio - como lo fueran en el siglo VIII, en China, los tres mayores poetas
chinos, Wang Wei, Li Bai y Du Fu, una corcordancia de hechos para la cual la
casualidad es una exigua explicación- escribe para Laura, su amor
no realizado. Lamenta entonces que no esté en las galerías el retrato que el pin-
tor sienés Simone Martini (amigo de Petrarca) hiciera de esta mujer.
El soneto CLIII dice: "Ígneos suspiros id al pecho frío/ y el hielo abrid que con
Piedad contiende/ y, si al ruego mortal el cielo atiende/ muerte o merced acabe
el dolor mío"
(Este es el 1er cuarteto).
Este poema termina: ("pensamientos dulces") (...) Id seguros, que Amor va a
vuestro lado; que tal vez sea Fortuna más clemente,/ si de mi sol el gesto ha
descifrado". (Es decir, si ha entendido bien el gesto de Laura). Gestos, ya
volveremos a ellos, cuando visitemos a Tiziano en la sala 28.
El soneto CLIV, por otra parte,  comienza "Los cielos y la tierra han puesto a
prueba/ todo su arte y cuidado en la luz pura/ que es el espejo del sol y de
Natura,/ si aquél a lo demás ventaja lleva". El poema termina con una
pregunta: "¿Y cuándo ha sido/ vil querer por beldad suma apagado?"
Ya en 1367 F.P. se queja desde Venecia a su amigo Guido Sette acerca
de la época. "...el cambio de los tiempos hacia el empeoramiento y la
ruina, no dudo que la fuerza de la verdad te obligue a estar de acuerdo
conmigo" (...) " y de este modo podría llevarte por toda Italia, e incluso
por toda Europa, para encontrar por todas partes nuevas razones que
confirmen mi tesis" (ruina y desolación, estragos y desventuras).

Kafka nunca visitó Florencia.
Hablaremos más adelante del viaje de Franz K. a Venecia, Verona
y al Lago di Garda. Digamos por ahora tan sólo que el autor de
El Proceso pasó 45 días en total en el extranjero. Visitó Berlín,
Munich, Zurich, París, Milán, Trieste, Venecia, Verona, Viena
y Budapest. Tal vez soñó con viajar a los Estados Unidos, como
su personaje de "América", pero ciertamente era su deseo, hacia el
final de sus días era establecerse en Israel, aún sabiendo que debido
a su precaria salud nunca lo lograría.

Kafka viaja a Viena en setiembre del 13
teniendo por finalidad manifiesta asistir a dos Congresos.
Durante su breve estadía permaneció en el Hotel Matschakerhof, en la
Seilergasse ("clean, quiet, and moderate", dice una guía de viajes del
sur de Alemania.)
Visitó tan sólo dos cafés de Viena:
el escasamente conocido Cafe Beethoven y el más conocido Cafe Museum
Se mantuvo bastante aislado, pero coincidió que durante su visita
Musil, Kokoshka y Alma Mahler estaban de vacaciones,
Trakl estaba en el Tirol
y Peter Altenberg, que recién emergía de una internación en un instituto
psiquiátrico, vivía desde entonces en el Lido de Venecia.
Pudo haberse encontrado con Karl Kraus. Es más, de haber estado
el 9 de setiembre en el Cafe Imperial, sobre el Kärtner Ring, a 10 minutos
de marcha, hubiese presenciado cómo Karl Kraus era presentado al amor
de su vida, Sidonie Nádherny.

De todos modos, el problema de un encuentro entre K y KK, era Max Brod.
Éste había atacado tanto verbalmente como por escrito a Kraus de manera
inconciliable y sólo debido a la superioridad tanto lingüística como intelectual
del gran orador-periodista-pensador austriaco.

Kafka asiste a un Congreso de compañías de seguro que se realiza en los
suntuosos salones del parlamento vienés.
Y luego asiste al congreso sionista, que se llevó a cabo en la sociedad musical
de Karlsplatz y al que asistieron 10.000 judíos de Europa, Palestina y Sudáfrica.
K. se aburre en ambos congresos, aunque presente un trabajo en el de los
seguros, como empleado de Assicurazione Generale, con sede original en Trieste
y sucursales en varias ciudades europeas, entre ellas Praga, debajo de cuyas
oficinas hoy se encuentra una tienda de ropa de origen sueco.

K: "¿Qué tengo en común con los judíos? Apenas tengo algo en común conmigo
 mismo."

En Vértigo, Sebald ubica al Dr. K en 2 capítulos consecutivos, aunque la única
relación entre ambos sean sendos viajes a Italia: de Sebald en el capítulo llamado
All'estero y de Kafka en el llamado justamente Viaje del Dr. K a un sanatorio de
Riva. En este último comienza mencionando la llegada de Kafka a Viena, el sábado
6 de setiembre de 1913, para luego llevarlo, al año siguiente por un extraño periplo
por el norte de Italia, entremezclando, como tan excelsamente sabe hacerlo WGS,
el viaje de K con una serie de hechos y recuerdos que tornan al relato en una suerte
de mezcla de sueño y de diversas realidades. Como dice el autor de "Los emigrados",
él no trabaja con la ficción, sino con la prosa.
Sebald parte de un ensueño de Kafka, transcrito el 25 de junio de 1914 en su diario,
para reinventar el viaje de K. a Trieste y para ello ubica la visión del escritor checo
el día 14 de setiembre de 1913, la noche de la llegada de K a esa ciudad en ese
entonces austriaca. Mezcla de fechas y lugares, preñados ambos con la misteriosa
atracción que ejerce FK para nosotros y que, según los más variados testigos, ejerció
también en sus contemporáneos. Pudo, de acuerdo con las fechas de su visita a
Trieste haberse encontrado con Joyce y con Svevo, pero hasta donde sabemos, no
lo hizo.

SECCIÓN "ANHELOS Y DESEOS"

Probablemente todo lo que un hombre posee es su deseo, al menos todo lo que le
sirve para olvidarse que no posee nada.
Jacques RIGAUT

Cuando un prostituto miraba a Abu Nowas, Abu Nowas captaba en su mirada no el
deseo de dinero, sino el deseo a secas y esto lo conmovía.
Roland BARTHES

Las sombrías articulaciones del deseo
los lazos de la rosa
bajo la peladura del frío maduran una pasión feroz
con alas de sangre
Paul-Marie LAPOINTE

El mundo es de inspiración tantálica: despliegue de un inmenso hacerse desear que se
llama Cosmos, o mejor: la tentación. Todo lo que desea un trébol y todo lo que desea
un hombre le es brindado y negado. Yo también pensé: tienta y niega.
Macedonio FERNANDEZ

Horizontal, sin horizonte,
Sin deseo y sin nada deseable,
Duermes al fin un sueño estable.
-¡Ah, ser un breve círculo en el agua!
Jules SUPERVIELLE

Deseo de un sueño profundo, que disuelva más.
Franz KAFKA

Pero el fuego que enciende los deseos y que ilumina los pensamientos jamás se prolonga
más de unos segundos consecutivos; el resto del tiempo trstamos de recordarlo
René DAUMAL

Me pedía la luna. Traje un balde de agua. "Toma -le dije- ahí la tienes. Inclínate, tómala.
¿Que no puedes tomarla? Es cosa tuya, no mía. Yo te he traído la luna".
Jules RENARD

Yo que sólo quisiera, pero elegir no puedo,
una vida calmada, oscura, sin deseo,
una pobre cabaña en el bosque perdida,
de musgos y jazmines y de vides ceñida,
flores que cultivar, una barca que pasa,
y el frescor de la noche respirar sobre el agua...
Gerard de NERVAL (como el ensueño de Carlos VI)

Mereces la locura: por la estupidez de tus deseos.
Peter HANDKE

No olvides nunca formular tu deseo, Malte. Creo que no se cumplen, pero hay deseos
a largo plazo, que duran toda la vida, de modo que no podría esperarse su cumplimiento.
Rainer M. RILKE

Pero por otro lado, ¡qué fino y gloriososo es hacer feliz a una mujer!
Aún si yo no sirviese para ninguna otra cosa, esa sería una cosa muy distinguida.
Valery LARBAUD como A.O. Barnabooth

Quería escabullirme en silencio y sin llamar la atención hacia otra era.
Werner HERZOG

Pero cortemos pronto flores nuevas
sin lamentar que luego desfallezcan
escasas como son las flores de la vida,
hagámoslas, cortándolas, divinas.
Thomas S. ELIOT

Del propio sueño cuya magia/ cierra los ojos de los dioses,
el vuelo impediría/ para llegar, bien que sin alas
yo solo a poseerte.
MELEAGRO (100 A.C.)

Escribir con la punta de su corazón
Jules RENARD

Arrebato
un alma inmensa quiere entrar en mi alma
Henri MICHAUX

Apareció ella, deseable, y lo liberó de toda idea de deseo.
Peter HANDKE

Por calentarle la cena a un extraño/ quemaría mi casa.
Marina TSVIETÁIEVA

Mi meta ahora es saberlo todo sobre el proceso de fusión de las vocales en las lenguas
arias.
Mircea ELIADE

Aún en sueños tú te me has negado/ y enviado sólo tus doncellas
Ezra POUND

Porque más quisiera ser tu dueño
por una hora, que de todo el resto para siempre
John DONNE

Nos mata el vago deseo de la belleza. Hemos explicado cómo desfallecía S. deseando el
vacío. Porque la vida no está en esos cuerpos y esos rostros que nuestra mirada atraviesa ansiosamente, sin conmoverlos.
Jean COCTEAU

En estos tiempos no sé, por así decir, lo que quiero; tal vez no quiero lo que sé y quiero
lo que no sé.
Marsilio FICINO (carta a Cavalcanti, c. 1475)

Todos los poemas aspiran a ser traducidos incluso antes de que los escriban, traducidos a
todos los idiomas, o al idioma verdadero.
Alan WALL

Hoy es el octavo día y siento que ya es suficiente. Me gustaría ser transportado a un baño,
en el Ritz de París, y luego tomar un martini seco en el bar.
Graham GREENE (embarcado en medio de un río en Africa Central)

Ah, quede yo para siempre ciega
Con leones, tigres, leopardos y sus semejantes.
Victoria SACKVILLE-WEST

Si alguna agua de Europa deseo, es el charco
Negro y frío donde hacia el crepúsculo aromado
Un niño en cuclillas lleno de tristezas, suelta
Un barco frágil como una mariposa de mayo.
Arthur RIMBAUD

No quiero tener la terrible limitación de quien
vive apenas de lo que es pasible de hacer sentido.
Yo no: lo que quiero es una verdad inventada.
Clarice LISPECTOR

Un niño lo único que quiere es certeza
Michael ONDAATJE

Quisiera ver con más claridad; pero me parece que nadie ve con más claridad.
M. MERLAU-PONTY

¡Ojalá la tormenta
me haga añicos!
Marina TSVIETÁIEVA

Puedes mirar a una mujer sin necesariamente querer tocarla,
tu deseo está calmo como la llama de una vela en un cuarto cerrado.
Arthur LUNDQVIST (saliendo de un coma)

Aprendimos a no volvernos a encontrar,
A no mirarnos a los ojos,
Pero ni aún así responderíamos
por lo que dentro de una hora pueda suceder.
Anna AJHMATOVA

Espero, después de haber expresado en esta tierra todo lo que se aguardaba de mí, satisfecho,
morir completamente desesperado.
André GIDE

Los loros con collares de colores en el cuello son una nube de alas:
¡Que de las copas de los árboles vuelen las flores perfumadas!
Que las flores caigan como una lluvia sobre la tierra.
Los ARANDA (etnia original de Australia)

El fuego de su sed sacraliza el agua
Henri MICHAUX

Me gustaría leer lo que no has escrito
Simone CHAMBELLAND

¡Ah, el opio de ser cualquier otra persona!
Fernando PESSOA

Todo el día el deseo
penetra en el corazón de los hombres
Michael ONDAATJE

El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo
de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
Milan KUNDERA

Yo también tenía un vicio, el de querer expresar lo impalpable de una sugestión.
Francis PICABIA

Sólo hay que pedir al cielo la euforia y los medios de servirse de ella.
Paul VALERY

¿Qué estrangulado no habla un día de liberarse?
Las mismas mesas, según se dice, hablan de liberarse de sus fibras.
Henri MICHAUX

Al final de este día quedó lo que quedó de ayer y quedará de mañana: el ansia insaciable e
innúmera de ser siempre el mismo y otro.
Fernando PESSOA

Cómo, mientras los ancianos están esperando reverente, apasionadamente
El milagroso nacimiento, siempre tiene que haber
Niños que no tenían ningún deseo especial de que se produjera, patinando
Sobre un estanque en el borde del mundo...
W.H. AUDEN

"Mi esposa", dijo Pinnegar, "espera ver cómo me hundo cuando me deje. Es su última
esperanza."
D.H. LAWRENCE

"Allí estaban los claveles rojos en la mesa y el fuego saltarín. Pensé:<Si todo volviera
atrás y  fuera tal como era antes de que sucediera y luego sucediera de forma diferente>"
Jean RHYS

"¡Si supieras cuánto esfuerzo he gastado en alcanzar cosas que no me incumben!, dice
Carmona: en ser lo que Madre quería que fuese. Equivoqué el camino. Debí esforzarme
en ser nadie. A ella le hubiera gustado más."
Tomás E. MARTÍNEZ

Quisiera escribir un libro, como escribo en este momento, tal como os hablo en este momento. Apenas siento que las palabras salen de mí. En apariencia no hay nada más dicho que la nada
que hay en todas las palabras.
Marguerite DURAS

Otra vez del vientre de la razón han arrancado el deseo como un higo negro.
Lawrence DURRELL

Quisiera tocar fondo. Cuántos cientos de veces he deseado tocar fondo,
el fondo de este acoso, el fondo
Henri MICHAUX

El deseo es una pregunta cuya respuesta no existe
Luis CERNUDA

El que se inflige dolor por algo que desea, se llama pecador
El TALMUD

Escucha, tonto, el sonido de tu deseo...
Malcolm LOWRY

BATAILLE llama deseo a "la angustia que sustituye a la amistad"

No espero a nadie/ e insisto en que alguien tiene que llegar
José LEZAMA LIMA

Nuestro deseo es triste como la muerte de las aguas
Georges SCHEHADÉ

Solitario candor, sé perenne en nosotros
que desolados fulguramos sin indicar el rumbo
W:S: MERWIN

Y yo gusto tanto de ella que no sé cómo desearla
Fernando PESSOA

Y además, habría que saber si estaba el deseo en mi sangre
o era mi sangre la que estaba en el deseo.
Maurice BLANCHARD

Deseo, cuanto es posible, hacer que mi desgracia me divierta. No sé hasta qué punto lo
consigo.
No sé hasta qué punto consigo algo. No sé hasta qué punto se puede conseguir algo.
Fernando PESSOA

EN EL FRUTO DE INVIERNO,
EN EL PULMÓN DE LAS BATALLAS QUE RECOMIENZAN,
EN EL LOCO DE LA CHALUPA.
EN LOS BRAZOS TORCIDOS DE LOS DESEOS PARA SIEMPRE INSATISFECHOS
SERÁ SU MEMORIA.
Henri MICHAUX (!)

PISTAS/ TEXTO DE "BLILKLA"

CV

Ese canto sólo te roza en "tenulla y con esplendor".
Y una denominación traída de otro lado: "islas benditas".
Islas hondamente sumergidas
cuyas ramas lían flores en el entremundo
que arroyos y brisas luchan por poseer.
En tu calmo remolino
se te encuentra.
En Venecia temblabas como la luz
sobre el agua oscura,
y lograste traer la música de esa claridad.

Cerca, pero habría que conocer los idiomas
que prescinden de las palabras.
"Enlazando la luz sobre mi hombro", dice Pound.

Sentir: fluir del desvarío.
Mareas constantes,
hundiéndose unas en otras, y navegándose-
ISLAS
y la otra palabra...
perdida
susurrante
clamor

VERSIONES/ TRES POEMAS DE PAUL BOWLES

AMÉRICA

Las enrejadas cámaras de vidrio en que vivimos
nuestros voluntarios caracoles de cristal
¿Quién hay aquí para quejarse?
La blanca luz de nuestra endeble prisión
Donde todos yacemos lánguidamente en esteras grises
Siento el raspar de secas frondas en la mampara
Donde ningún insecto vuela ni ninguna escamosa serpiente se mueve
Las colchas de raso sobre nuestras camas
Las hileras de botellas con frágiles tapones
Nuestras ventanas con pequeños paneles
¿Quién hay aquí para rebelarse?




LEJOS DE PORQUÉ

Quién dijo qué cuándo
No lo que se quería significar.
Dónde oído cómo dicho
Pero lejos del porqué
Hay una manera de dominar el silencio
Controlar sus curvas, habitar sus oscuros rincones
Y escuchar el sisear del tiempo ahí afuera

(No lo que se quería significar, y lejos del porqué)



SIDI AMAR EN INVIERNO

Pero creo que nunca he visto tu rostro
Un día lluvioso, cuando las grises arterias del cielo
Pulsan entre los árboles, y en tu corazón
Agua que corre. Nunca te he visto llorando.
Con el zumbar de la noche, tu cabeza resistiendo al silencio.

Vendrá un día en que las líneas sobre el cielo
Ya no se aferrarán alrededor de las torres
Y tú que tiemblas en la noche
Irás a lugares grises con algo desconocido.

VERSIONES/ ROGER GILBERT-LECOMTE


ES INFINITAMENTE LAMENTABLE

Es infinitamente lamentable
que el progreso 
haya eliminado el uso
del yesquero
Máquina a fuego
basada en la Trinidad

Del fantasma de la yesca
Del espíritu del sílex
Del espectro del acero
Instrumento de valor mágico
De magia poética
   incalculable
   inapreciable



NOCHE DE BAILE

Una cigarrería sobre una plaza de pueblo
Desafío el menosprecio de esa "joven sin
hombros" y robo dos
cajas escarlata de cigarrillos.

Huida por una ruta rectilínea.
Atropellándome sobre un carro que
rueda solo.
Hasta un cruce de ruta.

Cien metros a pie. 
Casa solitaria en el campo
"TABERNA ARGELIA"
Entro en compañía de la noche que termina.

Piso bajo.
Sombra: toman sobre las barricas
Escalera de molinero
al segundo piso. Una sala llena de humo y muy poblada
Donde, incendio general del Reencuentro.
hacia mí el Mago
joven oriental vestido a la europea
yo participo a su existencia
Oh, sus pases y sus ojos de hechizo
para siempre en mi alma.

                   El olvido decolora todo lo demás...

Sortilegios apoteosis indecibles porque:
Las angustia de las cuevas de la oscuridad.
hermana de mis despertares y dormires
Se exalta, se diviniza y se metempsicosa
En el extraordinario éxtasis de Angustia
(que no es de un mortal)
Al fondo la más lejana de mis pesadillas olvidadas
es una célula estanca de donde difunde
Toda la luz original

(Su intensidad inundando a un
ciego viviente en velo negro
le mataría)

Es todo lo que me ha permitido decir.




LAS FRONTERAS DEL AMOR

Entre los labios de besar
El vidrio de la soledad







FUENTE
Black Mirror. The Selected Poems of Roger Gilbert-Le-
comte.

VERSIONES/ RAYMOND CARVER






EL RESTO

Las nubes cuelgan blandamente sobre esta extensión
                                                             [de la montaña
detrás de mi casa. Dentro de un rato, la luz
se irá y el viento vendrá
a dispersar esas nubes, o algunas otras,
a través del cielo.

Me dejo caer sobre las rodillas,
volteo al gran salmón sobre su costado
en el pasto húmedo, y comienzo a usar
el cuchillo con el que nací. Pronto
estaré ante la mesa de la sala,
tratando de poner de pie a los muertos. La luna
y el agua oscura, mis compañías.
Mis manos están platinadas de escamas.
Los dedos confundiéndose con la sangre oscura.
Por fin, libero la masiva cabeza. 
Entierro lo que precisa ser enterrado
y me quedo con el resto. Le echo una última mirada
a la elevada luz azul. Me vuelvo
hacia la casa. Mi noche.



COMPAÑÍA

Esta mañana me despertó la lluvia
en el vidrio. Y entendí
que ya hace rato
que he elegido lo corrupto cuando
tuve elección. O, sino,
simplemente, lo meramente fácil.
Por encima de lo virtuoso. O lo difícil.
Esta manera de pensar me ocurre
cuando he estado solo durante días.
Como ahora. Horas pasadas
en mi propia estúpida compañía.
Horas y horas
semejantes a un pequeño cuarto.
Con sólo una faja de alfombra sobre la que caminar.



ATARDECER

Pescaba solo ese lánguido atardecer de otoño.
Pescaba mientras seguía llegando la oscuridad.
Vivenciando una pérdida extraordinaria y luego
extraordinaria alegría cuando traje un salmón plateado
hasta el bote, y hundí una red debajo del pez.
¡Corazón secreto! Cuando miré hacia el agua moviente
y hacia arriba al oscuro contorno de las montañas
más allá del pueblo, nada me indicó entonces
que sufriría esta nostalgia
de regresar una vez más, antes de morir.
Lejos de todo, y lejos de mí mismo.



DONDE HABÍAN VIVIDO

Dondequiera que fue ese día caminó 
en su propio pasado. Pateó a través de pilas
de recuerdos. Miró a través de ventanas
que ya no le pertenecían.
Trabajo y pobreza y cambio chico.
En aquellos días habían vivido por sus voluntades,
determinados a ser invencibles.
Nada podía detenerlos. No
por un rato muy largo.

En el cuarto de motel
esa noche, en las horas tempranas de la mañana,
él abrió una cortina. Vio nubes
amontonadas contra la luna. Se inclinó
acercándose al vidrio. El aire frío pasó
a través y puso su mano sobre su corazón.
Yo te amaba, pensó.
Te amaba bien.
Antes de dejar de amarte.