sábado, 8 de noviembre de 2014

"CARTA A MI MUJER", DE MIKLÓS RADNÔTI






 CARTA A MI MUJER

Allá en lo profundo, mudos mundos están esperando, silen-
                                                                                   [ciosos;
yo grito; el silencio en mis oídos es estridente,
pero nadie puede responderle desde lejos;
Serbia, caída en un desmayo de guerra,
y tú estás lejos. Mi sueño, tu voz, se entrelazan,
de día lo vuelvo a encontrar en mi corazón;
sabiendo esto me quedo quieto mientras, parado orgullosa-
                                                                                   [mente,
frotando, frescos al tacto, muchos grandes helechos me rodean.

¿Cuándo podré verte? Casi ya no sé
tú, que eras sólida, que tenías el peso de los salmos,
hermosa como una sombra y hermosa como la luz,
hacia quien encontraría mi camino, aunque fuese sordomudo
                                                                                    [o ciego;
ahora escondida en el paisaje, desde el alrededor,
sobre mis ojos, tú resplandeces -la mente proyecta su film.
Tú eras la realidad, regresabas al sueño
y, caías de nuevo en el aljibe de mis adolescentes años,

celosamente te cuestionaba: si es que me amas,
si es que, en la cima de mi juventud, tú aún serás
mi mujer -ahora vuelvo a tener la esperanza,
y, de vuelta sobre el camino alerta de la vida, donde he caído,
sé que tú eres todo esto. Mi mujer, mi amiga, mi par-
sólo que ¡lejos! Tras tres salvajes fronteras.
Se está volviendo otoño. ¿Me olvidará aquí el otoño?
El recuerdo de nuestros besos es de lo más claro;

yo creía en milagros, olvidé sus días;
veo volar sobre mí un escuadrón de bombarderos.
Estaba justamente admirando, allá arriba, el brillo de tus ojos,
cuando se nubló, y arriba en esa máquina
las bombas estaban ansiosas por zambullirse. Más allá de
                                                                     [ellas, estoy vivo,
un prisionero; y todo lo que he anhelado, lo he
evaluado, a lo ancho. Encontraré mi camino hacia tí;
por tí he caminado el largo entero del espíritu mientras
                                                                                  [crecía,

y los caminos de la tierra. Si fuere necesario, me brindaré,
un prestidigitador, atravesando las brasas cardinales,
entre llamas que se zambullen, pero volveré,
si debo ser, seré resistente como la corteza
de los árboles. Soy calmado por la paz de hombres salvajes
en constante peligro: que valen por todo el salvaje régimen
de las armas y del poder; y, como desde una refrescante ola
                                                                               [del mar,
la sobriedad del 2x2 viene lloviendo sobre mí.


Lager Heidenau, sobre Zagubica en las montañas,
Agosto- Setiembre 1944


Miklós RADNÔTI perdió a la madre al nacer (en 1909)
y a su padre a los once años. Al publicar su segundo li-
bro de poemas, fue juzgado por "ataque a la modestia
pública e incitación a la rebelión". Se le encontró culpa-
ble y, aparte de secuestrarse sus libros, fue obligado a tra-
bajos forzados militares desde 1940 hasta su muerte.
En 1944 fue enviado a Yugoslavia para construir un ferro-
carril, pero luego fue parte de una marcha forzada de 3 mil
hombres de regreso a su Hungría natal, debido al avance
del Ejército Rojo. A principios de noviembre de 1944, Rad-
nôti y otros 30 sobrevivientes de esta marcha fueron puestos
en manos de los oficiales hungaros nazis, quienes los fusila-
ron. Su cuerpo fue exhumado de una tumba común en 1946.
Su viuda encontró en sus bolsillos una libreta llena de poe-
mas, que incluía éste.

domingo, 2 de noviembre de 2014

TRES POETISAS HÚNGARAS


ÁGNES GERGELY
 Nació en Budapest en 1933. Estudios de húngaro e inglés
en la Univ. de Budapest. Profesora de secundario, produc-
tora de radio, editora de una publicación literaria semanal.

HOMBRE LOCO EN CAMPO DE CONCENTRACIÓN

A través de toda la marcha, aparte de bolsa y frazada
él cargó en sus manos dos paquetes de cajas vacías,
y cuando la compañía hizo un alto por un par de minutos
acostó los dos paquetes de cajas vacías prolijamente a ca-
                                                                             [da lado,
teniendo cuidado de no dañar o romper ninguna de ellas,
los bultos eran
de cajas ornamentadas
enlazadas por tamaño una con la otra
y atadas entre sí por hilo de envolver,
la caja de arriba con una foto sobre ella.
Cuando el camión estaba por arrancar, el sargento
gritó algo en el lenguaje de los sargentos,
saltaron de repente,
y una de las cajas rodó bajo la rueda,
la más pequeña, la que tenía la foto:
"Se ha caído", dijo él e hizo un intento de ir por ella,
pero el camión se movió
y sus compañeros le agarraron las manos
mientras sus manos sostenían los dos paquetes de cajas
y sus lágrimas rodaban por su saco.
"Se ha caído", dijo esa noche en la fila-
y no significó nada para él ser fusilado.


ÁGNES NEMES NAGY
 Nació en Budapest en 1922. Estudió húngaro, latín e his-
toria del arte en la Univ. de Budapest. Profesora de secun-
dario hasta que se dedicara totalmente a la escritura. Tra-
dujo a Moliere, Racine, Brecht, Corneille, así como a mu-
chos otros poetas franceses y alemanes. Murió en Budapest
en 1991.

PALABRAS PARA UNA CANCIÓN

La fruta en los árboles está envejeciendo rápido,
envejeciendo también la fruta sobre el pasto,
justo como después de la muerte.

El crepúsculo se acerca a las casas de fin de semana.
La estación hasta cambia de vida,
y el norte y el sur han sido marido y mujer
durante 26 mil años.

26 mil años han pasado,
la fruta de los árboles envejece rápido.
Julio: se puede oir el tictac en el pasto del jardín
de los latidos desparejos espásticos
extrasistólicos de los frutos caídos.


ANNA HAJNAL
Nació en Gyepurüzes, en Hungría Occidental. Estudió in-
glés en Viena. Coeditora de una revista literaria en los a-
ños 30. Traductora de Shakespeare al húngaro. Fue una de
las figuras más importantes de la poesía de ese país.

TEMOR

Tengo miedo de que yo pueda ser Ilia
el pato salvaje atascado en el petróleo.

¿Que, si en cambio, soy Algernon
la laucha blanca en el laberinto,

o Pompilio, el perro en el laboratorio
con el cáncer injertado bajo su piel?

Tengo miedo. ¿Qué pasa si el ternero de toro
con la luna nueva marcándole la frente

-el que ha sido elegido para ser degollado-
es en verdad quien soy? Tengo un temor

de que tal vez yo soy Bonnie
el chimpancé que murió

en la soledad de la nave espacial...
Pero no, yo sé que soy Anna, y temo,

por saber esto, yo sé que vivo
hasta que la deuda que tengo sea pagada.

CINCO POEMAS DE LA POLACA ANNA SWIR

 Anna Swir, originalmente Anna Swirszcynska, nació
en Varsovia en 1909. Creció en el atelier de su padre.
En 1939, su ciudad fue tomada por los nazis. Durante
los 63 días del Alzamiento del Gueto de Varsovia tra-
bajó como enfermera en un hospital ambulante. Esca-
pó de la ejecución (fueron fusiladas 250 mil personas)
y sobrevivió a la guerra. Pero no pudo comenzar a es-
cribir acerca de sus experiencias de la guerra hasta 1974.
Murió de cáncer 10 años después.


UNA CONVERSACIÓN A TRAVÉS DE LA PUERTA

A las cinco de la mañana
le golpeo la puerta.
Le digo a través de la puerta:
en el hospital de la calle Sliska
su hijo, un soldado, está muriendo.

Él entreabre la puerta,
sin quitar la cadena.
Detrás suyo su esposa
tiembla.

Le digo: su hijo le pide a la madre
que venga.
Él dice: la madre no irá.
Detrás suyo la esposa
tiembla.

Le digo: el doctor nos permitió
darle vino.
Él dice: por favor espere.

Me alcanza una botella a través de la puerta,
luego le pone llave,
luego le pone una segunda llave.

Detrás de la puerta su esposa
comienza a gritar como si estuviese de parto.


PANTUFLAS BLANCAS DE BODA

A la noche
mi madre abrió un baúl y sacó
sus blancas pantuflas de boda.
Entonces las embadurnó
un buen rato con tinta.

Temprano en la mañana
salió con esas pantuflas
a la calle
para hacer la cola del pan.
Hacía quince bajo cero,
se paró
durante tres horas en la calle.

Estaban entregando
un cuarto de pan de molde por persona.


LE TENGO MIEDO AL FUEGO

Por qué tengo tanto miedo
corriendo por la calle
que está ardiendo.

Después de todo, no hay gente aquí
sólo el fuego zumbando hacia el cielo
y ese estampido no es de una bomba,
sólo son tres pisos derrumbándose.

Llamas desnudas liberadas danzan,
agitan sus brazos
a través de los agujeros de las ventanas.
Es pecaminoso
espiar
llamas desnudas,
es pecaminoso escuchar a escondidas
el discurso del fuego liberado.

Me escapo de ese discurso
que resonó sobre la tierra
mucho antes que el discurso humano.


LAVO LA CAMISA

Por última vez lavo la camisa
de mi padre que ha muerto.
La camisa huele a sudor. Me acuerdo
de ese sudor desde mi infancia,
tantos años
que lavé sus camisas y su ropa interior.
Las secaba en una estufa de hierro en el taller,
él se las volvía a poner sin planchar.

De todos los cuerpos del mundo,
animales, humanos,
sólo uno exudaba ese sudor.
Lo aspiro
por última vez. Al lavar esta camisa
lo destruyo
para siempre.
Ahora
sólo cuadros lo sobreviven
que huelen a aceites.


GRACIAS, DESTINO MÍO

Me llena una gran humildad,
me llena una gran pureza,
hago el amor con mi amado
como si hiciera el amor muriendo
como si hiciera el amor rezando,
las lágrimas corren
por mis brazos y sus brazos.
No sé si esto es dicha
o tristeza, no entiendo
lo que siento, estoy llorando.
Estoy llorando, es humildad
como si estuviera muerta,
gratitud, te agradezco, destino mío,
soy inmerecedora, que hermosa
mi vida.



FUENTES

Aliki and Willis Barnstone. Women Poets from Antiquity
      to Now. Schocken Books, 1992.
Czeslaw Milosz. A Book of Luminous Things. An Inter-
      national Anthology of Poetry. A Harvest Book. Har-
      cour Brace & Co., 1996.

sábado, 1 de noviembre de 2014

UN POEMA DE LA SUECA SONJA ÄKESSON

 Sonja Akesson nació en Buttle, Gotland, Suecia, en 1926.
Sus poemas tratan acerca de temas cotidianos, situaciones
domésticas, cosas que escuchó por la calle.
 Este es un fragmento de un poema autobiográfico extenso.
Murió en 1977.

AUTOBIOGRAFÍA
(RESPUESTA A FERLINGHETTI)
(1963)

Llevo una vida tranquila
todos los días en el 83 A de la Calle de la Reina.
Les soplo la nariz a mis pibes y lustro pisos
y ollas de cobre
y cocino papas y salchichas.
Llevo una vida tranquila
cerca del subte
soy una sueca
era una chica sueca
leí el libro médico debajo de la frazada
y fui miembro de la Liga Juvenil
Bautista.
Soñaba con cantar en el coro
y acompañada por una guitarra
bajo las llamas de las velas.
Soñé con cantar
con la guitarra en la fiesta de Lucia
y tenía dos discos de Alice Babs
y una campera, con cierre.
Trabajé en un café
con espejos y cerveza
y un cuchitril para cerdos en el patio.
Todavía puedo percibir el olor de las ratas
y del helado de frambuesa, y del queso
del dueño que era también un catador de leches.

Yo era una mocosa típica.
Cavaba túneles bajo la nieve.
Me sentaba bajo un manzano cuando nevaba
esperando el Día del Juicio Final.
Me vi atrapada en una choza de migrantes
a la vuelta de mi Liga Juvenil.
Tomé un curso de taquigrafía por correspondencia
y garabatié las chicas de tapa del block.

Estuve en un auto lleno de nieve
Levantando refugiados bálticos.
Hombres con los pulmones apelmazados 
rogando agua.
Una mujer con un ojo colgando
como un huevo sangriento en su mejilla.

He visto niños silenciosos
en multitudes hambrientas
desde las profundidades de un asiento de cine.
Los he visto.
Soy una madre.
Estuve ahí.
Pero no sufrí
lo suficiente.

Soy una sueca.
Tengo una tarjeta de seguro de salud.
Lloro en mi cuarto.
He de morir de cáncer.
Soy formada por las circunstancias.
Conduzco una guerra conmigo misma
por ser una mujer rechazada.
¡Y tengo ciertos planes!
Tengo una hija
que debería tener un futuro.
Puede que me compre una parcela en el cementerio.
Soy tan sólo temporariamente
un utensillo usable de la casa.
Nunca cumplo una promesa.
Veo una expectativa
en mi aniñado espejo
como si tuviese que conseguir un árbol de Navidad.

Llevo una vida tranquila
en el 83 de la Calle de la Reina
a través del jardín cada día
mirando las paredes.
Pienso en mi hermana
que cuidadosamente teje manoplas para ollas en crochet
del cerebro a cuerda
de mi cuñado.
Pienso en mi hermano
que es un caníbal.
Frío mis bifes.
Lavo mis manos.
He oído el solitario llamado
de los medio-devorados en lo escabroso.
Soy la mujer.
Yo era ella.
Pero no sufrí
lo suficiente.

Me fui adentro y cerré mi puerta
me senté en mi silla confortable.
Visito las tiendas formales
donde compro mis estériles
apuntalamientos de propiedad.
He escrito poemas con pensadas
pausas y puntuaciones.
Convierto mis panes en piedras.
Me siento como si tuviese una mano atada tras mi espalda.
Me siento como si tuviese una piel muda
ajustada sobre mi cara
y fantaseo acerca de un pequeño cuchillo
entre mis dientes.

He sentido
cómo yo vomitaba mi garganta
y cómo mi lengua también se deslizaba hacia afuera
un inusable trapo de piel.
¿Dónde hallo un instrumento
para todo mi aire encerrado?
Soy un zapato sucio
en una calle demasiado atestada.
Soy un perro sin amo
repleto de persistente amor
entre indiferentes zapatos sucios.

Veo una semejanza entre yo
y las papas.
He sentido lo podrido desde adentro
en la lluvia de otoño.

He escuchado a parejas de casados
en sus colchones de goma espuma a medida
quejarse acerca de perdidas excitaciones.
Entiendo su disgusto.
He sentido caricias
pegarse como chicle.
Dormito junto a mi pequeña pileta de lona.
Espero
junto a las madres aburridas.
Y observo a sus maridos
llegando en sus VW's
sobre sus gastadas cubiertas.
Usan brillosas camisas de nylon
y pequeños almohadones de cuero detrás.
Tienen cronómetros a prueba-de-idiotas
y aspectos llenos de carne muerta
y yo lo siento
en mi propia carcomida cara.

Llevo una vida tranquila
leyendo homenajes a la existencia
por alguien que no ha sufrido lo suficiente.
Mastico mis propias bromas.
Lucho con mi dura piel.
Yo era el patito feo
que nunca se transformó en cisne.
¿Tenía yo un par de alas entonces?
Siento los efectos secundarios de las quemazones.
Acaricio mi pobre joroba.
Trato de encontrar mi pequeño cuchillo
hace mucho tiempo arruinado por el óxido
y aplastado por pies en el pasto amarillo.