domingo, 28 de septiembre de 2014

LA POESIA ERÓTICA DEL SATTASAI HINDÚ

 
 

Se lo llama el Sattasai del Rey Hala. Ese nombre significa
700 poemas, ya que ése es el número de piezas contenidas
en este libro escrito entre el siglo II a.C. y el II d.C. El Rey
Hala es quien armó esta antología entre los numerosísimos
textos poéticos de ese período. Es la más temprana colección
de poesía clásica hindú. Como fue recopilado en la zona de
las Cuevas de Ajanta, próximas a Bombay, muchos de los
poemas son de autor anónimo (o desconocido). Se menciona
sin embargo a 278 poetas, entre ellos algunas mujeres. Fue-
ron compuestos para ser cantados y pertenecen al folklore lo-
cal. La mayoría consta de unas 32 silabas. Lo más particular
de estos poemas amorosos es la relación que se establece en-
tre el ámbito natural -las tierras altas de la región montañosa
que queda al norte de Bombay, atravesadas por el río Goda-
vari, que corre hacia la Bahía de Bombay- y los encuentros
amorosos que las orillas del río, cubiertas de cañaverales y
zonas arboladas, facilitan. No es casual que la diosa patrona
del amor de la India sea Saravasti, identificada desde siempre
con los ríos de ese país. Su nombre, justamente conserva esa conexión ineluctable: 'La Que Fluye'.
Estos versos fueron compuestos en prácrito, una lengua ver-
nácula de la zona, anterior en este sentido a la llegada del
sánscrito, que se impone a partir del siglo II de nuestra era,
para comenzar a desaparecer en los siglos XI y XII.
Técnicamente hablando, estos poemas son conocidos como
khanda-kavya, o versos "fragmentarios". Los poemas más
extensos, así como los versos épicos, el drama y los poemas
de contenido religioso, se denominan maha-kavya.

                                        LOS POEMAS

1.
¿Qué puedo hacer?
hacemos el amor en la posición común
él la llama sedada
pero inventa
algo nuevo
te pregunta dónde
la aprendí

ANóNIMO


2.
Hice el amor
con vos en esa forma particular
por saborear
tu néctar
no me creas desvergonzada
el amor es un arte de
refinamiento
nadie me ha entrenado

ANóNIMO


3.
Afuera en los campos
al amanecer
él se inclina sobre su arado
estudia las frescas huellas verdes
en las flores de sésamo blanco-nieve
y piensa en ella
partiendo
de su cama
antes de que salga el sol

ANóNIMO


4.
Alguien recuerda
un amor perdido esta
mañana
y canta una vieja balada
¿por qué debe
recibir una punzada mi propio corazón
por una persona que ya no me
visita?

KESHAVA


5.
Mírala
Ningún espíritu malvado
caído en su matriz
Su marido
lejos y ella insomne
Las nubes de lluvia agrupándose
la conducen
al interior de la noche

DURDDHARA


6.
Se dice a sí misma
él está viniendo
y la primera vigilia de la noche
pasa como una estrella fugaz
Pero en las horas
que van de la medianoche al alba
la joven envejece
todo un año

ARDHRA


7.
No bajes
por flores
al río godavari
los dioses de nuestro villorio sólo piden
un puñado de agua como ofrenda
pétalos aplastados en una secreta
cama de amor
no les complacen

NANDARA


8.
Ella se oculta
donde el bosque es más espeso
y espera ese sonido-
hojas secas de
otoño
alguien se acerca

MADHYA


9.
Tienes que llorar
y volver tu cara de la luz de la luna
deberías saber que el amor es
torcido
frágil como las pequeñas
espinas en un pepino

ALAKA


10.
Seguro que van a
murmurar
incluso a reprobarnos
son sólo palabras
acuéstate junto a mí
puedes estar menstruando
pero yo no puedo
dormir

ANóNIMO


11.
Nadie con quien cruzar
una fugaz mirada
nadie con quien yacer en la cama
y susurrar acerca de placeres y temores-
este odioso pueblo
lleno de
las personas más estrechas
no hay siquiera alguien con quien bromear

MEGHANDA


12.
Él se levanta de la
esterilla
después que hicimos el amor
y sale a la luz de la luna
Sólo por un momento
es como si se hubiese esfumado
en un país inimaginablemente
lejano

MAKARANDA


13.
Con los ojos cerrados
ella se imagina conduciéndolo
dentro de su cama
ella se toca sus propios pechos adorablemente
en sus brazos
las pulseras sueltas

ANóNIMO


14.
Él atisba el
cielo de la noche
para darle un vistazo a la luna nueva
sin ver
los crudos rasguños creciendo
en el pálido seno
de su mujer

ANóNIMO


15.
Fue como
tocar los más tiernos
pétalos cubiertos de rocío
los cien lugares íntimos hacia los que
guió mis manos
¿O fue la noche sólo un sueño?
Hoy ella vuelve
su cabeza y ni
me mira

MAKARANDAKA


FUENTES

Andrew Schelling. The Cane Groves of Narmada River. Ero-
tic poems from Old India. City Light Books, 1998. Este libro
consta de dos partes. La primera, dedicada al Sattasai, del
cual contiene 53 poemas; y una segunda, de poemas traduci-
dos del sánscrito. Schelling es autor de otros libros de poesía
hindú, de la cual es un profundo conocedor.
Peter Khoroche/ Herman Tieken. Poems on Life and Love in
Ancient India. Hala's Sattasai. Excelsior Editions, 2009. Otra
versión excelente, más completa, del texto en cuestión.

Jean-Claude Carrière en su Diccionario del amante de la In-
dia: "Ajanta es un lugar único, una de las perlas del budis-
mo. Es una especie de circo montañoso, en forma de herra-
dura casi cerrada- pero que recuerda sin demasiado esfuer-
zo a la rueda del mundo-, unas 30 grutas fueron excavadas
en el basalto, entre el siglo II de nuestra era y el VIII d.C.
(...) estos muros y estas bóvedas han sido invadidos por las
carnes lustrosas de numerosas mujeres desnudas, que se
maquillan y engalanan a la vista de los popios monjes.
... ¿Se querría de este modo mostrar las distintas formas
de seducción a las cuales Buda había sido capaz de resis-
tirse?"

 Una acotación que nos viene de Michael Ondaatje: "En la
poesía india, los nueve sentimientos son: romántico/erótico,
humorístico, patético, cólérico, heroico, temeroso, adverso,
asombrado y sosegado. Con estos nueve sentimientos se co-
rresponden las experiencias estéticas y afectivas, que son
llamadas Rasas, o sabores".







domingo, 21 de septiembre de 2014

TIEMPO



Tarde en el Kapali Carfli
 Tiempo perdido tiempo reunido tiempo perdido
 gastado el ánimo
 derrochado      malgastado
 También hubo tiempo agotado
 en las aduanas de Alepo
 (los bancos lisos como jabón)
 cambiando dinero por dinero
 especies por especies
 en Jau al Jumruk
 billetes enormes de flores de violeta
 de telas de algodón desfoliado
 que se amontonan en bolsos y bolsillos
 y los crazards, billetes de lona
 verdes y negros y espesos
 muchos con la esfigie de Vincenzo Bellini
 que alguien se encargó de imprimir
 en Djema el Fna

 Noches enquistadas
 en habitaciones de pisos de bleque
 y el olor del alcohol de enebro
 único deslizamiento del continente Norte
 y el tiempo atascado
 que no entra ni sale
 que ni se va ni vuelve
 el tiempo transmutado en una mezcla
 fuerte
 de insomnio y pesadilla

 También perdida una tarde entera
 en el patio exterior del Santa Chiara
 mientras las mayólicas reemplazaban
 -con el movimiento típico del teclado
 de un instrumento que hace música
 con el espacio-
 a los bastones en mis retinas 
 y me enlozaban por dentro la cabeza
 algo de lo que me costó desprenderme
 ya que
 con pequeños picos hubo que despegar
 con herramientas antiguas de interior
 con las mismas espátulas
 con las que untaban la masilla
 todavía caliente
 en los bordes acanalados que las piedras
 dejaban en manos de la intemperie
 como sellando tiempos abiertos
 mientras hacían su ronda 
 los tiempos de la atmósfera
 de la gravedad
 de la lluvia
 de la conciencia de las cosas
 del carreteo de los vehículos
 en las angostas correderas de piedra irregular
 y con pendiente
 en Tesalónica y en Herculano

 O esas tardes
 o esas mañanas
 en que entre los cuerpos desnudos
 se generaba un tiempo
 vivo y nuevo
 que duraría -lo sabíamos/ no lo sabíamos-
 un solo momento-para-siempre

 Ebriedad de los tiempos
 reunidos
 que se consumen consumiéndonos
 hora a hora
 página a página

 Conserva de partes de cuerpos
 miradas
 sabores
 palabras
 y gestos
 en hojas transparentes de film

 A veces velados
 a veces aún sin revelar

 Distracciones

 caminando por ciudades
 cuyo tiempo pasa en la dirección contraria
 viendo a la gente sentada en sus conversaciones
 gesticulando en sus discusiones
 retando a los chicos
 esperando el colectivo
 tomando café en bares y plazas
 mientras transcurren las tardes
 en Harir, en Bazuriye,
 y en Hamir y en Attarin,
 olores de vinagres
 y de establos
 de los artesanos de la laca
 y de los hammam
 por todas partes
 gritos y risas
 murmullos y llantos
 mientras caen las sombras
 de la ausencia del tiempo
 para el que está perdido
 perdido y sin búsqueda
 como si la droga del olvido
 consumiese sus llamas
 en el fondo de piedra helada
 de su memoria






Las dos imágenes que ilustran este texto provienen de un libro de Bárbara Hodgson


sábado, 20 de septiembre de 2014

TRES POEMAS DEL ESCOCÉS KENNETH WHITE

 


 Me gusta mucho la experiencia poética que lleva a cabo
Kenneth White, poeta escocés, nacido el 28 de abril
de 1936, que creció en Fairlie, en las costas de Ayrshire.
 Creó un movimiento poético a partir de los chamanes, los
monjes celtas y los indios de América del Norte, vinculado
a la relación con la naturaleza. Me resulta particularmente
difícil pensar cuál podría ser la 'misión' de la poesía en es-
tos tiempos. Cada cual tiene que encontrarse una, o desis-
tir. White ha ido creando la suya, en un espectro amplio
de temas, algunos ricos en historia cultural, como el que
publicamos hoy, "Una pequeña arqueología", y otros ple-
nos de imágenes y momentos.
 En "Coast to Coast" se registran sus entrevistas entre 1985
y 1995.
 En "Open World" se reúne su obra poética hasta 2000.
Se subtitula "The Collected Poems, 1960-2000."
 También hay una versión de sus poemas breves: "Hand-
book of the Diamond Country. Collected Shorter Poems",
del 2003.

 Hace poco hablaba de esas conexiones casuales, a partir
de una liebre. Vinculaba un poema que publiqué en esta
página -de alguna manera hay que llamarla- "La otra lie-
bre", con el título -y la epifanía que explica el mismo- del
libro de Claude Lanzmann, "La liebre de la Patagonia".
 Bueno, aquí suelto otra liebre más, la de Kenneth White.

 UN POEMA DE LA LIEBRE BLANCA (Fragmento)
De su libro "Wild Coal" (Carbón salvaje), 1963.

 Un pensamiento que saltó como una liebre
sobre el brezo, desde atrás de una gran roca
oh, era una blanca liebre brincante, y
el brezal era un fino mundo rojo
para su gozo, justo ese día en el brezal
un día gris marchando sobre los vientos
hacia el invierno, un día para un mar centellante
a tres millas de distancia en el abrevadero de las islas
un día bien alto al final del año
un silencio para partirte el corazón, oh
la liebre blanca saltando, mira la blanca liebre.


 LA PREGUNTA

 Porque la pregunta es siempre
         cómo
desde todas las posibilidades y cambios
         seleccionar
los rasgos de verdadera significación
        como para hacer
       de la confusión
        un mundo que perdure
       y cómo ordenar
        los signos y los símbolos
para que continúen
formando nuevos patrones
        transformándose en
nuevos todos armónicos
     como para mantener viva la vida
        en complejidad
         y complicidad
     con todo lo que existe-
sólo hay la poesía.






 UNA PEQUEÑA ARQUEOLOGÍA
De "Handbook of the Diamond Country", 2003.

 Era un espacio vacío en el mapa

 Fa-hsien llegó allí
 en su camino a la India
 al igual que Hsüan Tsang

 "el cielo se abre, un pico se revela
 como si se irguiese del vacío,
 aparición de un monstruo"

 Llegó Dutreil de Rhins. Llegó Frédéric Grenard
 encontraron figuras de terracota, fragmentos de alfarería
 y el manuscrito indio que se encuentra entre los más antiguos
                                                                            [que poseemos
una versión del Dhammapada escrita sobre una corteza de
                                                                                        [abedul


NOTAS (de RR, traductor)
Hsüan Tsang o Xuanzang (602-664). Monje chino que reali-
zó una notable peregrinación a la India en 645, trayendo a
su regreso a China importantes textos en sánscrito.

Fa-hsien o Fa Xian (337-422). Otro monje budista peregrino,
que recopiló sutras (discursos) de Buda en su viaje a la India
entre 399 y 412.

Jules-León Dutreuil de Rhins (1846-1894). Geógrafo y ex-
plorador francés que realizó varias expediciones, tanto en
México como en Indochina. La que aparece mencionada en
este poema es la que llevó a cabo en Alta-Asia -Turkestán
Oriental (hoy parte de China) y Tibet entre 1884 y 1890.

Joseph August Frédéric Grenard. Aparentemente muerto
en 1866. No hay datos de él. Aparece mencionado, sin em-
bargo en "Britain and Tibet, 1765-1947", una bibliografía
anotada de los viajeros ingleses a esa región del planeta.






 

domingo, 14 de septiembre de 2014

¡LIBROS! COMO HOMENAJE A GABRIEL FERRATER

 
 


Uno de mis más admirados críticos: el poeta catalán Gabriel Ferrater (1922-1972).
Libertad de pensamiento que Ferrater lleva hasta el hueso en
su notable obra "Noticias de libros".
Este 'informador' de libros (se trata de 225 informes de lectu-
ra que G.F. llevó a cabo por encargo de la editorial Seix Barral entre 1961 y 1964, ¡en francés, inglés, italiano y alemán!) es
bastante despiadado, al punto de que termina siendo graciosa
la forma en la que desmenuza obras y autores.
El otro gran crítico, aunque él no definiría de ese modo su tra-
bajo, es Roland Barthes.
Abrir el abanico de elementos que se encuentran encriptados
en una obra, ya sea por deseo del autor, como por efecto de su formación y referencias ocultas. Hacer visible lo que un lector común, desprovisto de tanta lucidez (luz), se perdería de y en 
una obra maestra.

 La tarea de Ferrater en este caso es bien opuesta. Su misión
consiste en recomendar o desestimar las obras leídas en otra
lengua para su traducción y eventual edición en castellano.
 Eso posibilita y hasta genera un humor ácido, la posibilidad
de seguir navegando en aguas espesas, o en dique seco.
 También hay informes de obras mayores, de grandes escrito-
res. Ahí Ferrater se aproxima a la versión Barthes de un crí-
tico. La diferencia radica en una circunstancia escencial: Bar-
thes lee y comenta a los autores que más le gustan y Ferrater
se ve obligado a leerlos a todos y a discernir en la borrasca.


 Utilizaré una desopilante serie de recortes de sus comenta-
rios para abrir una nueva sección en esta página, que se de-
nominará "¡Libros!", una palabra cuya acentuación puede in-
clinarnos a pensar en el valor incomparable de la producción
literaria, así como sugerir irónicamente que sólo se trata de
libros, después de todo. Como quien dice, para tranquilizarse,
"Es sólo una película".


Elsa Blakely, The time of Bulu.
 No le veo a esto ni pies ni cabeza. (...) Es muy posible que
el libro tenga algún valor como repertorio de hechos poco
conocidos. De todos modos, si se quiere un juicio literario,
habría que decir que es ridículo. (...) Un bonito ejemplo
(p.22) "Y aunque el divorcio era frecuente, no existía la infidelidad marital que
cabría esperar." Me gustaría conocer el fundamento de esa expec-
tativa tan encantadora.

Laura Archera Huxley. You are not the target.
 No puedo encontrarle a este libro ni pies ni cabeza, ni creo
que nadie pueda.(...) Es un prodigio de irrealidad: es un go-
teo de palabras dulces que actúan como un ácido y disuelven
el mundo de los objetos sólidos.
Una muestra:
 ¿Cómo escoges el pan?
 Conté cincuenta y seis panes diferentes en un supermercado. Además del sabor y el
precio, ¿qué se debería buscar?
 Cuidado con las etiquetas largas y difíciles.
 Los alimentos están en las barras de las tiendas para que los compren y se los coman
millones de hombres y mujeres, no para que unos pocos profesores de química los
lean y entiendan.
 Como estímulo de fantasías surrealistas lo encuentro difícil
de superar...
 El libro recuerda el mundo de Thurber (...) la verdad es que
no parece haber sido escrito por Thurber. Parece haber sido
escrito por uno de sus perros.


Emily Hahn. Indo.
Increíble. Una muestra de tontería y de surrealismo involun-
tario tan estupenda que uno no puede esperar tropezar con
otro semejante en muchos años.
 En el tercer párrafo de la novela leemos: "Podía ver sus ojue-
los en el espejo, apuntándome como estiletes gemelos mientras
ella hablaba", y la calidad de la escritura nunca se aparta del
derrotero que marca esta frase.(...)


Shirley Ann Grau. The house on Coliseum street.
Si tengo que juzgar el libro como una obra literaria, lo único
que puedo decir es que es imbécil. Está escrito en el típico es-
tilo sensiblero de las revistas femeninas americanas, y en rea-
lidad los contenidos no piden ningún otro estilo. Según la con-
tracubierta, Shirley Ann Grau ha publicado algunos relatos en
The New Yorker. Eso tuvo que ser hace mucho tiempo.


Robert Creeley. The island.
Muy pocas veces, afortunadamente, me he topado con nove-

las tan aburridas como esta.
La novela está artificiosamente construída mediante una su-
perposición de plagios. (...) El autor ha tomado Under the
volcano de Malcolm Lowry no puede decirse que como mo-
delo, sino más bien como un almacén que puede saquearse
tranquilamente.


Jean-Jacques Susini. Histoire de l' O.A.S.
Uno duda antes de decidir si este libro es más imbécil que
innoble o a la inversa. (...) para ser sincero, aparte de darle
un vistazo general, he leído con atención sólo hasta la pági-
na 21, en la que un general español expone con deleite la
técnica para preparar un golpe militar.


Alberto Arbassino. Certi romanzi.
No- it wont do. A mí, personalmente, me pasa como a la mu-
jer de Carlyle, que después de leer Sordello no sabía si Sor-
dello era un hombre, un libro o un pueblo. (...) Pero no tengo
la menor curiosidad por la clave del enigma, y no creo que
la haya podido sentir ningún otro lector de este libro.


John Berger. Success and failure of Picasso.
El libro quiere ser un análisis marxista de Picasso. (...) En
cuanto a las líneas generales del libro, son francamente des-
enfrenadas. El punto de partida es que la pintura de Picasso,
si no es marxista (cosa bien cierta-¿cómo se las apaña un
cuadro para ser marxista?) es (¡oh, Dios!) bakuninista. (...)
Todos estos disparates culminan en la afirmación de que la
caca del asesino Siqueiros reproducida en la página 166 es
el gran cuadro de la guerra española (¿marxista?-¿y de la
sociología de la pequeña burguesía mexicana, qué?) y no
el bakuninista Guernica.
Me parece impensable hacer que la gente de aquí se trague
este libro.


Max Frisch. Tagebuch.
No veo nada claro cómo juzgar este libro- quiero decir sus
posibilidades de venta. Como literatura es muy fácil de juz-
gar: Frisch es una especie de André Maurois de ahora, exac-
tamente de ahora, exactamente ajustado y ortodoxo (de iz-
quierda, simpatizante con los jóvenes y con los negros, ene-
migo de los yanquis en Vietnam y de los rusos en Checoslo-
vaquia, etc.)(...)
No hace falta decir que Frisch no es ningún La Rochefou-
cauld. Su nivel de wit es, p.e.:
"La experiencia vuelve estúpido... Esta frase que ahora oímos
decir con frecuencia a los estudiantes tiene una base de ver-
dad: se funda en la experiencia." (...)
En conjunto, me parece que da lo mismo traducir el libro que
desestimarlo: nadie notará demasiado su presencia ni su au-
sencia.

[Un comentario: puedo no coincidir con Ferrater. ¿Y enton-
ces? ¿Y si esto se repitiera? Puedo no coincidir con él y sin
embargo admirar su estilo, su desenvoltura que más quisie-
ra... El desparpajo, también. ¡Qué seguridad escurridiza, la
suya! Contratapa de Montauk: "Montauk fue escogida por
el prestigioso crítico alemán Marcel Reich-Ranicki como
una de las veinte novelas canónicas de la literatura alemana
de todos los tiempos." No importa tanto, aunque sí. Son to-
das opiniones, ideas, mutantes, anguladas. De este libro só-
lo quisiera sugerirle al posible lector, las 7 páginas (104/110)
en las que describe su propuesta de/ su matrimonio con -una
misteriosa mujer que no nombra, corriendo de Zurich a Ná-
poles, de Roma a Como, de Francfort a Klagenfurt. Se trata
de una escritora, eso sí nos da a saber Frisch. Y del trastorno
que lo que siente por ella le causa.]



Rudolf Hagelstange. Spieball der Götter.
Increíble: las memorias -digo las memorias, en primera
persona- de París, el raptor de Helena.
Uno no creía que libros así se escribieran desde Pierre Louÿs.
Porque está hecho perfectamente en serio, con una seriedad
plúmbea, queriendo "desentrañar el misterio de la hermosura
femenina". Lo que está lleno de misterios por desentrañar es
la mente literaria alemana. (...)
Sería disparatado traducir el libro.


John Dos Passos. Brazil on the move.
No es agradable en absoluto observar lo que al parecer ha
acabado siendo ahora John Dos Passos. En la página 12 de
este libro, la presentación de un rabino fugitivo de Europa
que se refugia en Brasil termina con la frase: "Sólo en Bra-
sil había llegado a comprender el significado de la libertad".
De acuerdo, Dos Passos no sobresalió nunca como estilista,
pero da bastante congoja verlo recurrir a un tópico periodís-
tico tan trivial. (...)
De todas formas, el libro no es tan repugnante como ridícu-
lo; y, por desgracia, no acierto a encontrar ningún consuelo
mejor.


Junto a éstas, y son numerosas, hay críticas muy positivas e
interesantes de verdaderas obras literarias.
Por ej. "Vladimir Nabokov. The gift. Esta es una obra mayor,
no sólo un divertimento como creo que es Pale fire, contra el
entusiasmo de Mary McCarthy y otros...
            "Auberon Waugh. Path of dalliance. Sí, es un acierto
pleno. Ingenioso, divertido, frenéticamente esnob y esnobís-
ticamente resuelto a reírse de su propio esnobismo, justo la
mezcla correcta...
            "E.E. Cummings. The enormous room. Decididamen-
te, el libro es bueno. (...) El estilo del libro es amaneradísimo
pero ya lo era cuando salió, y no es amaneramiento de época,
sino perfectamente fresco ahora como el primer día...
           "Michael Hamburger. Contraries. Si no se tratara de
ensayos sobre literatura alemana, diría que estos estudios son
correctos pero no geniales. Ahora bien, dada la calidad de la
crítica alemana y, sobre todo, de la crítica que los alemanes
suscitan, me parece que son superlativamente buenos..."

Con esta reseña del libro del gran crítico que es para mí Ga-
briel Ferrater, me propongo dedicar una sección de esta pági-
na llamada "Inútiles misterios" a la crónica, reseña y difusión
de aquellos libros que me han gustado más que ninguno, de
los que me han impresionado fuertemente en otros tiempos
sin lograr lo mismo ahora, de series del mismo autor, de re-
laciones entre distintos libros de distintos autores, etc.

Paul Valery dijo que "un hombre que escribe nunca está so-
lo". Se puede extender ese concepto, diciendo que tampoco
está solo un hombre que lee.

Y menos aún si comparte sus lecturas.

Conexiones, líneas asociativas, andariveles, 'líneas de fuga',
no importa cómo se lo llame, eso es lo que genera el mundo
simbólico. Vínculos entre cosas distantes.

Haciendo uso, voy a mencionar entonces una buena canti-
dad de los comentarios críticos reunidos por Constantino
Bertolo en una obra llamada "El ojo crítico". El prólogo
del autor tiene por título: "La crítica literaria: quien tiene
boca se equivoca". Glorias y miserias de la crítica literaria.
En este caso, miserias.


Caso 1

The New Yorker acerca de "Bajo el volcán" de Malcolm
Lowry (la obra que, curiosamente, menciona Ferrater en
uno de sus comentarios críticos):

"Mr. Lowry toma tremendamente en serio cuanto tiene que
decir sobre la esperanza y la derrota humanas, pero a pesar
de su seriedad sólo logra escribir una imitación bastante
buena de una gran novela".

Caso 2

El Boston Evening Transcript acerca de "Babbit" de Sinclair
Lewis:

"Como humorista, Mr. Lewis se esfuerza con valor en ser
gracioso. Simplemente acierta a ser estúpido. En realidad,
como novela no puede ser más floja de lo que es".

Caso 3
 En estos días apareció una reedición de los relatos de Sher-
wood Anderson llamados "Winesburg, Ohio", con varias re-
señas en los suplementos culturales, que resaltan la notable
calidad de los mismos.

The Nation, en cambio, en 1918, publicó esto:
"Estamos de acuerdo con Mr. Anderson y con lo que preten-
de hacer. Trata de encontrar semidioses americanos puros.
Sin embargo, en verdad nunca logra encontrarlos o no sabe
explicar con claridad lo que ha encontrado. Parece probable
que incluso esté caricaturizando Winesburg, Ohio".

Caso 4
 Ahora se trata nada menos que de Edmond Wilson, que
escribió en The shores of light (Las orillas de la luz) lo si-
guiente:
 "En Mr. Auden se da el curioso caso de un poeta que escri-
be un lenguaje poético original, en la más sólida tradición
inglesa, pero que parece haber quedado retenido en la men-
talidad de un escolar adolescente".

Caso 5
 Tres comentarios acerca de "Orgullo y prejuicio" de Jane
Austen, publicado en 1813.
a)
 ¿Por qué gusta tanto Miss Austen? Estoy perpleja a este
respecto... Difícilmente me gustaría vivir entre sus damas
y caballeros, en sus elegantes pero enrarecidos hogares...
Miss Austen es sólo sagaz y observadora.
Charlotte Brontë. Carta a G.H. Lewes, 1848.
b)
Mamá dice que (Jane Austen) era la más bonita, tonta, afec-
tada mariposa cazamaridos que recuerda haber visto nunca.
Mary Russell Mitford. Carta a sir William Etford, 1815.
c)
No logro entender por qué la gente tiene las novelas de Miss
Austen en tan alta estima, ya que a mí me parecen vulgares
tonterías, setériles en imaginación artística, prisoneras de las
despreciables convenciones de la sociedad inglesa, carentes
de genio, talento y conocimiento del mundo. Nunca la vida
fue tan mezquina y estrecha. El único problema en la mente
de la escritora... es llegar al matrimonio. El suicidio es más
repetable.
Ralph Waldo Emerson, Diario, 1861.

(En este caso, lamentablemente, es muy posible que los crí-
ticos tengan razón.)

Caso 6
Sobre Honoré de Balzac

Muestra poca imaginación en la ficción, al crear los perso-
najes y la trama y al describir la pasión... El lugar de H. de
Balzac en la literatura francesa nunca será importante ni en-
cumbrada
Eugène Poitou. Revue des Deuz Mondes, 1856.

Caso 7
Acerca de Las flores del mal de Charles Baudelaire.

"Dentro de cien años, los libros de historia de la literatura
francesa sólo mencionarán esta obra como una curiosidad".
Emile Zola, en Emile Zola, 1953.

Caso 8

Virginia Woolf escribe en su diario:
"Acabé Ulises y me parece un fracaso... El libro es difuso.
Es salobre. Pretencioso. Vulgar, no sólo en el sentido co-
mún sino también en el literario. Quiero decir que un escri-
tor de primera línea respeta demasiado el acto de escribir
para permitirse hacer trampas".

Caso 9
Marc Humboldt, un editor francés le escribió esto en una
carta de rechazo a En busca del tiempo perdido de Marcel
Proust:

"Mi querido amigo, quizá debo estar muerto de cuello para
arriba pero por más que me devano los sesos no acierto a
ver por qué alguien necesita treinta páginas para describir
cuántas vueltas da en la cama antes de dormir".

Caso 10
Cuatro comentarios acerca de Shakespeare.

a)
Otelo
"Puro melodrama. No hay un solo toque en la caracterización
de los personajes que podamos sentir en la piel".
George Bernard Shaw. Saturday Review, 1897.

b)
Hamlet
"Es una obra bárbara y vulgar que no hubiese sido tolerada
por el más salvaje populacho de Francia o Italia... Podría i-
maginarse que esta pieza es la obra de un salvaje borracho".
Voltaire, en 1768. Obras de M. de Voltaire, 1901.

c)
El sueño de una noche de verano

"La obra más insípida que he visto en mi vida".
Samuel Pepys, Diario

d)
"El nombre de Shakespeare pueden estar seguros, está colo-
cado absurdamente alto y tendrá que bajar. No tenía imagi-
nación para sus historias, ninguna en absoluto. Tomó todas
sus tramas de novelas antiguas y montó sus historias en for-
ma teatral, con tan poco esfuerzo como el que Ud. y yo ne-
cesitaríamos para volver a escribirlas en forma de historias
en prosa".
Lord Byron, Carta a James Hogg, 1814.

 Ya terminaba esta breve crónica de opiniones y desatinos
aparentes. ¿Por qué digo 'aparentes'? Porque nada es fijo e
inmutable en el mundo de las ideas, o en el de los sentimien-
tos, ni mucho menos en el de las opiniones.
 Pero se me ocurrió buscar un número de "Diario de Poesía",
una publicación valiosísima que lamentablemente ha suspen-
dido su existencia, en la que apareció un Dossier dedicado
a Gabriel Ferrater. Supongo que en el momento en que apa-
reció no me interesaba mucho el catalán (fue en setiembre de
2002). La nota es bastante completa (incluye poemas, una en-
trevista, algunas cartas intercambiadas con Gil de Biedma,
un artículo ("¿Qué es la métrica?"), etc. El asunto es que eso
me condujo a otro ejemplar del Diario de Poesía, mucho más
reciente (2010) en el que aparece una reseña del libro Ensa-
yos murmurados, de Arturo Carrera. Una de sus joyas (tiene
unas cuantas: El vespertillo de las parcas me parece uno de
los libros de poesía más bellos que haya leído). Casualmen-
te, una vez más, en ese libro, Arturo menciona varios comen-
tarios críticos de Borges, y alguno de Bioy. (Hoy se hablaba
del tema Bioy en un diario, por el problema que ha suscitado
su sucesión.)
 Borges: "Toda la obra de Oliverio (Girondo) cabe en una
página de Jules Renard o de Gómez de la Serna. Toda la
obra de Oliverio son tres o cuatro greguerías; lo demás son
márgenes y letras en cuerpo veinte".
 "Los que la admiran y no admiran a Betina Edelberg, ¿por
qué no admiran a Betina? Es tan mala como cualquiera".
 "Una personalidad tenue que está imponiéndose es la de
Juan L. Ortiz. No pasa un día sin que me lo nombren. Yo
creo que ya es inexpugnable. Si escribís versos en líneas
muy cortas, de estilo alusivo y delicado... entonces no te sa-
can ni a patadas".
 Bioy: "Leemos absurdas cacografías de la Pizarnik".

 A.C. incluye estos comentarios a pesar de que me consta
que ambos poetas -Pizarnik y Juanele- son muy admirados
por él. Comparto su opinión acerca de Alejandra. Me alejo
un par de pasos de la otra.
 Opiniones: ¿acaso no se trata de gustos?
 Deleuze decía que aún nuestras ideas más conceptuales son,
en el fondo, gustos. Y si bien no somos responsables de nues-
tros gustos y de nuestros rechazos, sí somos responsables de
lo que hacemos con ellos. No es cuestión de andar a los toma-
tazos porque no nos gusta el tomate, por ejemplo.
 Les cuento una de esas pequeñas coincidencias que no signi-
fican nada, que casi haría mejor no contándolas. Hoy apareció
en un suplemento cultural una nota muy elogiosa de los poe-
mas -inconseguibles o poco menos en la Argentina- de Ga-
briel Ferrater, justamente cuando estaba por cerrar esta breve
nota. En la misma página, como ilustración de la reseña de un
libro compilado por Tomás Vera Barros, hay una foto de Artu-
ro Carrera, sonriente, mostrando la tapa de su libro Potlatch,
(lo que me recuerda que 'intercambiamos figuritas' con él
cuando estaba componiendo ese libro).
 Gustos. Esto comentaba en esa nota Ferrater: "Me gustan la
ginebra con hielo, la pintura de Rembrandt, los tobillos jó-
venes y el silencio. Detesto las casas donde hace frío y las
ideologías".
 Comparto, cuando menos, sus dos rechazos. Nací en un lu-
gar demasiado frío como para que me guste ese estado tanto
sea dentro como fuera de una casa, y las ideologías me pare-
cen las religiones de los ateos.

 Un comentario que hace Jaime Gil de Biedma, amigo y com-
pañero de viaje intelectual de Ferrater acerca de éste en su
Retrato del artista en 1956: " Gabriel vende su biblioteca. Di-
ce que está harto de literatura y que quiere hacer dinero. La
decisión debe de ser simbólica, supongo: vender sus libros
no le va a sacar de mucho apuro. Comprendo que su situación
nada tiene de brillante, y que emplee una porción considera-
ble de su tiempo y energía verbal en distraerse de ella. Trein-
ta y cuatro años, inteligentísismo, poco dinero, pocas posibi-
lidades establecidas de progreso. Conoce los entresijos de la
vida práctica con una extrema lucidez, y al mismo tiempo es
radicalmente inapto para la vida práctica. Una de esas perso-
nas -yo me tengo por otra- que con los mismos defectos pero
con menos cualidades, hubiera funcionado mucho mejor".
(Una aclaración: el Retrato del artista es en realidad auto-re-
trato. Se trata de un diario que Gil de Biedma sólo permitió
que se imprimiera luego de su muerte.)


Jaime Gil de Biedma le dedicó este poema.

A TRAVES DEL ESPEJO
 (In memoriam Gabriel Ferrater)

Como enanos y monos en la orla
de una tapicería en la que tú campabas
borracho, persiguiendo jovencitas...
O como fieles, asistentes
-mientras nos encantabas-
al santo sacrificio de la fama
de tu exceso de ser inteligente,
éramos todos para ti. Trabajos
de seducción perdidos fue tu voda.

Y tus buenos poemas, añagazas
de fin de fiesta, para retenernos.

(En Jaime Gil de Biedma, Las personas del verbo. Barral,
1975.)



















jueves, 11 de septiembre de 2014

UNA CO-INCIDENCIA ALREDEDOR DE UN CUENTO DE JOYCE

 
 

 


Hay que estar atento, sí, pero atento de una manera que re-
sulta ser la siguiente: estar atento sin estarlo.
 Porque la pura atención podría espantar esos fantasmas.
 Son fantasmas en el sentido de 'presencias' incorpóreas que
nos indican algo. Apuntan en alguna dirección. Lo hacen co-
mo sin propósito, como si en el mundo de esas ánimas, las
conexiones se hicieran sin pensamiento ni intención.
 Leía unas traducciones de Ricardo H. Herrera, entre ellas
la del poema que Joyce le escribe en apariencia a su hija y
que en realidad (no es lo que ha descubierto Herrera, sin em-
bargo) le dirigía a su amante. Frail the white rose and frail
are/ Her hands that gave... He incluído el poema y mi ver-
sión en castellano en una pequeña publicación acerca de Joy-
ce y Jung, titulada "La hija de Joyce", el 23/7/12.
 Lo que viene al caso es que Herrera menciona un relato joy-
ceano de Dublineses, "Los muertos", en este caso detenido
en el momento en el que el protagonista masculino de la his-
toria se queda contemplando a su mujer: "Había misterio y
gracia en su pose, como si ella fuera el símbolo de algo. Se preguntó de qué podía ser símbolo una mujer de pie en una
escalera oyendo una melodía lejana." Es una suerte de epifa-
nía, a las que Joyce era tan afecto.
 También es una toma de posición de este genio del lengua-
je. En un pasaje del mismo cuento dice: "Mejor pasar audaz
al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse
consumido por la vida". Algo de esto está relacionado con el
contenido de la carta que mencionaremos a Richards.
 Poco después releo fragmentos de la hermosa biografía del
gran escritor irlandés que escribiera Francesca Romana Paci.
Hablando del matrimonio de los padres de Joyce, dice que
tanto el padre de la madre como la madre del padre desapro-
baban el matrimonio. Y que esta última regresó a Cork,
"donde murió sin haber querido volver a ver nunca ni al hijo
ni a la nuera. Joyce introducirá en Exiles y en el último de
los episodios de Dubliners, The Dead, esta actitud intransi-
gente de la abuela paterna hacia su futura madre."
 Confieso no haber encontrado esa situación en el cuento de
Joyce, que por supuesto releí en cuanto se produjo la coinci-
dencia de las menciones en ambos textos.
 Pero eso no importa tanto. El cuento, anterior a la ruptura
que hará Joyce con la literatura de la época, incluyendo la
propia con el Ulises, finaliza con una bella epifanía. ¿Cómo
evitar la tentación de transcribirla?:
 "Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda.
Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en
las colinas peladas, caía suave sobre el mégano de Allen y,
más al Oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas a-
guas de Shannon. Caía así en todo el desolado cementerio de
la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espe-
sa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las
lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma
caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el
universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último
ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos."

 Originalmente Joyce había escrito 10 cuentos entre 1904 y
1907. La dificultad para encontrar un editor y sucesivas ob-
jeciones del que por fin encontró, postergaron la primera pu-
blicación de esos cuentos hasta 1914 (¿antes o durante la 1°
Guerra Mundial?). En esos años Joyce fue agregando nuevos cuentos y la última dificultad surgida por desaveniencias con
el editor que quería que se alterasen ciertos pasajes de 3 de
las historias, hicieron que Joyce escribiese una sátira titulada
"Gas de un mechero" acerca de todo este embrollo*. Pero, a-
demás, mientras el escritor estaba en Roma, entre julio de
1906 y marzo de 1907, concibió la historia que se llamaría
"Los muertos" que escribió a su regreso a Trieste en 1907.
La idea del autor del Ulises era presentar unos relatos (que acabaron siendo quince) unidos temáticamente y ordenados cronológicamente, con Dublín  como eje geográfico.
 En una carta a Grant Richards, el editor en cuestión, fecha-
da en 1906, Joyce precisa lo siguiente: "Mi intención era
escribir un capítulo de la historia moral de mi país y elegí
a Dublín como escenario ya que esa ciudad me parecía a
mí el centro de la parálisis. He tratado de presentárselos al
indiferente público bajo cuatro aspectos: la infancia, la ado-
lescencia, la madurez y la vida pública. Las historias están
dispuestas en este orden. Lo he escrito en su mayor parte
en un estilo de escrupulosa malicia y con la convicción de
que se trata de un hombre muy llano que se atreve a alterar
en su presentación, y aún más a deformar, lo que quiera
que haya visto y oído."

 Ese párrafo final de Los muertos, esa epifanía notable, una verdadera ruptura del solipsismo del personaje, para quien
su mujer no era más que un objeto mental, contiene los ele-
mentos potenciales de una iluminación.
 Para los griegos, 'epifanía' era una 'aparición', o 'revelación',
la presentificación de algo que hasta entonces permanecía
oculto. En la obra temprana de Joyce, este término se refie-
re a un momento de revelación espiritual, o al surgimiento
de una verdad profunda del propio sujeto. En Esteban el
héroe, Joyce dice "Por epifanía él [Esteban] quería decir
una repentina manifestación espiritual, ya sea en la vulga-
ridad del habla o de un gesto o en una fase memorable de
la mente misma. Él pensaba que era el hombre de letras
el encargado de registrar estas epifanías con extremo cui-
dado, dándose cuenta de que ellas constituyen los más de-
licados y evanescentes momentos."

 Por cierto, la angustia también tiene la 'forma' de la epi-
fanía, ya que es reveladora del ser del sujeto. El persona-
je masculino de "Los muertos" se encuentra sorprendido
y 'vaciado' por el inesperado relato de su mujer acerca de
un amor perdido: el que la amaba ha muerto. Y el vacia-
miento que sufre este hombre tan seguro de sí -y de la per-
tenencia de su mujer, pertenencia que está a punto de cons-
tatar sexualmente- no es más que la indesestimable presen-
cia de la angustia.

 Otro de los temas que Joyce envuelve en este cuento, que
en ese sentido tiene mucha relación con otro del mismo li-
bro -Dublineses- traducido como "Efemérides en el comi-
té" (en inglés 'Ivy Day' significa un día de octubre en el que
se homenajea a Charles Parnell, un político nacionalista) es
el de que para él la muerte es la más hermosa forma de vida
al decir que la ausencia es la forma más elevada de presen-
cia. Eso despertaba las burlas de sus compañeros de univer-
sidad.
 Joyce le escribió a su hermano Stanislas que Anatole Fran-
ce le había proporcionado la idea para ambas historias. Se
supone con cierto fundamento que el texto no mencionado
de France es "El Procurador de Judea". (De la biografía de
Joyce por Richard Ellmann).
 Italo Svevo, el gran escritor triestino que compartiera mu-
cho tiempo con Joyce (fue, también, su secretario), agrega:
"Aquí ven ustedes a Joyce caminar por el mundo con un ú-
nico compañero de fe: Parnell. Y Parnell está muerto. Pare-
ce como si nuestro poreta fuese Zaratustra, que lleva a la
espalda el cadáver de un gran hombre."

 Hace unos minutos agregué una suerte de Coda o Nota a
un texto que publiqué en esta página en julio de 2013, lla-
mado "La liebre". Se trata de una epifanía vivida por Clau-
de Lanzmann en la Patagonia.
 Registrar, anotar, conectar, relacionar.
 En la época de la 'aceleración (y banalización) de los tiem-
pos', seguir teniendo en marcha la máquina que lentifica. Al
menos lo suficiente como para llegar a leer lo que estaba es-
crito en ese tren que pasó a toda marcha delante nuestro. Para
escuchar lo que decía alguien. Y asociarlo con algo, aunque
sea leve, un aire de tiempo dentro de la ráfaga del tiempo.
 El así llamado 'tiempo interior'. Tres fuentes que se me ocu-
rre sostienen ese tiempo interior tan amenazado: el psicoaná-
lisis, la literatura y las mujeres.
 Aunque también se puede plantear este tema como lo hace
Fritz Senn, un profesor de literatura que tiene sus años y que
reúne desde hace también bastante tiempo a diversas perso-
nas para leer el Finnegans Wake del mismo James Joyce. Di-
ce Senn acerca de los motivos por los cuales esos estudiantes
pueden querer debatirse con este abroquelado texto (hay que
recordar que Borges y Bioy contaban que lo habían intentado
pero que más pronto que tarde, desistieron): "Quizá leer Fi-
nnegans Wake es un sustituto para las personas que normal-
mente no tienen mucho éxito en la vida... La cultura es una
especie de sustituto de placeres que a algunos nos son nega-
dos por diversas razones".

 Esta nueva casualidad surgió de abrir un cuaderno en el que
pego recortes de artículos de los diarios. En este caso se tra-
ta de "Un Joyce de película" un film acerca de la Joycean So-
ciety, realizado por la española Dora García, que comenta
Roger Koza.

*Luego de que el libr sufriera innumerables peripecias en
sus diversos intentos de publicación, el editor maunsel des-
truyó en 1912 una tirada ya totalmente impresa de Dubline-
ses, temeroso de las posibles consecuencias penales a raiz
de ciertas alusiones a Eduardo VII (en el cuento "Efeméri-
des en el comité", justamente), además de situaciones que
aparecen en sus narraciones todavía inaceptables para el
regimen victoriano tardío.
 Acerca de ese infausto hecho, comentó Joyce: "Seguro
que yo soy más virtuoso que todos ésos; yo, que soy un
verdadero monógamo y que en toda mi vida sólo he ama-
do una vez."