miércoles, 26 de marzo de 2014

EL AVION HIDROLITICO

 
                                            Ilustración: Horacio Cardo

Lo creó Münster, por supuesto, tremendamente presionado por las auto-
ridades. Era la Guerra, por supuesto, la última, como siempre, la Defini-
tiva Guerra.
El duelo aéreo entre Gran Bretaña y su país no terminaba de inclinarse
para un lado u otro y eso, al Führer, lo enFührecía.
Hasta entonces, Hans Erick Münster (1919- ?), trabajaba silenciosamente
en algunos proyectos particulares. El inicio de la guerra lo sorprendió re-
gresando a casa desde su taller, bajo una lluvia torrencial. Münster tenía
un problema desde chico con la lluvia. Desde entonces, cada regreso a casa
bajo la intensa lluvia se lo recuerda.
No ajeno a ese problema es el tema del clima en la región de Bremerhaven.
Como decía el Profesor Schmidt a sus alumnos en el extranjero, hablando
de su patria: "¡Tres días de sol por año! Así se hacen rudos los hombres."
Lo cierto es que algunos se hacen rudos, otros se vuelven mansos -y por las
mismas razones- y un tercer grupo, al que pertenece Hans Erick, se llena de
malas espinas y desagradables sensaciones. Por eso había creado el peculiar
vehículo con el cual se desplazaba en esa ocasión hacia su casa: una cápsula
hidrófuga, una suerte de huevo plástico, cuyos planos, dicho sea de paso, se
perdieron lamentablemente durante los bombardeos del '44, con tres ruedas
manipulables desde el interior mediante dos sencillos comandos. La rueda
trasera, que era algo más chica que las otras, servía de timón y direccionaba
el aparato.
Al llegar a su casa se encuentra con un vehículo oficial en la puerta y con el
Oberkommandierende de la región sentado en su living, platicando con su mu-
jer.
"Alemania lo necesita, no se puede perder la guerra aérea con el enemigo britá-
nico, el Führer en persona ha enviado por él, son tiempos en los que escacean
el material, los pilotos y, básicamente, el combustible, etc".
En un plazo de 8 meses, para abreviar, el prototipo del avión hidrolítico está listo
para sus pruebas. Es un avión pequeño, que se alimenta de la lluvia, justamente.
El fuselaje recibe el chaparrón y su ingenioso motor utiliza el agua como com-
bustible. Münster en persona lo pilotea ante los capos de la Luftwaffe. Las prue-
bas finales se llevan a cabo en Münich. Hitler sonríe por dentro. En pocos meses
se fabricarán miles de pequeños Münsters que asolarán las islas anglófilas.
Para volver a abreviar: todos sabemos el resultado. Los aviones hidrolíticos de
Münster no encuentran con frecuencia chaparrones intensos, sino lluvias media-
nas y delicadas lloviznas. Su vuelo, entonces, es exageradamente lento, ya que
el pequeño motor hace lo que puede para degradar el agua chirla que le llega en
insuficientes dosis.
En las cinco primeras grandes incursiones, los habitantes de Londres derriban más
de 750 ejemplares, en la mayoría de los casos desde el jardín y con las escopetas de
caza.
Münster huye en el Transiberiano Clandestino, invitado a Crimea por un "admirador
de su talento creativo", Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. Arriba a Ucrania y es re-
cibido por una comitiva oficial enorme, con grandes banderas rojas y con varias
bandas militares tocando tremendos himnos de guerra eslavos en su honor. Dzhu-
gashvili, también llamado Iósif Vissariónovich Stalin,  lo recibe días después en su
despacho inmenso y le dice que quiere que Münster se convierta en proveedor de la
aeronáutica soviética, en comunista converso y en su amigo personal (parece que
allá también se usaba este pleonasmo). Son las últimas noticias que se tienen del in-
ventor. Lo cual no constituye un hecho sorprendente, si uno se guía por lo que solía
pasarle a los "amigos" de Stalin.
Una pequeña pero necesaria aclaración: Münster nunca se creyó un inventor. El de-
cía que hacía "experimentos menores".
Entre los muchos problemas que tuvo el Generalfeldmarschall  Erwin Johannes
Eugen Rommel, se encontró éste: Hitler le ordenó llevar un par de miles de aviones
hidrolíticos al norte de Africa. Era cuando aún no habían tenido la desastrosa derro-
ta londinense. Rommel no quería contradecir una vez más a su enojadizo líder, ya
que había agotado la cuota de negativas de esa semana. Obvio es decir que las pe-
queñas burbujas de Münster nunca dejaron tierra. Bueno, tierra no, arena.
También es harto conocido el hecho, pero lo vuelvo a contar para los que no lo sa-
ben, de que los ingleses reciclaron los aparatos derribados que pasaron a utilizarce
como mochilas de inodoros a presión (muy convenientes para baños públicos). Es
cierto que en los primeros ensayos hubo dos ahogados, pero una vez que le tomaron
la mano a la cosa, todo anduvo bien. Se pueden encontrar algunos ejemplares, toda-
vía,  uno de ellos, por ejemplo, ha sido avistado en la zona de Trafalgar.

[La ilustración de mi amigo de la infancia, Horacio Fidel Cardo juega con la idea,
solamente, ya que como dijimos antes, los planos originales se han perdido para
siempre.]

ARTE URBANO: BENIAMINA FICUS

 Desde hace unos días en Buenos Aires, esta artista de la naturaleza, está produciendo
en forma simultánea una inmensa, incontable, tal vez infinita cantidad de preciosas e
inimitables obras de arte.
 No hay más que decir acerca de estas obras, Cada una es única. Tal vez no vuelva a
producirse, esa misma obra, en millones de años.
 ¿Es arte callejero? ¿Es arte urbano?
 Una nueva temporada del arte impresciptible de Beniamina Ficus.









































Nótese que ha elegido trabajar una y otra vez sobre una forma bastante
definida, y que, a su vez, ha decidido trabajar sobre los abanicos de tonos
verdes y amarillos. Nada más, supongo yo, que para exigirse al máximo
en las dificultades, generando a partir de ellas, miríadas
de imágenes al mismo tiempo absorventes e irretenibles.



lunes, 17 de marzo de 2014

LAS 20 'MINIATURAS' DE PETER HANDKE





¿Es un gran escritor Peter Handke (Griffen, Austria, 1942)?
No sabría responderlo. Para mí, es muy desparejo. Cuando
crea sobre lo directamente vivido, me gustan mucho sus li-
bros. Cuando, en cambio, son más 'literarios', no tanto. Lo
que me parece indiscutible, sin embargo, es la capacidad de
observación fina y a la vez descarnada que tiene. Eso es lo
más valioso de este escritor, creo yo. Un viajero interior y
exterior. Ha recorrido grandes distancias a pie (en eso nos
recuerda a Sebald, que habla de Handke en sus dos libros
de ensayos, "Pútrida patria" y "Campo santo"), en especial
a lo ancho de España. A fines de los 90, durante la guerra
de los Balcanes, Handke, que es de origen esloveno por
parte materna (su madre, de una vida muy sufrida, se sui-
cidó a los 51 años, situación de la cual surgió "Desgracia
indeseada" según lo traducen unos y "Desgracia impeora-
ble" según otros) viajó a Belgrado y escribió luego un li-
bro acerca de esta experiencia. En realidad, más de un libro.
De todos modos, su planteo acerca de esa 'guerra', que lue-
go devino en el genocidio bosnio, despertó una gran polé-
mica y muchos rechazos. Parecía que su posición -contra-
ria a los bombardeos de Serbia por parte de la OTAN- era
una toma de partido por Milosevic y sus sanguinarios ejér-
citos. Sin embargo, su testimonio tiene otras interpretacio-
nes posibles y Handke puede ser tomado por muchas cosas,
pero no es un hombre de derecha, ni un militarista. Tanto
Elfriede Jelinek, la Premio Nóbel austríaca (¿debió ese
premio ser dado a Handke en su lugar?) como Wim Wen-
ders, el director de cine alemán, han defendido a Handke
de las críticas y perjuicios que sus ideas políticamente in-
correctas le trajeron.
 Hay dos libros de Peter Handke construídos por frases
sueltas, ideas, pensamientos, sensaciones, observaciones,
que me parecen de una notable riqueza. El primero se lla-
ma "El peso del mundo", y fue editado en castellano ori-
ginalmente por la Editorial Laia de Barcelona, en 1981,
poco después de su edición austríaca. El subtítulo es "Un
diario (Noviembre 1975-Marzo 1977). Recientemente
reeditado en la Argentina por Adriana Hidalgo. El otro,
"Historia del lápiz. Materiales sobre el presente." fue edi-
tado por Península, de Barcelona, en 1991.

Anoté "20 miniaturas" sólo para seguir la serie de "Las 20",
pero incluyo unas cuantas más. En realidad, ambos libros
son tan buenos que se pueden abrir en cualquier página y
encontrar muchas de estas 'miniaturas' deliciosas.

1. Una noche sin angustia, con el corazón latiendo muy a
lo lejos, en lo más profundo del pecho.

2. Pensar que a una mujer verdaderamente hermosa, valien-
temente hermosa, sin esfuerzo alguno, no habría que mirar-
la a hurtadillas, como si las bellezas consagradas; se la po-
dría contemplar con la máxima franqueza y emoción, cu-
riosa y cariñosamente, rebosando admiración y sorpresa-
y ella lo comprendería.

3. El rostro de quien tiene fantasías es irreconocible; bella
mente irreconocible.

4. Cuando estoy solo siento hacia muchas personas un agra-
decimiento que sería incapaz de sentir en su presencia.

5. Aman las mujeres a los perdedores, pero sólo cuando no
lo son definitivos.

6. Para salvarse, infligirse otro dolor.

7. Alguien que identificado finalmente con su propia triste-
za, participa complacido, agarrado a la barra, de todos los
movimientos del autobús, de la calle, de la gente.

8. Él hablaba lleno de aflicción y yo le escuchaba insensi-
ble: ¿Quién era el culpable?

9. Ella dijo: "¡He seguido siendo amiga de todos los hom-
bres que he amado!", y yo pensé de inmediato: "Bueno, ¡a
mí no vas a  hacerme esa cochinada!"

10. Un triste e involuntario soliloquio: preferiría no hablar
con nadie, ni siquiera conmigo mismo.

11. En mis recuerdos hay pocas tormentas: como si en el
recuerdo toda tormenta se hubiera aplacado.

12. Oculto en su culpa, ya no sentía miedo.

13. Cuatro horas de insomnio -botín: dos breves frases;
luego un agradable y negro cansancio (como si el insomnio
fuera dando la vuelta a las momentáneas opresiones, hasta
que cada una de ellas, "cansada", vuelve a encontrar un nue-
vo y silencioso lugar en la conciencia: un insomnio saluda-
ble).

14. Escribiendo reencontraré la belleza. No existe una "belle-
za vacía", la belleza siempre trae una idea, o hace volver al-
guna idea olvidada. La belleza siempre llega al fondo de las
cosas.

15. Suelo pensar de una forma tan errónea, tan poco válida,
porque pienso como si hablara con otro.

16. Tras un prolongado trabajo, afuera reinaba tal silencio
que en la Tierra parecía haberse extinguido la humanidad.

17. "Tengo que perder la costumbre de que me remuerda la
conciencia cuando no siento nada."

18. He leído una hermosa carta y he vivido de verdad el
"cordial saludo" como cordial saludo.

19. Noté que me estaba defendiendo del viento que me da-
ba en la cara y dejé de defenderme.

20. Amanecer azul, gotas de lluvia sobre el buzón amari-
llo, colegialas con calcetines cortos y blancos; El ahora
está bien, pensé.

* Odiseo, tras veinte años de ausencia, a Penélope: "Ex-
traña..." Y ella responde: "Extraño..."

* Existen momentos en que quisiera pedir ayuda; pero,
¿a quién?

* Leer a Kafka: no hay que memorizar sus frases (pueden
olvidarse de inmediato y ahí radica su belleza) y, sin em-
bargo, permanecen incluso en el olvido.

* Sólo debería ser crítico cuando quiero intensamente que
las cosas sean de otra manera.

* Toda descripción del interior de otra persona me parece
una calumnia. No tiene necesariamente que ser falsa, pero
es una calumnia.

* Sensación de belleza. Todo en mí empuja serenamente
hacia afuera. La belleza me libera de la palabra, y enton-
ces puedo decirlo todo ("El presente se volvió de pronto
rico y majestuoso", Henry James, Washington Square.)

* El modo más general en que dejo que se formule mi
odio: es un odio a aquellos que se ponen de moda.

* Mi apetito de mundo cuando leo cosas relativas a otros
continentes, como ahora, p.ej., dos palabras tan sólo:
"californianamente extravagante".

* Voy perdiendo la familiar sensación de la simultanei-
dad de muchas otras vidas y acontecimientos, frecuente
origen de tantas solidaridades, mientras estoy solo en un
cuarto, p.ej.; cada vez más aislado y a merced de mí mis-
mo.

* Dulzura: la energía hecha conciencia.

* Tras la depresión: aprender de nuevo a hablar.

* Con mi escritura quisiera despertar envidia en la gentuza
y añoranza en los demás.

* Todo lo que amo, pero ahora está lejos de mí, ¿no tiene
en la memoria la voz del cantor mítico? (en todo caso, aca-
bo de oírlo cantar en mi memoria).

* Frío invernal: los portales abiertos. Es el último día del
año, veo un amor lejano en una tienda hecha de luz y, una
vez más, quisiera ser eterno. [Este es el último texto de
"Historia del lápiz" y el último de esta acotada serie]

Una vez transcriptas, me pareció que el nombre más ajusta-
do para este tipo de escritura sería "minucias". Sugiere mi-
niaturas, pero también sugiere minuciosidad, y hasta las
sobras de una comida, que sería de tres platos (poesía, nove-
la, ensayo). No me interno en diferenciar cuál de los tres pla-
tos ('entrada', 'plato principal', y 'postre') sería cada uno.
Pero éstas no son las sobras, que serían como las rebarbas
recortadas de un objeto para afinarlo (en el doble -o triple-
sentido de la palabra). Esto es 'lo suelto'. Me hace pensar en
los insectos sociales y los insectos 'libres' de esa misma es-
pecie. Los primeros se asocian fuertemente en una colonia
a la que pertenecen por completo -obra = hormiguero- y los
restantes andan por ahí, por los bordes, corriendo el peligro
de ser atacados por los 'sociales'.
Pero todo esto no es sino ligero desatino.
Ligero por lo leve, no por lo rápido.
"Un desatino ligero", ¿un título?
Muchas minucias hacen una pequeña, casi absurda apuesta
al futuro.

la palabra

suelta en una página

como un pájaro

o un insecto solitario

perdido

perdidos

en todas las direcciones

en lugar de enjambres de palabras-colonias de insectos
multiplicándose
y ocupando cada espacio
que haya

o la multitud de pájaros
en los basurales





viernes, 7 de marzo de 2014

UN POEMA (SOBRE LO INEFABLE) DE PASTERNAK

 




Hablando de lo que no se puede decir, porque las pala-
bras tocan el límite pero no lo pueden atravesar; de lo ine-
fable, de lo innombrable, que resulta ser lo más importante,
lo que se escapa entre los huecos de la red que teje el len-
guaje, lo que sentimos como único, lo que nos da el sentido
que hasta ahí no teníamos y que volveremos a perder en
cuanto esta sensación, este momento se disuelva sin que
nadie lo sepa nunca, hablando de eso, me crucé con este
poema que escribió Boris Pasternak cuando tenía 69 años.

DÍAS ÚNICOS

De los inviernos pasados, los primeros
días de sol, los recuerdo:
eran irrepetibles y se repetían
otra vez y sin final.

Poco a poco, en el curso de los años,
fueron produciendo una serie
estos días únicos, en los que
parece que el tiempo se detiene.

Yo los recuerdo a todos: el invierno
llega a la mitad y los caminos
se inundan, las terrazas chorrean
y el sol se calienta en el hielo.

Como si fuese un sueño, los amantes
corren más rápido el uno al otro
y, de tanto calor, arriba en los árboles
transpiran los nidos de los pájaros.

Y las canciones se aquietan, cansadas,
se adormilan sobre el disco.
Y el día dura tanto como un siglo
y no se termina el abrazo.

(1959)

 Resulta entonces que hay momentos en los que parece
que se pudiera decir lo indecible. Y, aunque no sea así,
lo que se logra es al menos la alusión (acaso toda ilusión
es una alusión), como el dedo que señala la estela de hu-
mo que el avión insonoro ha dejado en el aire, justo un
instante antes de que se disuelva en el azul.

 Nuestro paso por el mundo, nuestros momentos... ¿có-
mo llamarlos? ¿Nuestros momentos con-sagrados? "Y
como el rayo de sol sobre ondulantes flores..."
Se fugan juntos, el tiempo y la memoria.
Llevándonos.

Bien, ya está dicho que no puede decirse. Sin embargo...

Hace un tiempo que. O sucede de esta manera ahora, o ha
sucedido siempre y recién ahora me doy cuenta.
Pienso... afuera de mi cabeza.
Pienso en los libros. Partes de libros que mi cabeza rela-
ciona. Pequeñas constelaciones asociativas.
¿He pensado alguna vez adentro de mi cabeza?
Hablo de pensar.
Tal vez he pensado siempre entre. Entre el texto y yo, entre
la escritura y yo, entre la otra persona y yo.

Esta vez la asociación fue con una palabra: "Salvoconducto".
¿Y cómo vino?
Este libro lo tengo desde hace muchos años:


Mi asociación fue: "¿Quién escapa a la tentación -¿sonó
religioso?- a la necesidad de contar con un salvoconducto."
Enlazaba a Pasternak y su poema, pero pensando, por su-
puesto en lo connotado: el olvido, lo perdido, el pasado
irrepetible, el vuelo del tiempo que nos saca el aire... ¿Pa-
ra qué llamarlos "muerte"?
Y ese "Salvoconducto", se me ocurrió, podía ser de dos
clases: uno más oficial, con las 'garantías' colectivas, como
un sistema religioso o político-religioso, en todo caso; o
bien un salvoconducto manuscrito, de valor incierto, que
habría que poner a prueba en la frontera misma, ante auto-
ridades inflexibles. El arte, el amor y las pasiones.
Las pasiones, pensaba, son inexplicables, pero, al mismo
tiempo, significan: "¡he encontrado una explicación!"

El poema de Pasternak parece someterse a una verdad an-
gustiante: todo pasa. Tal vez sólo tenemos esa expresión de
Antimero en el bolsillo: "Ya muchos dicen que vivir es acor-
darse de haber visto."
Pondría en duda la vida (humana) sin la memoria, nada me-
nos.

En otro libro de este gran poeta ruso

 
aparece, en cambio, esta inscripción:
  "No habrá muerte", dice Juan Evangelista. Escuchad cuan
simple es su argumentación. No habrá muerte porque aque-
llo que fué antes ya pasó. Es más o menos así: no habrá
muerte porque esto ya fué, es viejo y está agotado, y ahora
hace falta algo nuevo y lo nuevo es la eterna vida.

Y en otra parte:
  He aquí que os preocupáis de si resurgiréis o no, cuando
ya habéis resurgido, sin daros cuenta, desde el momento en
que nacísteis.

No sé hasta qué punto Pasternak ha podido sostener esta
creencia. Y si, en el momento de presentar este salvoconduc-
to habrá resultado eficaz. De más está decir que carezco de
este tipo de credenciales.

Hay otro texto que extraje, así, como dije antes, pensando
casi al azar fuera de mi cabeza.
Pertenece a este libro
 

 
"Pude y debí haber callado hasta nuestro encuentro que
ya no podré dejar de amarte, que eres mi único cielo le-
gítimo, que eres mi esposa legítima, legítima hasta tal pun-
to que en esta palabra, en la fuerza que a ella afluye, co-
mienzo a advertir la incoherencia que nunca antes había
habitado ahí. Marina [Tsvietáieva], se me erizan los ca-
bellos de frío y de dolor cuando pronuncio tu nombre.
(...) Como si tú me hubieses encomendado a pitias espe-
ciales, que han de cuidar de mí. He comenzado a con-
fundir hasta lo absurdo dos palabras: tú y yo.
 
Mi conclusión es que un sistema religioso (o político-
religioso, un sistema de creencias que da cuenta de
todo y cierra las brechas) no es lo mismo que el re-
curso del amor. En éste la vulnerabilidad retorna ba-
jo la forma de la posible pérdida del otro. Asi que
seguimos siendo frágiles, seguimos viendo pasar la
vida; somos una 'máquina' que transforma la vida
en recuerdos, el futuro en pasado. Y, para colmo,
hasta cierto punto estamos conscientes de ello, y
en la misma medida nos damos cuenta de que na-
da podemos hacer para revertir la dirección inexo-
rable del tiempo.
 
Cedo a la tentación (una vez más este término) de
transcribir un poema de Pasternak que leí en esos
años. ¡Era tan temprano en la vida! Está en la "An-
tología universal de la poesía" que publicó Miguel
Brascó, y la versión es suya.
 
LA PRIMAVERA
 
¡He aquí la primavera! Vengo de la calle en donde se
                                                          [asombra el álamo,
la lejanía se inquieta, la casa teme ser derribada,
donde el aire es azul como la ropa
del que abandona el hospital.
 
Donde la noche es vacía como una narración que se
                                                                  [interrumpe,
que la estrella deja sin continuación
ante el estupor de mil y mil miradas azules,
insondables, inexpresivas.
 
Diría que el poeta que hay en Pasternak piensa (o
siente) muy distinto a lo que piensa (o siente) Pas-
ternak.
 
 


miércoles, 5 de marzo de 2014

POEMAS DE JOHN UPDIKE

 




Updike es, por supuesto, mucho más conocido como nove-
lista. Bueno, ¿qué escritor de novelas y de poesía es más co-
nocido como poeta? Ya lo hemos dicho antes: la poesía fue
'derrotada' por la prosa hace muchos años. Nacido en 1932
en Shillington, Pennsylvania, después de ir al colegio local,
estudió en Harvard (donde se graduó en Literatura Inglesa)
y pasó un año en la Escuela Ruskin de Dibujo y Finas Artes
en Oxford. Ha vivido muchos años en Ipswich, Massachu-
setts, con su mujer y sus cuatro hijos. Murió en enero de
2009.


    GAVIOTAS

Una gaviota, de cerca,
parece sorprendentemente embalsamada.
Su velludo pecho parece relleno
de un material barato de taxidermista
inserto en forma desprolija. Las patas,
rectas, como palotes de crayón infantiles-
demasiado simples como para funcionar.
Y aún las marcas de las plumas,
cuya intrincada simetría es la gloria habitual de los pájaros,
están desaliñados en la gaviota.
Como si Dios hiciera demasiadas
como para hacerlas muy bien.

¿Son inteligentes?
Nos imaginamos que sí, porque son feas.
El perfil sardónico de un-solo-ojo, ligeramente bizco,
la angosta, ectomórfica cabeza, mal peinada,
la ancha y nerviosa y bien musculada rabadilla-
todo sugiere un trabajo de escritorio: gastos de envío
de día, Schopenhauer
de noche, e interminable café.

A esa hora en la playa
en que las moscas empiezan a picar en la renovada frescura
y la reacomodante piel del post-surf
refleja un brillo morado antes de ser borrado,
las gaviotas vagan por una agujereada arena
como esas multitudes europeas melancólicas
que se reúnen en adoquinadas plazas públicas tras
los asesinatos o las invasiones
con las cabezas ladeadas para escuchar los últimos informes
                                                                              [de la radio.

Es también la hora en que regordetas parejas de jóvenes
caminan hasta el agua, chocándose entre sí,
y permanecen hundidos hasta los muslos en el cristal rítmico.
Después caminan de vuelta hasta el auto,
jalándose como si llevasen un secreto entre ellos,
pero que ninguno de los dos conoce bien;
andan por caprichosos senderos entre las dispersas gaviotas.
así como en ciertas mitologías
hermosos dioses se pasean despreocupados
entre nuestras mortales aprehensiones.


LOS ARBOLES SE COMEN LA LUZ DEL SOL

Es un hecho:
sus anchas hojas la lamen como si fuese leche
y la convierten en tallos.

Peces comen peces.
Lámparas comen luz
y cuando su fiesta ha hambreado al filamento
se apagan.

Así hacemos nosotros,
y todas las dulces criaturas-
los gatos comiendo caballos, caballos pasto, pasto tierra,
                                                                       [tierra agua-
excepto por el Hombre distante

que inhala el sabor de las almas-
¡que todos luchemos por parecernos a este gigante!


FIEBRE

He traído de vuelta un buen mensaje de la tierra de los 39°:
Dios existe.
Había llegado a dudarlo seriamente antes;
pero las patas de la cama hablaron de ello con la mayor de
                                                                       [las confianzas,
los hilos de mi frazada lo dieron por hecho,
el árbol afuera de la ventana despachó todas las quejas,
y yo no he dormido tan justamente por años.
Es duro, ahora, transmitir
cuan emblemáticamente se sentaban las apariencias
sobre las embranas de mi conciencia;
pero es una verdad hace largo tiempo conocida,
que algunos secretos se esconden de la salud.


DÉCOR

El marrón domina este bar
en el que envejecen los hombres:
los mozos Negros,
el whisky sin agua,
las voces texanas que se escuchan al vuelo,
los cigarros y la madera barnizada.

Marrón, o sea,
es una sombra del alma,
el color de un hombre:
bien bronceado y con manchas
hasta en la veta más profunda
como si la vida fuese una larga curación.


BUSTOS RETRATO ROMANOS

Otros en los museos los pasan de largo,
pero yo, yo
me siento atraído, como un gusano hacia la carne,
por sus ojos sin pupila,
y sus individualidades en descomposición.

Son, estas Livias y Marcos,
estas enfurruñadas Octavias muertas,
nunca dos iguales: nunca el arte
se ha prostituído tanto
a las importunidades de lo real.

De buena fe uno debe admirar
la ordinaria ausencia de exageración,
el modo en que cada cabeza,
de una vieja, de un cónsul, o de un niño,
nunca es más grande ni más pequeña que en vida.

Sus ojos tienen un horrible sabor.
Es vil,
deliciosamente, ver seres tan
poco ablandados por la historia, tal
indigesto cartílago.


FELLATIO

Qué hermoso pensar
que cada una de estas pulcras secretarias
a la noche, para complacer a su amante, pone
una fuente dentro de su boca
y deja que sus entrañas, empapadas de semillas,
florezcan en paisajes:
prados rciados con aliento de bebé,
roncos bosques de diminutos tallos, pájaros bañándose,
                                                                   [una multitud
de cielos conteniendo nubes, tierra arada apestando
por su revuelto humus, y pequeñas granjas cada
una con un silo de plata.


EPIGRAMAS ERÓTICOS

I

El paisaje del amor
sólo puede ser visto
a través de un delgado panel de ventana
que el aliento propio empaña.

II

Isolda, a Tristán
(condenado a morir),
es como una carta de suspensión   [de la condena]
que nunca es entregada
pero él sabe que ha sido despachada.

III

Deseando formar un espejo, el amante
pule el rostro de su amada
hasta que produce una calavera.

[El genero no está especificado, de tal manera que también
se puede leer "la amante/ pule el rostro de su amado"]


FUENTE

John Updike. Seventy Poems. Penguin, 1972.



Hay una versión castellana de poemas de Updike:
Poemas. Ed. Pre-textos, 2002. Sin embargo, la mayoría
de los poemas que presento no figuran en esta antología, tra-
ducida por José María Moreno Carrascal. En los tres casos
en los que sí coinciden en ambos textos, he producido una
versión propia (Fellatio, Roman Portrait Bust y Erotic Epi-
grams).

La foto de John Updike es de Sally Soames y de su magnífico
libro de fotos de escritores, "Writers". Chronicle Books, 1995.