sábado, 19 de marzo de 2016

POEMAS DE LAS KISAENG



Las Kisaeng son un grupo muy especial de mujeres corea-
nas que vivieron entre los siglos XV y XVIII, que fueran una
combinación de entretenedoras profesionales, cortesanas y ar-
tistas (en el sentido de la actuación). A veces se las llamaba
"mujeres habilidosas (o dotadas, o expertas, o hábiles)". Se
las seleccionaba entre las clases pobres por su belleza, juven-
tud y talento, y se las obligaba a trabajar para lo que de hecho
constituía una suerte de burocracia gubernamental de la ac-
tuación. Algunas de ellas escribían, haciéndolo con una mez-
cla especial de maestría técnica, distancia emocional e ironía.
 En total existen menos de cien poemas registrados, pero aún
así, han logrado constituir una duradera tradición de poesía
amorosa.
 Estos poemas fueron transmitidos en forma oral, ya que los
derechos de estas mujeres eran sumamente reducidos, trans-
formándolas en cuasi-personas. Sin embargo, hoy sabemos
que estaban dotadas de fuertes personalidades, de tal modo
que esos poemas que pertenecían a la periferia de la cultura
coreana, hoy se han situado en su mismo centro.
 Una joven kisaeng era tomada de su familia y se la 'educa-
ba' de tal modo que no pudiese casarse ni formar una familia.
Sin embargo, su libertad interior y el conocimiento tanto de
los hombres como de los ámbitos en los que desarrollaban
su actividad, les permitió adquirir una personalidad original.
 Aquellas kisaeng que escribieran estos poemas habían teni-
do mayores 'permisos' para ser ellas mismas que la mayoría 
de las mujeres de la época. Como artistas, sin embargo, de-
bían permanecer anónimas. En algunos casos,una kisaeng
podía hablar (y escribir) como una par intelectual de los
hombres a los que servía. Por supuesto que hay historias
legendarias de amores entre las kisaeng y los hombres más
famosos de su tiempo. La más notoria de ellas es Hwang 
Jini (1511?- 1541?), cuya fama se tornó mítica y sigue cauti-
vando a los coreanos. 
 Lo cierto es que paradójicamente, las kisaeng han sido las
únicas mujeres coreanas consistentemente educadas en la
historia de Corea. Por otra parte, su condición de marginales
las volvía socialmente inaceptables. Hay que decir que en
ese tiempo, las mujeres coreanas estaban encarceladas en
sus casas durante todo el día, y que, aún en sus casas, te-
nían prohibido cualquier contacto con un hombre que no
perteneciera a la familia. También dentro de la misma, el
contacto entre los sexos estaba muy restringido. Las mu-
jeres no recibían una educación formal. Se las limitaba a
las tareas hogareñas o de la vida rural. No estaba bien vis-
to que leyeran, por ejemplo.

 Estos poemas tienen la forma tradicional llamada Sijo.
 El Sijo es un poema de tres líneas que en sus comienzos
era usado en las tonadas populares. Continuó siendo así
hasta el inicio de la Dinastía Chosun (1392-1910), en la
que comenzó a ser aceptada como una forma literaria vá-
lida. La estructura sintáctica del Sijo facilita la expresión
de sentimientos y emociones personales. En otros casos
se utilizó esta forma literaria para reportes de tipo político
en los que las 2 primeras líneas informaban hechos y la
tercera moralizaba acerca de ellos. Los poemas líricos o
personales, por otra parte, terminaron cobrando una rigi-
dez excesivamente formal. Las mujeres kisaeng fueron
quienes le devolvieron vida y poesía a estos versos.



 1.
 Tarde una noche, sola, insomne,
 oí gritar a las ocas salvajes.
 Dándole más mecha a la llama,
 seguí dando vueltas.

 Entonces bajos, pesados sonidos de lluvia
 me hicieron sentir un poco más oscura, más lejana.

 KANG GANGWOL


 2.
 Ante ciertos pensamientos acerca de él
 mis ojos todavía pueden llorar.
 Ese otoño las ocas salvajes volaron tan lejos
 que se llevaron el cielo con ellas.

 Quedate tan lejos como puedas;
 el tiempo te retendrá o te conducirá de regreso.

 KANG GANGWOL


 3.
¿Quién te atrapó, pescadito, y luego te soltó
 dentro del estanque de mi jardín?
 ¿Qué claro mar del norte dejaste
 por estas pequeñas aguas?

 Una vez aquí, sin posibilidades de huir,
 vos y yo somos iguales.

 KUNGNYO


 4.
 Los pétalos llovieron desde los perales
 mientras yo le lloraba entre mis brazos.
 Ahora que el viento del otoño se lleva las hojas,
 ¿me conserva él en su interior?

 Mis sueños recorren las distancias hasta él
 y regresan fatigados de viajar.

 KYERANG


 5.
 A este viejo muñón de un ciruelo
 la primavera sí regresa.
 Cada vez, esta rama ha florecido;
 tal vez lo haga una vez más.

 La nieve de primavera aturde al cielo;
 puede que haya o que no haya una nueva flor.

 MAEHWA


 6.
 No me digas que el rostro que tengo ahora
 sería rastreado por su belleza.
 Los pensamientos tristes se convierten en un hilo visible
 que se enrolla a sí mismo hasta anudarse.

 El esfuerzo no lo estirará,
 buscar no encontrará el final.

 MYONGOK


 7.
 Muy bien, pero no digas esas palabras. Si ya
 no me mirás, ¿para qué seguirías hablando?
 Si el cielo te mirase a vos solo,
 entonces podrías hablar como quisieras.

 Somos todos, todos del cielo;
 hay un amor enviado para mí.

 MUNHYANG


 8. 
 Dicen que el amor es bueno para uno,
 que se deja ver mejor en la separación.
 Me llevó mi vida darme cuenta
 de que la primera vez puede significar nunca más.

 Dicen que si tomás amor,
 debés dar dolor.

 OKSON


 9.
 Arroyo azul, no muestres tanto tu velocidad
 descendiendo por mi verde montaña.
 Una vez que alcanzás el ancho mar azul,
 no es fácil el camino de regreso.

 La luz de la luna llena ahora mi valle;
 aflojá el paso, descansá, después andate.

 HWANG JINI


 10.
 Vieja montaña, acá estás todavía,
 pero estas no son las mismas aguas:
 no han empezado a envejecer,
 habiendo fluido cada día, cada noche.

 Mi amor ha sido puro como el agua,
 viniendo a mí, yéndose.

 HWANG JINI


 11. 
 Todo lo que hacés, todo
 lo que hacés, engaña.
 Cuando amo, te convierto
 en mi enemigo.

 Pero las palabras que dijiste
 se guardan solas dentro mío.

 SONGI


 12.
 Nuestro amor no es para que vos lo des
 ni el de otras para que vos lo anheles.
 Tené cuidado, llevás
 nuestro amor con vos.

 Por tal amor, he vivido;
 por tal vida, habré de amar.

 SONGI






 FUENTE

Constantine Contogenis and Wolhee Choe. Songs of the
Kisaeng. Boa Editions, 1997.

domingo, 13 de marzo de 2016

OTROS POEMAS DEL GRAN TOMAS TRANSTRÖMER




 Nació en Estocolmo en 1931. Ha vivido muchos años en
Runmarö, una isla del Archipiélago de Estocolmo, un lu-
gar que muy posiblemente sienta como su verdadero ho-
garo. Ha trabajado unos cuantos años en Västeräs como
psicólogo y ahora ha regresado a Estocolmo. A los 60 años
sufrió un ataque que le dejó el lado derecho semi-paralizado,
y le privó del habla. Sin embargo siguió escribiendo hasta su
muerte, a los 83 años, en marzo de 2015.
 He descubierto, en la re-lectura de este párrafo, la reiteración
de la palabra "años". La/s he dejado ahí, porque la relación
de los poemas de Tranströmer con el tiempo debe de haberlas
sembrado.



 ROCA DEL ÁGUILA

 Detrás del vidrio del vivero
 los reptiles
 inmóviles.

 Una mujer cuelga el lavado
 en el silencio.
 La muerte se encalma.

 En las profundidades del suelo
 mi alma se desliza
 como un cometa.



 TARDE DE DICIEMBRE 1972

 Acá vengo, el hombre invisible, tal vez empleado
 por una Gran Memoria para vivir en este momento.  
                     Y estoy manejando frente 

 a la cerrada iglesia blanca- un santo de madera está parado
 sonriendo, indefenso, como si le hubiesen quitado los lentes.

 Está solo. Todo lo demás es ahora, ahora, ahora. La ley de
                   gravedad nos aprieta
 contra nuestro trabajo de día contra nuestras camas de noche.
                   La guerra.



 EL ÁRBOL Y EL CIELO

 Hay un árbol caminando por ahí bajo la lluvia,
 nos pasa corriendo en el diluvio gris
 Tiene un mandato. Recoge vida
 de la lluvia como un mirlo en un huerto.

 Cuando la lluvia para también lo hace el árbol.
 Ahí está, quieto en noches claras
 esperando como nosotros el momento
 en el que los copos de nieve florecen en el espacio.



 LISBOA

 En el barrio de Alfama los tranvías amarillos cantaban
                                                en las cuestas empinadas.
 Había dos prisiones. Una era para ladrones.
 Saludaban a través de las ventanas enrejadas.
 Gritaban para ser fotografiados.

 "Pero aquí", dijo el conductor riéndose como un hombre
                                                                 dividido en dos,
  "aquí están los políticos." Vi la fachada la fachada la fachada
 y muy alto en una ventana un hombre
 que tenía un telescopio pegado al ojo y  miraba por sobre
                                                                                   el mar.

 La ropa lavada colgaba en un aire azul. Las paredes estaban
                                                                                 calientes.
 Las moscas leían letras microscópicas.
 Seis años después le pregunté a una mujer de Lisboa:
 "¿Es cierto, o lo he soñado?"



 EN LO HONDO DE EUROPA

 Yo una cáscara oscura flotando entre dos cerrojos de 
                                                                                 portones
 descanso en la cama de hotel mientras la ciudad a mi 
                                                                 alrededor despierta.
 El silencioso clamor y la luz gris entran a raudales
 y me alzan lentamente al siguiente nivel: la mañana.

 Horizonte escuchado en secreto. Quieren decir algo los 
                                                                                   muertos.
 Ellos fuman pero no comen, no respiran pero aun conservan
                                                                                  sus voces.
 Habré de apurarme por las calles como uno de ellos.
 La ennegrecida catedral, pesada como una luna, causa flujo
                                                                                  y reflujo.



 UN BOCETO DE 1844

 La cara de William Turner es de color marrón-curtido.
 Ha colocado su caballete lejos entre las rompientes.
 Seguimos el cable verde-plata hasta las profundidades.

 El camina por el agua en el vasto reino de almacenaje
                                                                        de la muerte.
 Un tren llega. Vení más cerca.
 Lluvia, lluvia viajando sobre nosotros.




 CUATRO HAIKUS

 Cuando llegue la hora
 el viento ciego vendrá a descansar
 contra las fachadas.


 He estado en ese lugar-
 por toda una pared encalada
 las moscas se amontonan y amontonan.


 Aquí donde ardió el sol...
 un mástil sosteniendo una vela negra
 desde hace mucho mucho tiempo


  Una revelación.
  El manzano de toda la vida.
  El mar está cerca.



 MÚSICA LENTA

 El edificio está cerrado. El sol entra por las ventanas
 y calienta la superficie de los escritorios
 que son lo suficientemente fuertes como para soportar
                                           la carga del destino humano.

 Estamos afuera, hoy, sobre la larga ancha cuesta.
 Muchos visten ropas oscuras. Podés pararte en el sol con
                                                                 los ojos cerrados
 y sentirte siendo empujado lentamente hacia adelante.

 Casi nunca bajo hasta el agua. Pero acá estoy ahora,
 entre grandes rocas con pacíficas espaldas.
 Rocas que han migrado lentamente hacia atrás emergiendo
                                                                              de las olas.




 CARA A CARA

 En febrero el vivir se quedó quieto.
 Los pájaros volaban a desgano y el alma
 se raspaba contra el paisaje como un bote
 se raspa contra el muelle al que está atado.

 Los árboles permanecían con sus espaldas vueltas hacia mi.
 La profunda nieve era medida con pajas muertas.
 Las pisadas envejecían sobre la corteza.
 Bajo una lona el lenguaje añoraba.

 Un día algo vino a la ventana.
 Dejé caer el trabajo, miré hacia arriba.
 Los colores destellaban. Todo se dio vuelta.
 La tierra y yo saltamos el uno hacia el otro.



 UNA ELEGÍA

 Abro la primera puerta.
 Es un amplio cuarto iluminado de sol.
 Un pesado auto pasa en la calle
 y hace temblar la porcelana.

 Abro la puerta número dos.
 ¡Amigos! Ustedes bebieron la oscuridad
 y se volvieron visibles.

 Puerta número tres. Un estrecho cuarto de hotel.
 Vista a la calle trasera.
 Una lámpara chispeante sobre el asfalto.
 Hermoso residuo de experiencias.



 PÁJAROS DE LA MAÑANA

 Crece, toma mi lugar.
 Me empuja a un costado.
 Me tira del nido.
 El poema está listo.


FUENTE



 Tomas Tranströmer. The Great Enigma. New Collected
Poems. New Directions, 2006.













martes, 1 de marzo de 2016

POEMAS AMOROSOS DE LA ANTIGUA GRECIA - 3° PARTE




 Hacia el siglo VIII a.C., la literatura de la Antigua Gre-
cia pasa de la epopeya a la lírica. El 'período dorado' de
esta literatura se extiende solamente hasta finales del
siglo V (a.C.). La variedad de formas de la lírica griega
es inmensa, tal vez inigualada en la historia de la litera-
tura. Esta poesía, nacida de los sentimientos del poeta, 
le otorga una gran importancia al canto, a la música y a
la danza.
 La poesía lírica deja de lado el hexámetro, que era la
forma de la poesía épica, para adoptar toda clase de ver-
sificación. Aparte de la poesía personal, se desarrolla una
amplia variedad de poemas corales, el peán, el prosodio,
el himno religioso, el hiporquema, los encomios, el parte-
neo, el ditirambo, del cual parte la tragedia y los epini-
cios.
En nuestro caso, cuando decimos "de la Antigua Grecia", 
queremos decir de la Grecia Helénica también. En un viaje 
que hizo Kenneth Rexroth, uno de los traductores al inglés 
de la Antología Griega -y un gran poeta- en el que visitó el 
templo griego en Paestum, en el sur de Italia, sintió la pre-
sencia viva de Anyte de Tegea a lo largo del viaje. Una des-
cripción de esta poetisa a la que hemos traducido anterior-
mente, referida a unos niños jugando con una cabra afuera 
de un templo, lo cautivó especialmente: "un dios/ observa la
dicha de esos niños." Cada cual tiene su visión de cada co-
sa. La de Rexroth acerca de la civilización griega es: "La
humanidad se elevó hasta este punto y ahora sólo puede
decaer," para él los griegos en su poesía lírica, pero tam-
bién en su modo de relacionarse con el mundo, producto
de su sensibilidad pagana, aceptan sus experiencias bási-
cas como lo que son. "El sexo es el sexo", escribe en su
"Regreso a los clásicos"; "la infidelidad es la infidelidad,
no hay nada complicado acerca de esto. La muerte es la
muerte." Cita a Esclepíades que dice que en la faja de
Hermoine, estaba impreso este mensaje: "ámame, y no
te importe/ si otros me han tenido antes que vos."





 Acerca de la traducción del griego clásico al inglés, y
por 'peores' razones, luego al castellano, se pueden indi-
car algunos puntos importantes. La versificación en el
griego antiguo depende de ritmos abstractos, o metros, 
basados en intrincadas combinaciones de sílabas largas
y cortas, una característica casi imposible de replicar en
nuestras lenguas. De hecho, es este esquema formal el
que le provee a los poemas clásicos su estructura. No 
existe la rima final, y, por último, el griego es un lengua-
je musical, que utiliza acentos tonales de subida-y-bajada
(como el chino), y no acentos más suaves-o-fuertes como
se dan tanto en inglés como en castellano y aún en latín.




 La Antología Griega o Palatina, junto con el así llamado
Appendix Planudeana, contienen más de cuatro mil epi-
gramas y se inicia en el 700 a.C. El rango de temas que
abordan es enorme. Algunas de las elegías de Platón, así
como los epigramas de Calímaco podría decirse que están
más allá de la posibilidad de la traducción. Las variantes
de un traductor a otro de los textos griegos son, asimismo,
grandes. Para Dudley Fitts, uno de los mejores traductores
de esta poesía, las mejores versiones son las que se han
volcado en prosa. Y entre sus pares, destaca a J.W. Mac-
kail, con su invalorable prefacio y notas, como el mejor
de todos.



 De LA ANTOLOGÍA GRIEGA


 Cuando dormida yacía Artemidora,
 Demetrio la abanicó con una pluma de avestruz y
 La voló limpita de la casa.

 LUCILIO


 Envía a Antipatra desnuda a encontrarse con la caballería
                                                                             [Partiana,
 Y la caballería Partiana
 Saldrá en estampida de inmediato más allá del último hori-
                                                                                    [zonte.

 AMÓNIDES


 Este es Eurota, el río Lakoniano, y esta
 Es Leda, casi desnuda, y el Cisne que véis
 Oculta al gran Zeus.
     Oh pequeños Amores,
 Ustedes que me conducen tan poco dispuesto al amor,
 ¿Qué pájaro puedo ser?
        Si Zeus es un cisne,
 debe ser, supongo, un ganso.

  ANTIFILO DE BIZANCIO





 LA PRECIOSIDAD DEL AMOR

 ¿Qué clase de vida, qué clase de placer puede existir sin
               la dorada Afrodita?
 Que me muera cuando estas cosas ya no me interesen:
un flirteo en la oscuridad, los regalos que los enamorados
                dan, y la cama-
      las flores de la juventud que todo hombre y mujer
quiere arrancar. ya que cuando la dolorosa vejez llega,
      desfigurando aún a un hombre bien parecido,
su mente se agota de preocupación
      y sus ojos ya no disfrutan de la luz solar,
detestado por los muchachos, insultado por las mujeres.
    tal es la carga que Dios ha hecho de la vejez.


 MIMNERMO de COLOFÓN (s. VII a.C.)



 SÓCRATES A XANTIPÉ

 Yo soy una manzana, echada a suerte
 Por uno que te ama. Dí
 Que sí, Xantipé. Ambos nos echaremos a perder.

 PLATÓN 

 (Se trata de una manzana arrojada al aire como una moneda.
 La idea es: "de cualquier manera nos pudriremos, ¿por qué
no hacerlo?" En la misma línea, el poema siguiente.)



 ¿Te estás guardando? ¿Para qué?
        En el inframundo
 no conseguirás a nadie
       para disfrutarte, muchacha.
 Hacer el amor es para los vivos.
       Pasando Estigia* habremos de
 como huesos y alimento-de-la-urna,
     vírgenes, desparramarnos.

 ESCLEPÍADES de SAMOS (n. alrededor de 320 a.C.)

 * Estigia: un río del Hades, en inframundo de los griegos,
 el río Estigia.






  Eurota le dijo a la diosa del amor,
 "Usa armas o no vivas en Esparta,
 la ciudad se ha vuelto loca-en-armas."
 Ella se rió de linda manera y le dijo al río,
 "Pero yo estaré desarmada por siempre,
 y viviré en Esparta por siempre."
 Ella está desarmada. Es blasfemo
 hablar acerca de las armas del amor.

 LEÓNIDAS de TARENTO (¿siglo III, a.C.?)



 UNA ESTATUA DE BERENICE

 Hay cuatro Gracias. Junto a las tres originales
 Se alza una recién traducida, aún goteando perfume
 Bendecida y emulada por todos -Berenice,
 Sin la cual las Gracias mismas no son Gracias.

 CALÍMACO (c. 300-240 a.C.)



 Me enamoré de vos, Attis,
 Hace mucho, cuando aúneras
 Una desgarbada muchachita.

 SAFO (s.VII-VI a.C.)






 "Nada es más dulce que el amor.
 Aún la dicha ocupa el segundo lugar.
 Aún la miel que escupo de 
 Mi boca." Yo, Nosis, digo esto,
 "Si cualquier muchacha no ha sido besada
 Por el amor, ella no podrá saber
 Qué clase de flores son las rosas."

 NOSIS de LOCRI (s. III a.C.)



 Tengo dos enfermedades, el Amor
 Y la Pobreza. La Pobreza
 La puedo soportar, pero la fiebre
 Del Amor es insostenible.

 ANÓNIMO



 PERSONA NON GRATA

 Sus padres ya no me ofrecen vino,
      ahora que la tierna vida de ella está en sus manos.
 No, para ahora es sólo agua fría, la misma
      que ella sacaba y cargaba -llorando por mí-
 del pozo donde una vez la tomé por la cintura, y besé
      su cuello mientras se arqueaba hacia atrás, dejando
      caer tiernas palabras de sus labios.

 TEOGNIS de MEGARA (s. VII o VI a.C.)






 ACERCA DEL YUNQUE DE EROS
 Me golpeaste como al bronce caliente con tu hacha
   y me sumergiste en un torrente helado.

 ANACREONTE (s.VI a.C.)



 EL AMOR NO ES INVALUABLE

 Todo lo que Homero dijo era verdad,
 pero esta cosa sobre todas:
 que Afrodita es dorada.
 Ya que si vienes con dinero en tus bolsillos,
 nadie, amigo mío, te trabará la puerta.
 Pero si vienes con los bolsillos vacíos,
 un monstruo bloqueará tu paso.
 Así es como la regla de la avaricia
 inflige su herida a los necesitados.

 ANTIPATER de TESALÓNICA (fines s. I a.C.- princi-
pios del s. I d.C.)



  Esta es toda la vida que hay.
  Es suficiente para mí.
  Preocuparme no me dará otra,
  Ni hará que esta dure más.
  La carne del hombre se desperdicia en el tiempo.
  Hoy hay vino y hay baile.
  Hoy hay flores y hay mujeres.
  Mejor que los disfrutemos.
  Mañana... nadie sabe.

  PALLADAS (319- alrededor de 400 d.C.)






  Ya sé que soy pobre,
  No preciso que me recuerden
  Mi propio nombre ni
  El día de la semana.
  Todo tu rencor no nos conducirá a ningún lado.
  Lava las anchoas,
  Mientras vierto el vino.
  Desnudos y embriagados, 
     hallaremos riquezas en la cama.

 ANÓNIMO



 En primavera los membrillos y las
 Granadas florecen en el 
 Parque Sagrado de las Doncellas.
 Y los zarcillos de la viña se enroscan en
 La sombra de la mullida hoja de la vid.
 Pero para mí el Amor nunca duerme.
 Me abrasa como una llamarada
 De relámpago y me sacude
 Hasta las raíces como una tormenta venida de
 Tracia, y abruma mi corazón
 Con oscuro y furioso frenesí.

 IBICO (s.VI a.C.)



 Un amor plateado, una ajorca,
 Rulos violeta de su lésbico
 Pelo, su translúcido corpiño,
 Su espejo de bronce, el amplio peine
 De madera de boj que ataba sus
 Rizos, Callicleia cuelga
 En el porche de la fiel Cipris,
 En agradecimiento por su deseo concedido.

 LEÓNIDAS de TARENTO (Aparentemente vivió en el siglo
III a.C.)






 Yo, Lais, que he sido una flecha
 En el corazón de todos, ya no soy
 Lais, sino una testigo,
 Del saqueo de los años.
 Juro por el Deseo (¿y qué es
 El Deseo sino una mala palabra?),
 Que Lais ya no puede ver
 A Lais en la misma Lais.

 SECUNDOS (sin fechas)



 Nada sino risas, nada
 Sino polvo, nada sino nada,
 Ninguna razón de por qué sucede.

 GLICÓN (sin fechas)



 El vino y las engañosas propuestas
 Arrullaron a Aglaonique hasta dormirla,
 Y el hacer el amor de Nikagoras
 Fue dulce. Aquí ella dedica
 A Cipris los trofeos de
 Su desfloramiento, aún cargada
 De perfume, sus sandalias, la blanda
 Cinta que sostenía sus pechos, testigos
 Del sopor (de ella) y de la violencia de él.

 HEDYLOS






 UNA MUCHACHA

 Un rocío de mirto y belleza de una rosa
 fueron felicidad en sus manos, y su pelo
 caía como la oscuridad sobre su espalda y hombros.

 ARQUÍLOCO (s. VIII a.C.)



  MUJER CERCADA

  Soy poseída por el feroz sonido
  que me rodea
  del atormentado, púrpura mar.

  SIMÓNIDES de KEOS ( (n. 556 a.C.)



  A vos, Cipris, te ha ofrecido
    Lysidike su espuela,
  espina dorada que estuviese fijada
       en el tobillo de una dulce pierna.
  Muchas yeguadas rebeldes
       fueron disciplinadas-
  sus propios muslos nunca
       enrojecidos, tan
  poco cabalgó ella. Terminó el curso
       sin una espuela,
  de modo que este objeto dorado cuelga
       en tu pórtico.

  ASCLEPÍADES (s.III a.C.)





 Desearía ser el viento, y
 que vos, caminando en la orilla,
 desnudases tus pechos
 y me condujeras a ellos mientras soplo.

 ANÓNIMO



 Esta guirnalda, Rodocleia, la hice
 Yo mismo, con mis propias manos, combinando las pálidas
                                                                                     flores:
 Aquí hay lilas, rosas, anémonas 
 Llorando, los blandos narcisos, oscuras violetas.
 Tómalas,
 Úsalas, pero no te vuelvas orgullosa:
 La guirnalda deberá marchitarse en algún momento,
 Y tú te disiparás.

 RUFINUS DOMESTICUS



 Ah, tú de Ciprio:
 Tú de Kitera: de Mileto:
 Tú Afrodita de las hermosas llanuras sirias
 Y de los caballos que se zambullen:
 Sé amable con Calistio
 Quien jamás
 Cerró la puerta en la cara de un amante.

 POSEIDIPO (n. circa 310 a.C.)




  Debe de haber sido el mismísimo Eros
 quien afiló la uña de Heliodora;
 aún su más suave arañazo amoroso
punza mi corazón.

 MELEAGRO (n. en 140 a.C.)



 Dicen que un hombre mordido por un
 perro rabioso ve la imagen de la bestia
 reflejada en el agua.
 Me pregunto: ¿acaso Eros, furibundo,
 hundió sus amargos colmillos en mí?
 Te veo en la profundidad del océano,
 en el arroyo turbulento,
 y en la copa de vino.

 PAULO SILENTARIO (s. VI d.C.)



 Te envío dulce perfume,
 pero más para su placer 
 que para el tuyo:
 tú perfumas el perfume.

 ANÓNIMO





 La luz de la lámpara sólo oscurece la noche
 de un hombre maldecido con una mujer fea.

 PALLADAS de ALEJANDRÍA (s. IV d.C.)



 Saltemos juntos tú y yo
 en la bañera, Prodike.
 Nos coronaremos con guirnaldas
 y beberemos nuestro surtido de vino puro.
 Nuestro tiempo para regocijarnos es breve:
 pronto somos viejos, y luego estamos muertos.

 RUFINO (Fechas inciertas)



 Cada año los cosechadores
 se reúnen en la cosecha,
 y ni uno de ellos frunce el ceño
 acerca de los enroscados zarcillos de la viña.
 Yo también soy un cosechador,
 sosteniendo enroscada a la de brazos rosados
 en el flexible nudo de mi abrazo
 y juntando en la cosecha del amor.
 No hay mejor verano, ni otra primavera
 pudiese existir, ya que es ahora
 que eres joven y llena de todas las dichas,
 y yo rezo para que permanezcas 
 así para siempre.
 Pero si alguna arruga como un zarcillo
 viene colándose, apenas habré de parpadear
 porque te amo.

 MACEDONIO (s. VI d.C.)





 Yaces dormida, Zenófila, delicado capullo.
 Sobre tu cuerpo, sobre tus párpados,
 quisiera acostarme
 como lo hace el sueño.
 Al mismo sueño cuya magia
 cierra los ojos de los dioses,
 le impediría el vuelo,
 para llegar, claro que sin alas,
 sólo yo a poseerte.

 MELEAGRO de GADARA (n. circa 140 a.C.)

    
 Aún entonces dije
 cuando su magia 
 era infantil
 "Ella nos seguirá atrapando a todos
 cuando sea más grande."
 Se rieron de mi pronóstico.
 Pero el tiempo del cual hablé
 ha llegado y
 ¿qué puedo hacer?
 Mirarla es fuego absoluto.
 Si me alejo:
 más preocupación.
 Si se lo pido:
 "Soy virgen."
 Y yo estoy liquidado.

 ANTIFILO de BIZANCIO (s. I d.C.)



 Diosa del amor, salvadora 
 de los náufragos, sálvame,
 náufrago sobre tierra seca.

 ANÓNIMO







FUENTES

Peter Jay. The Greek Anthology and other Ancient Epigrams.
    Penguin, 1981.
Willis Barnstone. Greek Lyric Poetry. Bantam, 1967.
Dudley Fitts. Poems from the Greek Anthology. New Direc-
    tions, 1956.
Bradley P. Nystrom. The Song of Eros. Ancient Greek Love
    Poems. Southern Illinois Univ. Press, 1991.
T.F. Higham and C.M. Bowra. The Oxford Book of Greek
    Verse in Translation. Oxford Press, 1950.
Kenneth Rexroth. Poems from the Greek Anthology. Ann
    Arbor, 2002.
Stephen Bertman. Erotic Love Poems of Greece and Rome.
    New American Library, 2005.
Diane J. Rayor. Sapphos's Lyre. Archaic Lyric and Women
    Poets of Ancient Greece. Univ. of California Press, 1991.
Sherod Santos. Greek Lyric Poetry. W.W. Norton & Co.,
    2005.
Dorothy Burr Thompson. Swans and Amber. Some Early
    Greek Lyrics. American School of Classical Studies.
    1988.
Jane McIntosh Snyder. The Woman and the Lyre. Women
Writers in Classical Greece and Rome. Southern Illinois
    Press, 1989.
David R. Slavitt. Poems From the Greek Anthology. The
    Sheep Meadow Press, 2010.
Constantine A. Trypanis. The Penguin Book of Greek Ver-
    se. Penguin, 1984.
M.L. West. Greek Lyric poetry. Oxford Univ. Press, 1999.



VER MÁS POEMAS ERÓTICO-AMOROSOS DE LA
ANTIGUA GRECIA EN DOS PUBLICACIONES ANTE-
RIORES


 LA PRIMERA ES DEL 14 de NOVIEMBRE de 2010
 LA SIGUIENTE ES DEL 13 de MAYO de 2013.